Capítulo 11:
"Es cosa fácil ser bueno: lo difícil es ser justo."
Víctor Hugo
Cuando a Gates le avisaron de que al día siguiente, sería el día en que Kate iría a declarar, puso a trabajar su imaginación, pensando que motivo podría darle a Castle, para que fuese a la comisaría en vez de al juzgado. Sin saber muy bien que decirle, esperó a que acabara el juicio, el cual seguía por la radio desde su despacho y marcó el número de Castle.
Este, como cada tarde después de terminar la sesión, se había reunido con Ryan, Esposito y Lanie, para darle cuenta de lo ocurrido ese día. Ya habían empezado a tratar el caso que a todos ellos les interesaba y los chicos, al no poder asistir en persona, delegaban en Castle para que este les tuviese informado hasta del más mínimo detalle.
Cuando le sonó el teléfono y vio que era un número oculto, estuvo a punto de no contestar, pero lo pensó mejor y atendió la llamada. La voz de Gates le sorprendió, y más sorprendió a sus amigos cuando se dieron cuenta de con quien hablaba Castle, casi se cuadran los tres, mientras el escritor hablaba. Gates, no tuvo más remedio que humillarse y decirle que se le había presentado algo complicado y le pidió que si podría ir al día siguiente a la comisaría, pues lo necesitaba. Se le había ocurrido pedirle ayuda para un caso de la mafia rusa, que se había archivado sin resolver, y sabía positivamente que si accedía a ayudarla, cuando viese de que se trataba realmente se iba a enfadar mucho, y con toda la razón del mundo.
Pero Castle, primero le agradeció que se hubiese acordado de él para pedirle ayuda y luego se disculpó amablemente con ella, alegando que no pensaba faltar al juicio por ningún motivo y que si de verdad lo necesitaba iría a la 12th, en cuanto la sesión terminara, asegurándole que no le importaría quedarse hasta tarde si así le servía de ayuda.
Gates le dijo que tampoco era tan importante, solo que sabía de su intuición en la investigación de casos y pensó que le podría ayudar aportando una nueva visión del mismo. Esposito que había estado escuchando todo, le pidió a Castle prestado su teléfono y le dijo a Gates, que si ella quería, Ryan y él podían hacer horas extras para ayudarla, pero que a Castle lo necesitaban en los juzgados mientras durasen las sesiones.
Gates no pudo menos que conmoverse por la lealtad de aquellos hombres, y felicitarse porque formasen parte de su equipo. Estaba deseando que la inspectora Becket volviese a ocupar su puesto, sabía que aun tardaría un tiempo, pero ella esperaría lo que hiciese falta.
Le dio las gracias a Esposito y le dijo también que se las diese a Castle por ofrecerse a ir más tarde y se despidió hasta el día siguiente, pensando en como reaccionaría Castle, cuando viese a Kate.
Amaneció una bonita mañana, Castle se levantó muy temprano, se duchó, se afeitó y salió para el cementerio antes incluso de que Martha se hubiese levantado. Durante los días del juicio, había ido cada mañana, muy temprano para que después le diese tiempo de llegar y poder encontrar sitio.
Llegó a la audiencia y se encontró con el panorama de todos los días, prensa, televisión y mucha gente por allí, pendiente de que se abrieran las puertas para poder entrar. Él sabía que si llegaba un poco tarde, Rosemary le guardaría su sitio de siempre. La dulce señora parecía que vivía en ese lugar, pues por más temprano que él llegase, ella ya estaba allí.
Entraron y se sentaron a esperar que empezase la sesión de ese día. Castle estaba expectante, pues sabía que si no ese día, sería al siguiente cuando hablarían de Johanna Becket y todo lo que su asesinato había supuesto, incluida las muertes de su hija y su esposo. Estrenaba otro cuaderno de notas, había completado varios que cada noche religiosamente transcribía a su ordenador.
Salió el acusado, vistiendo como era habitual en él, un costoso traje hecho a medida. Había cambiado a diario de camisa y de corbata, no así de traje, aunque estos tampoco los había repetido en exceso, pues Castle le había contado hasta seis diferentes.
Bracken seguía manteniendo su cínica sonrisa, como si estuviese seguro de su inocencia, a pesar de que las acusaciones eran muy serias y estaban más que demostradas. La fiscalía del estado había hecho un trabajo excelente y no había dejado ni un cabo suelto. Los abogados que defendían al senador, pertenecientes a uno de los bufetes más prestigiosos, no solo de la ciudad, sino del país, se habían quedado más de una vez sin argumentos, ante las acusaciones del fiscal y los acertados testimonios de los testigos que habían ido presentando.
Castle lo miraba con odio, sin poder dejar de pensar en lo injusta que era la vida. Ese hombre había acabado con todos los Becket y esperaba fervientemente que en ese lugar en el que estaban ahora se hiciera justicia y Bracken acabara en una prisión de máxima seguridad para el resto de su vida. Incluso se le había pasado por la mente contratar a un sicario y hacer justicia por su cuenta, si salía absuelto, pero tal como lo pensó lo descartó, él no era un asesino. Así que pedía para sí mismo que terminase pudriéndose en el infierno.
Empezaron a hablar sobre los policías corruptos, y para pesar de Castle y tal como temía, el nombre del capitán Montgomery salió a relucir, junto con el de los otros agentes, que secuestraban mafiosos, para pedir cuantiosos rescates y de como Bracken, cuando era fiscal adjunto en Nueva York, tuvo conocimiento de ello y en vez de impedirlo y acusar a los policías, aprovechó la coyuntura para lucrarse y financiar así su primera campaña al congreso.
Se presentaron varios testimonios y documentación que lo probaba, así como varios expedientes, y distintas pruebas. Bracken sonreía prepotente, y negaba con la cabeza, como queriendo dar a entender que por ahí no iban a poder pillarlo. Castle estaba que echaba chispas, pues pensaba y con razón, que el senador se sentía más que seguro de que no había ninguna prueba, ni testigo que pudiese probar su culpa. El fiscal hizo una presentación impecable, relatando los hechos con total precisión. Tal como habían hecho con cada acusación llamaron a Bracken para interrogarle sobre los hechos de los que se le acusaban. Ya había estado varias veces en el banquillo, siempre negándolo todo, ahora tocaba que le interrogaran sobre este hecho en concreto. Como era habitual lo negó todo, sin quitar esa sonrisilla de su cara, que Castle tenía ganas de borrar de un puñetazo.
Cuando volvió a su sitio, el fiscal anunció que tenían un testigo clave, para demostrar la veracidad de estos hechos, pero como el interrogatorio iba a ser largo y en vista de que casi era la hora del almuerzo, pidió un receso para comer y retomar la sesión por la tarde, cosa a la que el juez accedió, levantando la sesión.
Castle salió a la cafetería a comer el sándwich que solía llevar, para no perder tiempo. Rosemary se sentó junto a él. La buena señora, se había convertido en una gran amiga en esos días del juicio, habían hablado mucho. Ella le contó que no tenía hijos, ni más familia que su marido Fred. Este tenía un taller de coches, y era bastante bueno en su trabajo, tanto que Bracken quiso comprarlo para que le apañara un coche y provocar un accidente que acabara con la vida de un detective que por lo visto lo estaba vigilando e investigando. Como Fred no se prestó a su juego, se dedicó a espantarle toda la clientela como venganza. Solo les quedaba el dinero de su plan de pensiones que tuvo que usar para poder salvar su negocio. Como no lo consiguió, al verse en la más absoluta ruina, se vino abajo y un día ya no pudo más y se quitó la vida. O eso es lo que le dijeron a ella, pues su suicidio fue de lo más extraño, ella siempre sospechó que lo habían matado, pues su marido amenazó al senador con denunciarle por sus actos y poco después, él se quitó la vida.
Aunque lo denunció a la policía, nadie le hizo caso, la tomaron por una vieja chiflada con excesiva imaginación. Ella no había tenido los suficientes medios para denunciar y tuvo que sufrir la pérdida de su esposo y de su dinero. Afortunadamente su marido aunque tuvo que vender el taller de mecánica, no llegó a vender el pequeño piso donde vivían, por lo que la buena señora no tuvo que pasar además por la pena de tener que dejar su casa de toda la vida. Sobrevivía con la escasa pensión de viudedad que le había quedado.
Por su parte Castle le había contado un poco por encima cómo y por qué murió Johanna y como después murieron Kate y su padre.
-¿Quién será ese testigo esencial que ha anunciado el fiscal? – preguntó Rosemary curiosa.
-No tengo ni idea – dijo Castle – pero deseo de corazón que lo que tenga que decir, sea lo suficientemente importante, para que a Bracken, se le borre esa sonrisa estúpida de la boca.
-Ya verás como así es muchacho – dijo la señora – yo confío en Dios y tengo la seguridad de que ese malnacido no podrá salirse más tiempo con la suya, tiene que pagar por todos sus crímenes, y terminará en el infierno como el demonio que es.
-Espero que así sea.
Terminaron de comer y salieron sin entretenerse para poder volver a ocupar sus asientos. Tuvieron que esperar más de media hora a que empezara la sesión de la tarde.
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Al ver Gates que no podía impedir que Castle fuese ese día al juicio, llamó a Pam para comunicárselo. Esta no sabía qué hacer, si no le decía nada a Kate, a lo mejor ni siquiera notaba la presencia del escritor, aunque estaba claro, que él si iba a notar la de ella. Si entraba sabiendo que él estaría allí, se pondría nerviosa, pero si pensaba que no estaba y luego lo veía, se pondría nerviosa igualmente. Decidió consultarlo con Jim y después de pensarlo mucho, decidieron que lo mejor era, que Kate supiese que Castle estaría allí.
La llamaron para decírselo aludiendo que ambos creían que era mejor para ella ir preparada para el posible encuentro. Como habían previsto, no pudo evitar ponerse nerviosa, pero agradeció saberlo, era mejor ir preparada, así que no tendría más remedio que tomarse lo que fuese, para estar tranquila al día siguiente.
Pam le había traído un par de trajes de chaqueta y unas cuantas blusas de varios colores, para combinar, más acordes con su estilo de siempre. Se lo probó todo para decidir que se pondría. Decidió ponerse el gris, con camisa blanca, no quería ir demasiado llamativa. Después de tanto tiempo usando un vestuario tan colorido, se vio de lo más rara con esos colores tan sobrios.
Le habían comunicado que declararía después del almuerzo. El resto de la tarde intentó estar lo más tranquila posible. Jugó mucho con Ricky y se acostó temprano. A la mañana siguiente se levantó despejada, a pesar de que no había dormido mucho. Desayunó con su padre y Pam, y después de alimentar a su hijo, lo preparó para que saliera al parque con su abuelo y otro agente. Pam ya le había dicho que iría con ella al juzgado. Se despidió de su padre y su niño saludándolos con la mano y estuvo un rato leyendo uno de sus muchos libros de Castle. Ese día no quería ver nada del juicio, había ensayado su declaración muchas veces y ahora prefería estar tranquila.
Jim y Ricky volvieron del parque, el chiquillo la saludó sonriente y ella lo tomó en sus brazos. Estuvo jugando con él un rato, hasta que se quedó dormido. Lo dejó acostado en su cuna y se dispuso a prepararse. A regañadientes comió algo, aunque tenía el estómago cerrado de los nervios. Un poco antes de la una de la tarde, Pam le informó de que el juicio acababa de parar, para el descanso del almuerzo, y que se reanudaría a las tres, así que lo mejor era que saliesen ya para la audiencia. Allí podrían esperar el tiempo necesario hasta que la llamasen a declarar.
Se despidió de su padre con un beso y un abrazo. Jim le deseó suerte. Salía por fin a la calle, un mes después de haber vuelto de California, y lo hacía del mismo modo que había llegado, desde el garaje en una furgoneta oscura de cristales tintados. Pam iba sentada a su lado y le tomó la mano apretándosela, en un vano intento de infundirle ánimos.
-Este es el último paso, ya queda poco para que vuelvas a ser quien eras.
-Espero hacerlo todo bien y no meter la pata – dijo temerosa – solo de pensar que pueda estropearlo todo, después de tanto sacrificio me pone enferma.
-Tranquila, estás preparada y vas a hacerlo muy bien. Tu solo piensa en el daño que Bracken ha hecho y que gracias a ti se va a hacer justicia, no solo para tu madre, sino para otras muchas víctimas.
Llegaron al juzgado y para evitar la aglomeración que había en la entrada principal, aparcaron en una calle lateral, para entrar por la puerta trasera. Además de Kate y Pam, iban otros dos agentes. Todos vestían oscuros y sobrios trajes de chaqueta, así que a la vista de algún curioso, pasaban perfectamente por abogados que se dirigían a la Corte suprema. Además del de Bracken se estaban celebrando más juicios, pero era el del corrupto senador el que despertaba más interés entre el público.
Después de pasar los controles de seguridad, la condujeron a un despacho en la primera planta, a solo dos puertas de donde se estaba celebrando el juicio. Saber que Bracken y Castle, estaban allí al lado y que no tardaría en enfrentarse con ellos, la tenían histérica. Paseaba de arriba abajo del despacho en un estado de total nerviosismo, hasta que Pam la hizo sentarse y tomándole las manos, le pidió que respirara profundamente y tratara de relajarse, incluso le mandó pedir una tila a la cafetería, con la intención de que se tranquilizase de alguna manera antes de que empezara la sesión de la tarde, para lo que quedaba aun media hora. Kate le hizo caso, se sentó, cerró los ojos y respiró con fuerza, pensando en su madre, en su hijo y en Castle, y diciéndose que no podía desperdiciar la oportunidad de poner fin, a todo por lo que había estado luchando tanto tiempo.
Se abrió la puerta dando paso al oficial, que la acompañaría hasta la sala de audiencias, había llegado el momento.
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"Ahora sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar: una resurrección,
ninguna muerte."
Ángel González
Entraron el acusado, los abogados, el fiscal, el jurado y por último el juez, que dio comienzo a la sesión. El fiscal retomó su planteamiento y siguió hablando de los policías para enlazarlo con la investigación que empezó a hacer Johanna Becket. Castle se enderezó en su asiento, estirando el cuello para ver bien y no perderse ninguna palabra. Después de explicarlo todo dijo que tenían un testigo que podría hablar sobre todo ese tema. El fiscal anunció:
-La fiscalía llama a declarar a la inspectora Katherine Becket.
Castle dio un respingo, pensando que no había oído bien, y observó como el abogado defensor se rebullía molesto y se levantaba para emitir su protesta, pero el juez no la admitió, por lo que el fiscal volvió a repetir.
-La fiscalía llama a declarar a la inspectora Katherine Becket.
Castle levantó la mano como si fuese un niño que pidiese permiso en la escuela, y como nadie le hacía caso, se levantó y empezó a hablar en voz alta. Él solo quería explicar que no era posible, que la inspectora Becket fuese a declarar, pues había muerto y con toda seguridad a manos de Bracken.
Un oficial de policía encargado de la seguridad de la sala de audiencias, le pidió que se sentara. Él volvió a hablar, intentando explicar que ese testigo no podría declarar, pero el oficial volvió a mandarlo a callar y a sentarse.
Antes de que pudiese seguir protestando, la puerta lateral por donde habían ido saliendo todos los testigos que habían declarado, se abrió y por ella salió una mujer alta y delgada, de pelo castaño y corto, vestida con un traje de chaqueta gris marengo con blusa blanca. Con solo mirarla, Castle supo con certeza, que aunque era más que imposible porque ella estaba muerta, aquella mujer era Kate, su Kate. Esta pasó muy digna y sin querer mirar a nadie, hasta el estrado. Castle seguía de pie y con la boca abierta, pero en esta ocasión sin emitir ningún sonido.
Volvieron a llamarle la atención, esta vez fue el juez, quien le amenazó no solo con echarlo de la sala si no se sentaba, sino de acusarlo de desacato al tribunal. Kate no pudo evitarlo y se volvió a mirarlo. Castle también la miró a ella, sus miradas se cruzaron, la de él llena de asombro, pidiendo una explicación y la de ella una disculpa.
El oficial se acercó a Castle con clara intención de echarlo de la sala, pero este se sentó de golpe. Casi no podía reaccionar. Aquello no podía ser posible. Por una fracción de segundo quiso pensar que se había equivocado, que aquella no era Kate, solo alguien que se le parecía, porque Kate llevaba muerta casi un año, él la había enterrado, no podía aparecer de la nada, los muertos no resucitan. Pero volvió a mirarla otra vez y supo sin lugar a dudas que aquella mujer era ella.
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"Cada día tiene un instante
en el que puedes cambiar todo"
Paulo Coelho
En la sala de audiencias había dos hombres que no podían salir de su asombro, pues creían haber visto un fantasma, al presenciar como Katherine Becket aparecía de entre los muertos. Tanto al senador Bracken, como a Castle se les había cambiado la cara y estaban literalmente con la boca abierta, pues lo último que esperaban es que la inspectora estuviese viva.
Kate se acercó al estrado y levantando la mano derecha, juró sobre la biblia decir la verdad y nada más que la verdad. Se sentó en el banquillo y fue el fiscal el que se levantó para empezar el interrogatorio.
Kate respiró para tranquilizarse y se dispuso a contestar todas las preguntas que le hiciesen. El fiscal relató que al haber sido considerada un testigo importante de la acusación, sin querer la habían puesto en el punto de mira, pues enseguida llegaron las amenazas de muerte, explicando brevemente como se habían enterado de estas. Se comprobó que realmente corría serio peligro de perder la vida y fue por eso que entró a formar parte del programa oficial de protección de testigos, teniendo que simular su propia muerte y desaparecer, abandonando su vida, su trabajo y su lugar de residencia habitual.
Entre el público, Castle escuchaba con atención como había transcurrido todo, mientras Bracken retorcía el gesto, pues ni él, ni su equipo de abogados contaba con la aparición sorpresa de la detective.
Una vez se explicaron los hechos principales, le fue preguntando sobre otros más puntuales, del trabajo de su madre, de como murió para pasar luego a preguntarle por la investigación que ella misma había llevado a cabo. Kate nunca supo como fue capaz de mantener la calma de esa manera, pero respondió con total lucidez y sin nerviosismo a todas las preguntas que le hicieron, demostrando que las acusaciones sobre Bracken eran más que ciertas.
Una vez terminada la intervención del fiscal, que se había hecho bastante larga, con todo lo que tuvo que contar y preguntar, el abogado defensor pidió un receso antes de intervenir. El juez aceptó y diciendo que la sesión se reanudaría en media hora, la finalizó de momento con un golpe del mazo.
Se levantaron todos, y salió el juez, tras el cual salió el acusado, la testigo, que no pudo evitar mirarlo de nuevo y los letrados. También abandonaron la sala, los miembros del jurado. Castle se levantó enseguida y dirigiéndose a uno de los oficiales de policía, que allí había, le preguntó si sería posible hablar con la testigo. Este lógicamente le contestó que no, alegando que nadie podía hablar con un testigo en mitad de una declaración, ya que solo podían hacerlo sus abogados. Volvió a su asiento contrariado y totalmente frustrado. Se sentía engañado, aun le costaba creer que ella estaba viva, que todo su sufrimiento había sido en vano, Kate le debía una explicación, esperaba poder hablar con ella al final de la sesión.
Rosemary le tomó la mano.
-Es ella, ¿verdad? – le preguntó con cariño – es tu novia, no la han matado como creías.
-Me ha engañado – dijo dolido – se ha estado escondiendo todo este tiempo y no ha sido capaz de avisarme para decirme que estaba viva, ¿Tu sabes lo que yo la he llorado? – dijo con amargura.
-Lo supongo – dijo Rosemary con cierto pesar – yo también le he llorado a mi Freddy hasta quedarme sin lágrimas. Entiendo que estés dolido con ella, muchacho, pero ya han dicho porque tuvieron que hacerlo, seguro que hay una explicación.
-Para este daño no hay explicación posible – dijo con resentimiento.
-Ya lo creo que si – dijo categórica – pídele que te cuente como fue todo y perdónala.
-Me va a costar mucho hacerlo – dijo con rencor.
-Eres afortunado hijo – dijo la mujer suspirando – no todo el mundo tiene una segunda oportunidad en la vida, ojalá mi Freddy apareciese por esa puerta, te aseguro que no le echaría nada en cara, solo le daría gracias a Dios, por darme la oportunidad de estar de nuevo con él. Piénsalo muchacho, no desperdicies el tiempo en resentimientos, simplemente alégrate de saber que ella sigue con vida y dedícate a vivir la vida que creías que habías perdido.
-Bueno, ya veré que hago – dijo Castle a quien las sabias palabras de la señora le habían hecho recapacitar.
Mientras hablaban se había pasado la media hora de descanso y empezó de nuevo la sesión. Kate volvió a salir de nuevo y lo miró suplicante. Se sentó otra vez en el banquillo y se dispuso a contestar las preguntas de los abogados de la defensa, que se habían quedado tan sorprendidos como su cliente con la aparición de este testigo.
Le hicieron muchas preguntas, más de una con trampa, pero Kate había sido aleccionada y preparada concienzudamente por los abogados de la fiscalía, y fue capaz de contestar a todas y cada una de ellas, con serenidad y entereza, poniendo cada vez más nerviosos al acusado y a sus abogados.
Terminó la sesión ya bien entrada la tarde, saliendo como era habitual el juez, el acusado y la testigo, seguida por todos los abogados y el jurado. Los periodistas que estaban en la sala, se apresuraron en la salida. Todos querían llegar los primeros a las unidades móviles de sus respectivas cadenas de televisión, para ser los primeros en dar la primicia sobre el inesperado testigo que había declarado esa tarde.
Castle se despidió de Rosemary que se había levantado para marcharse y se acercó a otro oficial, al que se presentó primero y le preguntó después otra vez, si sería posible hablar con la testigo, ahora que había finalizado la sesión. El oficial no supo responderle y le pidió que esperase mientras se informaba. Esperó un buen rato, hasta que salió y le dijo que la testigo ya se había ido, y que como era testigo protegida, no se podría hablar con ella hasta que finalizase el juicio.
-Pero para eso quedan varios días – protestó Castle – no puedo esperar tanto.
-Lo sé – dijo escuetamente el oficial – yo lo único que hago es informarle y ahora si no le importa tiene que desalojar la sala.
Castle iba a protestar, pero sabía que sería en vano, así que se dispuso a salir. Dio un par de vueltas por los alrededores de la audiencia, por si por casualidad lograba verla, pero fue inútil. Estaba aturdido, no sabía que hacer, de lo último que tenía ganas era de hablar con nadie, así que en cuanto vio un taxi libre, se metió dentro y le pidió que lo llevara a "La Guarida".
Al entrar en su local, Brian se sorprendió bastante al verlo, pues Castle no había vuelto a pisar la taberna desde antes de que ocurriese lo de Kate.
-¡Señor Castle, que sorpresa! – exclamó – ¡hacía mucho tiempo que no le veía por aquí!
Castle se acercó a la barra y entrando por detrás cogió una botella de whisky y un vaso, diciendo:
-Estoy abajo, pero no quiero que nadie me moleste. Si alguien viene o llama preguntando por mí, le dices que hace meses que no vengo por aquí, ¿entendido?
-Alto y claro, señor – dijo el camarero, pensando que a los ricos no había quien los entendiese.
Castle bajó las escaleras y se sentó tras la mesa. Abrió la botella y se sirvió un vaso. No se le quitaba de la cabeza la imagen de Becket en el juzgado, volvió a pensar que su imaginación le había jugado una mala pasada, y tal como lo pensó, lo descartó. El abogado había explicado bien claro como había ocurrido todo, y como habían tenido que esconderla. Se sintió engañado y traicionado, pensando con dolor en por que nadie le había avisado, sintió como las lágrimas le escocían en los ojos, por una parte estaba furioso, por el engaño, así que tomó el vaso, pero no fue capaz de beber y antes de llevárselo a los labios, lo lanzo estrellándolo contra la pared.
Luego se paró a pensar, es cierto que se sentía humillado y traicionado pero a pesar de toda la impotencia y rabia que le embargaba, una pequeña llama de esperanza empezaba a anidar en su corazón, ¡Kate estaba viva!, las lágrimas empezaron a caer libremente por sus mejillas, pero ahora eran de felicidad, su Kate no había muerto como él creía, estaba viva, había soñado innumerables veces con poder volver a tenerla con él y ahora su sueño se hacía realidad y como sabiamente le había dicho Rosemary, la vida le daba una segunda oportunidad y él iba a aprovecharla.
La cabeza no dejaba de darle vueltas. Seguía sin estar seguro de si Kate había salido ilesa del accidente y a raíz de eso la escondieron, o si todo fue simulado. Había oído las explicaciones del fiscal pero estaba tan aturdido, que no era capaz de recordar los detalles. Si Kate estaba viva, Jim también debería estarlo, y entonces, ¿Qué habría pasado con su hijo?, ¿Lo habría perdido Kate o por el contrario había nacido?... y lo que era más importante de todo, volvía a repetirse una y otra vez, es que estaba viva, fuese como fuese, esa era la mejor noticia de todas, eran tantas las dudas y preguntas que creía que la cabeza le iba a estallar. No podía quedarse allí lamentándose, tenía que intentar averiguar algo, alguien podría darle explicaciones de todo lo que había ocurrido.
CONTINUARÁ…
