CAPÍTULO 9:
Había hablado mucho de lo que pensaba hacer en Londres, de como aquellas vacaciones iban a ser realmente un escape para todo lo que pasaba en casa, cosa que me merecía. Lo que nunca imaginé es que además de ir a Londres, me llevaría a Tori conmigo para tener nada más y nada menos que una cita con ella. Era como ver una niña pequeña en una tienda de caramelos cuando llegamos al jet privado que me llevaría a Londres. Yo estaba acostumbrada, ya que a veces acostumbrábamos a cogerlo cuando íbamos de viaje con papá, mamá y yo en las vacaciones. Él se quedaba trabajando mientras nosotras disfrutábamos de Argentina, España, Australia e incluso la India. Asique cuando vi a Tori y su gesto, no pude evitar otra cosa que dibujar una pequeña sonrisa en mi boca.
-Esto es impresionante.
-Tiene su cosa- me encogí de hombros tomando asiento- ¿Es tu primer viaje en avión?- negó tomando el asiento en frente mía.
-En avión, no. En jet privado, sí.-era agradable tener a alguien que no fuera de la alta esfera para variar- Aún no puedo creer lo que está pasando.
-Bueno, pues créetelo porque está pasando- giré la tapa de mi asiento, diseñado especialmente para llamar y controlar todo el avión desde él y apreté para que un azafato nos trajera algo de beber- Ahora tranquilízate y en un par de horas llegaremos a Londres…
-Londres- lo dijo aun sin podérselo creer.
El azafato puso la botella de champán entre nosotras, sirviéndonos apropiadamente, dejándonos a solas.
-¿Un brindis?- alcé mi copa- Por Londres.
Tori observó la copa de champán y aunque dudosa, la tomó y se unió:
-Por Londres- brindamos- ¿Cómo está tu padre?
-Los médicos dicen que su estado debe de seguir igual, asique…- me encogí de hombros- Nunca se sabe, en otras palabras.
-Todo irá bien, ya lo verás.
Era impresionante el optimismo que llegaba a tener Victoria siempre. Lo hiciera como lo hiciera, siempre elegía la manera correcta en la que decir las cosas para que te hiciera sentir bien, y en aquel momento, lo hacía.
-Siempre con tan buen humor… ¿cómo lo haces?
Se encogió de hombros, saboreando un poco más el champán:
-Siempre intento ver el lado bueno de las cosas.- de repente me acordé del suicidio de su padre.
Tendrías que mirar las cosas de ese modo si algo como aquello te pasara en la vida. Por suerte, le podría ayudar con ese viaje, al menos, eso esperaba.
-Bueno, realmente tengo que decir, que esas cosas, ayudan.- si aquello le hacía sentir mejor- ¿Puedo preguntarte una cosa?- asintió- Cuando dijiste el otro día que me harías daño si estuviésemos juntas, ¿a qué te referías?
Sabía que no debía de haberlo mencionado, pero había sido algo que me había rondado la cabeza cuando me preparaba en casa la noche anterior, después del día que había pasado. Por fin, había aceptado una cita conmigo, pero aún recordaba el momento en el que me había dicho aquellas palabras. ¿Qué había cambiado para que de repente, me dijera que sí a una cita?
Tenía que saberlo.
-No tiene importancia, en realidad.
-Tori… puedes contármelo.- no respondió.
Miró su copa por unos momentos. Quizás, no tendría que habérselo preguntado. Debía de haberme callado. Le iba a pedir perdón cuando:
-Es por todo el tema jefa-secretaria.
-¿Jefa-secretaria?- asintió- ¿Qué estabas por mí por el solo conveniente de que te… acuestas conmigo?- volvió a asentir- Es una tontería.
-Lo sé, pero cuando pasé de información a ser la secretaria de la presidenta de la empresa, todo el mundo, le extrañó un poco.
Dejé la copa a un lado ya vacía y me adelanté a Tori:
-No sirves para estar en información. Tus cualificaciones son increíbles y, créeme, si mi padre hubiese tenido más sentido en su cerebro, habrías estado en un sitio mejor.
-Al menos, tu padre me dio trabajo. Tengo que estar agradecida.
-A parte de eso- tampoco se pasara- Estás donde estás por tu talento, ¿vale?- asintió- Que me gustes… bueno. Supongo que es un tema diferente.
-Bueno… ¿y quién dice que fui yo la primera en enamorarme?
-¿Estás diciendo que yo fui la primera?- Tori se encogió de hombro, retándome- Eso no es verdad... Además, no mientas. Está bien aceptar que te enamoraste de la jefa más caliente que puedes encontrar.
-Eres una idiota.
-Sí, lo soy- le sonreí con dulzura, me ablandaba con ella a mi lado- Una idiota de la que te has enamorado.
Nada más llegamos a Londres, tomamos un coche que puse a nuestra disposición, aunque realmente era para poder pasar un poco más de tiempo a solas con Tori. Lo mismo que le había estado dando vueltas la noche anterior de por qué por fin me aceptaba la cita, también le había dado vueltas a otras cosas más como a qué pasaría finalmente entre Victoria y yo. Las cosas estaban aún confusas para mí en este terreno. Ésta estaba siendo la primera vez que vivía un romance en el que me diera tan fuerte como, al parecer, le había dado a Tori. Era la primera vez que me envolvía tanto y quería hacerlo bien. Pasar tiempo con ella. Que al igual que ella me conociera a mí tal y como yo era, que yo la conociera igualmente. Quería hacerlo bien, y lo iba a hacer.
Por eso, cuando me ofrecieron a llevarme tanto a mí, como a Tori; les dije que yo me ocuparía de mi misma, pero realmente, para poder tener ese tiempo extra que ya poseía, con ella. Asique tras recoger nuestras maletas, conduje hacia el Ritz mientras Tori se perdía en las vistas de la ciudad. De nuevo esa mirada de niña pequeña que descubría el mundo por primera vez. Era raro, pero por primera vez, me gustaba el disponer de tanto dinero porque por primera vez, lo podía utilizar para darle felicidad a alguien más.
-Eres como una niña pequeña en la fábrica de caramelos de Willy Wonka- bromeé no aguantando más la dulzura que llegaba a desprender.
-Lo siento- sonrió avergonzada- Es la primera vez que veo Londres y me parece fantástico. Siempre quise venir, pero nunca tuve la oportunidad…
-Bueno, ahora la tienes- paré en el semáforo, con el Big Ben de fondo- ¿Qué te parece ahora que estás aquí?
-Irreal- respondió, sacando una foto con su móvil- Me encantaría visitarlo.
-Lo haremos, te lo prometo- me miró a los ojos, bajando su mirada mientras sonreía- Tenemos casi una semana. Creo yo que podemos visitar incluso Londres entero.
-Lo que la jefa elija.-sería lo primero en mi lista.
Si antes hablaba de cómo parecía una niña pequeña, solo viendo las increíbles vistas de la ciudad, cuando llegamos al Ritz, fue el colmo para ella. Mientras los empleados del hotel tomaban nuestras maletas, se quedó mirándome, incapaz de hablar.
-¿Qué?- me ponía hasta nerviosa tanto mirar.
-¿El Ritz?
-Soy la jefa de la multinacional más importante del mundo. Algo bueno tendría.
-En eso te tengo que dar la razón- impresionante, la primera vez que me daba la razón en algo- Aunque siento que como vaya al baño, en vez de hacer popó, voy a crear un lingote de oro.
-¿Popó?- aquello me provocó más risa de lo normal.
-Estoy en un sitio fino- dramatizó a su manera, entrando al edificio- Tengo que cuidar mis modales, señorita.
Me mordí el labio, intentado no sonreír más idiota de lo que ya sonreía con cada cosa que hacía y la seguí al interior. Nuestra suite estaba en el piso más alto. Prácticamente, se podía ver la ciudad entera desde la planta entera. La suite contaba de todo. Dos baños, dos habitaciones, aunque esperaba que una no fuera muy necesaria, y un pequeño salón de estar con televisión de cincuenta y dos pulgadas. ¿Olvidaba mencionar el jacuzzi? Porque cuando llegamos, fue lo primero que Tori vio.
-Siento comportarme de esta manera- dijo muy calmada, saliendo poco a poco del cuarto de baño- pero esta suite tiene jacuzzi.
-A partir de mañana, los días van a ser muy ajetreados, tenemos que relajarnos de alguna manera- alzó su ceja, mostrando media sonrisa en sus labios mientras me acercaba- Quería que… fuese especial.
-Solo me pediste una cita, Jade…. Esto es demasiado y yo no necesito tanto.
Observé el lugar. Quería que me viese por lo que era, pero quizás aquello mostraba algo más, algo que yo no era. Aun así, la volví a mirar, posé mi mano sobre su mejilla, echando a un lado un mechón y la observé:
-Considéralo un… regalo- asintió- Un regalo antes de la cena de esta noche.
Observé como se mordía su labio, lo que daba por besarla. Desgraciadamente, primero quería tener una cita con ella. Que las cosas fueran lentamente.
-Tengo algo para ti.- me volví, sacando de una de las maletas, un regalo especial.
-Si es un vestido lo que hay en esa caja, no lo pienso aceptar- no me dio tiempo a volverme, cuando me respondió Tori.
-Tranquila, no es para esta noche- la tranquilicé, dándole la caja- Ábrelo.
Tori, no convencida, la tomó posicionándola sobre la cama y la abrió lentamente. Tuvo que mirarla dos veces para asegurarse que era de verdad.
-Dijiste que una vez quisiste una chaqueta de moto y bueno… es mi forma de decirte gracias por estar ahí con lo de mi padre.
-Jade…- la miró de nuevo- No sé que decir… Gracias.
-En realidad, las gracias debes de dársela a Cat. Ella fue la que me la dio. De su nueva colección. Esta chica va a hacer de todo.
Se acercó a mí me miró a los ojos y sin darme cuenta, me abrazó fuertemente, enterrando su rostro en mi cuello. Al principio, no supe cómo reaccionar, pero cuando noté su aliento sobre mi cuello, la abracé fuertemente, enterrando mi rostro también sobre su cabello. Olía a manzana verde. Una manzana que se había convertido en mi Edén, en mi pecado.
-Gracias…- la volví a escuchar cuando volvió a mirarme- De verdad.- notaba algo en su mirada que me decía que tenía algo más de sentido ese gracias, aunque quizás, era solo mi mente.
-Un placer…
-¡Señora West!- nos separamos cuando escuché al empleado detrás de la puerta.
Por una parte, di gracias porque un segundo más y de aquella habitación no habríamos salido. Por otra parte, fastidiaba que siempre acabaran interrumpiendo el único momento que llegábamos a tener Tori y yo de intimidad.
Tomando Tori una habitación y yo otra, empezamos a prepararnos para la cita de aquella noche. Era raro, me sentía rara con todo este evento. Iba a tener una cita en uno de los restaurantes más caros de todo Londres con una de las personas que eran más importantes en este momento para mí. Iba a arreglarme, a cenar, a pasar una velada tranquila. Iba a tener una experiencia normal y corriente para variar. Me senté frente al espejo y me observé. Había elegido un vestido negro ajustado con bastante escote. Pelo suelto, un poco ondulado y look humado.
-¿Jade?- era Tori, ya estaba preparada.
Y lo que era más importante, estaba preparada mi cita. Agarré el picaporte con la mano temblorosa, respirando profundamente antes de abrir; y abrí. Allí estaba, más impresionante incluso de lo que había visto ya en mi fiesta. Iba con un vestido rojo sin tirantes que le marcaba toda la figura. Si antes había sido yo la que regalo tras regalo la había dejado sin palabras, ahora realmente, había sido ella la que me había dejado sin ellas.
-Estás increíble- fui la primera en hablar.
-Tú también te ves bien-respondió con una sonrisa en sus labios.
Me mordí la lengua. Dios, si antes estaba nerviosa, ahora lo estaba aún más.
-Bueno, ¿nos vamos? La noche nos espera.
Solo asintió. No solo era yo la que estaba nerviosa ante todo lo que estaba pasando, Tori lo estaba, al igual que yo. Caminamos en silencio a través del pasillo del hotel, solo con el sonido de nuestros tacones retumbando en el eco y entramos en el ascensor. La escuchaba respirar rápidamente, aunque intentaba que no se lo notara. Le miré las manos, nerviosas, agarrándose a su vestido ya que no podía juguetear con sus manos al llevar bolso de mano; y no dudé. Extendí la mía y entrelacé mis dedos con los suyos.
Tori lo notó. Miró éstos y luego a mí, sonriendo, apretando más aquel estrechón de manos, saliendo de esta manera hacia nuestro coche que nos esperaba. La ciudad había cambiado drásticamente. O quizás lo era yo, porque por primera vez, me dejaba mostrar siendo un ser humano con sentimientos. A lo mejor, esto era lo que papá sentía cuando le pidió matrimonio a mamá en su viaje.
L'Atelier era un restaurante inmenso, pero lujoso a cada paso que dieras. Cubertería de plata, vajilla de porcelana y modales cuidados en el más fino detalle. Hasta el camarero que nos atendió era francés.
-¿Vino, madame?- enseguida nos ofreció.
-Por favor- le di la orden.
-La recomendación del chef llegará enseguida.
Por suerte, nos dejó a solas pronto. Miré a Victoria, que también me dirigió su mirada y alcé la copa.
-Por… ¿nosotras?
-Por nosotras- bridamos- Aún no puedo creerme que esté.
-¿Aún le das vueltas a cosas que no deberías?- no quería que ese tema jefa secretaria se volviera en algo a lo que darle alguna importancia.
-No, ahora no. Es algo diferente.- me tranquilizó- Es sobre nuestra relación, ahora sí, fuera del mundo laboral y todo.
-¿Debería de preocuparme entonces?
-No- volvió a sonreír jugueteando con el filo de su copa- La primera vez que te conocí, pensé que ibas a ser otro tiburón como la prensa dibujaba a tu padre. Un tiburón sin sentimientos que no dejaba títere sin cabeza a su paso por el trabajo. Ahora veo que eres lo opuesto a él.
-Bueno…. Desde luego eso es un cumplido.- tenía que admitir- Ya que mi padre fue el que prácticamente, me construyó.
-Aun así, no has acabado teniendo esa fama- enseguida me cortó- Tienes corazón, aunque creo que te cuesta mostrarlo muchas veces.
-Me lees como un libro abierto- se encogió de hombros.
-Es mi trabajo conocer a con quien trabajo.- dijo simplemente- Aunque he de recalcar que me equivoqué contigo. No eras como yo pensaba.
-¿Y cómo creías que era?
Tori me observó, un poco nerviosa, pero le dije que no se preocupara. Muchas de las personas que me rodeaban siempre habían evitado todo este asunto para no perder mi amistad. Lo que volvía a todo el caso de los lameculos. Tener a Tori, alguien que siempre me decía las cosas a la cara, era bueno para variar. Por eso, ahora que la tenía allí, quería saber que pensaba realmente de mí.
-Está bien.- tomó otro poco de vino, a lo que acompañé; y prosiguió- El caso es que creía que ibas a ser alguien sin corazón. Alguien que… iba a tratarme como muchos de los peces gordos que muchas veces llegaban a la empresa. Eso es todo. Fue uno de los casos en los que juzgué un libro por su portada, y no por lo que realmente tenía en su interior.
-En realidad, una parte de mi vida, fui así.- tenía que confesarlo- Lo veía tanto en mi vida que eché a perder muchas vidas… muchas, de gente que me importaba.
-No te veo posible de ello.
Eso era porque en realidad no me conocía bien. Cuando estaba en las prácticas, había hecho cosas de las que no me sentía orgullosas. Había tenido sexo con algún bróker en noches de fiesta para conseguir patrocinadores. Muchas veces eran nuevos, otras, los había quitado a otras empresas, prometiéndoles oro, cuando a veces, lo único que le había terminado dando había sido la banca rota. Había sido unos años en lo único que me había llegado a importar había sido el dinero.
-No todo el mundo es igual que tú, Tori.- solo respondí.
-¿Y cómo soy yo?- sonrió un poco.
-Leal, inteligente, con corazón y sentimientos. No fuiste construida, como lo fui yo.-Victoria alargó la mano sobre la mesa, tomando la que tenía sobre ésta.
-No creo que nadie es realmente construido o se comanda por el "lo que vé, es lo que hace"- entrelazó nuestros dedos, dándome tranquilidad- Yo creo que son esas mismas acciones, lo que ve a su alrededor, lo que esa persona descubre por su misma, es lo que crea la personalidad. No porque una persona venga de familia de maltratadores, acabará siendo uno o víctima de uno. No porque alguien sea hija de un tiburón, terminará siendo uno.
-Un tiburón siempre será un tiburón, es su naturaleza.- siempre tendría esa naturaleza dentro de mí, aunque no lo quisiera.
-Hay sus excepciones. Mira a los tiburones de Buscando a Nemo.- tuve que reírme cuando la escuché decir aquello.
-Tus ejemplos son de todo menos útiles- terminamos riéndonos ambas- Realmente tengo que agradecer el día en el que entraste en mi vida, Tori.
-Respecto a eso- de repente, pareció que había dicho algo malo- No todo es como se pinta….- ¿a qué se refería?- Yo…. Tengo algo que contarte sobre ese tema.- no supe que decir cuando vi su mirada, algo malo realmente pasaba.
