Nota: Los personajes, lugares y todo lo demás le pertenece al buen Profesor Tolkien y sus herederos, por mi parte yo no recibo beneficios de esta historia y lo hago simplemente por afición a torturar buenos elfos, hobbits y demás criaturas de Arda. Mucha gracias a todas las personas que se toman su tiempo para leer y algunas hasta me escriben amables notas.
Capítulo 11
El mediano que había visto el encantamiento que Legolas le puso al vino, ideó un plan para sacar esa noche a los enanos del palacio, tendría que actuar rápido porque sabía que no tendría otra oportunidad así.
Se fue a la habitación de Legolas, y esperó en la puerta a que saliera el príncipe ataviado elegantemente con una túnica no muy larga de un gris pálido que hacía juego con la diadema que su padre le había regalado. Hoja Verde estaba contento, tanto que había olvidado por completo sus correrías de los pasados días.
Bilbo entró a la recámara y buscó entre las cosas del príncipe algunas anotaciones, no tardó en encontrar en un cajón un libro con anotaciones del puño y letra del elfo, vaya que tenía una bonita caligrafía, sería difícil hacerla idéntica, pero hizo su mejor esfuerzo y escribió en las hojas del príncipe, con la misma pluma y la misma tinta una breve nota para Galion, en la que le decía que en agradecimiento por sus servicios, el rey le invitaba una jarra de su mejor vino y que invitará a su amigo el jefe de los guardias, ya que Legolas era ahora parte del cuerpo de guardias. El hobbit pensaba que lo mejor que pudo haber hecho en su vida era seguir a Legolas durante ese día.
Bien, las cosas resultaron así: Bilbo colocó la nota donde Galion pudo encontrarla, luego de servir la cena a los comensales de la mesa principal y mientras enviaba a más elfos a que siguieran llevando los platillos, encontró sobre una bandeja la nota que el hobbit dejó.
El mayordomo se puso muy contento, aunque le preocupaba que Legolas escribiera con errores ortográficos y en una letra muy fea, a lo mejor ya había bebido demasiado vino por lo contento que estaba luego de hacer las paces con su padre y ser nombrado guardia.
Bilbo le observaba, ahora faltaba que llamara al jefe de los guardias que no debería andar lejos. Éste llegó sin demora cuando dijeron que Galion le buscaba para algo importante. Él y un grupo de elfos a su cargo, acababan de alimentar a los enanos y con eso concluían su trabajo de la jornada.
–Ven –le dijo al jefe de los guardias amigo suyo –he tenido una noche pesada y todavía tengo mucho trabajo, pero tengo un presente para ti y para mí.
El elfo de los bosque sonrió ampliamente, le gustaban los presentes, y a quien no. Despachó a los otros elfos y se fue con Galion.
Mientras tanto, arriba en el salón principal Thranduil estaba contento, a su lado estaba Legolas que se había portado bien todo el día, no escuchó queja alguna de su hijo y pensó que el luego de tantos sermones, el príncipe ya comenzaba a escuchar.
Legolas estaba feliz, por fin le tomaban en cuenta como a un adulto dándole un puesto responsabilidad, por fin su padre dejaba de tratarlo como a un niño pequeño y le permitía demostrar que ya había crecido. Todo iba viento en popa.
–¿Un poco más de vino, majestad?
–Solo porque hoy estoy especialmente feliz –dijo Thranduil –sírvele también un poco a Legolas, que festejamos su nuevo puesto.
–¡El vino! –De pronto Greenleaf recordó –He olvidado el vino.
–Sí, ya sé que no te dejo beber de este vino especial de Dorwinion porque es muy fuerte –le dijo Thranduil sin entender la palabras de Legolas –pero creo que hoy hay motivos para que lo bebamos tú y yo. Ya sé que el puesto de guardia de la frontera no es muy alto, pero si demuestras que eres digno estoy seguro de que podrás ascender a capitán.
El rey estaba tan contento que Legolas no tuvo el corazón para desairar a su padre y salir corriendo a buscar la jarra de vino con le hechizo. Hoy no podría hacer nada que disgustara a Thranduil, solo le quedaba confiar en el buen Galion.
–¿Dónde está el jefe de los guardias? –preguntó el rey –Quisiera que venga para que le adelante a Legolas parte de sus obligaciones.
–Estaba abajo en las mazmorras –dijo uno de los elfos.
–No es un mal muchacho el jefe de los guardias, siempre cumpliendo su trabajo, –Thranduil le decía a Legolas – espero que aprendas de él su sentido de responsabilidad
Por supuesto, cumplió su trabajo responsablemente, hasta que Bilbo intervino. Siguió a Galion y al jefe de los guardias hasta una apartada cámara y se sentaron a beber el vino que supuestamente Legolas les había enviado, tal y como el hobbit había planeado.
–Brindemos por el príncipe, que desde hoy estará a tu cargo.
–Eso no es motivo de brindis, ya he visto lo que ha hecho en la cocina y las cosas que hace en el palacio –dijo con cierto aire de preocupación –creo que pondrá patas arriba al cuerpo de guardias.
–Legolas no es malo, es inquieto solamente, nunca puedes cuestionar su corazón –Galion sacó de su bolsillo una hoja arrugada y se la enseñó al jefe de los guardias –Lo de esta tarde no fue su culpa, sabotearon las buenas intenciones de Greenleaf, ¿ves esta receta? Yo no la escribí, y ningún elfo con nociones de cocina anotaría algo así, fue una trampa y esto es la prueba que el muchacho ha estado buscando desde hace días.
–¿A qué te refieres?
–A que hay alguien más en el palacio.
–Es muy interesante lo que dices, pero –el jefe de los guardias se puso a bostezar –¿por qué tengo tanto sueño?
–Vamos, un poco de vino no puede afectarse así, si no fuero porque yo también empiezo a sentirme muy cansado –Y galion no pudo decir más porque también cayó bajo el encantamiento.
Bilbo aprovechó la oportunidad y tomó las llaves del jefe de los guardias y corriendo se fue hacia las mazmorras para sacar a los enanos de sus celdas. Le angustiaba el sonido que hacían las llaves cuando corría, pero había tan poco tiempo.
Sacó primero a Balin, porque era el que estaba más cerca. Se sintió feliz de ver al hobbit y atosigarle con preguntas sobre como había logrado sacarle de su encierro.
–Vamos, tenemos que sacar a los demás, ya habrá tiempo para explicaciones –y se dedicaron a sacar uno a uno a los enanos. Faltaba todavía Thorin que estaba en lo más profundo del palacio, de lo que recordaba Bilbo, llegó al lugar donde había rodado con Legolas, bajó las escaleras y luego de verse perdido logró dar con la puerta de piedra donde estaba Escudo de Roble.
Una vez reunidos todos llegó el momento de explicarles el plan de huída. Que mal lo tomaron los naugrim, protestaron y se indignaron, pero el hobbit les explicó que no había más remedio y que si no tomaban la oportunidad sería mejor que volvieran a sus celdas y él devolvería las llaves y lo pensaría dos veces antes de intentar algo.
Aceptaron de mala gana y se fueron abajo hasta la bodega de los barriles, pasando por la cámara donde Galion y el jefe de los guardias dormían placenteramente.
–No hagan ruido –dijo el mediano.
–Hasta ahora no ha venido nadie –dijo Thorin en el tono más bajo que puede un enano, cuando notó a los elfos que dormían sobre la mesa –¿Qué les pasó a estos dos? ¿Tú tuviste que ver con ellos?
–No hay tiempo para historias, y dejen de hablar.
–Por el ruido que hay arriba –comentó Balin –debe haber una fiesta, hay risas y música.
–Una fiesta, lo que daría yo porque me invitaran a sentarme en el banquete de la mesa del rey –Bombur se puso a soñar –¿no podemos darle un vistazo?
–¡Cállate Bombur! –Gloin le regañó –Se nota que estás bajo su embrujo.
–Tú también cállate, que son muy ruidosos –Bilbo temía que en cualquier momento Galion y el guardia despertaran –Apresúrense a esa habitación y por favor no tropiecen, y si lo hacen no gruñan.
El hobbit tomó las llaves y las volvió a colocar en el cinto del jefe de los guardias pensando en que al otro día se metería en problemas cuando se enterasen de la huída de los prisioneros. No era un mal muchacho, pensaba, además si así el rey no se enteraría de que fue su propio hijo el que colaboró, involuntariamente en su plan de escape.
–Esos dos necesitan ayuda profesional, o una larga conversación de padre a hijo –dijo para sí Bilbo antes de salir de la cámara y comenzar de colocar a los enanos en los barriles.
