Extra
Kakashi siempre había estado fascinado por el inalcanzable Uchiha Itachi.
El chico era un verdadero imán para atraer fans y él, siendo el práctico ser que era, no tuvo reparos en admitir que era también parte de su club de admiradores.
A donde quiera que el chico de largo cabello negro se moviera sus ojos parecían seguirlo. Aprovechaba cualquier oportunidad para acercarse a él y hablarle, aunque soliera recibir monosílabos y orgullosas miradas como respuesta.
El joven le intrigaba. Era un genio, un rico heredero. Apuesto y atlético. Podía tener lo que deseara por derecho propio; aunque su apellido no estaba de más.
Sin embargo, lo único que parecía querer en su espacio personal, lo único que parecía retener su atención, era al joven Namikaze.
El único ser que Kakashi conocía capaz de sacarle más de dos palabras, cuya presencia el mismo Uchiha buscaba y -si no lo hubiera atestiguado con sus propios ojos no lo creería- el único capaz de hacerle sonreír.
Desde el momento en que observó aquel rarísimo espectáculo, se propuso conseguir robarle ese gesto él también.
Si Uchiha era el genio de su generación, Kakashi lo era de la suya.
Planeó cuidadosamente cada paso, desde cada palabra y tono de voz, hasta la proximidad y movimientos de su cuerpo. Por semanas se le acercó con algún bien encubierto pretexto; siempre cuidando su cronometrado encuentro, analizando cada detalle, hasta que estuvo seguro que el objetivo final estaba al alcance.
Era un plan simple. ¡Tan simple que era a prueba de todo!
Lo alcanzó junto a los casilleros. Ambos compartían esa última clase del día así que sabía bien donde encontrarlo.
Se acercó con su andar tranquilo y desenfadado. Cuando estuvo a una prudente distancia (la que había medido como el aceptado límite del Uchiha para sentirse cómodo junto a alguien más que no fuera su sombra rubia) curveó sus ojos en feliz gesto, levantó una mano y simplemente dijo:
-¡Yoo!
Itachi volveó sobre su hombro, confirmando lo que seguro sabía. Ese saludo era Marca Registrada Hatake.
-Kakashi -le saludo con su modulada voz y el aludido suspiró aliviado, el tono empleado le indicaba que no era mal recibido. ¡Punto para él!
Le habló un poco de un proyecto que la directiva del consejo de estudiantes (que él presidía) trataba de concretar, ofreciéndole tanto como solicitándole el participar (es decir, el bien encubierto pretexto para hablarle). Aunque Itachi se mostró receptivo, declinó por conflicto de horarios. (A Kakashi no le importó el que se negara ¡Itachi le hablaba con oraciones completas! ¡YES!)
Siguiendo con su plan, Kakashi se encogió de hombros restándole importancia al ser rechazado, y le aseguró que entendía su pesada agenda, aunque lamentaba a sobremanera que no pudiera participar para iluminar a los humildes y promedio consejeros con su reconocida mente- (claro que su voz siempre permaneció perfectamente indiferente y aletargada)
Cuando Itachi, curvó apenas los labios enarcando una ceja, indicando que no se tragaba esa respuesta, el peliplateado contuvo el aliento... el momento se acercaba.
A ejecutar su plan:Cruda verdad.
-Hey, es en serio - aseveró fingiendo ofensa.
-Seguro.
-¡Por supuesto! Te pondría a trabajar cual geniecillo que eres, seguro que terminas en minutos y yo tendría más tiempo para leer Icha Icha.
Itachi elevó nuevamente su definida ceja. Todos sabían de su descarado amor por las novelas eróticas.
-Y lo admites sin vergüenza.
-¿Preferirías que te adulara y besara el trasero? No que me importe demasiado, es un bonito trasero.
Parpadeó. De todo lo que pudo haber dicho, seguro que no se esperaba eso. Ni la desfachatez con que lo decía.
Un par de segundos pasaron y de pronto...
-Cínico.
¡Si!
¡Si, si, si! ¡Lo había conseguido! ¡Sonrió! ¡Por él y sólo para él! Kakashi se sentía tan eufórico que bien podría bailar ahora como quien ha anotado el decisivo touchdown en el super bowl.
¡SI, SI, SI!
¡Oh, dulce sabor de la victoria! ¡Este momento era histórico. Digno de ser grabado en letras de oro! ¡De cambiar su reino por un caballo*...! ¡Era el momento de---!
¡Era el momento de la graciosa huida!
Namikaze había aparecido de la nada y ahora, cual fiel guardián del más preciado tesoro de la humanidad, le asesinaba con la mirada más sádica que había visto jamás en el rubio. (Nunca creyó que fuera capaz siquiera de enfadarse...)
Ante las circunstancias, hizo lo único que pudo hacer. Reír.
Rascó distraídamente su cabeza, rió tontamente y se despidió de ambos. Por el momento era mejor retirarse con una pequeña victoria, asegurándose que viviría otro día para pelear la guerra.
Uchiha podía lidiar con el enfado del rubio, y cuando la costa estuviera despejada volvería.
FIN
*Célebre frase de la obra Enrique VIII de Shakespeare.
