Disclaimer: Ninguno de los personajes, del mundo de Harry Potter, me pertenecen. Todos pertenecen a JK Rowling. La trama es de BelleOfSummer.
Esté capitulo fue revisado por HunterLight Araiza.
"Almost Perfect, Almost Yours"
Capítulo XI
"La Confesión de Ella"
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—¿Qué en el nombre de…?
Hermione y Draco giraron de golpe y vieron a Adrian, mirándolos de manera asesina como si pudiera matar a alguien en cualquier momento.
Hermione sintió como todo su cuerpo se había sacudido debido a la conmoción fuerte y las cosas abrumadoras que sentía en ese momento. Era como si alguien la hubiera arrojado a un balde lleno de hielo justo después de haber estado bajo el calor del sol. Todo era demasiado incontenible, casi se sentía delirante, casi como si se fuera a desmayar en un instante.
Tal vez también fue la razón por la que no se había dado cuenta de la varita que estaba en su bolsillo ahora estaba volando hacia el agarre de Adrian en un segundo. Todo fue como un rayo. Incluso pudo jurar que la diferencia de tiempo fueron solo unos segundos cuando de pronto vio que Adrian estaba ahora yendo por Draco.
Todo lo que pudo hacer es gritar aterrorizada cuando ambos chocaron brutalmente cerca de un escritorio mientras se golpeaban hasta matarse. Adrian ya le había cortado a Draco el labio inferior con su primer golpe, pero el estudiante más joven no lo dejaría prevalecer mientras intentaba lastimar al otro dándole patadas y golpeándolo lo más que pudiera así podía salir de su estado de acorralado.
Era una escena devastadoramente sangrante, ver dos personas por las que te preocupas matarse sin vacilación.
Incluso podría jurar que había escuchado algunos huesos romperse mientras ella gritaba escandalosamente y corría lo más rápido que pudo para conseguir ayuda la bibliotecaria de Hogwarts, Madame Pince, cuando supo que ninguno de los dos ya la escuchaba.
Fue bastante surreal cuando todo paso demasiado rápido pero también devastadoramente lento para detener a los dos de hacerse daño mutuamente.
Cuando la ayuda llego, Hermione estaba segura que iba a perder la razón para respirar.
Ambos habían salido bastante lastimados. Draco gano profundos moretones, heridas, un labio partido y un brazo roto. Fue algo bueno que Madame Pomfrey fue capaz de curarlo sin demoras. Adrian también se había ganado algunos moretones y heridas, aunque no tanto como Draco viendo que Adrian tuvo la ventaja de arrinconarlo y golpearlo en el escritorio en primer lugar. La única herida grave que albergaba era una fractura del miembro inferior que se había ganado cuando Draco intento volcarlo para ganar el dominio, haciéndolo caer sin piedad sobre la pata del escritorio.
El Profesor Snape y Madame Maxime también habían venido a interrogarlos. El profesor de la casa Slytherin estaba furioso, viendo que sus dos estudiantes estuvieron peleando, sin mencionar que ambos estaban también en el equipo de Quidditch.
Madame Maxime parecía muy decepcionada de Hermione, aunque había declarado constantemente que su estudiante no tenía nada que ver con esto y los estudiantes de Snape fueron los responsables de causar el problema. Incluso había señalado con suficiencia que Hermione era una alumna modelo, y que creía que ella había presenciado la pelea y la termino al reportarlos a Madame Pince así que tenían que agradecerle por eso y no ser castigada.
La declaración fue sin embargo, confirmado por Adrian y Draco, por lo que el Profesor Snape estaba más que indignado. Sin más preguntas, les dio dos semanas de castigo antes de salir furioso de la sala con su infame capa ondulando con fuerza alrededor del aire tenso. Estaba muy molesto por ser humillado delante de la directora del exterior y ambos de sus alumnos sabían que su detención sería más que suficiente para cualquier castigo que viniera a su camino.
Hermione se quedó sin palabras por lo que hicieron Adrian y Draco. La habían dejado afuera de esto aunque ella había sido realmente el motivo por el cual casi se mataron en primer lugar.
Su Directora estaba gratamente satisfecha por el resultado e incluso la había elogiado por su obra supuestamente heroica antes de salir de la sala. Una mirada de triunfo y orgullo estaban visiblemente plasmada en su rostro aristocrático.
Y ahora, Hermione quedo llorando.
Estaba llorando por la frustración, la culpa, la preocupación, el enojo y todas esas otras emociones cruelmente embestida en su interior.
En toda su vida, ella nunca había mentido ni tuvo ningún reconocimiento egoísta como este. Y el hecho de que dos personas a quienes ella quería fueron terriblemente lastimadas por su culpa, sólo fue la gota que derramo el vaso.
¿Cómo pudo ser que su estadía en Hogwarts la arruinara así?
—Mione, no llores. Por favor, deja de llorar —dijo Draco mientras le secaba de manera tierna las lágrimas de la mejilla. Ella estaba sentada en una pequeña banca entra las camas de los dos ocupantes, aunque su silla estaba notablemente alejada de la cama de su hermano y más cerca de Draco.
—¡No la toques como si te preocupara! —Adrián le espeto de su cama. Lucía bastante indignado, pero estaba demasiado indefenso y no podía ponerse de pie por su pierna rota. —¿Cómo pudiste hacer eso, Hermione? Maldita sea, ¡acabas de cumplir quince años! Eres una niña, ¡Te dije que era una mala influencia para ti! Te dije que…
—¡Sí! —Hermione de pronto se puso de pie para enfrentar a su hermano furioso. Sus manos estaban cerradas en puños que temblaban a sus lados enojada mientras lloraba escandalosamente. —¡Me dijiste todo! ¡Me dijiste todo, pero eran todas mentiras!
—¿D-de qué estás ha…? —Adrian de pronto lucía enfermo, casi cianótico en apariencia.
—¡Lo sé todo, Adrian! ¿Por qué? ¿En verdad pensaste que me podías ocultar esto? ¿Por qué hiciste esto? De todas las personas, ¿por qué tenías que ser tú?¿Por qué tuviste que ser tú el me lastimara de esta manera?—Lloró con más fuerza mientras agarraba su uniforme azul de seda. Draco se deslizó más cerca de ella desde su cama así podía sostener su tensa mano y la calmo, haciendo una mueca por su estado físico y el dolor que le causaba.
—H-Hermione, —Adrian lucia como la persona más culpable en el mundo. —Por favor comprende. Sólo lo hice para protegerte. Madre te estaba lavando el cerebro. Eras demasiado joven. Ella es una mujer muy egoísta, Hermione, y está planeando utilizarte para que estés con Draco Malfoy por sus propios motivos. Tenía que hacer lo que pudiera para protegerte.
—Y entonces tomaste cartas en el asunto —ella asintió; una mirada de dolor era visible en su rostro ruborizado. —¡Ni si quiera me preguntaste que es lo que yo sentía! ¡Ni si quiera me diste la oportunidad para decir lo que pensaba! ¡Ni si quiera te importo lo suficiente para decirme la verdad aun cuando me viste llorando, pensando que me habían hable de mi dolor y decepciones cuando de hecho fuiste tú el que hizo que esto pasara!¡Me siento más que traicionada, Adrián! ¡Jugaste conmigo! ¡Jugaste con mis sentimientos!¿Cómo puedes decir que te preocupas por mí, cuando fuiste la misma persona quien logro ejecutar todo para lastimarme? ¡Me siento tan estúpida! ¡Tú me hiciste sentir una estúpida!
—¡Lo hice porque me importas! —Adrianrazonó suplicando.
—¡No! ¡Lo hiciste porque eres egoísta! —Draco grito, todavía en un estado de contorción, al igual que Adrian mientras se deslizaba ligeramente así podía enfrentarlo sin golpear sus frescas contusiones con la cama.
—¡Oh! ¡Mira quién está hablando! ¡Si estoy en lo correcto, yo no soy el que juega con chicas aquí y corrumpe sus mentes así puede metérsele bajo las bragas y dejarlas después como mercancía usada!—Adrian estaba rechinando los dientes ahora mientras intentaba salir de la cama, pero decidió que no era la mejor opción cuando casi se desplomó en suelo frío.
—¡Al menos no soy un bastardo mentiroso de dos caras como tú! ¡Y no le haría eso a Hermione! ¡Eres un cínico psicópata enfermo!
—Sólo estoy intentando protegerla antes de que hagas algo…
—¡Basta ustedes dos! ¡Todavía sigo aquí, en caso de que se hayan olvidado! Y Adrian, nosotros no estamos haciendo nada malo. Tal vez sea tu hermana menor pero ¡ya no soy una niña! ¡No soy propiedad de nadie y puedo hacer lo que quiero! —Hermione grito estridentemente antes de salir de la sala, dejando a los dos ocupantes bastante atónitos y pasmados.
—¿Ves lo que has hecho? —Draco frunció el ceño después de un largo silencio.
—Cállate.
Y en efecto, un largo silencio siguió sin demora.
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Las siguientes dos semanas habían sido una tortura para Draco, no solo por su castigo junto a su némesis, Adrian Pucey, pero también porque Hermione nunca le había hablado a ninguno de los dos desde el arrebato en la enfermería.
Draco pensó que era simplemente injusto. Él no había sido el que le había mentido en primer lugar. ¿Por qué debería sufrir las mismas consecuencias como el retorcido de su hermano?
Fue algo bueno que hubiera convencido a su padrino de no mencionarle nada a su padre. Snape le dijo que cualquiera de sus motivos hubiera sido solo demasiado patético así que no se había molestado en contactar a Lucius al respecto, por lo que Draco estaba muy agradecido.
Esa era una de las razones por la que él no había intentado algo para empeorar su ya su podrida relación con Adrian. Su castigo había tomado todo el tiempo libre de ellos y habían quedado atrapados limpiando las mazmorras, arreglando algunos libros en la biblioteca e incluso patrullar a la noche con Filch, y lo peor, todo lo tenía que hacer con Adrian. El imbécil.
Los campeones habían sido ya seleccionados y Hermione había estado extra ocupada para si quiera verlo. Había ignorado por completo a Adrian también, así que eso era un alivio, pero aun así, Draco no podía evitar pensar en lo injusta que ella en verdad era. Claro, él había participado en la pelea, pero lo había hecho por auto defensa. Era imposible pensar que él solo dejaría que alguien le dé una tremenda paliza solo para mostrar lo amable que era ¿cierto? Él ni si quiera estaba seguro si podía ser amable, por piedad.
Sin embargo, ella actuaba como si no le importara nada. Él se sentía impotente porque tenía que equilibrar su castigo y sus tareas de colegio, y ella parecía aprovechar cada oportunidad de escaparse u ocultarse de él.
En serio, estaba chica pronto lo volvería loco.
Se paseaba por el patio con sus compañeras de Beauxbatons con su campeona del Torneo de los Tres Magos, Fleur Delacour como si estuvieran en un show de concurso de belleza y él no pudo evitar ser uno de esos muchachos quienes quedaban boquiabiertos como estúpido mirándolas.
Todas eran increíblemente atractivas y hermosas pero lo que lo atormentaba más era el encantador vaivén de sus caderas y esa esencia de confianza femenina que parecía suscitar cada vez que pasaban.
¿Estaban entrenadas para caminar de esa manera?
Maldita sea.
Ella era solo demasiado agraciada y muy atractiva para su propio bien. La mirada altiva de su hermoso rostro y el vaivén de esa prenda de seda que era su uniforme era demasiado para soportarlo.
¿Por qué lo estaba torturando de esa manera? Él no había hecho nada malo. ¡Fue el estúpido de su hermano que lo hizo!
Incluso sus calificaciones habían comenzado a decaer solo porque siempre estaba demasiado ocupado vigilándola adonde sea que ella estuviera, y pensando en ella cuando no estaba. Snape suponía que él estaba teniendo problemas por su tiempo limitado debido a su castigo. Su padrino le dijo que mantendría la boca cerrada por ahora pero le advirtió que comenzara a estudiar más si no quería que Lucius irrumpiera en el castillo y lo castigara delante de sus compañeros.
Draco se preguntaba porque demonios Snape estaba actuando como si estuviera demasiado ocupado para si quiera degradarlo. Por lo que sabía, antes era su manera de entretenerse.
Su castigo era una cosa, pero ¿por qué ahora ni si quiera se molestaba en discutir con Lucius sobre sus calificaciones? Su padrino siempre había sido un jodido fisgón y siempre le encantaba entrometerse, reportando cada falla de Draco a su padre cada vez que tuviera la oportunidad. Era una de sus diversiones. ¿Por qué cambiar ahora?
Tal vez era también porque su padre estaba demasiado ocupado. Aunque no sabía en lo que estaba trabajando últimamente que parecía tomarle todo su tiempo. Quizás era sólo otros de sus negocios o estaba doblando sus esfuerzos para besar las botas del Ministro, otra vez. Se hizo una de sus recientes aficiones; especialmente desde que había sido destituido como miembro del consejo del colegio de Hogwarts el año pasado por presionar a los otros once consejeros en suspender a Dumbledore.
Su padre había estado tan enojado con él ese momento, ya que en parte fue su culpa por haber sido herido por el estúpido pájaro Buckbeak. Pero en el fondo Draco se sentía bien que su padre lo había defendido e intento hacer justicia por su brazo roto.
Lo hacía sentir que su padre también lo quería… siempre pensó que lo hacía. ¿Por qué siempre le preguntaba a Snape por su paradero? Por supuesto que estaba preocupado por él. Después de todo, seguía siendo su único hijo.
Si Draco no estuviera teniendo su "problema Hermione" en este momento, hubiera estado muy preocupado del hecho de que últimamente su padre no le había preguntado nada a Snape sobre él. Sólo había venido a Hogwarts para solicitar información sobre el Torneo de los Tres Magos. Lucius estaba muy intrigado del cuarto campeón, que era el maldito de Harry Potter. Cómo y por qué había sido considerado por la copa como uno estaba fuera de su alcance. Draco tenía demasiado problemas con los que lidiar que el patético adicto a la snitch.
Lo que sólo se estaba preguntando era por el hecho de que su padre había estado demasiado interesado con todo lo que sucedía en el Torneo de los Tres Magos más que averiguar por él. Había vigilado a Draco antes como si fuera algún tipo de criminal y que no podía hacer nada mejor por el apellido. Sin embargo, en este momento, él no sabía nada sobre sus malas calificaciones y sus interminables castigos.
Aunque Draco supuso que eso era algo bueno. Tenía muchas cosas con la que lidiar en este momento en vez de la ira no deseada de su padre; por ejemplo; limpiar las telarañas de un libro de tapa dura sin magia. Era sábado y finalmente sirviendo su último castigo en la biblioteca.
Adrian estaba en frente de él, también haciendo lo mismo y probablemente mordiéndose la lengua como él lo estaba haciendo. Ambos sabían que una sola disputa llevaría a otra brutal pelea, y ninguno de ellos deseaba otras semanas agotadoras de detenciones, por supuesto. Sin importar el orgullo, él haría lo que fuera para terminar con esto.
Sin embargo, no podía evitar echar un vistazo a ese pequeño rincón de la biblioteca que lo estaba provocando en su visión periférica. Era el mismo rincón en el que Hermione y él se habían besado con vehemencia hace semanas atrás. También, era bastante irónico que estuviera pasando su último castigo allí. Lo tomó como una buena señal cuando sonrió ante ese travieso recuerdo.
Tal vez este día iba a ser un poco diferente de los anteriores. Habían pasado semanas pero todavía podía sentir su cuerpo esbelto bajo ese uniforme azul suave y sedoso que estaba vistiendo. Él había sujetado sus hermosas curvas y ella parecía encantarle cada momento mientras gemía su nombre.
Ella simplemente era demasiado adictiva. Todo en ella era adictivo para él. Haría cualquier cosa para volver a obtener un beso así. Después de su castigo, ella no podría alejarse de él otra vez. Él no lo permitiría.
Se la arrebataría de sus compañeras presumidas cada vez que pasaran junto a él si fuera necesario. Nunca se conformaría con ser uno de esos estúpidos que quedan boquiabiertos cuando pasan. Sería un lobo atrapando una oveja en particular entre el tentador rebaño. Y ella nunca sería capaz de resistirse a él, otra vez. De buena gana se aseguraría de ello.
De todas maneras, para él siempre había sido fácil cuando se trataba de tentar y manipular a las personas. Era uno de sus notables talentos y dones. Todo lo que tenía que hacer era utilizar su habitual lado popular, fresco y solo…
—Hola.
Si hubiera un momento que Draco Malfoy y Adrian Pucey serían capaces de hacer algo de una manera ridículamente sincronizada, sería ahora, cuando ambos soltaron los libros que estaban limpiando en el mismo milisegundo.
—H-Hermione —Adrian dijo de manera ahogada, casi inmóvil todavía suplicante mientras miraba su hermana con los ojos más arrepentidos que había mostrado.
Sin embargo, Draco no pudo pensar en nada, pero el hecho de que ella, una vez más, había capturado sus sentidos de todas las formas posibles.
Llevaba un hermoso vestido blanco de verano cuya caída se detenía por encima de sus rodillas. Su pelo en una coleta suelta con algunos mechones enmarcando su delicado rostro.
Su vestido blanco le recordaba de su primer encuentro. Ella era como un ángel. Se tuvo que recordar a sí mismo cerrar la boca antes de que se tragara algo que no quisiera.
Bueno, ahí iba su promesa de nunca más quedarse con la boca abierta.
—He pensado mucho últimamente —ella exhalo mientras se acercaba, pero se detuvo a solo unos metros de los dos.
—Hermione —Adrian comenzó a caminar desesperado hacia ella para tomarla de las manos. —Lo siento mucho. Por favor perdóname, Mione. Es que sólo…
—Déjame terminar primero, Adrian —ella le espeto, y Draco no pudo evitar sonreírle de manera engreída. Es un imbécil desesperado.
—Quería pedirles disculpas por no haber hablado con ninguno en las últimas semanas, pero confío que comprenderán mi motivo —continuó cuando Adrian frunció los labios y bajo la mirada.
No. Draco en verdad no lo podía comprender. Pero tenía que mantener la boca cerrado si no quería terminar como el idiota de su hermano.
—Tuve que pensar en muchas cosas. Tuve que reflexionar en algunas cosas para tomar una decisión correcta. Nunca había experimentado algo así en toda mi vida, verlo a los dos casi matarse por mí. Tenía mucho miedo. Ustedes no sabían lo nerviosa y preocupada que estuve ese día. Ni si quiera me escucharon cuando les rogué que se detuvieran. Y supongo que se merecen cada castigo que le dieron por eso —dijo ella asertivamente mientras levantaba un poco se barbilla, aunque seguía siendo bastante evidente que su voz temblaba un poco. —Pero también tienen que saber que me preocupo mucho por ustedes. Adrian, eres mi hermano y me importas mucho. Y Draco… tú eres muy especial para mí. Supongo que sabes eso —le sonrió suavemente a Draco y él no supo si devolverle la sonrisa o quedarse boquiabierto.
—¿En-entonces me perdonas? —Adrian pregunto ansioso mientras seguía sosteniendo su mano.
—Puedo, pero eso es sólo si tú aceptas que esté con Draco. Porque en caso de que no sepas, he estado enamorada de él incluso antes de que madre me lo pidiera.
Para ese momento, Draco quedo admirado y sonrió al mismo tiempo. Era una expresión bastante cómica e inusual para un Malfoy. Pero en verdad ¿a quién le importaba?
Las últimas semanas no fueron una pérdida de tiempo, después de todo. Él tenía razón. Tal vez este día iba a ser un poco diferente a los anteriores.
NdT: Posteé en los grupos Dramione de facebook, el vestido con el que la autora se inspiró para escribir este capítulo.
