Aquí el nuevo capitulo y otra noticia... se acerca el fin


Cap.11 Entre anhelos y brumas grises

La lágrima que recorría por su suave mejilla, fue limpiada por su mano suspirando quedamente, su cabeza estaba inclinada así que su cabello negro quedó como una cortina ocultando el rostro de Annie, como a cualquier niña amaba las historias de amor sobre princesas y príncipes, a esta edad aún le gustan y las novelas románticas como "Romeo y Julieta" son sus preferidas, sin embargo es ficción, que algo parecido ocurra en la vida real es algo asombroso, algo sumamente romántico para Annie, pero saber el trasfondo de la historia de su mejor amiga, a quien llega a sentir como la hermana mayor que jamás tuvo, le hizo humedecer sus ojos.

-Oh Candy no tenía idea, hablaste con mucha naturalidad de una separación, pero no imaginé que fue de esa forma... –Un suspiro salió de sus labios, formándose después en ellos una sonrisa pequeña -no cabe duda que tú siempre has sido, yo en tu lugar me habría destrozado.

-No Annie, mis fuerzas en ese momento eran pocas, era ingenua y estaba muy enamorada, fue un episodio difícil, lloré por muchos días y si seguí adelante fue sólo por la gente que me amaba, tú estabas incluida.

-Me alegro tanto de que ahora puedas estar al lado del hombre que amas –Dijo Annie sonriendo más.

-Gracias Annie, aunque no está bien aplicada tu frase, también amé a mi Oscar y estoy segura que aprobaría esto –Dijo la rubia guiñándole un ojo.

-¡Cierto!

Lo prometido es deuda, Candy cumplió su promesa de contarle su pasado con Albert a la hija de los Britter, escucharla fue sorprendente para ella pero la hacía comprender que su amiga ha tenido que superar pruebas duras, que es por ello que Candy es como es y por eso sus padres están contentos de que su única hija tenga a una buena amiga que la aconseje por el sendero de lo correcto. Días después de la visita del doctor Smith quien mostraba preocupación por la dama mayor al resentir un dolor en el pecho, le comentó a la familia que fue una recaída que en su estado no es cosa menor, dio medicamentos nuevo y nuevas instrucciones a Candy, entre ellas dejarla reposar todo lo que necesite y más que nada no darle sobresaltos, la familia Ardley no se sentía con el ánimo en alto con lo dicho, los esposos Rupert y Clarice sentían culpa por el estado de la tía, deseaban no haber reaccionado de esa manera pero no pudieron evitarlo, los chicos no se sentían mejor, no obstante Albert y Alphons disipaban sus culpas, su reacción era totalmente natural, saber la verdad del pasado ocultado, no es algo que se acepte a la primera y uno mismo quiere negarlo; ellos también se preocupaban pero venía a su mente con más fuerza el pensamiento... de que Elroy Ardley sigue siendo una gran señora al afrontar ella sola la verdad, éste era el doloroso precio... sin embargo ella aún en esta edad frágil y con esta salud, pudo más su espíritu.

Los cuidados de la chica como siempre ayudaban mucho a la dama mayor, incluso los de Flami cuando era el momento en que le remplazara, pues luego de estos días de fiesta era necesario que ella debiera volver algunos días al hospital, como lo había hecho el año pasado, así que encargaba a su compañera y buena amiga el cuidado de Elroy.

En los muchos días que prosiguieron, Albert y Candy en este proceso de cortejo que el patriarca debe llevar a cabo, daba cada uno una muestra de lo que la dama mayor vio al mirarlos juntos, ninguno a pesar de la alegría de saber que se siguen amando y que es irrevocable la decisión de estar juntos, deja de realizar sus deberes con responsabilidad, cuando la pareja fue a donde los señores Campbell quienes, veían y cuidaban a Candy como su hija, Albert se presentó con respeto, exponiendo sus sentimientos, sus planes a futuro, sus anhelos para con la chica que siempre amó; todo lo hacía con la seriedad necesaria, los señores Campbell para nada son de la alta sociedad quienes son muy estrictos en la etiqueta, pero ellos contaban con el aura de la experiencia, el respeto y el amor hacia Candy por haber sido la esposa de su único hijo y que ellos cuidaban con fervor, ya que los dos sabían que la chica de ojos esmeralda era la herencia más hermosa que les dejó Oscar. El señor Mateo dudaba al principio, la señora Rosa estaba preocupada, no obstante ambos hablaron la sinceridad de su sentir, no para convencerlos, eso no era la meta, era para demostrar que aquel amor era real, verdadero y que les daban a ellos la importancia de su opinión y la atención que se merecen; poco a poco los esposos Campbell iban cediendo, era más al ver que aquel hombre apuesto, de porte indudablemente noble y que, aunque se mostrara tranquilo, no podía opacar el aire de poder que tenía; con todas estas cualidades... notaron que el patriarca William Albert Ardley guardaba recato a la memoria de su hijo, notaron que no fingía como si la figura de Oscar no importara, sino porque era lo más elemental; el matrimonio accedió a sus sentimientos, celebrando que su amada Candy continuara su vida al lado de otro hombre y que lo hiciese con el recuerdo hermoso de su hijo, atesorándolo. Entre tanto los chicos miraban a su tío trabajar como siempre con esa pila de papeles que no se acaba, hablar con los socios, lidiar cuando se pongan tercos y él con elegancia pero sobre todo con pies de hierro hacerles saber su autoridad, sin embargo lo notan más relajado, con más entusiasmo, las horas que se pasaba pegado a la silla lo veían sin el menor estrés.

Los sorprendía y más podían ver el cambio que la amiga de Annie ocasionaba en él. Lo que más les conmovía era ver que, a pesar de que Candy entrará a la familia y que siempre fue la mujer que amó Albert, el retrato de Agatha que se encontraba en la pared que llevaba al estudio, continuara ahí acompañada de un florero con un arreglo de lilas que su tío mismo acomodaba.

-¿Pasa algo malo con el retrato de su tía? -Preguntó Albert al ver a los hermanos frente al retrato.

-No tío.

-Sólo nos sorprendió encontrar como siempre el arreglo de lilas qué pides –Albert emitió una leve risa por la ingenuidad de sus sobrinos.

-¿Porqué? -Acercándose con ellos, tocando las bellas flores que hacen juego con los ojos violetas de su difunta esposa en el cuadro.

-Bueno... -Stear no se animaba a completar la frase.

-Chicos no soy más grande que ustedes, pero ponen todo muy sencillo, ¿Pensaron que este cuatro se iría de aquí por uno de Candy? -Los chicos se miraron dubitativos y un poco sonrojados, pero no contestaron, Albert se rio –En serio... son increíbles los dos... este cuadro jamás se irá, al menos mientras yo esté a cargo de la casa, el único cambio que habrá es que pondré otro cuatro junto a éste y también le pondré otras flores que acompañen a las lilas, serán amapolas de california.

-¿Son las favoritas de Candy? -Otra risilla salió de la boca del patriarca.

-No Archie, el cuadro que pondré junto al de Agatha, será el retrato del esposo de Candy, el señor Oscar Campbell.

-¿Lo dices en serio, tío? -Dijo Archie asombrado.

-¿Por qué lo pondrás?

-Por respeto Stear, su recuerdo jamás se apartará de Candy y yo lo acepto, una manera de demostrarlo es colocar junto a este cuadro que me ha levantado el ánimo varias veces imaginando a Agatha a mi lado apoyándome como siempre, es una manera en que yo puedo mostrarle mi respeto, le conté a ella lo que significaba este cuadro para mí y lo que significa ponerle flores frescas todos los días, ella no pidió poner aquí el cuadro de su difunto esposo, yo se lo sugerí y ella lo aceptó, las amapolas de california eran las preferidas de Oscar Campbell así que otro florero adornará este pasillo.

-...Vaya -Exclamó Stear.

-Mi madre ha conocido parejas donde cada cónyuge tuvo anteriormente un matrimonio, me dijo que eran pocos los que tenían algo que recordara al matrimonio pasado... pero ustedes son muy diferentes, le dan un lugar a cada uno en esta casa.

-Es lo correcto chicos, las cosas con Candy son diferentes, saben que las cosas están cambiando en esta casa, jamás conocí a ese hombre, pero por boca de Candy siento que de haberlo hecho, quizá habríamos sido amigos, muchachos ustedes han tomado una decisión muy importante que es compartir sus vidas, todos les hemos dado consejos para este nuevo proyecto, pero lo que les hemos más recalcado ¿Qué es?

-El respeto –Dijeron los dos.

-Así es, si fuese otro tipo de persona ni siquiera el cuadro de su tía se quedaría aquí si no en el ático, pero mis padres a pesar de lo que hicieron me enseñaron a respetar, Candy y yo tuvimos una historia diferente en estos nueve años, ahora que la emprenderemos juntos lo correcto es no olvidar a esa persona que nos acompañó hasta el final.

Los hermanos miraban con asombro a su tío, era verdad que no era tan mayor que ellos sin embargo hablaba como todo un señor mayor con experiencia que generosamente comparte con los suyos; escucharlo les hace hincapié de que anhelan tener un matrimonio con tanto respeto como el que tuvo con Agatha, y con la esperanza amorosa que tiene con Candy.

-Así lo haremos tío, te damos nuestra palabra.

-Nuestros padres y tú estarán orgullosos de nosotros.

-Estoy convencido de ellos, muchachos.

-Habrá muchas bodas en la casa Ardley, ojalá con esto le levanté el animo a la tía Elroy.

-Yo creo que sí, las fiestas siempre le han gustado, sólo falta el tío Alphons aunque creo que se tardará un poco más.

-¿Porqué? ¿No iban bien las cosas con la señorita Evangeline? -Preguntó Archie levantando una ceja.

-Paty me dijo que hace tiempo que nuestro tío dejó de frecuentarla, se lo comunicó de manera "Formal" así que no habrá más salidas.

-¿Cómo es que...? Tío ¿Tú lo sabías? -Archie era el único sorprendido de los tres.

-Me lo comentó.

-Pero si las cosas iban bien con ellos, tía Elroy estaba muy contenta de que él frecuentara a una dama como ella, además la señorita Evangeline era muy agradable ¿Por qué dejó las cosas con ella? ¿Le interesó alguien más?

-Eso le toca a su tío contestar, pero no se alarmen, si los planes de Alphons no eran tener matrimonio ahora, debemos respetárselo y lo digo principalmente a ustedes, díganle a Clarice que no vaya a hacerle de Celestina buscándole pareja, se quedó con ganas de acercarlo a sus amigas y su tío no está a gusto con ello, muchachos ¿Puedo contar con que apoyaran a su tío con eso?

-Si –Dijeron los dos.

…...

La noticia de que un joven viudo, blanco de muchas mujeres de sociedad, tanto solteras como viudas de buen aspecto, sería una notica parecida a una bomba, se esperaría que alguien como Albert Ardley si se casase de nuevo sería con alguien de su misma clase social, pero no sería así, sería si una viuda pero una viuda que no es de clase alta, es sencillo pensar algo que es "Fácil" de ver a la vista: Interés. Los dos los sabían, ella más que nadie, los Britter quedan unidos a los Ardley así que serían la familia que primero se enteraría, era algo... impensable de suceder, no veían como es que pudo suceder, Annie como buena y fiel amiga, ayudó a hacerles ver las cosas desde la perspectiva de Candy, pues ellos la tienen en alta estima, pensar que esa joven mujer se casará con el patriarca de los Ardley los hace pensar mal, pero Annie además de Archie la defienden, el hermano mayor de Stear se sorprende de que hacerles ver la realidad de las cosas no fue tan difícil como sucedió con sus padres.

-Un pasado, ya veo –Dijo el señor Britter pensativo.

-Así es padre, no estoy en posición de darles toda la historia porque sólo Candy puede hacerlo, sin embargo no duden de la honradez de mi amiga, ama al señor William, ella sabe lo que se le vendrá cuando la gente de nuestro entorno se entere, ustedes la conocen desde hace años, ustedes me dijeron que están contentos de que ella fuese mi amiga.

-Señores, toda mi familia la ha aceptado y como familiar de los Ardley doy testimonio de que las intenciones de Candy son sinceras.

-Padre, madre... por favor no le den la espalda a ella, encontrará miradas acusadoras por todas partes, en nosotros debe encontrar apoyo siempre –Dijo Annie con valor delante de sus padres, a pesar de que sus ojos comenzaban a humedecerse.

-Tranquila mi niña -Dijo dulcemente su madre -, tal vez no podamos comprender del todo pero, si es verdad que toda la familia Ardley la ha aceptado, nosotros también debemos hacerlo, ¿Verdad querido?

-Así es cariño, no tanto porque debamos apoyar en todo a la familia Ardley, sino por apoyar a la señora Candice, quien jamás nos ha decepcionado y ésta puede ser una manera de agradecerle por todo lo que ha hecho por nuestra hija.

-Gracias padre –Dijo Annie con una sonrisa temblorosa por la aceptación de sus padres.

El apoyo de la familia Britter es un gran peso de ayuda para la pareja, Candy no supo cómo agradecerles su ayuda, Albert no alguien que viva del que dirán, pero al ser la rubia su próxima esposa y que la lengua de la gente de alcurnia es filosa, él debe ser tan astuto y tenaz como los es con sus tercos socios, no permitiría que Candy quede con una reputación baja, habrá eventos sociales a los que deba asistir y piensa ir del brazo de su amada, con la cabeza en alto y pobre de la persona que hablase mal de su esposa delante de él.

Es así como se vive este cortejo, los dos lo esperaban, pero no flaquean, ninguno, el anhelo de por fin estar juntos está más cerca, no dudarán nada más por las lenguas ponzoñosas que la alta sociedad desgraciadamente goza. Los mantiene de pie algo más importante, el amor que se tienen y cuidar de la tía Elroy, eso es lo más importante en este momento, no los comentarios de externos. La dama mayor respondía correctamente a los tratamientos, hablaba muy poco para no esforzarse, sin embargo, a pesar de la constante necesidad de dormir, cuando llegaba Candy ella abría los ojos y al encantararla con esa dulce sonrisa, ella débilmente le correspondía antes de cerrar otra vez los ojos.

-Tenías razón, es una mujer fuerte –Dijo Flami mirando detenidamente a su paciente.

-Su corazón lo es.

-Es increíble el cambio que dio tu vida al venir a esta casa, ya hay rumores por el hospital sobre tu compromiso con el señor Ardley.

-Estoy consciente, es más fuete entre las novatas.

-El dispensario que mandó construir el señor Ardley va en marchar, Mary Jean nos informó de que algunas trabajaremos ahí así que nos pone más cuidado en nuestro trabajo, ¿Sabes Candy? Entre los rumores está que tú quedarás al frente de las enfermeras por orden del señor Ardley.

-¿Ah si?... Vaya, vaya, vaya... lo que es crear chismes, ojalá así de rápido se hicieran las buenas obras. –La chica dio una risa leve para no despertar a Elroy.

-Te conozco desde que éramos estudiantes, conocí a tu esposo y tú nunca me dista la pinta de ser una interesada, aunque no niego que pensé mal al momento de oír los chismes, yo vi cuanto amaste a Oscar.

-No te culpo por ello.

-Candy cuentas conmigo para todo, si escucho otro chisme de ti, le irá muy mal y será peor para las que laboren en el dispensario, porque yo seré la enfermera en jefe.

-¿En serio, Flami?... ¡Que alegría! -Abrazando a su amiga -, Sabía que tu labor rigurosa y tu constante determinación te llevaría más alto.

-Me lo dijo ayer Mary Jean, sé lo que significa hacerme cargo de las enfermeras que laboren ahí, pero ya verán tanto ella como el señor Ardley de que todo marchará correctamente, verá que no habrá quejas y lo primero que haré será callar esos chismes de ti, ya sabes que para eso me pinto sola.

-Lo sé, yo también se detener un chisme en los pasillos del hospital, fuimos tan afortunadas de que Mary Jean nos enseñara esa técnica a nosotras dos -Las dos rieron en complicidad, todo con sumo quedo para no despertar a la dama mayor, por la plática de dos amigas.

-Tu historia es como en las novelas, el señor William es un hombre muy apuesto, que callado tenías el haber tenido un novio como él.

-Bueno no era algo que gustaba comentar en las salidas a comer, él es un hombre tan maravilloso como Oscar, me hace feliz pasar el resto de mi vida a su lado si Dios lo permite, ambos sabemos que esto no es sencillo por habladurías de terceros, pero no vamos a retroceder, saber que cuento con una amiga como tú es más de lo que pido.

-Siempre te apoyaré, lo sabes.

-Muchas gracias Flami.

Al caer la tarde Candy regresó en taxi a su departamento, más al llegar vio el carro de Albert quien la esperaba recargado en un poste, sonriéndole como tantas veces.

-Albert –Sonriendo encantada.

-Amor mío -Acercándosele, la abraza con todo cariño dándole un beso como saludo, un beso que ansió en todo ese día arduo de trabajo -, por fin puedo verte ¿Cómo has estado? -Le preguntó con una sonrisa y sin soltarla de su abrazo.

-Bien, pero ¿Me esperabas desde hace mucho?, Lo siento no sabía, fui a ver a la señora Elroy y esperaba además encontrarte ¿Trabajaste hasta tarde?

-Tuve junta con los socios, hoy fue de esas veces que se pusieron tercos y la junta duró más, quería llegar a la casa porque me avisaron que vendrías, sólo tuve tiempo hasta ahora.

Candy dejó sus cosas en el departamento para luego dar la vuelta con Albert por los alrededores, caminaron por las calles tomando ella el fuerte brazo de Albert, disfrutando los dos de este momento, se menciona que debido a sus responsabilidades no pasan tanto tiempo juntos como quisieran así que cada momento unidos es atesorado, como éste, hay gente que no los conoce y al mirarlos sólo ve a una pareja sonriente caminar, como dos personas más del mundo, como dos novios más de la ciudad, es así como es en realidad pero su situación es diferente.

Llegaron a una plaza donde en el centro estaba una fuente ahí se sentaron, disfrutando de la calma que da al caer la noche, eso los hace sentir más cómodos. Ambos hablan con naturalidad, espontaneidad, no tienen problema si su plática es "Monótona", para Candy es importante oírle decir del trabajo de todos los días, así sea de las dichosas pilas de papales que se parecen, para Albert es importante escucharla hablar de sus enfermos, de los que se recuperan y de los que por desgracia no lo logran, le trae nostalgia de las visitas de Agatha a los orfanatos.

Es así de simple y también así de encantador, es algo que recién experimentan entre ellos dos pero lo sienten, como si fuese algo que siempre estuvo, Candy es permanentemente rodeada por un brazo fuerte y ella descansar en él, la pareja mira a una familia de cuatro pasar por ahí, van con dos niños, uno llorando porque su hermano mayor se quedó con el juguete, el papá lo levanta en brazos y saca para él un dulce, el pequeño sonríe como olvidando el enojo, mientras la madre se lleva de la mano al mayor que está muy contento con el juguete; la imagen para los jóvenes rubios es enternecedora.

-Los niños son tan lindos, no importa los berrinches que hagan, todos los hacemos y eso no ensombrece las alegrías que nos dan.

-Es verdad –Dijo el rubio sonriendo a la familia que se aleja de su vista -, mi amor ¿Puedo saber si tú no tuviste hijos? -Preguntó Albert con cuidado de no decir algo doloroso.

-No Albert –Dijo ella sonriéndole cálidamente -, eso no fue posible porque Oscar estaba imposibilitado de tener hijos.

Lo dijo con tranquilidad, pero para Albert era de impacto.

-¿Porqué...?

-Ansiábamos tener hijos, pero a los pocos meses de casados, al no quedar embarazada fuimos con los médicos del hospital donde trabajé, los dos pensábamos que era por mí, pero el doctor dijo que yo no era la del problema era Oscar cuando lo examinó, él presentaba anomalías y no era tratable, fue doloroso para él... incluso me pidió perdón por ello, a mí me dolió pero nunca lo culpé, le sugerí adoptar y aceptó, sin embargo jamás pudimos tratarlo a fondo porque teníamos obligaciones que nos absorbía tiempo y luego... -El rostro de Candy se iban tornando triste, la muerte abrupta de Oscar es algo que le carcome por dentro.

Albert la abrazó más fuerte, acariciando dulcemente su cabeza.

-Perdóname mi amor, no quería hacerte recordar algo triste.

-No Albert... está bien, es algo que podía contarte si preguntabas -Respondió Candy con los ojos cerrados, sonriendo mientras una lágrima cae por su mejilla –es parte del camino que tomaremos juntos.

-Lamento mucho lo ocurrido, él daba la imagen de que podía ser un buen padre.

-Los señores Campbell y yo lo creemos, a su lado yo tenía muchas posibilidades, pero el destino fue distinto al camino que él y yo queríamos dar, Albert te agradezco que respetes la figura de mi anterior esposo, los señores Campbell también agradecen que le des su lugar.

-Es lo correcto, de lo contrario no tendría el derecho a pedirte que seas mi esposa, mi amor yo sé que si él viviera en estos momentos las cosas serían muy diferentes, tú a su lado y yo en mi soledad cuidando a los míos, por saber eso es que tengo que darle su lugar porque si no, sería dar a entender que me tranquiliza su muerte para tenerte a mi lado, de eso no se trata, no es en ello en que quiero basar nuestra felicidad. Agatha se queda en el corazón de mi familia y Oscar en el tuyo, ambos eran personas que tenían mucho que dar, respetar su memoria es una manera de aceptarlos en nuestra vida que queremos tener los dos.

Candy lo escucha y se conmueve, él no habla para hacerla sentir mejor, es lo que Albert anida en su corazón, habla como todo un hombre que ha vivido y aprendido correctamente, como un patriarca que cuida a su familia incluso de las enseñanzas incorrectas, él es un maravilloso jefe de familia, ella esperaba poder ayudarle, aunque fuese en lo poco, pues Elroy confió en ellos dos para cuidar y guiar a los Ardley en esta nueva etapa.

La luna se había puesto y la pareja fue a donde el departamento de Candy, las despedidas ahora no eran prolongadas como las veces anteriores, sentían que con cada despedida, éstas se acabarían, ya no tendrían que estar tanto tiempo separados. Se despidieron como otras veces con un abrazo, un beso cándido y con la esperanza de verse pronto.

Cuando bajó y encendió el carro para marcharse, se fijó en la figura de la ventana, donde ahí estaba ella, se parecía a cuando él vino aquella vez a despedirse por ese viaje a Escocia, ella había salido a verlo, una sonrisa de lado se hizo en su atractivo rostro, aún no le pregunta porque salió a verlo alejarse en su auto esa vez, si era cuando estaba totalmente rehacía a un nuevo acercamiento. Con ese pensamiento "Divertido" se alejó del edificio de apartamentos hasta llegar por fin a la mansión, como siempre, al llegar iba directamente al lugar donde sus pensamientos anclaban cuando ponía un pie en su casa, la habitación de su tía, encontrándola descansar junto a la enfermera Flami, quien siempre había sido tan responsable y respetuosa como Candy, no le sorprendía que ella fuese amiga de su novia... si, otra vez podía sentir con orgullo inflándole el cuerpo, al pensar en Candy como su novia.

Albert se retiró para buscar a Alphons en su habitación, pero no lo encontró, dio con él en el estudio donde estaba sentado frente al escritorio con las lámparas encendidas, dando una tenue iluminación, le extrañó verlo con semblante sumamente serio, su hermano era de naturaleza más ligera y alegre que él, se reconocía desde que eran niños y al doble en tiempos actuales, por eso verle con aquel rostro bastante decaído, es de impacto, él no se pone así por cualquier motivo

-Alphons ¿Pasó algo malo?

Los ojos de ambos hermanos eran azules, herencia de su padre, el par de ojos que miraron a Albert denotaban una seriedad demasiado alta, el mayor notaba que esa mirada que mostraban era una mezcla de lo que podía ser enojo, quizá tristeza... pero ¿De qué? Si la tía Eloy no tuvo complicaciones, Entonces Alphons le extendió un papel que el mayor tomó, lo leyó y quedó sin palabras.

-Es...

-Dime ¿Qué puede ser un mal día para ti? -Albert lo miró fijamente, pero de su boca nada salió -Para mí: una mañana con el "Ancestralmente estresante" Alfred Pinkman y su maldita manía de hacer todo a su modo en el negocio del banco, sólo porque nuestro padre le tenía estima, luego pasar horas con documentos teniendo que lidiar con otros socios en el mismo banco, que ni siquiera te dejan tomar la pluma para firmar, después querer ir al centro para escuchar al grupo de músicos de cuerda que había esperado por dos semanas, recitando increíblemente a Wolfgang Amadeus Mozart y de pronto se aparezca la ansiada señorita Alice junto a su padre, en actitud de acorralar y dejarme sin opciones para una cita, privándome totalmente del concierto de cuerda.

A cada palabra el menor lo hacía con un sabor amargo, ése no había sido su día, era comprensible para que le causara mal humor, pero él pensaba que había más, pues todos esos elementos aunque arruinan un día, todos juntos no son motivo para que él luzca de aquella manera, claro que no, esa hoja en sus manos era lo verdaderamente catastrófico. Alphons seguía en su asiento, pero esta sensación de que su sangre hierva es algo no común, no es algo que experimentara a cada momento, pero en las escasa veces que ha ocurrido, le mueve todo su mundo... todo... el mundo se le estaba cayendo.

-¿Por qué se va? -Antes de contestarle el menor, sus manos se hicieron puño.

-Su abuela murió hace dos días, ocurrió en la mañana mientras dormía, dijeron que no sufrió.

-Lo lamento por Dorothy, avisaré a la funeraria que nos encarguemos de los arreglos y...

-No hace falta –Le cortó Alphons con esa desagradable seriedad -, ella ya lo hizo.

Albert entrecerró los ojos hacia su hermano.

-Alphons dime qué paso –Notó como los puños de su hermano intensificaban hasta hacerse blancos los nudillos.

Flash Back

Masajeaba su cabeza repetidas veces, con su astucia aprendida por su padre y que le ayudaba en otros asuntos que no fueran los negocios, pudo librarse de una cita muy generosa que el padre de esa mujer Alice quería concretar, ya había tomado medicamento para la cabeza así que le estaba surtiendo efecto bajando la dolencia, descansaba en la tranquilidad del jardín en estos aún frescos días antes de que llegase el término del invierno, disfrutó de esta paz después del tía que tuvo. Su mente se relajó totalmente bajando aún más las dolencias de la cabeza, oyó voces al fondo, cerca de ahí estaban las ventanas de la cocina así que las voces eran de las sirvientas.

Dejó a las mujeres con su charla mientras él observaba con comodidad el paisaje del jardín, hasta que escuchó algo preocupante.

-¿De verdad? Pero ella no nos dijo nada.

-Ya sabes cómo es de reservada, siempre lo ha sido desde el primer día que trabajó aquí, creo que ella debió llevar mi nombre –Dijo Prudencia en leve tono de broma, muy leve por la situación que hablan.

-Nos hubiera dicho para acompañarla.

-Todo fue repentino, le dieron la noticia muy temprano y aprovechó la salida de las compras para hacer los arreglos funerarios.

-¿Tan pronto? Pero ¿Cómo puede hacer eso Dorothy?

-Ten presente que su abuela ya era muy mayor y ella lo estaba presintiendo, siempre ha sido muy ordenada en sus cosas, más que yo que soy la más vieja de las cuatro –Dijo Prudencia.

-Pues me sorprende, debió ser muy precavida para pagar los arreglos funerarios.

Aquel día cansado para Alphons se volvió añicos con lo dicho por las mujeres, salió disparado de la banca de su jardín, encaró a las tres mujeres haciendo uso de su control para preguntar los detalles, justo le explicaron que la abuela de Dorothy había muerto hace dos días, ellas apenas se enteraban porque la chica no lo hizo público, sólo hasta que llegaron a verla más callada que otras veces, si ellas no se dieron cuenta, él menos... y lo hizo sentir miserable, fue a buscarla pero no daba con ella, preguntó a las tres mujeres pero ninguna supo, sólo atinó a preguntarle a Flami, ella si supo, le comunicó que fue al ático a llevar unas cosas de la habitación de Elroy, Alphons llegó al lugar, uno de los tantos que evidentemente los señores de la mansión no visitaban, la encontró ahí, limpiando aquel caballo de juguete en el que él y Albert solían montar de niños.

El sonido chirriante de la puerta al moverse llamó la atención de la chica, de estar en cuclillas se puso de pie haciendo una pequeña reverencia.

-Señor Alphons, ¿Necesita algo?

El rubio se acercó a ella sonando sus pasos a cada movimiento en la madera del ático, llegó a una cercanía respetable, viendo como la chica como otras tantas veces ponía atención a lo que fuera a decirle.

Siempre fue así, siempre ha sido así, Dotrohy llegó a la mansión cuando sólo tenía diez años, cuando llegó sus padres tenían algunos meses de haber muerto y únicamente le quedaba en el mundo su abuela, era muy joven y su madre Madeleine no estaba de acuerdo en contratar a una niña, porque las consideraba tontas, que no iban a ser responsables y menos hacer bien el trabajo, sólo entró por Agatha que abogó por ella, él recordaba como los primeros días cometía muchos errores, se confundía con muchas cosas y su madre ya quería correrla pero su cuñada otra vez la protegía, Albert y él también pues pronto vieron que aquella pequeña niña, lo que tenía de timidez, lo tenía de perseverancia.

Las situaciones que se presentaban, cuando menos para él le iban haciendo descubrir que Dorothy era alguien de confianza y no por querer sacar beneficio de serle "Fiel", sino porque ella lo sentía como una forma de agradecer todas las veces que le disculparon sus errores y le defendieron de Madeleine.

-¿Es verdad que tu abuela murió hace dos días? -Dorothy asintió levemente, sus ojos de amaranto se tornaron tristes -, ¿Por qué no nos dijiste?

-No era asunto para molestarlos...

-No estamos hablando de un encargo para una fiesta, hablamos de la vida de tu familiar -Corrigió Alphons duramente, quizás más de lo que quería, bajó los humos respirando hondo –es... debiste avisarnos, ¿Ya estaba muy mal durante las fiesta decembrinas?

-Si señor, el doctor que la atendía daba poca esperanza, era algo que sucedería en cualquier momento, gracias a Dios pude recibir el año nuevo con ella.

Las manos de Alphons fueron a su rostro cubriéndolo, sacando un suspiro de exasperación.

-Dorothy... Dorothy ¿Por qué no me dijiste que estaba tan mal? Debí dejarte ir con ella desde navidad, o mandar al doctor Smith para que la revisara, no sé... quizás haber...

-Señor Alphons no se angustie, mi abuela y yo presentíamos su partida muy cerca, la persona que la cuidó dijo que esa noche se fue a dormir tranquila y que sonreía pasivamente, me alegra que ella no se fuera con dolor.

Dorothy daba una pequeña sonrisa con el comentario, algo que para él era inaudito, ella no pudo acompañar a su abuela como él pudo hacerlo con sus dos padres, además de que vivió sola el luto, a nadie le avisó, no es que fuese ella de muchos amigos pero cuando menos dar el comentario.

-Perdóname por favor, debía dejarte estar con ella estos días, no pudiste verla y yo no...

-Le digo que no se preocupe, son cosas que pasan por el trabajo, ni usted ni yo sabíamos el momento en que ella partiría.

-¿Cómo que no me preocupe? Fue hace dos días y yo en esos dos días estuve "Preocupándome" porque el insensato de Alfred Pinkman no llamara por teléfono, lo mínimo que podíamos hacer era encargarnos de los gastos del funeral.

-Fue sencillo.

Si... era tan inaudito para Alphons saber la muerte de la única familia de Dorothy y que ella además de no haber podido estar con su abuela, tuviera que vivir el entierro sola, está ahí dándole una amable sonrisa como queriendo disipar la culpa que sintiese.

Si... es tan inaudito que una chica de diecisiete años tenga que pasar por esto sola y él no acompañarla cuando le había dicho, que era la persona en quien tenía toda su confianza. Era inaudito que esos ojos amaranto los cuales eran tan bonitos como los ojos chocolate de la señorita Evangeline, hallan llorado solos, sin nadie apoyándola... cuidándola...

Alphons pensaba en esos aspectos y en los detalles imperceptibles para los ojos, pero cegadores para ojos como los suyos, lo que alguien como Dorothy dejaba tras de sí ante la elegancia, buen hablar y femineidad exquisita de las altas damas, eso lo sabe tanto su mente realista como su corazón entusiasta.

Su boca se abrió para hablar pero la chica tomó una carpeta que tenía por ahí, se la entregó a Alphons extrañado, al abrir la carpeta encontró una hoja blanca con una escritura de puño y letra de la chica... y que ocasionó que todo su cuerpo se tensara.

-...¿Qué? -Pronunció después de unos segundos de asimilo.

-Aprovechando que está usted aquí, le entrego mi renuncia, mi abuela era la razón de porque trabajé en esta casa, necesitaba dinero para su medicina y cuidados, ahora debo regresar a mi pueblo en Nuevo México, mi abuela me encargó con unos amigos de mis padres...

-¿Te vas? -Interrumpió Alphons sosteniendo la carpeta pero su agarré iba haciéndose fuerte.

-Si señor... lo estuve pensando un tiempo y era mejor volver a mi pueblo de origen, quería hablarlo con usted y el señor Albert pero se encontraban ocupados... -Decía la chica moderadamente, pero le alarmaba el aspecto que Alphons tenía, no lo había visto de esa manera, él era siempre alegre y seguro, muy centrados sus pies en la tierra y ahora es como si colapsara.

-No... no... ¡No! ¡A mí no me puedes hacer esto, Dorothy! -Soltó el rubio aventando la carpeta con la hoja, como si de un objeto despreciable se tratara, esto ante los ojos asustado de la chica, quien llevó sus brazos a su pecho en signo de susto.

-Señor... ¿Qué le ocurre?

El impacto de la chica no iba a desaparecer y menos cuando él acortó la distancia y colocó sus manos en sus hombros, esto era una cercanía que para la chica nunca... en toda su vida de trabajo en la mansión había sucedido, provocando más impacto y que sus mejillas se pusieran rojas, ante los ojos azules que se volvieron tan penetrantes que sentía que le atravesarían el alma.

-¿Qué te vas?... ¿Te vas así nada más? ¿Con una carta para nosotros...? ¿Para mí?

-N-no le entiendo... -El agarre de él no era rudo, realmente no hacía presión para dejarle una marca roja de sus manos, no obstante era sólido, no se podría liberar aunque con su impresión no tendría "Fuerzas" para hacerlo.

-Dorothy ¿No tienes algo que decirme además de esta "Cosa" de renuncia? -Habló mirando de soslayo la carpeta que quedó por ahí, con ese toque despreciable.

-¿E-eh?

-¿No vas a decirme algo?

Las mejillas de Dorothy ya estaban rojas y ahora su cara se había puesto colorada, sus ojos tintineaban de pena, inclinándose para no ver al rostro del rubio que tenía muy cerca. La pobre chica se debatía entre no saber a qué se refería ¿O si sabía?... Eso aumenta más su nerviosismo si era posible, su boca quería hablar pero nada salía, sólo palabras inentendibles.

-Dorothy... tú tienes que decirme algo –Los ojos amaranto ya estaban cerrados y la cabeza de la chica negaba -¿No vas a decírmelo? -La chica callada, apretando los parpados y las manos junto a su pecho –Si no me lo dices entonces yo te lo diré.

Este nerviosismo no es comparable al que tenía cuando confesó sus sentimientos delante de Candy, era tan irreal, no sabía lo que pasaba o tal vez si, tal vez sucedía... o tal vez su parte egoísta lo quería y su parte racional quería taparle los oídos, ¿Pasaría?... Pero en el mundo real eso no sucede, sólo quería salir de ese ático.

-Te amo.

Así como si un relámpago hubiera azotado la tierra después de una tempestad dejando todo en silencio, como si la tierra se quedara quieta después de un temblor, así fue en ese ático, los ojos de la chica no se abrieron, tan sólo se llenaron instantáneamente de lágrimas y su rostro fue cubierto por sus manos que se habían ensuciado limpiando el polvo del caballito de montar, sus gemidos chocaban contra la piel de sus manos, sentía el agarre del rubio que no se deshizo, lo sentía con la misma solidez pero también con afecto, afecto que le hizo temblar más y sacar más lágrimas. En el ático sólo merodeaba el sonido los sollozos chocando contra las manos, Alphons mantenía a la chica cerca, desde esta cercanía se refirma que Dorothy es pequeña junto a él, le llega la altura de su pecho, no es alta como Evangelin O´Brian que sólo debía inclinarse pobremente, con la chica de ojos amaranto para verle el rostro debe inclinarse un poco más... y por ende también si quiere besarla, pero las manos llenas de polvo no se lo permitirían.

-Dorothy –La llamó, con ese tono nuevo para ella distinto a las otras veces, que es suave y cariñoso pero que no disipa la tempestad dentro de ella –Dorothy –la volvió a llamar pero la chica no mostraba su rostro, lo único seguro era que más lágrimas salían de los ojos de amaranto -, mi Dorothy quiero ver tu rostro.

Nadie sabría lo que ese "Mi" le provocaba a la chica, era como si una sacudida le removiese desde dentro, las manos muy despacio se apartaron de su cara, mostrándola humedecida por las lágrimas, las mejillas rojas y toda cubierta por el polvo que las manos llevaban, en otros no era una imagen bella sino ridícula, para Alphons el estimulante para cada día de su vida. Ella estaba apenada por todo, su apariencia no ayudaba, y sin embargo obedeciendo casi por instinto levantó los ojos aún humedecidos hacia el mayor quien ya no mostraba esa molestia y sobre salto, sino una sonrisa... una de un tipo que nada tenía que ver con ser amigable.

Mirándolo desde su lugar, al porte de Alphons realza con la luz que se cuela por las ventanas, haciéndolo ver como a los príncipes de los cuentos que leía de niña... no... él era mucho, mucho mejor.

Era muy evidente los contraste de los dos y sin embargo, el mundo quedó de lado cuando los ojos zafiro y amaranto se encontraron, por un lapso pequeño el temor de ella se detuvo, sólo por ver aquellos zafiros que por primera vez ve tan de cerca.

Estaba embelesada con él... hasta percatarse que la cercanía de sus rostros se estaba evaporando y ella volvió a cerrar los ojos con fuerza y ladearle la cara, noqueando a Alphons.

-Déjeme -Fue la primera palabra que salía de su boca y no era una afirmativa.

-¿Qué?

-N-no es cierto, está confundido –Ella volvía a temblar pero la última palabra la dijo con toda claridad, esa claridad era un golpe al corazón de Alphons.

-Repítelo... repítelo otra vez mirándome a los ojos –Exigió, Dorothy no hizo ni dijo nada -, confundido estaría si hubiera aceptado a Evangelin O´Brian, pero ¿Qué crees Dorothy? Yo no padezco ninguna miserable confusión, te amo y te quiero a mi lado de ahora en adelante –de ella nada salía sólo gemidos que chocaban con sus labios sin liberarse -, y tú también me quieres ¿No es así? -sus manos que estaban en puño viajaron hasta su boca como queriéndola señar -No lo niegues, no nos lo vayas a negar.

-… Señor -Se alcanzó a oír detrás de los puños.

-Dorothy... mírame.

El temblor de su cuerpo era constante sin embargo, Dorothy sacó fuerzas pero sólo para liberarse del agarre casi bruscamente, saliendo del ático llorando copiosamente, dejando a un aturdido señor Alphons.

Fin del Flash Back

Le dio un apretón a su hombro a forma de apoyo aunque en realidad no sabía cómo ayudarle.

-Ya no quise molestarla –Dijo el menor con su cabeza recargada sobre sus manos, esta actitud en él no es habitual y eso le duele a Albert.

-¿Qué quieres hacer?

-Conociéndome... tirar la puerta de su habitación para verla, o pagar a la estación para que cancele todos los trenes de la semana.

-Eso sería un gasto muy grande para la compañía -Dijo Albert con una media sonrisa -, parece que heredamos más cosas de papá de las que queríamos, mucho le heredaste de su posesividad.

-Si... y no quiero hacerlo, pero no quiero permitir que se vaya.

-Alphons quizás Candy te pueda ayudar, ella trató muy bien a las personas que trabajan aquí, se ganó su afecto, ella podría hablar con Dorothy.

-Te lo agradezco pero no me agrada involucrar a más gente.

-Quiero hacerlo, después de todo tú nos ayudaste mucho a los dos, ahora nos toca a nosotros, si ella realmente siente algo por ti pero lo está negando, lejos de una decepción...

-Es ver lo honesta y sincera que es -Completó el menor.

Alphons y Albert comprendían una cosa, si la chica sentía algo por él pero se lo callaba era porque no sentía ser digna, además de eso el temor a la familia, otra habría sacado provecho, pero ella no, tan así que jamás correspondió a sus palabras.

-Sólo te lo preguntaré una vez y espero tu descarada sinceridad de siempre, ¿Realmente la quieres?

Alphons miró a su hermano, con el semblante habitual, sonriéndole con esa sonrisa ancha de forma bribona, cuando él se sale con la suya.

-La tía Elroy la va a amar.

Continuará...