Espero que les guste el nuevo episodio MUCHAS MUCHAS gracias por las respuestas. las amo con todo mi corazón!
Capítulo 11: "Yo te quiero"
-Sí April, envíame los formularios por fax y deja un mensaje para Rebekah, que me llame cuando termine la audiencia -digo al auricular de mi movil mientras una camarera deja el cappuccino frente a mí y un latte frente a Matt que mira su blackberry mientras teclea rápidamente sin levantar la vista.
Le dedico una sonrisa fría y un asentimiento a la camarera que se retira luego de cumplir con su trabajo y escucho la respuesta de April mientras le pongo azucar a mi café.
-Recuérdale a Klaus que el expediente nro. 18758 ya debe estar listo para que lo vaya a buscar al juzgado ¿Estás tomando nota April?
-Sí, sí -dice rápidamente ella y noto la tensión en su voz; la imagino sosteniendo el teléfono entre el hombro su oreja y peleándose con el ordenador para anotar todo a la velocidad que se lo digo.
-Dale un respiro -susurra Matt revolviendo su café y yo le sonrío.
-¿Algo más doctora Gilbert?
-Kol tiene que ir a buscar los legajos al estudio de Austen antes de las doce.
-El señor Mikaelson no se encuentra muy conforme con las tareas que usted le ha asignado, señorita Gilbert.
Sonrío internamente sin poder evitarlo. Kol, con toda su soberbia y sus malos modos, ahora ya no se ocupa de ningún caso importante y es un simple cadete. Nada más y nada menos que quien lleva y trae información de un lado a otro. Evidentemente no le gusta...
-El señor Mikaelson fue advertido acerca de su negligencia April, dile que no te moleste y que si tengo tiempo quizás reconsidere mi decisión cuando regrese.
-Sus mensajes serán entregados ¿Algo más doctora?
-Nada más, April muchas gracias. Que tengas un buen día.
-Buen día señorita Gilbert.
Cuando termino la llamada me dedico a ver los mails con una mano mientras Matt continúa enfrascado en su blackberry, con la mano libre tomo el café en pequeños sorbos.
Matt y yo salimos a desayunar al pueblo esta mañana y, como no hay otros lugares decentes, terminamos en el Grill, desayunando al sol en las mesas de afuera. Cuando termino mi café, Matt toma mi mano libre sobre la mesa con la vista aún concentrada en la pequeña pantalla; cuando siento la leve presión de sus dedos desvío mis ojos de la pantalla de mi propio movil donde estaba leyendo el diario y mis ojos vuelan hasta nuestras manos unidas. Distraídamente, como quien acaricia un gato que tiene casi olvidado en su regazo, Matt pasa los dedos sobre el anillo que descansa tranquilamente en mi dedo anular.
Una expresión tranquila y orgullosa baña el rostro de mi futuro marido que, después de unos minutos más absorto en su móvil deja el aparato sobre la mesa entre nosotros y me mira a los ojos.
-Es agradable tenerte de vuelta -sonríe apretando gentilmente mi mano.
-Sí -digo devolviéndole el gesto con seguridad- Es bueno regresar.
-Así que... ¿Has terminado tu lista de invitados para la boda?
La boda, cerniéndose entre nosotros como una amenaza enorme, al contrario de lo que debería ser. Ese temible acontecimiento...
-Sí -vuelvo a sonreírle, como si ansiara ese momento- April debería habértelas enviado antes de que yo viniera al pueblo, la terminé antes de salir de viaje.
-Lo sé, pero quizás ahora que te reencontraste con viejas amistades quizás quieras agregar algunos nombres ¿No crees?
Mi cerebro me arroja la imagen de Damon como una bofetada. Definitivamente no sería bueno para mi salud mental tenerlo ahí, no creo que fuera capaz de casarme con él cerca... Por otro lado, no puedo imaginarme mi boda sin Caroline y Mer sentadas en primera fila; la primera, llorosa y sonriente; la segunda, transmitiéndome toda la tranquilidad que seguro voy a necesitar. Y Ric, sonriente y confiado, listo para un abrazo que me llenaría de fuerza cuando lo necesite, Stefan tomando la mano de Car y dándome su apoyo incondicional: los cuatro recordándome que el amor existe y si éste existe, también lo hace la esperanza.
Ahora que lo pienso... no podría hacerlo sin ellos.
-Quizás agregue un par de nombres. Aunque no creo que mi madre esté muy contenta...
-Isobel comprenderá, yo hablaré con ella si quieres.
Asiento sonriendo mientras mi mente conjura la imagen de la tarjeta de invitación de Damon a nuestra boda. Como un símbolo, una manera silenciosa de demostrarle que al fin pude ir más allá de él, una farsa cubierta en la fachada de una fiesta lujosa solo para decirle que no lo amo. Después de todo, es algo que podría esperarse de la encantadora novia, la brillante doctora Gilbert que se reúne con sus viejos amigos y sonríe ante anécdotas que parecen estar a millones de años luz. Una manera de enseñarle al mundo que ha superado esa etapa: hacer chocar a su vieja vida con la nueva Elena y sólo uno puede salir vivo de esa colisión. Ese sería el quiebre defiinitivo: el día de su boda.
-Quiero agregar a cinco personas más a la lista -digo decidida.
-¿Tienes los nombres? Puedo contactar con Jessica ya mismo para que los agregue a las listas.
-Claro. Son Alaric Saltzman y Meredith Fell, Caroline Forbes y Stefan y Damon Salvatore -sonrío fríamente, como si realmente me creyera la mentira- Oh y Anna, la nueva novia de Jeremy, la chica es un encanto.
-Fantástico, me alegro de verte interesada en la boda de nuevo, Elena. Pensé que te había perdido.
-Sigo aquí Matt, como siempre...
Después de eso, mi novio vuelve a sumergirse en su blackberry y la conversación queda completamente olvidada una vez más.
Permito que mis ojos paseen distraídos por las calles del pueblo ya que nisiquiera tengo la posibilidad de hacer un intento por recuperar la atención de Matt y de repente algo capta mi atención. Los veo a través de los cristales, Damon está derramado sobre la barra, sosteniendo un vaso con un líquido ambarino en una mano y Ric está sentado a su lado, más derecho pero con expresión preocupada, con un vaso de agua frente a él. Parece hablarle a Damon pero este no le escucha ni siquiera le presta atención y bebe el resto de su vaso en un solo trago pidiendo rápidamente que se lo rellenen.
-Disculpa, cariño. Vuelvo en un segundo.
Matt asiente dejando ir mi mano y yo me levanto comenzando a caminar hacia adentro del local con decisión.
Al llegar junto a ellos, descubro que el aspecto de Damon es mucho más preocupante de lo que creía y hasta llego a preocuparme más de la cuenta.
Pero no me preocupo, me recuerdo, no me preocupo como antes porque ya no lo amo. Al acariciar esa idea sonrío, y encuentro valor para soltar las palabras.
-¿Bebiendo en la mañana? -pregunto con una sonrisa, como si Damon no pareciera completamente destrozado a mis ojos, como si no viera las marcas debajo de sus ojos ni su cabello despeinado, como si no viera su expresión de derrota- Espero que eso no sea Vodka, Ric...
Damon reacciona al sonido de mi voz como si fuera un interruptor y se incorpora de repente, como quien despierta exaltado de una pesadilla sus ojos, siempre claros y transparentes, parecen oscuros y con un misterioso brillo siniestro. No tardo mucho en comprender que está borracho, y no solo borracho de alcohol sino también de pena. Siento el tirón de mi corazón en un impulso de estrujarse de tristeza, pero el hielo lo mantiene en su lugar, intacto.
-Elena -dice Ric con un suspiro, como si hubiera llegado a salvar el día.
-Buen día Ric, Damon.
Damon me observa profundamente, como si intentara descubrir el engaño de un mago experto, pero no dice nada simplemente se queda mirando con los ojos entrecerrados.
-¿Estás bien? -le pregunto radiante, con ese tono que siempre usan las personas que saben que la respuesta es sí.
-Perfectamente -ironiza él dejándose caer de nuevo sobre la barra.
-Y... ¿qué te trajo por aquí? No creo que hayas venido a desayunar sola.
-No, Ric. Mi novio Matt me está esperando afuera para terminar de desayunar, a propósito mantén un ojo en el correo, pronto enviaré las invitaciones para la boda.
Veo de reojo como la espalda de Damon se tensa notablemente luego de esa frase pero decido no prestarle atención y cotinúo mi charla con Ric.
-¿En serio? Eso es... genial.
Es obvio que mi amigo no está entusiasmado para nada, y la verdad es que no lo culpo.
-Tengo que hablar contigo -interrumpe Damon con ese horrible tono tan característico de él en sus peores momentos.
-¿De qué?
Un vistazo de Matt haciéndome un gesto para que regrese atrapa mi atención a través del cristal.
-Lo siento, tengo que irme.
-Espera -dice él cuando ya me alejé un par de pasos y siento su mano en mi brazo, deteniendo mi avance, entonces me aparto asustada, escondiendo la mueca de dolor por los cortes- ¿Estás bien?
-Supongo que bastante mejor que tu -le digo observando su aspecto- ¿Qué pasa Damon?
-Necesito tu ayuda con Annie... -suelta las palabras como si le costara y, en ese momento, no sé si es porque no quiere que sea yo quien lo ayude o porque le cuesta reconocer que necesita la ayuda de alguien más.
-Para empezar, deberías dejar de pasearte borracho por el pueblo a plena luz del día. Eso no hace más que darle a Katherine argumentos servidos en bandeja para quitarte a tu hija.
-Pero...
-Tengo que irme, hablamos luego. Voy a hacer lo que pueda...
Sin despedirme, me alejo de él y lo escucho regresar a su puesto junto a Ric. Entonces llego a escuchar un pedazo de su conversación.
-¿Lo ves? -dice Ric como quien dice "te lo dije"- Ella está bien, te dije que te quedaras tranquilo.
-No, Ric... Elena está todo, menos bien.
Ese comentario es como un golpe en el estómago y cierro los ojos para aguantar el dolor mientras me alejo reprimiendo las dudas sobre el comportamiento extraño de Damon, cuando regreso a la mesa Matt ya está de pie y la cuenta está saldada: nos vamos a casa.
Esa tarde salgo a dar un paseo después de terminar mi trabajo. Matt accedió a quedarse un par de días así que estoy más tranquila. Después del almuerzo decidí quitarme las vendas de los brazos pero de todas maneras conservo un suéter de mangas largas para que cubra perfectamente las cicatrices que aún están frescas y de un rojo brillante.
Estoy caminando por la plaza del pueblo, tranquila y sin prisas, cuando escucho el agudo gritito:
-¡Elena!
En el momento en que escucho la voz el reconocimiento brilla en mi mente y al instante siguiente, la pequeña de melena castaña está abrazada a mis piernas. Annie Salvatore, con sus bucles color chocolate y los ojos de su padre me abraza temblando por el llanto.
-¿Qué sucede Ann? -pregunto agachándome a su altura y la rodeo entre mis brazos.
Olvidando por completo mi máscara de hielo, acaricio el rostro bañado en lágrimas de Annie y siento mi corazón encongiéndose de pena al ver el moretón en su mejilla.
-¿Qué te pasó en la carita, Annie?
-Le grité a mami -dice ella, en medio de los sollozos- Y mami se enojó...
Sin poder reprimir el impulso, la atraigo hacia mi cuerpo y la abrazo manteniéndo su cuerpito tan cerca de mi pecho como soy capaz.
-¿Qué le dijiste?
-Le dije que no era más mi mami. Que yo quería irme con mi papá y que tú seas mi nueva mami. Entonces se enojó y -la pequeña cierra los ojos, como si el solo recuerdo fuera demasiado para ella.
Sus palabras llegan directo a mi corazón como espinas y tengo que cerrar los ojos con fuerza para no dejarme llevar.
-Pero yo no puedo ser tu mami, Ann.
-Pero tú quieres a mi papi ¿No es cierto? Y yo te quiero.
-Yo también te quiero, pequeña pero... las cosas no son tan simples.
-Quiero ir a casa -llora abrazándome de nuevo.
-Te llevaré con Damon ¿sí?
-Pero quédate -suplica ella y descubro que, de la misma manera que su padre, tiene el poder de hacerme hacer lo que quiera con solo pedirlo.
-Claro que sí.
Tomo a la niña en mis brazos y ella se acurruca contra mi cuerpo apoyando la cabeza en mi hombro. Me sorprende lo liviana que es y no puedo evitar oler su cabello y darle un beso en la frente. Hacemos el camino a la casa de Damon en silencio y yo la escucho seguir llorando despacito. En ese momento, recuerdo el lamentable estado de Damon esta mañana y quiero golpearlo por ser tan estúpido de emborracharse así cuando su hija lo necesita. Conociéndolo, ahora debería estar en medio de una terrible resaca, si es que no decidió seguir bebiendo.
-¿Annie? ¿Estás bien? -pregunto cuando falta menos de una cuadra para llegar y la siento asentir contra mi hombro- ¿Quieres bajarte y seguir andando?
-No -dice aferrándose celosamente a mi cuello.
-Está bien, tranquila. Casi llegamos...
Cuando me paro frente a la puerta de la casa de Damon algo se agita dentro de mi y no deseo golpear la puerta pero la presión de las manitos de Annie en mi cuello me llena de valentía y decido golpear de todos modos. No tengo éxito al primer intento, pero sé que Damon está en casa porque el Camaro está estacionado frente a la puerta así que insisto intermitentemente hasta que el chasquido de las llaves se escucha del otro lado.
Él aparece del otro lado de la puerta con una expresión de fastidio inmensa, sus ojos están rojos y tiene aspecto desaliñado; abre la puerta violentamente y sé que está a punto de gritarle a quién sea que haya interrumpido su tranquilidad pero las palabras mueren en sus labios cuando nos ve. Parpadea un par de veces y se refriega los ojos casi como si pensara que no es más que una mentira y deja caer su peso en el marco de la puerta.
-¿Elena? -pregunta incrédulo- ¿Ann?
-Papi... -solloza la niña en un susurro y se incorpora un poco aunque continúa medio escondida en mi cuello.
Damon nos deja pasar inmediatamente y lo primero que siento al acercarme a él es el aroma rancio del alcohol que emana su cuerpo pero inmediatamente deja atrás todo el aturdimiento y trata de agarrar a su hija que se queja y se mantiene aferrada a mi cuerpo.
-No -dice rotundamente, abrazada a mi cuello.
-Vamos, Annie, ve con papá...
-¿Qué pasó? -pregunta Damon pasándose las manos con nerviosismo por el pelo- Siéntate -señala el sofá, dejando caer su propio cuerpo en él.
-La encontré en la calle -le cuento mientras acaricio el cabello de la niña que continúa aferrada a mi cuello como si temiera que se la lleven- ¿Quieres mostrarle la carita a papi, Annie?
-No, papi se va a poner enojado...
-Vamos, princesa, déjame ver...
Damon acaricia el cabello de la niña y le hace pequeñas cosquillas que la relajan de a poco. La siento relajar su cuerpo contra el mío y llamo la atención de Damon susurrándole que se quede tranquilo y controle su reacción cuando vea el rostro de la niña, el asiente sin decir nada y después de un momento Annie levanta su rostro hacia él enseñándole el moretón que cubre el lado izquierdo de su cara.
-Pero que belleza de niña -gesticula él sonriéndole pero puedo leer el odio en su expresión, que se esfuerza por ocultarle. No le dice nada a Annie pero levanta sus ojos hasta mí suplicando por una respuesta.
-Katherine -le digo haciendo gestos para que la niña no me escuche.
Damon cierra los ojos y aprieta un puño con odio, luego acaricia el rostro de su hija con infinita ternura.
-¿Quieres contarme qué pasó?
-No -dice negando varias veces con la cabeza- Quiero una leche...
-En un segundo te la traigo ¿Quieres quedarte con Elena o vamos a la cocina a hacer la leche? -la invita intentando mantener la calma.
-Quiero que Elena me lleve a la camita de papá. Y quiero una leche -repite con un pequeño sollozo.
-¿Puedes... -empieza a preguntar Damon y yo lo interrumpo asintiendo.
-Entonces vamos -le sonrío a la niña y me levanto con ella aún en brazos- Pero ya no llores, Annie los dos estamos contigo, todo estará bien...
-Vayan a mi habitación -dice Damon acercándose a besar la cabeza de la niña- Yo voy enseguida con la leche.
Annie simplemente asiente y sin decir nada yo me encamino a la habitación de Damon con ella. Antes de acostarla, la llevo al baño y le lavo la cara con cuidado hasta obtener una pequeña risita. Cuando las dos nos acercamos a la cama ella ya está sonriendo y permite de buena gana que le quite las zapatillas y el suéter para meterse bajo las sábanas.
-Te quiero, Elena -sonríe llevándose un dedo a la boca y yo me inclino a besar su frente con los ojos brillantes de la emoción.
-Yo también te quiero princesa... -aseguro haciéndole cosquillas y su risa llena toda la habitación.
En ese momento soy consciente de la presencia de Damon que se aclara la garganta apoyado en el marco de la puerta de la habitación. En su mano derecha agita una mamadera y en la otra sostiene un osito.
-Mira, ahí está papi con tu leche.
-No te vayas -me pide ella cuando hago el intento de levantarme de la cama.
-Annie... -comienzo mi excusa, pero es tarde: mis ojos se encontraron con la mirada suplicante de Damon que luego se acerca a la cama y vuelve a besar la frente de su hija y todas mis resoluciones de repente pierden validez. Este es el lugar adonde debo estar.
La niña toma la mamadera y comienza a tomar su leche mientras abraza el osito. Damon acaricia su cabello y ella mantiene una de sus manos aferrada a la mía.
Por un momento perfecto no pasa nada, los dos nos quedamos en silencio solamente mirádola, embelesados con su expresión de tranquilidad. Poco a poco, los párpados de la pequeña se vuelven más pesados y termina cerrando los ojos, la siento relajar el agarre de mi mano pero aún así no me suelta y no puedo evitar trasladar mi mano libre suavemente por su cabello chocando sin querer con los dedos de Damon que estaba haciendo lo mismo.
-Gracias -dice él cuando nuestros ojos conectan.
-Damon tengo que irme.
-Por favor, quédate un par de horas... necesito saber que pasó, necesito tu ayuda, Elena. Katherine esta peor de lo que pensé.
Él se agarra la cabeza con desesperación y yo descubro que no solo está terriblemente preocupado por su hija sino que está lidiando con un enorme dolor de cabeza, aún en medio de la resaca por su borrachera matutina a la que aún no encuentro una razón.
-Está bien, pero ve a tomar una ducha. Luces terrible... Yo me encargo de Ann
-Gracias -repite sinceramente y arropa a Annie antes de salir de la habitación.
Me quedo observándola hasta que sé que está completamente dormida y recién en ese momento me permito acurrucarme a su lado, no sabía lo cansada que estaba hasta que mi cuerpo hace contacto con el colchón y sé que no debería dejarme vencer por el sueño, pero ya es muy tarde para resistirse. Anoche, como casi siempre, dormí poquísimas horas. Así que simplemente dejo que mis párpados se cierren y me entrego al sueño arrullada por el cálido cuerpito de Annie entre mis brazos y el sonido de la ducha de Damon en la habitación del lado.
