11. Ante el amor, el miedo es muy pequeño…
— ¿Estás listo, Yuri? — preguntó Phichit con una voz tranquila que sin embargo, sobresaltó a Yuri de forma terrible.
—Sí…— respondió Yuri, tratando de sonar tranquilo y no terriblemente asustado como se sentía en aquel momento en realidad.
Porque el día había llegado, de verdad estaba a punto de intervenir quirúrgicamente a Victor una vez más y Yuri jamás había sentido el tipo de miedo que estaba carcomiéndolo por dentro, ese medio que parecía acompañar cada uno de los movimientos que el joven médico había llevado a cabo desde que se había despertado.
Y aquel miedo no era normal, no se parecía en nada al nerviosismo habitual de todas las ocasiones anteriores en las que Yuri había tenido que realizar una cirugía. Era como si el miedo que estaba atenazando el alma de Yuri intentara invadirlo por completo, era como si aquel miedo estuviera buscando comerse todo en su interior.
La verdad era que el miedo que Yuri sentía se parecía demasiado al miedo que el doctor Katsuki había sentido siendo un niño, ese miedo que lo había paralizado por completo y se había llevado gran parte de su ser con él.
— ¿Qué pasa, Yuri? — volvió a preguntar su mejor amigo y Yuri se maldijo por ser un libro abierto con sus emociones—. Ya están preparando a Victor para la cirugía y él parece estar tranquilo. Victor confía en ti, Yuri, jamás había visto que un paciente fuera capaz de sonreír así como él lo hace aun después de saber que la cirugía a la que será sometido es peligrosa…
—Me alegra que él esté tranquilo…— dijo Yuri intentando que la idea de la sonrisa de Victor pudiera calmar el océano de olas agitas que parecía estar inundándolo por dentro—. No puedo fallarle, Phichit, no si él confía en mí…
—No vas a fallarle, doctor Katsuki— dijo Phichit de ese modo alegre y confiado que siempre había tenido la suprema facultad de hacer que Yuri se sintiera tranquilo a su vez—. Mira, sé que esto es aterrador, es la tercera vez que un medido se atreve a realizar esta cirugía en todo el mundo y que ninguno de los dos anteriores ha obtenido el resultado deseado; sé que es peligroso, sé que las cosas pueden complicarse más para Victor si lo hacemos mal y que todo puede convertirse en un completo desastre de proporciones titánicas pero…
—Gracias por intentar animarme— dijo Yuri y no pudo evitar reírse al escuchar las palabras de su mejor amigo.
—Espera, déjame terminar la idea— dijo Phichit mirándolo a los ojos. El joven tailandés estaba completamente serio en ese momento y Yuri supo que su compañero hablaría de forma profesional—. Lo que quiero decir es que sé todo eso y sé que tú lo sabes. Pero si eso empieza a ser lo único importante, entonces el miedo ganará la batalla y sé que tú no quieres eso ¿o sí? Haces esto porque quieres que el hombre al que amas pueda recuperar su vida anterior, haces esto por amor Yuri ¿no es así? Eso es esencial para seguir adelante, porque no solamente posees todo el conocimiento y la preparación del mundo en este tipo de cirugía sino que eres un hombre fuerte porque conoces el amor…
—Phichit…
—Sí, ya sé que suena cursi pero es la verdad. Además, Yuri, hablo en serio cuando digo que eres el único médico que podría llevar a cabo esta cirugía: tú sabes qué hacer, tú sabes qué es lo que pasará en ese quirófano y aunque llegue a haber complicaciones sé que las vencerás todas. Yuri, no debes olvidarte de tu amor por Victor, claro, pero también tienes el amor por la medicina. Amas lo que haces, Yuri, amas ser un médico y si no te olvidas de eso, bueno, mi amigo, me concederás que el miedo es muy pequeño si piensas en todo ese amor que tienes en tu corazón ¿no es así?
Yuri sonrió y sin pensarlo, abrazó el cuerpo de su mejor amigo porque en un momento como aquel, de verdad necesitaba aferrarse a algo. Necesitaba calmarse, necesitaba ser el medico que Victor Nikiforov necesitaba porque era verdad, todo lo que Phichit había dicho era verdad. Amaba a Victor y amaba ser un médico. Él era un hombre que era capaz de amar pero también era un hombre profundamente amado. Él lo sabía, lo sentía dentro de su corazón. Victor no le había dicho esas dos palabras, pero Yuri no necesitaba oírlas porque todos esos días que él y Victor habían compartido hasta aquella tarde, habían sido preciosos, cálidos, eran como parte de una vida nueva con la que Yuri jamás se había atrevido a soñar.
Sí, aunque Victor había estado preocupado por sus deberes como entrenador, el ruso solamente le había entregado a Yuri horas felices, horas llenas de calor y amor, y aunque las actividades de los dos no fueran generosas con el tiempo que podían disfrutar solamente para ellos dos, cada segundo al lado de Victor era hermoso.
Y Yuri deseaba con todo su corazón poder hacer que Victor volviera a moverse de nuevo, Yuri se daba cuenta de lo difícil que era para Victor el hecho de estar en la silla de ruedas, Yuri quería cambiar aquella situación y él sabía que podía cambiarla. Y para poder lograr lo imposible, es que debía calmarse y dejar que el amor lo invadiera, que el amor lo volviera fuerte porque necesitaba ser el cirujano más exacto y meticuloso del mundo aquel día.
Él sabía que Celestino no lo abandonaría si las cosas empezaban a complicarse, Yuri sabía que también Phichit estaba listo para cualquier eventualidad pero en aquel momento, era el doctor Katsuki quien no debía abandonarse a sí mismo. No, pensó Yuri, ya no era un niño, ya no podía dejar que el miedo lo inmovilizara porque él sabía ya cómo enfrentarse a ese miedo.
—Calma, doctor…— dijo Phichit dando suaves palmaditas en la espalda de su mejor amigo—. Celestino confía tanto en ti que ya le prometió al director general del hospital que tu tesis de grado será un libro de texto impreso para los futuros residentes de traumatología antes de que se convierta en un éxito súper ventas de la literatura medica cuando todos en el mundo se enteren de que lograste lo que todos creían imposible…
— ¿Y si no lo logro, Phichit? — preguntó Yuri porque sentía que tenía que sacar todas las dudas de su sistema.
—Vas a lograrlo— dijo Phichit de forma terminante—. No debes pensar en que habrá un "y si no…", nada de eso doctor. Vas a entrar a ese quirófano sintiéndote seguro de todo ¿entiendes? Y si tenemos que preocuparnos, lo haremos hasta que sea preciso hacerlo. No ahora. Ahora necesitamos a nuestro doctor Katsuki fuerte, a nuestro doctor Katsuki que es un súper héroe…
—No exageres, Phichit— dijo Yuri riendo alegremente, el chico se sentía ahora más tranquilo y estaba completamente agradecido con Phichit por ello.
—Anda, tienes que cambiarte— dijo Phichit sin dejar de sonreír—. Estás a punto de darle a Victor la oportunidad de empezar de nuevo, vas a darle un regalo invaluable a tu amado…
—Él también me ha dado un regalo invaluable, Phichit— dijo Yuri con una sonrisa serena, reflejo de que el mar agitado de su corazón e había transformado en una laguna quieta y profunda—. Él me ha regalado todo este amor, él me hace sentir que todo tiene sentido si él está a mi lado…
—Eres un cursi de mierda— dijo Phichit riéndose y haciendo reír a Yuri quien se sonrojó de forma profunda por sus palabras—. Pero me alegro, amigo mío, de verdad me alegro…
—Vamos, Phichit…— dijo Yuri sintiéndose en su elemento por primera vez en todo el día—. Quiero ver a Victor antes de que el anestesista haga su trabajo.
Phichit asintió y empezando a relatarle a Yuri los detalles de los exámenes preoperatorios de Victor, los dos jóvenes llegaron hasta el quirófano del segundo piso, donde un par de enfermeras estaban esperándolos ya para ayudarles a vestirse.
—Doctor, su paciente quiere verlo antes de entrar al quirófano— dijo una de las enfermeras y Yuri sintió una ráfaga de preocupación.
— ¿Todavía está en su habitación? — dijo Yuri sintiendo unas terribles ganas de correr hacia Victor.
—No, está en el pasillo pero no quiere entrar hasta verlo a usted— dijo ella intentando reprimir una sonrisa enternecida—. Creo que está asustado, debe estar muy nervioso y creo que necesita ver a su novio antes que éste se convierta en su cirujano ¿no cree?
—Creo que sí…— dijo Yuri sonriendo ante la idea de Victor—. Iré a verlo, espéreme diez minutos más por favor…
La enfermera asintió y apurándose a llegar a su lado, Yuri tomó el camino al pasillo que conducía al quirófano y caminó con rapidez hacia la camilla solitaria que estaba en medio del corredor y en donde estaba un hombre con su cabello plateado escondido debajo de una cofia, y sus hermosos ojos azules llenos de una emoción difícil de descifrar. No, no era miedo pero Yuri pensó que tampoco era tranquilidad absoluta exactamente.
—Doctor Katsuki, vino a verme…— dijo Victor con una dulce sonrisa que como siempre, hizo que Yuri se sintiera como el hombre más afortunado de la galaxia entera.
—Claro que vine, ¿lo dudabas? — dijo Yuri besando los labios de Victor antes de tomar su mano y mirarlo a los ojos— ¿Cómo te encuentras?
—Tengo miedo, pero también sé que no debo tenerlo…— dijo Victor con sinceridad—. Mi Yuri es quien va a intervenirme, nada malo puede pasar si mi Yuri está conmigo…
—Victor…—dijo el joven médico sintiendo que las palabras de Victor terminaban por fortalecerlo—. Gracias por confiar en mí…
—Claro que confío en ti, doctor— dijo el ruso sosteniendo su mano con más fuerza—. Desde que te conozco, no he hecho otra cosa más que confiar en ti y todo ha resultado bien ¿no crees? Te debo a ti toda esta valentía, estas ganas de arriesgarme porque no estoy preocupado de verdad ya que sé que correré el riesgo en brazos de una persona a la que amo profundamente. Porque yo te amo, Yuri Katsuki…
Yuri sintió ganas de llorar pero en lugar de ello, la sonrisa de sus labios no hizo más que ensancharse porque aquella era la primera vez en la que Victor pronunciaba aquellas palabras. Y era hermoso escucharlas porque cuando Yuri pensaba en ellas, era como si el miedo se desvaneciera de forma completa en su interior. Victor lo amaba, claro que lo amaba.
— ¿Te sorprende que lo diga ahora? — dijo Victor atrayendo hacia sí la mirada marrón de Yuri—. No lo estoy diciendo porque tema no poder volver a decírtelo jamás, creo que quería decirlo desde hace tiempo pero Yurio siempre dijo que ibas a asustarte y bueno, no sé por qué le hago caso a un chico de dieciocho años en realidad. Pero esa es la verdad, te amo mi Yuri…
—Yo también te amo…— dijo Yuri con naturalidad, haciendo que los ojos de Victor se llenaran de paz—. Te amo, Victor Nikiforov.
—Entonces ya no tengo miedo— dijo Victor atrayendo el rostro de Yuri al suyo para besar sus labios de forma suave—. Confío en ti mi Yuri, así que entremos a ese quirófano de una vez y hagamos lo imposible ¿quieres?
—Sí quiero…— dijo Yuri sintiendo que su alma se llenaba de fuerza—. Recuperemos lo que la vida te robó, Victor. Ahora mismo no tengo miedo de prometerte que todo estará bien. Así que, vayamos ahora y cuando vuelva a verte, será para decirte que volverás a caminar muy pronto ¿está bien?
Por toda respuesta, Victor asintió y apretó con fuerza la mano de Yuri entre la suya, antes de que el joven médico lo soltara para llevarlo hacia la puerta del quirófano donde una enfermera se encargó de introducirlo a la habitación mientras Yuri suspiraba y se alejaba de Victor simplemente para prepararse para el que sin dudas era uno de los momentos más importantes de su carrera profesional y de su vida entera misma.
En aquel instante, Yuri sintió que un corazón de fuego se instalaba en su pecho. Yuri sabía que aquel corazón no aceptaría la derrota, que aquel corazón lucharía con él durante aquellas horas críticas y todo saldría bien porque ante un corazón lleno de amor, el miedo no es solo pequeño sino que el miedo simplemente deja de existir y todos dicen que no hay imposibles para los corazones llameantes y valerosos…
