Disclaimer |Ni Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Hajime "La llama en llamas que nos seduce" Isayama. Titanic es de Century Fox y Paramount Pictures [Guionizada por James Cameron]. La trama es mía. Derechos reservados a ©Coorp. Charly.
Advertencia | BL. Ereri. AU. Remake Titanic. Drama. Romance.
A | Todas las preciosidades que se han leído este Fic. Las amo muchísimo.
Al Fic.
TITANIC
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Capitulo
10
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"A través de mi ruina pasad sin remordimientos,
A decidme si hay aún alguna tortura
Para este cuerpo sin alma ¡y muerto entre los muertos!"
—Charles Baudelaire. Las Flores del Mal
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Farlan Churchs era un hombre que creía fervientemente en que las personas labran sus destinos por sí mismos y no que están escritos de antemano. Lo creía porque él había forjado el suyo.
Había construido su vida, tal como la deseaba sin importarle a quien se llevara por delante y siempre habría de ser así. Ese era su pensamiento. Hasta que su padre le dijo que si no se casaba no le heredaría un céntimo ni aunque él también hubiera participado en el desarrollo de ese capital. Mucho más que su padre.
Así que buscó entre muchas candidatas.
Mujeres bonitas, finas, educadas y de buena posición.
Ninguna le gustó.
Y por un simple hecho.
A él no le gustaban las mujeres.
Se sentía atrapado entre todo.
Tenía que casarse con una y hacer una vida con ella. Fingiendo, fingiendo. Como siempre lo había hecho. Estaba asqueado de ese camino. Uno que no había cultivado.
Pero antes de que se diera por vencido llegó ella.
Elegante y hermosa en su madurez como una reina.
Esa reina con un príncipe más bello que la misma luna. Pero igual de frio e indiferente que el lejano astro.
En conversaciones murmuradas y a espaldas de todos se lo ofreció como amante a cambio de ayudarlos en su situación económica.
Amante.
Un amante casual.
Pero Farlan había quedado flechado desde el primer instante.
Él no lo quería de amante. Porque eso significaba que posiblemente también otros podrían tenerlo.
¡Jamás!
Sería solo para él.
Le propuso un mejor trato y la mujer aceptó sin rechistar, entregándole a su hijo en bandeja de plata.
Y Farlan fue feliz durante el tiempo que el engaño se desenvolvió y se mantuvo. Convirtió a Levi en todo lo que deseaba para él. Alguien que pudiese ser aceptado como su 'esposa' pero que también cumpliera con sus gustos.
Lo transformó en una dama que ocultaba un hombre.
Todo el mundo se tragó el engaño.
Porque Levi era inmensamente hermoso y capaz de cegar a cualquiera con su beldad. Era la perfección andante, pero una perfección que no le pertenecía.
Farlan debió dejarlo ahí, separarse de él. Porque lo estaba matando y tenía plena certeza de eso. Lo veía cada día en esos ojos gris azulados. No lo soltó. Sumergido en el amor podrido que le tenía se aferró a él sin misericordia, en un vago pensamiento que de todos modos Levi no podría abandonarlo porque estaban unidos con las cadenas de la dependencia.
Se equivocó.
Ese llegó.
Con nada se lo quitó.
Sí, se había olvidado que Levi era un hombre, no una señorita a la que si se le llena de joyas, buena ropa y caprichos se le mantendría contenta. Entre su búsqueda de que Levi también le amará se olvidó que lo estaba seduciendo de la manera equivocada.
Ese fue su error y para cuando se dio cuenta, ese desgraciado, bruto y miserable ya se había llevado a lo que él verdaderamente le importaba. Su mayor tesoro. El amor que lo tenía lo convertía en eso. Su más preciado bien.
Contemplando el dibujo que las manos de ese desgraciado habían trazado se sintió romper. Apretó los dientes con los inmensos deseos de destruir aquella imagen que le restregaba en la cara su derrota. Se detuvo y sus ojos se quedaron fijos en el papel.
Lo había plasmado como un ángel.
Farlan sonrió.
Solo en eso estaba de acuerdo con aquel bastardo.
Pero ese ángel no era para mortales.
O del cielo o del infierno.
—No se preocupe señor, mis hombres la encontraran.
—Aurou, ven aquí.
Sí, antes muerto.
Aunque no fuera suyo no lo dejaría ser de nadie más.
Dobló el papel con cuidado y lo metió dentro de la caja fuerte, luego sacó el estuche de color borgoña profundo y en cuanto lo abrió, el fulgor de la preciosa joya lo recibió. Como un ojo coqueto pero con forma de un corazón malicioso. Lo suspendió un poco. Sonrió.
Levi era su ángel, suyo y de nadie más. Le arrancaría las alas para que se quedará a su lado. Esta vez no dejaría ni un hueco para permitirle escapatoria.
Se giró a Aurou y la sonrisa se volvió perversa.
Aurou también sonrió en cuanto vio como la joya era extendida hacia él.
Farlan salió un segundo después.
El movimiento en el pasillo era extraño. Estaba tenso pero él no lo percibió porque todo su ser estaba en otro. Odio.
Las personas iban y venían. En sus rostros la confusión.
Farlan volteó hacia varios lados, y con rabia llamó a uno de los empleados que iba pasando.
—Oye tú…
El muchacho parpadeó ante el tono.
—No es una emergencia señor.
—Sí lo es. Me han robado—escupió letal.
Y era una verdad para él. Le habían robado.
—Trae al sargento de marina—secundó Aurou.
El joven los vio una y otra vez a los dos.
Farlan sintió más rabia.
—¡Ahora imbécil!
El muchacho salió huyendo.
Él se apoyó en la pared.
Levi sería suyo.
Era un juramento.
.
Los ruidos de pasos y cachivaches revolviéndose encontraron a Levi acurrucado entre los brazos de Eren. No había dormido ni un minuto, había estado demasiado ocupado admirándolo y disfrutando del momento. De él, el hombre que lo había salvado y lo amaba tanto como él lo hacía.
De pronto le pareció que la vida era maravillosa.
Los ruidos se volvieron más y más audibles, reconocibles. Personas. Personas que los estarían buscando. Buscando por orden de…Farlan, seguramente.
¡Mierda!
Lo maldijo con toda la fuerza de su corazón.
Le hubiera gustado quedarse ahí por mucho más tiempo. Al lado de Eren. En su mundo perfecto.
Pero lo bueno dura poco.
Lo vio una vez más y sonrió.
Se incorporó un poco para asomarse por las ventanas pañosas, se le sonrojaron las mejillas al darse cuenta de la razón. Sombras se proyectaban por algunos lugares. No les quedaba tiempo.
Zarandeó un poco a su compañero y este hizo un gesto chistoso pero luego empezó a parpadear hasta que despertó y le regaló esa brillante sonrisa que le hacía detener el corazón.
Levi se terminó de incorporar y al sentarse se dio cuenta de que le dolía el cuerpo y el corazón... bueno, su corazón aún tenía que tranquilizarse. Jamás había imaginado vivir algo así.
—¿Qué pasa Campanita?— dijo él con voz adormilada mientras le acariciaba las mejillas con dulzura.
—Debemos irnos, nos están buscando.
—¿Ah?— él le vio durante un segundo y después se asomó como lo había hecho él anteriormente—. Esto tiene que ser una broma de mierda — siseó.
—Pero no lo es—le dijo con una sonrisa boba porque sus ojos se habían clavado en la musculosa espalda morena de Eren.
—¿Quieres que te ayude a vestirte? —le preguntó con picardía él, y Levi le soltó un pellizcado horrible.
—Bastardo.
—Oye, era una cortesía de mi parte. ¿No te duele nada? — hizo énfasis en la última palabra.
—Y si es así, es culpa tuya. No sé si pueda caminar bien o si pareceré un maldito lisiado.
—Si es así, me daré el gusto de cargarte en mi espalda como el día de la fiesta y de paso tocarte el culo un poco más.
—Hijo de pu…
Y Eren rió mientras recogía su ropa para empezar a ponérsela, Levi hizo ademán de hacer lo mismo pero ahí iba otra vez, prefiriendo quedarse viendo al castaño en vez de hacer lo suyo, pero es que verlo así, desnudo y descalzo, con el pelo alborotado y más sexy que nunca era una dicha que no pudo darse una hora atrás por estar sumergido en una neblina de pasión. El beso de improviso de Eren lo trajo de regreso.
Él le veía con coquetería mientras sus manos sostenían el vestido que había quedado en el suelo.
E irónicamente, él que se lo había quitado se lo volvió a colocar.
Los ruidos se volvieron más cercanos.
Eren no le dejó decir ni pio cuando de un aventón abrió la puerta, cogió sus zapatos y se lo echó al hombro para empezar a correr.
Extrañamente no se sintió ofendido de en verdad parecer princesita rescatada por su posición, en cambio le nació una risa alegre que fue acompañada por la de Eren mientras seguían corriendo por los pasillos hasta que llegaron al inicio de las escaleras donde lo bajó para ponerle los zapatos y de paso acariciarles los tobillos.
—Me gustaría darte un masaje en las caderas para sanar un poco el daño que te hice— soltó él, así de una manera extraña. Una mezcla de orgullo y culpa.
Levi sentía que podía amarlo un poco más. Sonrió.
—Ya me las cobraré — le respondió para añadir en un susurro—. Aunque a decir verdad me gusta el daño que me hiciste.
Sus ojos se volvieron a encontrar y esta vez fue Levi quien le robó un beso a Eren. Fue rápido, como el aleteo de un colibrí.
Eren le vio sorprendido por un momento pero después se lo regresó, luego le ayudó a levantarse pero cuando quiso dar un paso las piernas le fallaron. Tenía un dolor punzante, pero no se lo demostraría, se irguió lo más que pudo y fue él quien encabezó la subida a las escaleras, arrastrando a Eren. Jamás soltando su mano. Pero como tropezó tres veces más y Eren le ayudó a no caer y de paso le tocaba en lugares indebidos, se empezaron a empujar y a reír como retrasados.
Todo se sentía tan maravilloso.
Es que en verdad se sentían en el paraíso que ni les importó sentir el frio que los golpeó en la cubierta.
Solo podían reír y reír por la felicidad que les embargaba.
A Levi un pensamiento le atravesó la mente como un relámpago de locura. Extrañamente era ese pensamiento que lo había acompañado casi desde que había conocido a Eren.
—Eren— le dijo con una sonrisa en los labios y los ojos perdidos en el firmamento oscuro e infinito—. Sabes, contigo si me casaría.
Eren lo cogió de la cintura. Había dejado de reír. Le acunó el rostro entre las manos para que sus ojos no se despegaran, ni cuando se arrodilló frente a él.
—Levi, ¿te casarías conmigo? ¿Aceptarías ser el esposo de este idiota que te ama? —le preguntó con una voz profunda, cargada de una convicción potente.
«Esposo». En los labios de Eren, era la palabra más maravillosa del mundo.
—Sí— soltó conteniendo el sentimiento inmenso de dicha que le nacía en el corazón—. Sí, mil veces sí.
—Te amo esposo—su voz ronca acarició los odios de Levi.
El más alto se levantó y lo cargó mientras le daba vueltas y le daba un suave beso en la sien, un beso dulce, casi infantil que terminó en sus labios de manera larga, profunda y ardorosamente. Hasta que se les agotó el oxígeno.
El mundo podía detenerse en ese preciso instante.
Pero no fue eso lo que sucedió.
En cambio, su mundo se sacudió con tal violencia que sintieron que sus brazos se separaban de una manera que les dio un pinchazo tremendo en el pecho.
Una corriente de aire templado les envolvió los cuerpos y los obligó a girar al responsable de su conmoción y separación…una enorme montaña de hielo pasaba frente a sus ojos. Una montaña que había impactado contra el barco.
Un iceberg, un titán de hielo en mar abierto.
Sus ojos se quedaron fijos viéndolo pasar.
Un mal presentimiento hizo nido en sus corazones.
Pero posiblemente él que sentía una mayor desesperación era Levi. Su corazón latía de una manera descontrolada, en su mente nadaba una imagen mounstrosa y no sabía porque, y fue aquella distracción que no le permitió cubrirse ante las gravas que brincaron cuando aquella montaña terminó de rozar el casco de hierro creando un chirrido espantoso que atravesó sus tímpanos, pero antes de que siquiera alguno de aquellos fragmentos lo alcanzaran, los brazos de Eren lo tomaron para hacerlo hacia atrás y alejarlo del peligro.
—¿Qué demonios? —murmuró Eren antes de salir corriendo hacia a la orilla.
Levi le siguió.
El titán de hielo quedaba atrás, pero el daño ya estaba hecho.
—Ven, Levi— dijo Eren, se escuchaba tenso.
Y Levi no se opuso, se dejó guiar.
Las otras personas que habían salido al escuchar el estruendo no parecían asustadas, en cambio, se divertían comentando el haberse perdido el espectáculo.
«Mal, está mal». Gritaba su interior.
Un hombre rubio y elegante seguido por un pequeño sequito uniformado como él, soltaron palabras que confirmaron su pensamiento a través de los labios de Eren.
—Esto está mal— y la tensión en su voz la volvió más ronca.
Levi buscó sus ojos y encontró en ellos esa misma opresión de angustia que aplastaba su corazón.
—Tengo que advertirle a mi madre.
A pesar de todo era su madre, y aunque con dolor, la seguía amando. Una madre es un Dios ante los ojos de un hijo. La suya era una diosa caida.
Eren le vio con intensidad y apretó el agarre en sus manos.
—Sí. Vamos.
El ambiente entre los pasillos parecía una marea calma ante una inminente tormenta.
—No sueltes mi mano— le dijo a Eren. Sentía que ya no podría vivir sin sentir su mano unida a la de él.
—Nunca, mi Campanita, mi esposo— le dijo él con una sonrisa. Una sonrisa lánguida pero que lo animó.
Avanzaron entre las voces de cuestionamientos de los otros pasajeros y el andar apresurado de los marineros. Cuando estuvieron frente a las puertas de cristal que daba al pasillo de su habitación se encontraron con Aurou y su cara de fastidio e hipocresía.
—La estábamos buscando, señorita Levi.
Levi no le contestó, se limitó a verle con desprecio y apretar la mano de Eren contra la suya para seguir andando.
El hombre de cabello bicolor sonrió de una manera extraña y les siguió de cerca.
En cuanto entraron los ojos de los presentes se clavaron en ellos. Los de su madre y los de Farlan como una mortal espada.
Respiró hondo.
—Farlan, algo muy serio está pasando.
Él lo vio con desprecio.
—Si, por supuesto. Hoy había perdido dos cosas valiosas para mí. Una…ya volvió y la otra, sé dónde está—sus ojos avellana se quedaron clavados en Eren que le devolvió la mirada, iniciando una guerra silenciosa—. Revísenlo — siseó al final Farlan.
—¿Qué? Farlan, hablo en serio, estamos en una emergencia y tú…
Las manos de Farlan lo separaron con brusquedad del agarre de Eren.
—Quítate el abrigo—le dijo uno de los oficiales que estaba en la habitación a Eren.
—Y ahora qué…— los ojos del muchacho castaño brillaban con intensidad, con enojo y odio hacia Farlan.
Los hombres revisaron el abrigo y a Eren de manera aguda.
Uno de ellos sacó un objeto brillante.
Tintineante.
Maldito y destruye vidas. Como siempre lo fue.
—¿Es esto lo que le habían robado, señor? —soltó el hombre.
—Sí, si es— Farlan lo hizo hacia atrás alejándolo más del muchacho castaño.
La mente de Levi estaba en blanco.
No era cierto. Definitivamente no lo era.
—Lo pusieron en mi abrigo—dijo Eren con los ojos abiertos y clavados en el collar igual que Levi—. Campanita, créeme. No lo tome.
Y Levi le creía.
—Él no lo hizo. Es un error. Siempre estuvo a mi lado.
Pero la lengua venenosa y sibilante de Farlan se opuso.
—¿Estás seguro? Aunque si lo dejaste verte desnudo, seguramente te cambiaste frente a él ¿verdad?
Levi apretó los puños. Su corazón agrietándose cada vez más. No, no podía creerlo. Eren era diferente. Eren era el único que jamás le engañaría...que le haría daño. Lo amaba.
—Incluso este abrigo no es tuyo ¿no es así? —contraatacó Aurou.
—Lo tomé prestado—respondió con rapidez Eren—. Era por una emergencia, lo iba a devolver después.
Farlan rio con malvada sorna.
—Vaya Levi, encontraste un ladrón decente—los ojos avellanas lo atravesaron y Levi solo pudo bajar la cabeza.
No es cierto.
No es cierto.
No es cierto.
Eso se repetía una mil veces.
¿Por qué?
¿Por qué?
Le ardían los ojos y un nudo se formaba en su garganta, ahogándolo, ahogándolo una vez más. El cuerpo se le llenó de frio. Dio un paso atrás y se vio las manos, le temblaban.
—Levi no le creas— la voz de Eren temblaba igual que él—. Es un puto truco, Campanita, tienes que creerme.
Levi tenía ganas de morir.
¡Y de matar!
«Tú no, tú no tenías que…»
—Campanita, créeme, por favor — le suplicó él.
«¡No me llames así! No soy tu Campanita. Ya no»
Tenía ganas de gritarle eso, pero el nudo en su garganta terminó de ahogarlo. Y el grifo en sus ojos se abrió. Las lágrimas de dolor cayeron silenciosas, ocultas por el flequillo. Una tras otras cayeron igual que el corazón tan destrozado en su pecho. Los cachitos se quedaban a sus pies, listos para lastimarlo al primer paso que diera.
—¿Esposo?—susurró Eren.
Y esa palabra lo quebró más. Hacía unos minutos atrás fue su Edén, en ese instante, la puerta de su infierno. Le dio la espalda.
El amor es una venda. A él lo había dejado ciego.
—¡Levi, créeme, esto es un engaño! ¡Tienes que creerme!—gritó Eren mientras lo sacaban.
Pero Levi ya no oía más que un zumbido que lo mareaba.
La voz de su madre fue como la voz de un demonio.
—Te lo dije.
Crack.
Le fallaban las piernas.
Ahora solo estaban ellos tres. Él con sus demonios.
Farlan lo tomó del brazo y le obligó a verlo a los ojos.
—¿Estás llorando por ese bastardo? —su voz era veneno puro. Un instante después le soltó una bofetada que retumbó en la habitación—. Eres pero que una ramera.
Y Levi no lo soportó más.
No podía más.
Todo estalló dentro de él en una ola de sentimientos negativos, arrasando, consumiendo todo lo combustible, volviéndolo tóxico. Su mano se apretó en un puño y con todo el odio dentro de él lo dejo ir contra la mandíbula de Farlan enviándolo directo al suelo.
—¡¿Qué más quieres?!
En esa pregunta iban encerradas muchas más.
El grito de su madre le llegó un segundo después.
—¡Levi! ¿Qué crees que haces?
En verdad no podía más.
—Váyanse a la mierda los dos—les siseó con los dientes apretados, con las lágrimas mojándole las mejillas, con el corazón destrozado, con los pulmones atrofiados, y los sentimientos devorándolo. Salió de ahí. No lo aguantaba más.
—¡Levi! —le gritó su madre pero él dio los pasos que lo separaban de la puerta.
—Déjalo Kuchel, déjalo que se vaya, así es como los malos niños deben aprender de las consecuencias de sus actos. Ya volverá.
Fue lo último que escuchó Levi, pero quiso decirle:
Lo que volverá a ti será un fantasma, y juró que te atormentaré hasta el final de tus días.
En cuanto cerró a las puertas a sus espaldas se permitió tambalear y recostarse en la pared del pasillo.
Había llegado al fondo.
Apretó los labios e impulsó el nudo de su garganta hacía abajo para tratar de respirar y ahogar sus lágrimas. Nadie las merecía. Nadie. Soltó el aire despacio. Dolía tanto. Dolía demasiado. Tenía que alejarse más.
Caminó despacio.
Sus pies le hacían el favor de moverse solos y él lo agradecía.
Alejarse.
Alejarse.
Una voz lo llamó.
Y él se giró.
Sus ojos mutados.
Un filo de aguja ahora estaba ahí. Dispuestos a destrozarle los riñones, el hígado o el corazón a quien osara a verlo directamente.
Unos azules, sin emociones como cristal se enfrentaron a los suyos.
Las piezas debían encajar en el rompecabezas sin final de su destino.
Amor, odio, verdad y duda, en un viaje sin retorno.
.
Eren había dejado de oponerse cuando el pasillo que daba a la habitación de Levi quedó fuera del alcance de sus ojos. En cuanto vio como en ningún momento su Campanita salía a por él.
Mientras el oficial de marina apresaba sus manos con las esposas contra el frio tubo recordó las lágrimas de su Campanita, a él le habían abierto una herida. Él había llorado por su culpa. Se sentía miserable y a la vez profundamente enojado. Alguien iba a pagar por eso.
Un marinero llegó gritando algo sobre un alboroto en la segunda clase y el imbécil lameculos de Aurou se ofreció a vigilarlo. Sus ojos aplastaron al hombre en cuanto quedaron solos.
—Quita esa mirada, mocoso imbécil— le soltó el hombre.
—Oblígame.
El hombre rio.
—¿Creíste que te quedarías con ella? No seas estúpido, la seda no es para vagabundos. Ahora te está odiando, seguramente se debe sentir devastada, pero no te preocupes, para eso tiene a su prometido. Nos hiciste un favor. Ahora el señor Farlan ha derribado todas las barreras, él la va a consolar muy bien.
Y la imagen que le nació destructiva a Eren lo sacó de sus casillas.
Nunca.
Nunca.
Jamás de los jamases dejaría que las manos de ese cerdo alcanzaran a su Campanita.
La parte más oscura de su ser brotó como una nube tóxica. .
—¡Maldito cabrón! ¡Yo te mato! ¡Los mataré a los dos!
Ahora lo entendía todo. Había sido un maldito plan.
Aurou lo vio con superioridad.
—¿En serio? No lo creo—se acercó a él apuntándolo con un arma plateada que resplandecía a contra luz, amenazante, segura a su uso. Pero Eren no se intimidó ni un ápice—. Aquí te vas a quedar. Disfruta de ello—colocó el arma en la sien del castaño—. Esto es lo último de nuestra parte. Un regalo por todo tu apoyo— el golpe le llegó certero al centro del estómago. El aire se escapó violento de sus pulmones. Pero no se doblegó en cambió sus ojos se inyectaron de una furia asesina.
—Espera, espera y verás. Me bañaré en tus tripas y a él lo llevaré al infierno. Solo espera.
Aurou volvió a reír y se marchó.
Y Eren se quedó con la respiración a mil, como la de un animal enjaulado, un animal herido y con el instinto asesino a flor de piel.
Liberarse.
Liberarse.
Tiró con fuerza de las esposas.
El metal le hirió la piel.
El dolor no le importó.
Tiró, una, dos, tres…cuatro veces.
El filo le abrió la carne y la sangre brotó.
Siguió tirando.
—¡Con un puto demonio! —gritó al ver que sus manos pendejas no se resbalaban a través de las esposas. Su sangre no había servido para nada—. ¡Me cago en mi vida! —pataleó y tiró con una fuerza brutal. En ese instante no le importaba arrancarse las manos si al menos las podía usar para matar a golpes a aquellos bastardos.
A sus espaldas en las ventillas, el agua alcanzaba el tope. Adentro, una corriente de agua comenzó a entrar, inundando el suelo.
—¡Por la mierda! Lo que me faltaba.
Esta vez en vez de tirar para romperse la piel, tiró del metal de las cadenillas. Pero su fuerza se estaba cayendo, la sangre que brotaba de sus muñecas empezaban a hacer su función de dejarlo inútil. Pero no dejaría de intentar hasta el final.
Un ruido lo alertó.
—Oye, quien seas imbécil, ven aquí, sácame de aquí, porque si no lo haces te juro que te arrepentirás, a ti también te quemaré vivo y…— su cadena de amenazas sin sentido se detuvo. Sus ojos se abrieron de la impresión.
Quien estaba ahí era la última persona que imaginó podría estar allí.
Y menos de tal manera.
Apuntándolo con un arma. Con los ojos de destructivos, reprochantes.
Eren dejó de luchar.
—¿Este es el final? Que mierda de final—susurró y se dejó vencer.
El arma brilló y un sonido de explosivo atravesó el aire.
Eren cayó al piso. El agua hizo un sonido de ploff al recibirlo.
Había acabado.
* Notas finales:
¡Bombicinass! A que no se imaginaron que actualizaría hoy. JAJAJA XD perdón. Pero es que…no, no vale la pena mis excusas. Aun así muchas, muchísimas gracias por su inmenso apoyo. ¡101 Reviws! Me siento en las nubes, así volando en unicornios multicolores. Mujeres de mi amor, me hacen jodidamente feliz. Las amo.
Oh nena, son tan bellas, como un sol de primavera. Que no quema y es bien rico quedarse tirado en el pasto contemplándolo. Son divinas.
Bueno, bueno, tengo que decirles que solo nos queda un capitulo y esto se acabó. Ha sido un viaje maravilloso junto ustedes, este Fic no se hubiera creado sin ustedes y ese inmenso apoyo que me han dado. Antes de irme, quiero decirles, sáquense de su mente todo la trama que sale en la película a partir de aquí, como ya han visto cambió en demasía y esto va para más. Luego no me maten por eso. Juro jurado que quedaran sastifechas además de que será de recordar. Creo yo.
Las amo mis hermosas. Y ahora…la entrega de premios nobel a las mujeres más hermosas del planeta y la galaxia.
—Se alisa el vestido de gala y saca pergamino dorado— Un aplauso a estas divas que he de mencionar:
Guest
Guest
d. teufel
L. Middford
MagiAllie
YoshiUchiha
UntouchableBerserk
Gabii-chan
AdriSnape
beast blood
ElisaM2331
¡Las amo mujeres!
Nos leemos en el siguiente capítulo. Si les gustó este capítulo no olviden decirme sus valiosas opiniones en la cajita de Review.
PD: Perdonen los errores ortográficos. Mis ojitos están cansaditos.
Un beso de caramelo.
Con amor
Charly*
