Ooooh ¿cuánto ha pasado? ¿Dos años? xD lean? ¿Alguien todavía lo lee? n.n
Las carcajadas eran como cuando una familia mira a su hijo pequeño imitar a un familiar, cantar un comercial; las gracias de los pequeños siempre alegran al grupo familiar sin importar cómo sea éste. En esa gran habitación el grupo de encapuchados reían a carcajadas que opacaban la razón de su diversión, miraban con adoración al pequeño que blandía una varita, tenía la mirada fija en el mago vestido con túnica de auror.
-Bien, auror Longbottom -Lord Voldemort puso una mano sobre el hombro del niño y él bajó la varita, pero no dejó de ver al auror -dime dónde se esconden los Potter…
- ¡Señor! -la voz extasiada de Bellatrix hizo que la cabeza del niño diera vueltas, escuchó una carcajada al momento que una imagen lo golpeaba con fuerza: miraba a un hombre alto de cabello largo y ojos grises, le sonrió y cayó a través de algo, sintió que le dolía. Su barbilla tembló, intentando no llorar, a su padre no le gustaba.
Voldemort giró la cabeza fastidiado porque lo hubieran interrumpido, pero sus ojos verdes brillaron al dar con el niño regordete que la mortífago arrastraba.
- ¡No! -el auror se estremeció, intentó levantarse pero una certera patada del Lord lo volvió a tirar.
Lord Voldemort rió deleitado, Harry miraba sin comprender del otro niño al auror. Entendía las maldiciones del adulto pero no el porqué de ellas.
-Harry ven
Se acercó cuando se lo pidieron
-Si no me dices lo que quiero saber, haré que mi hijo juegue con el tuyo
Neville miraba a su alrededor sin entender lo que pasaba, sollozaba llamando a su abuela. Harry solo levantó la varita, sabía que no podía jugar con ese niño.
- ¡No es tu hijo!
Lord Voldemort dirigió hacia él su varita, con desgana lo miró retorcerse de dolor. Aunque era algo insoportable, el auror no apartaba la vista de Harry que había olvidado al pequeño niño regordete y lo miraba a él. Frank Longbottom había criado a su hijo y sabía cuándo un niño sentía curiosidad, de alguna forma apartó las dagas que sentía moviéndose por su cuerpo.
-Tus tíos… ¡aah!... Lily… aaah… Ja-James… -las dagas desaparecieron pero el señor oscuro se acercó y le plantó una patada en el rostro. El auror sintió el sabor ferroso que le inundaba la boca en un chorro caliente, escupió un poco sin apartar la mirada de Harry.
Los nombres bailaban en la mente de Harry sin poder afirmarse a una imagen conocida, sacudió su pequeña cabeza confundida, apretó la varita entre su mano, le quedaba muy grande pero no pareció darse cuenta. Se acercó a Frank y se acuclilló frente a él. Hundió la punta de la varita en la mejilla del auror, una sonrisa retorcida asomó en un rostro que de otra forma habría sido angelical. Esos hermosos ojos verde brillaban. Hundió un poco más la varita después, aún acuclillado echó el brazo hacia atrás, un rayo salió de la varita y Neville cayó de bruces retorciéndose entre espasmos de dolor y gritos de agonía que arrancaron una carcajada a los mortífagos. Frank intentó evitarlo, solo pudo estirar las manos hacia Harry, una patada lo volvió a tirar. Neville seguía gritando mientras Lord Voldemort miraba orgulloso al niño que tenía junto a él, se preguntaba la razón de que pudiera aprender esos hechizos tan fácilmente pero con lo que más curioso estaba era con el gran poder que parecía tener, si era un hechizo, un experimento con ese niño debía tenerlo… podía formar un ejército de niños poderosos a los que nadie se atrevería a atacar y solo había alguien que podía ayudarlo con eso.
- ¡Dónde están los Potter!
Volvió a preguntar, Frank medio se incorporó con la mirada aterrada fija en su hijo, de repente la sala de estar se cubrió de silencio. El señor oscuro miró a Harry que había bajado la cabeza. El niño estaba sorprendido, tenía la curiosidad que solo un niño puede tener.
- ¿Por qué te detienes? -el tono cortante de quien creía su padre lo hizo dar un brinco, tragó saliva, asustado señaló frente a sí.
-Desapareció
- ¡Qué!
Todos miraron de inmediato a donde hasta hacía unos segundos había estado Neville Longbottom retorciéndose de dolor.
- ¡Ey!
Harry señaló al lado contrario, el auror también había desaparecido.
- ¡Cómo dejaron que esto pasara, alguien entró! ¡Inútiles, búsquenlos!
Los gritos furiosos asustaron a los mortífagos quienes temerosos por un severo castigo empezaron a lanzar rayos y maldiciones hacia cualquier mueble, otros corrieron escaleras arriba en busca de la vieja bruja a la que no habían encontrado. Harry se encogió y empezó a retroceder, aunque apenas llevaba un par de día entre esa familia, ya había sido objeto de la ira de su padre demasiadas veces. Cuando tuvo la espalda contra la pared, se deslizó hacia un lado, lo más lejos de esa mirada verde que le daba miedo. Siguió caminando aunque estuvo bastante alejado, no se daba cuenta de que su instinto le decía que se alejara.
-Harry
Dio un brinco con la voz femenina, echó una mirada hacia su padre y cuando se aseguró de que también buscaba por la sala, miró hacia todas partes.
De repente se vio vuelto en un par de brazos, se topó con unos ojos avellana que le sonreían.
-Hola
- ¿Tú desapareciste al niño?
La pelirroja le sonrió y asintió con la cabeza, no se dio cuenta del entrecejo fruncido de Harry, la mirada inocente tenía algo más en el fondo.
- ¡Harry, dónde estás!
El niño levantó la mano sin dejar de mirar a la pelirroja que le guiñaba el ojo.
- ¿Qué te pasa? Pensé que primero morirías antes de lastimar a alguien inocente, Lily dijo que estabas diferente pero no creí que tanto… no importa, vamos antes de que se dé cuenta, menos mal que traje la capa de invisibilidad, querían atacar… ¿qué te pasa?
Harry echó un vistazo a su alrededor, casi pudo ver la textura de la capa. Después miró a Ginny, tenía la boca ligeramente abierta.
-Otra vez ese nombre, el traidor a la sangre lo dijo hace un momento… -echó el brazo hacia atrás con suavidad.
Fue en ese momento en que la pelirroja se dio cuenta de lo diferente que Harry estaba, si bien con el cambio de edad muy poco la sorprendía, el niño no era el mismo del que ella en parte seguía enamorada, en él ya no había el trasfondo de madurez, del Harry que ella había conocido… éste Harry miraba igual que…
- ¡Papá, ella se los llevó!
Harry jaló la capa dejándola descubierta, Voldemort se giró con esos ojos verdes a los que empezaban a parecerse los de Harry. El lord se acercó sonriente, Ginny desapareció.
Cayó de rodillas en medio de la estancia, escuchó gritos y regaños pero no les puso atención, miraba un punto lejano frente a ella. Unos brazos la levantaron, se dejó envolver en su calidez, poco después se aferró a quien la abrazaba, las lágrimas la traicionaron.
-Tranquila niña, ven anda… -Ginny sonrió entre lágrimas.
Sirius la arrastró hacia un sofá y se sentó junto a ella
- ¡Te dije que no fueras! -Ginny levantó la mirada, seguía llorando, pensaba en Harry pero aún así le dio miedo la expresión de Lily Potter
-Estaba… era… no era Harry, no era mi Harry -se abrazó a Sirius.
Remus que estaba parado junto a Lily, se apresuró a abrazarla, pero la pelirroja mayor le regresó una sonrisa asegurándole que estaba bien. Ginny comenzó a contar lo que había visto, no parecía ver a nadie más. Solo titubeó cuando llegó a dónde torturaba a Neville y ahí ni siquiera Remus pudo reaccionar, Lily sintió como sus piernas se debilitaban y se le doblaron, Sirius maldijo lo más fuerte que pudo y la pelirroja a la que abrazaba siguió hablando. Conforme avanzaba en la historia, disminuía el tono de voz hasta que no pudo seguir hablando.
-Lo vamos a recuperar, solo se protege… Severus lo dijo -suspiró Lily, estaba de rodillas en el piso, se recargó sobre sus pies y miró a Ginny -ahora -se levantó como si le doliera todo, respiró hondo y miró a sus amigos -tenemos que planear un funeral
-Sí, supongo
-Debe funcionar, tiene que funcionar, vamos Ginny necesito que me ayudes -Remus respiró hondo antes de subir las escaleras.
Sirius se acercó a Lily y la abrazó, ella se giró en sus brazos y se aferró a él sollozando.
-Harry está bien…
-Pero él…
-Es lo que querría, vamos a recuperar a Harry…
-Y entonces lo mataré yo
Repentinamente estaba molesta, Sirius soltó una risita, se limpió un par de lágrimas que habían escapado y después de asegurarse de que Lily ya estaba mejor, siguió a Remus.
Solo un par de días después, habían fingido reforzar la protección de la mansión Potter, la casa donde James había crecido estaba adornada de tal forma que uno podía deprimirse con solo mirar el jardín trasero, pero aunque en parte fuera una pantomima, era algo que debían hacer. Los miembros de la orden estaban sentados en primera fila, algunos exalumnos de Hogwarts pasaban por el féretro de cristal que estaba al frente, abrazaban a Lily y volvían a sus lugares. Los señores Weasley se mantenían en sus asientos, no parecían creer lo que había pasado. El profesor Dumbledore miraba desde un rincón, su vista fija en la caja de cristal que apenas dejaba traslucir el cuerpo del mago en su interior, suspiró, echó un vistazo a su extraño reloj.
Los pocos que se paseaban por el jardín, tomaron asiento cuando la ceremonia empezaba. Ginny apenas podía estarse quieta, miraba hacia todas partes, de vez en cuando echaba un vistazo a la figuro llorosa de Lily, Sirius y Remus no parecían estar ahí, miraban un punto a lo lejos, el animago se limpiaba el rostro mientras apretaba el abrazo con Lily. Suspiró, echó la cabeza hacia atrás en espera de algo, era como si supieran que era una trampa y no miraba a Peter Pettigrew por ninguna parte, volvió a suspirar y entonces pasó por fin, un estruendo la sobresaltó, cayó de pie en un segundo con su varita bien sujeta, no pudo creer lo que miraba.
Muchos desaparecieron en el mismo momento, solo unos pocos se quedaron mirando la figura alta, calva y sin nariz que sonreía con una tenebrosa alegría, era joven y tenía muchos rasgos humanos todavía pero eran menos que los que le había visto tan solo dos días antes. Lord Voldemort miraba extasiado a su alrededor, fue el profesor Dumbledore quien se interpuso porque nadie más parecía poder moverse, pero lejos de sacar su varita como el anciano director, Voldemort solo estiró un brazo. Lily ahogó un grito en brazos de Sirius, Ginny iba a correr al mirar a Harry aparecer de la mano del tenebroso mago, pero Remus llegó y la abrazó con fuerza.
- ¿Me estaban esperando?
-Tom, deja a ese niño…
- ¿Sabes? Me preguntaba por qué tenías poder si respetabas las reglas -amplió una tétrica sonrisa -pero ¿experimentos con niños? Ni a mí se me había ocurrido -soltó una carcajada que estremeció a todos.
Los ojos azules de Albus Dumbledore refulgieron con ira, levantó la varita pero se congeló. Harry le contestaba el gesto. Lord Voldemort se había alejado un par de pasos disfrutaba la expresión aterrada de todos pero quizá más el titubeo en Dumbledore.
-Harry…
-Hijo, lo que te enseñé -sonrió Voldemort.
Harry asintió, una sonrisa sesgada cruzó el rostro del chiquillo, su flequillo se movió dejando ver la cicatriz en forma de rayo que resplandeció con un ligero brillo verde. El niño señaló a alguien congelado en el fondo, murmuró algo y ese alguien se elevó, otro murmullo y los gritos desgarradores estremecieron a los presentes, la comitiva de mortífagos a quienes nadie había visto, soltaron una carcajada solo opacada por la de su líder.
-Harry por favor, tienes que… -Dumbledore intentó acercarse pero la varita ahora lo señaló a él, los gritos se apagaron y el viejo director retrocedió un paso, Voldemort rió de nuevo.
- ¡Harry James, será mejor que bajes esa varita!
El grito de Lily hizo titubear la mirada prepotente del niño, su varita dudó por un momento pero su nombre susurrado tras él, lo compuso en un segundo. De la punta de su varita saltaron chispas. Sirius se debatía entre detener a Lily o detener a Harry.
-Harry no…
Dumbledore intentó –de nuevo- razonar con el niño pero el que abriera la boca lo sorprendió, el simple maleficio que empezaba a formarse…
-Avada… -empezó a decir Harry.
El profesor Dumbledore interrumpió al niño, se disculpó antes pero intentó mandarlo a volar, para su sorpresa, el niño se protegió de inmediato y entonces comenzó la lucha, los mortífagos atacaban a diestra y siniestra. Nadie supo de donde había salido ya que no la habían mirado en todo el día, pero Dorea Potter aún llorosa defendía el féretro de cristal, nadie podía acercarse, poco después Sirius, Remus y Lily aunque renuente se unieron a ella. Albus Dumbledore se defendía de ataques buenos aunque aún un poco infantiles, solo intentaba dejar inconsciente al niño pero sabía protegerse, más de una vez miró a un joven adulto que había pasado por muchas cosas. De reojo miró a Voldemort que se retiraba y paseaba por la casa, era como si buscara algo.
-Harry tienes que entender -insistió el anciano, se cubría de una maldición imperdonable. No podía creer que hubieran logrado eso, estaba seguro de que si el niño estuviera actuando por sí mismo, jamás habría usado ninguna de esas maldiciones -por favor Harry, nadie tiene que morir…
La varita del menor bajó, por un segundo su mirada se enfocó, emitió un débil brillo y fue a dar al féretro de cristal. Unos ojos idénticos a los suyos lo miraron, el chico tragó saliva, se le escapó un sollozo y apretó su varita.
- Por tu culpa -susurró, un adolescente irreverente se escuchó más que el niño -lo mataste, mataste a Sirius ¡por tu culpa murió! -con un doloroso grito volvió al ataque.
Junto al féretro, Sirius se giró sin creerlo, más lágrimas se le escaparon. No quería pensar en qué momento había quedado la mente de Harry, solo quería que todo terminara. Miró un poco a su izquierda, Ginny acababa de dejar inconsciente a alguien y miraba a Harry, también lloraba, intentó acercarse, pero Lestrange se le interpuso, la pelirroja rodó los ojos y poco después sonrió.
-Si hubieras estado… si no lo hubieras subestimado -sorbió la nariz, lanzó una maldición imperdonable, pero de nuevo no pudo matar al anciano y él se preguntaba la razón de la acusación, la forma en la que habían llegado a trastornarlo de esa forma y por el increíble poder que había en un cuerpo tan pequeño.
-Harry…
El susurro tras él lo hizo titubear, parpadeó varias veces, bajó la varita sin importarle la expresión seria del profesor o que estuviera a punto de atacarlo. Un par de lágrimas empezaron a bajar y más le siguieron a esas, miró el féretro de cristal, a Lily, Sirius, Remus, Dorea… Ginny que tropezaba al retroceder, la carcajada triunfante de Bellatrix Lestrange y la señora Weasley que se interponía entre la chiquilla y la bruja.
-A ella no… -le gruñó y comenzó a atacar.
Un recuerdo hizo tambalearse al niño… estaba en Hogwarts con una escena muy parecida, parpadeó y su varita resbaló de su mano, con lentitud, pensando en cada paso se giró. En el marco de la puerta estaba recargado un hombre alto, lo miró… lo conocía, sabía que lo conocía, Harry volvió a parpadear y su respiración se aceleraba. El hombre avanzó unos pasos, pero su debilidad era obvia porque cayó de rodillas.
- ¿Qué pasa Harry? ¿Por qué…?
- ¡Cállate! -ordenó una voz, un pie empujó al hombre derribándolo por completo. Harry levantó la mirada hacia su padre, Lord Voldemort se acercaba con algo en la mano, no sabía lo que era pero tampoco le puso atención porque volvía a ver al hombre en el suelo… el cabello alborotado.
-Padre -susurró con atención, el hombre en el suelo se revolvió hasta mirar al niño, pero él miraba a Voldemort - ¿quién… es ese? -señaló a los pies de él.
-Un regalo hijo mío -el Lord se estiró en toda su altura -mátalo Harry -sonrió, pasó al niño y apuntó al profesor Dumbledore con la varita, no quería que se interpusiera -y después hijo, tendrás la marca -amplió su sonrisa
-Sí padre… -se agachó por su varita, miró al hombre que se sentaba. Tenía las manos sobre sus piernas, miraba sin creerlo.
Harry se irguió con lentitud, levantó la varita y ladeó la cabeza. Lily gritó algo pero el niño no escuchó.
-Te voy a… te juro Harry que… que si te atreves a abrir la boca… -respiró hondo, estaba muy cansado.
El niño miró a los ojos del hombre, el avellana le regresó un rayo que lo hizo estremecer, había algo en ellos que logró que su estómago diera una vuelta y sintiera que se le llenaba de mariposas que empezaban a devorarlo, se sentía en problemas pero no era como con su padre… él lo golpeaba y ya, no, esto era diferente y le daba más miedo, su varita amenazó con bajar por un momento pero sacudió la cabeza y volvió a levantarla.
-Te… te voy a… agarrar… a… -cerró los ojos, respiró hondo de nuevo y abrió despacio los ojos, se empezaba a marear -...nalgadas Harry… ¡cómo te atreves a levantarme la varita!
El niño bajó la varita, abrió la boca sin creerlo y las lágrimas le inundaron el rostro –de nuevo-, su mirada se desenfocó por un momento. Lord Voldemort se giró.
- ¡Idiota! -furioso gritó, Harry se encogió por un momento, brincó hacia él para disculparse pero Lord Voldemort ya gritaba la maldición asesina que el niño había usado tantas veces ese día. Pasó lo que había ocurrido hacía tiempo, Harry sabía que eso ya había pasado pero una parte de él se sorprendió al mirar su brazo que se levantaba, él no mandaba, era como si su varita tuviera vida propia y escupió algo, no supo que era pero se enredó con el rayo verde que volaba hacia el hombre que seguía sentado.
-No, no de nuevo -susurró el niño, su mirada terminó de salir de su sopor, brilló de nuevo y el Lord gruñó de furia y sorpresa, después desapareció.
Harry respiraba agitado, apretó su varita con fuerza. Se giró hacia el hombre que se había echado hacia atrás y recargado en sus manos lo miraba aún sentado en el césped, sus ojos avellana tras las gafas redondas lo miraban molestos. El niño volvió a llorar, soltó la varita y corrió hacia el hombre.
- ¡Papá! -se aferró a él, en su cabeza había un guerra, los sentimientos y vergüenzas propias de alguien mayor al verse abrazado a alguien y llorando; luchaban contra el sentimentalismo de un niño -creí… creí que habías… -apretó más al hombre, él ablandó la mirada y con un brazo intentó reconfortarlo.
-No Harry, no…
- ¡James!
El hombre dio un brinco con el grito, intentó apartar al niño pero no obtuvo muy buen resultado. Dorea Potter lo miraba de brazos cruzados, intentó sonreírle pero ella no se ablandó ni un poco.
-Sirius, sube a tu amigo a su habitación o seré yo la que empiece a repartir castigos
El animago sonriendo se acercó, cojeaba del pie izquierdo y le sangraba la mitad del cuerpo. Levantó a su amigo con ayuda de su varita y James levantó consigo a Harry, el niño se había dormido sin soltarlo. Dorea estaba ya junto al féretro, se limpió las lágrimas mirando su interior, suspiró y echó un vistazo alrededor. No habían atrapado a nadie, era como si solo jugaran, destruyeron el lugar pero nadie había muerto afortunadamente.
Era tarde ya cuando habían podido arreglar todo o al menos terminar con el funeral pero se sentían un poco más tranquilos. En una de las habitaciones del último piso, con adornos un poco infantiles todavía, James estaba en el centro de la enorme cama, junto a él, Harry dormía tranquilamente. Miraban al niño dormir como si solo fuera un día más. Lily sentada junto a él le acariciaba el cabello. Todos pensando en lo mismo pero ninguno se atrevía a decirlo en voz alta. ¿Qué había pasado?.
-O sea que a si James no se le hubiera ocurrido desobedecer a mamá, seguiríamos peleando ¿no?
James deseó matar a su amigo, tanto tiempo que habían estado solos y se le tenía que ocurrir abrir la bocota justo cuando su madre entraba. Y supo que ella había escuchado cuando le regaló un golpe en la cabeza con la cuchara de madera que por alguna extraña razón, parecía guardar en alguna parte de su túnica. No se atrevió a quejarse, sabía que había sido estúpido, que solo iba a ser una carga y arriesgar su vida pero algo que no podía explicar lo había obligado a bajar. Dorea le dio un beso a su hijo mientras dejaba la comida sobre la mesita que Lily acababa de subir a la cama.
-Al menos recuperamos a Harry -suspiró Dorea, se limpió las lágrimas y sonrió, ya no lloraría, había prometido no llorar más si lograban tener de nuevo al niño con ellos. -Y será mejor que todos bajemos a cenar y durmamos, fue un día difícil.
Asintieron, solo Lily titubeó un poco en la puerta.
-Estará aquí cuando subas, te lo prometo -le sonrió y ella asintió, le creía, podía creerle.
Él comenzó a comer cuando la pelirroja salió. La cuchara se le resbaló al recordar lo que había ocurrido días atrás…no hacía tanto, cayó sobre el plato y al tratar de detenerla, tiró parte de la sopa caliente quemándose la mano, maldijo en voz baja, si su madre lo escuchaba era capaz de subir de nuevo con esa bendita cuchara de madera. El ruido despertó a Harry, se sentó, miraba a su alrededor. James dejó de maldecir y lo miró.
-Papá, creí que estabas muerto… -brincó en la cama y se volvió a abrazar al hombre, se disculpaba entre sollozos, James sonreía con tranquilidad -miré que te… miré… cuando te mataban, lo recuerdo… yo… yo… lo siento…
-Mi padre se interpuso -suspiró -me arrojó contra unas varillas que casi me matan -separó al niño y le sonrió -creo que perdí mucha sangre y me dio alguna maldición y por eso me tienen en cama, no pude ir ni al funeral de mi padre
-Lo siento -y volvió a llorar, ya ni siquiera pensaba en controlarse, no se sentía como un niño de seis años y tampoco como un adulto. Era una extraña mezcla de ambos lo que lo absorbía.
-Está bien Harry, todo está bien ahora…
-No todo…
Los dos miraron hacia la puerta, Lily parecía muy molesta, de nuevo el miedo creció en Harry, pero no era un miedo normal, claro que no, era un miedo infantil que se aferraba a cada célula de su cuerpo. Dio un brinco e intentó bajar de la cama cuando la puerta se cerraba.
-No te atrevas -siseó la pelirroja y Harry encogió la pierna que había estirado para huir.
Ella se acercó a la cama, estiró los brazos y el niño se encogió, pero Lily solo lo levantó y lo abrazó. Lloraba aferrada a él, le susurraba al oído, poco después se sentó con él en las piernas y no lo soltó. Por un momento, el niño dejó de serlo, se sonrojó pero no se movió. De repente recordó algo, algo que no quería haber recordado… había escapado… Voldemort lo había raptado y torturado y de alguna forma él permaneció junto al mago, no recordaba mucho de lo que había pasado en el medio pero lo más importante ahí era que había escapado y estaba seguro de que a Lily no le iba a importar que hubiera sido por alguna importante misión o que él fuera un adulto hecho y dere… no le importaría que tuviera diecisiete o dieciocho años, no, por supuesto que no le iba a importar. Sabía que lo averiguaría en cuanto se le pasara la necesidad materna de saberlo a salvo y en verdad esperaba que eso pasara dentro de mucho tiempo.
-Ahora…
Ese simple susurro le erizó los vellos del brazo, no subió la mirada, sus pies sobre la cama eran mucho más interesantes.
-Lily, es tarde ¿por qué mejor no dormimos un poco y mañana lo matas si quieres?
Un sentimiento agridulce recorrió a Harry, por una parte amó a su padre por prolongar unas horas más su vida pero por otra, le sugería a su madre que lo matara de todas formas.
-Tienes razón, cariño me preocupaste mucho -apretó un poco más a Harry contra sí, después lo acostó junto a James que se había recorrido hasta el extremo contrario de la cama, luego se acostó ella.
-Lo siento, no era mi intención…
-Ajá -masculló Lily, le pasó un brazo por encima y se quedó muy quieta.
Harry se sintió extraño en esa posición, justo en medio de sus padres como si en verdad tuviera seis años, no tardó mucho para quedarse dormido. Soñó que Voldemort volvía por él, que crecía junto a él y nunca arreglaba nada en ese mundo, después se convertía en una serpiente, se arrastraba por unos escalones, los subía, mataba a quien estaba en su camino, después tomaba una tiara, sabía que era una pero al mismo tiempo no sabía para qué se usaba, la tragó y se fue reptando con tranquilidad. Voldemort se la estaba dando, él ya estaba grande, se giró con el brazo del mago sobre sus hombros, levantó su varita y miró a dos personas de rodillas frente a él, sus padres, James y Lily lo miraban suplicantes pero él no escuchaba, él solo quería cumplir una orden, tenía que hacer algo importante. "avada kedabra" gritó y fue cuando despertó, no gritó, no había voz que pudiera salir de su boca, sudaba y respiraba agitado, desesperado miró a su alrededor, se tranquilizó un poco, solo había sido una pesadilla. Dio un brinco al mirar la puerta de la habitación abierta, iba a mover a sus padres pero la silueta delgada que se dibujaba contra el haz de luz, lo tranquilizó, era Ginny. Ella le hizo una seña con su mano para que la siguiera y él lo hizo, se arrastró hasta bajar de la cama cuidando en no rozar a ninguno de los dos magos que dormían, por un segundo recordó a la serpiente y se apresuró, quería borrar esa imagen de su cabeza.
Era una casa enorme, casi corrió tras Ginny, no conocía el lugar y no quería perderse. Terminaron de bajar las escaleras, atravesaron un arco hacia la estancia, después giraron hacia la izquierda y por fin tras una puerta, la única luz encendida le dio la bienvenida a Harry. Era la cocina, en el desayunador estaban servidos dos vasos con leche y unas galletas en el centro. De nuevo se transformó en un niño, feliz fue hacia la mesa, se sentó y acercó la leche, remojaba las galletas y se las metía enteras a la boca. Para cuando levantó la mirada dispuesto a pedir más galletas, se encontró con Ginny que lloraba. El alma infantil se esfumó, bajó de un brinco de la mesa y fue hasta la pelirroja, intentó poner su manita sobre la de ella pero ésta había desaparecido y cayó sentado, le ardía la mejilla. Sin creerlo miró a Ginny que estaba de pie, aún sentado retrocedió hasta chocar contra la isla de la cocina, de repente estaba aterrado y esa mirada avellana no le ayudaba a tranquilizarse, intentó pararse pero resbalaba y la pelirroja se acercaba a pasos lentos.
-Tienes… una idea… de lo que… sentí cuando… -respiró hondo con los ojos cerrados, se presionó el puente de la nariz, abrió los ojos y taladró con la mirada a Harry -cuando decidiste salir corriendo sin siquiera avisar -siseó con gran lentitud.
Harry tragó saliva, se sobó la mejilla herida, no podía apartar los ojos de ella. Se pegó más contra la pared cuando Ginny se acuclilló frente a él.
-Yo… yo… Ginny yo no pensé en…
- ¡Nada! -lo interrumpió y levantó la mano dispuesta a volver a abofetearlo, pero la bajó al verlo encogerse con un mohín. No podía golpearlo si tenía seis años. Molesta se irguió - ¡ni siquiera sé qué edad tienes! ¡Demonios Harry, creí que te perdía también a ti!
-Lo siento
-De nada me sirve un "lo siento" -se le escapó un sollozo, volvió a acuclillarse.
Arriesgándose a otra bofetada, Harry gateó hasta ella y la abrazó.
-Mañana tendrá hinchado eso -rieron desde la puerta.
-James que…
El hombre se giró de un brinco hacia su madre y con una gran sonrisa estiró las dos manos para evitar que siguiera hablando y solo le señaló hacia la cocina. Dorea Potter sonrió, estiró el brazo y tomó la oreja de su hijo supuestamente adulto y lo regresó a su habitación.
Por la mañana, Harry se revolvió en la cama por cinco minutos hasta que no pudo seguir acostado y se sentó. Recordaba todo lo que había pasado o al menos casi todo, después de que hubiera escapado estaba casi todo borroso, pero lo que sí sabía era que su madre no estaba ni un poquito feliz de que hubiera hecho lo que hizo por mucha misión que fuera si Ginny… se llevó una mano a la mejilla y la apartó rápido, le dolía un poco. Miró la puerta como si la odiara, maldecía al que se le había ocurrido inventarla y que la hubiera hecho de tal forma que pudiera dejar entrar personas y no solo salir. Estaba en sus cavilaciones cuando una risita burlesca lo devolvió al mundo donde podría morir a manos de una pelirroja. Giró la cabeza, James le sonreía.
- ¿Te duele? -le señaló la mejilla, Harry se sonrojó mientras hacía una mueca -yo creo que no podrás sentarte en un buen rato -amplió su sonrisa
-Pe-pe… -tragó con dificultad -pero yo…
-Pues yo te miro de… -lo evaluó con una mirada burlona - ¿un metro y diez? Y de hecho Harry, aunque midieras dos metros… ah y por favor, dile que eres mayor de edad, que eres un adulto -soltó una carcajada, el niño se lanzó contra él, quedó sentado sobre su pecho y con las dos manos sobre la boca de James intentando alargar un poco su vida pero lo hizo tarde, la puerta se abrió con terrible lentitud, incluso rechinaba.
- ¡Aaah! -se echó hacia atrás, limpiaba sus manos en las sábanas que cubrían a James, éste aún con la lengua estirada le sonrió.
-Harry… James… Potter
Harry abrió los ojos anormalmente pero un segundo después descansó, era una voz burlesca sí, pero también ronca, era un hombre o más bien dos. Sirius y Remus se sentaron a cada lado de la cama.
-Casi me da un infarto Sirius -intentó sonreírle pero la mirada del animago lo desanimó. Quiso correr al ver a Sirius tomarlo del pecho, no quería un abrazo pero después descubrió que su padrino tampoco, el hombre lo tendió bocabajo sobre sus rodillas.
-Espera… qué… qué vas a hacer
-Empezar con mis labores de padrino -contestó tan tranquilo que asustó más a Harry que empezó a patalear intentando zafarse -no hice nada cuando me robaste la varita, ni cuando inventaste que quería hacer no recuerdo que sarta de tonterías para poder irte a jugar al bosque prohibido…
-No iba a ju…
-...o cuando me mandaste al hospital
-Fue un mismo día y parte de…
-Callado -murmuró, dejó caer tranquilamente una mano sobre el trasero de Harry y ahí la dejó, parecía pensativo, él por otra parte pataleó más fuerte -y tampoco hice o dije algo cuando… rompiste… mi… varita -por un momento, Harry dejó de moverse -no, no hice algo porque solo arriesgaste mi vida, nada importante -apretó el pantalón de Harry y él supo que volvía a molestarse así que volvió a patalear pero por más que se retorcía no lograba moverse un milímetro lejos de ese mago molesto, se aventuró a mirar a su padre pero él le sonreía al igual que Remus -pero arriesgar tu vida Harry cuando apenas mides un metro -ni siquiera se atrevió a agregarle esos centímetros que le había corregido a todos, parecía que a Sirius le costaba bastante despegar la mandíbula -huir, sin avisar solo… -respiró hondo y volvió a subir la mano y a bajarla
-Me alegra ver que eres un padrino responsable, pero antes yo voy a hacer uso de mi papel de madre, Sirius si me permites.
Harry levantó la mirada, ni siquiera pudo tragar saliva o cerrar la boca, incluso dejó de moverse y se aferró a las piernas de su padrino pero al escucharlo, sintió que su corazón se detenía.
-Claro pelirroja -con tranquilidad lo levantó y lo dejó de pie, Lily le sonrió al animago, se acercó, tomó la mano de Harry que Sirius mantenía arriba y solo lo sacó de la habitación.
Los tres amigos empezaron una tranquila y despreocupada charla. Cerca de medio día, James logró convencer a su madre para que lo dejara bajar al jardín. Ginny ya estaba ahí sentada bajo un gran árbol, tenía un pergamino entre las manos y lo contemplaba como si no supiera lo que era. Sirius fue el primero en acercarse, se acuclilló frente a ella y le sonrió.
- Se llama pergamino, linda
Ginny levantó la mirada, vio directo a los pícaros ojos grises, le regresó una pequeña sonrisa, después suspiró y se puso de pie. Volvió a suspirar, se encaminó hacia la mesa desde donde los miraban los otros dos amigos. Dejó el pergamino en el centro y se dejó caer en una silla. Tomó un vaso con juego de calabaza y bebió con lentitud.
-Lily sigue con Harry en la biblioteca ¿verdad?
-Sí -contestó James, se estiró y agarró el pergamino. Sirius y Remus leyeron encima suyo - ¿por qué? -separó la mirada del pergamino y la posó en la pelirroja que tenía enfrente.
-No tengo idea, solo dice… eso
-A veces pienso que el director en verdad está chiflado
-¡Sirius Black!
-Hola mamá -le dedicó una cautivante sonrisa a la mujer, con una reverencia le quitó la charola que llevaba y con tranquilidad acomodó los platos.
-Cielos, saldré un momento, no me destruyan la casa por favor
Dorea Potter regresó a la casa, reía divertida por esos hombres que no podía dejar de mirar como unos niños.
Comenzaron a comer aunque Ginny de vez en cuando miraba el pergamino. Cuando casi terminaban apareció Harry cabizbajo, rodeó a Sirius para diversión de todos y fue hacia la pelirroja.
-Lamento haberlos preocupado… a todos
- ¿Y qué más?
Lily salía con dos platos más, dejó uno frente a Harry y puso el otro junto a James donde se sentó. Miraba a Harry pero él insistía en ver su plato. Cuando Lily corrigió la garganta y volvió a llamarlo, el niño fingió poner atención en el pergamino que tenía Ginny, fingió tanto que terminó agarrándolo.
- ¿Les dirás todo? ¿Está bien?
-El profesor Dumbledore dice… -suspiró -que la niña no ha mejorado sino todo lo contrario, apenas respira y… -tragó saliva, se sentía en verdad extraña al pensar en eso, miró a todos que la veían a ella, por último bajó la mirada hacia Harry y mirándolo a él, habló -esperan que muera de un momento a otro y si eso pasa es probable que me ocurra lo que a ti entonces mi familia debe saber todo…
-No sé si eso les ayude -murmuró Lily.
Harry solo miraba a Ginny, pero asintió. No sabía qué pensar. Sabía que a sus padres les había ayudado un poco y conocía o al menos creía conocer a los Weasley pero de ahí a decirles que ella era la hija que tenían en coma y que la niña moriría por fin.
-El director dijo que vendrían por la tarde, por eso la señora Potter salió a comprar unas cosas… yo no creo que deban tomarlo como una fiesta, sería más fácil si les digo a ellos dos solos en casa, en la madriguera.
-Dile al profesor, te escuchará -le sonrió Lily, Harry en cambio habló sin pensar en que volvería a tener la atención de su madre.
-Como si eso fuera verdad, a él le parece fácil así y…
-Harry, Ginny hará lo que crea correcto -el niño asintió -pero quiero saber si tú harás lo que sea correcto
- ¿Por qué no puedo hacer lo que crea correcto como ella?
Sirius se inclinó hacia James, reía divertido cuando susurró.
-Ese niño no aprende ¿eh?
- ¡Porque tu interpretación de lo correcto es peligrosa! -Lily se puso de pie casi con violencia, el niño se encogió en su lugar - ¿qué es lo que les ibas a decir a todos?
-Ya me… -sintió la boca seca, no podía apartar la mirada de la de Lily -no puedo…
-Harry estás jugando con mi paciencia
-No puedo mamá, lo siento pero no puedo prometer eso porque por mi culpa Voldemort los encuentra, sé que pusieron algún hechizo sobre mí y saben quién creo que es -echó una mirada amarga a James -no puedo decir que me quedaré aquí sin hacer nada pero en verdad lamento haberlos preocupado… no quiero que nadie más muera y si sigo aquí solo eso va a pasar, necesito matarlo necesito…
-Tienes seis años
-Tengo diecisiete
-Harry -James lo interrumpió, Remus y Sirius solo intercambiaron una mirada y se levantaron al mismo tiempo, por un segundo Harry pensó en salir corriendo, pero agitó la cabeza y sacudió el pensamiento infantil. Su padre se estiró sobre la mesa y le pasó un pequeño espejo que Sirius le había dado. El niño se miró, apretó la mandíbula al comprender a lo que se refería -Mides poco más de un metro, tu memoria viene y va, es verdad que tienes un gran poder pero tu cuerpo no puede sacarlo y en ocasiones también viene y va, él.. Vol- Voldemort no puede morir y nadie sabe dónde están o qué son esos horrcruxes, tienes que esperar a que podamos estabilizar tu memoria para…
- ¡Será demasiado tarde! -se había parado sobre la silla, respiraba agitado
-Cuando escapaste -murmuró Ginny, Lily se puso de pie, James ayudado por sus amigos igual lo hizo. Todos la miraban, solo la otra pelirroja miraba al niño, negaba inconsciente, no quería decirle, no quería que le dijera algo que lo dañaría tanto. -Voldemort te atrapó, porque tus vaivenes de memoria y comportamiento son cada vez más frecuentes, no pudiste resistir por mucho tiempo el cruciatus y tu cerebro se protegió de tal forma que lo mirabas a él como un padre, te enseñó según él muchas cosas, te ordenaba como un verdadero padre y tú lo obedecías -dio un par de pasos hacia Harry que miraba la mesa, lo obligó a mirarla antes de seguir hablando -torturaste a Dobby -soltó sin más, los ojos de Harry se abrieron con terror -Snape lo dijo, torturaste a Frank Longbottom y a Neville. ¡Todo por esa estúpida forma de pensar que estás solo!
Harry se dejó caer en la silla, después se resbaló al piso y de pie miró a la pequeña de los Weasley que lo veía a él, pero no molesta, incluso lloraba.
-Lo siento -Ginny se acuclilló y lo sujetó de los hombros
-No te culpo de nada, pero me preocupa que actúes así Harry, a veces es como si tuvieras seis años, en otras eres mayor y no sabemos que esperar, fue estúpido haber escapado así, ni siqueira cuando todos te ocultaban y…
-Entonces tenía a mis amigos, pero ellos tienen seis años ¿qué quieres que haga?
-Que confíes en nosotros -un tanto tambaleante James se separó de sus amigos y dio un par de pasos hacia Harry justo antes de que la poca fuerza que había logrado reunir, lo abandonara, pero Sirius y Remus lo sujetaron
-Pero ustedes son…
-Tus padres -Lily se acercó a los otros tres -te queremos proteger, no importa si matas a Voldemort y re-regresas a tu dimensión si eso es lo que realmente quieres, nosotros te ayudaremos y nos vamos a asegurar de que estés bien. Te protegeremos cuando actúes como un niño y te ayudaremos cuando no…
-O sea -murmuró Sirius -solo lo vamos a proteger ¿verdad? Porque en lo que tiene aquí, solo lo he visto actuar como un chiquillo que por cierto Harry -con amabilidad jaló a Lily y pasó el brazo de James sobre los hombros de la pelirroja, se estiró todo lo que pudo y miró al niño -necesitamos hablar sobre mi varita y eso de arriesgar tu vida -imponente se tronó los dedos mientras los ojos de Harry se abrían con terror.
El niño comenzó a retroceder, olvidó por un momento lo que había pasado cuando lo habían secuestrado, eso no importaba, claro que no, ¿cómo iba a importar algo así cuando tenía a ese enorme hombre furioso frente a él?
-Cumpliré mi deber de padrino -siseó Sirius. Harry solo pudo gritar cuando el hombre se acercó a él, se barrió entre sus piernas y patinó cuando entró a la casa, subió las escaleras con ayuda de sus manos en algunas partes.
Afuera, Sirius soltó una carcajada.
-Me encanta ese chico -se dejó caer en una silla, subió los pies a otra y divertido bebió su jugo. -no voy a permitir que le pase algo. Ahora, linda, creo que tus padres ya llegaron -sonriente señaló hacia la casa, el timbre acababa de sonar, poco después la señora Potter se asomó con algunas bolsas en las manos y los llamó.
Cuando entraban a la casa, Lily se acercó a Ginny, se inclinó un poco, pensativa le murmuró al oído.
-Mientras hablaba con Harry…
Ginny sonrió, si esa mujer se parecía un poco a lo que ella consideraba madre y vaya que le había encontrado parecido con su propia madre, presentía que no había estado precisamente hablando con Harry.
-Miré que su… su cicatriz no estaba igual que cuando lo miré por primera vez, era como si… había un brillo extraño, como si tuviera vida propia ¿es normal?.
¿Normal? Ginny repitió la pregunta en su cabeza… normal… se detuvo en medio de la estancia, miró a su alrededor. Lily la veía esperando una respuesta. Sintió que el color la abandonaba.
-No tengo idea de lo que significa -dijo apenas bajo su aliento, pero su cabeza era un remolino.
- ¡Oye Gin podemos…! -Harry patinó al entrar, sonreía como un niño, giró la cabeza cuando alguien corrigió la garganta.
- ¡Aaaah el Grim! -y gritando dio media vuelta, resbaló en la escalera, se le escapó una maldición cuando se golpeó contra los escalones
- ¡Harry!
- ¡Perdón, fue sin querer, no lo volveré a decir! -corrió escaleras arriba casi con desesperación.
- ¿El qué? -Sirius balbuceó incrédulo, James y Remus reían, Lily solo sonrió, ella miraba a Ginny.
Brillaba… de nuevo brillaba… pero ¿qué podía significar? ¿Por qué brillaría la cicatriz de Harry? Miró a sus padres, respiró hondo… ¿Qué estaba pasando?.
