Habían pasado los días, tan rápido como si hubiésemos agilizado el tiempo, tuve que mentirles a mis padres, de alguna manera sabía que ellos no conciliarían con esa idea, pero no queríamos que nadie se enterara por las represalias que se tomarían alrededor de nosotros, preferí disfrutar de esta relación ya que desde un principio me sentí algo culpable, traición hacia Albert, entendía que no podía tomar en cuenta eso, a últimas fechas tenía una enorme curiosidad de mis crecientes sonrojos, de la pasión que despertaba en mí los besos y las caricias que pensé: tal vez ahora…quizás este fin descubriría…aún no sabía que pensar acerca de ello, sobre todo cuando Charlie pedía algo y casualmente me encontraba sonrojada.
Charlie – Candy, hey pásame la bureta, pst pst…
Candy – No gracias, ya la pesé.
Charlie – Candy deja de andar en China, pon atención.
Candy – Perdón me decías. Pensaba en otra cosa.
Charlie – Si no me dices ni cuenta me doy.
Candy – Puedo ausentarme un ratito.
Charlie – Que te dé el aire de preferencia, sonrió.
Candy – Gracias. Saque rápidamente mi celular y marqué el número de Terry. Bueno, te interrumpo.
Terry – No corazón, ¿qué pasa?
Candy – Te necesito…no puedo dejar de pensar en ti.
Terry – ¿Te pasó algo? Dime ¿estás bien?
Candy – Esto me está matando…te deseo mucho.
Terry – Amor, aguanta un poco más, solo faltan dos horas.
Comencé a sollozar y lo que menos me preocupaba era que me vieran, dos lagrimones salieron de mis ojos.
Candy – Sí, está bien, de acuerdo….y colgué.
Terry se quedó preocupado, demasiado diría yo, tan pronto colgó por el radio llamo a Ángel, para él estaba claro que algo pasaba.
Terry – Charlie, ven a mi oficina, por favor.
Charlie – Allá vamos.
De alguna manera Charlie ya sabía y se había puesto de acuerdo con Terry en el caso de que él quisiera ver a Candy. Charlie salió al pasillo a ver si podía localizarla, pero no la encontraba, quince minutos después se había oído el mismo llamado, Charlie decidió hablarle a Terry.
Charlie – Bueno, Terry. No encuentro a Candy por ningún lado, salió un rato a respirar y no la vi después.
De pronto se oyó otra voz en el radio.
Mcleod – Terry me hablas a la 211, por favor.
Terry – Bueno, se encuentra Mcleod ahí.
Mcleod – Soy yo, ¿Charlie busca a Candy? Se encuentra en las palapas del lado de las tejedoras.
Terry – Le aviso, gracias Mcleod. Sé dónde está, espera voy a ver qué pasa. Le dijo a Charlie. Firma un permiso para ella seguramente no se siente bien.
Charlie – Sí claro, enseguida lo lleno.
Mientras Terry atravesaba toda la planta, se preguntaba cómo le había hecho para llegar hasta allá tan rápido. Me encontraba tan afligida que tenía la cabeza metida entre las piernas mientras hiperventilaba.
Terry – Mi vida, ¿qué haces? ¿Qué pasa?
Candy – Nada, solo que no sé…
Terry – Veme, ven si quieres te doy la tarde libre y nos vemos en mi casa, ¿te parece?
Candy – No, lo siento, son niñerías mías, sólo que me quedé pensando en…
Terry – ¿En qué? Anda dime..
Candy – Me acordé de…no puedo…no puedo. Solté a llorar amargamente.
Terry – Me preocupas, no puedes irte así…
Candy – Sí, sí puedo, me voy a tu casa, te espero allá.
Me retiré del lado contrario a donde él se encontraba, no quise enfrentar la mirada de Terry, no podría soportarlo, se dirigió a su oficina por fuera, cerca de los jardines, entré a mi oficina, apagué todo y me fijé en el monitor, ahí habían dos notas, la primera era mi permiso firmado por Charlie y la segunda se encontraba doblada en dos:
"Amor sé que es difícil para ti esta situación, compréndeme no quiero que te vayas de la planta, pero si así lo decides, respetaré tu decisión, te firmé el permiso para retirarte, te veo en la casa…
Besos, Terry.
Dejé mis pertenencias sobre el escritorio, no sabía que decir ni a quién recurrir, no debía irme en ese estado, pero en esos momentos me sentí extraña, de hecho desde la mañana comencé a sentirme tan insegura y desolada, guardé las notas en mi bolso, seguramente me sentía así porque me había subido la presión, me costaba trabajo respirar, esto de las hiperventilaciones me resultaban extrañas, de momento lo único que vi era el escritorio moviéndose de un lado a otro, perdí el conocimiento y me caí de la silla, supongo, puesto que me encontraron en el piso. Robert fue a mi oficina a dejarme unas pruebas para un nuevo hilo, Terry habló a vigilancia reportando mi salida, el señor Fausto, uno de los vigilantes le dijo que aún no había salido, Terry se extrañó por ello, se preguntaba ¿dónde andaría? Robert subió y entró a mi oficina, miró mis cosas que aún estaban sobre el escritorio, se acercó más y sin querer me pisó el pie, por poco se cae, observó que es lo que había pisado dándose cuenta de que era un zapato, se agachó y lo que encontró era mi cuerpo totalmente flácido. El canal uno en la radio era el que siempre se tenía prendido en producción.
Robert – Candy, despierta. Servicio médico a la oficina de la señorita Candice White es urgente, por favor.
Terry al oír eso se apresuró, Charlie también iba en camino a mi oficina, mi pulso estaba muy débil y me notaba muy pálida, cuando llegó el servicio médico ya me habían quitado los zapatos y aflojado la ropa, en unos minutos los operadores estaban alrededor de mi oficina, Charlie llegó primero y después Terry.
Charlie – Robert ¿qué pasó?
Robert – Es Candy, la encontré inconsciente en su oficina, no sé qué paso.
Terry – ¿Charlie es Candy? ¿Está bien?
Robert – No lo sé, están viendo como se encuentra.
Terry – ¡Déjame verla!
Robert – Encontré esto en su bolso, ¿sabes qué hubiera pasado si se hubiera ido?
Terry miro el permiso firmado por Charlie, se imaginó las posibilidades desea decisión, si le hubiera pasado algo…no me lo perdonaría, pensó.
Charlie – Me dijo que se sentía bien y que podría irse sola.
Robert – Terry ella es tu obligación, supongo que no tengo que recordártelo.
Terry – Sí, lo sé. Aparentando calma.
Robert – Toma, el Gerente de Planta no está, así que te lo firmaré para que la puedas llevar al hospital con lo que te indique el servicio y después a su casa, espero que ahora si te responsabilices.
Robert - Claro.
Daniel miró a Robert, éste le apretó el hombro y lo palmeó, además había cosas que no sabían, que era lo que realmente tenía ella, antes de que se fuera le comentó algo.
Robert – Tómense el día de mañana, pasa tiempo con ella, le guiño el ojo.
Terry se sorprendió por el consejo, no entendía el por qué se lo había dado, quizás porque debería de haber visto la cara que tenía él cuando no daban noticias de ella.
Horacio – Hola Robert, ¿cómo estás? Candy estará bien, le daremos unas sales para que reaccione y alguien pueda llevarla a casa, está bien.
Robert - Claro, ya tiene quién la lleve a su casa. Miró a Terry furiosamente, pero calmado.
Media hora después Candy salía cargada en brazos por uno de los enfermeros, se dirigía al auto de Terry que afortunadamente lo había llevado en ese día, me colocaron en la parte trasera de su coche, ya había despertado pero me sentía débil. Algunas horas más tarde, llegamos a casa y me ayudó a subir al departamento, el elevador era mi cruz, me sentía muy mal para protestar, no llegué al departamento completa, me desmayé nuevamente, me cargó y depositó en su cama, tenía fiebre. Cuando volví en sí, la fiebre no cedía.
Terry - Candy, ¿qué tienes? Amor me confundes, dime.
Candy - No quiero pasar estos días en casa. Quiero estar contigo aunque mañana trabajes.
Terry - Tengo el día de mañana libre, pero tienes que dormir en tu casa.
Candy - No, pásame mi celular.
Terry - ¿Qué vas hacer?
Candy – Es preciso que le llame, tengo una recaída…hola buenas tardes, me comunica con el Dr. Michael por favor, si gracias, espero... ¡Hola!
Michael – Bueno, ¿quién habla?
Candy – ¿Estás aquí en la ciudad?
Michael – Candy, si me voy mañana a Monterrey ¿Por qué?
Candy – ¡Ven, es urgente! Te van a dar la dirección en la que estoy.
Michael – Si, pero dime ¿qué pasa…?
Candy – No sé tengo mucho frio… ya no pude contestarle…me desmayé en ese momento.
Terry – Perdón se desmayó nuevamente, te doy la dirección.
Michael – ¿Cuántas veces se ha desmayado en las últimas horas?
Terry – Tres.
Michael - No puede ser, le puedes aplicar fomentos fríos en lo que llego.
Terry - Sí claro.
Terry le proporcionó sus datos y su número de celular. En las horas siguientes Michael llegaba a tocar al departamento.
Michael – Hola, necesito verla.
Terry - Esta allí, pasa.
Michael - Gracias, ¿cómo esta? ¿Ya despertó?
Terry - No, le tomé la temperatura es muy alta, mira.
Michael - No sabes si ¿sus padres lo saben?
Terry - No quiso quedarse en su casa.
Michael - Bien, iré por sus cosas y les explicaré lo que pasa.
Terry – Saldríamos de viaje mañana por el trabajo.
Michael – Ah ok, lo resolveré. Pero antes tengo que hacer una llamada, ten mi celular y busca el número de Anthony Brower, por favor. Ponlo en altavoz.
Terry – Sí claro, ya está. Buscó en la agenda de mala forma.
Anthony – Bueno, Michael ¿qué pasa?
Michael – Que bueno que contestas, me urge que vengan a Puebla, Candy tuvo una recaída, vengan lo más pronto posible, llama a sus padres e inventa cualquier cosa acerca de su ausencia, mañana iba a salir de viaje con Terry, supongo que lo sabías.
Anthony – Si algo me comentó de eso.
Terry bajó la mirada ante esa afirmación, puso cara de enfado, se preguntaba qué tanto conocía de sus vidas a través mío.
Michael – Bueno, les avisarás a tu tía y a tu padre.
Anthony - Llama a mi tía, a papá lo tengo aquí cerca. Está bien. Vamos para allá de inmediato.
Michael - Podrías marcar otro teléfono, busca Elroy Andley.
Terry – Claro, ya está.
Elroy – ¡Hola! ¿Memo, cómo estás?
Michael – Bien, pero Candy recayó…
Elroy – Avisaré a mi cuñado y a mi sobrino, en que hospital la tienes… está bien.
Michael – No, no se encuentra en un hospital, pero Anthony ya va en camino al aeropuerto junto con su padre, contáctelo y lleguen cuanto antes.
Elroy – Esta bien, te llamaremos en cuanto lleguemos.
Michael – Aquí los esperaré.
Terry se quedó impresionado, Anthony, el chico que siempre estaba al pendiente de Candy vendría en unas horas, no entendía que es lo que pasaba, se atrevió a preguntarle qué era lo que sucedía.
Terry - ¿Qué tiene? ¿Recaída?
Memo – No hay tiempo, lo siento, luego te explico. Ahora si me disculpas, ayúdame a cambiarla, esta ropa se encuentra humedecida. Candy, con esto despertaras.
Candy - Quita eso, huele horrible. Logré decir quedamente.
Terry - Candy ¿qué paso?
Candy - No sé, solamente me sentí como si todo se estuviera moviendo en vaivén y ya no supe nada, me duele la cabeza y tengo mucho frío.
Michael - Tienes fiebre, te traigo algo abrigador, espera. Perdón, tienes un cobertor.
Terry - Sí claro, en el clóset hasta arriba.
Michael - Puedes alcanzármelo, le tomaré unas muestras, espero llegar a tiempo al laboratorio, pasaré por su equipaje, al fin y al cabo sus papás ya se fueron desde hace rato, no la dejes moverse, vendré en cuanto tenga los resultados, estará bien. Dale este medicamento, le ayudará con la fiebre. Dudas.
Terry - No ninguna, gracias.
Michael - Por cierto no hagas caso si tiene delirios. Anthony tardará en llegar, le daré la dirección en unas horas. Permiso.
Michael le dio el medicamento y se retiró, Terry se puso el pijama y se recostó a su lado, tratando de abrigarla lo más posible para que la fiebre bajara. Se sentía un poco incómodo, tuvo que pensar que Terry era una amiga; se acomodó e intentaba dormir cuando el calor lo inundó en un sopor.
Candy – ¡Hola amor! Hace mucho calor no te parece.
Terry – Demasiado, me parece que bastante.
Candy – ¿Cuánto he dormido?
Me estiré y de pronto me di cuenta de que estaba durmiendo con él como si nada, me alejé un poco de él.
Candy - Medidas preventivas, me imagino que aún no entiendes lo que pasa, no te lo había contado todo recuerdas, ven acércate mas, después de que Albert murió todo fue de mal en peor…
Le conté la dolorosa decisión que tuve que tomar en el momento en el que Albert se resistía a morir, lo del funeral, lo de mi secreto-fugarnos para casarnos-, lo de tantas situaciones y recuerdos en el cementerio…lo que pasó después de eso.
Terry - Candy no debes de explicarme nada.
Candy - Sé que Anthony estará muy pronto aquí, lo sé créeme, te mirará con desdén, estará celoso de ti, pero no caigas en su juego, es natural lo que siente, no por nada nos hemos querido tanto tiempo y además él está enamorado de mí…
Terry - ¿Enamorado? Anthony enamorado de ti, pero lo dices así como si nada, Candy…
Candy - No te enojes, es pequeño aún, además en estas condiciones no creo que diga algo, ¿qué hora es?
Terry - Las dos de la mañana.
Candy - ¿Qué calor hace, no te parece? Voy por agua a la cocina.
Terry - No debes levantarte. Deja yo voy, órdenes del médico.
Candy - El médico, cuál, Michael no es médico, todo me prohíbe, no soy tan inútil.
Cuando traté de levantarme, trastabillé y estuve a punto de caer de no haber sido por Terry, eso precisamente me hubiese ocurrido, me colocó sobre la cama suavemente, la pijama que me pusieron anteriormente estaba totalmente empapada por sudor, abrió un cajón de la cómoda que se encontraba a un lado de la cama, de ahí extrajo una camiseta holgada de color azul marino como las que usaba cuando dormía, tenía la cabeza colgando, me puso las manos en los antebrazos, de pronto comencé a sollozar, alcé los brazos y mientras me cambiaba la camiseta, limpiaba mis lágrimas con besos. Después me volvió a recostar.
Terry - Candy quédate quieta, por favor, voy por tu agua.
Candy - Si Albert, ve te espero.
Terry - Albert…no hagas caso a los delirios recordó lo que había dicho Michael. En efecto… los delirios.
Terry sintió que aún amaba demasiado a Albert, algo sentía dentro de sí, no sabía si era decepción o frustración porque la situación se ponía cada vez más tensa, recordó lo que había dicho Michael, delirios por qué, que era realmente lo que pasaba. Solamente él sabía lo que sentía, seguía sin adivinar que era lo me pasaba con él cuando ya habíamos aclarado que mi amor por Albert eran cosas del pasado.
Terry – Sí amor, descansa.
Mientras sacaba la jarra de agua del refrigerador se detenía a pensar cuando la conoció, de pronto oyó el repique del timbre de la puerta, dejó el vaso a medio llenar y depositó la jarra de agua a la derecha de este. Caminó hasta la puerta y observó por la mirilla un momento. Era Anthony, la señora Elroy y su padre.
Terry – ¡Hola! Buenas noches.
Anthony – Hola Terry, Candy está bien.
Terry – Aún no lo sé, Michael no ha llegado con los análisis. Pero pasen, es la segunda habitación a la izquierda, por el pasillo.
Michael – Gracias.
Terry – De nada.
Anthony, la señora Elroy y su padre fueron por el camino que Terry les había indicado, el llegó después con el agua de Candy, se hincó a su lado y le dio un poco de ella, unos cuantos sorbos tal vez, después se despidió y cuando hubo llegado a la cocina para meter la jarra nuevamente al refrigerador, sonó el timbre, era Michael que había regresado con una maleta y los resultados.
Michael – Gracias, cómo ha seguido.
Terry – Le cambié el pijama y aún tiene fiebre.
Michael – Espera aquí, tengo que hablar con todos. Anthony, Elroy, señor Brower, cómo están, pueden seguirme por favor.
Anthony – Sí claro. ¿Qué pasa?
Michael – No son buenas noticias, al menos por su estado de ánimo. Hablé hace unos días con ella, me dio una carta de entre miles de hojas revueltas en su cabeza, eran ideas sueltas, pero esto es resultado de una recaída de lo sucedido con Albert. Aún está débil, tiene anemia.
Terry – Anemia…¿cómo no me pude dar cuenta?
Michael – Seguramente ni ella misma lo sabía, de hecho desde ese día come realmente poco, es más creo que no quería preocuparnos.
Terry – Lo siento, me disculpan.
Terry se culpaba de ello, que es lo qué pasó realmente, se preguntaba.
Anthony – ¿Qué haremos? ¿La tendremos que internar?
Michael – Prefiero esperar, después de todo Terry se encontraba.
Mientras Michael seguía explicando la situación en la que se encontraba Candy, Terry se encontraba cerca de la ventana de su despacho, era tan imprescindible para él saber en que no había puesto atención, como era posible que no se diera cuenta, como podría haber sido tan ciego…no podía dejar de pensar en Candy como la mujer maravillosa que era para él.
Michael – Entonces quien quiere hablar con él.
Anthony – Lo haré.
Terry se encontraba inmerso en sus pensamientos cuando oyó un golpe en la puerta.
Terry – Adelante.
Anthony – Puedo charlar contigo, es importante.
Terry – Sí claro, pasa. Deben hacer lo que sea bueno para ella.
Anthony – Si la amas, apóyala.
Terry sonrió, recordaba cuántas veces él se había hecho esa misma pregunta cuando este chico iba a visitarla a la planta. Cómo amarla si aún no lo podía olvidar.
Terry – Lo es todo para mí. No sé cómo aún lo recuerda tanto y a ti, cómo considera tu parecer, por qué viniste hasta aquí, sólo por ella y dónde quedo yo.
Anthony – Sé qué no te agrado, pero quizás cuando te cuente esto, el por qué recayó y además el por qué se encuentra en tal estado, cambiaras de idea, tienes que dejarla ir a un hospital, aquí no es bueno que este.
Terry se dio la vuelta, con los ojos embravecidos, rojos de coraje contra Anthony por aquel comentario.
Terry – Hablas por ti, no es bueno si sabes que estoy de por medio. Sin embargo, será lo que el médico señale.
Anthony – Mi amor por ella no es tema de conversación, si a eso te refieres, pero no es por ello que te lo digo. Si nos tienes aquí en tu casa, se debe a que hicimos una promesa ante un cadáver, Candy fue la última persona que Albert vio y sintió cuando murió.
Terry lo miraba sin comprender, no podía creer lo que escuchaba, Candy tuvo que soportar el adiós del amor de su vida sola, no comprendía exactamente.
Anthony – En efecto, Candy estaba sola cuando él murió, la recaída de hoy fue el gran dolor que reprimió por más de dos semanas y que no pudo sacar hasta que falleció, por eso es que ella se aísla cuando piensa que no la merecía tan solo porque volvió a enamorarse, porque ahora está contigo, siente que lo está traicionando.
Terry oía a Anthony, sus palabras rebotaban en sus oídos tan impacientes que no se dio cuenta cuando Anthony había puesto un sobre blanco encima del escritorio y lo deslizaba con la punta de sus dedos.
Anthony – Toma esta carta me la escribió hace unos días, compréndela y apóyala, si no lo haces déjame el camino libre, sabré qué hacer.
Terry se quedó mirando al sobre sin darse cuenta cuando Anthony se había retirado.
Continuará…
¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh el capítulo que sigue esta de chilla y chilla, así que niñas tomen su pañuelo y nos vemos mañana jajaja!
