-pues deberás empezar a confiar en mí, si es que quieres que te ayude- le dije, bajando su mano de mi brazo. El me lanzo una mirada retadora, seguido me dio la espalda y se sentó en una de las sillas del comedor.

-confiare en ti, hasta que te ganes mi confianza- dijo cruzándose de brazos, y cruzando una pierna sobre la otra. Su manera de mirarme era seductora, ¿no sé porque pensaba eso? pero al menos estaba segura en mis pensamientos, costaba admitirlo pero él tenía algo que te invitaba a seguir mirándole, me perdí en sus ojos azules y justo cuando aquel momento era perfecto, había captado su atención, lo más vergonzoso paso. Mi estomago rugió interrumpiendo aquel inesperado momento, estaba hambrienta, pero ¿Cómo estropear ese perfecto momento?

-yo…que pena- voltee mi mirada, y me lleve las manos al estomago. Pero sin esperarlo él comenzó a reírse sin parar.

-basta, deja de reírte- le pedí avergonzada. El no se podía contener y seguía riéndose.

-lo siento, es que…-antes de que pudiera darme una disculpa completa comenzó a reírse de nuevo.

Le di la espalda y decidida de irme a mí a cuarto y salir de su insoportable presencia, se reí, ¿qué quería? yo era una humana y cometía errores y aparte sentía hambre.

-espera, espera. Que mal de mi parte, te parece si desayunamos y después continuamos con el trabajo-dijo él, tratando de detenerme.

-primero te burlas y ahora me invitas a comer ¿eres bipolar o qué?-

-no, pero si no desayunas seguro tu estomago me comerá- comenzó a reírse nuevamente.

Esta vez no pude contenerme y comencé a reír con él, no me importo qué pensarían, quise tapar mi sonrisa con la mano, pero él seguía riendo, su sonrisa era hermosa me hacía sentir tranquila y cómoda, era extraño verlo de buen humor pero me agradaba mas si estaba de esa manera. Por un momento nos miramos y el paro de reír pero seguía sonriéndome yo le correspondí, puse mis manos en mi cintura y le lance una mirada amable, una sonrisa seguía en mi rostro, el tiempo pareció eterno, solo quería estar así todo el día.

-y bueno, ¿seguirás burlándote de mí o nos apresuraremos para continuar con la investigación?-le dije presionándolo un poco más, tal vez si desayunábamos juntos sería algo genial, no quería arruinar su inesperado cambio de actitud hacia mí, debía admitirlo solo quería conocerlo un poco más.

-seguro-me dijo aun sonriente.

-preparen el desayuno-le ordeno a unos Goblins.-en cuanto termines quiero que sigas investigando, debo salir, provecho- así sin decir más se fue. Pensé que desayunaríamos juntos, yo quería preguntarle ¿por qué no desayunaba conmigo?, pero la respuesta era obvia, no quería estar cerca de mi o simplemente quería evadir conversaciones que no eran de su agrado.

Jareth había salido durante todo el día, y yo pensé que trabajaríamos juntos, este tipo trabajaba solo, incluso se parecía a mí, la soledad nos iba mejor. Tuve que suplicarles a los guardias Goblins que me dieran la oportunidad de seguir estudiando los libros en algún jardín bajo el aire libre, si seguía encerrada otro día más me volvería claustrofóbica, el clima no era el deseado, todo bajo un cielo nublado, al menos daba un poco de luz que me permitía seguir leyendo.

Después de llevar un rato afuera, sentí como un viento helado soplaba, me hacía sentir escalofríos, después es fuerte viento paro, ambrosius ladraba como un loco.

-¿Qué sucede ambrosius?-quería saber porque ladraba, todo esto me daba mala espina.

-¿señorita?, será mejor que entremos-dijo temerosa Raven mirando hacia el cielo. Algo estaba aterrando a todos, incluso los guardias parecían estar temblando, todos miraban hacia el cielo.

Mientras los demás se encontraban distraídos buscando algo en las alturas, en una silla que estaba frente a mí, se paró un cuervo negro, parecía estar viéndome fijamente, me extrañe tanto pero me lleve la enorme sorpresa cuando este se transformo frente a mis narices.

En aquella silla estaba sentada una bellísima mujer joven de pelo rojizo largo hasta la cintura, su piel era blanca como la nieve, es como si nunca le hubiera dado la luz del sol, sus ojos eran de un negro tan profundo y traía puesto un vestido hermoso vestido negro, con un maquillaje algo gótico. Ella me dedico una sonrisa aterradora.

-la bruja-gritaron los Goblins aterrados, ella debía ser la famosa Narsha. Ahora entienda que si Jareth me comparaba con ella, no era un insulto más bien un alago ella en verdad era hermosa. Narsha volteo a verlos a todos con esa misma sonrisa aterradora, ellos le tenían tanto miedo que retrocedieron, su cara parecía ser la de un ángel transformado en demonio. Ella subió a la mesa y se inclino para verme más de cerca.

-¡tú!-dijo señalándome, escondí el libro que leía bajo la mesa lo más rápido que pude.

-¿Por qué tienes un aroma delicioso?, hueles a…un niño, un alma pura-dijo lamiéndose los labios, por un momento creí que era una depravada, pero recordé que las brujas en los cuentos de terror comían el alma de los niños, pero ¿porque decía que yo tenía ese mismo aroma que el de un niño,?, empecé a relacionarlo con lo que había dicho Jareth, que yo era la única que un creía en hadas, y ahora en brujas, y si sobrevivía para contarlo, corregiría ,las brujas no son mujeres feas llenas de verrugas que vuelan en escobas, al menos esta no lucia así.

-lastima aun no es hora de la cena. ¿Dime que hace una pequeña mortal aquí en mi mundo?- dijo bajándose de la mesa ,me puse de pie inmediatamente y retrocedí unos pasos, ella se seguía cercándose a mi lentamente, hasta dejarme acorralada entre la pared.

-no tengas miedo, acércate a mi querida, seremos buenas amigas, lo prometo-ella se hizo el largo cabello rojo para atrás, después alzo su mano hacia mí, invitándome. Parecía algo tonto, intente moverme pero no podía, ni siquiera podía articular una sola palabra. No es que estuviera paralizada del miedo es solo que ella había lanzado un hechizo sobre mí, ella seguía teniendo esa malvada sonrisa dibujada en su rostro. Nadie se atrevía a hacer nada, todos le tenían miedo.