Capítulo XI

Al fondo del salón, ligeramente iluminado por las antorchas Atem permanecía sentado en su trono desde hacía ya varios minutos, con la cabeza baja, tratando de perderse en sí mismo para evadir los dolorosos recuerdos. Mientras tanto, arrodillada sobre los mosaicos de mármol, Isis humedecía un paño en una bandeja, con la intención de limpiar la piel ensangrentada.

Después de acariciar la piel con la tela humedecida, un pensamiento escalofriante recorrió todo el cuerpo de Isis al tiempo que el agua cristalina se teñía de rojo. -Atem ¿Por qué lo has hecho? – la voz de Isis sonaba preocupada, tomó el rostro con delicadeza y miro profundamente dentro de los ojos púrpuras, por dentro la idea de que Atem le hubiera hecho daño a otra persona le mortificaba.

- No creo que sea el momento indicado para hablar, además no tengo porqué darte explicaciones. – diciendo al fin aquellas orgullosas palabras, el faraón miro a su consejera con seriedad; en situaciones como aquellas siempre juzgaba mejor no mostrarle su interior a los demás, prefería ocultarlo todo en lo más profundo de su ser, para que nadie pudiera saber lo que en realidad pasaba por su cabeza. Atem ladeó el rostro para alejarla de él, junto con su inquietante mirada.

Isis había comprendido que Atem era capaz de muchas cosas, siempre había tenido una fe ciega y casi peligrosa en él, pero día con día había tenido que ir dándose cuenta de la nueva realidad para ver lo bajo que su amado faraón había caído; quería ayudarlo, protegerlo, lo quería como a un hermano y no soportaba que el tiempo se hubiera encargado de distanciarlos.

- Solo quiero ayudarte.

- No veo la forma en que lo puedas hacer.

- Me cuesta trabajo ver como has cambiado

- Vete Isis, no necesito más reproches – Sin embargo la voluntad de Isis era muy fuerte, sabía que a Atem le estaba pasando algo muy malo, su instinto le decía que dentro de aquel disfraz que Atem había decidido usar tan a diario aun había algo de aquella dulce persona, pero en realidad lo que más deseaba era saber por qué este emanaba esa extraña aura de culpabilidad, ya que solo había reconocido aquella expresión en el rostro de Atem una vez, y la ocasión fue nada menos que en el funeral de su padre, lo que la llevaba a pensar que los demonios de Atem habían regresado.

Colocándose al lado del trono, Isis tomo una de las manos la cual aun trazaba rastros de sangre.

- ¿Que te atormenta? ¿Por qué no me cuentas lo que te pasa? ¿Acaso ya no me tienes confianza? – Atem odiaba que Isis hiciera eso, para él, aquella dulzura no era más que un estilo muy refinado de chantaje y no tenía humor para eso, pero mentalmente estaba muy cansado. Ya no podría mantener por mucho tiempo su escudo, la angustia le estaba venciendo.

- ¿Confianza? "Por favor, puedes ser más ingenua —pensaba— si la persona que alguna vez amé tanto me hizo daño ¿por qué debería de confiar en ti?" — ¿Isis por qué eres tan molesta? ¿Por qué eres tan entrometida? — Atem se levantó del trono y se soltó bruscamente de la mano que lo sujetaba con cariño— ¿Por qué no entiendes que no quiero tu ayuda? ¡MÁRCHATE Y DÉJAME TRANQUILO!

Isis solo le llevaba unos dos años a Atem, pero a su edad ya lo aventajaba en muchas cosas y una de ellas era su experiencia y en aquella situación supo de inmediato que Atem hacia mucho había pasado el limite; en ese momento el sonido de una fuerte bofetada resonó por todo el salón, Isis solo se arrepentía de no haberle dado antes todas las que se merecía, pues posiblemente se habría ahorrado muchos dolores de cabeza, y le hubiera hecho un maravilloso bien a su joven faraón.

- ¡Por una sola vez en tu vida olvídate de tu orgullo!

- ¿Cómo pudiste? – Atem estaba sorprendido ante la actitud de Isis; no podía creer que se hubiera atrevido a levantarle la mano.

- Lo siento Atem, pero lo tenías bien merecido, ahora no te dejaré en paz hasta que me digas que te pasó, porque dudo que te atrevas a rehusarte sabiendo lo que estoy dispuesta a hacer con tal de que te desahogues y me confieses porque estas sufriendo tanto.

La respiración de Atem se acelero, no podía más, no solo se sentía enfadado, sino derrotado, y su corazón ya le pesaba tanto que su rostro comenzó a reflejar el dolor de su interior, las palabras de Isis lograron traspasar el escudo y el alto faraón no tuvo más alternativa que rendirse ante el asedio de su consejera, pero sus primeras palabras fueron inspiradas por su ultimo y débil intento de protegerse.

- Isis. Te detesto.

- No Atem, tu sabes que eso no es verdad – Aprovechando el momento al fin logrado, Isis lo abrazo, y este soltando de inmediato la fusta, correspondió al gesto, por más que deseara resistirlo aquella cálida sensación llena de la ternura de su amiga lo alivio nuevamente, y de sus labios comenzaron a brotar todas aquellas palabras guardadas, sus penas, los dolorosos recuerdos de los últimos años de vida de su padre, todo lo que había padecido a causa de Seth.

- Todo pasó hace unos años, nunca creí que mi vida fuera a cambiar tanto, pero que más le podía pedir a la vida, lo tenía todo, absolutamente todo, la enfermedad no me había vuelto a tocar, y mi dicha era aun mayor al tener a la persona que más quería a mi lado, su presencia transformaba mi existencia. — Isis lo escuchaba con mucha atención.

La actitud de Seth siempre fue la misma, su inteligencia era lo que más me impresionaba, para mí su personalidad era arrolladora y su forma de hablar ante otras personas doblegaba a quien fuera en cualquier aspecto, incluso en algunas ocasiones contemple como mi propio padre también se veía reducido a nada ante él, no sabía que me pasaba al escucharlo, solo lo admiraba y fijaba en él lo que yo quería ser.

Pero su crueldad no había disminuido: atormentar a la servidumbre o humillar a los esclavos era una simple diversión para Seth, "algo para pasar el rato" al principio me costó trabajo entender su forma de ser, su filosofía era: "en la vida lo principal es conseguir nuestra propia satisfacción". Para desgracia o fortuna mía siempre ponía en práctica su ideología sobre mí, ya que me demostraba con mucha insistencia sus dolorosas muestras de afecto - la voz de Atem se llenaba de mas pena a cada palabra.

- Atem, siempre supe que ese sacerdote era el culpable de que te hubieras hundido tanto.- La plática había llegado a un punto en que ambos sabían que no habría fin hasta que la última palabra de todo aquel laberinto de recuerdos hubiera salido de los labios del faraón, y soltándose un poco de aquel abrazo, Isis guió a Atem a sentarse a los escalones bajo el trono. Recuperando el aliento, Atem prosiguió.

-No hubo mejor época para los dos, únicamente teníamos que preocuparnos por la siguiente desventura de alguno de los esclavos y fingir una impecable relación entre tutor y discípulo. Yo sabía de sobra que ante los dioses y los hombres esa relación era imposible, pero no me importó, nunca carecimos de ideas para encontrarnos solos y nada nos faltó, o al menos eso era lo que yo creía.

El mundo era de los dos o más bien mi mundo solo era él; ya no me hacía falta estar cerca de los que alguna vez fueron mis más allegados amigos, tal vez por qué ellos pertenecían al mundo recto y puro el cual comenzaba a parecerme tedioso y vacío, y mi vista se enfocaba cada día en algo más extravagante y oscuro, prefería pertenecer a esta última parte solo porque Seth era el que me guiaba y acompañaba, que ingenuo seguía siendo, nunca sospeche lo caro que iba pagar mi admiración por un ser tan miserable.

Tenía que tener sumo cuidado con mi sacerdote, por la simple razón de que mi padre no permitiría semejante mentira ante sus ojos. En aquellos días cuando había cumplido quince años mi relación con él no era del todo buena; el mal logrado de Aknadin siempre metía sus asquerosas narices en donde no le importaba, y constantemente le aconsejaba a mi padre un sin fin de cosas con respecto a mi persona, inclusive en una ocasión le dijo que lo mejor debido a mi edad era que me casara lo antes posible con alguna de las tantas insípidas princesas de algún remoto lugar, provocando que entre mi padre y yo iniciaran desagradables discusiones, en la que él me reprochaba lo importante que era para nuestro pueblo el que tomara las riendas de mi vida así como él lo había hecho de joven y aceptara mi futura responsabilidad ya que yo era el único heredero al trono, a lo que yo alegaba que no necesitaba que me aburriera con su perorata y sus clases de moral. Las discusiones siempre terminaban en un indefinido castigo por su parte, el cual consistía en no dirigirme la palabra, algo que fingía no darle importancia, pero la verdad es que por dentro me destrozaba.

De cualquier forma siempre salía muy bien librado y lograba que mi padre olvidara por unos días el espantoso asunto, pero el problema seguía latente y sabia que tarde o temprano me obligaría a cumplir con tan horripilante deber, entonces me di cuenta que había alcanzado la cima de mi felicidad y lo que seguía era una trágica y cruenta caída cuesta abajo.

La salud de mi padre tampoco se encontraba del todo bien; debido a tantos problemas con reinos de regiones aledañas, sequías y plagas que desolaban los campos de trigo y amenazaban con matar de hambruna y sed al bello Egipto, su corazón comenzó a cansarse, o al menos eso fue lo que me dijo Shada en una ocasión en la cual el faraón calló desvanecido en su trono cuando atendía todos estos asuntos, ante mis ojos vi como mi padre a pesar de ser considerado el hijo de los dioses, un ser superior e inalcanzable, carecía de la anhelada inmortalidad que tan febrilmente los sacerdotes y arquitectos se preocupaban por preservar en nuestras pirámides y templos de granito, de nuevo contemple la debilidad de su cuerpo, lo amaba, pero algo en mi no le perdonaba el hecho de que algún día me abandonaría, creo que eso era a lo que más temía: A la soledad y en mi búsqueda por encontrar algo que lo suplantara y me evitara tal sufrimiento encontré a la persona menos indicada, pero había aun más —Atem levanto la voz en ese comentario— como si aun no fuera suficiente todo lo que ya había caído sobre mí, Shada arribó con la presencia de un detestable sujeto, un ladrón con ademanes salvajes, cabellos blancos y asquerosas vestiduras, de cuya pretenciosa boca no escuche más que necedades y basura y media, todo en él desde el principio no me trajo ningún buen augurio; su arrogancia era molesta pero lo que más le odie y nunca le perdonare fue la forma en como consiguió tomar un lugar en la vida de mi padre, convirtiéndose en su eterno parásito.

Tenía un pasado por demás sabido, el pobre infeliz era huérfano, lo cual no me daba ninguna lástima, y desde muy tierna edad no encontró más talento en su persona que el de robar, hubiera terminado con ambas manos, nariz y orejas cortadas de no haber sido por la fortuita intervención de Shada, porque se dio cuenta que el estúpido ladrón SI sabía hacer algo de provecho. Lo trajo al palacio con la intención de sacarlo de las callejuelas en donde el inútil se metía en más problemas de los que su escasa capacidad podía resolver, pero en su muy altruista acción Shada no se percató de que había traído consigo la ruina de mi vida.

Al verlo por primera vez me di cuenta que Bakura me igualaba en edad; su rostro reflejaba algunas marcas de la penosa vida en la que había sobrevivido y en su piel se veía que el sol lo había castigado demasiado, su ropa solo eran remiendas y estaba descalzo, pero sus ojos fueron los que más me impactaron; a pesar de encontrarse en tan pésimo estado su mirada no reflejaba pesar, ni sufrimiento, todo lo contrario, estaban llenos de vida. Hubiera jurado que se encontraba sumamente feliz y que su existencia por muy difícil que fuera no le desagradaba del todo.

De inmediato mi padre se apiado de su miserable persona y le dio lo necesario para que mejorara su condición y pusiera manos a la obra. En realidad no lo puedo negar, sus pinturas eran hermosas. Su presencia no me hubiera molestado en absoluto de no haber sido por la razón de que enfocó su ambición en un objetivo mucho más alto del que alguna vez hubiera podido aspirar: Interponerse entre mi padre y yo — Isis comenzaba a comprender muchas cosas, y entre ellas, ese comentario le dejo ver la semilla que sembró el odio inquebrantable entre los dos rivales—

Mientras mi padre y yo discutíamos y nuestra relación se distanciaba y cuarteaba, Bakura aprovechó la oportunidad para entretejer lazos de amistad. Fui un tonto al cometer el gravísimo error de dejar que las adversidades que día con día se hacían más grandes se interpusieran y le dejaran el camino libre a aquel buitre que se abalanzó sobre su enfermo cuerpo, pero no me di cuenta de esto hasta mucho tiempo después cuando Seth se percató de aquella situación

- Míralo —me dijo Seth— ¿acaso no puede ser más penoso como tu padre tiene de protegido a semejante cínico? observa como se enaltece solo porque el faraón le dirige la palabra como si fuera uno de los suyos.

- No puede ser, ¿cómo se atreve? — De inmediato me les acerque, quería ver de cerca la escena: Ahí estaban mi padre y Bakura riendo muy amenamente, ya no recordaba desde hacia cuantos meses no lo veía sonreír de aquella manera. Mi padre noto mi presencia y me hizo partícipe de los halagos hacia el ladrón.

- ¡Aroeris!, ¿Recuerdas a Bakura?

- Por supuesto, es el nuevo esclavo ¿no?

- No digas eso, no es ningún esclavo, mira que trabajo tan maravilloso

- Gracias señor — Respondía el muy hipócrita.

- Mmmmm, yo no le veo lo extraordinario, es un simple halcón; es enorme, no lo dudo, pero es solo eso, un halcón

- No le hagas caso Bakura, es un trabajo estupendo, si sigues de esta manera te encargaras de pintar los murales del nuevo templo y serás ascendido a escribano.

- ¿De verdad? — La sangre me hervía de tan solo ver como mi padre le palmeaba la espalda y le sonreía con tanta confianza, ¿acaso no tenía prohibido mostrarle afecto a sus súbditos? ¿Maldita sea como lo había conseguido ese bastardo?

Isis guardó silencio. En realidad ella había llegado a conocer a Bakura en la situación apropiada y no podía más que reconocerle su gran talento y honor, aunque Atem solo viera en él la fachada de su sencilla persona salida de las más podridas callejuelas. Lamentaba que de no ser por Seth quizás habría existido una oportunidad de que su relación se convirtiera en provechosa, pero al razonarlo supo que simplemente eso no iba a poder ser, el día en que se le dio a Seth la entrada en la vida de su señor había sido el más trágico de todos, y desde ese momento todo apunto a llevar a Atem hasta el final de un terrible abismo. Bakura toco accidentalmente lo poco que mantenía a Atem a unos pasos de su caída.

- Bakura sígueme, quiero que me sigas comentando todas esas ideas tuyas, además necesito descansar

- Como usted diga

- Pe...Pero papá yo creo que...

- Claro Aroeris tú también nos puedes acompañar

- ¡No es eso!

- Ya veo... estas muy ocupado trabajando con Seth... bueno que sea en otra ocasión.- Sin decir nada más me quede como un estúpido viendo como ambos se alejaban, dejándome completamente ignorado. No lo podía creer, mi padre nunca descansaba, ni siquiera para estar conmigo y justo cuando milagrosamente lo iba a hacer escogía de compañía a un completo extraño.

A partir de ese día me fije un nuevo objetivo: hacerle la vida lo menos soportable a Bakura para enseñarle el lugar al que pertenecía; él sin embargo era un buen adversario, no solo lograba mantenerse en pie a pesar de todo el empeño que pusiera en destruirlo, siempre se reponía y regresaba con astucia los golpes.

Todo había quedado claro entre los dos: nos odiábamos. Hubo una ocasión en la cual estuve a punto de deshacerme de él, pero el destino se empeño en protegerlo cuando mi padre finalmente me puso un alto y a partir de ese momento no me pude librar de su presencia así como él tampoco logró librarse de mi rencor.

Sentí como la imagen de mi padre se destruía al ver como defendía al ladrón de mis ataques, mientras a mí solo me recriminaba mis errores y enumeraba todas las obligaciones. En ese preciso momento en el que escuchaba como mi padre me reprendía frente a Bakura empecé a sentir coraje y desprecio hacia su mundo y a su apariencia; me sentí superior a él, a las personas buenas y a los piadosos, no sabía lo que me pasaba, pero lo intuía, lo saboreaba, esa marea de impulsos peculiares me dañaban, pero a la vez me hacían sentir orgulloso de mí mismo. ¿Qué demonios me estaba pasando? —Atem suspiró— No pude resistirlo más, respire todo el aire que pude y comencé a destruir a mi padre con todas aquellas palabras que sabía le harían daño y contemple como su rostro se llenaba de confusión y dolor. No recuerdo exactamente qué fue lo que dije pero inclusive Bakura estaba sorprendido al escucharme hablar de esa manera.

Había llegado el día en que finalmente todo había caído bajo su propio peso. Después de haber discutido a causa del maldito de Bakura la humillación se había apoderado de mí; me sentía más culpable que nunca y no tenía ánimos de nada, decidí encerrarme en mi habitación y no salir de allí hasta que mi cuerpo se pudriera. Ya nada me importaba, la relación con mi padre estaba oficialmente acabada.

Creí que nada podría salir peor hasta que escuche como las puertas de la habitación se abrían para darle paso a mi perdición.

Levántate— me dijo como si fuera un esclavo. Aunque ahora que lo pienso quizás sí lo era, era su esclavo, pero eso estaba por terminarse, esa fue la última vez que tuve que ver algo con él.

- No estoy de humor, márchate quiero dormir.

-Creí que mis lecciones ya te habían hecho más astuto pero veo que de nada han servido sigues siendo el mismo niño necio e idiota. - Me dolía que Seth pensara eso de mí

- Déjame solo

- ¡Ha! Que ingenuo eres. ¿Crees que todo terminara aquí? Fuiste lo bastante estúpido para dejarle el camino libre a Bakura y lo sigues demostrando permaneciendo echado ahí en ese estado.

- No hay nada más que hacer, estoy agotado, solo quiero alejarme de todo.

-¿De verdad? ¿No tienes ni un poco de curiosidad por ver lo que está pasando entre ellos?- Esas palabras me desconcertaron. Seth se acerco y se empeño en llenarme la cabeza de intrigas — Están en el salón principal. Sentados los dos uno junto al otro, hablando del futuro prometedor que le aguarda a Bakura dentro del palacio.

Recuerdo como mi mirada se apagaba, el simple hecho de escuchar a Seth me amargaba.

- No te preocupes, quizás aun puedas tomarle venganza, sería lo mejor, yo en tu lugar lo haría.- Sin perder la oportunidad al estar tan cerca de mí, comenzó a tocarme, quería apartarlo y lograr que guardara silencio pero el sacerdote hacía lo contrario.

- Seth, por favor vete.

-¿De verdad quieres que me vaya?, ¿eso es lo que deseas?- Ante mi negativa su actitud cambió, lo cual me preocupó, sabia de sobra que él detestaba el rechazo. Sin darme cuenta unos segundos después había perdido el control de la situación. Era inevitable, por más que le pidiera que se detuviera él avanzaba y se acercaba más hasta que me tuvo completamente acorralado.

- ¿Seth que pretendes? No me agrada seguir con esto. ¡Suéltame!

- Pero siempre lo has disfrutado, desde la primera vez, ¿lo recuerdas?- Al ver sus ojos y escuchar su voz supe que no se detendría hasta que cediera a su acoso.- Dime que es lo que realmente deseas, sé que siempre tratas de ocultarme la verdad.

Isis no sabía que decir, estaba sumamente apenada ante lo que escuchaba, pero le desagradaba mucho que Seth hubiera aprovechado la debilidad de Atem para satisfacerse a sí mismo.

- Lo siento Atem pero no entiendo porque me estas contando esto.

- Por una simple razón, esto fue lo que acabo con la vida de mi padre.

- ¿Cómo? ¡Eso es imposible!

- Créelo Isis, yo fui el responsable de la muerte del faraón. – El rostro de Isis reflejaba incredulidad ante lo que estaba escuchando.

Justo cuando Seth me tenía a su entera disposición no pude evitar gemir de dolor y al parecer Aknadin pudo escucharme porque en ese momento sin previo aviso entro a mi habitación y nos vio, ¡nuestra farsa había sido descubierta!

- ¡¿Pero qué es esto? – El anciano se acercó furioso a nosotros y me quito a Seth de encima. - ¿Seth cómo pudiste?, ni creas que tu ofensa se va a quedar sin castigo, esto lo sabrá el faraón.

- ¡No espera! – Me acerque a él para tranquilizarlo - Aknadin no lo hagas.

- Lo siento majestad no puedo dejar que se salga con la suya.

- Si se lo dices a mi padre. Lo mataran.

- Es lo mínimo que se merece, creí que sería una buena influencia, pero ya veo que el solo se ha aprovechado de usted y lo más indignante es que no solo se lo permite sino que además lo defiende.

-¡No me acuses!, ¡me vas a destrozar la vida!. – De nada servían mis palabras, el anciano sacerdote estaba dispuesto a delatarnos y sin perder más tiempo se dirigió en búsqueda de mi padre para comentarle lo que había visto. Mi cuerpo se paralizó ante la sola idea de lo que estaba por ocurrir, contemple a Seth por unos instantes. A pesar de todo el daño que me había hecho lo quería y supe que no podía permitir que algo le pasara.

Corrí por los pasillos para detener a Aknadin pero ya era demasiado tarde, lo primero que vi fue a Bakura esperando fuera del salón, tenía una expresión muy despreocupada hasta el momento en que me vio.

-¿Vienes a darle más preocupaciones a tu padre?

- En otro momento me encargaré de ti ladrón así que hazme un favor y desaparece.

- El faraón está ocupado con uno de los sacerdotes y ha pedido que nadie lo interrumpa.- Sentí un nudo en la garganta al saber esto, tenía que entrar a como diera lugar.

- Pues te tengo una noticia remedo de guardia yo no soy nadie, así que apártate. - Intente caminar cuando el muy idiota se atrevió a ponerme una mano en el pecho.

- Dijo nadie y eso te incluye a ti.- Me estaba desesperando estuve a punto de partirle la cara, cuando ambos escuchamos un fuerte golpe proviniendo del salón.

- ¡Padre! – Aparté a Bakura y abrí las puertas esperando lo peor.

Ahí estaba el cuerpo de mi padre sobre el piso con una mano sobre su pecho, sabía que esto había sido a causa de lo que había escuchado. Fui en su ayuda y contemple su palidez.

- ¿Padre me escuchas? – Al no recibir respuesta alguna no pude contener el llanto.

- No llores tonto– Enfrente de mí, arrodillado junto al moribundo cuerpo estaba Bakura, no pude dejar de percibir su preocupación – Mira aun esta respirando, será mejor que vaya por Shada, él sabrá cómo ayudarlo.- Al instante Bakura se puso de pie y salió. Por unos breves momentos mi odio se había borrado, lo único que me preocupaba era la vida de la única persona que me había querido y protegido con todas sus fuerzas a la cual yo le había correspondido con desprecio.

- Por favor papá no te mueras, siento mucho lo que te dije, prometo no volver a desobedecerte, haré lo que tu digas, pero por favor no me dejes.

- Aroeris... – Con las pocas fuerzas que le quedaban me tomo de la mano pero en sus ojos había mucha tristeza. Fue un breve momento en el que pude percibir su pesar, Shada apareció con un grupo de guardias los cuales rodearon a mi padre para llevarlo a su habitación. Mis lagrimas comenzaron a manchar el piso, sentía asco de mí mismo por haberle fallado, por haberme dejado llevar por los sentimientos que sentía hacia Seth habiéndolos puesto por encima de todo. Hubiera seguido divagando sobre esto de no ser porque escuche la voz de Aknadin hablándome.

- Lo siento majestad no creí que esto fuera a pasar – Había olvidado por completo su presencia, lo mejor hubiera sido que se quedara callado.

- ¿Lo sientes?- Camine hacia él - Te pedí que no dijeras nada. Sabes una cosa Aknadin desde hace mucho tiempo tu enorme boca sola me ha traído problemas, me hubieras sido más útil si tan solo hubieras guardado discreción.

- ¿Señor?

- Si te hubieras mantenido al margen, pero ya es tarde para pensar en lo que pudo haber sido, así que de ahora en adelante seré más cuidadoso y me preocupare por prevenir las cosas. – Tan solo quería hacerlo pagar. Y lo hice.

Los ojos de Isis se llenaron de terror ante la última confesión.

- Atem yo creí, más bien todos creímos que la muerte de Aknadin había sido un accidente, así que tú lo mataste.

- ¡No seas tonta Isis! Yo no iba a mancharme las manos con semejante escoria, no niego que lo deje inconsciente y muy mal herido, pero no al grado de causarle la muerte. Cuando termine con Aknadin, Seth apareció y al ver lo que había hecho me reprendió, ¿puedes imaginarlo?, dijo que hubiera esperado hasta que él estuviera presente para contemplar toda la escena. Como no quería seguir escuchando sus estupideces salí del salón dejándolos solos para enterarme de cómo seguía la salud de mi padre que era lo que más me importaba. Al igual que tú al día siguiente me enteré de que Aknadin había caído "accidentalmente" desde una barca al río y había sido devorado por los cocodrilos sin que quedara de él un solo hueso intacto. No dudo que el mismo Seth lo hubiera arrojado, puesto que si Aknadin seguía acusándolo por lo que me hizo, lo hubieran colgado.

- Pero el faraón lo sabía ¿Por qué no hizo nada al respecto por castigarlo?

- No lo sé con seguridad, nunca lo entenderé, creo que él sabía lo que yo sentía por Seth o tal vez quiso protegerme del escándalo que se habría producido si la corte se hubiera enterado.

Mi padre estaba demasiado débil y Shada no me daba un buen pronóstico.

- Lo siento mucho príncipe, no sé qué le pasa a tu padre pero al parecer sé está dejando morir, no importa lo que yo haga, no tiene ánimos de comer o de siquiera hablar, algo muy grave debió de haberlo sorprendido para que se encuentre en ese estado.

Yo tenía la respuesta de esto y los remordimientos no me dejaron tranquilo, sabía que yo era el responsable de lo que le pasaba, pero no me atrevía a decirle nada a Shada.

Al estar a solas con mi padre supe que era mi turno de cuidarlo y permanecer a su lado, trate de que me dirigiera la palabra o por lo menos tomara agua, pero solo recibía indiferencia de su parte.

- Escúchame, yo no quería que las cosas fueran así, simplemente se dieron, sé que no fue lo correcto, si me quieres hacer pagar por que hice lo estas logrando, dime qué quieres que haga y lo haré para que me puedas perdonar.- Mi padre abrió lentamente los ojos y con mucho esfuerzo me dirigió unas palabras.

- Mátalo... Acaba con Seth y tráeme su cadáver.- ¿Por qué de todas las cosas me tenía que pedir justamente esa?, él sabía que no me atrevería a realizarla. - Atem, creí que tenías honor pero ya veo que no, de que me sirve seguir viviendo si mi único hijo me traiciona y me decepciona de esta manera. ¡Créeme que si tuviera la energía suficiente, en este preciso instante destrozaría el cuerpo de ese canalla sin importarme cuanto me suplicaras porque no lo hiciera! - De nuevo se llevo una mano al pecho, la conversación lo estaba alterando y no le estaba haciendo bien.

- Papá tranquilízate...

- Déjame terminar, ¿prefieres a ese infeliz? adelante, solo quiero que sepas una cosa, dudo que logres encontrar la verdadera felicidad a su lado.

- No me maldigas

- No te estoy maldiciendo, es la verdad, no sé como permití que permanecieras al lado de esa alimaña, presentía que algo estaba mal pero no sabía con exactitud lo que era, tal vez tu no lo veas así pero él se aprovechó de ti, analízalo, no estoy muy seguro de que te depare algo bueno a su lado porque una persona que se deleita a costa de otras y disfruta del sufrimiento ajeno, no puede querer a alguien, en este momento tu serias capaz de darlo todo por Seth, en cambio él no arriesgaría nada por ti.

- Eso no es verdad. Él no me haría eso.

- Hijo estoy muy cansado, solo espero que algún día los dioses te hagan reflexionar.- El cuerpo de mi padre comenzó debilitarse más y su respiración se hizo muy agitada. Su corazón ya no le ayudaba.

- ¡Papá!

- Hazme un último favor.

- Lo que tu digas.

- Tráeme a Bakura. – No me pude negar a su petición por más que me molestara que tomara en cuanta al ladrón aun estando a punto de morir.

Unos instantes después Bakura apareció en la habitación, nuestras miradas se cruzaron y ambos no pudimos ocultar el mutuo desprecio que sentíamos, pero ambos teníamos que guardar respeto ante mi padre.

- Acércate Bakura, quiero me hagas una promesa. – El ladrón se arrodilló a un lado de mi padre y este le susurró algo al oído. Bakura cerró los ojos disimulando su molestia, lo medito por unos instantes, lo que fuera que le hubiera pedido parecía incomodarle demasiado.

- Muy bien, lo prometo.- Contestó, pero antes de retirarse Bakura le dirigió unas palabras las cuales no puede escuchar, vi con mucho recelo como mi padre ponía una mano sobre su cabeza. Por una extraña razón Bakura enmudeció, se levanto de inmediato y salió de la habitación dejándonos solos, no entendía su actitud.

- Aroeris...- La voz de mi padre se escuchaba muy débil pero me consolaba el hecho de que me volviera a hablar como solía hacerlo

- ¿Me has perdonado?

- No, todavía no. Para eso vas a tener que hacer una gran sacrificio. – De haber sabido lo que me iba a pedir, hubiera preferido sacarle el corazón a Seth y entregárselo en una charola de plata.

- ¿Tan difícil era de cumplir?

- Demasiado Isis.

- ¿Y qué era lo que tenias que hacer?

- Nunca te has preguntado porque Bakura continua vivo y en este palacio a sabiendas de que yo lo odio. – Isis se llevo una mano a la boca. – Así es, el ladrón sigue bajo la protección de mi padre. Fue una muy mala broma de su parte el mantenernos en una tregua forzada. Pero le di mi palabra, no sabes cómo me sentía al verlo, ese fue su último intento por lograr que mi alma se salvara al apiadarme de alguien.

Sin embargo sus esfuerzos fueron en vano porque al verlo morir frente a mis ojos, al notar que al hablarle ya no me contestaba, mi dolor se volvió tan fuerte que la culpa me inundo por completo, en los últimos momentos de su existencia lo único que había hecho era hacerlo sufrir. Por más que llorara o gritara de dolor, nada me lo devolvería, ya no escucharía su voz, ni me abrazaría, ni tendría su presencia para que me guiara en esos momentos de confusión, se había marchado para siempre y yo me había quedado solo y esta soledad me la había ganado a pulso por intentar ser alguien como Seth, un ser que no respeto mi duelo, ni mi dolor y a las pocas semanas, al notar que no regresaría tan fácilmente a su lado por el hecho de que su presencia me recordaba el daño que le había hecho a mi padre, me suplanto y olvido por otras personas como si hubiera sido un simple desecho, me di cuenta que todo había sido un espejismo, una ilusión, mis sentimientos fueron solo aire para él. Mi padre tenía razón; fueron muchas cosas las que tuve que sacrificar para poder abrir los ojos.

En ese instante cuando fui testigo de cómo cortejaba a otra tantas de sus víctimas sin que se percatara de que yo lo veía, juré a los dioses el no volver a sentir ninguna clase de sentimiento hacia otra persona, no volvería a permitir que alguien me lastimara o jugara conmigo y aquel que se atreviera, lo pagaría con su vida, me olvidaría de la misericordia y solo me preocuparía por deleitarme a mí mismo sin importarme los sentimientos de los demás, porque finalmente eso era lo que habían hecho conmigo.

Nadie más se enteró de mi desliz con Seth y todos pensaron que la muerte de mi padre se había debido al cansancio de su corazón sin imaginarse que en realidad había sido producida por el impacto de darse cuenta de lo que había pasado entre el sacerdote y yo. Unos días después del funeral, fui ungido como faraón, me olvidé de lo concerniente a mi dolor, no podía perder el tiempo en tonterías ni en más sentimentalismo y únicamente me enfoque en mi obligación por resguardar el buen nombre de mi padre, no lo decepcionaría más. Puse en práctica lo que había aprendido, no tuve piedad con los enemigos de mi padre arrase con sus hogares y sus familias, los deje sin esperanza para que se perdieran en la desesperación. Pronto me gané el respeto de mis súbditos y los que me rodeaban se sorprendían que a mi corta edad supiera manejar las cosas con mucha frialdad y destreza, me di cuenta que podía controlar todo a mi antojo, nada me detendría, había logrado que el mundo se postrara a mis pies. En estos últimos años mi meta ha sido el llenarme de poder y deshacerme de aquellos que se interpongan en mi camino, para que nadie se atreva a tocarme a mí o a mi pueblo.

Con respecto a Seth mi venganza fue muy dulce la cual todavía disfruto. No lo maté como se merecía porque prefería que viviera una vida llena de humillaciones, yo también jugaría con él hasta hartarme. Disfruté el contemplar como intentaba regresar a mi lado cuando yo me llenaba de gloria y pronto se dio cuenta que ya no podía manejarme a su antojo, lo había igualado en fuerza y sobrepasado en poder por lo que tuvo que recurrir al penoso recurso de llenarme de regalos y volverse más servil, lo que hacía era inútil porque ya no provocaba ningún efecto en mi, el niño que había conocido había muerto y mis sentimientos por él también. Ahora me río cada vez que me intenta seducir con sus mentiras, parece que no nota que la única razón por lo que lo quiero a mi lado es para burlarme de él, es una lástima el ver que no era tan inteligente como creía.-

Isis estaba decepcionada de sí misma, al no haberse percatado con anterioridad por lo que Atem había vivido, posiblemente si le hubiera brindado el apoyo que necesitaba en el momento indicado aun hubiese habido esperanza, pero ya era demasiado tarde.

- Como puedo reclamar tu confianza, fue un descuido de mi parte, nunca me di cuenta lo que te estaba pasando, parecías tan neutral, como si nada te afectara, aparentemente lo tenías todo bajo control pero en realidad estabas sufriendo.

-Y que más me quedaba por hacer, nadie me podía ayudar, muy a mi pesar la vida que tengo es porque así la quise.

Creí que ya lo había superado, había alcanzado de alguna manera una estabilidad, mis heridas habían sanado y el pasado se borraba lentamente. Hasta hace un par de días cuando conocí a un esclavo, uno de los tantos regalos de Seth, al verlo mis recuerdos regresaron tan claramente como había procurado olvidarlos, aquel niño era lo que yo había sido: dulce, bueno, ingenuo, ¡lo detestaba, deseaba acabar con esa antigua imagen de mí mismo! Pero a la vez anhelaba esos días en que era libre de cualquier influencia, cuando el odio no me consumía y mi única dicha era ver el atardecer con mis amigos, cuando por muy simples que fueran mis gustos era feliz.

Pero ya nada me regresaría esos días y la única forma de revivirlos era estando cerca de ese niño, mis pesares se hacían menos amargos al besar sus labios, escucharlo gemir, tocar su piel, verlo dormir en mi cama, aquella sensación de paz aligeraba todo mi ser y mi alma, estos días han sido más largos en espera de tenerlo a mi lado para desahogarme, le habría dado todo lo que me pidiera, le hubiera perdonado todas sus faltas, menos el hecho de hacerse amigo de Bakura. No resistí el verlos juntos, una vez más el ladrón tocaba y ensuciaba lo que me pertenecía y lo que tenia acumulado durante estos años por él lo descargue.

- En la persona que menos se lo merecía – Isis de nuevo contemplaba la sangre que en las manos de Atem - Así quela sangre es... De ese pobre niño.- Isis se levanto súbitamente de la escalinata sin dejar de ver a Atem con mucho asombro, como si frente a ella se encontrara un ser abominable.

- ¿Tan rápido cambias de actitud Isis?, primero estas dispuesta a escucharme y ayudarme ¿Y después te arrepientes? Que tonta eres, no debí de haberte contado nada.

- ¡No digas eso no te das cuenta! ¡Maltrataste a una persona inocente! Una persona que nunca te había hecho daño y cuyo único error fue cruzarse en el camino de ese sacerdote. ¿Cómo pudiste lastimarlo?

- Será mejor que me vaya estoy cansado de hablar contigo y darte explicaciones.- Atem se levanto de la escalinata, tomo su fusta y camino hacia las puertas escondiendo su mirada de la de Isis.

- ¡Por favor espera! – Antes de salir Atem se detuvo ante la petición pero sin dejarle de dar la espalda a Isis la cual continuó con su interrogatorio- ¿Lo mataste?

- No me atreví, estuve a punto de hacerlo pero no pude, algo me lo impidió.

- Dime Atem. ¿En realidad sientes algo por él?

- No lo sé, ¿Por qué tendría? es solo un esclavo.

- Entonces lo dejaras ir.

- No, no puedo permitir que se vaya, él se quedara conmigo-

- Atem ¿Por qué insistes en retenerlo a tu lado?, no crees que sería mejor que lo dejaras en libertad, por tu bien y el de ese niño, por lo que me has dicho creo que ya has obtenido de él todo lo que querías.

- No lo entiendes Isis.

- Creo que si entiendo, estas obsesionado y eso te esta enfermando.

- No me interesa tu opinión, sabes tengo cosas más importantes que hacer, adiós.- Sin que Isis pudiera debatir, Atem abandono la habitación dejando a su consejera sola.

El faraón caminó rápidamente a su habitación, se sorprendía de que ya hubiera amanecido y a la vez estaba preocupado, tenía que cerciorarse de que Ryo aun se encontrara vivo. Recordaba que no lo había dejado en muy buenas condiciones. Pero al llegar y notar que no se encontraba en ninguna parte de su habitación comenzó a desesperarse.

- ¿Dónde pudo haber ido? – Llamo a varios de sus guardias para que lo buscaran por todo el palacio. Tenía que encontrarlo a como diera lugar, no podía esperar más para verlo, era tanta su impaciencia que al caminar de un lado a otro por la habitación pudo darse cuenta en las gotas de sangre que manchaban el piso y decidió que era mejor seguir el rastro.

Después de haber dormido tan incomodo en el suelo, Bakura decidió que era momento de levantarse para ver como se encontraba Ryo, para su sorpresa este ya estaba despierto pero no emitía ningún ruido, sus ojos estaban abiertos pero con la mirada perdida en los estantes de la habitación. Al notar esta extraña actitud, Bakura se incorporó del suelo y no perdió ni un minuto más para sentarse junto a Ryo en el diván y llevarle una mano a la frente para sentir la temperatura de la piel.

- ¿Te sientes bien?- El niño aun se encontraba algo pálido y sus ojos se veían tristes por mucho que Ryo tratara de ocultar la mirada.

- Sí-

- ¿Quieres comer algo? -

Ryo soltó un débil suspiro - Bakura no deberías de preocuparte por mí, después de todo yo no valgo nada.

- ¿Eso es lo que te dice el faraón cuando estas con él?

- ¿Ya lo sabes?- Ryo se sentía muy apenado, le hubiera gustado que Bakura nunca se enterara de la clase de relación que había entre el faraón y él, esto hizo que se deprimiera aun más. - No quiero ser grosero contigo Bakura pero preferiría que te marcharas.

- Y dejarte solo, viendo cómo te encuentras.

- No quiero que me tengas lástima.

- Eso jamás Ryo, déjame ayudarte, lo único que quiero es que nadie te vuelva a poner una mano encima, sería capaz de hacer cualquier cosa por impedirlo.- Al escuchar esto Ryo abrió con incredulidad los ojos, la idea de que alguien lo pudiera sacar de aquella terrible pesadilla era algo demasiado bueno para que pudiera ser realidad.

- Que cosas dices, es imposible evitarlo, tú no puedes oponerte al faraón, he sabido de personas que lo han intentado y les ha costado caro. Mírame después de todo soy un simple juguete con el que el faraón se entretiene, ¿Por qué te arriesgarías por mí? - Al escuchar como su voz se entrecortaba y algunas de las lágrimas caían por las mejillas, Bakura no pudo hacer otra cosa que abrazarlo para consolarlo.

- Porque me agradas, porque me importas, por esas y otras muchas razones.

Ryo se quedo paralizado ante la reacción de Bakura, no sabía si rechazarlo o responderle con el mismo gesto, estaba muy confundido, Bakura era bueno con él y le tenía aprecio, pero ya no quería que lo lastimaran, estaba cansado de que toda la gente intentara aprovecharse de alguna manera de él, ante tal predicamento lo único que pudo hacer fue desahogase en aquel abrazo y mojar con sus lagrimas la ropa de Bakura el cual le acariciaba los cabellos y trataba de alentarlo.

- Tengo miedo Bakura.

- Cálmate no tienes nada que temer porque ya no estás solo.

Continuara…