Capítulo 10: CAMPANAS DE NAVIDAD

"Y desde aquel instante y para siempre se encendió en ellos

lo que da al mundo tan cruel desasosiego...

El mutuo desprecio se tornó en pasión,

y así, se hicieron uno, los que antes habían sido dos."

-TRISTÁN E ISOLDA- Gottfried von Strassburg

Todas las reglas de la retórica son un desperdicio de palabras para quienes no saben cómo utilizarlas, pero se transforman en un arma poderosa en las manos de quienes sí saben cómo hacerlo; este era el caso de Molly Weasley, quien, en sólo una semana, persuadió a los integrantes de la Orden del Fénix de que la Madriguera sería un lugar tan seguro para Harry Potter como cualquier otro... Al menos durante la noche de Navidad. Así, resguardado por un batallón de Weasleys y oculto bajo su capa de invisibilidad, Harry llegó al que consideraba su "segundo lugar preferido en el mundo" –el primero era Hogwarts-, donde disfrutó de una agradable cena, un par de cervezas de mantequilla y del placer de compartir obsequios olvidándose, por un momento, de la existencia de Lord Voldemort. Sin duda su felicidad habría sido completa, de no ser por la ausencia de Hermione.

La joven había prometido pasar las fiestas con sus padres en Francia, partiendo dos días antes de Navidad. La presencia incansable de testigos les había impedido despedirse como querían, lo que hacía la espera aún más intolerable.

"¡Extraña cosa es este sentimiento!", pensó Harry mientras contemplaba la nieve caer a través de la ventana.- "De un momento a otro, todo carece de sentido cuando el otro está lejos ".

A sus espaldas, el fuego de la chimenea creaba un tibio entorno en la sala principal, donde Tonks no dejaba de hablar sobre su pronta boda a una somnolienta Fleur, mientras acariciaba la espalda de Remus Lupin, quien intentaba hacerla callar frecuentemente, pero sin lograrlo.

- Cariño, creo que Fleur debe estar cansada.- sugirió Lupin en su veinteavo intento por frenar la conversación, compadecido de los frecuentes bostezos de la esposa de Bill- En su estado no es conveniente que...

- ¡Oh! Es cierto...- exclamó Nymphadora- No te había preguntado cómo va todo con tu bebé. ¿Sabes ya si es niño o niña?

- La vegdad...- comenzó Fleur, pero Tonks la interrumpió.

- ¡Yo sueño conque mi primer hijo sea niño!- siguió, haciendo caso omiso de cómo Lupin se llevaba ambas manos al rostro. Ni a él ni a la joven frente a ellos les quedó mas remedio que seguir oyendo sobre las grandes esperanzas que tenía la bruja respecto a cómo ser la mejor madre del mundo.

Luna, a unos pasos de ellos, hacía danzar sus ojos soñadores al compás de las velas que parpadeaban en el árbol navideño, pero una gran carcajada de Ronald, que jugaba contra Neville con su nuevo Ajedrez Mágico, le hizo girar la cabeza. Sin embargo, no se acercó a ellos, limitándose a contemplarlos desde lejos.

Era extraña la sensación que Ron generaba en la pequeña bruja. Luna tenía una especial facilidad para distinguir los sentimientos de una persona, y esa misma capacidad le hacía saber que el pelirrojo tenía un alma tan noble como agresivas eran sus reacciones. Secretamente, Luna se había alegrado de que su padre no pudiera buscarla en Navidad, pues ello le daba la oportunidad de estar cerca de Ron. Un infantil suspiro escapó de sus labios cuando él pasó por su lado en dirección a la mesa de los bocadillos, pero nadie lo notó. Nadie más que ella y su fantasioso corazón.

Sus ojos se desviaron a contemplar al resto de los presentes: Molly conversaba acaloradamente con la abuela de Neville. Ginny, sentada cerca de ellas, oía las anecdóticas explicaciones de su padre sobre los nuevos descubrimientos de los muggles. Pero los ojos de la pelirroja vagaban con frecuencia hacia el lugar donde Harry seguía pensando en Hermione. Luna se preguntó si la pelirroja seguiría empeñada en ignorar lo que estaba ocurriendo entre sus amigos, y tras pensarlo un momento, terminó por resolver que así era. No pudo evitar sentir pena por su obstinada amiga.

Cerca de la más pequeña de los Weasley estaban los gemelos, bebiendo a pequeños tragos de una botella de alcohol que mantenían oculta a los ojos de su madre. Entre sorbo y sorbo, susurraban cosas, al parecer desagradables, que debían aludir a Percy, quien estaba a un par de metros con los brazos cruzados y mirada cabizbaja, oyendo los consejos de Charlie y Bill. Sin duda sus hermanos mayores estaban empeñados en instruirlo como un miembro más de la Orden del Fénix ahora que su madre había conseguido su inclusión al bando de los "buenos".

Tanto en las bromas de los pelirrojos, como en la apatía con que los demás le trataban, quedaba claro que la mayoría no estaba a gusto en su presencia. Incluso Luna tenía la extraña impresión de que el joven merecía mayor desconfianza que el mismo Malfoy, a quien ella habría invitado a la Madriguera de buena gana. Lamentablemente, según las palabras de Harry, Malfoy había tenido la cortesía de rechazar la invitación que Tonks le hiciera. Y, según Ron, los Weasleys se lo agradecían.

Un fuerte ruido proveniente del jardín sacó a Luna de sus pensamientos, y una serie de golpes contra la puerta, obligaron a todos a detener lo que hacían para dirigir su atención a un cansado Hagrid cubierto de nieve. Tantos obsequios llevaba consigo, que Luna no pudo evitar pensar en él como un buen reemplazo para Santa y el modo en que los jóvenes corrieron a envolver al hombre en mil abrazos, terminó por corroborar su idea.

Pero cuando ella misma caminó para unirse al grupo, un extraño cambio en el ambiente hizo que su sangre se congelara. De un momento a otro el tiempo pareció detenerse y todo lo que llegaba a oídos de Luna eran las voces amortiguadas e inentendibles de los adolescentes en torno a Hagrid, mientras ella avanzaba como hipnotizada, hacia la ventana donde Harry había estado segundos antes. A través del negro vidrio lo había visto: una pequeña criaturilla con forma de pájaro, sacada de sus pesadillas... Había visto al "fugimortis".

- ¿Qué ocurre, pequeña?- preguntó el Señor Weasley inclinándose junto a la joven y dirigiendo su mirada al cristal donde ella tenía sus ojos, pero sin ver nada extraño.

- Nada...- susurró ella a modo de respuesta. Intentaba convencerse de que había sido su imaginación. Debía serlo, pues ¿cómo explicar sino que uno de los protagonistas de sus horribles sueños hubiera cobrado vida? ¡No debía ser real! Porque si aquella criatura en verdad existía, cabía la posibilidad de que sus visiones también se hicieran reales. Y eso era algo que Luna no podía permitir.- Ha sido sólo una ilusión.- terminó de decir para tranquilizar al hombre, y a sí misma, pero no pudo evitar que sus ojos viajaran desde la ventana hacia Harry, ni que sus pensamientos evocaran la imagen de una joven ausente...

-HP-

El reloj marcaba las tres de la madrugada cuando los jóvenes llegaron de regreso a Grimmaud Place. Ginny iba en su vestido celeste, especialmente diseñado para atraer la atención de Harry, pero por la desanimada expresión de su rostro, era claro que el objetivo no había sido alcanzado.

Mientras los jóvenes intercambiaban comentarios sobre los sucesos de aquella noche, replegándose en el sillón frente al fuego de la sala principal, Ginny, que ya caminaba en dirección a la escalera para acabar de una vez con aquella noche "infructuosa", sintió que alguien llegaba a sus espaldas. Los latidos de su corazón aumentaron en intensidad y un súbito calor cubrió su cuerpo pensando que Harry finalmente había entendido la intención de su escote. Pero grande fue su sorpresa al descubrir que quien la detenía para entregarle una bolsa de chocolates a modo de obsequio de Navidad, era Neville Longbottom.

Aunque el joven intentaba explicar la naturaleza del regalo, Ginny sabía bien que Neville era demasiado tímido como para decir nada en aquella circunstancia. Y tenía razón. Quizá fuera porque Neville, en el fondo, se consideraba feo, o quizá era su torpeza la que le daba aquel acobardamiento constante... Esa necesidad enfermiza de mediocridad que ella odiaba.

- Gracias, Neville...- fingió una sonrisa amorosa tomando el obsequio, mientras el muchacho aún intentaba rescatar las palabras adecuadas entre su tartamudeo inentendible. La pelirroja se inclinó hacia él, depositando un beso en su mejilla, y lanzó una mirada penetrante hacia Harry, para ver si se había dado cuenta. Pero él parecía demasiado entretenido conversando con Ron como para prestarle atención. Un intenso dolor contrajo el corazón de ella en ese instante, y sintió que sería capaz de arrancarle los ojos por tener el atrevimiento de ignorarla.

- Mi abuela... Ella...- seguía Neville apuntando la bolsa que Ginny sostenía, atrayendo su atención de regreso. La pelirroja se percató entonces del rubor que cubría las mejillas del muchacho y de la absurda felicidad que expresaba su rostro.

- ¿Ella los hizo?- preguntó ocultando bien su fastidio. Neville asintió mientras ella daba una última mirada asesina a Harry.- Buenas noches, Neville.

- Bubu... Buenas noches Ginny...

Incluso antes que el muchacho lograra articular estas palabras, Ginny había comenzado a subir las escaleras, mordiéndose la lengua de rabia, cuando un pesado olor a tabaco le impactó en la cara. Ahí, frente a ella, observándola con sus ojos grises, estaba Draco Malfoy.

Había algo malicioso, casi siniestro en aquellos ojos que centelleaban al mirarla, "Me observa como si estuviera desnuda", refunfuñó la joven con aparente indignación, y tras percibir los destellos de una nueva sonrisa irónica dibujándose en los finos labios del rubio, se tiró el vestido hacia arriba para taparse el escote, y terminó de subir la escalera en dirección a su cuarto, dándole la espalda. La joven tuvo la penosa sensación de que aquel muchacho con quien nadie simpatizaba y a quien nadie quería ahí, era el único de los presentes que sabía lo que ella ocultaba bajo su fingida alegría y que esto le provocaba una sardónica diversión. Y de pronto, deseó arrancarle los ojos a él también.

-HP-

Al tiempo que la pelirroja daba un fuerte portazo, Draco exhalaba una nueva bola de humo gris. Había sido silencioso testigo de la escena entre ella y Neville, y de las miradas furtivas dirigidas a Potter. Dando un nuevo vistazo a los jóvenes en el primer piso, se percató de que Longbottom mantenía su absurda expresión de felicidad, y Draco se preguntó si sería necesario no tener cerebro para ver alegre la vida.

Luego sus ojos se posaron en Potter y el pelirrojo, y de sus labios se borró la sonrisa. Draco no podía dejar de preguntarse ¿por qué era tan distinto a todos aquellos jóvenes que celebraban con tanto agrado su fatídica amistad? Él no podía querer a nadie ni nada con aquella falta de egoísmo que mostraba Weasley al dar su apoyo incondicional a San Potter, y eso generaba en él una extraña sensación de soledad.

Dejando consumirse el cigarrillo entre sus dedos mientras contemplaba con envidia a la gente feliz, intentaba traer a su mente recuerdos gratos de las navidades pasadas. Pero no lo lograba... No sin que con ello recordara también a sus padres muertos y todo lo ocurrido desde entonces… Incluyendo esa noche.

Mientras Potter y su cohorte acudían a celebrar felices lejos de él, Draco había vuelto a escapar de la casa para reunirse ni más ni menos que con Bellatrix Lestrange. Por supuesto, no se trataba de un agradable encuentro navideño donde tía y sobrino intercambiaran obsequios, sino más bien una fría reunión entre dos seres que desconfiaban mutuamente el uno del otro.

De lo dicho en aquel encuentro, Draco concluyó que su tía no tenía intención de dudar del gran "afecto" que creía haber ganado a los ojos de "su señor". Bellatrix confiaba ciegamente en Lord Voldemort, y eso era algo que, según el hijo de Lucius, nadie podría cambiar jamás. Por lo mismo, nada dijo sobre el collar que su tía escondía, ni del mensaje enviado por Antígona Abegnielle, pero si aprovechó de satisfacer su curiosidad…

- Tengo una pregunta más…- dijo Draco, cuando Bella ya había comenzado a caminar lejos de él, envuelta en su capa negra, por los oscuros pasajes que ocultaban aquella reunión ilícita. La bruja volteó sus ojos hasta encontrar los de su sobrino: la misma mirada gris de Lucius… ¡Cuánto odiaba ella recordar que aquel muchacho hijo de su hermana llevaba en sus venas la sangre del hombre que ella tanto despreciaba! La sangre del hombre que, durante años, le había quitado su lugar como mano derecha de Lord Voldemort. Muchas veces, Bella había pensado que, de haber podido arrancar los ojos de las cuencas de su sobrino, quizá le hubiera querido un poco más.

- No abuses de tu suerte, Draco…- sonrió de medio lado.- Podría olvidar que eres hijo de mi hermana.- Pero él no se acobardó. Conocía bien las vacías amenazas de su tía, y, por lo mismo, con fría serenidad, se llevó un nuevo cigarrillo a los labios.

- ¿Qué relación hay entre tú y una tal Antígona Abegnielle?- El rostro de su tía no mostró sorpresa alguna, sino más bien indiferencia.

- No conozco a nadie con ese nombre.

- Pues ella parece conocerte.- La bruja analizó la mirada curiosa de su sobrino. Si bien el nombre de Antígona llegaba a sus oídos como una evocación lejana y triste, no lograba recordar exactamente lo que había de amedrentador en ese nombre, y no le importaba tampoco. Encogiéndose de hombros, volvió a cubrir el rostro con su capucha.

- Hay mucho que hacer esta noche como para quedarme a resolver tus dudas.- dijo, emprendiendo el camino lejos de él,- Por cierto, una advertencia más, querido sobrino: mantente tan oculto como puedas, porque, si el Lord te encuentra, no seré yo quien intente salvar tu vida.- Y, tras decir esto, Draco la vio perderse a los lejos, como una figura devorada por la oscuridad de la noche.

Una sonora carcajada de la comadreja sacó al rubio de sus recuerdos, trayéndolo de regreso a al número doce de Grimmauld Place. Sin querer contemplar ese cuadro feliz por más tiempo, apuró el paso hasta su cuarto e intentó cerrar la puerta de un portazo. Pero algo se lo impidió.

De pie frente a él, aún envuelta en su vestido celeste y con sus ojos brillando de ira, estaba Ginevra Weasley. Draco se percató con extrañeza de que la joven no llevaba varita, pero sus manos empuñadas denotaban la ira contenida en su expresión.

- Tú no mereces estar aquí...- Comenzó ella. Draco alzó una ceja extrañado.- No mereces estar a salvo mientras los demás mueren.

La pelirroja vio como la mandíbula del rubio se apretaba, y su expresión se convertía en algo más frío que el mármol. Pero aún así, Malfoy no respondió, sino que le dio la espalda y se adentró aún más en su cuarto.

Ginny lo observó en la más absoluta frustración. No sabía por qué había ido ahí en primer lugar. Quizá fuera para enfrentarlo de una vez por todas, y borrar la sardónica expresión de su rostro pálido. O quizá fuera porque quería descargar en alguien la ira que le provocaba el continuo desprecio de Harry... O quizá fuera por... ¡Por lo que fuera! No quería pensar más... Sólo quería golpearlo, gritarle, hacerle ver lo despreciable y patética que era su existencia... Sólo así, quizá, ella dejaría de sentirse tan miserable.

Con las uñas clavadas en la palma de sus manos, le siguió, cerrando la puerta tras de sí. Malfoy la observaba intrigado, como si no comprendiera lo que la joven pretendía.

- ¿Qué demonios quieres, Weasley?

- Entender...- el rubio alzó una ceja dubitativo mientras ella caminaba hacia él, lentamente, acercándose cada vez más.- Saber por qué alguien tan despreciable como tú está aquí... Saber de algún modo que es lo que los demás ven en ti... Si es que Hermione tiene razón y en verdad hay "algo" bueno en ti... Porque yo no lo veo.- Draco sonrió ante estas últimas palabras.

- No hay nada...- respondió despectivo. Pero un dejo de tristeza asomaba a su rostro.

- ¡Claro que no hay nada! – sonrió ella. Draco no se movió, pero en su mirada se advertía algo indefinible. Una rabia a punto de explotar. – Siempre he sabido que no hay nada bueno en ti, y sin embargo, ellos creen que sí... ¿Por qué?

- Porque son unos tontos...- sonrió de lado.- Al igual que tú, al seguir viniendo aquí en esta forma...- terminó de decir y Ginny se percató de cuánta razón tenía el rubio. Ella sabía mejor que nadie cuán poco confiable era el hurón, y, sin embargo, ahí estaba, encerrada en el cuarto de Draco Malfoy, sin que él la obligara a hacerlo, como había estado en otras ocasiones, a la espera de quién sabía qué.- Me gustaría saber ¿qué es lo que buscas viniendo de este modo, Weasley?- preguntó, sonriendo de forma tan sugestiva que cualquiera se hubiera ruborizado, pero no Ginny.

- ¿Que qué busco?- rió- ¿Qué se supone que yo podría buscar en alguien como tú?- respondió ella, con un extraño fuego brillando en sus ojos, y Draco fue conciente de ello.- ¡Vamos, Malfoy! Dime qué es lo que busco...

Él caminó hacia ella sonriendo, acortando la distancia que los separaba, y acercándose a ella amedrentadoramente susurró en su oído.

-Dímelo tú...- al decirlo, sus ojos estaban fijos en los rojos labios de Ginny, y uno de sus dedos fríos rozó su mejilla, deslizándose luego por su mentón y cuello hasta adentrarse en su escote. El corazón de la joven palpitaba con furia, enviando sangre a sus mejillas, mientras sus dilatadas pupilas le nublaban la visión.

Draco sonrió. Sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo a Ginny y el espectáculo lo divertía. Por supuesto él también sentía un tibio fuego encenderse en su interior al tenerla en frente, pero, a diferencia ella, él era un experto en ocultar sus emociones. ¡Si el pelirrojo pudiera ver a su hermana ahora! ¡Si supiera que era él quien la hacía sentir así! ¡Si Potter lo viera! ¡Qué divertido sería entonces!

- Será mejor que te vayas, Weasley- dijo con su voz fría, mientras deslizaba su mano por el contorno del pecho de ella y acercaba sus labios a su boca. Juguetonamente la besó y la joven respondió al breve beso permaneciendo inmutable.- Si te quedas...- siguió él en tono de advertencia, aunque sin ocultar la diversión que toda aquella situación le provocaba.-… ocurrirá algo que pudieras lamentar.- su mano presionó con fuerza por sobre el vestido y la joven se mordió el labio para ahogar su reacción. Sus ojos estaban fijos en él, retadores.

Ginny sabía que debía irse, que las consecuencias de quedarse serían desastrosas. Sabía que arriesgaba perderlo todo con un muchacho que difícilmente lo apreciaría. Sabía que, lo que fuera que la retenía ahí, no era amor... y, sin embargo, siguió ahí, dispuesta a jugar el mismo juego.

- No quiero irme...- respondió, quemando con el fuego de sus ojos, el hielo que habitaba en los de él, y algo se estremeció en el interior de Draco, quien, sin poder ya refrenarse, sin pensar en las consecuencias ni en que quizá lo lamentaría luego, enredó sus dedos en los cabellos rojos de ella y la besó con todas las fuerzas de su ser. Y ella, atrapada entre sus brazos y su pecho, respondió al beso con la misma intensidad.

Ginny ya conocía el sabor de sus labios y recordaba el olor que lo envolvía, pero ningún sabor, ningún olor, ninguna caricia, habían sido como aquellas. El modo en que sus manos frías contactaban con su piel, la facilidad conque se había deshecho del vestido, la habilidad conque la había acomodado bajo su cuerpo; y el fuego... El fuego que emanaba de ella y se expandía envolviéndolo todo, recorriéndola como una llamarada cada vez que él la besaba: el fuego de ella. Y el frío... el frío de la habitación impactando en su piel, y de los blancos dedos al rozarla y dibujar en ella caricias de hielo: el frío de él.

Y luego... ya no hubo frío ni fuego, sino sólo una sensación indefinible envolviéndolo todo. Y él, ya no pudo pensar en nada... Y ella, se dejó llevar por él.

-HP-

Cuando Harry despertó en mitad de la noche, el tibio respirar de Hermione impactaba en su nuca. Al volverse sobre la cama y verla ahí, apaciblemente dormida, llegó a pensar que soñaba… Pero no era un sueño. Ella abrió los ojos, poco a poco, y sonrió al verle frente a ella con ese gesto de sorpresa que tanto la fascinaba. Antes que él dijera nada, ella se inclinó para robarle un beso. Fue un contacto corto y tierno, pero con la suficiente intensidad para hacer al joven estremecerse por completo y acudir en busca de otro.

- ¿En verdad estás aquí?- le preguntó mientras ella acariciaba su rostro, y una sombra de tristeza ensombreció los ojos de ella al asentir.

- Tonks me ha traído de regreso esta noche. Los mortífagos atacaron el Departamento de Misterios y el Profesor Dumbledore cree que pudiera no ser el único ataque…- se mordió el labio nerviosa.

- De modo que…

- Cree que es peligroso que yo esté lejos…- se sentó sobre la cama, y Harry se acomodó a su lado, entrelazando sus dedos a los de ella.- Piensa que Vol… Voldemort, podría utilizarme para llegar a ti…

- De modo que Dumbledore…- dijo tras una pausa. Una extraña duda se posó en los ojos de Hermione al oír aquello.- Él ya sabe lo nuestro, ¿verdad?

- Teme que Voldemort también lo sepa, y yo… yo… ¡OH, Harry!- exclamó abrazándose a él.- Si algo llegara a ocurrirte por mi culpa, yo…

- Tú jamás podrías ser culpable de nada, Hermione. Por el contrario, es por ti por quien temo.

- Pero él dijo…

- ¿Quién? ¿Quién dijo qué?

- Él… Dumbledore… Si es que aún es el Profesor Dumbledore…

- ¿A qué te refieres?- Hermione se mordió los labios, intentando formular una respuesta.

- A que ya no es el mismo, Harry. La misma Tonks lo piensa… Y el modo en que me ha hablado esta noche, Harry, es tan distinto de cómo era… Antes siempre estaba primero tu seguridad… Ahora, en cambio, pareciera que su único deseo es destruir a los mortífagos. Todo cuanto hace es con ese único objetivo y yo temo que no le importe sacrificar tu vida con tal de…

- Hermione…

- No, Harry, es que en verdad él…

- Hermione… ¿No te parece que estás exagerando? Claro que Dumbledore quiere destruir a Voldemort y los suyos, pero sería incapaz de poner en riesgo la vida de cualquiera de nosotros para lograrlo. Prueba de ellos es que te ha hecho traer aquí esta noche, ¿no es verdad?

- Es que tengo tanto miedo de que…

- No temas, Hermione, por favor no temas… Porque si tú, la persona más valiente que conozco, tiene miedo, que otro remedio me queda a mí más que temer también…

Hermione acarició una vez más la mejilla del muchacho… ¡Cómo no iba a tener miedo de perderlo, ahora que lo había encontrado! Harry despegó los labios para decir algo, pero ella le hizo callar, poniendo sobre sus labios uno de sus dedos, y reemplazándolo luego por un beso. Jamás en su vida Hermione Granger había sentido tanto miedo como el que le provocaba la sola idea de perder a aquel muchacho de ojos verdes. Y mientras más recordaba sus temores, más fuerte se aferraba a él y más intenso era el beso. Quería perderse en aquella sensación maravillosa que le provocaba el tenerlo junto a ella, y olvidarse de todo, y perpetuar aquella felicidad sublime para siempre...

-HP-

Nymphadora Tonks contemplaba el anillo en su dedo con la mirada embelezada de una enamorada. Estaba de pie, junto a una de las ventanas que daban al patio principal de San Mungo, aguardando a tener noticias sobre el estado de Percy Weasley, quien fuera herido por los mortífagos aquella noche, bajo "extrañas circunstancias".

No es que Tonks dudara de la lealtad de un Weasley, pero algo no encajaba en la versión dada por el pelirrojo: en primer lugar, ¿a qué había acudido él al Departamento de Misterios después de la agradable cena en la Madriguera? Su cargo como mano derecha del Ministro no explicaba aquello. Por otro lado, ¿cómo es que los mortífagos no le habían matado al descubrirle? Según Percy, había tenido la "suerte" de lograr escapar para dar aviso del ataque a los de la Orden… Pero Tonks pensaba que se necesitaba mucho más que suerte para huir de una docena de Mortífagos sin más que un brazo roto. Excesiva suerte en su opinión… y también en la de Lupin.

Tonks estaba segura de que esa fue la principal razón por la cual su novio insistió en enviarla a cuidar de Percy Weasley en lugar de dejarla participar de la batalla, como ella hubiera querido. Remus la quería junto al pelirrojo para mantenerlo vigilado, para evitar que, de ser realmente el espía que muchos creían que era, pudiera contactar nuevamente a los mortífagos.

Un medimago salía en ese instante de la sala para informarle que el pelirrojo dormía bajo los efectos de una fuerte poción y que ella podía retirarse a descansar. Tonks le dio las gracias, pero insistió en quedarse. Había prometido a Lupin no despegar un ojo del muchacho y así lo haría.

Una vez que el hombre se hubo retirado, Tonks retornó a su muda meditación. ¿Es que no tenían nada mejor que hacer los mortífagos que arruinar una noche como esa? ¿Qué podía haber en el Departamento de Misterios que tanto interesara al Innombrable como para ir él mismo a buscarlo? Lupin había mencionado algo respecto a una puerta que el mago oscuro había abierto, y el rostro preocupado con que Moody respondiera a tal información no dejaba de ser inquietante.

Fue en ese instante que lo sintió… Como si algo hubiera golpeado su pecho provocándole un dolor agudo que hizo que todo girara en torno a ella. Se afirmó de la ventana para evitar caer y respiró hondo. Tal como había llegado el dolor se esfumó, pero dejando en ella una extraña sensación.

Las puertas al final del pasillo se abrieron de golpe y dos hombres envueltos en batas blancas corrieron hacia la salida empujando una camilla. Pasaron frente a ella dejando tras de sí una corriente helada que agitó el cabello de la bruja. Un mal presentimiento invadió su corazón y sin ser conciente de nada siguió a los que corrían hasta la entrada de San Mungo.

De pronto, los medimagos se detuvieron y un hombre de barba blanca y expresión ceñuda vestido de verde hizo con la cabeza aquel ademán terrible con que se lamenta el ser humano cuando ya todo está perdido. Frente a él, dos aurores que Tonks ya conocía pero cuyos nombres no lograba recordar, depositaban sobre la camilla un cuerpo muerto.

- Le han traído demasiado tarde.- dijo el medimago.

- No fue hasta ahora que le encontramos…- la voz de los aurores sonaban como un eco lejano para Tonks, quien caminaba trabajosamente hasta la camilla.- Ha sido esa sádica de Lestrange… Estoy seguro. Aún se oían sus carcajadas cuando…- fue en este punto que paró el auror, al ver que Nymphadora Tonks llegaba junto a ellos con la expresión del que camina sin ver. Algo dijo el otro auror, pero ella no le oía. Los hombres le abrieron el paso en un gesto fatídico y ella comprendió que su peor temor se había convertido en realidad.

Cuando apartó la manta que cubría la cara del muerto comprobó que sin duda alguna era Lupin. Tenía el rostro contorsionado, y parecía algo asombrado ante su propia muerte. Tonks cerró sus tiernos ojos y acarició aquel cabello desmelenado por el cual tantas veces habían discutido sobre como debía llevarlo la noche de su boda… De esa boda que ya no sería nunca.

La bruja se inclinó a besar la fría boca de Remus Lupin, aunque sabía que él no podía enterarse… Porque ya no estaba allí. Porque nunca más le tendría a su lado. Porque los mortífagos le habían matado. Y Nymphadora Tonks, sintió el secreto deseo de morir también, mientras caía desplomada sobre el cuerpo muerto, buscando refugio en el llanto.

-Fin del Capítulo 10-

Disculpas y Aclaraciones:

Primero que nada: Perdonen la tardanza de esta actualización.

Segundo: Razones por las cuales tardé tanto:

Mi PC sufrió un terrible accidente y perdí todos los borradores de los capítulos que estaban por venir…. Y a parte de eso, me quedé sin PC.

He estado en una fase de "cambio de vida" y "cambio de casa"… Ya estoy instalada… o medio instalada realmente, pues aún no logro desempacar todo, pero no por ello he logrado recuperar el tiempo perdido.

He comenzado mi Internado de Medicina, lo cual implica pasar muuuuuucho tiempo en el hospital, haciendo el trabajo de un verdadero médico (sin la responsabilidad legal, claro), bajo unas condiciones precarias, dignas de esclavitud, sin derecho a salario, comida o tiempo libre… ¡Y para variar tengo que pagarle a la Universidad por ello!!!!! Es indignante!!!! ¿Y cuál es la razón por la cual nos hicieron entrar en enero, cuando se suponía que empezábamos en marzo? Muy sencillo: porque los médicos y becados salen de vacaciones entre enero y febrero, y el hospital necesita mano de obra barata que les haga el trabajo… o sea, los internos!!!! Los odio!!!

Por todo esto, mi tiempo es muy reducido… Espero entiendan… Por ahora, ya logré reestructurar los capítulos venideros, por lo cual las próximas actualizaciones debieran ir más rápido… Sorry por ser tan escueta a la hora de disculparme, pero mañana tengo turno (¡Adiós fin de semana!) y me he quedado muy cansada tras cuatro horas frente al único PC disponible para terminarles esto y enviarlo… Y que así no me reten tanto… ¡¿Oíste ElizaLiz?!!! Ja, ja… En todo caso no estoy enojada por sus quejas… Los entiendo muy bien… Y pido disculpas.

Por ahora eso es todo… Un beso grande y cuídense mucho… Alexandra Riddle.

PS: ¿Quieren saber de dónde saqué el nombre "fugimortis"? Bueno… Es una combinación medio rara que hice de un par de palabras en latín: Fugitum:huir, escapar, Mortis:muerte... En otras palabras, "El que huyó de la muerte"… Espero que eso les diga algo… je je je...

PPS: Espero que disfruten el chap… Sino, ya saben cómo expresar sus impresiones…. Je je…

PPPS: Y recuerden:

"Siempre que odio y amor compiten, es el amor el que vence".

-Pedro Calderón de la Barca-