Capítulo 11

- I -

¿Estaría pagando el precio por su deseo?

Las dudas le asaltaban mientras se dejaba caer en aquel pasillo. De nuevo, las fuerzas le abandonaban mientras sentía una punzada en su pecho. Pocas veces en Cefiro había sufrido de alguna enfermedad. Por lo general, los habitantes de Cefiro, enfermaban a raíz de un pensamiento o deseo negativo que no podían controlar. Envejecían producto de sus experiencias y de sus pensamientos sobre el pasado y el futuro, siendo aproximadamente unos doscientos años la edad de vida promedio de un Cefiriano. Pero Clef había vivido mucho, incluso para los estándares de Cefiro.

Quizás la magia que lo había sustentado durante largo tiempo le abandonaba por completo y le hacía vulnerable. Su manos temblaban y su mayor temor no era para sí, sino traer tristeza a los que le rodeaban. Guru Clef intentó levantarse nuevamente, solo para fallar mientras en su móvil sonaba una lenta canción de piano.

- II -

Satoru no pronunció palabra luego de regresar de la mansión de Miyazaki. Lantis les había acompañado en silencio. Poco era lo que podían decir luego de aquella reunión. Hikaru se había despedido de Lantis y se encerró en su habitación. Quizás Satoru estaba decepcionado con su decisión, todo lo contrario a lo que esperaba de ella, luego de años de entrenar juntos y de compartir la misma voluntad de vivir honradamente, a pesar de las dificultades. También era cierto que Satoru no estaba en el derecho de reprocharle, sobre todo después de que él mismo había aceptado participar por dinero. Pero Hikaru había tomado la espada de su padre y la había blandido en un acto imprudente y merecía que su hermano le regañara.

Aquella noche durmió poco y temprano en la mañana inició la rutina de ejercicios que había dejado a un lado desde hace meses, con la finalización de las clases y la preparación para los exámenes de ingreso. Tenía que ponerse en forma de nuevo si quería estar lista para esos combates. Había dejado la espada de su padre en el altar, haciendo una reverencia con profunda culpa. Su padre se veía sonriente en la foto conmemorativa del dojo, junto a sus alumnos.

Quizás su padre buscaba proteger a su familia, quizás debía dinero, quizás buscaba ayudar a alguien, su padre era de ese tipo de personas. Muchos relataban de lo amable y valiente que era, un héroe. Pero los héroes a veces hacen cosas terribles por un bien mayor. Hikaru intentó alejarse del recuerdo fatídico de Esmeralda y Zagato y tomó su shinai para practicar sablazos en el aire.

En eso, la puerta del dojo se abre. Hikaru ve a su hermano y se detiene. Satoru se dirigió al altar, realizando una reverencia. Hikaru se preparó para lo peor.

-Recuerdo que mamá siempre se quejaba de lo imprudente que era papá. -dice Satoru, todavía de espaldas a ella. -Pero al final admiraba lo idealista que era. A papá le habría encantado tu pequeño acto de nobleza.

Satoru se volteó a verle y su sonrisa se disipó lentamente. -Pero eso no significa que me parezca correcto lo que acabas de decidir. Sin embargo, sé que no podré detenerte, ya eres una mujer y...

-hermano... -le interrumpe Hikaru- Si queremos proteger a Masaru y Kakeru, hay que enfrentar esto.

-Hikaru, tu no... -Satoru se detuvo y Hikaru notó su vacilación.

-¿Que sucede? -inquirió Hikaru. Definitivamente Satoru estaba escondiéndole algo.

-No sabes lo que pueda pasar en ese lugar, lo peligroso...

Satoru divagaba. Hikaru le dio la espalda.

-¿Crees que aceptaría un no?

Satoru guardó silencio mientras Hikaru blandía la espada con firmeza en pose de guardia. En ese momento Satoru caminó hacia la puerta y la cerró lentamente. Sabía que no podría protegerla toda la vida, pero al menos no estaban solos.

-Solo te pido que no la dejes sola en esto. -dice Satoru dejando atrás a Lantis, quien estaba a punto de entrar en aquel lugar.

- III -

-¿Podrías decirme lo que estamos tratando de hacer? -dice Ferio mientras Fuu teclea con premura en su laptop. Ambos se habían encontrado en un sitio de comida rápida, no muy lejos de la misma Torre de Tokio, cerca del lugar en el que presuntamente, trabajaba su padre.

-Estoy tratando de entender. -dice Fuu. Ferio estaba visiblemente intrigado con lo que Fuu hacía y cuando le mencionó sobre su futura carrera, Ferio apenas logró entender algo.

-Solo ayúdame a aparentar que estamos teniendo una cita. -murmuró Fuu. Ferio alzó una ceja mientras se terminaba su gaseosa.

-Estás mirando la pantalla... -murmura Ferio.

-Espera...

-¿Qué?

-Se cortó la conexión.

Fuu cerró la laptop y se reclinó en el asiento. Mientras Ferio intentaba discernir el rostro concentrado de Fuu,la joven deliberaba si debía decirle lo que pensaba.

-Me siento mal por desconfiar... -Fuu hizo una pausa. -...pero creo que mi padre está involucrado en algo que me preocupa.

-¿Tu padre? -Ferio no lograba imaginar qué podría ser. Le daba la impresión de que el padre de Fuu era un señor de conducta intachable. Aunque su propia hermana también lo fué, hasta que todo se complicó. Ferio notó que alguien los miraba desde una de las mesas.

-Creo que está trabajando en algo que lo está afectando. -murmura Fuu

-¿Lo saben tu madre y tu hermana?

-Lo dudo. Pero esta mañana solo alcancé a verlo despedirse de mi madre. Mamá dice que está muy estresado.

-Pero tú no estás convencida.

Fuu no tenía muchas pruebas aparte de aquella conversación y las palabras de su padre sobre la máquina. Ferio todavía tenía esa incómoda sensación de que estaba siendo vigilado y tomó la mano de Fuu. La joven se detuvo en sus cavilaciones mientras Ferio le miraba fijamente a los ojos y Fuu le siguió la corriente. Sus dedos se entrelazaron en lo que parecía ser una típica escena de dos jóvenes enamorados. Charlaron un rato más, incluso intercambiando sonrisas y se levantaron de aquella mesa, tomados de la mano, mientras pretendían que nada ocurría ni que estaban siendo vigilados.

-Fuu...

-Lo sé.

Inesperadamente, sienten como todo se agita a su alrededor. Ferio y Fuu intentan mantener la calma y refugiarse en un sitio seguro mientras un estruendo se escucha y tan pronto como sucede, el mismo desaparece. Fuu se percata que de nuevo, el resplandor aparece, deslumbrante pero fugaz.

-¡De nuevo! ¡De nuevo esta pasando! -dice Fuu alterada. -¡Justo como aquel día!

-¿De que hablas?

-Ese brillo... ¿lo viste?

-Apenas me percaté. -responde Ferio mirando a su alrededor. La gente corría y llamaba apresuradamente por sus móviles. Este había sido uno bastante fuerte. Pero Fuu apenas podía pensar en otra cosa que no fuese en lo que pasó. Tenía aquel presentimiento en su estómago, nervios a flor de piel, acrecentada por lo ocurrido hace unos instantes. Tomo su móvil y procedió a comunicarse con su familia, todos respondieron, con excepción de su padre, quien simplemente le envió un mensaje.

- IV -

Lantis retrocedió luego de un golpe directo al hombro, por suerte protegido por la armadura reglamentaria para competiciones de kendo. Hikaru respiraba agitada en guardia, mientras Lantis volvía a prepararse para atacar, sorprendiéndola con una rápida embestida que Hikaru supo desviar. Ambos continuaron intercambiando sablazos, Lantis acertando mas veces de lo que Hikaru esperaba. El resultado de no participar en competiciones por largo tiempo se notaba.

-Hay algo que te inquieta. -dice Lantis mientras Hikaru se quita el casco.

-En Cefiro era mas sencillo. Tienes un mashin a tu lado, magia. A tu compañeras...

-Eso no te está dejando concentrarte.

-¿Qué?

-Estás pensando demasiado.

Hikaru miró su casco, deliberando consigo misma.

-Entiendo por qué lo haces. -dice Lantis. -Aunque ese pasado no te pertenece.

-Es mi responsabilidad.

-Es cierto. Pero dejas que el miedo te haga dudar.

Hikaru esquivó su mirada.

-Tienes que prepararte para esa posibilidad, Hikaru.

Hikaru se volvió a colocar el casco. -De nuevo.

Lantis hizo lo mismo que ella, y ambos se prepararon para intercambiar ataques que ambos parecían adivinar. Por un rato se mantuvo de aquel modo, hasta que en una rápida estocada Hikaru conecta un golpe en la cabeza de Lantis. La joven retrocedió mientras Lantis sonreía para sí mismo. De forma progresiva, Hikaru volvía a adquirir su concentración y a vaciar su mente. Ambos estaban a punto de retomar un nuevo round cuando el lugar empezó a sacudirse, un ruido ensordecedor envolviendo el lugar, disipándose en cuestiones de segundos que les pareció una eternidad.

- V -

Mantener la calma era lo que Umi recordaba siempre en medio de un sismo o de las habituales tormentas que ocurrían en Tokio. Sin embargo, estaban ocurriendo muy seguido. Umi desechó aquella inquietud, fijándose en su reloj de pulsera. Justo antes pensaba en la sesión de reproches que tuvo con su padre en el desayuno. Umi volvió a escribirle a sus padres diciéndoles que estaba bien. Le escribió sus amigas y Clef.

No hubo respuesta. Quizás estaba ocupado, quizás Miyazaki le había pedido hacer algo, pero una vocecita en su cabeza insistía en contra de sus propios reproches. Solo llamadas perdidas y directo a la contestadora.

"Vamos, Umi...no te comportes como esas chicas fastidiosas..."

Pero aquella sensación era apremiante y no se alejaba. Hasta que una llamada entró a su móvil. Era Clef.

-¡¿Clef?! -pregunta Umi con ansiedad pero el silencio detrás de aquella llamada era inquietante. Volvió a repetir su nombre un par de veces hasta que una débil voz sonó.

-Umi...

-¡¿Clef?! ¿Que sucede?

-Umi...yo... -La voz de Clef era entrecortada.

-¡¿Donde estás?!

-Casa...yo...

De inmediato, Umi le rogó que no cortara y se dispuso a llamar a emergencias. Sea lo que fuera, Clef estaba a punto de desmayarse o quizás algo peor. Con el pánico aprisionándole el pecho, llamó mientras corría desesperada por la calle, sin recibir respuesta.

-VI-

...Juro utilizar mi magia para el bienestar de este mundo, para proteger a sus habitantes, guiar a los aprendices en su camino.

...Renuncio a la búsqueda de alguna meta personal o satisfacer mis propios deseos.

Ruego al Creador para que fortalezca la fuerza de mi corazón hasta que la llama de mi vida se extinga...

Se vio a si mismo el día en que pronunció el juramento que cada Maestro Mago recitaba, de generación en generación, desde hace milenios. La imagen se distorsionó y se vió a sí mismo con el traje ceremonial de Maestro Mago mucho más joven, como aquel chiquillo que había sido por largo tiempo.

-Estás haciendo lo mismo que Esmeralda. Arriesgando mucho más que tu propia vida.

El otro Clef le acusaba y le señalaba con el báculo. -Hiciste un juramento.

-Ya no soy el Maestro Mago. -replicó Clef.

-Por supuesto. Ahora eres simplemente un humano, incapaz de defenderte apropiadamente. - comenzó a caminar hacia él, con paso lento.

-Te has puesto en peligro, incluso a otros. Incluso a Umi.

Clef apretó sus manos.

-¿Lo has olvidado? Cada acción posee una consecuencia. -le señala y de inmediato todo se torna oscuro.

Un resplandor ahora le ciega y se ve de pie, flotando sobre un lugar que no tarda en reconocer. El sitio en donde habían aparecido en Tokio cuando cruzaron el portal. Sin embargo, ahora no se trataba de un lugar baldío, sino que ahora esta rodeado de cables, tubos y maquinas con luces parpadeantes.

De imprevisto es arrastrado hacia el suelo hasta que todo termina tan pronto como inició. Clef abre los ojos, lentamente tomando consciencia de sí mismo y del lugar en donde ahora se encuentra. El sitio esta apenas iluminado por una débil luz que proviene de las persianas y consigue escuchar los extraños pitidos de las máquinas a su lado. Esta acostado en una cama, percatándose de que tenía un pequeño tubo conectado a su brazo izquierdo. Se siente debilitado y algo adormecido, por los medicamentos e intenta ponerse en pie, pero enseguida una mano se lo impide gentilmente. Clef no había notado que no estaba solo. Umi estaba a su lado, su rostro tenuemente iluminado. Su mirada aliviada pero aún con miedo.

-Umi... murmura y la joven finalmente sonríe.

-¿Como te sientes? -pregunta ella casi en un susurro.

-Bien. - Se limita a responder. -¿Dónde...?

-Colapsaste al salir de tu departamento. Por suerte pude llamar a Emergencias. - le dice Umi con una sonrisa triste mientras sujeta su mano. -Procura no hacer mucho esfuerzo al menos mientras terminas de reponerte.

-Perdóname...

Umi lo mira desconcertado. -¿De que tengo que perdonarte?

De inmediato ella lo entendió. -Clef... no es tu...

-Cada acción trae su consecuencia. -se limita a murmurar y ambos son interrumpidos al momento en que la enfermera y el médico de guardia entran para atender a Clef.

-VII-

Ya había pasado la medianoche y Hikaru, Fuu, Lantis y Ferio estaban en la sala de espera esperando a que Umi regresara. Mucha gente entraba y salía del lugar, entre el personal del hospital y los pacientes.

-El médico comentó que no veía nada fuera de lo normal en las pruebas que le hicieron. ¿Es posible que sea una consecuencia de estar aquí? -murmura Fuu pensativa.

-¿Pero por que a Clef únicamente? -murmura Hikaru.

Clef nos dijo que nadie de Cefiro había intentado antes ir al mundo místico. -dice Ferio. - A decir verdad los habitantes de Cefiro siempre pensábamos en el mundo místico como un lugar imposible de siquiera comprender. Pero entonces resulta que antiguamente había una supuesta conexión entre ambos mundos.

-Aun así... -Fuu luce pensativa. - Clef halló el portal, supo como abrirlo y cruzarlo. Aunque puedo suponer que su fuerza del corazón influyó significativamente.

-No creo que sea así de sencillo. -Lantis finalmente habla.

Todos le observan atentamente.

-Cefiro estaba regido por un pilar y por leyes fundamentales. El pilar al encargarse de su pueblo garantizaba su perpetua estabilidad por lo que no había necesidad de siquiera plantearse el ir al Mundo Místico. Sin embargo, al cambiar el sistema del pilar las leyes cambiaron, todos nosotros incluidos. Y entonces empezaron a ocurrir cosas que antes era imposible de imaginar. Podría mencionar muchas cosas buenas, como malas. Pero para ser concretos, mucho del conocimiento que solo residía en el pilar empezó a aparecer. Tales cosas solo podían ser notadas por ciertas personas, gente con poderes mágicos como Clef.

-Clef dijo que le había costado mucho encontrar el portal... -dijo Ferio.

-Tuve que ayudarlo en su momento, pero podría decir que el único que sabía interpretar el portal era él. -dice Lantis. -Nosotros simplemente estábamos allí, compartiendo su deseo.

Hikaru piensa en Umi, quien intentaba lucir fuerte y calmada ante la situación y en Clef, quien no había desistido en todo este tiempo. A diferencia de ella quien se había rendido en algún punto, Clef había sido tenaz en su empeño. Incluso si le costaba la vida. ¿Pero no era eso algo que Esmeralda había hecho? ¿Arriesgando su vida y la de otros en el proceso? Le sorprendía que Clef albergara tales sentimientos, pero al final era tan humano como cualquiera. Pensó en las palabras de Lantis, en los cambios y se imaginó si el pasar del tiempo había hecho que Clef tomara decisiones de ese tipo ante la desesperanza que sentía. No era como si ella no hubiese pensado algo así antes. Incluso sus amigas, luego de varios cócteles se atrevían a confesar sus más profundos pensamientos. Umi, le dijo que deseaba volver a Cefiro, incluso si ello representaba el pelear contra Debonair nuevamente. Luego de aquellas palabras Fuu expresó su arrepentimiento por no haber hecho nada más que darle un beso a Ferio.

-¿Que hace Miyazaki aquí? -le escuchó decir a Ferio.

Los pensamientos de Hikaru se interrumpieron, dirigiendo su atención hacia la entrada. Un hombre de avanzada edad entraba al recinto, acompañado de alguien a quien reconoció al instante. El hijo de Seiji Miyazaki, Shiro.

Lantis fue el primero en ponerse de pie a recibirles mientras ellos se aproximaban. Ferio le siguió un tanto renuente.

-Señor Miyazaki...-dice Lantis haciendo una reverencia.

-Buenas Noches, Lantis. -dice Kenji Miyazaki. -Me he enterado de lo sucedido y vengo a ofrecerles toda la ayuda que necesiten. ¿Cómo está Clef?

-Clef se recupera aunque los exámenes no arrojan ningún diagnóstico. -dice Lantis.

Hikaru y Fuu se quedaron atrás mientras Lantis y Ferio hablaban con los Miyazaki. Shiro le miró a ella brevemente y Hikaru se sintió un tanto incómoda.

-¿Quien es él? -pregunta Fuu discretamente.

-Debe ser Kenji Miyazaki. -susurra Hikaru. -Y el otro es su sobrino.

-Cuánta amabilidad, el venir hasta aquí. -dice Fuu con un dejo de sospecha que Hikaru capta y nota que Shiro le mira nuevamente, esta vez con una sonrisa retadora.

Su presencia solo le sirve para recordar que dentro de unos pocos días tendría que participar en los combates.

Continuara...


Ofrezco mil disculpas a los que esperaban una pronta actualización del fic.

La verdad me estaba planteando el ponerle la etiqueta de hiatus a todo al sentarme a escribir y solo hacer como dos líneas cuando vi unas reviews que me subieron el ánimo.

Espero poder seguir escribiendo.

Gracias por leer!