Capítulo 11 : Uniones
En el monitor del televisor de aquella oscura estancia podía escucharse a duras penas la inconfundible voz del famoso detective privado Kogoro Mouri. Del lateral del televisor nacía un cable oscuro que conducía a la cámara digital que estaba reproduciendo aquella cinta. Cuatro individuos la estaban viendo por enésima vez.
"Ya sé quién es el asesino –anunciaba Mouri acercándose a lo que parecían los tres sospechosos–. ¡El asesino es usted, señor Morioka!"
A continuación, Gin, Vodka y Khorn observaron el resto de la cinta donde el señor Mouri exponía toda la resolución del caso que le ocupaba. Gin volvía a fijarse en que todo iba demasiado normal.
-- ¿Qué tiene de raro, Gin? –quiso saber Khorn al finalizar la cinta–. Yo creo que lo normal es que un detective resuelva un caso, es su trabajo.
-- Ésa es la cuestión, Khorn –contestó Gin con su cigarrillo y mirando con sus fríos ojos al monitor–. Que el contenido de esta cinta, que debería ser lo normal, es solamente la excepción.
-- ¿A… a qué te refieres?
- Kogoro Mouri nunca o muy pocas veces resuelve los casos. Tenemos suficientes pruebas. Tenemos los videos de cuando Mouri ha expuesto la resolución de algún caso en la televisión. Míralo por ti mismo.
En la pantalla del ordenador que había justo al lado, empezó a reproducirse un archivo cuando Gin apretó el play.
-- ¿Lo ves? –señaló Gin con el dedo en el monitor–. El detective Mouri no mueve la boca…
-- …y casualmente está ése niño ahí –apuntó Vodka–. Y todavía tenemos más cintas de este tipo. El señor Mouri ha salido mucho por la televisión.
-- Exacto…. Y el hecho de tener esta cinta en nuestras manos prueba que si no está el niño…. –Gin señaló en la pantalla del televisor– … no hay Kogoro durmiente….
-- Ya entiendo…
-- Antes no lo teníamos claro, por eso pusimos el veneno experimental en los colegios de primaria. Pero gracias a eso, ahora sabemos sin ninguna duda que ése niño es Shinichi Kudo….
En una esquina de aquella habitación había una oscura silueta de brazos cruzados apoyada en la pared y en aquél momento esbozó una sonrisa.
-- ¿Tú qué opinas, Chambord? –preguntó Vodka volviéndose hacia la sombra.
La silueta separó su espalda de la pared y dio un paso para adelante antes de que su rostro se iluminara por la luz del televisor. Fue entonces cuando se metió una mano en el bolsillo y sacó otra cinta.
-- Yo también tengo una prueba de lo que acabas de mencionar, Gin.
-- No nos hacen falta más pruebas, Chambord –Rechazó Gin.
-- Je¿y de dónde has sacado esa cinta, Gin, si se puede saber? –soltó Chambord preguntándose por qué la cinta de su compañero sí era válida y la suya no.
-- Casualmente la tenía el chaval que raptamos hace unos días –respondió–. Fue toda una coincidencia que precisamente ese niño de pelo azul tuviera la prueba que nosotros justamente necesitábamos…
En casa del profesor Agasa la tensión había ido desapareciendo a medida que el tiempo pasaba. Todavía se preguntaban qué sería lo que Shinichi quería hacer con aquél antídoto. No sabían por qué debería ser tan importante como para llevárselo sin esperar a que Agasa lo reprodujese. Ahora, si Shinichi gastaba ese antídoto en lo que quisiera que estuviera planeado, se quedarían sin muestras para poder desarrollarlo. Les había costado demasiado conseguir ese antídoto como para que ahora él se lo llevara por cualquier tontería.
Continuaban todos sentados en los sofás del salón del profesor Agasa, y en aquél momento Rena Mizunashi, apoyando sus manos en el reposa-brazos, se levantó con esfuerzo y miró a todos con semblante serio.
-- Tengo algo que deciros –empezó Rena–. Es sobre el motivo por el cual ese tal Shinichi ha elaborado este montaje.
Ai y Agase se asombraron de inmediato al oír a la mujer. ¿Por qué no se lo habían dicho antes?
-- Cuando salí de la guarida de los hombres de negro… –comenzó a explicar Mizunashi– …me encontré por casualidad con el tal Kudo por la calle. Y le expliqué que mientras estaba yo en la guarida, encontré un calabozo en el que había un joven…. Un joven muy parecido a mí.
-- ¿Q..qué? –se preguntaron Ai y Hiroshi al unísono. Ellos no sabían nada sobre ése joven–. ¿Quién es ése chico?
-- El caso es que a Kudo se le iluminó la cara cuando se lo conté, pero no de haber solucionado algo, sino de tener que asumir que otro problema se le venía encima. Y sin decir nada me pidió que no os contase nada de nada. Yo no sé exactamente qué quiere hacer, pero por su actitud diría que tiene pensado rescatar a ese chico…
-- ¿Cómo¿Eisuke Hondo? –preguntaron Kyogoku y Kuroba al unísono cuando salieron todos del puerto de Tokio–. ¿Ir a rescatarle?
-- Sí –asintió Kudo–. Antes de encontrarme con Kaito, he topado con Rena Mizunashi y me ha contado que ha visto a un chico muy parecido a ella en los calabozos de la organización de los hombres de negro.
Makoto y Kuroba no entendían nada sobre todo lo que estaba hablando Kudo en aquellos momentos. Y aunque Heiji sí estaba al corriente de la existencia de los hombres de negro, tampoco sabía nada del chaval del que hablaba Shinichi.
-- ¿Y tienes idea de quién es ese chico? –preguntó impaciente–. ¿Le conoces?
-- Sí, más o menos. Pero lo más importante ahora es rescatarle. No podemos permitir que le hagan daño o que lo usen como cebo…
-- ¿Cómo cebo? –se sorprendió Heiji–. ¿Para atraparte a ti¿Entonces no les estarías complaciendo con lo que tienes pensado hacer?
-- No. Ellos sospechan que Rena Mizunashi les está traicionando. Por eso han atrapado al niño, para usarlo como cebo y así poder atrapar a Rena, y probablemente matarla.
-- Pero nosotros no tenemos ni idea de lo que nos estás contando. ¿Por qué nos has llamado? –quiso saber con urgencia Makoto.
-- A ti, Kyogoku, te había llamado para que me ayudaras a defendernos de los hombres de negro. Pero veo que ha sido más pronto de lo que había previsto. Todo esto lo estoy improvisando desde que me encontré con Rena.
-- ¿Y a mi? –preguntó Kaito–. ¿Por qué me has llamado?
-- Respecto a ti, no tenía previsto que me ayudaras, pero visto que hoy me has descubierto y yo a ti, he decido que tú también me ayudarás. Es más, tú serás la pieza más importante para rescatar a Eisuke Hondo. ¿No querías ayudar? Pues ale.
-- ¿En…en serio? –se conmocionó Kaito.
Entonces Heiji dejó a un lado su mudez y se encaró a Shinichi, mientras una vena se hinchaba en la frente del chico.
-- ¡¿PERO SE PUEDE SABER EN QUÉ ESTÁS PENSANDO¡¡¡No puedes poner en peligro a personas que no tienen nada que ver con esto sólo porque a ti te venga en gana¡¡¡Deja esa idea a un lado, Kudo¡Métete en la cabeza que hoy no es el día en que los atraparás!
-- ¿Crees que no me duele, Hattori? –susurró Shinichi en un hilo de voz mientras su rostro se ensombrecía.
-- Ku..Kudo… –murmuró Heiji mientras lo contemplaba con tristeza…
-- Siempre he sido yo quien ha intentado proteger a los demás, Hattori –continuó con una expresión apenada–. Pero así no llego a ninguna parte. Creí que podría hacerlo solo. Pero no soy capaz. Necesito ayuda. Os necesito. Y no trato de atraparlos hoy. Sólo intento evitar que por mi culpa hagan daño a Eisuke o a Rena…
El silencio se hizo entre los muchachos, decorado con el sonido que emitían los coches. Nunca antes habían visto a Shinichi hablar con aquella tristeza que tan poco le caracterizaba. Incluso Kyogoku, que nunca lo había conocido como Shinichi en profundidad, se dio cuenta de que si Kudo estaba así, el asunto debía ser importante.
-- Te ayudaremos –soltó Makoto con una voz enternecedora, rompiendo así el silencio–. Cuenta conmigo.
-- Y conmigo… –añadió Kaito.
-- Bueno, ya sabes que no estoy de acuerdo –dijo con cara de enfado Heiji, pero al instante desapareció esa cara para volverse más dulce–. Pero puedes contar conmigo.
La tormenta había amainado bastante desde que habían llegado a la isla más septentrional de Japón. Ya casi no caía ni un copo de nieve y el viento había desaparecido. En aquellos momentos Ran y las demás chicas habían observado desde una de las ventanas de la mansión cómo se llevaba la policía al asesino que ellas mismas habían descubierto aquella noche.
Habían salido del comedor y estaban dando vueltas por la mansión. Ran, Kazuha, Sonoko y Aoko se preguntaban a qué tipo de pruebas se refería Akako para saber si eran dignas de ser queridas por sus amigos de la infancia.
-- Oye, Ran –la llamó Kazuha–. Qué curioso que los niños de todo Tokio se convirtieran en mayores de golpe¿no? Es algo que parece imposible.
-- Ya, es muy extraño –respondió Ran con una sonrisa triste.
-- ¿Qué ha pasado con Conan? –preguntó preocupada–. ¿También se ha hecho mayor?¿Ran¿Ran?
El rostro de la chica de los ojos azulados se había ensombrecido para impedir que se notaran las lágrimas que empezaban a brotar de sus ojos.
No… Conan no es Shinichi… No puede serlo… ¡No quiero que lo sea…!, se dijo apretando fuertemente sus párpados. Me aferraba a que eso era totalmente imposible… pero ahora… miles de niños lo han hecho… ya no es imposible…pero… no quiero… no quiero aceptar que Shinichi ha estado todo este tiempo a mi lado ¡¡Shinichi!!
-- Ran –se acercó Sonoko mirándola dulcemente mientras Kazuha y Aoko se alejaban a petición de Sonoko–. ¿Tú también lo has descubierto verdad?
¿Eh?, So…Sonoko…
-- Yo lo sé desde que los niños de Tokio encogieron…
-- Sonoko… Por eso dijiste aquello en la mansión de al lado…
-- Tenemos que buscar detalles que nos aclaren las cosas. Además, Sonoko, tú eres la reina de la deducción. ¿Por qué no lo intentas?
-- Porque aquí no está Conan…
-- ¿Qué? –se sorpendió Ran–. ¿Qué quieres decir…?
-- Ah, no, lo que quería decir es que aquí no está ni tu padre ni Conan, que son los que traen la mala suerte -quiso disimular Sonoko. Y de nuevo volvió a ponerse seria.
-- Sí… fue por eso… No quería que te enteraras por mí que Shinichi había estado a tu lado todo este tiempo
-- ¿Sabes? –sonrió Ran–. Creo que en el fondo siempre lo he sabido. Aunque no lo supiera empíricamente, Conan me ha transmitido el calor que transmitiría Shinichi. A pesar de eso, siempre quise que no fuera cierto…
-- Ran…
En aquél momento las cálidas lámparas del pasillo se apagaron y oscurecieron por completo la estancia. También se hizo un silencio en el que el menor ruido lo desgarraría.
-- ¿Un…un apagón? –se asustó Ran.
Se oyó un roce y algún pequeño golpe que hizo que una de las cuatro chicas se asustara.
-- ¡Ay! –oyeron decir a Kazuha–. ¡¿Qué…qué es esto¡AH¡Noo!
Pudieron oír otro golpe y otro sonido de fricción rápida antes de que las luces volvieran a brillar.
Las chicas empezaron a mirar de un lado a otro para saber si faltaba algo. Y vieron que 'algo' no era precisamente lo que faltaba, sino 'alguien'.
-- ¿Y.. y Kazuha? –se asustó Sonoko.
-- ¡KAZUHA!
-- ¿Y bien¿Cuál es el plan? –preguntó Heiji a Shinichi sin saber nada de lo que ocurría en el norte del país–. Supongo que lo que piensas hacer no será simple improvisación.
-- Pues si te digo la verdad es un plan modificado por la improvisación –dejó ir Shinichi–- Pensé en juntar nuestra inteligencia –dijo señalándose a sí mismo y a Heiji–, tu fortaleza –continuó señalando a Makoto–, y tu ingeniosa facilidad para el disfraz… –finalizó mirando a Kaito.
-- ¿Y qué pretendes que hagamos?
-- Makoto nos ayudará por si la cosa se tuerce. Si alguien se acerca, él le propinará una paliza. Es decir: será nuestro guardaespaldas.
Makoto sintió como una gota de sudor se resbalaba por su frente. ¿Cómo que iba a ir propinando palizas así como así? En aquél momento sintió verdadero miedo.
-- Y tú, Kuroba, serás quién rescates a Hondo –afirmó sin mostrar un ápice intención de cambiar la decisión.
-- ¡Ah!..¿yo? –se asustó Kuroba señalándose a sí mismo con el dedo.
-- Exacto, te disfrazarás de alguien de la organización y te llevarás al chico.
Kuroba pensó que para acabarlo de conocer formalmente, Shinichi se estaba tomando demasiadas confianzas y creyó que lo que le estaba pidiendo no era demasiado normal. Nada más encontrarse y decirle a Shinichi que sabía que era Conan Edogawa, Kaito le había contado toda su historia: que su padre fue asesinado por una organización, y que él robaba joyas para descubrir quién era esa organización. También le había contado que sospechaba de la misma organización que Shinichi perseguía y que por eso hacía tiempo que quería hablar con él. Le había propuesto colaborar juntos para atraparlos pero nunca había llegado a imaginar que sería el mismo día en el que se lo pediría. Aunque, sin embargo, aquella situación le daba una oportunidad para pode descubrir algo por sí mismo…
-- Venga, preparaos –ordenó Shinichi–. Vayamos a la guarida de esos Hombres de Negro…
En otro lado de la ciudad de Tokio, en un hotel del barrio de Ginza, las luces ya habían empezado a apagarse indicando que los ciudadanos finalizarían su rutinaria jornada. Sin embargo, aún quedaban dos individuos sin rendirse al final del día. Dos actrices que habían compartido mucho en aquella vida, y que en aquellos momentos estaban descubriendo verdades insospechadas para una, y verdades que jamás se le habría ocurrido contar para la otra.
-- Hay algo que me escama –se atrevió a decir Yukiko tras un largo tiempo en silencio–. Estoy pensando que alguien que conozco y tú tenéis algo en común…
-- ¿Algo en común? –repitió sorprendida Chris–. ¿A qué te refieres?
-- La niña a la que andas buscando, Ai Haibara, o Sherry, como la llamas tú, tiene algo que hace que vosotras dos os parezcáis –explicó Yukiko–. Ai puede detectar el peligro si éste está próximo…
-- ¿Y? –se extrañó Chis. Pero entonces comenzó a recordar el día en el que, en Nueva York, estaba hablando con Yukiko por teléfono. Ahora comprendía por qué le comentaba aquello…
-- ¿Te habías dado cuenta, Sharon…¿Sabías que Rose intentaría algo?
-- Sí, siempre he tenido instinto para eso. Pero no imaginé que llegaría a matar a alguien.
-- Sí, ya recuerdo esas palabras… –afirmó Chris después de pensarlo–. Es algo frecuente cuando alguien está en constante peligro: al final acabamos por detectar la menor intención de maldad…
-- Pero entonces¿tú también has estado en peligro?
-- He pasado mucho miedo en mi vida… –dijo con la mirada clavada en el suelo–. Y pensé que si me unía al peligro podría superarlo… Y en fin, sí, así fue. Me uní a la organización huyendo realmente de ellos…
-- ¿Te... te buscaban? –se sorprendió Yukiko.
-- Fueron capaces de venir hasta Nueva York a por mí. Ése es otro de los motivos por los que eliminé a Sharon… Si cambiaba mi persona y me unía a ellos nunca sospecharían de mí. Sería la hija de una de las buscadas pero si me unía a ellos no me harían daño…
Yukiko sentía cada vez más una compasión por aquella mujer cada vez más fuerte. Estaba atando varios cabos que habían permanecido durante mucho tiempo sin aparente conexión. Estaba descubriendo de nuevo a su amiga Sharon…
-- Ahora que has dicho lo de eliminar a Sharon, me ha venido otra pregunta a la cabeza… –confesó Yukiko intrigada–. ¿Cómo lo hiciste?
Aquella pregunta sorprendió bastante a Chris Vinyard e hizo que se prolongara un silencio que hacía un rato que no aparecía.
-- ¿Qué hiciste para transformarte en Chris? –insistió Yukiko–. Nosotras aprendimos artes de disfraz¿fue eso¿Estás disfrazada? Si te quito la máscara¿serás de nuevo mi Sharon?
-- Lamento decirte que no…
-- ¿Cirugía estética? –siguió insisitiendo Yukiko–. ¿Te hiciste la cirugía estética y por eso no puedes volver a ser Sharon?
Chris, sintiéndose apenada por saber que la noticia no le haría gracia a su amiga Yukiko, inclinó la cabeza dispuesta a darle una respuesta…
-- No… No es nada de eso –empezó–. En realidad tengo una cosa más en común con Sherry… De hecho, tengo algo en común con tu hijo…
Yukiko, cuyo corazón dio un vuelco, se sorprendió y miró con temor a Chris. No podía aceptar que en realidad fuera…
-- Sí… Yukiko, sí –admitió Chris–. Yo también tomé… la APTX4869… … …
Continuará...
