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"… no puedo ser responsable de arruinar lo que podrían tener…"
Estúpida.
"… lo que tienen."
Inocente.
Marceline no debió ir hacia ella. No sabía porque se había molestado. ¿Por qué acercarse a Bonnibel? ¿Por qué ir al hospital a confrontarla? Lo que tenían no era nada. Bonnibel fue solo una noche. Su doctora. Nada más. Marceline nunca pregunto por alguien. No quería estar con nadie. Ella nunca iba por nadie. Siempre venían a ella. Era algo de lo que estaba orgullosa; algo que le daba una ventaja en el círculo de las drogas. Hacer que sus mulas hicieran todo el trabajo duro, entregando las drogas, el dinero. Era buena en eso.
Una doctora. Eso era todo. Bonnibel era una mujer, comprometida con un hombre—fuera de su alcance. Y esa noche cuando se besaron, cuando la llevo a su habitación, y le ayudo a sacarle la ropa – esa noche fue un accidente. Bonnibel estaba comprometida. Y no quería a Marceline. Ellas no debieron dormir juntas, no eran nada. Marceline ya había tenido solo-una-noche antes, y ella fácilmente se alejaba de ellas, las olvidaba.
¿Pero Bonnibel?
"… Estoy con Braco…"
Bonnibel era diferente. Era buena, era inteligente, era autentica-. Marceline no la veía como una "mensajera" en potencia. Bonnibel era diferente. A Marceline le gustaba, un montón. Su compañía era placentera, era fácil estar con ella. Con Bonnibel, no necesitaba fingir. No había nada. Desde el principio, Marceline fue ella misma—no tenía que pretender, y tampoco Bonnibel. Eran doctora y paciente, y debían mantener su distancia, hasta, hasta que al final, Bonnibel lo dejo pasar.
Su beso fue asombroso, repentino, maravilloso. Su beso—el beso de Bonnibel – fue genuino, real, y había desesperación en su toque y jadeos. Una urgencia de salir libre de la prisión que ella misma había creado. Desde joven, Bonnibel había sido criada convertirse en una exitosa, educada doctora con un casi-esposo, y con potencial a tener hijos. Una vida simple. Pero, su inocencia, su indecisión, su desconfianza le demostró a Marceline que quería aventura, un poco de peligro. Marceline era adicta a todo eso, la emocionaba. La hacia sonreír y hacia su corazón revolcarse.
Era perfecta.
Perfecta para ella. Bonnibel no podía ser más imperfecta, pero a Marceline le gustaba esas fallas, esos irritantes rasgos. Estaba molesta que Bonnibel se hubiera ido luego de descubrir que aún estaba viendo a alguien, y estaba molesta con Bonnibel por iniciar lo que sea que hubiera entre ellas, y luego dejarla. Bonnibel era la chica que gritaba por peligro, y luego corría lo más lejos que podía cuando era demasiado. Tener un romance con una paciente era algo, pero engañar a su prometido era otra.
"… Amo a Braco…"
No era solo cosa de una noche. Marceline sabia como era una-sola-noche, conocía la lástima que sentía luego, el entusiasmo de borrar esa memoria todo junto. Ese momento con Bonnibel fue diferente. Marceline no podía olvidarlo. Significo algo. No era por el alcohol. Eran ellas, y eso la aterraba. Porque nunca había sido ella cuando Marceline estaba con alguien más. No realmente. Usualmente, no veía planes con nadie más. Solo veía lo que tenía ante ella.
Aunque con Bonnibel, tenía planes. Muchos planes.
"… Escojo a Braco…"
Y era ridículo. Estúpido. Tan, pero tan estúpido. El orgullo de Marceline había sido dañado severamente, pero eso no le importaba. Acercarse a Bonnibel había sido tonto—ella sabía que Bonnibel la rechazaría. Ella sabía que Bonnibel escogería a su novio porque, rayos, ¿por qué no lo haría? Braco es seguridad, la protegería, era estable, y era lo aceptable. Marceline era todo menos seguro. Marceline era peligro, y Marceline no era estable.
Bonnibel no podía tener a Marceline. No duraría, no importaba lo que sintieran.
Para ser honestos, Marceline elegiría a Braco si la pusieran en la misma situación. No elegiría a Marceline. No elegiría a una mujer que lidia con drogas, tiene historias con sus exes, y quien ha sufrido de tuberculosis. Quien tiene un pobre sistema inmunológico y que probablemente no llegue a los cuarenta. Marceline había cagado la vida de otras personas, y no quería cagar la vida de Bonnibel también.
Cogiendo su teléfono, Marceline busco el número de su mamá, luego se rio de si misma. Había pasado bastante tiempo desde que cometió el mismo error. Olvidar que su madre ya no estaba. La única persona en la que podía confiar. Ella sabía que su madre le diría algo así: "Bueno, a la mierda con Bonnibel, ella se lo pierde" o "Ella es la que va a tener sexo asqueroso con un hombre de ahora en adelante, así que cometió un gran error" o, posiblemente, "¿La vas a dejar ir así? ¿Desde cuándo has recibido un no como respuesta, querida? Anda recupérala." Excepto que Marceline nunca perdía. Bonnibel y Marceline no podían estar juntas, y nunca lo estarían, y, tal vez, eso era lo mejor.
Marceline no había hablado con Keila, y no sabía si quería hacerlo. Su relación aun esta sobre rocas, y estaba asombrada que Keila quería intentarlo de nuevo. Ahora, con Bonnibel fuera del cuadro, tal vez Marceline le daría otra oportunidad. Hacerlo funcionar. Porque tal vez Keila era buena para ella. Tenía un decente trabajo, era buena la mayoría del tiempo, fácil de ver, y era una interesante conversadora. Excepto, su tendencia a desaparecer cuando la salud de Marceline empeoraba.
La siguiente semana, tenía negocios en España y debería irse por aproximadamente un mes. Un ticket de avión. Una maleta. Una vida. Marceline siempre había estado sola, y estaba empezando a preguntarse si estar sola le funcionaba mejor. Nadie quería a una novia enferma, una novia enferma que estaba fuera semanas y semanas exportando drogas sobre el océano y quién sabe dónde. Nadie quería eso; nadie bien de la cabeza, al menos.
'¿Le dijiste a la chica que la amabas?'
'No.'
'Deberías haberlo hecho.'
'No la amo.'
Apoyándose en su asiento, Fiona miro feo a Marceline. 'Lo que sea amiga. Estas decaída desde que te la llevaste a la cama. ¿Desde cuándo tu trabajas tanto por una mujer?'
'Estoy bien.' Marceline alzo su vaso de alcohol y tomo un sorbo. Hizo una mueca. 'Urgh, mierda. ¿Qué es esto?'
'Algo que preparo Simón el otro día.' Fionna cogió su propio vaso y miro el líquido. 'A mí me gusta.' Se quedaron en silencio por un momento. Las dos mujeres tenían privacidad en su habitación en el "refugio" que Simon había próvido para chicas sin hogar, particularmente aquellas con adicción a las drogas. Lo cual era irónico, considerando que ellas estaban de acuerdo con que Marceline visitara a Fionna de vez en cuando. '¿Me vas a contar que paso o qué?'
Marceline podría guardarse las cosas para sí misma. Pero Fionna era buena en sacarte información. No podía evitarla. 'Fui a verla.'
'Mierda.'
'¿Qué?'
'¿Tú fuiste por ella?'
Marceline se encogió de hombros. 'La princesa es una interna. Probablemente no había visto el brillo del día por un tiempo. Claro que yo tenía que ir por ella.'
'Lo que digas.'
'De todas formas. Yo—'El labio superior de Marceline se retorció, 'yo podría haberle pedido que dejara a su novio por mí.'
Un peculiar sonido salió de los labios de Fionna. 'Oh, querida.'
'Lo admito, fue demasiado.'
'¿Por qué no le pediste que se casara contigo?'
'Debía hacer eso. Hubiera funcionado mejor, ¿verdad?'
'Si.'
'Si.'
'Me imagino que no se lo habrá tomado bien,' Fionna dijo.
'Lo imaginas correctamente.'
Fionna rio abruptamente. 'Mierda, Abadder. Sin ofender, muchacha, sí que tienes cojones. Digo, ella está casada, ¿no es así?'
'Comprometida.'
'Ninguna chica normal va a dejar su novio por una chica. Especialmente un mujer que esta tan involucrada con su carrera que –'
'No importa,' Marceline la corto. Estaba cansada de esto, estaba cansada de Bonnibel. Lo último que quería revolcarse en su propia desgracia. Bonnibel no lo merecía. No merecía nada de esto. 'Aparentemente, Keila se le acerco a ella el otro día y le advirtió que se alejara porque ella quería que lo intentáramos de nuevo.'
Abriendo los ojos, Fionna se quedó sorprendida por un momento. 'Whoa.'
'Ella aun no me informa sobre eso.'
'Chica. Tu eres fruta prohibida.' Fionna sonrió pícaramente. '¿Qué vas a hacer?'
'Nada.' Marceline bajo la mirada. 'No voy a hacer nada.'
.
.
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Era inútil. Keila le había texteado, preguntándole si se podían reunir y Marceline acepto. Luego de tres días, Keila pasó más tiempo en el departamento de Marceline que en el suyo. Eran como eran antes de todo el drama. La mayoría del tiempo, Marceline podía manejarlo. Todo era normal, pero no podía evitar pensar que Keila lo estaba intentando demasiado duro. Reservo una cena, asegurándose que Marceline estuviera disponible, estaba constantemente a su costado, preguntándole como estaba, si estaba teniendo problemas, si necesitaba ayuda. Ella está ahí. Era de ayuda.
Y era necesitada.
Keila nunca era necesitada. Hasta ahora.
Las dos sabían porque, y era irrelevante hasta el día anterior del viaje a España de Marceline. Keila quería salir, probablemente al cine y luego a un restaurante. Pero Marceline estaba estresada increíblemente. Tenía vendedores de drogas rivales a su espalda, amenazándola con quitarle sus clientes, quitarle su trabajo. Eso era algo que su jefe le había advertido años atrás. Ser popular en el círculo de drogas tenía sus altos y bajos. El dinero volaba, pero Marceline debía estar constantemente alerta de cualquier peligro. Necesitaba saber si le seguían el resto, si alguien amenazaba su reputación, quitándole sus clientes, ofreciendo mejores tratos, o simplemente mejores contactos.
Era engañoso y, algunas veces, desagradable.
'—¿Así que, no podremos estar juntas hasta después que regreses?' Keila dijo. Mejor dicho gritando mientras Marceline escribía en su correo. Con las justas podía escuchar a su novia por lo concentrada que estaba, no le respondió. No al principio. Keila la miro, furiosa, celosa y molesta consigo misma por llegar hasta este punto. '¡Marceline!'
'Si, te escucho.'
'¿Lo haces? ¿Entonces porque mierda me ignoras?'
'No lo hago,' Marceline gruño. Dejo de escribir y mando el correo, finalmente se volteo hacia la castaña. Aun enojada, Keila aun lucia increíble: Elegante en su pequeño atuendo, con su cabello afro peinado. Sus mejillas se enrojecieron de la ira. 'Tengo un montón de mierda con la que lidiar. Me voy a España mañana por un tiempo. Esta noche no es un buen momento.'
'Es la única noche, genio.'
'Bueno, no estoy disponible,' Marceline espeto, 'Vete, ¿okay? Me estoy ahogando aquí, lo mínimo que puedes hacer es entender de dónde vengo.' De pronto hizo una mueca de dolor. Un horrible dolor se disparó en su cuerpo hacia la parte izquierda de su pecho, pero lo ignoro una vez que la agonía desapareció. 'Tengo a tres idiotas que quieren gritarme en el teléfono por hacer algo que ellos mismos podrían hacer, mi jefe está realmente paranoico y enojado conmigo porque, aparentemente, mi "problema de salud" es un severo inconveniente para él, aun debo empacar, y debo enviar unos correos más antes de considerar llamar a un sujeto de Tennessee acerca de un paquete que envió. Mi viaje es en menos de ocho horas, así que, no, esta noche no es un buen momento.'
Keila refunfuño, se cruzó de brazos. Ella sabía lo demandante que era el trabajo de Marceline, y, generalmente, ella era comprensiva y paciente. Pero, ahora, no podía contenerse. Odiaba el trabajo de Marceline, y odiaba lo preocupada e insegura que la hacía sentir. Las palabras se escaparon de su boca, '¿O tal vez aun sigues tan enredada con la rosadita como para notar a alguien más?
'¿Qué?' Marceline suavizo su expresión ligeramente, pero solo por el shock. Bajo los hombros, y respiro hondamente. 'Ni siquiera he tenido tiempo para hablar de ella. O eso. Nada de esto.' Ella gruño y se sobo el puente de la nariz. 'Wow, no te puedo creer.' Molesta, Marceline se puso de pie. '¡¿Tú crees que esto es por Bonnibel?! ¿Estas bromeando?'
'No voy a discutir contigo, Marceline.'
'¿Por qué carajos no? Tú fuiste la que trajo el tema—'
'¡Cálmate! Sabes que los doctores dijeron que tenías que cuidar tu presión sanguínea. ¿Recuerdas lo que paso la última vez que te enojaste? Tu corazón fallo. ¿Tú quieres que pase de nuevo?'
'¿Por qué?' Marceline dijo, bajando la voz. '¿Por qué te importa? Recuerdo cuando paso. También recuerdo que me botaste, también. No lo pudiste manejar. Demasiada asustada que pudiera morir contigo, así que me botaste. Eso realmente lindo.'
'Tu TB regreso.' Keila apretó la mandíbula. Lagrimas asomándose por sus ojos. 'Te negabas a tomar tus medicinas y tu tuberculosis volvió. Estaba cansada de insistírtelo, Marceline. A veces era como si no te importara su vida. O tal vez nunca te importo. Desde que tu madre falleció, tu simplemente—dejo de preocuparte. ¿Te preocupa, Marceline? Te preocupa si es que tu corazón deja de latir esta noche o si tu tuberculosis regresa? ¿Te importa algún carajo tu propia salud?'
No. Hace mucho tiempo, a Marceline realmente no le importaba. Aun no le importaba. Cuidarse era demasiado trabajo, y su plato estaba lleno de eso. Cuidarse era agotador. Siempre había algo mal, y estaba cansada de la misma rutina. Ir al hospital para su chequeo una vez al mes, ser prescrita con medicación tras medicación. Estaba harta de eso.
Luego, a la única persona que le importaba era Keila. Eso era solo cuando estaba cerca, claro.
Desde que su mamá se fue, Marceline ya no vio razón para seguir viviendo. ¿Por quién seguiría viviendo? ¿A quién le importaría si desapareciera? Nadie. Era insignificante. Así era como siempre se veía: Insignificante. Un punto para otras personas.
Keila la estaba mirando, y Marceline la miraba de vuelta. Lo venía venir. Un agudo dolor recorrió su cuerpo otra vez, y esta vez Keila lo noto porque su expresión cambio a preocupación. Antes de que dijera algo, Marceline hablo, 'me importa, pero estoy ocupada ahora. No tengo tiempo para estar contigo, y ciertamente no tengo tiempo para estar con otra mujer.' Sabia como veneno en su lengua, referirse a Bonnibel como "otra mujer", pero ¿Qué opción tenia? Bonnibel podía ser la "otra mujer".
Regresando a su laptop, Marceline se concentró de nuevo en su trabajo, e ignoro la culpa que sintió cuando Keila se fue. Marceline sintió una punzada de nuevo, se retorció. Había pasado un tiempo desde que sintió eso. Una pequeña advertencia; necesitaba calmarse. No perder los estribos. No los había perdido en un tiempo, y no podía empezar ahora. No ahora. Marceline mando los correos, hizo algunas llamadas y para la 1 a.m, empezó a empacar.
Keila no reapareció. Se debió haber ido. Típico, pero sabio. Keila no tenía nada que ganar estando a su costado. Maleta lista, Marceline era capaz de descansar al fin. Su corazón ya no le estaba causando ningún dolor, y cuando se arropo en sus sabanas, vacío su mente de todo pensamiento y se fue directo a dormir. Aunque, en un punto, de pronto se despertó, y creyó escuchar la voz de Bonnibel en su cabeza, podía sentir su pecho encogerse—
"No me puedo enamorar de un paciente"
Rodando sobre su espalda, Marceline exhalo ondosamente. El siguiente mes seria uno bien largo.
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Los hospitales apestaban.
Fionna arrugo la nariz tan pronto como entro. ¿Cómo carajos los doctores y enfermeras sobrevivían a este infierno por más de doce horas? O estaban locos, o bueno, locos. El lugar apestaba a muerte, enfermedad y gente vieja. No estaría en el hospital si no fuera por una buena razón, y esta razón, ella creía, era una buena. Su amiga, Cake, había sufrido de una mala torcedura de tobillo, y Fionna había aceptado en llevarla a casa.
Claro no tenía otro motivo en mente. Si, tenía un punto débil por Cake (y Marceline le encantaba recordárselo), pero ella estaba ahí como amiga. Porque eso era lo que los amigos hacían. Se cuidaban los unos a los otros, y les ofrecían llevarlos a sus casas cuando tenían un tobillo torcido. ¿No? Fionna se desplomo en uno de los asientos de la sala de espera, y poso sus ojos sobre las visitas. La mayoría no estaban solos, estaban con sus familias, o novias, o novios.
Había pasado un tiempo desde que Fionna había estado en el hospital como paciente. La última vez fue cuando "accidentalmente" sufrió de sobredosis, y tuvo suerte de salir viva y caminando. Luego, había ido a visitar a sus amigos, particularmente a una amiga que recientemente se curó de tuberculosis. Marceline se había ido a España hace una semana, y Fionna no había escuchado nada de ella. No era raro. Marceline era una mierda para seguir en contacto. Siempre recibía los mensajes, y tenía una tendencia a olvidarse de contestar. O simplemente no se molestaba.
Su trabajo era absurdamente demandante, y ella rara vez—si no era siempre—tenía tiempo para leer los textos, pero no para contestarlos. A pesar de haber sido una semana, Fionna tenía que admitir que estaba empezando a extrañar a su mejor amiga. Pero era bueno que Marceline estuviera en otro país. Tenía muchos problemas en , demasiadas cosas tontas, y Marceline nunca lidiaba con cosas tontas. No hasta que cierta doctora rosada llego a su vida.
Mujeres heterosexuales eran las mejores.
En serio. Fionna tuvo más que suficiente experiencia con ellas como para entender por lo que Marceline estaba pasando.
Miro al reloj en la pared, y se deslizo en el asiento. Cake debería aparecer pronto y Fionna no podía esperar para salir de ahí. Había un par de revistas en la mesa cercana, y vio las portadas, aburridas, y luego alzo la mirada. Al principio, Fionna no reconoció a Bonnibel—ella solo pensó que era una doctora bien parecida, antes de darse cuenta de hacia donde se dirigía. Camino directo hacia otro doctor, y se disculpó por su torpeza. Fue ahí cuando se dio cuenta quien era el doctor.
Doctora Bubblegum. Ha. Fionna sonrió, y se paró, acercándose a la joven interna antes de que se fuera, 'Bueno, bueno, bueno, mira quién es. De todos los lugares que podría encontrarte, no me imaginaba que sería en el hospital.' Dijo, y se rio por la expresión de disgusto en la cara de Bonnibel. Había algo en esta chica que la hacía reír. '¿Cómo ha estado tu día, rosadita?'
'Bien.' Bonnibel apretó los historiales contra sí. '¿Qué estás haciendo aquí?'
'Espero por una amiga,' Los ojos de Fionna recorrieron la apariencia de la otra mujer. Francamente, no hubiera notado a Bonnibel de primera mano, pero era bien atractiva. Ella y Abadder podría haber hecho una bonita pareja. Era una pena lo que sucedió, pero Fionna no conocía a Bonnibel tanto como para importarle. 'Lo olvidaba—¿ustedes los internos no tienen exámenes pronto?'
A la mención de trabajo, Bonnibel pareció aligerarse un poco. Fionna no entendía. Los internos estaban obsesionados con el trabajo. Era todo lo que pensaban. Todo lo que hacían. 'Si, de hecho. Debería estar estudiando, pero mi jefe me ha dejado a todos sus pacientes porque él tiene demasiado papeleo. ¿Cómo sabes?' Bonnibel alzo las cejas. '¿Fuiste una interna alguna vez?'
Fionna se rio de nuevo. 'Aw, en serio. ¿Yo? ¿Una interna? Diablos no. Solía salir con una. Una chica loca.' Se rio, recordando a la chica. Demasiada emocionada por nada, aun con un montón de energía luego de su turno de seis horas. A Fionna le gustaba su entusiasmo, pero hasta ella tenía sus límites. '¿No le puedes decir a tu supervisor que lo haga? Los exámenes son más importantes que sus estúpidos pacientes.'
'Uh…' Bonnibel alzo los hombros. 'Si le digo eso, probablemente me despida.'
'Ah. Que duro.' Fionna miro sobre su hombro por si Cake aparecía. '¿A qué hora acaba tu turno? Sé que te divertiste esa noche el otro día. ¿Qué tal si lo volvemos a hacer?' Bonnibel de pronto se veía atormentada, pero Fiona se dio cuenta. 'Abadder no estará ahí. Está en España lidiando con su trabajo. Yo te cuidaré.'
Fionna estaba sorprendida cuando la expresión de Bonnibel cambio cuando menciono la ausencia de Marceline. La pobre chica lucia decepcionada, pero rápidamente volvió a anterior compostura. 'Gracias, pero mi turno no termina hasta las diez. Me estoy casando en tres semanas, y mi prometido preferiría que pasará más tiempo con él así que—'
'Lo entiendo, princesa. Debes poner a tu hombre primero.' Fionna rodo los ojos. 'Oi, hey, invítame a la vida, ¿sí? Amo las bodas. Bebidas por todas partes y chicas en vestido. ¿Qué más podría pedir?'
'Ya envié las invitaciones.'
'Chica, solo dime el lugar y la fecha. ¿No te importa si Abadder me acompaña?'
La peli rosada giro sus ojos hacia la derecha y luego de regreso a Fionna. 'Si ella quiere venir.' Tal vez Bonnibel sabía que Fionna estaba bromeando, o tal vez no, pero Fionna no pudo resistirse a la tentación. Quería vengarse de Marceline por constantemente molestarla con Cake, pero también quería que Marceline siguiera adelante. Presenciar al amor de su vida irse con otro hombre podría ayudar. O, Fionna probablemente solo era idiota. De hecho, decidió lo último. Seria cruel invitar a Marceline.
'Mejor invito a Cake,' murmuro. '¿De todas formas, sabes donde esta ella? ¿Vino por una torcedura de tobillo?'
Por un momento, Bonnibel lucia desubicada. Fionna quería sonreír, porque era más que obvio que no podía sacarse a Marceline de la cabeza. Ella no sabía cómo hacia Marceline eso con las chicas—las volvía locas sin siquiera intentarlo. Aunque Bonnibel estuviera comprometida, y enamorada de otro hombre, a la mención del nombre de Marceline la mandaba a un estado de desesperación. Era hilarante.
Ansiosa por cambiar el tema la cara de la doctora se ilumino cuando reconoció el nombre. 'Oh claro. La vi venir. ¿Quieres saber en qué habitación esta?'
'Si, eso sería asombroso.'
Juntas salieron de la sala de espera, y Fionna siguió a Bonnibel por varios pasillos. Había varios doctores y enfermeras, pacientes con muletas, otros pacientes con intravenosas, y otros en sillas de ruedas. Todos los pasillos eran iguales, y Fionna estaba algo impresionada que Bonnibel los conociera tan bien. En dos minutos llegaron a la habitación designada, y Fionna vio a Cake al final de este, colocándose un abrigo.
Cuando Fionna llego, Cake sonrio y la abrazo, antes de que Fionna le preguntara como estaba su tobillo. Bonnibel se quedó atrás, dándoles a las dos mujeres algo de privacidad. Lo tenía que admitir, era bizarro ver como alguien como Cake podía ser amiga de alguien como Fionna. Si no las conociera mejor, diría que son opuestas. Cake miro hacia Bonnibel, y le devolvió la sonrisa. La castaña era dulce, demasiado dulce, y Bonnibel no la podía ver como su paciente. La mayoría de sus pacientes eran amargados y miserables.
'Te recuerdo,' dijo, parándose sobre sus pies lentamente. 'Oh, Doctora Bubblegum, ¿cierto? ¿Eres la amiga de Marceline?'
'Eran,' Fionna murmuro. Bonnibel la miro, y luego miro hacia otro lado cuando Fionna le estaba dando su famosa sonrisa. Ella sabía. Ella sabía lo que había pasado y no iba a pretender que no sabía. ¿Marceline le había informado, o Fionna era realmente buena en enterarse del drama lésbico?
'Oh' La sonrisa de Cake cayo. 'Pero si se llevaban tan bien. No recuerdo haber visto a Marceline tan feliz antes. Ella nunca estuvo tan feliz cuando estaba con su otra novia.'
'Okay, Cake, creo que ya dijimos suficiente.'
Aunque, Bonnibel, no estaba tan segura de eso. 'Esperen. ¿Ella no es feliz con Keila?' Ignoro la expresión de Fionna. 'Pensé que ellas dos estaban—bueno, intentándolo de nuevo.'
'Yo pensé que terminaron,' Cake frunció el ceño, volteándose hacia Fionna.
Suspirando, Fionna las miro a ambas. 'Si, terminaron, pero parecía que Keila quería darle a la relación un nuevo giro. Un poco engañoso y todo considerando que Abadder está ocupada en España. Debe estar con otra chica, siendo honesta. No confiaría en ella,' Fionna hizo una mueca.
Cuando menciono que Marceline podía estar teniendo otra aventura, los oídos de Bonnibel se pusieron rojos y una fea sensación recorrió su cuerpo. No quería imaginarse a Marceline con otra. Otra vez. Ni siquiera con ella. Es mejor que esa estúpida mujer este tomando su medicina, o de lo contrario Bonnibel estaría enojada. Rayos, si Marceline volvía al hospital con tuberculosis, Bonnibel la mataría.
Ella la mataría.
'Bueno,' Cake suspiro, un poco cansada. 'Fue bueno verte, Doctora Bubblegum.'
Bonnibel asintió. 'Si, a ti también.'
'Nos vemos, princesa,' Fionna sonrió, y las dos mujeres caminaron fuera de la habitación.
Ahora que se habían ido, Bonnibel podía respirar de nuevo. No debía haber mencionado a Marceline, especialmente frente a Fionna. Bonnibel no tenía ni idea que estaba pasando en la cabeza de Fionna, pero no estaba tan emocionada por la boda. Especialmente con Marceline. Dios, no. No Marceline. Bonnibel se encogió por ese pensamiento. Ella debió haber dicho que no. Braco no estaría feliz de ver a dos completas extrañas presenciar su matrimonio.
Y Bonnibel no quería que fuera la mujer con la que tuvo una aventura.
Estaba mal en tantos niveles. Respirando a través de los dientes, Bonnibel se giró sobre sus talones y salió de la habitación. Abrió un historial, y leyó los detalles de su siguiente paciente mientras caminaba. Un hombre de 26 años, admitido ayer por un severo ataque de asma. Afortunadamente, se estaba recuperando bien, y con suerte podría regresar a casa hoy. Eso era la mejor parte de su trabajo. Enviar a sus pacientes a sus casas cuando estaban curados—
Bonnibel se resbalo de pronto, y choco su cabeza contra el suelo. Sus historiales cayeron cerca de ella. Gruñendo, Bonnibel lentamente se puso de pie.
'Oh, wow. ¿Estás bien?'
Volteo su cabeza y miro a la gigante rubia acercarse, con el cabello corto, y unos ojos gigantes que la miraban fijamente. Bonnibel trago, el dolor en su cabeza pareció disminuir al ver a aquella persona. Vestía de azul, un atuendo confortable. Bonnibel reconoció esa ropa. Como de pijamas – como los que usaban los pacientes de psiquiatría.
Y Bonnibel podía afirmar que esa mujer era definitivamente una paciente. Lo que hiciera para ser transferida a pisos arriba, Bonnibel no quería saberlo.
Dio un salto hacia atrás cuando sintió la mano de la mujer contra su hombro.
'¡No me toques!' Tal vez estaba actuando, pero Bonnibel no se sentía del todo segura con los pacientes de psiquiatría. Era una de las razones por la que escogió medicina. 'Sin tocar, ¿okay?' La paciente asintió, desesperada por darle a entender que entendió. 'Estoy bien.'
'En verdad lo siento,' respondió lentamente, con una mirada culposa. Se dio cuenta que estuvo limpiando el piso con un trapeador que se encontraba contra la pared. 'Había una señal que decía "¡Peligro, Piso Mojado!" eso les dice a las personas lo que sucede.'
Bonnibel empezó a levantarse, cuando sintió un pequeño dolor en la parte baja de su espalda. Con una mueca de dolor, la doctora logro ponerse de pie, estabelizandose un poco. Presiono su mano contra la pared, espero un momento para que el mareo pasara. Aunque, no era capaz de quitárselo. La paciente había bloqueado el camino, y le estaba sonriendo de oreja-a-oreja. Bonnibel parpadeo.
'Soy Susan Strong.'
'Oh. Okay.'
'Vengo de los pisos de arriba. Ellos me dejan venir a limpiar aquí abajo. A veces, la suciedad del techo me vuelve loca. Y me gusta limpiar las cosas.'
'Ohh.'
'Eso—' Susan paro, abrió los ojos, y por un momento, pareció perderse en sus pensamientos. '—Se le llama afrontamiento. Y a los doctores no les importa porque a ellos les gusta que las cosas estén limpias. Y a eso se le llamaba simbiosis.'
Bonnibel asintió, y trato de sonreír. 'Ya veo.'
'Pero no creo que debería estar hablando contigo.' Sacudió la cabeza, Susan regreso hacia su trapeador. 'No. Porque ellos dicen—'Apunto hacia ella, de modo acusador. 'Que no debo hablar. De lo contrario, los hare enojar y me ataran como un globo que no puede volar.'
'Bueno,' Bonnibel apretó los labios. No sabía que decir. 'Lamento interrumpir tu trabajo.'
Una larga pausa. Bonnibel cogió los historiales del suelo y empezó a alejarse.
'Te llamare pequeña Rosa porque eres igualita a una.'
'Gracias.'
'Espero que tengas un buen día, pequeña rosa.'
'Gracias.' Bonnibel camino hacia adelante, y luego la miro. 'Espero que tú también.'
Tomando esto como una pista para irse, Bonnibel no perdió el tiempo. Apretó los historiales, y teniendo extra cuidado en donde pisaba, la doctora volteo en una esquina y quedo fuera de vista. Nunca había tenido una conversación tan largo con un paciente de psiquiatría, y aunque Susan se veía amable, Bonnibel no sabía qué hacer con ella. Y que ese apodo más le valía que no se le pegue. Exhalando en alivio, Bonnibel se desplomo en la mesa de las enfermas cuando regreso uno de los historiales.
Su amiga, Raini, de pronto apareció a su costado, haciéndola saltar de sorpresa. Raini frunció el ceño. '¿Qué te paso?'
'Nada,' Bonnibel suspiro. 'Solo me encontré con una paciente de psiquiatría. Llamada Susan.'
'Oh, ¿te refieres a la que está trapeando el piso?'
'La misma.'
'Si, le llamamos Salvaje. Quiero decir… ¿la has visto? Luce como una total cavernícola. He escuchado mucho sobre ella en psiquiatría.'
Bonnibel hizo una mueca. 'Si es peligrosa, ¿Por qué la han dejado bajar, sin atención, a limpiar el suelo?'
Se encogió de hombros. 'No lo sé. A ella le gusta hacerlo, y a nadie le molesta. Además es un poco duro tenerlos encerrados allá arriba. Mientras que no los molestes, estarás bien.' Raini sonrió y le toco el hombro. 'De todas maneras, ¿Cómo lo estas manejando? ¿Ningún problema con la súper perra últimamente?'
'No.' Bonnibel inhalo. 'Esta en España.'
'¿Para bien?'
'No. Por trabajo.' Bonnibel jugo con su lapicero, luego volteo abruptamente hacia Raini. 'Pero no me importa. Me voy a casar pronto, y ella ya no está. Fuera de mi cabeza, también.'
'Wow. Solo ha pasado una semana, B.'
'Tal vez nunca me gusto en primer lugar.' Era una mentira. Un gran, y enorme mentira, y Bonnibel se arrepintió de decir tal salvajada. Marceline aún estaba en su cabeza. Constantemente. Era una maldita enfermedad. Bonnibel no podía esperar por el día en que se desvaneciera de sus pensamientos. Desvanecerse de la vida de Bonnibel por completo. Bonnibel la había rechazado, y aun así se arrepentía de su decisión un poco, aun cuando ver marchar a Marceline fue doloroso, sabía que había hecho la decisión correcta.
Porque Marceline no era buena para ella. Marceline era problemas, y era demasiado para controlar. Bonnibel ya tenía el plato lleno con su trabajo. ¿Está loca Marceline al pensar que dejaría a Braco en el altar y huiría con ella? ¿Qué estaba pensando esa mujer?
Aunque, Bonnibel haya escogido sabiamente, no se sentía bien.
Algo faltaba.
Algo en su vida faltaba cuando Marceline no está cerca.
Cuanto deseaba Bonnibel que nunca se hubieran conocido. Como deseaba que Raini hubiera sido su doctora en vez de ella. Dios, se sentía tan lejano.
'Es bueno para ti, Bonni.'
Sonrieron, pero cuando Raini estuvo a punto de irse, Bonnibel estrello su cabeza contra el escritorio. Odiaba mentir, especialmente a su mejor amiga. Odiaba todo acerca de esta situación, odiaba el hecho que no le había contado a Braco lo que había pasado. No se lo podía contar, pero sabía que no podía casarse con alguien con la que se sentía insegura.
Tal vez eran los nervios. El hecho de matrimonio era preocupante, así que Bonnibel tenía buenas razones para meditarlo, de considerar otras personas. Lo que sentía por Marceline eran solo nervios por la boda. Lo que sentía por Marceline era normal, algo que debía evitar. Seguir adelante. Marceline era una paciente, una ex paciente; un desliz. Nada más. Nada menos.
"Eres terca." Recordó lo que Marceline dijo. "Me gusta eso en una mujer."
Yep. Bonnibel era terca, está en lo cierto. De mala gana, la doctora volvió al trabajo, no importaba que hiciera, no podía quitar a la mujer de su mente. Era un constante tormento, y para el fin del día, Bonnibel estaba derrotada. Por fin había hecho la mejor decisión escogiendo a Braco. Eso no significaba que su decisión le prometería felicidad.
Ella había cometido un error. Intento arreglarlo. Solo para fallar inmensamente.
Después de todo, no había daño que no pudiese arreglarse. Solo una pregunta necesitaba ser respondida.
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Los días se estaban volviendo largos. Marceline estaba cansada, y odiaba el calor. El trabajo estaba demandando mucho de ella. Habían demasiadas reuniones, demasiados extraños con quien presentarse, demasiadas preguntas, pedidos, ordenes, cosas que observar. Rara vez regresaba a su hotel antes de las ocho de la noche, y siempre salía antes de las 6 am. Ese tipo de semana no era gran problema. No generalmente. Marceline estaba acostumbrada a ser popular; se había ganado una reputación después de todo.
Era solo, que, últimamente, su cuerpo no podía manejarlo.
Se había olvidado tomar su medicina para la TB ayer, y esa mañana. Pero no era la TB la que estaba causándole problemas. Al menos, ella pensaba eso. Antes que saliera a España, Marceline estaba sintiéndose mal, pero no quería irse a chequearse al hospital. Mas ciertamente, estaba demasiada asustada. No quería estar atrapada otra vez en una habitación, con doctores hincándole, insertándole tubos, haciendo lo que querían.
Porque esa clase de vida era tan insatisfactoria. Marceline no estaba para eso. No podía hacerle frente a eso. Era estúpido, pero para evitar el hospital, cogió el avión sin asegurarse que estaba bien. El dolor en su pecho volvió, y después de su primer día en España su fatiga se empezó a sentir. Crecía peor y peor con cada día que pasaba. La reunión a la que fue forzada a ir era tediosa, estresante; estaba inquieta todo momento.
Se sentía incomoda en su propia piel.
Cuando se despertó en medio de la noche, sin aliento, sudando—se dio cuenta que estaba mal.
Lagrimas rondaban sus ojos y enojada se sacó las sabanas, abrió las cortinas y abrió la ventana. Aire fresco contra su piel, y lentamente se enfrió, lentamente recupero el aliento. Aun su corazón estaba latiendo en sus oídos, violentamente. Su cuerpo entero se sacudió bajo el peso de su adolorido musculo. Le tomo un momento recuperarse. Le tomo un poco a su corazón regresar a su estado normal, y le tomo un tiempo a ella para parar de llorar.
La última vez que se sintió así fue cuando su mamá aún estaba viva. Cuando era una niña, a los once años. Lo recuerda claramente. Lumpy Space Princess, una chica de su colegio, la había molestado tanto durante ese día. Marceline era buena estando firme, pero nunca se defendía. De hecho, todo lo que había dicho le ayudo a Lumpy a seguir atormentándola. Después de todo, fanfarronear que tu mamá tenía tres trabajos no era algo de lo que estar orgullosa, aun cuando Marceline lo usaba para dar a entender que su familia no era pobre.
Era la ira. La ira inicio su problema, la elevación en la presión sanguínea, la dificultad para respirar, la pesadez en su corazón. Marceline rara vez perdía su temperamento. Se enojaba, pero rara vez mostraba ira, y ahí la razón por qué. La mujer evitaba cualquier tipo de emoción a todo costo, porque ella sabía los riesgos que traían.
Pero desde conoció a Bonnibel, desde Keila, desde entonces las frecuentes visitas al hospital—Marceline no era capaz de hacer caso omiso a su ira más.
Desde que conoció a Bonnibel.
Su sentido común le decía que volviera a , al hospital. Que un doctor chequeara su corazón, para estar segura. Que no estaba sufriendo de otro ataque al corazón como el que sufrió su madre desde el inicio. Mierda. Marceline prefería elegir el TB sobre tener una falla en el corazón cualquier día. Honestamente lo haría. Presiono su frente contra el vidrio, espero un poco más hasta que estuviera bien.
Se estaba reuniendo con un compañero hoy. Uno que particularmente no le simpatizaba. Le gustaba creerse superior, la miraba mal solo por su sexo. No era poco común en el círculo de drogas, pero Marceline tenía poca tolerancia ahora. Se ducho, se cambió, y ni intento dormir de nuevo. Para las cuatro de la mañana, recibió el primer texto. El remitente era desconocido, y el mensaje era uno que no quería para iniciar su día.
Tenían un cobarde. Alguien que se suponía que debía estar enviando una maleta llena de dinero hacia el aeropuerto. Resulta que este idiota renuncio a último minuto. Y la maleta estuvo unas buenas horas sola. La policía seguro no descubrió que había dentro, porque si no el texto que recibió Marceline hubiera sido más duro. Aunque, igual la iban a culpar. La persona que iba a enviar la maleta era alguien que ella contrato—eso significaba que todo apuntaba a ella.
Mierda.
Que estúpida mierda.
Ignoro la punzada de dolor. Reconociendo que el dolor solo la haría enojar más. Marceline salió del hotel dos horas tarde. Se iba a encontrar con este "compañero" en un restaurante cercano. Él dijo, un poco entusiasmado, que el restaurante tenía una bonita vista a un lago. A Marceline no le podía importar menos. Solo quería que esta reunión acabara para que pudiera regresar a su hotel y descansar. Estaba tan cansada. Exhausta. Esa mañana, intento ocultar los círculos negros que tenía debajo de sus ojos con maquillaje, pero no funciono. El profesionalismo era la clave para su trabajo, y si Marceline no lucia bien, podía fallar.
Cuando llego al restaurante, casi maldice. Se había olvidado su medicina de la TB otra vez.
Eso tendría que esperar. Su reunión estaba empezando, y ya estaba tarde. Su corazón empezó a sonar en sus oídos, y tenía dolor de cabeza. Marceline hizo una mueca de dolor. Estaba muy caliente. El restaurante estaba lleno, había demasiado ruido. Este estúpido idiota. ¿Por qué hacia la reunión en un lugar con tanta gente? Tenían que escucharse los unos a los otros.
Felizmente, él ya está ahí, sonrió complaciente, se puso de pie. Vestía una camina, un pantalón y zapatos. Un poco formal. Se dieron las manos, y se sentaron uno al frente del otro, y empezaron a trabajar. La mayor parte, Marceline solo lo escuchaba. Parecía que se había comido un loro, hablaba demasiado. Marceline no sabía si era el calor, o la presión, pero no podía concentrarse en lo que estaba diciendo.
Debió haber tomado su medicina.
'—Oh, por cierto—'
Marceline lo miro.
'—escuche acerca de tu pequeño incidente en el aeropuerto esta mañana.' Él movió su cabeza y suspiro. 'Sabía que esto iba a pasar tarde o temprano. Personas como tu están tan obsesionados y distraídas en su trabajo, que no tienen tiempo para lidiar con la parte más demandante.'
Sintió un puñal.
'Él habla tan bien de ti—'
Marceline tomo un poco de agua. Se estaba empezando a sentir mareada, y su corazón se oía tan fuerte. Demasiado fuerte. Estaba segura que su acompañante podía escucharlo también.
'—no entiendo porque. Digo, con las justas me estas prestando atención ahora.'
'Lo siento,' Marceline espeto. 'Estaba pensado que debería estar haciendo algo más productivo que estar sentando aquí contigo.'
'¿Si? Bueno, si escucharas, entonces estarías fuera de aquí lo más pronto, y no estaría repitiendo lo que digo. ¿Debería discutir contigo los planes que estamos considerando para Italia?'
'Ya me dijiste sobre eso, y no estaré disponible durante ese periodo. Estaré en Alemania.'
'Y yo pensé que las mujeres eran buenas haciendo multi tareas.'
Marceline estaba que hervía. 'Oh, lo somos. Excepto que no somos buenas estando en dos lugares a la vez.' Thump, thump thump thump. '¿Hay algo más que quieras discutir?'
'¿Por qué? ¿Apurada por irte?'
'Yo—'Marceline exhalo. '—Si.'
'No iras a ninguna parte. Aun no acabo.'
Thump, thump, thump—'Bueno, yo sí.' Marceline gruño de repente. Estaba demasiada mareada, se sentía deshidratada. Estaba sin aliento por ninguna razón. Para su descontento, su acompañante pareció darse cuenta su malestar y le pregunto si estaba bien. 'Estoy bien.' Thump, thump thump.
'¿Estas segura? ¿No demasiado cansada? Sé que este tipo de trabajo es agotador. Los novatos siempre se quejan.'
'No soy una novata.' Instantáneamente Marceline se arrepintió de alzar la voz. Nunca tuvo que defenderse a sí misma, nunca tuvo que proteger su estatus. Con nadie. Era así de buena. Pero, se le escapo, y su acompañante sonrió, complacido con su respuesta, Thump thump, thump. Su corazón. Estaba acelerado. Todo le dolía. 'Estoy bien. Como decía.'
Su sonrisa no decayó. Él siguió discutiendo acerca de lo que tenía planeado para Italia, aunque Marceline ya lo había escuchado. Estaba tensa, y veía sus labios moverse, pero no podía escucharlo. Había bloqueado su voz, y se estaba concentrando en su respiración. En sus latidos. Un frio recorrió su cuerpo, y sentía como si en su pecho hubiera una tonelada de ladrillos.
Ella no estaba bien.
'—Oi. Te estoy hablando.'
'Lo supuse,' exhalo.
'¿Qué mierda te pasa, Abadder?'
Hizo una mueca. No respondió.
Thumpthumpthumpthumpthumpthumpthumpthumpthump—
'¿Abadder?'
-thumpthumpthumpthumpthumpthump—
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Estaban discutiendo sobre vestidos de novias. Por las pasadas horas, Raini había revisado ya varias revistas, y Bonnibel ya se había dado por vencida. Con su cabeza sobre la mesa, gruño sonoramente, espero a que Raini le sugiriera el vestido más atroz. Incluso sugirió que si el vestido que habían comprado no le gustaba a Bonnibel, podría dárselo a ella para cuando se casara.
'Si,' Bonnibel dijo con una voz apagada sobre la mesa. 'Si es que te casas.'
'Vete a la mierda.' Un localizador empezó a sonar. Raini miro hacia los localizadores, que estaban juntos. '¿Cuál es el tuyo?'
Bonnibel gruño. 'El que no está sonando.' Alcanzándolo, Raini cogió el localizador que estaba brillando. Silencio. Bonnibel alzo la cabeza, y la miro con pura confusión. Sin decir una palabra, Raini se puso de pie y guardo el localizador. Bonnibel la miro. '¿Qué es?'
'Solo un paciente.'
Fue todo lo que le revelo. Bonnibel miro atónita como Raini salía apresurada de la sala del staff, inconsciente que había cogido el localizador equivocado. Inconsciente que la paciente era la mujer que se había ido la quincena pasada.
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Bueno por los dias extras que me demore en publicar (ya lo tenia listo solo faltaba revisarlo u.u) aqui les dejo un capitulo extra largo.
Dejen sus reviews, comentarios, quejas, etc. Dependiendo de como comenten estare publicando mas frecuente las actualizaciones! :D
