Dudas
-¡No puedes hacerlo!
-¡¡Si puedo, y lo haré!! - contrarrestó Inuyasha más irritado que nunca.
-¡NO! ¡Debes esperar dos semanas! ¡Sino la herida se abrirá nuevamente! - y comenzaban a pelear nuevamente.
Al parecer nunca dejarían de hacerlo, solo que ahora tambaleaban entre el odio y el amor. Se amaban con locura, nadie podría negarlo, pero ambos eran tan testarudos y orgullosos que a pesar de ser novios, siempre terminarían peleando por alguna estupidez. Pero en este caso no lo era.
-¡Tengo el partido más importante del año el jueves! ¡No puedo faltar!
Suikotsu le había dicho que debía esperar dos semanas antes de volver a jugar cualquier tipo de deporte de mano: tenis, voleibol, basket… ya que sino, los puntos se abrirían nuevamente.
-OH, por favor, es contra nosotros, aunque juegues, no ganaran - alardeó Kagome para aligerar el ambiente, pero en vez de eso, lo empeoró.
-¡¿Cómo que no?! ¡Claro que lo haremos, y yo meteré la mayoría de los puntos!
-¡INUYASHA NO PUEDES JUGAR POR DOS SEMANAS! – Explotó y todas las personas en la sala de espera voltearon hacia la puerta que conducía a emergencias para identificar a los gritones, que aún no aparecían, pero los gritos se podían escuchar a distancia - ¡NO SEAS IDIOTA!
-¡¿A QUIEN LE DICES IDIOTA?! ¡TODO ES TU CULPA!
-¡¿Ahora me culpas?! – Preguntó ofendida - ¡¿Por qué siempre me culpas de todo?!
Llegaron a la puerta y entraron a la sala donde esperaban sus amigos, quienes rolaron los ojos al ver que ya estaba discutiendo nuevamente.
-¡Porque es tu culpa! – Contestó dando un paso hacia ella, con la mirada rabiosa - ¡Por ti nos perdimos y por eso me corté!
-Nadie te mandó a abrir las persianas, yo estaba bien con la luz de la linterna… - comentó Kagome algo intimidada, Inuyasha si daba miedo cuando estaba enojado, parecía un demonio.
-¡Estabas aterrada con tan solo esa luz…!
Sesshomaru, ya harto de escucharlos gritar, fue hacia ellos y les hizo chocar las cabezas.
-¡OUCH!
-¿Podrían parar de pelear? – Dijo con tono severo – Son novios ¿no? Inuyasha, no sé de quien fue la culpa de que se perdieran, pero si no lo hubieran hecho, no tendrías a esta hermosa chica como tu novia – comentó señalando a Kagome -, ella solo trata de cuidarte.
-Ni siquiera sabes de que hablamos – contraatacó Inuyasha sobándose la frente.
-Claro que sé, sus gritos se escuchaban hasta Tokio. Y no molestes más, porque no vas a jugar el jueves, yo jugaré por ti.
-Genial – dijo con ironía.
Kagome, que ya estaba aburrida de la discusión, le lanzó una última mirada a su novio y se dirigió a la puerta, para irse a la furgoneta. Inuyasha notó que realmente estaba triste, por lo que la llamó, arrepentido de su reacción, pero ella no le prestó atención y salió finalmente del lugar. Sango y Rin la siguieron, mientras que Miroku, Sesshomaru y Myoga se quedaron con Inuyasha para cancelar lo que debía por los servicios.
La muchacha llegó al vehículo y como éste estaba cerrado con llave, se apoyó en él para esperar a los demás. Una lágrima cayó por su mejilla sin permiso y enrabiada la quitó con sus dedos. Odiaba tener que llorar por él, odiaba que la hiciera llorar. Levantó un poco la vista y vio que sus amigas venían hacia ella. Volteó 90 grados hacia el lado opuesto para que no la vieran a la cara, y ellas comprendieron el mensaje al instante.
Minutos después los chicos llegaron. Myoga abrió la camioneta y todos comenzaron a entrar. Sesshomaru fue esta vez quien se sentó al frente con el maestro, Miroku, Sango y Rin en el último de atrás, dejando a los peleados sentados juntos en la primera fila. (El vehículo era de tres corridas de asientos)
Kagome les lanzó una mirada asesina a sus amigos al entrar al auto y se sentó lo más alejada posible de Inuyasha. El chico cerró la puerta y partieron. Estaba realmente apenado, sabía que Kagome lo hacía solo para protegerlo y él la había tratado terriblemente. La miró, pero ella estaba sumergida en sus pensamientos, mientras miraba por la ventana.
Finalmente llegaron a la residencia. Inuyasha abrió la puerta y salió, le tendió una mano a Kagome para ayudarla a bajar, pero ésta simplemente lo ignoró y se fue hacia la construcción. Inuyasha suspiró.
-Kagome es rencorosa – le informó Sango – puede que esté enojada por un buen rato más.
-Lo que me faltaba – comentó derrotado caminando por donde mismo se había ido su novia.
La muchacha ignoró a todos los que la saludaban contentos cuando entró a la gran casa. Entró en su habitación y de su maleta sacó ropa limpia para ir a bañarse. Cuando se dirigía al baño, se topó con Inuyasha, que la miró con timidez y subió la escala hasta su cuarto. Kagome entró en el baño, que estaba vacío y se metió de inmediato a las duchas.
Inuyasha entró en la habitación dos minutos después. Escuchó el sonido del agua tras la puerta de las bañeras de las mujeres y supuso que ella estaba ahí. La imitó, entrando en las duchas de hombres.
Terminaron al mismo tiempo, se vistieron y luego salieron hacia el baño. Se miraron con sorpresa, pero luego Kagome se volteó para mirarse al espejo. Inuyasha la miró de arriba abajo, ella vestía unos jeans blancos y una camiseta de tirantes roja, que se ajustaba perfectamente a su esbelta figura. ¿Por qué siempre trataba de provocarlo?
-¿Qué? – preguntó tajante ella al notar su penetrante mirada sobre ella.
Inuyasha, sin poder soportarlo, se acercó a ella y la abrazó por la cintura, apoyando su mentón en su hombro.
-¿Sigues enojada conmigo? – preguntó mirándola a través del espejo.
-Si – contestó separándose, corriendo su vista de la de él.
-Perdóname – suplicó tomándola de los hombros y volteándola para poder mirarla. Suspiró agotada, no le gustaba verlo sufrir, por lo que rendida, intentó sonreírle.
-¿Por qué nunca puedo resistirme a ti? – dijo entrelazando sus brazos en el cuello de él, quien sonrió con picardía, abrazándola por la cintura.
-Porque soy el más guapo de todos- dijo con una ceja levantada y una divertida arrogancia.
-Eso es cierto – comentó sonriente.
Inuyasha acercó su rostro al de ella, fundiendo sus labios en un profundo y apasionado beso. El chico pidió permiso para dejar entrar su lengua en la boca de Kagome, y ella se lo concedió encantada. Comenzó a explorar cada rincón de su boca, sintiendo y saboreando el dulce saber de ella. De vez en cuando se separaban para tomar aire y volver a besarse nuevamente, haciendo que la danza de sus lenguas no se detuviera.
Sin dejar su quehacer, Inuyasha la acorraló contra la pared, tomando sus muñecas y posicionándolas en la pared. Por su cuerpo corría la sangre llena de deseo por ella, necesitaba tenerla más cerca. Kagome dio un leve quejido de dolor en las muñecas, lo que provocó que él la soltara, arrepintiéndose de ser tan bruto. Abandonó sus labios, besando su mejilla, luego su mandíbula, para así llegar al cuello. Kagome gimió al sentir el contacto de su piel con la boca de su novio, quien ahora daba pequeños mordiscos en la zona, haciéndola suspirar con más frecuencia.
Inuyasha comenzó a masajearle la espalda con sus manos, luego las bajó, hasta los muslos de la chica, levantándola. Kagome enroscó sus piernas en las caderas de él e Inuyasha fue hasta el mesón de los lavamanos, sentándola en él, haciendo que sus intimidades rozaran. Volvió a besarla en los labios, con desesperación, hambriento de ellos. Pero volvió a bajar por su cuello, su clavícula, su hombro y fue en ese momento cuando el tirante de la camiseta de ella estorbaba, por lo que con los dientes la tiró hacia un lado y volvió a besar la piel desnuda.
Se acercó más aún a ella, haciendo que su íntimo contacto se hiciera más notable, excitándolos a ambos. Inuyasha subió sus manos por las piernas de Kagome, hasta llegar a donde comenzaba su camiseta. Metió sus manos por debajo de ésta y las subió hasta los senos de la chica, haciendo que ella emitiera un pequeño gemido.
Pero justo en ese momento se escucharon unas risas provenientes del exterior del baño, que se acercaban a él. Se separaron al instante, ruborizados ambos y con las respiraciones agitadas. Kagome se arregló inmediatamente su camiseta e Inuyasha se agachó, fingiendo que le amarraba los cordones de sus zapatillas.
-¿Qué haces? – le preguntó Kagome en susurró.
-¡SH! Sigue el juego – respondió de la misma forma.
La puerta se abrió, entrando Miroku y Sesshomaru, quienes lo miraron con una ceja levantada.
-¿Qué hacen? – cuestionó el primero con extrañeza.
-Le amarro los cordones – contestó Inuyasha con naturalidad.
-¿No estaban peleados?
-No, ya no… - dijo Kagome, que seguía un poco nerviosa.
-Kagome, Sango te está esperando en la cocina, nos toca preparar la once. Inuyasha tenemos que poner la mesa.
-OK.
Inuyasha se levantó y tomándola de la cintura, la ayudó a bajar del mesón. Kagome salió del baño y se dirigió a la cocina.
Miroku y Sesshomaru se miraron al ver que él la miraba embobado mientras salía, se cruzaron de brazos y taparon la entrada para no dejarlo escapar.
-¿Qué? – preguntó Inuyasha confundido por la actitud de los chicos.
-Que no te gustaba ¿eh? – se burló Miroku. Inuyasha lo fulminó con la mirada -Teníamos razón, ahora suéltalo, ¿Qué hacían realmente?
-¡Nada!
-¿Y por qué tienes brillo labial en la boca? – se mofó Sesshomaru.
-No les interesa – contestó con arrogancia, disponiéndose a salir del lugar. Pero los dos lo empujaron hacia atrás, para no dejarlo pasar.
-OH, no te irás hasta que nos digas lo que pasó entre ustedes que te hizo cambiar de opinión – dijo Miroku.
-¿Qué cambio de opinión? Siempre he estado enamorado de ella, idiota, solo no lo quería reconocer, porque me cargaba que se hiciera la difícil.
-Pero eso era lo que te gustaba de ella.
-Mm…
-¿Pero qué pasó?
-¡Ay! Kagome comenzó a seguir un conejo, nos alejamos del sendero y después no podíamos regresar…
-Esa parte la sabemos, ve directo al grano – ordenó Sesshomaru impaciente.
-Bueno, una señora nos dio alojamiento y dormimos en su casa – no quería contarles los detalles de que había dormido con ella – a la mañana siguiente partimos de nuevo, pero Kagome casi se mata, por no escuchar instrucciones, casi cae a un acantilado, pero la salvé y luego le dije que fuera mi novia…
-¿Por qué siento que nos ocultas algo importante?
-¿Cómo que dormí con ella? – No les oculto nada, eso pasó – contestó decidido, si que sabía mentir.
-------- O --------
Kagome entró en la cocina y se encontró con sus dos amigas, quienes al verla, corrieron hacia ella, la agarraron de los brazos y la empujaron hasta sentarla en una silla vieja que había en el lugar.
-¡¿Qué les pasa?!
-¡Danos una explicación! ¿No se suponía que no te gustaba Inuyasha?
-Bueno, está bien, les mentí… - confesó rendida.
-¡Lo sabía! – Expresó Sango - ¡siempre te ha gustado!
-OK, no se lo grites a todo el mundo.
-¿Y por qué no? – Preguntó Rin - ¿No eres feliz con él? Bueno luego de esa pelea…
-Claro que soy feliz con Inuyasha – interrumpió Kagome – y esa pelea no fue nada.
-Y dime, ¿quién se confesó primero? – preguntó Sango ansiosa.
-Él…
-¡OH POR DIOS! ¿Y qué dijo?
-¿Todo esto es necesario? – cuestionó cansada.
-¡Si! – contestaron en coro las dos amigas.
-Bueno… dijo que a pesar de que lo he humillado, hecho reprobar y que lo hice perderse en ese bosque aterrador, igual me amaba, - dijo feliz, recordando las palabras exactas de él cuando se confesó - que era la única con quien se sonrojaba, con quien se ponía celoso…
-¡Ay que liiiiiiindo!
-Si, fue muy lindo cuando lo dijo – una boba sonrisa adornaba su rostro, lo amaba tanto. Siempre lo había hecho, pero a la vez lo odiaba por ser tan mujeriego. Cuando se puso de novio con Kikyo, el "odio" hacia él había aumentado, Inuyasha nunca había tenido nada serio con nadie, salía con una chica distinta cada semana, pero Kikyo lo agarró por más tiempo. Estuvieron saliendo por dos meses, pero por lo que le contaban sus amigas, mientras ella fingía que no le interesaba, Inuyasha y Kikyo solo compartían afecto físico, sus agarrones diarios en el patio del internado eran prueba de eso. Pero a ninguno de ellos, a Inuyasha por lo menos, le interesaba lo que el otro sintiera realmente, no le interesaba cual era su color favorito, su película favorita, la comida que más le gustara, etc. solo importaba satisfacer sus deseos físicos.
En ese momento una pregunta pasó por su mente. ¿Inuyasha y Kikyo habían hecho lo que ella y él habían estado apunto de hacer en el baño minutos antes? Un escalofrío recorrió su cuerpo al imaginarse a esos dos en esa situación. Negó con la cabeza, tratando de alejar esos pensares. Él no pudo hacerlo hecho con Kikyo si no sentía nada ¿o si? Bueno, tendría que preguntárselo. ¿Y si en verdad lo había hecho con ella, y con todas las demás con quienes había salido? ¿Y si ella era solo una más de la lista y en verdad no la quería como decía?
-Ay, Kagome, no seas paranoica – se dijo – Eso no puede ser.
Sus amigas la miraron extrañadas, no sabían en que pensaba.
-¿De qué hablas, Kagome?
-¿Eh? – dijo, recordando de que no estaba sola, sino que con Sango y Rin – Ah, nada, nada.
-Bueno, hay que preparar la once, hicimos un pastel mientras te bañabas…
-¿En serio? – Preguntó entusiasmada - ¿Dónde está?
Sango señaló un biscochuelo que estaba encima de uno de los mesones de la cocina. Era de un color beige, con pintas cafés, que indicaba que también tenía chocolate.
-Hay que decorarlo, ¿puedes hacer merengue? – preguntó Rin.
-¡Claro!
Kagome corrió a la nevera y sacó de él cinco huevos y azúcar. Separó la clara de la yema del huevo y vertió la primera en un plato hondo, poniendo encima un poco de azúcar. Luego con la batidora comenzó a batir, hasta que la mezcla se puso de un blanco nieve.
-¡Listo!
Fue a donde sus amigas estaban rellenando el biscocho con manjar y cuando terminaron, tomó la bandeja en que estaba y la llevó al otro mesón. Justo en ese momento Inuyasha entró en la cocina.
-¿Qué haces? – Le preguntó - ¿Qué es eso?
-Merengue – dijo Kagome volteando el rostro para mirarlo.
-¿En serio? Dame – pidió y ella con una cuchara pequeña sacó un poco y se la pasó. Inuyasha de un solo bocado se lo comió, saboreando el exquisito dulzor -. Dame más.
-Hey, no, es para la torta.
-Por favor – dijo y puso cara de perro faldero. Una idea descabellada pasó por su mente e intento probarla.
-OK, te daré, pero… - cogió la cuchara, sacó merengue nuevamente y se embarró la boca con él – tienes que quitármela de los labios.
-¡Ja! ¿Y crees que no lo voy a hacer? – preguntó divertido por la proposición.
-No lo sé, dime tú.
-Ven acá pequeña traviesa – Inuyasha la cogió de la cintura, apegándola a él. Acercó su rostro al de ella y la besó, quitándole todo el exceso de merengue que tenía en los labios.
Rin y Sango suspiraron divertidas. Al parecer la pareja se había olvidado de que ellas estaban ahí. Comenzaron a reírse un poco, pero justo en ese momento Myoga entró en la habitación.
-¡Taisho! ¡Higurashi! ¡Sepárense!
-¡Ay! ¡Pero que molesto Myoga! – comentó Inuyasha separándose de Kagome.
-¡No sea irrespetuoso, Taisho!
-Pero señor, solo la estaba besando, además, ella me provocó, yo solo quería merengue – como resultado de eso, Kagome le dio un golpe en el brazo.
-Siempre me estas culpando de todo – pero esta vez no estaba enojada, sino que estaba muriendo por dentro por contener la risa. Inuyasha volteó hacia ella, sobándose el brazo y esbozó una sonrisa divertida.
-OH, mira – apuntó a un costado de su boca – aún tienes merengue – y volvió a besarla, para quitarle el dulce.
-¡Ya basta! – Gritó el profesor - ¡Están castigados! ¡Tendrán que lavar todos los platos de hoy y mañana!
-Bueno – aceptó Inuyasha con simpleza y salió de la habitación para reunirse con sus amigos nuevamente.
-Dios, ese chico jamás cambiará – comentó Myoga antes de salir también. Y una vez fuera, Kagome no pudo parar de reír por minutos.
Holaaaa!! MRS Taisho-Potter reportandose nuevamente! aqui volvi cn el cap 11 de mi loca historia. Q les parecio?? Yo creo que debio caerles un rayo a Miroku y Sessh por interrumpirlos no lo creen??? jaja weno. Me da mucha risa el final :D
Gracias a todos por sus lindos reviews, ya superamos los 100, y supero en numero de mi anterior fic! gracias a todas!!! Recuerden que me encanta saber su opinion de los caps, asi que comenten ps :D
Weno eso, un beso.
Chauu
PD: CLICK EN GO!! XD
