Bonum post meridiem, preciosas personas que le dan una oportunidad a mi fic! :D Espero que al leerlo se encuentren todos muy bien, que la lectura les sea grata y que les proporcione un momento de tranquilidad.

Por cierto; dentro de dos días (22 de febrero) tengo que asistir a una fiesta de parte de una buena amiga. Sin embargo, yo no soy cualquier chica y, dentro de mis particularidades, se encuentra el hecho de que odio bailar. Lo odio profunda y afanosamente. Es por esto que me gustaría que me dedicasen un segundo en ese día, y que desearan que las horas pasaran lo más pronto posible. Si lo piensan bien, cuanto más pronto salga de esa tortura, más pronto las complaceré con un nuevo capítulo! ^^

Bueno, esta es mi primer historia, así que es probable que cometa algún que otro error. Es un Hidasaku, así que al que no le guste, QUE NO LO LEA!

Declaimer: Naruto y todos sus personajes y paisajes son propiedad del señor Masashi Kishimoto-sama. Sin embargo, yo estoy jugando con sus niños; a algunos los reviví, a otros los deje muertitos y cosas por el estilo.


—¡Sakura-chan! —la mentada abrió los ojos, confusa. Esa voz, tan suave, solo podía pertenecer a…

—¡Naruto! —lloró. Miró a su alrededor, pero ya no se encontraba en la cueva de Akatsuki. Reconoció lo que era su casa, su dormitorio, con las paredes de un tranquilizador verde claro.

Se puso de pié de un salto y sacó un kunai. Su mirada buscó frenéticamente algún indicio de los asesinos, pero todo parecía normal. Nuevamente oyó el llamado de su amigo, y corrió a asomarse a la ventana.

Allí, en la calle, se hallaba su mejor amigo, su hermano, y a su lado, su sensei. Ambos le sonreían contentos, y agitaban las manos para que bajase a saludarlos. De un salto, cayó frente a ellos y los estrechó en un apretado y fuerte abrazo, mientras las lágrimas caían por sus ojos. Estaba donde debía, donde pertenecía. No pedía nada más, sólo los quería a ellos, y a su familia, a sus amigos, a su maestra. Su vida era perfecta tal cual estaba.

—Sakura-chan, te queremos, ¿lo sabes, cierto?

—Yo también los quiero, Naruto, son a quienes más quiero en el mundo —sollozó, hundiendo en rostro en el hombro del rubio (el del peligris le quedaba demasiado alto)—. Perdonadme no ser más fuerte.

—Sakura, tu eres fuerte, ya te lo he dicho —repuso el ninja copia, sonriendo tras la máscara—. Pero ahora debes aceptar lo que tienes, y tienes que ser fuerte por nosotros, ¿lo serás?

—Kakashi-sensei —gimoteó la kunoichi, con una renovada ola de lágrimas dejando sus ojos.

El hombre le secó las mejillas con dulzura, y volvió a sonreírle.

—No llores. Nosotros te queremos, y no descansaremos hasta encontrarte. No dejaremos que nada malo te pase. Se fuerte por nosotros, y nosotros lo seremos por ti. Te quiero, pequeña.

La pelirrosa no contestó —sentía un nudo en la garganta, que le impedía hablar tanto como respirar correctamente—, pero dio su respuesta estrechándolos con más fuerza. Haría lo que le pedían, porque los amaba, y porque sabía que el jounin decía la verdad. Sabía que ellos no la dejarían a su suerte, que la buscarían, y confiaba ciegamente en que la encontrarían. Sería fuerte por ellos, y a su vez, ellos le darían la fuerza necesaria para seguir. Les regaló una última sonrisa, cerrando los ojos. Cómo los quería…

—¡Sakura-chan, Sakura-chan! —quiso convencerse de que esa era la voz de su amigo, la voz que tantas veces la había hecho sonreír, que tantas veces la había consolado y que también, por qué no, la había irritado. Pronto tuvo que aceptar que no lo era, y se sentó de golpe.

Sintió ganas de llorar, pero no lo hizo. Había vuelto al oscuro cuarto de Sasori, y a su lado se encontraba el chico enmascarado. Todo había sido un maldito sueño. Pero aún tenía frescas en la memoria las palabras de Naruto y Kakashi-sensei. Debía ser fuerte, para que a su vez ellos pudiesen serlo. 'No más lágrimas', se dijo, y se giró hacia el niño.

—Tobi, ¿qué haces aquí?

—Buenos días, Sakura-chan —aunque no podía verlo, supuso que estaba sonriendo tras la máscara, puesto que su voz sonaba dulce y cálida, como de costumbre.

—Buenos días, Tobi.

El chico se sentó en la cama, en la que ella permanecía sentada. Acercó un poco la cara hacia la de ella, y luego volvió a alejarla.

—Sakura-chan se ha quedado dormida, y Tobi ha venido a despertarla, porque Tobi es un buen chico.

La pelirrosa miró a su alrededor. No había signos del Akasuna, aunque le sorprendió que no hubiese esperado a por ella.

—¿Y Sasori?

El niño rió.

—Sasori-san está en el comedor, y mandó a Tobi a despertar a Sakura-chan. El sempai tuvo que llevárselo a la rastra, porque Sasori-san quería darle una patada a Sakura-chan y llevarla a la cocina de los pelos. Dijo: 'esta mocosa me hace esperar un solo segundo más, y juro que lo último que verá será la garganta de Zetsu'. Tobi no entiende muy bien por qué dijo eso, pero Tobi prefirió no preguntar, porque Tobi es un buen chico.

—Claro que si, Tobi —la kunoichi no pudo contener una ruidosa carcajada al imaginarse la mirada asesina de Sasori al verla dormida. Tendría que agradecerle a Deidara más tarde.

Se puso de pie y se dirigió al baño. Cuando salió, Tobi seguía sentado en la cama, con los dibujos del pelirrojo entre las manos. Levantó la cabeza cuando ella se acercó, y agitó los brazos, aún con los papeles entre manos.

—¡Sakura-chan es una chica muy bonita! A Tobi le gusta mucho Sakura-chan.

La Haruno, totalmente enternecida, agitó los cabellos negros del muchacho con una mano, y apoyó su frente en la de él —por sobre la máscara—.

—A mi también me gustas mucho, Tobi. Eres el chico más tierno que vi en la vida —hizo una pausa, y luego recordó lo que siempre repetía el enmascarado—. Y el más bueno.

Tobi se puso de pie sobre la cama y puso una mano sobre su frente, al estilo militar.

—¡Tobi es un buen chico! Tobi está seguro de que, allí donde esté, su papá estaría orgulloso de él.

Sakura se mordió la lengua. Por un segundo, quiso recordarle que estaba en la organización más peligrosa del mundo, pero él se veía tan feliz e inocente… ¿verdaderamente alguien así podía ser peligroso? ¡Era tan bueno y dulce! Un sentimiento protector —como el que sentía por Naruto—, la invadió. Protegería a ese niño de las garras del crimen que flotaba en Akatsuki. Lo haría, o dejaría de llamarse Sakura Haruno.

—Estoy segura de que si. Vamos a desayunar.

La tomó de la mano y la guió con inusitada energía. Eso produjo su risa, que a la vez acarreó la del menor. Llegaron al comedor riéndose y tambaleándose, aunque la diversión duró bien poco. No solo estaban Sasori y Deidara —cabe agregar que el pelirrojo parecía querer comerse sus ojos—, sino también el líder y la mujer de cabellos azules que siempre le acompañaba. La sangre de la pelirrosa se volvió espesa y fría, y se quedó clavada en su lugar, sin saber qué hacer. Ese hombre siempre le daría una terrible sensación de miedo y destrucción.

—¡Buenos días! —saludó su compañero, agitando los brazos.

Luego de tragar grueso, se obligó a hacer lo mismo, aunque le salió un murmullo suave:

—Buenos días.

Todos les correspondieron con una inclinación de la cabeza.

—Sakura —Pain le llamó la atención, haciendo que el cuerpo de la chica se pusiese duro como una roca debido a la impresión. Dio algunos pasos en su dirección, aunque se mantuvo a una distancia que consideró segura—. Konan te ha comprado ropa. Supongo que querrás cambiar un poco esa que traes, puesto que la has tenido puesta desde que te trajimos.

Sakura no comentó nada sobre la evidente falta de la palabra 'secuestrar' que el pelinaranja había hecho. Giró su rostro hacia la mujer, que le tendía unos trajes.

—Traje algo parecido a lo que llevas —aunque la voz era seria, igual que su rostro, ese matiz amable tranquilizaba considerablemente a la Haruno—. Espero que te sirva.

—Muchas gracias —se apresuró a decir, tomando las ropas. Decidió que no la usaría sino hasta después del entrenamiento. No quería estrenarla solo para arruinarla y embarrarla. Se lo había traído en muy buen momento. Alzó los ojos hacia la mujer, y le sonrió.

Se sentó en la mesa, y para su sorpresa el líder y Konan hicieron lo mismo.

—Mocosa, te juro que si me haces esperar algún día como lo has hecho hoy…

—Ay, Sasori, no me molestes. Tenía que tener un buen descanso. ¿Recuerdas lo de Kisame? —el pelirrojo rodó los ojos y continuó trabajando el brazo de madera que tenía sobre la mesa. La chica se dirigió entonces a Deidara, que acomodaba pequeñas figuritas de arcilla por orden de tamaño—. Por cierto, gracias, Deidara. Tobi me contó sobre el acto heroico de su sempai.

El adolescente giró automáticamente la cabeza hacia el menor y, para desgracia de todos, comenzó a chillarle.

—¡¿Que hiciste qué?! ¡Eres un infeliz, un! ¡Voy a matarte! —se apresuró a ponerse de pie y lo último que supieron de él fue que corría al chico por todo el salón, hasta que terminaron saliendo del lugar. Los gritos e insultos se perdieron en el pasillo de las habitaciones.

—Hum… Líder-sama —pronunció Sakura, con la voz rasposa. Aún le costaba decirle 'líder'. Sentía que traicionaba todos sus principios haciéndolo. El hombre la miró, con esos penetrantes y profundos ojos violáceos. La chica terminó por clavar sus orbes en la mesa, incapaz (como siempre) de sostener esa mirada—. Yo… le pedí a Kisame que me entrenase. Él no tuvo problemas, así que…

—Te dije que podías hacer cuanto quisieses aquí dentro. Dispón de tu tiempo como más te guste. Solo no olvides el trabajo que tienes en la enfermería.

—¡No, por supuesto que no! —inmediatamente después de soltarlo, temió haber sido muy brusca, por lo que continuó—. Kakuzu está curándose muy bien. Solo necesita tiempo y algunas medicinas más… y estará como nuevo.

—Me alegro —contestó Pain, y Sakura se preguntó si solo lo decía por costumbre—. Ve a verlo antes de ir a entrenar.

—Hai.

El líder asintió y cruzó una mirada con Konan. Como si mentalmente se hubiesen puesto de acuerdo, se pusieron de pie y abandonaron el comedor sin una palabra. La kunoichi giró el rostro para hablar con Sasori, pero aparentemente el chico estaba muy enfrascado en su 'arte' —o demasiado enfadado con ella por su continuo retraso— como para sostener conversación alguna. Bufó. A veces, el pelirrojo se comportaba como un niño pequeño y malcriado, y conseguía sulfurarle los nervios.

Se puso de pie sin saludarlo —si él estaba enfadado, también ella lo estaría— e hizo su camino hacia la enfermería. Muy dentro suyo, temía demasiado que llegase la hora de ir a entrenar. Kisame despedía un aire de fortaleza que conseguía dejarla rígida. El hombre parecía disfrutar de un modo casi desquiciado de las peleas, y ser la 'enfermera' de la organización no la hacía invulnerable a sus manos. Tendría que ponerle muchísima atención, y cuidarse muy bien las espaldas.

Entreabrió la puerta, pero se quedó quieta en su lugar cuando le llegaron dos voces.

—¡Voy a matar a esa perra, lo juro por Jashin-sama!

La pelirrosa rodó los ojos. Al parecer, las únicas visitas que recibía Kakuzu, además de las suyas propias, eran las del otro inmortal. Apoyó la oreja sobre la puerta, tratando de hacer el menor ruido posible.

—¿Qué perra?

—¡La perra rosada, joder! Se revuelca como un cerdo con ese puto ateo en las narices del puto líder, y nadie dice nada.

—Hidan —El tono del mayor era de exasperación, como si estuviese hablando con un niñito caprichoso—, si la matas, lo único que conseguirás será volver al hoyo de donde te sacaron. ¿Quieres eso?

—Joder, no. Le prometí al asqueroso ateo de Konoha que mis dientes eran suficientes para tomarlo, y que algún día lo encontraría y mordería su garganta. ¡Y no romperé mi promesa, por Jashin-sama!

Sakura irrumpió en el cuarto sin la menor consideración. ¡Ese infeliz! ¡Ese maldito bastardo! Sus puños se apretaron con rabia. Ella no permitiría que acercase un solo dedo a Shikamaru, ni en esa vida ni en la otra. Jamás. Primero le arrancaría los dientes uno a uno, y se los incrustaría en el cerebro. 'O esa masa inútil que él tiene dentro del cráneo', se burló, en su cabeza. Ambos hombres levantaron la vista hacia ella.

—Se acabaron las visitas. Largo.

—¿Qué te digo, Kakuzu? Algún día mataré a esta jodida perra.

—Me importa una mierda lo que digas, lárgate antes de que aplaste tu cara contra la pared.

El peliplata sonrió con suficiencia.

—Me gustaría ver que lo intentes, maldita perra. Ya recuerdas lo que pasó la última vez, y ¡oh, no! —Puso sus manos un segundo sobre su boca, como si algo terrible hubiese sucedido—. Tu noviecito el pez no está aquí.

La Haruno dio un paso hacia el jashinista, dispuesta a enterrar su puño en su rostro. Por suerte para el hombre —y por desgracia para la chica—, Kakuzu alzó la voz.

—Mejor lárgate, Hidan.

El inmortal lo observó un segundo, y luego dirigió sus amatistas hacia la kunoichi frente a él. Le regaló otra sonrisa burlona e hizo una pequeña reverencia, riéndose en su cara. Cuando pasó por su lado, le susurró un: 'nos vemos luego, perra', y salió dando un portazo. Sakura lanzó un bufido. ¿Cómo soportaban a semejante individuo en Akatsuki? Entendía que su inmortalidad fuese interesante, pero no se imaginaba al líder soportando sus insultos. Y, como había comprobado, el peliblanco no se callaba frente a nadie. Sacudió la cabeza y se acercó al moreno. Para qué pensar en el religioso más de lo necesario, si solo le traía dolor de cabeza.

Revisó al pelinegro en silencio. Había descubierto que confiaba en él tanto como en Deidara o Sasori, al menos en el ámbito de la seguridad. Sabía que no le agradaba, pero tampoco le desagradaba. Si no le estorbaba, tampoco él la estorbaba. Hablaban de temas triviales, principalmente para pasar el rato. Ella le contaba lo que a su vez Deidara le contaba a ella que sucedía fuera de la guarida, y eso parecía ponerlo medianamente contento, más que nada si se trataba de temas económicos. El hombre asentía en silencio, generalmente con la vista clavada en el techo, y le decía: 'Muy bien, me alegra. Ya sabes, el dinero es primero'. Ella permanecía en silencio, a menudo tragándose las burlas que deseaba soltarle.

—¿Qué es lo que le has hecho a Hidan? —preguntó, luego de que la pelirrosa sacase una jeringa llena de energizante y se la inyectase en el brazo. No pareció sentir el pinchazo en lo más mínimo.

—¿Por qué lo preguntas? —se sorprendió, trabando su mirada con la de él. Kakuzu alzó las cejas, como diciendo que era obvio. Sakura dirigió su vista nuevamente a la jeringa y se encogió de hombros—. Yo no le he hecho nada. Él es el del problema. Traté de curarlo y me clavó una estúpida estaca. Salió de aquí y se dedicó a insultarme y humillarme. ¿Qué esperabas? ¿Que le lanzara rosas?

El mayor sonrió y negó con la cabeza.

—Él es igual de irrespetuoso con todo el mundo. Tiene suerte de ser inmortal; de lo contrario, lo hubiese matado hace rato. Sencillamente está mal de la cabeza…

Sakura se encogió de hombros. Hidan le era igual de indiferente que una piedra. Solo deseaba tener la suerte de poder devolverle todo el dolor que había causado. Terminó su rutina con Kakuzu y se puso de pie.

—Bien, irás sintiendo de a poco que recuperas tu fuerza. No lo estás haciendo —aclaró, al ver la sonrisa que comenzaba a formase en el rostro cocido—, es solo el efecto del energizante. De cualquier modo, eso ayudará a tu cuerpo a endurecer nuevamente los músculos. Calculo que dentro de una semana podrás salir de aquí por tu propio pie. Sin embargo —y su tono de voz se hizo rígido, como el que utilizaba con sus pacientes del hospital de Konoha— no puedes entrenar aún; no puedes luchar, no puedes esforzarte y bajo ningún concepto puedes ir por ahí recolectando recompensas, ¿oíste?

El pelinegro refunfuñó, pero al final terminó soltando un grave: 'si, está bien, largo ya'. La pelirrosa asintió y se apresuró a salir. Una vez fuera, suspiró. Todo eso de tener que convivir con asesinos estaba estresándola más de lo normal, más de lo terminantemente sano. Necesitaba una válvula de escape, algo que la distrajese de su presente. '¡El entrenamiento con Kisame!', recordó, de pronto, y corrió hacia el campo de entrenamiento. Abrió la puerta de un golpe y se quedó allí, de pie, quieta. Kisame estaba recargado contra un árbol y hablaba con Itachi, quien estaba sentado en una roca. Ninguno miraba al otro; la vista del Hoshigaki estaba hundida en el firmamento, mientras que la oscura del Uchiha se perdía en algún punto en la lejanía. Seguramente sus pensamientos estarían a kilómetros de allí.

Salió de su shock momentáneo cuando un kunai se clavó en un tronco, justo a un lado de su cabeza. Cuando se volvió para mirar a los hombres, ambos la contemplaban, serios. De pronto, sintió vergüenza de su tardanza, y bajó la cabeza para esconder el bochorno que se había apoderado de sus mejillas.

—¡Hey, ven, acércate! No mordemos… al menos no Itachi —terminó el peliazul, con una sonrisa afilada.

Sakura midió muy bien sus pasos, y se detuvo a unos metros de los shinobis.

—Lamento la tardanza… tenía cosas que hacer en la enfermería.

—Claro, claro. ¿Quieres empezar de una vez? Me gustaría saber si realmente vales la pena.

La pelirrosa cerró los ojos e hizo un esfuerzo por no sentirse ofendida por el comentario. Después de todo, no podía culpar al ninja de la niebla por considerarla poca cosa; no había podido oponer ni un poco de resistencia a su secuestro, y el peliazul lo había visto. Cuando abrió los ojos, éstos se posaron sobre el pelinegro, que la contemplaba sin ninguna expresión en el rostro.

—¿No tienes algo importantísimo que hacer en algún lado, Uchiha? —preguntó, molesta, haciendo alusión a esa tendencia de creerse superiores en todo que solían poseer los miembros de su clan.

—Ya hablaremos, Kisame. Suerte.

—¿Te crees que la necesitaré? —se enfureció la kunoichi. Podía dejar que cualquier otro allí la considerase inferior, pero no permitiría que ese tipo se lo restregara por la cara. No ese tipo.

—Hablaba con Kisame —fue su única respuesta, y como buen ex-anbu, desapareció en una nube de humo.

La Haruno quedó estática. El pelinegro acababa de sugerir que su compañero necesitaría suerte… ¿contra ella? ¿Estaba bromeando? 'Si, seguro se estaba burlando', concluyó, encendida por la ira, y decidió que, tan pronto como saliese de allí, le plantaría cara al segundo cabrón más grande de la historia. Kisame no comentó nada, pero pareció divertirse con la evidente molestia de la chica.

Con tranquilidad, abrió su capa y se la quitó. Bajo ésta traía una remera de algodón de un profundo color azul —verdaderamente, ¿acaso no tenía suficiente con ese color?—, desgraciadamente para la chica, algo ajustada, lo que rebelaba perfectamente su marcado abdomen y pecho. Las mangas cortas dejaban ver los fuertes músculos de sus brazos, que se contraían y se volvían a relajar a un ritmo pausado. La muchacha se estremeció; si su puño lo tocaba, estaba muerto. Pero, al parecer, si el puño del hombre la tocaba, también ella estaría en problemas.

—Querías entrenar tu físico, ¿no es cierto? —preguntó. Cuando Sakura asintió, clavó su enorme espada, Samehada, en el suelo, como demostrándole que no la utilizaría en ningún momento. No la necesitaba, de todos modos.

La pelirrosa no esperó a darle un segundo más y se lanzó sobre él, rodeando su puño de chakra. Kisame, pese a su gran complexión, que lo hacía parecer algo lento, se movió con increíble velocidad hacia un lado y dio una certera patada en el centro de la espalda de la kunoichi, enviándola a incrustarse en un árbol. La chica se puso de pie de un salto y descargó toda su fuerza en el suelo, haciendo que los escombros saliesen volando y se desperdigasen por todo el lugar.

Cuando la nube de polvo se disipó, no encontró rastros del peliazul, pero sabía que no podía bajar la guardia. Trató de recordar algo del entrenamiento con Kakashi-sensei, pero un crujido sus espaldas la hizo saltar a unos cuantos pasos, volteándose. Kisame sonrió; en su ropa no había una sola mota de polvo.

—Lección numero uno: cuida tú alrededor más que tu frente. Aprende a notar a tu enemigo donde no está.

No le dio tiempo a sopesar sus palabras: tiró su cuerpo hacia el de la kunoichi. Sin embargo, el dolor la atacó por detrás, donde pronto notó un líquido espeso y cálido. Cayó al suelo de bruces, sin comprender. ¿La había engañado con un clon de sombras? Pero, ese clon tenía un nivel de chakra igual al del shinobi. Entonces…

Miró a su alrededor, confirmando sus sospechas; Samehada no estaba clavada en el suelo como la había dejado. Se puso de pie con dificultad y se alejó del hombre como si se tratase de la muerte misma.

—Trasformaste tu espada en un clon… creí que no la usarías.

—Y no la usaré en forma de espada, puesto que eso representaría una gran ventaja para mí. Pero no puedo asegurarte nada más. Continuemos.

Sakura sacó varios kunais y se los lanzó con fuerza, haciendo que rasgaran el aire con un suave silbido. El verdadero Hoshigaki los detuvo todos con el kunai que tenía en la mano, y volvió a lanzar su cuerpo hacia ella. La Haruno lo esperó pacientemente, notando la pequeña mueca de asombro del hombre. Cuando estuvo a su lado, la pelirrosa dio un grácil giro e incrustó una senbon envenenada en su fornido brazo, que se contrajo ante el frío del metal. El peliazul se apresuró a alejarse, quitándose sin mayor demora la senbon. Estudió la punta del metal, del cual goteaban unas gotas negras, y luego dirigió su mirada a la chica, que sonreía.

—Lección numero dos: nunca des una batalla por vencida, por muy lastimado que esté tu oponente. —una sonrisa perversa curvó sus labios cuando agregó—: Ya sabes, más que nada cuando se trata de un Akatsuki.

Sakura solo atinó a abrir muy grande los ojos cuando el brazo del mayor apresó su cuello y lo apretó, elevándola levemente del suelo, debido a la diferencia de altura. Se retorció y usó su fuerza para salirse de su prisión. Cayó de rodillas y tosió, tratando de recuperar el aliento.

—Vamos, seguro no mataste al clon de Sasori con eso. ¿Qué pasa? Veme como el enemigo que soy, no como tu maestro provisional.

—Como ordene, Kisame-sensei —ironizó ella, haciendo reír a carcajadas al ninja de la niebla.

Nuevamente descargó la fuerza de su puño en el suelo, destruyéndolo. De nuevo, el hombre había desaparecido. 'Aprende a notar a tu enemigo donde no está.'. 'Un enemigo… bien, hagamos un poco de trampa', pensó, y cerró los ojos. Rápidamente, un genjutsu la envolvió, y no tardó en ver salir al peliazul. Parecía sorprendido. La kunoichi sonrió. Al parecer, había logrado su cometido: lo había metido en un genjutsu donde ella había desaparecido, tomándolo por sorpresa. Cuando se acercase más, lo atacaría.

Y efectivamente, Kisame se acercó, aunque hacía gala de su suspicacia y sus ojos no dejaban de escrutar su alrededor, como si esperase que ella saliera de cualquier lado y lo golpease. 'Correcto', se sonrió ella, y arremetió sin contemplaciones.

Estaba demasiado cerca del mayor como para darle tiempo a reaccionar, por lo que golpeó su mandíbula y —literalmente— lo mandó a volar a varios metros de distancia. El cuerpo del shinobi cayó con un golpe seco y una polvareda se alzó a su alrededor, causada por el derrape del hombre. Sakura se apresuró a acercarse y dio un certero golpe en su duro pecho, incrustándolo aún más en la tierra. Para su sorpresa, una mano tomó su muñeca desde abajo y la hizo caer sobre él.

—Lección numero tres: nunca te acerques demasiado a tu oponente si no estás segura de tu superioridad, a menos que estés completamente segura de que está muerto.

Su mano se dirigió al cuello de la Haruno y se puso de pie, haciéndola despegar los pies del suelo firme. Sus dedos se apretaron con rudeza sobre el blanquecino cuello de la chica, haciéndole sentir pánico y verdadero dolor.

—Me hago más fuerte en proporción directa a que tan fuerte mi oponente es, no me canso y no puedo ser vencido. Siempre recuerda eso. Y la próxima vez que vengas a mí, espero ver algo más que esto.

La tiró al suelo como si de una bolsa de basura se tratara. Se volvió sin mirarla y caminó tranquilamente hacia su capa, tomándola del suelo y sacudiéndola. Mientras tanto, Sakura se sentó, sintiendo arder su rostro de vergüenza. '¡Se está riendo de mi! ¡Él e Itachi se ríen de mi debilidad, malditos cabrones!'. Lágrimas de impotencia y furia dejaron sus ojos con premura. ¿Así que creía que era invencible? ¿Que ella era una inútil? 'Hpm, realmente eres… una molestia'. Se puso de pie y, temblando de rabia, se acercó a Kisame.

El Hoshigaki solo pudo dar vuelta su rostro para mirarla por el rabillo del ojo, cuando la pelirrosa lo tomó de la remera y lo lanzó al suelo, procediendo a sentarse en su cadera. Su puño se recubrió de chakra y lo estampó con fuerza en la mejilla azulada del mayor.

—¿Crees que soy una estúpida? ¿Una débil? —Dio otro golpe, que giró el rostro de él hacia el otro lado. No le importó que sus lágrimas estuviesen mojando las mejillas de Kisame, solo quería lastimarlo, hacerle arrepentirse— ¿Te crees que eres superior a todos? ¡Ahora verás lo que la prisionera le puede hacer a tu cara! ¡Mejor vete olvidando de volver a mostrarla por el mundo, bastardo! —y volvió a golpearlo, sin compasión.

Luego de unos segundos, sin percatarse, había comenzado a golpearlo sin chakra, seguramente por haberlo usado todo durante la pelea. Pasaron unos largos minutos hasta que sintió que no podía mover un solo músculo más y se retiró del cuerpo del peliazul, dejándose caer a su lado. No le importaba si la mataba; acababa de descargar en él toda la rabia, el dolor, la añoranza y la desesperación que la embargaban desde hacía días. No respiraba, más bien jadeaba.

—Ahora, eso es a lo que yo llamo una pelea —escuchó la voz masculina, y giró su cabeza. La de él estaba justo frente a la suya, y tenía plantada una sonrisa triunfante—. Bien, veo que solo se te puede estimular con palabras. Me aseguraré de traer a Hidan la próxima vez.

Y ella no pudo evitar reír. No era divertido, en absoluto, pero era la primer risa sincera que se le escapaba en ese sombrío lugar. Así los encontró Hidan unas horas más tarde, y no perdió un segundo más de lo que el consideraba su diversión numero uno. Se acercó con una sonrisa burlona.

—Oi, Kisame, ¿ha estado interesante el entrenamiento con la perra? Dime, ¿es tan zorra como se ve?

El nombrado se sentó en el suelo y dirigió una mirada aburrida al inmortal.

—¿La verdad? Tiene mucha más capacidad física que tu, y lo dejo ahí, porque la verdad hablar de su inteligencia sería humillarte demasiado.

Los ojos amatista brillaron de rabia cuando la carcajada escandalosa de la kunoichi llegó a sus oídos. Apretó los puños, pero no se le ocurrió nada inteligente para decir. Como era habitual, comenzó a soltar su oración de insultos y juramentos a Jashin-sama. Enervado como estaba, la indiferencia a la que lo expusieron segundos después de que hubiese abierto la boca solo consiguió que su rostro tomase un suave rubor debido a la furia. ¿Así que esos dos malditos ateos estaban tan concentrados el uno con el otro que no le prestaban jodida atención? ¿Que esa perra no tenía suficiente con su asqueroso palo de escoba? Se volteó sobre sus talones y volvió a la guarida sintiendo odio hacia la zorra de pelo de chicle y sus amiguitos en cada célula de su cuerpo. Se iba a vengar, por Jashin-sama que lo haría. Y se vengaría de una manera que la perra asquerosa e insufrible no olvidaría jamás en la vida. No podía hacerle daño físicamente, porque todos los inmundos e infelices ateos le caerían encima, pero al parecer, esa perra tenía una debilidad que ninguno allí tenía: estúpidos sentimientos. Y él se aseguraría de golpearla por donde más le doliese.

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—Yamato-taicho… ¿cree que Kakashi-san tarde mucho más? —la pregunta del pelinegro quedó flotando en el aire unos segundos antes de que el castaño suspirase.

—Kakashi-sempai es capaz de hacernos esperar todo el día.

—Ah, como quisiera un tazón de ramen… —el rubio tenía la espalda reposando sobre una gruesa rama y los pies apoyados sobre el tronco, haciendo que su cabeza cayera ligeramente hacia atrás.

Estaban en el campo de entrenamiento y —como de costumbre— esperaban al jounin. Habían decidido que se reunirían allí temprano y saldrían a hacer su primer misión de exploración por la zona. Tsunade los había 'apoyado', de cierta forma, aunque con las miles de recomendaciones, avisos e incluso amenazas que se esperaban de la Sannin. Había tenido que resignarse a enviar al equipo diez a Sunagakure por la información de Akatsuki, puesto que el equipo siete al completo se había negado a dejar pasar un solo día de buscar a Sakura para ir a por una información que quizá no les sirviese de nada.

'Sakura-chan… Me esperarás, ¿cierto?', preguntó el rubio, dentro de su cabeza, como si de veras esas palabras pudiesen llegar a oídos de su pelirrosa. ¿Estaría bien? ¿Estaría triste? Seguramente. ¿Los extrañaría? Quizá se sintiese decepcionada por el tiempo que había pasado sin que ellos la encontrasen. Cerró los ojos con fuerza. Pensar que no podía hacer nada por ella lo llenaba de impotencia. Y ni siquiera quería que se le cruzase por la cabeza los sentimientos que en ese momento tal vez llenaban el corazón de su mejor amiga. Quería pedirle que esperase, que él llegaría, que todos ellos llegarían. La imagen de su dulce Sakura siendo torturada por los Akatsukis fue gratamente interrumpida por una voz soñolienta.

—Hey, ¿hace mucho que están aquí?

—¡Hace horas que estamos esperando, Kakashi-sensei! —le regañó el rubio, luego de haber caído al suelo aparatosamente debido al susto. Se puso de pie y, al ver que su maestro iba a replicar, se le adelantó—: Si, sensei, lo sabemos. ¿Qué fue esta vez? ¿Una anciana? ¿Una tortuga? ¿Un plato de ramen gigante?

—En realidad, Shizune me encontró por el camino y me informó que aún no reciben información del equipo diez —se explicó, sonriendo, cerrando los ojos y poniendo una de sus manos en su nuca.

—¡Oh! Lo siento, sensei —se disculpó el rubio, imitando el gesto del ninja copia.

—¿Dónde comenzaremos a buscar, Kakashi-sempai? —inquirió Yamato, despegando la vista del claro cielo azul. Sai se acercó a ellos, presto a escuchar las órdenes del Hatake.

El peliblanco sacó un mapa de uno de sus miles bolsillos y lo extendió frente a él. El Uzumaki contuvo el aliento al ver los miles de puntos que seguramente significaban lugares a revisar. Uno de los dedos del jounin fue a parar a uno de esos puntos, y Naruto tragó saliva cuando comprendió que, en realidad, todas esas marcas señalaban una misma cosa: bosques o montañas.

—Naturalmente, no los buscaremos en aldeas, puesto que eso sería absurdo. Su escondite tiene que ser un lugar apartado de centros sociales, preferentemente lo más lejos posible de las grandes villas ninja. De ese modo, su chakra difícilmente podría ser reconocido —paseó la vista por los rostros serenos y serios de sus compañeros, y continuó—. No nos separaremos, puesto que sería una enorme pérdida de tiempo, y es justo con eso con lo que no contamos. El tiempo es oro en circunstancias como estas. Ahora bien —advirtió, y su mirada se detuvo un segundo más de lo necesario en un par de ojos aguamarina—, si llegamos a encontrar su escondite, lo menos probable es que nos inviten a pasar y tomar el té. Hay que ser muy cuidadosos, y más que nada pensar muy bien si estamos listos para hacer algo como…

Naruto le arrebató el mapa y lo cerró de golpe, sonriendo a su sensei.

—Sakura-chan está en alguno de esos puntos, Kakashi-sensei. No hay nada más que pensar.

Y Kakashi supo que, pese a que uno de sus alumnos había desertado y lo había convertido en una vergüenza como maestro, aún tenía a dos que, al parecer —y para su enorme regocijo— se habían apegado muy bien a las primeras palabras que les habían enseñado luego de anunciarles que habían aprobado su examen, dos años atrás. Justo al lado del rubio, una figura se pareció, aunque solo ante los ojos del peliplata. Un chico de casi la misma edad que Naruto, pero con un atuendo azul y naranja. Definitivamente, la sonrisa era idéntica en ambos rostro. No pudo contener su propia sonrisa. 'Obito', fue lo único que pasó por su mente, y la sonrisa del muchacho de cabellos negros se ensanchó.


Lo que sea que pienses, me ayudara a mejorar. Así que deja un review! Gracias por leer.

Muchas gracias a los que le dieron favoritos o seguir a esta historia. Ustedes también me inspiran a seguir!

Olvidé hacer una aclaración: Si recuerdan la primera vez que Sakura fue a la enfermería con Itachi, éste hizo unas posiciones de mano para hacer aparecer una puerta, y luego abrirla. Pain, para no darle la combinación de posiciones de manos que abrían las puertas a Sakura, hace aparecer una puerta común y corriente en la enfermería. Por eso ella la puede 'entreabrir'.

Annie Darcy (Niña Bonita): Pues si, pero créeme que soy igual que tu o.o Eso es porque ambas somos unas leonas! Mm, Silvia no es muy común, al menos no en esta época -.- Pero esperaré a que me encuentres ^^ Y ya sabes, puedes contarme esa larga historia cuando te plazca; a reviews más largos, nuevo capítulo más largo! Muchas gracias por los halagos, pero niña, de verdad, harás crecer mi ego hasta el cielo! Ya está a niveles algo preocupantes e.e Hoy estaba viendo (de nueno) el capítulo de anime en el cual sale Itachi, justo ante de ir a por su estúpido hermano menor y parar el Edo Tensei, y te juro que lo único que pensaba era que si existiese en el mundo un hombre así, yo ya lo hubiera secuestrado :D Pero Saku tendrá que verlo por si misma. Quédate tranquila querida amiga, no dejaría bajo ningún motivo que mi hombre anduviese por la vida con la frente hecha un asco! A pesar del golpe y el tierno chichón, su frente es tan hermosa como siempre ^^ También te quiero, cuídate mucho! Yours

Minene Uryuu: Ps, la verdad creo que Hidan tiene una lista de insultos muy larga amiga, puedes llamarlo 'maldito', 'asqueroso', 'perra' incluso, si te place :D Pero creo que 'ateo' es el único que a ese bastardo no le entra por ningún lado (y no hay dobles intenciones con esa frase... por más que así lo parezca XD). Definitivamente sería divertido, y ya tendrás tu parte de golpes Saku-Hidan, pero, ¿qué hubiera sido del bello rostro de ese Adonis? Hubiese quedado hecho un asco. La inmortalidad no lo puede todo, lamentablemente, y tengo que cuidar la carita del niño sexy más odioso de la tierra. Cuídate mucho, y ya sabes, cualquier idea, las puertas siempre estarán abiertas! Saludos ;)

Itami-chan: Heey! Oh, cabrones, a aquellos que osaron robar la guadaña de tu preciado muñeco, Jashin-sama los castigará sin piedad ò.ó Pero, Dios, al menos debes enviarme una foto de ese muñeco; debe ser una monada! :3 Jaja, si, todos los Akatsukis tienen sus partes buenas y malas, pero, a que los amamos con ambas? (Bueno, todos menos Tobi, ya sabes que... él es un buen chico!) Me alegra mucho que te haya gustado el cap, y tienes razón, Tobi es un buen chico y no se enfadará contigo. Hornearán galletas juntos! (Dios, Tobi horneando galletas en un sexy delantal, nosebleed forever) Cuídate mucho!

Yasz: Me alegro mucho que te haya atrapado, pero no quiero perderte! Ten más cuidado por donde lo lees, mi conciencia es frágil y no quiero llevarte sobre ella u.u Muchas gracias por el apoyo, cuídate mucho!

Vampire Andrea: Hola! Me alegro que te gustase :D Y claro que se lo merecía, merece cada golpe que Saku le da -.- Eso es ser masoquista, eh? Tobi quiere a Saku porque es un buen chico! No, de veras, la quiere porque es bueno, y porque ella siempre fue dulce y tierna con él. Yo lo amo! Cuídate mucho!

ImVicky: Hi! No sabes cuanto me alegra que el fic te haya gustado, y que también te guste mi manera de escribir. Trato de mejorar siempre, y esos solo se logra leyendo! De veras me halaga que digas que mi escritura es poética, es muy dulce :'D Muchas gracias por el apoyo (por cierto, te contacté por Facebook. Para que no pienses que era una loca acosadora, solo soy yo XD). Cuídate mucho!

Guest: Comentaste en el primer y segundo cap 'good job' y 'no está mal', aunque la verdad no se si seas la misma persona o dos diferentes. De todos modos gracias por tu apoyo (o vuestro apoyo, en caso de ser dos). Recuerda poner tu nombre la próxima vez ;) cuídate mucho!