Disclaimer: Los personajes no son míos. Son de Rumiko Takahashi. La historia sí.
Comentarios al final.
φφφφφ: Cambio de tiempo.
©©©©©: Cambio de escena, pero durante el mismo día.
Itálicas: Pensamientos.
Negrita: importante.
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Pasos
By Ταϊħşŝ βļαċk
¿Que cómo pasó? Pues de una manera extraña.
Muy en el fondo de sí mismo, reconocía que su amiga siempre había estado con él. En las buenas, en las malas y en las peores. En las risas y en los llantos. Reiko llenaba casi toda su vida. Bueno, hasta que tuviera que irse a China y Kahori apareciera en su camino.
No era que Kahori no fuera importante, su esposa era sumamente hermosa y bastante servicial, era cariñosa con él, pero sumamente libre. Kahori se caracterizaba por ser independiente y aventurera, bastante voraz en su caminar por el mundo. Eso era lo que principalmente le atraía de ella: esa inquietud por jamás estar en un solo lugar y respirando el mismo aire.
Podía recordarla con su cabello castaño oscuro, casi tan oscuro como el chocolate, quebradizo y sus ojos rojizos que la hacían ver entusiasta.
Pero no era hora de recordarla a ella. Sino a su pequeña amiga que llegaba en el momento justo que él más lo necesitaba. Sentirse hombre y no sólo sentirse padre y abogado. Se sentó en las escaleras de la entrada principal, observando que Souta y Aki jugaban, esta última siempre siendo protegida por el primero.
Volvió a sus pensamientos. Haber presenciado la manera en que su hermano y Kagome se reconciliaran la noche anterior, le hizo pensar seriamente en su relación con Reiko. La había besado, cierto, y de hecho lo había disfrutado, mucho.
Sintió unas manos recorrer su espalda y enlazarse en su pecho. Las sujetó, reconociéndolas, y pasó sus dedos suavemente por encima de sus brazos. Suspiró cuando ella respiraba lentamente sobre su cuello.
- Estaba pensando en ti –le dijo.
- ¿No te molesta esto? –Preguntó Reiko, refiriéndose al abrazo.
- Para nada –dijo él mirándola de reojo-. Necesitamos hablar.
- ¿Qué pasa, Sei? –La mujer se separó un poco, antes de que Seiki atrapara de nuevo sus manos.
- Tranquila –frotó sus brazos-, todo está bien. Vamos a mi habitación. –Reiko asintió y sonrió débilmente.
Ahora que lo tenía, no quería perderlo. Jamás.
- ¡Ikki! –El aludido respondió desde la planta alta con un grito-. ¿Podrían venir a vigilar a lo niños? –Lo escuchó bajar los escalones de dos en dos, con Kagome reclamándole que podía caerse.
- ¡Keh! Mujeres –dijo colocándose a su lado y se rió-: Ya me tienes aquí.
- ¡Taku! –Kagome salió de la casa, con los brazos en jarras y mirando a Ikki de forma reprobatoria.
- ¿Sí, amor? –Ikki colocó su cara de borrego y Kagome no hizo más que suspirar abatida.
Seiki y Reiko se rieron de la manera en que ambos se "controlaban". Se despidieron entre risas, tomados de las manos muy discretamente. Kagome se sentó en medio de las piernas de Ikki y éste la abrazó, mientras ella seguía reclamándole en broma que su hermano y Reiko se estaban burlando de ella.
- Pequeña, pequeña –dijo él besándole la cabeza, y ella alzó los ojos-, silencio –y la besó suavemente.
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Entraron a su habitación tomados de las manos. Ella cojeaba un poco por la lesión de hacía unos días y por lo tanto no caminaba igual que siempre. La sentó en la cama y él se sentó junto a ella. La observó unos minutos, eternos según Reiko, y luego le sonrió suavemente. Ella correspondió la sonrisa un tanto nerviosa.
- He estado pensando –Seiki comenzó a hablar y acarició las manos de Reiko con su pulgar-, no me había dado cuenta de lo mucho que me hiciste falta hasta que reapareciste –dijo y sonrió levemente-: Cuando te fuiste a China, no entendía (o no quería ver) por qué me afectaba tanto tu partida.
- No necesitas... –él le calló colocando sus dedos en sus labios.
- Sí, cariño, necesito decirlo –acarició suavemente su mejilla-. Mi única constante en mi vida, has sido tú. Mamá murió cuando yo era pequeño, y tú estuviste allí para consolarme. Cuando Ikuko falleció fue otro duro golpe, y aunque no estuviste allí físicamente, siempre te llevé conmigo. Te llevo aún conmigo.
Se quedaron viendo fijamente. Reiko quería callarlo de una vez por todas, no quería escuchar todo aquello porque le partía el alma saber que él había encontrado en otra persona lo que ella no podía darle.
- Entonces apareció Kahori –dijo Seiki y sonrió nostálgicamente. Reiko envidió a la mujer por tener el amor de él antes que ella-: Y me aferré a ella, –la observó directamente a los ojos-, necesitaba apoyo, cariño, sonrisas; y ella era todo eso. La adoraba porque ella era todo lo que yo no. Era libre, soñadora, independiente. La amé –Reiko suspiró con sentimiento, como si le causara pesar y medio sonrió-. Nos casamos y me dio una hermosa hija que ella no pudo disfrutar.
Seiki guardó silencio. Acarició suavemente su mejilla haciéndole sentir que todo estaba bien. Pero para Reiko las cosas no lo estaban. No se encontraban en su sitio. Escuchándolo hablar de su vida, de su difunta esposa, la hacían sentirse una intrusa. Como quien usurpa un lugar. Reiko bajó la mirada un tanto afligida, no entendía el por qué de aquel discurso.
- No te entiendo –le dijo con suavidad-, no sé que quieres decirme, Sei.
- Sólo quiero que sepas cómo y cuánto te quiero –le dijo alzándole el rostro por el mentón y le acarició la barbilla-: A nadie he querido como a ti. La forma en que te amo, es distinta, mucho más intensa.
- Sei –susurró ella al borde de las lágrimas.
- Me haces sentir hombre, Rei –borró el rastro de las lágrimas acumuladas-, me haces sentir que puedo amar de nuevo. Y amarte a ti, es una hermosa bendición.
La sujetó del rostro con suavidad y unió sus labios con los de ella. Acariciándolos muy lentamente, recorriéndolos y conociéndolos, memorizándolos para él. Reiko colocó sus manos sobre las de él y se abandonó a las sensaciones que Seiki le producía con ese delicioso beso. La calidez de la lengua que mimaba sus labios, que pedía entreabriera para recorrer el interior de su boca.
Seiki deslizó sus manos, una hasta la nuca de la mujer y la otra hasta su espalda. La apretó contra él, hasta sentir su cuerpo entero consigo. La falta de aire les hizo separar sus labios, pero no separar sus cuerpos. Se miraron penetrantemente, sus ojos brillaron con fuerza, sonrieron por aquel brillo y se besaron dulcemente de nuevo.
- Tanta espera ha valido la pena –dijo Reiko en voz baja, descansando sobre su pecho siendo cobijada por los brazos de su amado hombre, quien la rodeaba completamente.
- Debo decirte una cosa más –le dijo con ternura, acariciando su cabello. Ella alzó el rostro-: Quiero que te cases conmigo.
- ¿Qué? –Parpadeó repetidas veces, anonadada. ¿Le estaba pidiendo matrimonio?
La confusión y el desasosiego en la mirada verde le hicieron dudar, separándola un poco de él.
- Puedes decir que no, si no quieres –dijo temeroso de la respuesta.
- ¡Kami! Cómo puedes ser tan..., tan tonto –Reiko se lanzó a su cuello, abrazándole-. Por supuesto que quiero –susurró-¡sí, sí quiero!
- Fantástico –dijo él, sintiendo que las piezas de su corazón volvían a encajar en su lugar.
- Sólo, me preocupa Aki –le dijo preocupada.
- Hablaré con ella –la abrazó con fuerza y dejó que descansara su cabeza en su hombro.
φφφφφ
Había pasado unos días, y Seiki simplemente no lograba abordar el tema con su hija, de plano las palabras se le atoraban en la garganta. Por si fuera poco, la niña parecía percibir su cercanía con Reiko porque comenzaba a comportarse de manera ruda y grosera, varias veces había tenido que regañarla. Eso le dolía. Aki era su hija y la adoraba tanto que odiaba tener que discutir con ella.
Kagome se colocó detrás de Seiki y colocó sus manos en sus hombros. Lo sintió sobresaltarse un poco, pero luego ella le tranquilizó con su voz. Seiki se relajó.
- Estás muy tenso –habló ella, y masajeó sus hombros suavemente.
- Se me está complicando el hablar con Aki –dijo él, y se relajó contra el sillón.
- Déjame hablar con ella, Sei –dijo ella suavemente-, déjame explicarle la situación. Es pequeña, pero entenderá.
- No quiero que se moleste –respondió seriamente-. Y además está teniendo esos caprichos.
- Calma –dijo ella y dejó de masajear sus hombros-. Veré que puedo hacer, prometo que ella lo tomará de la mejor manera.
- Debería hacerlo yo, soy su padre –dijo él apesadumbrado. Luego cambió su cara a una de curiosidad-¿No deberías estar en tu lección ecuestre? –Cuestionó.
- Sí, pero Kurayami no me deja montarlo –Kagome hizo un puchero.
Kurayami, era un semental de color negro. Un hermoso ejemplar que su padre había comprado de puro gusto, el problema era que tenía un temperamento bastante pesado, y no dejaba que nadie se le acercara, más que Ikki. Tenían otros animales, Kōsen, la yegua blanca que perteneció a la madre de Ikki; también estaba Kuroi un potrillo que pertenecía a Aki; Emi, Gennai, entre otros más.
- Dile a Ikki que saquen a Jin –Kagome palideció un momento. Jin era el caballo del propio Seiki, de color miel con la crin casi blanca y unos ojos oscuros profundos. Era un animal precioso-. No me mires así –dijo jocoso-, Jin es perfecto para ti y dejará que lo montes.
- ¿Estás seguro? –El animal le había llamado la atención desde que lo viera.
- Sí, anda, vete de aquí –dijo y se acercó a ella para besar su frente-. Gracias, preciosa.
Ella asintió y salió del despacho, seguida de la mirada de él.
φφφφφ
A decir verdad, acercarse a Aki para contarle que su padre quería rehacer su vida con Reiko había sido más difícil de lo que Kagome pensaba. Hasta ese día. Mientras Souta entraba al baño a ducharse, Kagome se sentó junto a la niña para conversar con ella. Durante el tarde había hecho una rabieta porque Seiki había salido con Reiko y no la había querido llevar. Seiki le había mirado duramente y le había ordenando ir a la habitación.
- Supe lo que pasó esta tarde, Aki –comenzó Kagome-, y no me parece propio de ti, mi niña.
- ¡Mi papá ya no me quiere! –Espetó molesta y con los ojos llenándosele de lágrimas-¡Solamente le pone atención a ella!
- ¿Cómo puedes decir eso? –Le acarició los cabellos rubios platinados y se acercó más a ella-. Tu papi te quiere mucho, cielo, pero él... –se mordió el labio porque no sabía como seguir-. Aki, tu padre quiere darte una mamá, cariño...
- Pero yo sólo quiero a mi papá –dijo con el rostro anegado en lágrimas-. Mi mamá murió cuando yo nací y...
- Dices eso porque no sabes lo maravilloso que es una madre, Aki –le dijo suavemente-, necesitas quien te mime, te proteja, te cocine y te arrope por las noches –la niña sollozó un poco-. Además, cielo, tu papá se siente solo, te tiene a ti, pero es muy joven para no tener a alguien a su lado –Aki negó suavemente-: La soledad es muy fea, Aki, te mata por dentro. Sei te adora, princesa, pero quiere a una mujer con la cual hacer cosas de adultos: salir al cine, cenar fuera.
Aki se limpió las lágrimas con el dorso de su mano. Odiaba admitir que desde que Reiko apareciera su padre se veía mucho más contento. Y también debía admitir que cuando comenzó a tratar a Reiko se sentía muy a gusto con su presencia, casi como si fuera la propia Kagome quien estuviera con ella.
- No quiero que mi papá deje de quererme –sollozó y se lanzó a los brazos de Kagome quien la acunó.
- Nadie va a dejar de quererte, princesa –la voz de Ikki inundó la habitación y se sentó detrás de Kagome para acariciar la cabeza de su sobrina-: Yo te quiero, y tu papá te adora. Te diré un secreto, –Kagome le miró curiosa-: Seiki y yo no somos hijos de la misma mamá, Aki.
- ¿Cómo? –La niña se vio interesada en el relato.
- Tu abuelo tuvo otra esposa antes de mi mamá –la niña le miró entendiendo-. Papá estaba casado con la mamá de Seiki, y cuando la señora falleció, papá rehizo su vida –le secó las lágrimas-, se casó con mi madre y luego nací yo.
- ¿Y mi papá? –Ikki sonrió y negó con la cabeza.
- Nena, tu abuelo y tu papi se volvieron muy unidos desde entonces y luego llegó mi madre y llegué yo, –le dijo y sonrió, sabiendo muy en el fondo que cuando él naciera Seiki no lo apreciaba del todo.
- Tu papá no dejará de quererte por querer a Rei –Le dijo Kagome-. Ni tampoco dejará de hacerlo si tienes un hermanito o hermanita –Aki sonrió al pensar en una hermanita con la cual jugar.
- ¿Mañana le pedirás perdón a papá porque te portaste muy mal el día de hoy? Se puso muy triste –Ikki se colocó a un lado de la cama y beso las mejillas húmedas de su sobrina.
- Sí, mañana mismo –dijo ella y abrazó a Ikki por el cuello-. ¿Le dirías a papá que lo amo?
- Claro, princesa. Buenas noches.
- Buenas noches, tío –dijo la niña y se metió debajo de la sábana-. Buenas noches Kagome.
- Descansa, Aki –besó su frente y luego se despidió de su hermano-. Hasta mañana, Souta –y él asintió.
Ambos salieron de la habitación. Ikki acorraló a Kagome contra la pared. Ella le sonrió traviesamente. Habían empezado ese juego durante su estancia en el rancho, ella le provocaba inocentemente y él intentaba seducirla a como diera costa. Pero por una u otra razón solamente se besaban con pasión desmedida, cuando alguien los interrumpía u oían ruidos.
- ¿Sabes que te ves sumamente sexy con los niños? –Rozó su nariz suavemente con la suya, hablándole en una voz bastante baja y sensual.
- ¿Y sabías que tú solamente eres sexy? –Kagome sonrió, porque sabía que para Ikki eso era una provocación directa.
- Mmm, me gusta esta nueva tú –le dijo susurrante al oído, haciendo que la piel de Kagome se erizara. Ella rió por lo bajo divertida.
Debía confesar que a ella también le sentaba el cambio. Se sentía muy segura con Ikki y por ello le picaba constantemente en los nervios y el deseo. Con él sentía que el cuerpo le temblaba y que quería sentirlo contra su propio cuerpo. Estaba descubriendo en sí misma esa sensualidad de una chica de 18 años que gustaba de estar con su novio.
Kagome sonrió y acarició su mejilla muy suavemente. Ikki cerró los ojos disfrutando de aquello, y antes de abrirlos sintió los labios de ella sobre los suyos. Le devolvió el beso suavemente, pegando su cuerpo al de ella, sujetándola de la cintura para envolverla en sus brazos. La cargó un poco, casi arrastrándola hasta su habitación. Cerró la puerta tras de sí y condujo a la chica, entre besos, hasta topar con la cama. Kagome hizo fuerza para detenerlo.
- Tranquila –dijo él separándose y acariciándole la mejilla-, sólo quédate conmigo esta noche –Kagome le miró dudosa-, sólo dormir, Kag, lo prometo.
- ¿Podría cambiarme primero? –Ikki le sonrió y la dejó escapar de sus brazos no sin antes robarle un beso-. No tardo.
El joven la observó salir de su habitación y él también se metió a su baño y se colocó su ropa de dormir: unos boxers negros y una camiseta gris sin mangas. Deshizo la cama y se quedó sentado en el lado donde dormía. Kagome entró unos minutos después, vestida también con unos boxers -más ajustados- de color rosa y una blusa a juego también sin mangas. Se miraron un minuto, donde la chica se sonrojó de pronto y desvió la mirada.
Sintió el calor que Ikki emanaba con su cuerpo¿cómo había llegado tan rápido a ella? Los brazos rodearon su cuerpo, estrechándola contra él. Deslizó sus dedos por entre las hebras negras y se detuvo en su espalda, frotando muy suavemente.
- Vamos..., ven conmigo –la soltó suavemente y sujetó una de sus manos, llevándola hacia la cama-. ¿Confías en mí?
- Ciegamente –respondió ella.
Ikki sonrió suavemente y ella se dejó guiar sobre la cama. Él se acomodó en su lado correspondiente, Kagome también se apropió del espacio restante y se acurrucó en él buscando calor. El muchacho sonrió contento al saberla así de cerca, uno de sus brazos servía de almohada para Kagome y con la otra cubrió a ambos con la sábana que había a los pies, para luego rodear su cintura.
La forma en que el cuerpo de Kagome se amoldaba perfectamente al suyo era irreal, y la manera en que se sentía tenerla así era perfecta. Y el momento era suyo. Besó su frente y sus negros cabellos.
- Buenas noches, pequeña.
- Buenas noches –respondió Kagome sintiéndose cansada.
Estaba sorprendida por la forma tan correcta y caballerosa en que Ikki se había portado. Cuando le pidió quedarse con él esa noche lo había hecho con una sinceridad y sin malicia en su voz. Su cuerpo menudo se ajustó al musculoso de él, dejó que Ikki la abrazara protectoramente y se permitió rodear su torso con una mano. Era consciente del latir de su corazón que poco a poco era como un arrullo. Lo último que alcanzó a escuchar de él fueron dos palabras: "Te amo". Y Kagome sonrió bobamente contestándole muy suavemente: "Y yo a ti", pegándose a él más, y rodeándolo con sus brazos.
φφφφφ
Por la mañana, todos se levantaron, se alistaron para pasar otro día más en el rancho. Aki y Souta bajaron tomados de las manos, el muchachito evitando que la niña pudiera caer de las escaleras.
- ¿Souta? –Le llamó la niña antes de bajar el último escalón y él se detuvo-¿Si tu mamá hubiese querido a alguien más hubieras tenido algún problema con ello? –Souta sonrió.
- Supongo que no –dijo pensativo-, mi papá murió cuando yo era muy pequeño, tengo muy pocos recuerdos de él, pero estoy seguro de que a mi papá le hubiera gustado que mamá rehiciera su vida.
- ¿Y Kagome? –Cuestionó la niña de nuevo.
- ¿Mi hermana? –Souta volvió a pensarlo-, bueno no lo sé bien, Aki, pero puedo poner un ejemplo –la niña asintió y se sentaron en los escalones-¿Recuerdas lo que nos contó mi hermana hace unos días?
- Sobre la extraña perla y que ella es la re..., re-no-sé-que de quién-sabe-quien –Aki hizo un mohín al no recordar exactamente las palabras y Souta se rió.
- Exactamente eso –dijo el niño-, mi hermana amaba al hanyou de la otra época, demasiado, y para ella encontrarse sola no era agradable, se volvió huraña y taciturna, en comparación de la Kagome risueña y soñadora que siempre se levantaba tarde, parecía muerta... ¿Crees que esté en su derecho de rehacer su vida, Aki?
- Mmm –la niña puso ambas manos bajo su mentón y se puso a pensar.
Bien. Era un caso complicado. El muchacho con orejas de perro pertenecía a otra época y si encontrara alguna manera para reencontrarse con Kagome, de cualquier otra forma, quizás… Pero entonces ¿qué pasaba con el amor? Tanto amor que Kagome profesaba ¿desaparecía?
- El amor es capaz de crear más de sí mismo –Souta la sacó de sus pensamientos-. Eres pequeña, Aki, pero puedes entender estas cosas. Tu papá te ama por encima de todo, y amaba a tu madre también, y el amor es tan grande que puede producir más y más amor. ¿Lo entiendes?
- Kagome siempre llevará al chico de las orejas en su corazón¿es así? –Souta asintió-, pero también ama a mi tío –Souta volvió a asentir-. Bueno, entonces supongo que sí, está en derecho en rehacer su vida.
- Entonces no le hagas la vida imposible a tu papá y déjalo querer a Rei, si eso es lo que quiere –Souta le tendió una mano-. Ahora, vamos a desayunar porque me muero de hambre¿tú no?
©©©©©
Entró en la habitación muy despacio, después del desayuno su padre la había mirado tristemente y luego había desaparecido escaleras arriba. Sabía que seguía algo molesto, pero no sabía el grado de angustia que sentía hasta que lo miró a los ojos. No le gustaba ver esa opacidad en los ojos de su tío y ahora lo veía en su padre. ¡No, no, no! Imposible. Lo vio sentado junto al alfeizar de la ventana mirando hacia fuera.
- ¿Papá? –Seiki giró a verla y medio sonrió. No podía estar enfadado por siempre.
- Dime, Aki –la forma tan impersonal, le dolió. En el instante sus ojitos dorados se llenaron de lágrimas.
- Papi, perdóname... –corrió hasta alcanzar la cintura de su progenitor y lo abrazó sollozando-, perdón papi.
- Está bien, princesa –sintió el cálido abrazo de su padre y luego se sintió cargada y estrujada.
Unos minutos de completa calma fueron suficientes para que padre e hija se consolaran. Después, todo lo que había sucedido se quedó en el pasado, como en realidad no hubiera existido. Se escuchó un suave clic cuando la puerta de cerró, Seiki sabía que Reiko y Kagome habían estado del otro lado y sonrió.
- Te quiero, princesa –Aki quitó unas cuantas lágrimas de los ojos de su padre y le dio un suave beso en la mejilla.
- Yo también te quiero, papi...
φφφφφ
Sólo era cuestión de tiempo para partir hacia casa otra vez. El mes que pasaron de vacaciones en el rancho Taku fue realmente espectacular: los paseos, la comida, las clases de equitación, y sobre todo el poder reencontrarse consigo misma y con el amor. Había soportado tanto, pero valía toda la pena del mundo, el sentimiento de renacimiento que bullía en su interior era la prueba inequívoca de que paso a paso, golpe tras golpe había crecido y madurado.
- Sé feliz, pequeña Kagome –el susurro del viento le entró por cada poro de su piel, quedándose en el corazón.
Cerró los ojos sintiendo la calidez del viento y después unos brazos que la rodearon bajo la cintura y la sujetaron contra un cuerpo. Sonrió de lado y descansó su cabeza en uno de los hombros del muchacho. Aspiró su aroma, olía a rayos de sol, no conocía bien el olor del sol, pero Ikki tenía ese aroma impregnado.
- Pequeña mía –besó su cuello ligeramente-. ¿Lista para marcharte?
- Un poco –Kagome se rió por lo bajo-, me he enamorado del rancho.
- Podemos venir más seguido si quieres –Kagome se giró y jugueteó con su nariz sobre la de él.
- Me encantaría –lo besó.
- ¡Kagome, Ikki! –Se separaron y sonrieron.
Bajaron por la colina en donde el chico la había encontrado y se encaminaron hacia los autos que los esperaban ya listos para partir, se despidieron de Isei y de los pocos encargados del rancho, prometiendo que volverían pronto. Aki iba sentada en el auto de su padre, conversando animadamente con Reiko, desde hacía unos días que se le veía diferente y para Kagome aquello era una excelente noticia. Souta se subió al auto de Ikki, mientras Kagome se despedía de Isei.
- Me encantó estar aquí –le dijo sonriendo.
- A mí me encantó más el conocerte, Kagome –le besó suavemente los nudillos-. Eres excepcional, cariño, y siempre serás bienvenida en esta casa.
- Muchísimas gracias –la muchacha le abrazó-. Me sentí como en casa –le susurró-, hasta luego, señor Isei –se subieron a los autos.
- ¡Hasta pronto, muchachos! –Les gritó mientras se despedían con las manos.
A través del vidrio, vio a Isei Taku hacerse pequeño y Kagome se sintió en completa armonía. Todo estará bien de ahora en adelante. Mi camino inclinado se ha terminado, ahora iré de bajada, pensó y luego volteó hacia delante, tenían una larga autopista por recorrer.
- Así debe ser..., Kagome, tonta.
- Inuyasha-no-baka –se rió interiormente.
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Me quieren apedrear, yo lo sé. Siento muchísimo la tardanza¡demasiado! Acabo de terminar clases, gracias a Dios, y pues hasta ahora tuve la oportunidad de cerrar este capítulo como yo quería.
Se llama Pasos, porque es un arduo camino el que Sei, Rei y Aki deben recorrer para reconocer que para ser felices, debemos dejar que sean felices con otros. Supongo que no me explico bien, pero el asunto es que hubo ciertas situaciones donde Rei y Sei se acercaron, y a Aki no le cayó en gracia, PERO necesitaba entender que el amor es enorme, y solamente sigue produciendo.
Muchas incoherencias.
Algunas de las frases que están en itálicas parecen ser dichas por otra persona. Bien. Sí, están dichas por alguien que no aparece como él mismo, sino de otra manera. Inuyasha. Por eso Kagome dice lo último, como una manera de despedir un recuerdo que ama tanto y que siempre lo amará.
Espero de todo corazón que les guste. Sentía que debía dejar en claro lo que sucedería con Seiki y Reiko, dado que el siguiente capítulo, como ya me recomendaron, fuera algo que dijera: "4 años después". Q sería de la historia sin un "años después" y quizá un epílogo.
Creo que he cumplido con la mayoría de mis "Transiciones" me han costado muchísimo, pero he amado este fic como nunca. Tengo historias medio estancadas, debido a que por una u otra razón no las he planeado tan bien como planeé Transiciones, pero pretendo hacer un recuento de todos ellos.
Este es un pequeño regalo de navidad y de próspero año nuevo. Espero tenerles el capítulo 12 para el final de Enero. MUCHOS SALUDOS.
Muchos saludos, Ταϊħşŝ βļαċk
