Capitulo 10
Los días iban pasando, y el baile de primavera había llegado. La relación entre Candy y Terry se había vuelto más estrecha. Solían almorzar juntos en la cafetería de la escuela, mientras Terry le contaba historias sobre lo que había vivido en la guerra, era extraño como podía sentirse tan bien con ella, hasta el punto de contarle cosas que jamás había compartido con nadie. En menos de un mes, Candy sabía absolutamente todo acerca de la vida de Terry, desde su infancia, hasta la forma en que había llegado a convertirse en entrenador del equipo, y ella fácilmente podría escribir una novela con todos los datos que él le estaba dando. Admiraba la voluntad que había tenido para salir adelante frente a tales adversidades. Candy también compartió parte de su vida con él, claro que omitiendo algunos detalles.
Terry se había convertido en una compañía para ella, después de que el resto de los profesores dejaran de hablarle, creyendo que mantenía una relación amorosa con el director de la escuela. A Candy no le importaba, ella sabía que, al menos de su parte, nada sucedía ni sucedería con Albert, lo que piensen los demás la tenían sin cuidado, ella no iba a renunciar a su trabajo por nimiedades. Además, sus alumnos no creían en esos rumores, y para ella, eso era lo único que importaba, no se podía permitir perder el respeto de los alumnos, afortunadamente, ellos no habían tomado en serio todos aquellos comentarios malintencionados.
A Terry también le estaba yendo bien en su trabajo. Ya habían tenido algunos partidos, y en todos ellos, el equipo había salido triunfador. No cabía duda que era un excelente entrenador, a pesar de nunca haberse dedicado a ello. Sus años en el ejército, le habían dado la experiencia necesaria para llevar adelante un equipo de futbol. Los jugadores sentían un gran respeto hacia él, y no se atrevían a contradecirlo, claro que Terry, si bien podía dar miedo su presencia, aceptaba los aportes y consejos del resto del equipo. A Albert no le quedaba más remedio que admitir que Terry estaba haciendo un buen trabajo, pero en el fondo, no podía negar que estaba buscando el momento en que cometiera algún error para poder despedirlo. Se arrepentía profundamente de haberlo contratado, cada vez que lo veía charlando con Candy, los celos lo agobiaban. Y para colmo, ella ya no quería saber absolutamente nada de él.
- Entonces... ¿De qué te disfrazarás esta noche? – Candy y Terry estaban sentados en la cafetería como todos los días.
- No creo que asista al baile – Le contestó Terry.
- ¿Por qué no?
- Porque no me gustan las fiestas.
- Vamos... será divertido – Intentó convencerlo – Me sentiré muy sola si no vienes.
- Lo siento... pero no creo que me sienta cómodo. A veces me pongo nervioso en los lugares cerrados cuando hay mucha gente y ruido.
- Entiendo – Candy lo comprendió – A mi primo le pasa lo mismo ¿Nunca intentaste hacer terapia?
- No creo que un psicólogo pueda entender un cuarto de lo que he vivido. Me temo que nadie más que yo puede ayudarme con esto.
- De acuerdo – No quiso seguir con ese tema – Espero que después de todo te decidas a venir al baile, te aseguro que te divertirás.
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Terry llegó a su apartamento, y se desplomó sobre el sofá. Había sido un día muy agotador, Candy le había pedido ayuda para colocar unos adornos en el salón de la escuela, y no había podido negarse. Él no se consideraba exactamente un caballero, pero ella se había convertido en una buena amiga, y no pudo decirle que no.
Se puso a pensar acerca de la invitación que Candy le había hecho para asistir a la fiesta, jamás había asistido a una, ni siquiera cuando terminó la escuela se presentó a su fiesta de promoción, y definitivamente no le gustaba aquello de los disfraces, no quería hacer el ridículo. Pero pensándolo mejor... tal vez, fuera divertido...
Rafe se acercó y pegó un salto para subirse al sofá junto con Terry, los modales de ese perro iban empeorando día tras día.
- ¿Qué dices, amigo? – Le acarició tras las orejas - ¿Debo ir a la fiesta? - El perro ladró dos veces. Terry sabía lo mucho que le disgustaba quedarse solo en el apartamiento – No te preocupes... – Le dijo mientras se levantaba del sofá y se dirigía hacia la habitación – No volveré muy tarde.
Había decidido asistir al baile, siempre podía irse a tiempo si comenzaba a sentirse mal. El único problema, era que no tenía un disfraz que ponerse. Entonces desvió su vista hacía el periódico que estaba abierto sobre la mesa, había una fotografía de una película que estaba siendo furor en esos días, un musical ambientado en los años '50, Grease. Terry observo cómo iba vestido John Travolta, se dirigió hacia su armario y saco unos jeans y una remera negros, muy ajustados. Rafe se acercó para ver que estaba haciendo.
- Debe estar por alguna parte... – Decía mientras rebuscaba dentro del armario y tiraba toda la ropa sobre la cama – ¡La encontré! – Exclamó triunfante. En las manos tenía una chaqueta negra de cuero que había usado en su época de rebelde, era perfecta para completar el traje de "Danny" – Supongo que con esto bastará – Miró su reloj, aún faltaban un par de horas para el baile así que decidió tomar una ducha antes de vestirse.
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Albert se encontraba ultimando los últimos detalles para la fiesta, en unos cuantos minutos más, comenzarían a llegar los invitados. Para esa noche, había decidido disfrazarse de uno de los tres mosqueteros, no podía negarse que se veía muy apuesto con ese traje. A unos cuantos metros de él, podía ver como Candy estaba subida a una escalera colgando unos globos que le iba pasando un flacucho Batman, estaba hermosa con esas calzas y remera negras, se había disfrazado igual que Olivia Newton John en Grease, Albert no podía sacarle los ojos de encima. Entonces sintió como alguien le tocaba el hombro, volteó y vio a Cleopatra, más bien a Patty disfrazada de Cleopatra.
- Estás muy guapo esta noche – Le dijo, coqueta.
- Gracias – Albert se sonrojó un poco ante ese comentario – Tu también te vez muy bien – Era cierto, ese disfraz le sentaba muy bien.
- ¿Ya está todo listo?
- Si... Solo falta colgar algunos globos.
- Parece que Candy no está haciendo muy bien el trabajo que le toco – Comentó con rencor, mirando hacía donde Candy estaba colgando los globos, mientras bromeaba con Batman y el Pato Lucas – Si dejara de reír tanto tal vez terminaría a tiempo.
- ¿Por qué te cae tan mal? – Quiso saber Albert.
- Porque no creo que sea una buena mujer.
- ¿Es que acaso te hecho o dicho algo para que pensarás de ese modo? – Patty vio la oportunidad para desprestigiar a Candy frente a los ojos de Albert.
- Bueno, no sé si me corresponda decirte esto pero... – Usó sus dotes de actriz.
- ¿Qué? ¿Hay algo que deba saber?
- Es solo que Candy ha estado diciendo cosas que no debería entre los demás profesores.
- ¿Qué clase de cosas?
- Ha estado comentando que tiene algo que ver contigo.
- Explícate.
- Candy está diciendo que se acuesta contigo para poder obtener más beneficios en la escuela.
- ¡Pero eso no es cierto! – Exclamó Albert, enfadado. No podía creer que Candy lo haya engañado de esa forma.
- Lo sé – Dijo Patty, comprensivamente – Y para que te quedes más tranquilo... los demás profesores tampoco han creído una palabra de las cosas que dice.
- Gracias, Patty – Le sonrió – No sabes cuánto me alegra saber eso.
- Además... – Continuó diciendo, no iba perder la oportunidad de deshacerse de Candy – He oído rumores que mantiene una relación con el entrenador Grandchester – Notó como Albert apretó los labios – Yo misma los he visto varias veces en situaciones comprometidas. Se comenta que un alumno los vio en el vestuario... manteniendo relaciones.
- ¿Cómo dices? – A juzgar por la reacción de Albert, Patty creyó que se le había ido la mano.
- Bueno... solo son rumores...
- Pues si resultan ser ciertos... no me quedará más remedio que despedirlos a ambos.
Patty sonrió triunfante, después de todo, su plan había salido a la perfección, solo era cuestión de tiempo para que Candy se fuera para siempre de su vida, y de paso, también se libraría de Grandchester, no creía que una persona como él fuera un buen ejemplo para los alumnos, y los demás profesores estaban de acuerdo en ello.
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La fiesta había comenzado, y todo había quedado perfecto. Candy estaba feliz de ver a todos sus alumnos vestidos con los más originales disfraces, bailando y divirtiéndose entre ellos, le hacía pensar que tanto esfuerzo había valido la pena. Por un momento, había olvidado los desplantes de los demás profesores hacía ella, incluso Annie se había mostrado distante con ella. Jamás hubiera creído que esos rumores malintencionados llegarán a tanto, pero nada de eso le importaba mientras no perjudicara su trabajo. Además, Terry estaba con ella, ambos habían sido hechos a un lado por los demás, y se habían convertido en buenos amigos. Gracias a él, por momentos llegaba a olvidar a Anthony y su traición. Le había comentado a Terry que un hombre la había abandonado, pero sin demasiados detalles, aún le costaba hablar del tema, ni siquiera con George lo hacía, todo seguía siendo demasiado doloroso. Deseaba ver a Anthony para gritarle en la cara lo mucho que lo odiaba por el daño que le había causado, sabía que su oportunidad de hacerlo llegaría en cualquier momento.
- Hola, Candy – Escuchó que la saludaba una voz profunda a sus espaldas. Se dio vuelta y sonrió al ver a Terry.
- ¡Terry! – Lo abrazó impulsivamente. Él se sintió extraño, no recordaba la última vez en que alguien lo había abrasado de ese modo – Me alegras que te hayas decidido a venir.
- Si, también yo...
- ¡Oh por Dios! – Exclamó mirándolo de arriba a abajo – Es como si nos hubiéramos puesto de acuerdo – Terry comprendió a lo que se estaba refiriendo Candy, ambos iban vestidos como si fueran la pareja protagonista de Grease: Danny y Sandy.
- Bueno... en verdad te vez hermosa – Le dijo él, con una sonrisa de medio lado.
- Gracias, tu también te vez muy apuesto – Lo tomó de la mano y lo llevó al centro de la pista – Ven, vamos a bailar.
- Yo no sé bailar.
- Solo haz lo que hacen lo demás – Y sin escuchar sus protestas, colocó sus manos alrededor del cuello de él y comenzó a moverse al ritmo de la música.
A Terry no le quedó más remedio que tomarla por la cintura y seguirla, pero en solo unos pocos segundos, comenzó a notar como sus hormonas le jugaban una mala pasada. No había estado con una mujer en mucho tiempo, y su cuerpo se lo estaba reclamando en ese preciso instante. No podía negar que Candy le gustaba, era una mujer hermosa, mucho más hermosa que su ex novia, Susana.
Candy notó como Terry comenzaba a sudar y creyó que se debía a la fobia que decía tener por las multitudes, entonces quiso separarse de él para que pudiera respirar mejor, pero Terry no la dejo hacerlo, en esos momentos, maldecía el hecho de haber optado por disfrazarse de ese modo, la inminente erección debía ser demasiado notoria por culpa de esos jeans tan ajustados.
- ¿Qué sucede, Terry? ¿Te sientes mal? – Le preguntó, preocupada.
- No... Solo... – Su voz comenzaba a temblarle - ¿Podríamos salir afuera unos segundos?
- Sí, claro - Candy tomó a Terry de la mano y lo llevó hacia afuera, temía que algo pudiese pasarle si seguían en la fiesta, él se veía realmente mal - ¿Te sientes mejor ahora? ¿Necesitas algo más?
- Candy yo...
- ¿Qué? – Seguía sin comprender que era lo que le sucedía a Terry, hasta que dirigió su mirada hacia abajo, entonces lo comprendió – Lo siento – Se disculpó, apenado.
- ¡Oh, Terry!
- No puedo evitarlo, hace mucho tiempo que no estoy con una mujer.
- ¿Mucho tiempo? ¿Cuánto exactamente?
- ¡Por favor, Candy! – Parecía avergonzado – Dejémoslo ¿Quieres?
- De acuerdo – Le dijo traviesa – Pero tal vez pueda hacer algo por tu problema – Se acercó a él y le dio un apasionado beso en los labios.
- Candy, no sé si esto sea correcto... – Aunque en el fondo, moría de deseo por llevarla a un lugar apartado y tomarla salvajemente, pero no quería asustarla.
- Vamos, Terry – Candy comenzó a besar su cuello, causando un efecto devastador en él – Sabes que lo deseas, ambos lo deseamos – Llevó su mano a la entrepierna de Terry y lo acarició suavemente. Él sentía que ya no podría soportarlo. La tomó en brazos y la llevó hacia su auto.
- ¿Estás segura? – Le dijo una vez que hubo puesto su auto en marcha.
- Completamente.
Terry no necesito saber nada más, condujo lo más rápido que pudo hasta llegar a su apartamento. Una vez que hubo estacionado, salió del vehículo y abrió la puerta de Candy. Casi no podía aguantar a llegar a la cama, pero con toda la paciencia que pudo reunir, subió las escaleras hasta llegar a su piso y abrir la puerta de apartamento. Una vez adentro, Terry comenzó a desvestirse desesperadamente, mientras Candy hacía lo mismo con su ropa. Estaban en ropa interior cuando ambos cayeron sobre el sofá, ella encima de Terry. Lo besaba y tocaba apasionadamente, hasta que algo la detuvo.
- ¡Por Dios! – Exclamó al sentir algo peludo que la empujaba de un costado. Estaba oscuro, así que no podía ver absolutamente nada - ¿Qué demonios es esto?
- ¿Qué? – Preguntó Terry, desconcertado. No entendía porque Candy había parado.
- Algo me empujo – Terry encendió un velador que se encontraba en una mesita cercana.
- Rafe... – El perro lo miró fijamente, como si le estuviera reprochando algo – Ve a dormir, muchacho – Pero Rafe no se movió de su sitio – Vamos... veté – El perro gruñó a Candy.
- ¿Muerde?
- No, claro que no – No sabía que le estaba pasando al animal, nunca se había comportado de esa forma con nadie, a menos que se tratara de un oriental – No sé que le puede estar sucediendo.
- Tal vez... deberías encerrarlo – Rafe comenzó a ladrar ferozmente a Candy, y ella se asustó.
- Ven – Le dijo – Mejor vamos a la habitación - Condujo a Candy hasta su cuarto, Rafe intentó seguirlos, pero su dueño lo detuvo firmemente.
Una vez dentro de la habitación, Terry depositó a Candy sobre la cama, y comenzó a besarla hambrientamente. No creía soportar una nueva interrupción. Ambos quedaron completamente desnudos, no querían seguir perdiendo el tiempo, y Terry la tomó allí. No podía creer como había sido capaz de soportar tanto tiempo sin sexo. Comenzó a moverse más rápido, hasta que ya no pudo contenerse y se derramó en ella.
- Lo siento – Le dijo, desplomándose sobre Candy – Se que no te corriste.
- Esta bien, Terry – Intentó comprenderlo, aunque estaba un poco decepcionada.
- Solo dame un minuto...
No hiso falta, en menos de eso, Terry estuvo nuevamente listo, y esta vez fue diferente. Hicieron el amor la noche entera, parecía que nunca llegarían a cansarse el uno del otro. Después de todo, Terry no se había arrepentido de asistir al baile, había sido la mejor noche en años.
Continuará...
N/A: Ya sé que la película Grease se estrenó en 1978, pero me pareció simpático que Candy y Terry se caracterizan de estos personajes =)
Espero que les guste este capítulo.
