10-Soy la culpable

Era la tarde del domingo y el sol teñía con tonos rojizos los cielos del archipiélago nipón, bajo el que circulaba un automóvil a gran velocidad llevando a dos mujeres desde Toyosato hasta Kioto.

—¿¡No puedes ir más rápido, Aki?! —exclamó una de ellas, notablemente desesperada—. La vida de mi hija está en juego. ¡Debo estar a su lado YA!

—Cálmate, Ayana —suplicó la otra—. No creo que a Azusa-chan le guste que seas tú quien la reciba en el otro mundo.

—¡CÁLLATE! Ella sobrevivirá, estoy segura de eso.

—Otra razón para que te calmes.

—Para ti es fácil decirlo. Tu hija está sana y salva, no muriéndose en un hospital

—¿Quién dice que no? Yui debe estar tan desesperada como tú y sintiéndose culpable, según dijo Ui cuando la llamé.

—Solo apresúrate, ¿sí?

—Haré lo que pueda —suspiró Aki. Ella podía hacerse una idea del dolor por el que Ayana atravesaba. La única hija del matrimonio Nakano había sufrido un accidente de tránsito y estaba inconsciente en la clínica Toyota, en cuya sala de espera estaban impacientes Yui, Mugi, Ritsu, Mio, Ui, Jun, Satoru, Akira y Angela. Estos últimos fueron contactados por las vocalistas de HTT poco después de que Azusa fuese internada.

La mayor de las Hirasawa aún lloraba en los brazos de su hermanita, maldiciendo su mal hábito de distraerse con cualquier animal que viera, mientras la más joven intentaba darle palabras de aliento, aunque no sabía exactamente qué decir.

Unos minutos después, un hombre de cabello oscuro entró en la sala. Quería parecer tranquilo, pero su rostro reflejaba una seria preocupación y tristeza, sentimientos que se acentuaron al ver a las hermanas Hirasawa. Dando un pesado suspiro, de dirigió a la ventanilla de información.

—Disculpe, ¿podría darme información sobre la paciente Azusa Nakano? —preguntó.

—¿Es usted familiar de la paciente?

—Soy su padre, Mamoru Nakano.

—Señor Nakano, su hija presenta un trauma craneoencefálico y fracturas en dos costillas y el húmero izquierdo. En este momento se le está realizando un electroencefalograma para descartar algún daño neuronal, y permanecerá en cuidados intensivos hasta que recupere la consciencia.

Tras agradecer esta respuesta, Mamoru fijó su mirada en las hermanas Hirasawa, especialmente en Yui. Verla así, completamente deshecha, sin ningún rastro de aquella inocente sonrisa y con sus ojos completamente opacados, le rompió el corazón. A diferencia de su esposa, él siempre mantuvo una mentalidad abierta, y que su hija fuese lesbiana no le molestaba en absoluto. Pese a la poca convivencia, producto de las obligaciones de ambos, él le había tomado mucho cariño a la mayor de las Hirasawa, considerándola como hija suya, especialmente por el hecho de que Azusa comenzó a sonreír más frecuentemente a partir del día en que la conoció.

—Todo saldrá bien. Azusa es fuerte. Ella saldrá delante de esta situación —dijo sentándose al lado de las hermanas Hirasawa y poniendo su mano en el hombro de Yui.

—Esto no estaría pasando si yo no fuera tan distraída. Yo soy la que debió ser atropellada, no ella. Todo es mi culpa.

—No es tu culpa, Yui. Accidentes así pasan todo el tiempo. Azusa salvó tu vida para que sigas viviendo…

—¡¿DÓNDE ESTÁ MI BEBÉ?! —exclamó Ayana al entrar en la sala de espera del hospital, llamando la atención de todos los presentes. Uno de los doctores, que llegaba al lugar simultáneamente, se aclaró la garganta para obtener atención.

—¿Familiares de la joven Azusa Nakano?

Ante estas palabras, Ayana se apresuró a llegar frente al doctor, al igual que su esposo y Yui.

—¿Cómo está ella? preguntaron los tres a coro.

—Los resultados del electroencefalograma no muestran ningún daño neuronal importante, pero habrá que esperar a que despierte para saber si tiene o no amnesia.

—¿Podemos pasar a verla? —preguntó Mamoru.

—Uno a la vez, ya que está en cuidados intensivos.

—Iré yo primero —dijeron al tiempo los esposos Nakano, mirándose entre ellos con sus seños fruncidos por un par de minutos, luego de los cuales Ayana suspiró y dejó pasar a Mamoru.

Fijando su mirada en Yui, la señora Nakano notó su triste semblante, su opaca mirada y un par de lágrimas que escapaban de sus ojos. Esto le conmovió al punto de abrazarla sin decir palabra alguna.

—Todo es mi culpa, señora Nakano —susurró la joven Hirasawa.

—No, no lo es. Son cosas que pasan…

—Sí es mi culpa. Yo fui la que se distrajo y no vio venir ese vehículo. Yo debí ser atropellada, pero Azu-nyan me empujó, siendo ella la arrollada.

—Ella salvó tu vida porque te ama. Incluso sin el factor de tu distracción, ella habría hecho lo mismo por ti.

—¿Cómo usted y su esposo pueden estar tan seguros de eso?

—Porque conocemos bien a nuestra hija, Yui. Después de todo, buena parte de lo que es ella se lo inculcamos nosotros. Ella salvó tu vida, debes estar agradecida por eso. Aunque eso no te librará del regaño que te dará cuando despierte.

Escuchar estas palabras hizo que Yui se sintiera mejor consigo misma. Aunque seguía sintiéndose culpable, lo dicho por su suegra le confirmó que Azusa le perdonaría también por este incidente.

—Gracias, señora Nakano… De verdad necesitaba escuchar eso.

—De nada, Yui. Y dime Ayana, que estamos en confianza —sonrió la señora Nakano.

—Gracias de nuevo, Ayana-san.

Por decisión de la mujer, Yui fue la siguiente en entrar a ver a Azusa. Verla ahí, inconsciente, con su cabeza, torso y brazo vendados, hizo que la culpa a arremeter contra ella. Poniéndose de rodillas y acomodando su cabeza en la camilla junto al cuerpo de su amada, lloró nuevamente pidiéndole que la perdonara, con la esperanza de que pudiera escucharle.

Instantes después, pese a que Yui quería quedarse, lograron convencerla de regresar junto a su hermana y amigas a las residencias, mientras los esposos Nakano sí se quedaron en el hospital, pendientes de la evolución de su hija.

Al día siguiente, lo primero que Kotaru notó fue la ausencia de Azusa. Extrañado por no verla en ninguna de las clases que compartían, decidió preguntarle a Angela por ella, recibiendo nuevamente su frio silencio en respuesta. Insatisfecho con esto, insistió hasta el cansancio en su pregunta, tanto que la joven Yuuki finalmente exclamó «¡La atropelló un auto ayer! ¡¿Contento?!» dejándolo frio con eso.

Continuará…

Sí, un episodio súper corto. Esta semana tuve algunos quebrantos de salud que me impidieron escribir como hubiese querido. Espero compensarlo en el siguiente.

Shiny Nodofofonio: 0. Sí, cierto personaje de la versión moe de Harry Potter está detrás de esto.

1. Sep, así es.

2. Esa Yui… quizás no volvamos a ver esa faceta de ella, por lo menos hasta que todo se resuelva.

3. Quizás deberías ponérsela de una vez.

4. Sep, eso.

5. Bueno, algún punto débil debía tener Chariot

6. Oh, ok.

7. Ajá

8. Sobreviví, aunque casi no

Chobits3: ni yo mismo lo sé. Y sí, eso es importante

Beth726: espera sentada, querida

Gracias por leer, see you