Comienzo de clases, Hermione estaba a punto de entrar al colegio, y estaba realmente asustada. ¿Qué iría a hacer en ese colegio lleno de niños muggles? ¿Habría alguien igual a ella? ¿Qué pasaría si se descontrolaba de nuevo y todos lo notaban?
Christopher, que era mayor, la había alentado diciéndole que la escuela no era nada particularmente importante ni difícil y que se podría juntar con él cuando quisiera. E incluso Casandra, la madre de Chris, se había enternecido con su preocupación y le había dado consejos. "Sólo sé amable con todos y verás que las cosas irán bien" repetía ella una y otra vez.
Pero aunque la escuela era algo que le preocupaba, no era lo único que atormentaba su cabecita. Era esa maldita Elizabeth a la que ya no podría ir a vigilar e interrumpir en los momentos en los que trataba de acercarse a Aaron, y la niña ahora había comprendido que era la única que podía ayudarle a su padre.
¿Pero no sería cierto después de todo, que iría a tener un hermanito? A ella no le interesaba la propuesta. "Aquí no habrá más niño que yo" pensaba constantemente. Aunque si el niño fuera de su madre, la idea no le molestaba tanto. Pero aún así había otro asunto importante:
Parecía mentira que la semana pasada aquella extraña mujer por fin le hubiera aclarado dudas que jamás ninguna otra persona cercana le habrían podido contestar. Pero ahora seguía esa gran incógnita ¿Qué era ella, y por qué era así si sus padres no? Y otra más
¿Por qué había sido precisamente aquella mujer, una que ni siquiera era cercana ni había ningún vínculo entre ambas, quien había tenido la bondad de hacerle las cosas un poco menos complicadas de comprender? ¿Y qué demonios era ese tal "Hogwarts del que habría de recibir cartas?
No se había atrevido a contárselo a ninguno de los dos, ni siquiera a Chris a quien le confiaba todo, incluso el asunto de Elizabeth.
Yo creo—dijo Chris. —que deberías de intentar alejarla de otras maneras, haciendo que tu madre la despida, pero sin saber lo que quiere con tu padre.
A ella le pareció una gran idea. Pero justo cuando el plan se pondría en acción su madre le recordó que el Lunes próximo comenzaría la escuela, y era viernes en la tarde ¿Qué haría?
Sentía que el mundo se le venía encima, no quería que a ella le pasara lo que a Chris. Aunque después de todo no estaba tan mal solo con Casandra pero, ella quería a su padre, lo necesitaba, más últimamente que su tío Caracol se casaría en una semana, poco antes que naciera su hijo, y ya casi no iba a visitarla salvo de vez en cuando para cenar.
Le encantaba tocarle la pancita a la tía Alma y sentir al pequeño bebé pateando.
"Cuando salgas de ahí, jugaremos tú, Chris, Bayrón y yo en el jardín trasero de mi casa, y tú serás mi Caracolito y te voy a dar muchos besitos"
Pide a gritos un Hermanito—decía Alma sonriendo.
Pero dejó de hacerlo cuando notó la cara triste de Melinda, y que Aaron se ponía nervioso y bajaba la cabeza.
Alma estaba enorme, radiante y hermosa, y el tío Max muy callado. Tal parecía estar sintiendo los nervios de la paternidad. Y Hermione notaba, que había en su rostro un aire más maduro y centrado, ya no era aquel loco muchacho que ponía su mundo de cabeza. Aunque aún seguía siendo divertido y cariñoso, no era el mismo Caracol.
Melinda y Max solían bromear diciendo que eran hermanos. Porque sus respectivos hermanos se encontraban fuera del país y no podían ir a visitarlos con frecuencia.
Hermione sólo había visto una o dos veces a los dos hijos de su Tía Miranda y las dos niñas y el niño de su Tío Maurice, hermanos de su madre y las gemelas de Thomas, hermano de su padre.
A menudo se preguntaba si sus primos, todos mayores, serían también como ella, pero se entristecía al recordar que eso era algo que quizá nunca llegaría a comprobar.
Las parientas de Whiterspoon, mientras tanto, seguían encerradas en aquel caserón. Solamente de vez en cuando la madre de la enferma salía a sacar la basura o a regar las plantas, ignorando olímpicamente a la niña que la observaba considerando acercarse a hacerle preguntas, pero que sin embargo nunca se atrevía.
Pero ese Viernes, Hermione se sentía muy mal, y decidió al menos acabar con una duda y martirio para su alma, y poco le importó lo que Susana Whiterspoon fuese a pensar o decirle al verle en su casa.
Cruzó la calle con paso lúgubre y se detuvo unos minutos enfrente de la puerta. Pero antes de que se decidiera a tocar, Susana abrió la puerta.
¿Y tú qué quieres?—dijo la anciana.
Me preguntaba si… podría hablar con su hermana, unos minutos solamente.
Bien le advertí yo a esa vieja loca que si cruzaba palabra contigo jamás se desharía de ti. Pero está bien, pasa unos minutos solamente y no toques nada. Ya te diré yo cuando quiera que te largues. Espera unos minutos aquí sentadita, y no hagas ruido que mi sobrina está durmiendo la siesta.
Hermione entró. Nunca había visto esa casa por dentro, era igual que la suya, de las mismas proporciones, pero pintada toda de blanco y con arreglos y cuadros de un estilo muy antiguo y conservador.
Llegó la mujer, una persona muy alta. Sonriendo de medio lado. Con una bandeja de galletas en la mano y un vaso de leche en la otra.
Sabía que vendrías ¿Pero por qué has tardado tanto eh?
No quería incomodar.
Ah pero hoy no te importó ¿verdad? Dime a que vienes.
Quiero saber más de emm, lo que me comenzó a decir el otro día.
La mujer tomó una galleta y se sentó en el enorme sofá cruzando una pierna.
¿Acerca de qué pequeña?
¿Porqué mis padres no…
Pueden hacer lo mismo que tú? Nadie sabe, mis padres tampoco podían. Pero también hay familias enteras que son iguales.
¿Y qué somos?
Pues brujas, naturalmente niña ¿Qué pensabas?
¿Brujas?—preguntó la niña, claramente decepcionada.—pero no me irá a crecer una verruga en la naríz o..
Olvida todo acerca de lo que te han enseñado en el mundo muggle que son las brujas, lo único igual es que montamos en escoba, la vestimenta y la varita mágica. Pero no somos feas ni tenemos esas risas ridículas, ni comemos niños, eso te lo aseguro, se me revuelve el estómago de tan sólo pensarlo.
¿En dónde puedo conseguir una varita?
Eso es solo hasta los once años, aun eres muy pequeña y sería peligroso.
¿Peligroso?
Tienes más magia de la que te imaginas.
Se quedaron conversando hasta bien entrada la noche, y Hermione olvidó por unas horas todas esas absurdas ideas que le rondaban la cabeza, se emocionó cuando le contó sobre el castillo de Hogwarts, las criaturas mágicas, la carta que habría de recibir en unos años y lo que diría, el director llamado Albus Dumbledore y lo mucho que se iba a divertir como brujita.
El tiempo se les pasó tan rápido que no vieron que ya eran las 10:00 pm y que los angustiados Granger buscaban a gritos a su hija, que no aparecía por ninguna parte.
De pronto la mujer se levantó de su asiento
¡Madre mía! ¡Pero qué tarde es ya! Ya deberías de estar dormida en tu casa. Tus padres deben de estar muy preocupados. Sal rápido niña, ve con ellos antes de que les dé un infarto.
La niña hizo lo que le decían y fue corriendo hacia su casa, donde encontró a su madre con el rostro lloroso.
¡Pero en dónde demonios te has metido Jean Granger!
A diferencia de cuando era bebé, su mamá solo la llamaba Jean cuando estaba realmente muy enfadada.
Lo siento mamá, no llores. Es que me quedé platicando y no vi la hora.
¿Platicando con quién Jean? Christopher ni siquiera ha estado aquí, no me mientas ¿En dónde estaba?
Platicando, con Minerva, la hermana de Whiterspoon
Melinda se dejó caer en el sillón y de pronto su rostro cambió de furia a consternación.
¿Pero qué cosa tan importante tendías tú qué hablar con esa vieja?
Ella no es como Susana. Ella es… interesante.
¿Interesante? La niña no viene a casa por que la hermana de su vecina es interesante…
Es que ella es como yo mamá, ella es rara. Puede hacer cosas que los otros no. Como cuando hice que el arreglo de mesa se cayera solo ¿Te acuerdas? No dijiste nada por que estabas asustada. Lo vi en tu cara. Pero ella no se asusta, porque también puede hacerlo, y sabe por qué pasa eso. Bueno, más o menos.
Ni una sola palabra más. A dormir ya, y estás castigada, voy a avisarle a tu padre que ya estás aquí, se ha pasado buscándote como loco el día entero por toda la ciudad con un par de policías y no tengo ganas de hablar contigo. Arriba a tu habitación, pero ya.
Trataba de sentirse mal por lo que había hecho, pero era imposible. Todo aquel mundo que le habían narrado era tan maravilloso que le costó mucho trabajo poder quedarse dormida de la enorme emoción que le causaba pensar en todo aquello.
Pero a la mañana siguiente se dio cuenta que aún tenía un problema muy grueso, y ni siquiera le importo que su padre por primera vez le hablara con voz severa por su travesura. Se quedó sentada, con la mirada hacia el piso, pensando más en otras cosas que en lo que le estaba diciendo el hombre.
Pero al final de todo, cuando Aaron se mostró más calmado Hermione se atrevió a abrir la bocaza.
Papi ¿Es cierto que voy a tener un hermanito?
El hombre habría preferido recibir una cachetada.
No mi amor, ya sabes que tu madre ya no puede tener más bebés.
No me refiero a ella. Es que Elizabeth te dice que va a tener un niño tuyo ¿Es cierto?
Pero justo en ese momento notaron la presencia de Melinda, que solamente había bajado de su habitación por un vaso de agua. Y justo en ese momento, se le cayó de las manos y se rompió en mil pedazos.
Aarón no durmió en casa esa noche. Melinda lo despachó sin contemplaciones y sin platicar ni pedir explicación alguna, ni atender a las súplicas de su marido, quien le decía una y otra vez que lo podía explicar todo. Con lágrimas en los ojos y voz quebrada preguntó a su hija.
¿Desde hace cuánto lo sabes?
Un mes
¿Y por qué no me habías dicho nada?
Por esto. —dijo la nena también llorando—porque no quiero que me pase lo mismo que a Christopher. Además no estoy segura de que sea verdad.
¿Ah sí?
Elizabeth amenazó a papá con decirte. Pero él le decía estúpida por que jamás pensó que lo fueras a creer y además el mismo le decía siempre que no era cierto. Pero a mí me dio miedo cuando noté que está subiendo de peso. Aunque mi papi le dice que él no puede ser porque no la quiere, y nunca ha estado con ella. No sé a lo que se refiera con eso pero siempre se lo dice.
Melinda comenzó a relajar los hombros y suspiró hondamente mientras se limpiaba una enorme lágrima del rostro.
Ojalá sea como tú dices mi amor. Porque si no, me temo que no tendré otra que hacer como Casandra hizo con Christopher e irnos juntas lejos de él. Porque si lo amenaza y tu padre no me dijo nada, algo de verdad debe de haber en sus palabras.
El Domingo por la tarde, su padre regresó con flores y chocolates y rogándole a su esposa entrar a la casa y hablar con ella. Después de varios minutos y de miradas curiosas de los vecinos, Melinda decidió abrir la puerta. Y ahí estaba él, guapo como siempre con esa mirada tierna que volvía loca a su esposa. Y una vez más, esa mirada funcionó. Pues sin gritos ella le pidió por fin una explicación. Mandaron a la niña a su habitación, pero ella no pudo evitar quedarse escondida, escuchando.
Si amor, cometí un error muy grave. Pero no el que tú estás pensando. Yo jamás inicié un romance con esa mujer, lo juro.
Ella es muy guapa.
Pero no más que tú. Su cabello rubio falso no se compara a tu castaño natural, ni tus ojos, ni tu cuerpo…
Precisamente eso es lo que dudo. Que si te quiere echar encima una paternidad es porque algo hubo entre ustedes dos.
Te juro que no. Ni siquiera un beso. Nada.
¿Entonces porqué fue capaz de inventar esa barbaridad?
Porque es una mujer desesperada y además enferma de la cabeza. Sí está embarazada de verdad, pero ese niño nada tiene que ver conmigo.
¡Y si es así, por qué rayos no te atrevías a decirme nada!
Porque fui tan estúpido como para confiar en ella en asuntos legales. Te quería dar una sorpresa, pero resultó que ella me la dio a mí. Le dije que necesitaba un abogado para cobrar el testamento de mi abuelo que nos dejó todo a Thomas y a mí solamente, y quería utilizar parte de ello para pagar deudas e irnos los tres juntos de viaje a algún lugar interesante en el verano. Pero ya se acabó y ya ves que no hemos ido a ningún lado. Esa loca me quiere sacar dinero de una manera ruin.
¿Con un hijo?
Sí, el abuelo dejó una cláusula en su testamento que decía que cualquier hijo fuera de matrimonio de cualquiera de los dos, todo el dinero sería trasladado a la "amante" ¿puedes creer eso? Elizabeth leyó la cláusula y aprovechó su estado para amenazarme con decir que el niño era mío y que nos embargaran por las grandes deudas que acumulé por apostar. El miedo era a decirte la cantidad de dinero que perdí, y que Elizabeth entorpece que recupere. Y lo peor de todo es que no sé como rayos pudo leer ese testamento. En primera dudo que eso sea legal.
Aaron, eres un idiota.
Lo sé. Pero soy tu idiota. Y te tienes que aguantar. Ahora dame un beso.
Pero primero, la mujer le dio un fuerte jalón en su negra cabellera. Y después Hermione se tuvo que tapar los ojos por la escena tan desagradable de ver a sus padres besándose apasionadamente.
