Lucha por tu amor

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Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.

Madre Teresa de Calcuta.

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—¡Auch! Zetsu, eso duele —dije mirando al -lindo- hombre que tenía a mi lado, quien me curaba algunas heridas en el brazo, sentados aquí en la orilla de la cama de mi habitación.

—¿En qué rayos estabas pensando? Mira que pelearte con Sasori… —me dijo a modo de reprendida, sé que está enojado, pero no me arrepiento.

—Humm… ese idiota se merece eso y más —dije mientras trataba de aguantar el dolor, tenía una gran herida en el brazo que Zetsu me curaba justamente ahora, poniéndome alcohol para desinfectar ¿Cómo me la hice? Pues la maldita marioneta pelirroja había aprovechado una pequeña distracción mía para aventarme contra el vidrio de una tienda.

—La violencia nunca es la solución, menos mal Kisame y yo íbamos pasando por ahí para poder separarlos —me dijo con seriedad.

—Ya sé, y debo decir que me alegra que Kisame parara a Sasori, así fuiste tú quien fue por mí —dije feliz al recordar los sucesos—. Además, creo que así aprendió la lección, al menos lo mandé al hospital —dije con orgullo.

—¡Madara! ¡Por el amor de Kami, le rompiste la nariz! —me dijo enojado ejerciendo más fuerza en la herida haciéndome soltar un pequeño gemido de dolor—. Lo lamento, pero lo que hiciste no estuvo bien.

—Pues con la nariz rota a lo mejor reconsideras casarte con él —dije en mitad burla mitad verdad, pero él no contestó.

Retiró el algodón con el alcohol para envolverme el brazo con una venda.

—Y a todo esto ¿Por qué pelearon? —me preguntó aún fijando su atención en envolver la venda sin mucha fuerza.

—Yo…

No podía decirle que Hikari me había dicho lo que el muy maldito le había hecho, eso la metería en problemas.

—Quería arreglar todo con él, vengarme por haberme robado al hombre más maravilloso de todos —dije con seguridad, tampoco era mentira.

Zetsu no me respondió, sólo terminó de colocarme la venda y cerciorarse que no se cayera.

—Ahora déjame ver tu pecho —me dijo mientras volvía a desinfectarse las manos con alcohol.

La verdad saber que lo tendré aún más cerca me emocionó, pero logré mantener la calma, aún me dolía todo el cuerpo, ese maldito jitomate sí que tiene fuerza. Me quité la camisa con lentitud para evitar lastimarme más y la lancé lejos. Zetsu se posicionó justo delante de mí, hincado.

Con sus manos empezó a palparme todo el pecho y el abdomen y yo sólo me aseguraba de mantener la calma, si saben a lo que me refiero.

Entonces de pronto pasó su mano por una de mis costillas y no pude evitar gritar levemente por el dolor.

—Lo sabía, tienes una costilla rota, si serás baka —dijo Zetsu enojado, pero pude escuchar algo de preocupación en su voz, lo que me alegró pero también me hizo sentir culpable por preocuparlo por mi causa—. Voy a ponerte una venda para que todo se quedé en su lugar, puede que te duela —me advirtió aunque siempre con pacífica tranquilidad en su voz.

Asentí y él empezó a envolver mi caja torácica con la venda, a la mitad de la venda empezó a apretarme un poco más fuerte, no me asfixiaba pues era apenas la fuerza necesaria, pero la costilla rota era la causante del dolor, finalmente terminó de ponérmela y Zuzu le colocó un broche para asegurarse que se quedara ahí.

—Acuéstate.

Hice lo que me dijo, aunque por el intenso dolor que sentía en la costilla él tuvo que ayudarme.

—¿Te duele mucho? —me preguntó mientras me acariciaba el cabello.

—Duele un poco, pero si tengo a mi hermoso y sexi ángel-enfermero, no me pasará nada —dije ganándome un almohadazo en la cara, al quitar la almohada vi su cara sonrojada y molesta, lo que me hizo reír, aunque el dolor me obligó a callarme.

—No te rías ni hables, no hagas ningún esfuerzo, descansa —me dijo Zuzu para después besarme levemente la frente, ¡Kami, estoy en el paraíso!

Él debería estar cuidando la nariz rota de su prometido y sin embargo, está aquí curándome a mí, lo que me hace sentir sumamente feliz, además de todas las muestras de cariño que ha tenido conmigo.

—Dime ¿En dónde aprendiste a curar así? —pregunté para hacer conversación en ese intenso silencio.

—Sakura es doctora, Ino es enfermera, saca tus conclusiones —me dijo con una sonrisa de esas que me encantan.

—Ya veo, me alegra tener un hábil y hermoso enfermero, creo que soy el hombre más afortunado —dije mientras veía con diversión su ligero sonrojo.

—Bueno Madara, no hables, necesitas reposo, si necesitas algo sólo avísame o si sientes más dolor dime para llamar a un doctor.

—¿A dónde irás? —pregunté con curiosidad, no quería que se fuera de mi lado.

—Iré a la cocina, prepararé algo de comer ¿Se te antoja algo en especial? Pero que sea sano —me decía siempre con una sonrisa, mientras yo lo miraba sorprendido al ver cuántas molestias se tomaba por mí.

—No… no tienes que tomarte tantas molestias por mí, podemos pedir algo para comer, o pedirle a alguno de los cocineros que preparen algo —dije como solución, había gente que se encargara de eso, además, aunque me guste que me cuide quiero que ahora esté a mi lado.

—No, pedir comida está descartado, necesitas comer sano, según me dijo tu hermana tú comes muy mal, además la comida sabe mejor cuando se prepara con cariño —aseguró con una dulce sonrisa que me derritió por completo.

—Por favor, no tengo hambre, quiero que estés conmigo, esa es mi mejor medicina —dije casi en súplica ¿Yo, suplicando? En realidad estoy enamorado.

Zetsu pareció meditarlo un momento. Después de unos minutos suspiró y se fue a acostar junto a mí, pues mi cama es matrimonial. Se acercó mucho a mí e hizo que mi cabeza reposara en su pecho, yo sólo oía su corazón que latía a un ritmo tranquilizante. Él, mientras tanto, acariciaba mi cabello, mientras su barbilla estaba recargada en mi cabeza. Estar así con él era como un sueño, su simple presencia me tranquilizaba de sobremanera. Esa paz incluso hizo que el dolor se fuera por un momento, mi brazo ya no me dolía y apenas me acordaba que tenía una costilla rota. El silencio en la habitación, el calor de su cuerpo junto al mío y su aura de paz me hizo sentir sueño y poco a poco comencé a quedarme dormido, pensando que estaba en buenas manos.

Me desperté a la mañana siguiente y puede sentir un gran vació, me giré levemente hacía el lado izquierdo de mi cama y no vi nada ni a nadie, lo cual me hizo sentir triste y decepcionado. Desperté una nueva mañana igual que las anteriores, completamente solo.

Pero entonces un ruido me sacó de mis pensamientos y vi rápidamente hacía la puerta, cómo esta se abría y por ahí entraba mi dulce ángel con una charola en las manos.

—Buenos días, me alegra que despertaras, te traje el desayuno —dijo con una pequeña sonrisa mientras se acercaba a mí para dejar la charola sobre mis piernas.

—Zetsu… —pude apenas murmurar, estaba muy sorprendido de aún verlo ahí y con un desayuno sólo para mí en sus manos.

Zuzu se sentó junto a mí y me dio un dulce y casto beso en los labios que me hizo reaccionar con sorpresa, él me había besado… me había besado en la boca… con cariño… con amor…

—Te traje unos hot-cakes con leche sabor chocolate, sé que dije que debías comer sano, pero es mejor que estés consentido durante este tiempo que estarás adolorido —dijo Zetsu con una hermosa sonrisa.

—M-muchas gracias… Zuzu —dije apenas saliendo de mi trance, él me había besado…

Me levanté un poco con ayuda de Zetsu y comencé a comer mi desayuno, estaban muy deliciosos (casi tanto como su creador). Zuzu me miraba comer con una sonrisa, entonces pensé que tal vez esperaba algún comentario de cómo le habían quedado y sonreí para mis adentros.

—Están deliciosos, eres buen cocinero —dije viendo con complacencia como sonreía orgulloso.

Él es mi enfermero, mi cocinero, el amor de mi vida, mi paz, mi ángel guardián ¿Qué más podía pedir? Él es todo lo que quiero y también todo lo que me importa.

Continué desayunando, de vez en cuando le daba algún bocado a Zetsu, quien me respondía sonriendo y tomando el bocado del tenedor con su boca.

Cuando el desayuno terminó, Zetsu se encargó de llevar la charola con todo su contenido a la cocina, dejándome sólo en la habitación y con mucha emoción, felicidad, sorpresa y sobre todo amor.

Los días pasaron así, pasé una semana en reposo y ya me sentía mejor gracias a todos los cuidados de Zetsu, aunque según lo que me había dicho la costilla se me curaría en tres semanas, lo cual es inaceptable porque él se casa en una semana. Pasó otra semana en la que yo ya estaba casi como nuevo, me alisté tanto física como mentalmente para el día de mañana, pues sería la gran boda y sería mi deber cancelarla, así tuviera que convencer a Zetsu justo antes de que firmara lo voy a detener… Deséenme suerte.

Fin

Hola n.n

Espero que les haya gustado este cap, como verán este capítulo estuvo algo raro (y cursi), pues Zetsu parecía más cariñoso, cosa que se esfuerza por demostrar que no es, pero ya se sabrá el porqué después, saben que nunca los dejo con la duda de por vida ¿O lo he hecho? Si lo he hecho díganme xD

Nos leemos el próximo capítulo ¡La boda!

Sayoo