Hola! Eh vuelto n.n a un mes de la última actualización...que horror, soy una irresponsable :/ pero se los advertí! :P
Quedan como 11 días para mi cumpleaños :O me hago más vieja xD por eso quise subirlo antes, para terminar la historia completamente antes de que me den los bajones de la edad XD. Así que el próximo capítulo debería estar listo antes del 8...a no ser que me suceda algún inconveniente que me lo prohíba.
Este es el penúltimo capítulo de esta historia, es el más extenso de ella, y me costó bastante estructurarlo por varias razones, además de no contar con mucho tiempo. En fin... ¡Excusas everywhere! Los dejo para que leáis y luego ya me dicen qué tal les pareció, eh?
¿Sellamiento o libertad?
Ya contaba con el permiso real y con la aprobación de la Reina a sus supuestos temores. Lo segundo solo era cosa de hacer algunas llamadas y mover algunos contactos. No por nada era un Island, y un miembro de la nobleza y de la Mesa Redonda.
Lo que iba a hacer podía no parecer muy noble, e incluso su propio padre lo hubiese rechazado. Pero tenía un propósito justo -a su propio juicio- salvar a Integra de las garras de su mascota vampiro.
La eliminación de un monstruo como aquel solo podría traer beneficios a la humanidad. Quizás la rubia iba a protestar, a fin de cuentas era su sirviente, pero la convencería -así como haría con todos- de que era lo mejor que podía hacerse en tal situación. Alucard se iría, e Integra Hellsing sería libre para casarse con él. ¿Qué podría ser mejor?
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Hubo varios de los nuevos miembros que, emulando a sus antecesores, cometieron los mismos desaciertos que éstos. Uno de ellos eran sus ansias de poder y control total, otro era subestimar a la única mujer que portaba el título de Sir.
Al primogénito de Island no le fue difícil encontrar a otros miembros que, tanto como él, deseaban quitarse del camino la molestia que representaba para sus intereses el vampiro bajo la dirección de los Hellsing. No era primera vez que dicho tema salía a la luz. Ocurrió durante el tiempo de Arthur, ocurrió cuando Integra era muy joven para hacerse cargo; ocurría ahora mismo, cuando el vampiro representaba un estorbo en sus planes.
Ya no quedaban más de los de su clase, las amenazas habían desaparecido con la desaparición de Millennium. ¿Por qué entonces seguir manteniendo «activo» a un arma tan peligrosa? Lo mejor era mantenerlo fuera de la sociedad la mayor cantidad de tiempo posible, y si se pudiera eliminar, aún mejor.
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—Teodelinda, la Reina lombarda –comenzó a discursar el anfitrión–, ordenó la construcción de la Catedral de Monza, en el año 595. En esa antigua catedral se conserva la corona de hierro de Lombardía, que según anuncia la tradición fue elaborada con un clavo utilizado en la crucifixión de Jesucristo. Esa es nuestra arma secreta. Al igual que el nombrado Clavo de Helena, el Clavo de la Corona de Lombardía posee algunos poderes especiales y sobrenaturales. Van Helsing lo atestiguó en sus estudios, es lo único que puede volver vulnerable al Conde Drácula, ahora Alucard.
Hubo murmullos, ruidos de sillas moviéndose, palabras de incredulidad.
—¿Por qué –un hombre de pelo negro, algo mayor que Jeff, se dirigió a éste– estás tan interesado en la eliminación del vampiro? ¿No será que tus temores se fundan en su "matrimonio" con la Hellsing?
Otros se acoplaron al tema de debate.
—Pero si dicho matrimonio no es válido.
—Ella dijo que solo era un papeleo.
—¿O temes que por su culpa no puedas entrar en la Organización?
El mismo hombre que había hablado primero lo volvió a hacer. Sus ojos oscuros chocaron con los azules de Island en un duelo de miradas. Para nadie resultaba un secreto el carácter competitivo y ambicioso del hijo de Hugh.
—Pero no sabemos por qué él quiso casarse con ella. ¿Insinúas que tenga motivos románticos? –otro de los hombres interceptó al moreno.
—Solo existen dos opciones –Jeff alzó la voz por encima de todos los reunidos–, o el vampiro la mata para quedar libre y hacer sus estragos, o peor aún, que la convierta en uno de ellos. Ninguna de las opciones es buen augurio. Si la hace un vampiro, será su esclava, así como esa oficial rubia. Y no tenemos nada para hacer frente a tres vampiros de su categoría. No solo perderíamos a la Organización y a su líder, sino que añadiríamos un individuo más a la fila de los monstruos. Y eso, ni siquiera Integra se lo perdonaría.
—¿Tratas de decir, que la única opción es acabar con Alucard de una vez por todas?
—Exactamente. Es hora de que ese cadáver viviente nos abandone y nos deje en paz. Es hora de ponerle fin a la existencia del Conde sobre la faz de la tierra.
—Bueno –dijo otro–, bastante que se ha prolongado dicha existencia ya, ¿O no? Yo estoy a favor de darle término.
—Yo también.
—Y yo.
Todos acordaron de forma unánime, ¿Por qué no? Era un excelente plan, no existía margen de error.
—Entonces estamos de acuerdo. Está demás decir que Integra no debe enterarse de esto, y la Reina ya nos dio la aprobación de actuar si la vida de la líder peligrara. Todo saldrá de acuerdo a lo planeado, y mañana por la tarde –por fin- Inglaterra se verá libre de la presencia de Alucard…para siempre.
—¿Y qué harás con la chica vampiro y el shinigami?
—Eso, mi estimado –Jeff respondió con una sonrisa satisfactoria- es algo que arreglaré justamente esta tarde.
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El hombre se presentó con una chaqueta raída y jeans usados en la presencia de la mujer. Pero sus manos sin defectos y el cabello bien cuidado –aunque algo desordenado para la ocasión- delataron inmediatamente su situación social. Ella sonrió irónicamente al reconocerlo. ¿Por qué siempre los ricos trataban de usar esa artimaña? Las apariencias, quizás. En fin, trabajo era trabajo, y lo mejor de todo esto era la cantidad de dinero que obtendría una vez finalizado. Poco le importaba a ella para qué o para quién necesitaba de sus servicios este cliente.
Jeff tomó asiento en una butaca frente al "despacho" de la mujer, y se acomodó en una pose desenfadada. Luego miró a su anfitriona a través de la luz de las velas y el incienso; se notaba joven…no debería superar los 27 años a lo mucho. Tenía el cabello largo, ondulado y muy oscuro. Rizos negros escapaban de la pañoleta atada a la cabeza y enmarcaban un rostro moreno y bastante agradable a la vista. Los ojos vivaces se posaron en el hombre frente a ella, mientras una boca pequeña se abrió para mostrar los dientes en una sonrisa.
—Dígame, señor… –hizo una pausa, esperando que él completara la frase.
—Puedes llamarme Williams –Jeff le dio una sonrisa despreocupada. La joven sonrió.
—Puedo suponer que no es su verdadero nombre, ¿Verdad? –movió algunos palos de incienso más lejos–. Pues bien, señor Williams, usted dirá para qué necesita mis servicios.
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—¿Vampiros? Creí que ya no quedaban.
—Ya sabes, son una plaga difícil de erradicar.
—Así veo. Pero bueno, no hay nada que no se pueda solucionar dicen por allí. Si bien no sé a ciencia cierta cómo acabar con uno de ellos, sí tengo algunos trucos que le podrán ayudar a derrotarlos.
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Recibió el papel amarillento de las manos de la joven, y la miró interrogativo.
—¿Estás segura de que esto va a funcionar?
—Por supuesto –su tono de voz no dejaba lugar a dudas–, si se trata de un vampiro joven como tú dices, esto es más que suficiente. Bloqueará los poderes que haya adquirido en el último tiempo, dejándolo indefenso.
—Perfecto, entonces ya es hora de irme –se levantó de su cómodo asiento, pero antes de retirarse una mano suave vino a detener la suya.
—Pero podrías quedarte un tiempo más, si quieres… –la mujer le dedicó una mirada coqueta, mientras dos de sus largos dedos recorrieron el dorso de la mano firme del hombre, dando leves golpecitos.
Jeff siguió con la mirada el curso de esa mano, pasando por su brazo, deteniéndose un instante en su exuberante pecho constreñido dentro del corsé, y fijándose finalmente en su sonrisa sugerente. Los ojos verdes le miraron con picardía. El devolvió la sonrisa con petulancia.
—Me temo que ya tengo los ojos puestos en otra mujer, querida. Alguien un poco más…interesante –ella levantó una ceja con algo de asombro– y ciertamente de una altura superior. Sin embargo, me halagas –y dándole un guiño, dejó el fajo de billetes sobre la mesa y se levantó para retirarse.
—Tienes el doble de lo que me pediste. Espero que tu confidencialidad sea buena.
Ella abrió los ojos con grata sorpresa al solo imaginar la cantidad de dinero.
—Ouhh, no solo mi confidencialidad es la mejor –susurró tomando la bolsa–, también sé de otras cosas…
Jeff volvió a sonreír ante la insinuación: —Quizás algún día venga para comprobarlo –dijo dando media vuelta y retirándose finalmente del lugar.
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Miró el papelito entre sus manos y le dio vueltas entre los dedos. Un simple hechizo, y todo sería más fácil con esa chica rubia. No necesitaban interrupciones a la hora de acabar con su Maestro. Se preguntó cómo afectaría eso al mayordomo.
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En la tranquilidad de su biblioteca, la líder de Hellsing pasó sus largos dedos enguantados a través de páginas amarillentas, impresas de tinta negra y vieja. El cuaderno de su bisabuelo. Era un alivio que ella supiera con fluidez bastantes idiomas; pero lo que fue una pena era que no fuera arqueóloga, porque aquello…sí que parecía un jeroglífico en algunas partes.
Se preguntó por qué su padre no había reescrito esos manuales para mantener una copia más accesible y evitar su deterioro. Ella seguramente tendrá que hacerlo una vez finalizado todo el proceso.
Recogió una pierna por debajo de su otra rodilla, poniéndola en forma horizontal mientras la apoyaba en el sillón, y continuó la lectura. Allí en el libro, estaban descritos los hechizos que debían utilizarse para renovar los sellos del vampiro. Los símbolos a utilizar y los versos que tendría que recitar.
Estaba estudiando con especial atención el dibujo de un pentagrama ensangrentado, cuando una figura apareció en la habitación, bajando la temperatura con su presencia. Alucard…adiós concentración.
—¿No estás emocionada, Maestro? –una enorme sonrisa comenzó a dibujarse por su rostro pálido a medida que la miraba.
Integra no dio muestra alguna de emoción, se limitó a cerrar el libro sobre su regazo.
—No veo el por qué iba a estarlo. Sabíamos que este día tenía que llegar, es mi deber.
—Oh, pero dime que no te emociona sentir que de nuevo vuelves a controlarme. Que les taparás la boca a esos ineptos de la Mesa Redonda. Que vuelves a ser Integra Hellsing, la única dueña de este monstruo despiadado.
La sonrisa irónica presente en esa carne muerta comenzó a tirar de sus nervios. Se levantó ofuscada.
—No tengo por qué emocionarme por algo tan obvio. Siempre ha sido así, y lo seguirá siendo.
Alucard emitió un ruido un poco gutural, que adivinó era una risita naciente, y le clavó los ojos rojizos otra vez.
—Maestro mentiroso… –ronroneó, y eso fue todo lo que ella pudo aguantar sin apretar la mandíbula en un acto de auto control.
Entrecerró sus ojos a él, mirándolo desde detrás de su gafas montadas en la nariz. ¿Se atrevía a llamarla mentirosa?
—No tengo tiempo ahora para tus juegos estúpidos, Alucard –las palabras abandonaron la boca de labios apretados.
Pero él no parecía opinar lo mismo. Esa sonrisa traviesa colgando de la boca cuando se acercó más a ella, agachándose levemente para dedicarle una mirada retadora. Su rostro nivelado a centímetros de distancia.
—Mientes –dijo al separarse y observarla desde su altura, luego se alejó un paso y caminó a un costado–. Volverás a tener el control, y eso te gusta, ¿Verdad? –ronroneó mostrando apenas el inicio de sus colmillos mientras dio vueltas a su alrededor, rodeándola como si fuese una presa–. Volverás a ser el Maestro, y yo volveré a ser el siervo obediente. Voy a continuar matando en tu nombre, derramando la sangre de tus enemigos a tus pies, no por la Reina ni por Inglaterra, sino por ti. Vas a seguir siendo la Dama de Hierro. Para tus soldados, para la Mesa Redonda, para la Reina… ¿Y para mí? –se quedó parado justo en frente, su cabeza un poco agachada para nivelar los ojos con los de ella. Brillaban rojos y demenciales, nada nuevo–. ¿Volverás a ser la misma para mí?
Integra se estremeció un poco cuando las manos enguantadas subieron por sus brazos hasta sus hombros, y la mantuvieron allí. Por un momento sintió deseos de ordenarle que la soltara, reacia al contacto íntimo. Pero eso solo serviría para incentivarlo más, además, no le estaba haciendo nada malo…aún. La cara pálida de su compañero se acercó más a la suya, helándole la nariz con su aliento innecesario.
—¿Renunciarás a tu matrimonio forzado y harás como si nada ha pasado entre nosotros…o por fin admitirás que eres mía? –los dedos fríos, a pesar de la tela del guante, treparon por su cuello hasta su barbilla mientras él le dedicaba una sonrisa lobuna.
—Yo no te pertenezco –siseó la rubia con los labios apretados, cerrando fuertemente sus dedos sobre el libro en sus manos, imaginando que era en realidad la garganta de su ex siervo la que estrangulaba.
Alucard simplemente se rió:
—Vamos Integra, pensé que tendríamos más confianza ahora. Eres mi esposa, fuiste mi mujer…y serás mi Maestro de nuevo. Por supuesto que eres mía –y sin dejar sitio a objeciones, los labios fríos descendieron en busca de los suyos.
El libro de su bisabuelo cayó al piso, y las manos volaron a sus hombros para apartarlo, o eso fue lo que su cerebro le ordenó. Pero sus fuerzas son minúsculas en comparación con él.
«¡Alucard, no!» es lo que su mente ordena, pero su boca solo siente el sabor ya conocido de otra lengua en su interior, y el choque eléctrico de un par de colmillos raspando su labio inferior. «¡Déjame!» Pero el beso es firme y con ese toque de salvajismo que caracteriza al vampiro, que no se aparta…y su mente reacciona horrorizada cuando se da cuenta que su propio cuerpo la traiciona y cede a sus impulsos, devolviéndole el beso.
Los golpes en la puerta la vuelven a la realidad, alguien la llama por su título. Con un empellón, saca al hombre de su lado y jadea agitada mientras lo mira con ojos acusadores.
El vuelve a darle esa sonrisa que odia, mientras desaparece lentamente de escena guiñándole un ojo como despedida.
—Nos vemos esta tarde, Maestro.
Idiota. Se alisa la tela de su camisa antes de hablarle a su hombre de confianza:
—Adelante Walter, puedes entrar.
Y el shinigami entra en la habitación llevando consigo una bandeja con té, y sobre ella una carta con el Sello Real impreso.
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Las cejas amenazaron con juntarse cuando la rubia arrugó el ceño ante la misiva que tenía entre sus manos. Allí, con toda la autoridad que poseía, la Reina le mandaba a recibir a Sir Jeff Island y permitir su presencia durante la ceremonia de los sellos. La explicación era escueta y más bien parecía una orden, así que no había mucho que ella pudiera desobedecer.
El repentino acercamiento de Jeff la estaba poniendo alerta. Tal parecía que sus sospechan sí tenían fundamento a fin de cuentas, y sería él con quien la Monarca querría casarla.
Casarse, ese era un dolor de cabeza con el cual no quería tratar aún. ¿Acaso la gente no podía entender que ella simplemente no quería casarse? No era como si a sus 24 años ya estuviese obligada a hacerlo. Y después vendría la presión por los hijos. Más problemas…ella dudaba tener instinto maternal.
Levantó el teléfono y llamó a su mayordomo.
—Walter, necesito que vengas a mi oficina ahora.
Medio minuto después, el mayordomo estaba en su presencia.
—¿Hay algún problema, Sir? –Walter se detuvo en una postura elegante frente al escritorio, mirando a su señora que en ese instante fumaba un cigarrillo.
—Modificaciones en los planes. Tenemos que esperar la llegada de Sir Jeff Island.
Hubo un leve movimiento de cejas del shinigami, pero como un educado mayordomo, se guardó sus palabras y asintió con la cabeza, antes de salir de la habitación.
Así que ya comenzó –iba pensando mientras bajaba las escalas–, no puede esperarse nada bueno de la interacción entre Alucard y Jeff. Pobre Integra, es una mujer sin igual que ha superado tantos obstáculos, como para que ahora la vengan a meter en líos de índole personal. Quién diría que la heroína de Inglaterra tendría que lidiar con los acosos reales por casarla, y con un futuro vampiro celoso.
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Jeff llegó a la hora prevista. Venía acompañado por un grupo de soldados reales, a juzgar por el uniforme que ostentaban. Cuando el mayordomo lo interrogó acerca de ellos y cuestionó el porqué de su presencia, él dijo que simplemente obedecía a las órdenes de Su Majestad, y que los soldados solo representaban refuerzos en caso de que "las cosas se salieran de control".
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—¿Estás lista? –el vampiro se apareció en su habitación llevando sus ropas habituales, pero sin el sombrero o las gafas.
—Por supuesto.
—¿No sientes la emoción? –la sonrisa blanca hizo su aparición una vez más.
Integra cerró los ojos por un momento, y luego pasó a su lado sin inmutarse.
—Vamos a hacer esto rápido, y a acabar de una vez por todas.
Alucard la siguió de cerca.
—¿Y no hay un beso de despedida, o de buena suerte?
La líder se detuvo en el umbral, y le dirigió una mirada fría.
—Alucard, deja de jugar y apúrate. Además, ¿Desde cuándo los monstruos necesitan buena suerte? –y echó a andar por el pasillo, con él siguiendo sus pasos:
—Al menos, lo intenté…
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Caminaron por los pasillos de los subniveles de la Mansión. Estos eran grandes y tétricos, y las paredes echas de piedra estaban ennegrecidas con el paso del tiempo; cada ciertos metros había alguna antorcha encendida. Arthur nunca instaló luz eléctrica en los pasillos, Integra tampoco se preocupó de hacerlo. Las únicas criaturas que pasaban por allí eran sus dos subordinados vampiros, y ellos claramente no necesitaban de la luz artificial. Aun así, no había oscuridad total; como Seras lo notara alguna vez, los subniveles poseían una hermosa iluminación natural. Excepto las mazmorras.
Integra arrastró los pies sin pronunciar ninguna palabra al vampiro que la seguía. Este, por su parte, caminó detrás de ella con la mirada pegada en su cabellera. Ninguno de los dos dijo absolutamente nada. ¿Para qué? Ya lo habían dicho todo, y lo que no lo decían las palabras, lo leía en los ojos de su Ama. No, realmente no le importaba volver a estar bajo los sellos, siempre y cuando ella estuviera con él de nuevo. Sonrió al ver lo patético que eso se oía. Había obtenido su libertad, por fin. No sería más un siervo bajo los Hellsing. ¿Cuántas veces no había soñado con ese día? El día en que él al fin se vengaría de todos ellos, por hacerle caer de su trono. Y el día había llegado, pero no había contado con que tendría a Integra como Maestro. En tan pocos años sus planes habían dado un giro sustancial, incluso sin que él se lo propusiera. Esa mujer era su igual, no había nadie más como ella. Y si sus instintos no le engañaban, ella terminaría aceptándolo como tal. Ya había dado un gran paso, solo faltaba dejar de lado el orgullo, por imposible que aquello pareciera.
Volvería a los sellos, sí…pero Integra sería suya, más temprano que tarde. Lo había sabido desde el momento en que había probado por primera vez su sangre. Quizás su venganza hubiera cambiado algunos matices, pero al final de la historia iba a obtener exactamente lo mismo. Van Helsing le había arrebatado a alguien importante, pero le había dado a una de sus descendientes para recuperarla. No podía ser de otra forma. E Integra lo amaría, no como Mina a quién tuvo que forzar. Lo amaría con ese sentimiento que no podía llamarse un amor puro, no…lo suyo era algo tan retorcido como él mismo, por eso era ideal para una pareja tan original como ellos dos.
En una de las amplias habitaciones de los subniveles, estaban congregadas varias personas hablando entre sí. En un rincón, Seras parecía estar teniendo una charla interna; Walter estaba recargado contra la pared de la otra orilla; en los alrededores había varios soldados uniformados y armados; y allí, sentado en medio de ellos, estaba el hijo de Island.
Alucard gruñó cuando lo vio.
—¿Qué hace él aquí?
—Órdenes de la Reina –Integra apagó el cigarrillo que había estado fumando y lo arrojó al piso–. Me pidió explícitamente que Jeff estuviera presente.
—¿Y lo permitiste?
—Órdenes son órdenes, Alucard. No cuestiones a Su Majestad.
La pareja se detuvo ante el grupo, Jeff se levantó para saludar a Integra, y el vampiro le envió una mirada amenazadora desde atrás.
—Espero que Su Majestad ya te haya informado acerca de mi presencia, Integra.
—Sí, pero déjame decirte que lo considero innecesario.
Jeff sonrió de medio lado: —Necesario o no, solo son medidas que nuestra Reina quiere tomar ante el asunto.
—¿Serás el Caballero de armadura por si el monstruo se sale de control? –el vampiro soltó la frase goteando sarcasmo en cada una de las palabras, Jeff simplemente movió los hombros.
—¿Por qué no? Nunca se sabe lo que pueda pasar.
Alucard estaba a punto de agregar algo, cuando Integra lo cortó avanzando entre ellos en dirección a una sala escondida en el fondo del pasillo.
—Si ya han terminado, lo mejor es que me sigan. Vamos a hacer esto rápido.
El vampiro echó a andar en seguida tras su Ama.
—Seras, tú y Walter se quedarán acá…si los necesito los llamaré. Island, tu vienes conmigo.
Cuando Jeff se movió, los soldados lo siguieron. Integra se detuvo al instante.
—No dije que ellos también podían venir.
—Pero Integra, la Reina…
—La Reina me dio órdenes de permitir tu presencia en la ceremonia, no de que trajeras a tus soldados a mi casa. Ellos se quedaran acá con Seras y Walter hasta que yo lo diga. Esta es mi casa y mi Organización, y yo doy las órdenes aquí.
Jeff levantó las manos en señal de rendición, y sonrió.
—Nunca quise decir lo contrario, Integra. Por supuesto que las órdenes las das tú, solo permite que algunos de ellos se queden custodiando las puertas, por si acaso… –la mirada fue hacia el vampiro.
Integra dio algo así como un leve resoplido, se ajustó las gafas sobre el puente de la nariz y echó a caminar.
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Se adentraron en una habitación algo más oscura, inmensa y prácticamente vacía. Arrimada en una orilla había una mesa, y más allá algunos muebles viejos que contenías frascos y libros, todo debidamente limpios. Integra agradeció en su interior la eficacia de su mayordomo.
Sacó de sus ropas la copia que llevaba del libro. En una hoja de papel, estaba dibujado el pentagrama que se suponía debía representar a escala y con sangre en el piso.
"¿Estás lista?" Alucard habló en su mente, ella asintió con la cabeza. De su bolsillo sacó una daga pequeña que le ofreció al vampiro, con la que éste hizo un corte profundo en su muñeca y desparramó su sangre por el piso, dándole forma al dibujo. Jeff miraba todo con una mueca de disgusto. Cuando estuvo finalizado, Alucard se situó en el centro del pentagrama, y le devolvió el estilete a su Ama. Ya solo restaba el toque final, y éste se completó cuando pinchó la hoja en uno de sus dedos, y untó con su sangre las 5 puntas del dibujo que contenía a su vampiro.
Jeff aguardó impaciente hasta que ella terminó de dibujar el pentagrama, y el vampiro estuvo "encerrado" en él. Luego la rubia si situó en frente, y comenzó a recitar unos versos extraños en algún idioma antiguo.
Sabía –gracias a la información de su padre– que en cierto punto de los versículos, el vampiro quedaba literalmente encerrado dentro del pentagrama que representaba los sellos. Esto ocurría con el fin de "adormecer" al monstruo y privarlo esporádicamente de sus poderes para restituir el control de sus amos sobre él. Ése era el punto exacto en el que él tenía que actuar, el punto ciego y vulnerable de Alucard que la misma Integra le iba a conceder sin saberlo. Con sus poderes limitados, lo único que restaba era enterrarle el clavo en el corazón y el vampiro se iría…para siempre.
Le costó no sonreír ante sus propios pensamientos. Esto estaba resultando demasiado fácil.
Alucard se quedó de pie sobre el pentagrama, con Integra frente a él. La joven comenzó a recitar los versos extraños que una vez oyó de boca de Abraham. A medida que avanzaba, una pálida luz rojiza fue emergiendo de la sangre derramada a sus pies, y envolvió su cuerpo de a poco, casi como si se tratase de humo. En la segunda estrofa, su cuerpo cayó de rodillas y sintió como sus poderes aumentados iban disminuyendo producto de los sellos. Miró a su maestra y sonrió. Esta no mostró ni la más leve turbación mientras le sostuvo la mirada. En ese instante, solo estaban los dos. Ni siquiera la molesta presencia de Jeff en una orilla de la habitación vino a interrumpir ese momento privado.
Integra cerró los ojos con concentración y continuó con el último cuarto de la oración.
Pero algo sonó en su cabeza «¡Detente!», sus ojos azules se abrieron con preocupación para observar al vampiro ante ella.
"Algo no va bien –Alucard estaba de rodillas, la luz rojiza a su alrededor vibró como energía viva. Levantó el rostro contraído hacia ella–. Termina el encanto, pronto. Necesito salir de aquí lo antes posible".
Pero eso fue algo que la rubia no pudo hacer. Antes de que continuara, irrumpieron en la habitación dos filas de los soldados que estaban tras la puerta. Rodearon a la joven y al vampiro.
Integra se dio vuelta con rapidez y los interceptó.
—¿Qué se supone que es esto? –reclamó al ver interrumpida la ceremonia. Su mirada azul se fijó inmediatamente en Island, que parecía igual de sorprendido que ella.
El capitán del escuadrón dijo de forma escueta: —Lo siento señora, pero solo estamos siguiendo órdenes.
Su concentración se desenfocó: —¡¿Qué?! –mientras veía a los hombres interponerse entre ella y el vampiro, alejándola. Alucard gruñó, ella se encolerizó.
—¡Quítenme las manos de encima de inmediato! –de un tirón brusco buscó soltarse de la mano grande de uno de los hombres, pero no obtuvo resultado alguno. Jeff llegó en ese instante a su lado para ayudarla.
—Suéltala –ordenó con voz firme al soldado, quien obedeció al instante y dejó a la líder.
—Espero que tengan una muy buena explicación para esto, mi paciencia está agotándose –trató de mantener su ira a raya, a milímetros de explotar, mientras exigió una respuesta por parte del capitán. Sus ojos relampaguearon enojo y determinación, y sin embargo los soldados no se movieron.
El hombre que la había sujetado, y que respondía al título de capitán –un hombre ancho y musculoso- dijo como si lo tuviera memorizado con anterioridad:
—Órdenes reales. Su Alteza ordenó la eliminación del vampiro conocido como Alucard.
Y mientras él explicaba escuetamente el "problema", otro soldado se acomodó y sacó una especie de ballesta, en cuya punta destacó un clavo de grandes dimensiones, idéntico al utilizado por el Padre Anderson durante su enfrentamiento con Alucard.
Y con ella apuntó directamente hacia el vampiro de rodillas en el piso.
Alucard gruñó mostrando las filas de dientes puntiagudos y amenazantes, pero el resto de su cuerpo no le respondió. Cuando intentó moverse, la energía que lo rodeaba aumentó su control sobre él. El hechizo estaba preparado para controlarlo.
—¡Integra!
Integra aún estaba asimilando aquella frase «órdenes reales». Un sudor frío cruzó su espalda al reconocer el arma ante ella. "El clavo de Lombardía".
—¡No! ¿Qué van a hacer? –agarró el brazo del hombre tratando de detenerlos, pero otra mano la detuvo a ella. Se dio media vuelta para encarar al osado que se había atrevido, y su mirada topó con otros ojos azules–. Jeff, ¿Qué estás haciendo?
El aludido respondió casi con una nota de pesar en su voz, pero sin soltarla: —Integra, son órdenes reales, será mejor que las acates.
Su mandíbula se cayó, ahora todo comenzaba a tener sentido. Y ese maldito había llegado diciendo que su presencia respondía a una medida de "precaución". El hombre musculoso frente a ella sonrió con altanería:
—Hazte a un lado Hellsing. Debemos cumplir la palabra de nuestra Reina.
—¡Alucard es mío! Yo soy su Maestra –se debatió luchando contra Jeff, fue inútil.
—Inglaterra ya no necesita de sus servicios, y es un arma demasiado peligrosa para dejarla libre. Lo mejor es acabar con él de una vez por todas.
—¡Nunca voy a permitir eso! Ustedes no tienen derechos sobre Hellsing –cuando se agitó, más manos llegaron a sujetarla en su lugar, ayudando a Jeff a sostenerla.
Frente a ella, Alucard volvió a rugir como un animal enjaulado, sin poder moverse de su lugar. La voz áspera raspó su garganta cuando gritó:
—¡Integra! ¡No te atrevas a tocarla Island! ¡No la toques hijo de puta! Voy a matarte. ¡Ama!
Jeff sonrió para sí cuando los demás hombres lograron controlar a la chica, que luchó como una fierecilla atrapada. Buscó un tono conciliador para hablar.
—Integra, por favor tranquilízate. La Reina solo quiere lo mejor para ti, y para todos. Ya es hora de que tu vampiro nos deje vivir en paz a todos, sobre todo a ti. No lo necesitas más, ahora puedes ser libre de tu obligación con él.
La rubia le dirigió una mirada desenfocada y velada por el enojo.
—¿Qué…qué estás diciendo?
—Llegó la hora de soltar la cadena. Es tiempo de acabar con la larga vida del Conde sobre la tierra. La Reina lo pide y debemos obedecerla.
—No, no ¡No! –vio con desesperación el cuerpo inmóvil de su sirviente en el piso, estaba de rodillas, con ambas manos apoyadas -casi pegadas- a la loza.
Sus ropas habían vuelto a ser las que utilizaba en sus tiempos de Conde, cuando Van Helsing lo derrotara. Los cabellos oscuros ensombrecieron su rostro y rodaron hasta sus hombros. Levantó la mirada y clavó con odio los ojos rojos sobre el soldado en frente de él, que sostenía la ballesta en alto con un ligero temblor en los dedos. Luego los mismos ojos rodaron por la habitación buscándola con desesperación hasta que dieron con ella, y se posaron sobre su figura impotente, cercada por soldados reales.
Integra sabía que era inútil tratar de darle cualquier orden, que rompiera las "cadenas mágicas" que le ataban y acabara de una vez con todo eso.
Los poderes del hechizo de sellamiento de su antepasado Abraham eran tan fuertes que ni siquiera ella misma se lo había imaginado, a pesar de haberlos recitado. Además, Alucard estaba débil por efecto de que dicho hechizo no había alcanzado a concluir, quedándose en la parte central, el punto culmine en donde el vampiro perdía todos sus poderes.
"El hechizo", ahí estaba la solución, tenía que terminar de recitarlo y así su vampiro volvería a tener el control de su cuerpo. Rápidamente lo tarareó en su mente, repasando las mismas líneas otra vez y tratando de llegar a las estrofas finales. Aunque fuesen ordenes de la Reina, ella no podía permitir tal cosa. No esta vez.
Sin embargo, su estrategia se vino abajo en cuanto vio al soldado apuntar con la ballesta que sostenía el clavo sagrado y poner un dedo enguantado sobre el seguro. Sus ojos claros se distorsionaron de terror cuando vio la delgada extremidad tirando del seguro para soltar su descarga mortal. Su mente trabajó a velocidad abismante. Distinguió todo como si sucediera en cámara lenta. El soldado apuntando, sus propios gritos para detenerlo, los gruñidos de Alucard tratando de liberarse, el capitán dando la orden de disparar, y finalmente el dedo cerrándose y el arma soltando su carga. Su cuerpo respondió al pánico.
Nadie se dio cuenta, ni ella misma supo cómo, pero en un segundo de descuido logró zafarse de la mano que Jeff y los demás tenían sobre ella y corrió hacia adelante. No podía dejar que todo acabase de esa forma.
Los huesos del vampiro crujieron con el esfuerzo que hizo por mover su cuerpo una vez más, pero no pasó nada. Sus ojos se desfiguraron cuando vio la cabellera rubia interponerse entre su visión y la figura del hombre que le apuntaba.
Un segundo después el sonido de un disparo, y el olor penetrante de una deliciosa sangre inundaron sus fosas nasales… Integra.
—¡INTEGRA! –dos aterradas voces masculinas se elevaron en la habitación, con el mismo tono de preocupación.
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Seras miró con desconfianza hacia donde estaban el grupo de soldados apostados. Estos parecían mirarse entre sí, y luego desviar la vista hacia donde se encontraba ella y Walter. Por alguna razón, aquello la ponía nerviosa.
De pronto se escuchó un ruido proveniente desde las salas del fondo del pasillo. Levantó la cabeza en alerta.
—¿Escucharon eso? –e inmediatamente se puso de pie para ir a investigar, pero tres de los hombres se interpusieron en su camino de salida. Frunció el ceño.
—Me temo que no podemos abandonar la habitación sin una orden directa –dijo uno de ellos mirando a la chica con ojos duros.
—Pero se trata de mis Maestros –protestó con algo de enojo.
—Lo siento, tienes que esperar.
—¿¡Pero qué…!? Apártense ahora mismo –su nariz se arrugó en la irritación naciente, sintió a Walter acercarse a ella.
—Sería mejor que la escucharan y nos dejen ir –el mayordomo trató de sonar calmado pero firme, la verdad a él también se le estaba haciendo sospechosa la conducta de aquellos soldados.
—Hemos dicho que nadie va a abandonar esta sala –dos de los soldados volvieron a interponerse en la puerta, otro se situó un poco más atrás y sacó algo de su bolsillo.
Los ojos de la draculina se abrieron en asombro y enojo, su compañero la secundó.
—Si no se alejan ahora mismo, no responderé si salen lastimados –sus puños se apretaron haciendo crujir sus dedos, al momento en que veía -por el rabillo del ojo- al shinigami preparado para sacar sus cables de un segundo a otro.
Pero al parecer sus advertencias cayeron en saco roto. Los hombres no se movieron y el de atrás comenzó a recitar algo. Seras estaba comenzando a crecer bastante enojada, no quería dañarlos porque eran seres humanos, pero si se interponían entre ella y su deber no habría alternativa…más de pronto, su cuerpo comenzó a sentirse extraño. Retrocedió un paso y parpadeó varias veces ¿Qué le estaba pasando?
Las imágenes en su cabeza giraron en remolino, mareándola, al igual que cuando absorbió el alma de Pip y aparecieron sus recuerdos, solo que esta vez fue un proceso inverso: los recuerdos de Pip se iban borrando. Una a una, todas las imágenes que guardaba de él fueron desapareciendo. «Walter» atinó a decir, pero al parecer su compañero estaba en las mismas condiciones que ella, en estado de shock, agarrándose la cabeza con ambas manos.
Sus rodillas temblaron y cayó al suelo sin poder soportar el malestar al interior de su mente. Algo parecía estar muriéndose dentro de ella, abandonándola. Gritó cuando sospechó de qué se trataba —¡PIP!— pero nadie respondió a su llamado. —¡PIP!— sus chillidos se hicieron más fuertes mientras más sola se iba sintiendo.
Delante de ella, el tercer soldado había dejado ya de hablar y todos los miraban atentos.
—Malditos...Walter, ¿Dónde estás?…Walter... –escupió un chorro de sangre por la boca, la cabeza le oprimía como si fuera a reventar.
A su lado, el ángel de la muerte no lo estaba pasando mejor, o al menos eso se imaginó. Walter estaba inusualmente pálido y todo su cuerpo temblaba visiblemente, sudando gotas frías. Sus dedos se crisparon en un intento por llegar a sus microfilamentos, pero se quedaron estancados en el movimiento. Todo él parecía una estatua.
¿Pip, dónde estás? No te vayas…lloró cuando el mundo comenzó a volverse negro para ella.
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Pip sintió como si una brisa lo arrastrara a una velocidad vertiginosa desde el cuerpo de su draculina. La corriente lo tomó y llevó lejos del cuerpo en donde residía, separándolos. Se encontró flotando en una especie de limbo, con todos sus recuerdos alrededor, pero solo. Seras no estaba por ninguna parte.
La llamó por su apodo cariñoso, pero nadie respondió. Su conexión se había desvanecido por completo. Se preguntó por qué y cómo había pasado eso, y qué sucedería ahora con él. Era un alma solitaria, sin cuerpo en donde residir, un espíritu. Pero lo más importante, ¿Qué le había sucedido a su reseda? La única manera en que él se viera libre era si ella hubiese muerto. Se estremeció ante el pensamiento. Pero, ¿En qué momento? La última vez que hablaron fue antes de la ceremonia de los sellos; ella estaba junto a Walter y otros soldados, y le había pedido por favor que no apareciera.
Las imágenes giraron y se volvieron más intensas y vivaces. Su mundo comenzó a tomar forma, colores, olores, voces…sintió sus botas chocar contra algo firme, y las exclamaciones de varios hombres llenaron sus oídos. ¿Dónde estoy?
—¿Qué es eso? ¿Qué está pasando? –vociferó uno de los soldados cuando vio una sombra comenzando a tomar forma al lado del cuerpo inconsciente de la chica vampiro.
La sombra creció y se revolvió, adoptando la silueta de un hombre. Los demás soldados apuntaron sus armas en una clara actitud de alerta. Ante sus asustados ojos, apareció la figura del mercenario, quién los miró con la misma extrañeza, ¿Estoy…vivo? Y luego vio a la draculina tirada a sus pies y al shinigami congelado.
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Jeff saltó de su posición en medio de los soldados, en donde había quedado luego de que la rubia se le escapara. Alucard por su parte recibió el cuerpo de su Ama que se desplomó sobre su regazo. Inmediatamente notó el debilitamiento de los sellos que los unían, y sus brazos pudieron moverse para cerrarse sobre ella.
Los ojos azules comenzaron a cerrarse. No sabía cómo, pero había logrado llegar ante él antes de que el proyectil lo alcanzara. Lo último que vio fue al soldado soltando el disparo, luego algo penetró en su pecho, ensartándose en él y produciéndole un ardor terrible que se extendió por todo su cuerpo y la hizo doblarse del dolor.
El clavo se enterró entre sus costillas hasta casi traspasar su cuerpo, dejándole una enorme herida por donde inmediatamente comenzó a escabullirse la sangre a borbotones. El líquido caliente corrió a chorros por su abdomen hasta sus piernas. La blusa se tiñó de rojo mientras ella iba cayendo hacia atrás, sobre el cuerpo firme de su siervo.
—¡Maldición! –el soldado no alcanzó a verla antes de disparar, y cuando se dio cuenta ya era muy tarde para detenerse. Su dedo se cerró y el proyectil se enterró en el cuerpo frágil de la Sir.
Arrojó el arma lejos de él y maldijo en voz alta. En vez de matar al vampiro, había terminado asesinando a la líder de Hellsing.
—¿¡Qué hiciste idiota!? –Jeff le dedicó una mirada cargada de odio y sus manos crispadas lo agarraron por el cuello del uniforme, levantándolo varios centímetros del piso– ¡La mataste!
De un empujón, el noble lo soltó y cayó al piso. Aterrado, retrocedió arrastrándose por él, mirando hacia todos lados. La escena se repitió en su mente recordando los gritos: el quejido de dolor de la rubia, el grito gutural e inhumano del vampiro cuando vio caer a la chica, los gritos de sus compañeros y las protestas de Island. Había matado a Integra Hellsing, oh Dios. Al instante siguiente, sus oídos fueron azotados por nuevas entonaciones. Una voz decididamente femenina chilló «¡Maestra!» con un tono muy superior a cualquier grito normal, y a continuación dos gritos más de «¡Señorita Integra!» y «¡Jefa!».
El aire se llenó de las maldiciones y ordenes atropelladas de sus demás camaradas, que vieron –no sin terror– como entraban en la sala los dos vampiros restantes de la Organización junto a un soldado que no habían visto.
Bueno, una vampiro, un shinigami y un mercenario.
—¡Maestra! –Seras contempló espantada la escena que se desarrollaba ante ella desde el marco de la puerta. Su Maestro estaba en medio de una especie de dibujo con sangre, sosteniendo el cuerpo de su Ama, toda la habitación olía en ese instante a la sangre de Integra. La energía a su alrededor comenzó a sufrir un cambio brusco, y sus ojos tomaron un tinte rojo enfermizo.
A su lado llegaron sus dos compañeros y presenciaron lo mismo.
—¿¡Qué le hicieron a Sir Integra!? –la pregunta salió de las gargantas de la draculina y del shinigami al mismo tiempo.
El soldado infractor se dio vuelta a mirarlos con la mirada despavorida, pero no alcanzó a hacer nada antes de sentir unos delgados microfilamentos puestos alrededor de su cuello. Lo último que vio en los 3 segundos restantes de vida fue el brillo enigmático de un monóculo puesto sobre el rostro del hombre que le cercenó la cabeza.
Seras sintió la ira apoderándose de ella por completo, despertando a su monstruo interno. Walter había eliminado al maldito que le había disparado a su Ama, ella se fue directamente hacia los demás soldados que gritaron despavoridos ante la muerte inminente que se les avecinaba.
Todo fue movimientos bruscos, disparos, gritos desesperados y luego…silencio. Los soldados reales solo vieron a tres figuras que no parecían, que no eran humanas írseles encima entre un torbellino de sangre y ya no supieron más. «¡Monstruos!» gritó el último de ellos al ver frente a él a la chica cubierta de sangre, al mayordomo con sus cables brillando amenazadoramente por toda la habitación, y por último a un soldado de uniforme y trenza que no podía ser humano, a juzgar por la forma en que las balas no hicieron nada sobre él. Una bala en pleno cerebro puso fin a su terror.
Pip disparó su arma sobre la última escoria humana que quedaba con vida y se dio vuelta para mirar a su jefa y al vampiro caídos en el centro de la sala. Seras parecía fuera de sí, y el shinigami estaba a punto de correr hasta ellos cuando de pronto toda la habitación se fue a negro. Oscuridad total y palpable. El tiempo pareció detenerse alrededor de las dos figuras que yacían en medio del pentagrama ensangrentado del centro de la habitación.
Integra yacía casi inconsciente entre los brazos que la sostenían. Su mirada se elevó y se prendó al rostro desencajado de su sirviente. Desde que lo conocía, jamás había visto esa expresión en él. Una mezcla de furia y miedo. El dolor en su estómago era insoportable y cada vez ardía más, sentía la boca llena de sangre y sabía que le quedaban pocos segundos de vida. Las fuerzas se iban rápidamente a través de sus venas y de la sangre que estaba perdiendo a montones. Haciendo uso de sus últimas reservas, levantó una mano hacia él y le acaricio el rostro frío: —Alucard.
Él la aferró más contra sí y movió la cabeza en señal de que guardara silencio, pero no lo hizo; le quedaba muy poco tiempo, y tenía que decírselo antes de morir. Era la única manera de poder irse en paz.
—Alucard, me estoy…muriendo –un hilo de sangre se escapó por entre sus labios temblorosos y recorrió silencioso hasta su barbilla–. T…toma mi…sangre ahora. Eres…libre.
El vampiro ante ella tembló de rabia y coraje.
—No. No puedes dejarme ahora Integra. No ahora –sus manos van desde las mejillas hasta los hombros con un frenesí desesperante, en un vano intento por retener la vida mortal que se escapa a cada segundo frente a sus ojos; impotente, siente cómo las fuerzas de aquella mujer que parecía invencible van menguando con cada respiración agotada que escapa por sus labios ensangrentados.
—No te atrevas a morir…no te vayas, no me dejes solo tú también…no otra vez… –la voz es apenas un susurro ahogado mientras la mece contra su pecho. Una mano de ella se agarra a su gabardina y los ojos azules lo miran cada vez con menos brillo en ellos.
—Alucard es una…orden. Quiero estar con…tigo por s…si…empre. Bebe…de mí…ahora, vampiro idiota –le ofrece una sonrisa ensangrentada. Aún en los últimos signos de vida se las arregla para ser el Maestro.
Maldita sea. Cerró los ojos con fuerza, apretando más su abrazo alrededor de su cuerpo frágil. Acomodó su cabeza contra el cuello.
—¿Es ésta tu decisión, Condesa? ¿Me aceptas como tal?
Integra asintió moribunda.
Te estoy entregando mi alma. Fuiste todo lo que quería y más. Espero que me perdones por abandonarte tan pronto.
No hay palabras, pero sus pensamientos son tan claros como un vaso de agua.
—Vamos a estar juntos para siempre –asegura el nosferatus mientras sus brazos se estremecen y sus facciones se contraen, pero las brasas rojizas permanecen ocultas tras el cabello salvaje–. Para siempre.
Lo último que sus oídos alcanzaron a oír fue el llanto lejano de la joven draculina, mezclado al grito desgarrador de Walter y otra voz que creyó reconocer del… ¿Capitán Bernadotte? Luego, sintió los colmillos filosos enterrándose con facilidad en su piel y su sangre derramarse a través de la boca del vampiro mientras éste succionaba directamente su yugular. Dejó escapar un quejido involuntario, al momento en que una mano gruesa atrapaba la suya entre los dedos y la apretaba con fuerza.
Ya no había guantes, solo era la piel contra la piel. La mano grande y fría contra la suya delicada y que comenzaba a enfriarse también. Sus dedos se entrelazaron en el último adiós.
No hubo lágrimas. Todo se hizo más borroso, la herida de su estómago dejó de doler para dar paso al ardor naciente en la zona de su garganta. Los colmillos de marfil se enterraron más y succionaron el resto de sangre que le quedaba. Dejó salir el último aliento de vida y se sumergió en la oscuridad permanente. "Eres libre Alucard".
...Continuará... (los cabos sueltos se entenderán en el próximo -y último- capítulo)
...
Nota2: Ahora sí contestaré todos sus comentarios n.n (Y bienvenidos aquellos nuevos lectores, que me dejaron un recuerdo en el capítulo anterior, me alegran n.n)
-andersonforever: tu siempre tan Iscariote para tus cosas xD
-Celtica Rous: Linda! Gracias a ti edité el anterior, muchas gracias por la crítica constructiva :B
-Chiara Polairix Edelstein: jajaja, creo que no eres la única que lo detesta, pobre Jeff u.u (nha, mentira. Se merece que lo odien XD)
-kuchi7: también entraste a la escuela? es terrible que no quede nada de tiempo :/ pero bueno, que le vamos a hacer. Ay, gracias por tus palabras nena, me subes el ánimo n.n saluditos :)
-TaniaElric: Bienvenida entonces! :) Gracias por tu comentario linda, y espero que estos últimos capítulos te gusten tanto como los primeros, saludos n.n
-ana - integra hellsing: jajaja siempre me río con tanto entusiasmo que irradias n.n eso si, creo que en lo de una "Integra embarazada" disociamos XD Ya hice un fic de esos, y me alegra que te gustara n.n pero en lo personal, no me llama mucho la atención el tema del embarazo, así que es poco probable que en mis historias se vea algo de eso, lo siento u.u y en el otro tema, de nada! ya sabes que siempre podés contar conmigo, aunque estemos más lejos que no sé qué jaja
-SaTaNaLy: jajajaja jeff es un $%&..excelente declaración! :D espero que con este lo odies aún más XD
-abrilius: y sí, con Athur todo fue distinto, malditos vejetes de la nobleza ò-ó No me imagino la reacción de esos hombres si Integra llevase novios a la casa xD Walter seguramente tendría que aceptarlo ya que es el amyordomo a fin de cuentas, aunque eso no quitaría que estaría encima del joven como un padre sobreprotector. Y Alucard...posiblemente querría comérselo XD
-DannTagleRdz: jajaja bienvenida igual n.n No eres muy fan del AxI? Buhh, ya te diste cuenta de que a mí me encanta n.n jajaja y me alegra que mi historia haya logrado interesarte como para que la leyeras ;) Nada de gracias, las garcias son a ti linda por dejarme tu comentario :) nos leemos :D
-Panakeias: perdón por las confusiones, espero que haya quedado más claro como te lo explicaba :) sino, siempre podés volver a preguntarme las dudas ;)
-Integra'sFan: Bienvenida! :) hey, gracias por los halagos, me sonrojé jajaja Espero que te guste este capítulo igual :)
-Mary: Otra persona nueva n.n jaja pues no, la tensión aumentó creo XD Besos para ti también, nos leemos :)
-lince12: Otra más que se une al club de "todos odiamos a Jeff" XD Si, la verdad es un poco molesto, pero lo enviaremos lejos lo más rápido posible ;)
-Maru-Li Tsukiyomi: Pues muchas gracias Maru :) saludos!
