Capítulo 11: "La madre de Charlie"

18 de mayo de 1915

# 237 Windsor

Liverpool - Inglaterra

Esa mañana Albert madrugó, se esmeró en tener una mesa presentable y el desayuno listo con la ayuda de Ruth, que había cuidado de Charlie cuando ellos se ausentaron, la noche anterior, por causa del Concierto en el Hotel. Faltaba más pan así que decidió ir él, aprovecharía de caminar un poco, para tomar el aire fresco, era muy temprano aún.

A la media hora bajaron por las escaleras, hipnotizados por el exquisito olor de la comida: Candy y Charlie. Saludaron felices a Ruth y preguntaron por Albert.

—Salió a comprar pan… yo me ofrecí a ir, pero no quiso…dijo que aprovecharía de dar un paseo ¿Le sirvo Señorita? —preguntó la joven mientras traía el café listo servirlo.

—Está bien… ¡Gracias Ruth!…yo creo que Albert se demorara un poco —Candy saboreaba un panqueque con mucha hambre — ¿Ya no estas enojado conmigo, Klin? —le dijo sonriendo al mapache que estaba en una esquina de la cocina comiendo.

—Lo que le molestó fue que lo sacaras de esa caballeriza, le gustó vivir ahí, Candy —le dijo Charlie comiendo rápidamente por el apuro de ir a ver a los señores Krupp

—Lindo animalito… ¿No hace nada cierto? —preguntó la chica acercándose a Klin aun con temor.

—No… puedes acariciarlo que no hace nada…Ruth —le dijo Charlie riéndose de la cara de susto.

— ¿Y como les fue con el apagón? —preguntó Candy mientras seguía comiendo.

—Bien… bueno yo le tengo miedo a la oscuridad sabe… —comentó la chica mientras acariciaba Klin y éste se dejaba.

—jajajajajaja… ¿Lo puedes crees Candy?...yo que soy mas pequeño no le temo y ella… —indicó divertido el chico.

—Bueno…ayer cuando estuvimos en ese Hotel, por lo del concierto, mucha gente estaba aterrada… así que creo que Ruth no era la única —defendió a la joven recordando el barullo que se formó por el corte de luz.

— ¿Ves?… yo te dije…que con los apagones como esos pueden pasar muchas cosas —dijo la chica sirviéndole leche al pequeño.

Decidió entonces ir con Charlie a despedirse de los Señores Krupp, para asi adelantar los preparativos para el viaje. Los dos subieron al carruaje que se dirigió a St Helen.

En el camino Candy analizó los minutos vividos en ese mes, ya estaba por dejar atrás Liverpool, para continuar con esa travesía, por lo menos, ya no se sentiría sola porque su mejor amigo le estaba acompañando.

Ensimismada se alejó de la realidad aun pensando en la velada de la noche anterior. No pudo dar con el sujeto que conoció en el Hotel Britannia Adelphi aquella noche en Liverpool, estuvo allí buscando a un perfecto desconocido y se avergonzó de solo imaginar que se habría pensado ese tal Yuyin al saber que fue a verlo. Estuvo toda la noche corriendo de un lado a otro sin que Albert lo notara, por lo menos el corte de luz esta vez le favoreció en algún sentido, a pesar de no haberlo visto, ya no tendría que explicar que era lo que buscaba. Contarle a Albert que conoció a un tipo, que no sabía ni como era, que tenía un nombre muy extraño y que no fue nada de gentil, sonaba demasiado descabellado y mas aún que ella demostrase un encantamiento muy particular por alguien así. Correr desesperada para que al final los caminos de ese encuentro se truncaran, era casi un chiste, una treta del destino, que no quería por alguna razón que ellos se conocieran y eso quizás incrementaba su curiosidad, esa era la única explicación posible.

El viaje continuó con total sigilo, cada uno con su vista clavada en un infinito. El niño fascinado al poder conocer tantos paisajes que solo en sueños y en mapas podía ver y Candy intentando dilucidar que era lo enigmático de aquella persona, que la arrastraba a meterse en situaciones inusuales.

Estaban frente a la casa de los Krupp y se bajaron. Fueron recibidos con mucha emoción, ellos sabían que estaban pronto a irse porque Candy se los comentó en su última reunión junto a Albert.

Se habían encariñado tanto con ella, conversaron largo rato y pasearon por el jardín perfumado por rosas, macizos de lavanda y gauras, alrededor una escultura de bronce, una pileta de piedra rosa y a lo lejos la vista de esa hermosa casa estilo Georgiano. Para el Señor Steven era una despedida momentánea y para la Señora Maggie era un dolor muy grande dejar atrás tantas alegrías vividas en esas tierras que ahora se veían amenazadas por la guerra, esperanzados en que esa situación finalizara algún día, aunque ya al transcurrir los meses se fueran sumando mas naciones a la batalla.

Los aliados contra las potencias centrales; continuaban con sus desacuerdos, batallando en distintos escenarios lejanos; pero que era una realidad, acrecentando la inestabilidad de muchos. La Señora Krupp esperaba que Candy diera pronto con sus padres, para que se fuera de una buena vez también a Estados Unidos, deseando que algún día volvieran a verse. Prometieron ir a darse una vuelta por el Hogar de Pony una vez que estuvieran instalados, dejarle noticias a ella, sabiendo que retornaba de vez en cuando a esa colina por una necesidad de renovar energías y de estar cerca del lugar donde se crió. Insistieron con que se quedaran al almuerzo, para disfrutar más de la compañía y Candy accedió agradeciendo la amistad y apoyo que le dieron esas dos personas que se presentaron en su vida tras un hecho fortuito y en ese minuto ya eran parte de sus vivencias, de las que no se borran con el paso del tiempo.

Calles de Liverpool

Joann, fue la única en despertarse muy temprano esa mañana, los demás siguieron dormidos. Se bañó y lavó el cabello, se vistió, disfrutando del tiempo que invirtió en acicalarse y llevando en un paquete aquel vestido que no le quedaba porque su figura armoniosa adelgazó más de lo debido, con la intención de que una modista se lo ajustara un poco más. Ben no fue a verla como le aseguró anoche, el tiempo se le fue en imaginarlo con Kristin, sacudió su vestido de las pelusas con la misma intención de despojarse de aquellos pensamientos.

Se quedó sintiendo la brisa del mar, impregnándose de la energía de la primavera, a pesar que aun sentía mucha pena en su corazón, cada día que pasaba recordaba casi como una plegaria las palabras de la Nonni, antes de morir. Eran apenas las 7:30 de la mañana, los demás dormirían hasta pasadas las 9:00 ya que era sábado y no había grandes compromisos. Luego deberían comenzar a arreglar las cosas para irse a Escocia, el padre de Liam le había exigido que se presentara a fines de mayo en la casa que tenían allá, nadie sabía exactamente que era lo que querría, hasta Erin, la hermana de Liam, viajaría desde Noruega para ir, pero de ella no se sabía cuando ni donde ni cuando es que llegaría.

Entró a la panadería saludando al encargado y se acercó a comprar los pasteles, estaba por escoger uno en especial cuando otra persona también lo quería

—Se lo cedo a usted… parece que tiene el mismo gusto —le dijo la voz masculina que la quedó viendo como reconociéndola.

—Gracias… —respondió avergonzada y se con la compra a pagar.

Joann salió del local y mientras caminaba su vista se desvió hacia un callejón donde un grupo de mujeres insultaban y le lanzaban cosas a una mujer que estaba tendida en el suelo, llorando e intentando cubrir su rostro con heridas sangrantes, siendo humillada y maltratada de forma brutal. La mujer intentó levantarse; pero no pudo por el dolor de su tobillo. Mientras el resto de las mujeres, señoras ya con sus crios mirando por la ventana, siguieron propinándole insultos y arrojándole cosas.

—¡¡¡QUE HAAACEEEN!!!... ¡NOOOO!... ¡BASTA! —gritó Joann metiéndose en medio de esa trifulca, colocándose por delante de la mujer para evitar que le siguieran lanzando cosas, una de éstas llegó al rostro de ella antes que pudiera cubrirse.

Para cuando se percató de eso ya tenía sangre en su frente, al sentir que algo tibio le nublaba la vista al caer en su ojo derecho; sin embargo no era débil y resistió sin problemas ese dolor, no se daría por vencida.

— ¡SAL DEL MEDIO NIÑAAAA!… ¡ESTAMOS AJUSTANDO CUENTAS CON ELLA! … —le gritó una mujer que detuvo los insultos con solo levantar un dedo.

— ¡NO ME SALGOOOO!... ¿PERO QUE CLASE DE PERSONAS SON USTEDES? —dijo Joann enfurecida al mirar tras de si en el suelo continuaba la mujer de cabello castaño, con un vestido color escarlata y con un gran escote.

— ¿Qué clase de mujeres somos? … ¡UNAS MEJORES QUE ESA RATA QUE DEFIENDES, CHIQUILLA ESTÚPIDA¡SALE DEL MEDIO DE UNA VEZ! —le gritó divertida otra

—Niña vete de aquí…no deberías estar con esa lacra —susurró otra mujer que estaba mas allá.

—PERO MIREN…POR LA VENTANA LAS OBSERVAN SUS HIJOS… ¿COMO ES POSIBLE QUE ACTUEN DE ESA FORMA DELANTE DE ELLOS? —le gritó a las mujeres, varias de ellas voltearon a ver avergonzadas y retando a aquellos mocosos curiosos que se divertían con esa humillación.

—Señora… ¿Esta usted bien?... ¿puedo ayudarla¿Cómo se llama usted? —preguntó Joann agachándose a verla de cerca, estaba muy mal herida y no podía sostenerse por si sola.

—Señorita márchese… mírese…tiene su frente y su labio sangrando por mi culpa…váyase…que usted es una dama y no debe estar metida en algo así —respondió avergonzada la mujer. Joann se tocó su labio que también le sangraba, sin prestarle mucha atención.

—No me voy a ningún lado sin usted… ¡Vamos! —intentó levantarse con la mujer; sin embargo no se la pudo y ambas cayeron al suelo. La joven sintió que su muñeca derecha crepitó y se resistió a desistir de sacarla lo antes posible de allí, aun con el intenso dolor.

Las mujeres veían la insistencia de la joven y desistieron de continuar con la pelea, llamándola necia e intrometida se fueron dejándolas ahí en medio de ese callejón, cerrando sus puertas y continuando con su vida, sin el menor atisbo de piedad. En la mente de Joann revivió el pasaje de la Biblia que Nonni le leía, sintiendo pena de que gente así aun existiera y se paseara en la iglesia los domingos.

Al mirar a la mujer continuaba llorando, estaba toda golpeada, no existía ningún lado de su cara y cuerpo que no tuviese magulladuras, debió estar un tiempo considerable para quedar en esas condiciones y si ella no hubiese llegado otro hubiera sido el desenlace.

—Bueno… ¿Señora?...ya se fueron…ahora vamos… venga que yo le ayudo —le dijo Joann obviando el inmenso dolor de su muñeca derecha

—No… a usted no deben verla con una mujer como yo…señorita… —insistió la mujer derramando una lágrima que ardió en sus mejillas rojas.

—Pfff… es que a mi me da igual lo que digan… lo que importa aquí es que usted necesita ayuda… está usted muy herida… ¿Cómo se llama señora? —la chica se sentó a su lado, intentando limpiar su propio vestido con gotas de sangre y suciedad.

—Me llamo: Gracie… Gracie Crundall… señorita usted también esta herida…yo no puedo ir a un hospital…usted sabe porque…usted puede ir pero sin mi… —la mujer bajó su vista y sin poder continuar hablando por el ahogo de sus lágrimas.

—Gracie… usted debe ser atendida…y si usted no puede entrar a un hospital pues yo tampoco… que no la dejo sola… además ya se donde ir… ¡Venga! —Joann hizo el intento nuevamente en sostenerla, limpiándose la gota de sangre de su frente con la manga de su vestido. Se sacó su chal y se lo colocó a la mujer para que se tapara el escote.

Un señor se acercó, sostuvo a la mujer antes de que se desmayara en los brazos de Joann. Ella levantó la vista y le agradeció el gesto con la mirada. El joven la reconoció inmediatamente, alegrándose de verla y preocupado de que ella también estaba herida. Al mirar a la mujer comprendió lo que era.

—Gracias señor…necesito que me ayude con ella… necesito llevarla a que le curen las heridas —pidió la joven levantando las cosas de la mujer y las de ella.

— ¿Dónde la llevamos? …tu necesitas ayuda también… estás sangrando —acotó el joven, dejando de lado su compra reciente en la panadería y sosteniendo a la mujer en sus brazos.

—Espere aquí, que llamo a un carruaje… —Joann corrió a la esquina a llamar a un cochero que se detuvo y acercando el carruaje a esa calle subieron los tres para ir rumbo a una calle que le indicó.

—Parece que no te acuerdas de mi… yo soy Albert y te ayude cuando te desmayaste en la calle ¿lo recuerdas? —le dijo él mientras veía que la chica acomodaba la cabeza de la mujer que aun continuaba desmayada en su regazo

— ¿De verdad?... es que no le vi su cara… lo siento… Muchas gracias entonces por lo que acaba de hacer ahora y antes —agradeció con humildad.

—Tu también estas herida…debes limpiar eso…quizás necesites punto en esa herida que tienes en la frente, toma —le extendió un pañuelo suyo.

—Gracias… yo estaré bien…vamos a donde un amigo mío —le dijo ella quejándose levemente por el dolor de esa muñeca.

— ¿Tu la conoces? —Albert indicó a la mujer que continuaba desmayada.

—No… la vi en la calle —respondió ella con una suave sonrisa y apretando la sangre que salía de su frente con el pañuelo que él le dio.

Siguió el rumbo el carruaje, la mujer llevaba una foto en sus manos que Joann observó por unos segundos y lo guardó en el bolso de la mujer. Albert la miraba, impresionado por la valentía de esa chica de estar adolorida y contenerse para brindarle ayuda a una desconocida; sin embargo no le había dicho su nombre. No sabía adonde iban, ella le indicó el camino al cochero, él solamente le estaba acompañando, con mucho gusto.

— ¿Cuál es tu nombre? —preguntó Albert al recordar que no se lo había dicho.

—Oh…que tonta no se lo dije… me llamo: Johanna Whitton…siento haberme ido así sin agradecerle…pero…

—Joann la chica de anoche… ¿la amiga de Elizabeth Lamberth?... la verdad que no te vi bien anoche… entonces —comentó Albert recordando los episodios de la noche anterior.

—Eh…si ¿Usted estaba anoche ahí?... no me diga que… —Joann pensó inmediatamente en el melenudo de la tienda, el mismo que Liz le insistía en que mirara esa noche. Estaba ante el hombre que le ayudo sin siquiera recordarlo.

—Pero no me trates de usted…dime Albert… y yo era el joven que les ayudó con la chica esa… ¿Kristin? …yo usualmente no me meto en ese tipo de asuntos… pero como le debía un favor a tu amiga —le dijo Albert recordando como la había conocido a ella y como conoció a Liz

—Si… ¡Que vergüenza!…. Pensara que somos un par de chicas locas —dijo Joann sintiendo como su cara le ardía.

Albert no podía creerlo. Candy se alegraría mucho con la noticia de que encontró a la hija de aquella mujer que rescató sintiendo que fue en vano, ya que ésta murió, quizás Johanna la convenciera de que su aporte no fue inútil, él estaba casi convencido que el haberla rescatado y hacer todo lo que pudo era mas que suficiente, porque le regalo minutos valiosos para que esa chica estuviera con su madre. Sabía que no poseían el mismo apellido; sin embargo no preguntó deduciendo en su mente las cosas por si solas. Joann había ayudado a una mujer con la que ninguna dama debería ser vista a plena luz del día; pero no le importó.

Residencia Rothschild

# 750 Braganza

Liverpool - Inglaterra

Joann rogaba que no estuviese la madre de Ben, sabía que la odiaba porque consideraba que no merecía ni siquiera la amistad de su hijo. Esa mujer no tenía nada del carácter de la abuela de Ben, Ellen Hoker, una mujer: dulce, cariñosa, sencilla, humilde y buena persona. No tenía tampoco nada de que vanagloriarse, porque ni el padre de Ben, el Señor Raymond Rothschild, trataba a las personas o a la servidumbre como ella solía hacerlo, ya que era un ser humano excepcional, preocupado, atento, caballero, afectivo. Cuando conoció a Joann hace años atrás, supo de inmediato que su hijo se había fijado en ella, porque la era realmente hermosa en un aspecto físico y espiritual. Sabía bien que no sería agradable si se topaba con ella, porque de seguro prefería la relación de Ben con Kristin; pero tendría que correr el riesgo.

—Estamos llegando a la casa de los Rothschild —avisó el cochero

— ¿Conoces a esta gente? —preguntó Albert mientras observaba por la ventana, nadie que viviera en Inglaterra o en alguna parte del mundo, podía no saberlo, era una de las familias de banqueros de gran posición de los últimos tiempos.

—Si… mi amigo Ben es médico…él podrá ayudarnos… —le dijo ella mirando que ya ingresaban a la casa a través de esa inmensa reja.

— ¿No tendrás problemas de entrar con ella ahí? —preguntó conociendo bien como eran algunos millonarios.

—Puede ser… pero hay que correr el riesgo… no puedo llevarla a un hospital…usted me entiende…. —respondió Joann mientras ésta tomaba valor para bajarse del carruaje y entrar.

Se bajó del carruaje y golpeó la puerta, abrió el mayordomo que reconoció a Joann sorprendido ante la apariencia de la chica toda ensangrentada la hizo pasar inmediatamente; pero no dejó que le ayudara a ella, si no a la mujer que estaba bajando Albert. El mayordomo le indicó el camino hasta el escritorio de esa enorme casa, llevándole las cosas. Los dejó solos y corrió en busca del Señor Benjamín; teniendo cuidado porque la dueña de casa estaba por ahí y ya la conocían como actuaba.

Esperaron a que apareciera alguien, Albert acompañaba a la mujer y Joann estaba observando los libros que tenía esa biblioteca con curiosidad, viendo el repertorio abundante de autores en su mayoría ingleses que a ella le fascinaba, sosteniendo aun el pañuelo en su frente.

Recordaba esa casa perfectamente, en más de una ocasión estuvo ahí, malos recuerdos se venían a su mente, como todo lo que inevitablemente rodeaba a ese chico. Cuando se dio la vuelta estaba frente a ella Jennifer, la hermana menor de Ben, que al verla se asustó.

— ¡JOANN!... ¿Que te paso?... estas toda herida… —le dijo la chica de unos 15 años de grandes ojos verdes y mucho mas rubia que Ben.

— ¡Hola! Jenny…no te preocupes que no es nada…siempre me meto en líos… —respondió ella evitando contar los detalles y la verdad.

—Hola Señor… —saludó a Albert —uhhh… la señora también esta toda herida… pobre…¿Y Ben?...voy a ver que le pasa que no baja —dijo la chica sin prestarle atención al atuendo de la mujer, solo vio sus heridas y fue en busca de ayuda.

En ese momento apareció Ben, adormilado, con pantalones y una camisa alborotadas por el apuro en vestirse. Saludando a todos de forma general y al voltearse a ver a Joann, se alarmó de verla sangrando. La herida de su frente y labio eran profundas.

— ¡JO!... ¿Qué te ha pasado?...mira como vienes… ¿Estas bien?... ¿Te duele algo?... ¿Quien te golpeo? —Le dijo mirándole detenidamente sus heridas — ¡Jenny…tráeme el botiquín de primeros auxilios, rápido! —Le gritó a su hermana que salió corriendo a buscar lo que le pidió —Mi princesa… ¿te golpeaste la cabeza?... ¿Perdiste la conciencia en algún momento?... ¿te dolió eso?...déjame ver tu muñeca… Joann… deberé inmovilizarla… —Albert miraba como él joven se preocupaba en demasía de la chica, le acarició el rostro y ella estaba avergonzada por su exageración.

—Ben… ¿Escúchame? no le prestes atención a lo mío…quiero que la revises a ella… por favor… —le dijo ella tomándole la mano e intentando calmarlo.

— ¿Qué?... ¿A quien? —ella le indicó a la mujer que estaba con Albert. Ambos intercambiaron palabras y saludos quizás, mientras él revisaba a la desmayada mujer, que comenzó a despertar.

—Jo… esa mujer es…una… ¿sabrás a lo que me refiero¿Que hacías con ella?... ¿Que paso? —le dijo Ben mirando a la mujer y acercando a Joann a su lado de una mano.

—Si ya se lo que es… no te estoy pidiendo que me lo digas… te estoy pidiendo que la atiendas, esta herida… Ben… ayúdala… ¿Que importa ahora que es o era?…Por favor… después te explico todo —le dijo ella mirándole a los ojos y él no pudo negarse.

—Pero dime algo antes… ¿Quién es ese?... ¿Que hace contigo?... ¿Es algo de ella? … —indicando a Albert que estaba distraído y no se percato que hablaban de él.

—Él… es Albert, la persona que me ayudó cuando fui a ver al Capitán Taylor… me lo encontré esta mañana y me ayudo a cargar a la señora… Pero Ben… ¿vas ayudar a la señora? —preguntó Joann nuevamente cuando apareció Jenny con las cosas que le pidió Ben.

—Ahhh… si mi princesa… lo voy hacer…pero luego tu ¿Esta bien? —dijo mirándola y soltando su mano acarició su mejilla de nuevo.

Con la ayuda de Albert, que le facilitó todo lo que él requería, lo había aprendido de Candy que siempre la observaba cuando curaba a alguien o a él mismo. Ben, sabía bien lo que hacía y con paciencia curó cada una de las heridas, en su codo tuvo que dar unas puntadas y vendar su pie, le dio un calmante para el dolor. La mujer le agradeció infinitamente, de forma muy humilde; Ben se apenaba ante eso, era su labor.

— ¡Gracias Ben!… —le dijo Joann feliz tomando su mano y él le sonrió

—De nada… Mi princesa… pero ahora toca a ti…mira como te has dejado la frente… —le quitó el pañuelo que ella sostenía en su frente.

—Si…pero antes quiero que me ayuden a cambiarle el vestido a la mujer… es decir, alguna sirvienta mujer que me ayude con ella… No querrás que tu madre se espante de solo verla...por los nervios de John, el mayordomo, entendí que ella debe estar aquí ¿no? —pregunto Joann y Ben asintió.

En ese minuto se abrió la puerta y no pudieron hacer el cambio que tenían pensado. Entró a ese escritorio la dueña de casa, la Señora Beatrix Rothschild, la madre de Ben. Con su cabello rubio en un amplio moño, ojos verdes y blanca, con el temple de una reina, sin tener ni una gota de estirpe, con la mirada vacía y despectiva. Se quedó viendo espantada a la mujer que estaba apoyada en Albert, que se cubría el escote con el chal de Joann. Luego recorrió la vista ante el aspecto de la chica que estaba junto a su hijo, la misma que nunca quiso en un pasado, estaba ahora ante sus ojos inquisidores, siendo inspeccionada con la altivez característica de esa mujer. Vio que su hijo la tenía de la mano y eso simplemente le molestó demasiado.

— ¡Buenos días!, se puede saber… ¿Que haces tu aquí?... ¿Y en esa facha? —le dijo la Mujer a Joann mirándola de arriba abajo y rodeándola con la furia en sus ojos.

— ¡Buenos Días! … —respondió Albert y la mujer que sostenía que se sentía muy incómoda.

— ¡Buenos días…señora Rothschild! … —le respondió Joann, avergonzada por su apariencia, estaba su vestido todo arruinado con sangre y tierra. Era el peor atuendo que pudo llevar consigo ante esa desagradable mujer.

—Madre… no comiences —pidió Ben, colocándose delante de Joann. Minutos antes la tenía de la mano, transmitiéndole con sus dedos tranquilidad, ella estaba helada por el frío o ante lo que intuía que vendría.

—Mira, hijo mío, yo no comienzo nada…es esta….niña…que te trae gente que no corresponde aquí y que se presenta así, toda sucia y magullada…seguro peleándose en algún suburbio…de los que esta acostumbrada a frecuentar… ¡Que espanto de chica! —recriminó la mujer y le dio una mirada displicente ofendida con su presencia.

—Lo siento señora… pero no vine a verla a usted…vine por Ben, él es el médico —dijo Joann muy incomoda mirando a Albert y la mujer que estaban en silencio.

—Señora…discúlpeme… es mi culpa que yo haya aceptado venir…esta jovencita…por favor no la trate así…—la Mujer que estaba mal herida, intentaba explicarle para que no se desquitara con la muchacha.

— ¡USTED NO ME DIRIJA LA PALABRA!...NO DEBERÍA SIQUIERA PISAR EL SUELO DE MI CASA… ¿NO SE DA CUENTA LA CLASE DE MUJER QUE ES?... POR DIOS —la madre de Ben estaba espantada del solo hecho de que esa mujer le hablara. No se medía a pesar de que su hija menor le miraba anonadada de lo cruel que podía ser su propia madre.

— ¡MIRAME BIEN! —Espetó con ira desmedida —YO NO SE QUE VE MI HIJO EN TI…YO LE DIGO QUE NO SE CONFORME CON MERCANCIA USADA… PERO ES HOMBRE… Y NO COMPRENDE… YO TE DIRE LO QUE VEO EN TI AHORA: Veo a una zarrapastrosa, vulgar y corriente chica que no sabe comportarse. Yo estaba feliz porque creía que ya te habías ido bien lejos con esa tropa de amigos que tienes. Lo último que esperaba es verte aquí…ahora y así…. En mi casa, con esa tipo de compañías —continuaba mirándola con tan rabia del atrevimiento de Joann de presentarse ahí.

— ¡MADRE!... ¡BASTAAA!... —reprochó Ben indignado por el trato injusto de su madre, Albert no podía creer la crueldad con que esa mujer le hablaba a esa chica.

—¿VES LO QUE OCASIONAS?… ¡PONER A MI HIJO EN MI CONTRA!…debes estar feliz de eso… si aparte de todo eres muy mojigata…para que sepas Kristin esta aquí mismo en esta casa, ella es la prometida ideal para Benjamín, anoche pasaron una velada ideal juntos… —la pausa de la mujer dio pie para que Ben y Joann intercambiaran miradas, era cierto lo que decía —lamentablemente por culpa de la clase de amistades ordinarias que tienes que se encargaron de lanzarle un pastel que le dejó el rostro todo enronchado, le dejaron su hermosa cara imposible….Ben la atendió y tuvo que quedarse con ella toda la noche... —Ben no pudo mirar a Joann tras esa revelación de su madre —¡ELLA ES ESTUPENDA PARA MI HIJO!... ¡TU NO LE LLEGAS NI A LOS TALONES!...TIENE CLASE, BELLEZA, PRESTANCIA, INTELIGENCIA DE LA QUE TU CARECES POR COMPLETO! Como puedes ver tu sobras…estas demás niña entrometida…. ¡PORFAVOR MIRATE AL ESPEJO¡DATE CUENTA ALGUNA VEZ EN LA VIDA!… ¡LO ORDINARIA QUE ERES!...tu no mereces a mi hijo…es decir ni lo sueñes…consigue algo a tu nivel… ¿Por qué no te desapareces de una vez? —le dijo la mujer y Joann quedó pálida ante sus palabras, soltó la mano de Ben en ese minuto, que él insistía en volver a tomársela; pero ella se negó. La mujer que trajo Joann lloraba ante esa injusticia de la que estaba siendo testigo.

—Señora… ¿¡No cree que ya es suficiente!?...deje que nos vayamos…si tanto le molesta —intervino Albert ya molesto por esa humillación

—Yo a usted no le conozco… así que no me dirija la palabra… quien sabe que clase de persona sea usted —le dijo la mujer con aires de grandeza.

— ¡CALLATEEE DE UNA VEZ!… ¡MADRE PORFAVOR! —le gritó Ben, acercándose a su madre; pero fue en vano la mujer siguió humillando a Joann.

—Yo intenté tener misericordia contigo… por mi formación católica, pero no se puede… a veces creo que se debe a que tú no has tenido ni tendrás una madre decente que sepa darte una educación acorde a una dama. A ver para empezar… La primera que tuviste se ahogó por tu culpa y la segunda… ¡por Dios!… es una lástima pero tenía una mentalidad libertina, que todos podemos apreciar a estas alturas… al punto de tener amistades como esta mujer barata que esta aquí —la mujer dijo muchos disparates y Joann hizo grandes esfuerzos por contenerse, estaba llegando al límite de su paciencia —Yo te he dicho Ben, que esta chica, no es para ti, se iría con el primero que se le cruce porque esta acostumbrada a eso. Ahora viene acá con la intención de ser curada por ti… ¡GRATIS!... Inspirar lástima para caerte encima… ¡NO PIERDES OPORTUNIDAD NIÑA ARRASTRADA! En aquel colegio en que estabas por misericordia de las hermanas, todos hablaban de lo linda chica que eras, que no existía muchacho que no se deslumbrara contigo… ¡YA ENTIENDO PORQUE!... ¡SI TE DAS FACILMENTE CON CUALQUIERA!...hicieron bien esa vez en cortarte el cabello, en dejarte así como te dejaron aquella vez…debes recordarlo bien ¿no?... ¡NO TE QUIERO MAS AQUIII! —se acercó a Joann gritándole encima y zamarreándola para que le mirara.

Ben intentó sacarla del medio; pero la mujer con todo el odio y rabia que le tenía, jaló del brazo a Joann y teniéndola enfrente le propino ahí delante de todos una bofetada muy fuerte, que la hizo desestabilizarse botándola al suelo, le dio justo entre la mejilla y la comisura del labio que ya tenía herido, volviendo a sangrar.

Jenny, Albert y Ben corrieron a ver a Joann que se quedó en el suelo; no dejó que nadie la tocara, se levantó y miró a la mujer que estaba de pie con arrogancia.

— ¿COMO HAS PODIDO HACER ESO? —le gritó Ben enfurecido con su madre

— ¡HARIA ESO Y MAS!... ¡VETE DE UNA VEZ DE AQUÍ!...KRISTIN ES LA CHICA QUE YO QUIERO PARA MI HIJO y...

­—BASTAAAAAA…. YA ES SUFICIENTE DE ESE TIPO DE COMENTARIOS DE TU PARTE… MAS RESPETO POR LA MADRE DE ESTA CHICA QUE FALLECIÓ HACE DIAS… ¡COMO TE ATREVES A LEVANTARLE LA MANO! —dijo indignado el Señor Raymond que entraba por la puerta, detrás estaba Jenny que lloraba por todas las cosas que dijo su propia madre, comprendiendo porque su padre quería divorciarse pronto de ella.

Joann permaneció en silencio conteniendo lo más que pudo sus lágrimas, empuñando su mano de rabia y provocándose un dolor más grande en la mano lastimada, no quiso mirar a nadie. Sintiendo como le brotaba de nuevo sangre de su frente y de su labio, lo presionó con el pañuelo, sintiendo mucha impotencia de no poder abofetear a esa mujer, como podría haberlo echo sin reparos si se trataba de otra persona, no de la madre de Ben. Era tan habitual ese tipo de episodios, estando Kristin en medio, porque ella envenenaba a cualquiera y podía ver de rabillo su risita triunfante escondida, porque aun tenía ese rostro hinchado por la alergia al pastel de Frambuesa.

Sabía que eso pasaría; pero no tenía elección porque en un Hospital no atenderían a la señora sin antes llevarse la detenida. Podía sentir la compasión y las miradas atónitas de aquellos testigos que no daban crédito a la maldad de esa mujer; no era eso lo que necesitaba en ese minuto.

—Joann…siento el bochornoso episodio de esta mujer —le dijo el Señor Raymond, dirigiéndole una mirada a sus heridas y a sus azules ojos llenos de lágrimas.

—No se preocupe… comienzo a acostumbrarme a ese tipo de trato —le susurró Joann al hombre y en una señal a Albert salieron de ahí.

— ¡JOANN!... ¡ESPERAAA!... ¡TU DEBES CURARTE ESAS HERIDAS!... —le dijo Ben pero Joann no se detuvo, saliendo primero de esa casa

—Hijo…anda a verla… ¡Mientras que tú…espera aquí!... —le dijo el Señor Raymond a la mujer que estaba indignada de ser callada por su marido, porque pretendía echarla de esa casa.

—Jo…no te vayas…perdona…deja que pueda curar las heridas…necesitas puntos —Ben desesperado corrió detrás hasta lograr alcanzarla y abrazarla; pero ella lo rechazó.

—Yo me equivoque en venir hasta acá…fue un error todo, aceptar tu amistad cuando es obvio que no es eso lo que buscas… deja que me vaya… Ben —rogó Joann mirándole a los ojos.

— ¡Porque dices eso!... tú me conoces…Princesa, tu sabes que no soy como mi madre… estas molesta es eso —le dijo él con los ojos llenos de lágrimas y no le importaba mirarla así, porque en verdad quería remediar el dolor que le causó su propia madre.

—No me digas Princesa… no lo soy… no quiero serlo…ya suéltame, Ben —pidió Joann, mirando la risa de Kristin que al voltear Ben ésta fingió pena.

Joann se fue hacia el carruaje con Albert y la Señora Gracie detrás, no volteó a ver nada ni nadie, esa era la última vez que toleraría una humillación así, que una mujer que ni siquiera era su madre le levantara la mano.

—Señora… señor… por favor ustedes díganme que fue lo que paso… ¿Porque Joann llegó así? —preguntó Ben muy preocupado y avergonzado de la actitud de su madre.

—Joven, míreme… —dijo la mujer indicándose a si misma —Para cualquiera es evidente lo que soy… y si conoce en algo a esa chica sabrá que es un ángel…ella se interpuso para que unas mujeres no siguieran golpeándome, arrojándome cosas y piedras…recibiéndolas ella también; por esa razón está herida. No le importó saber que era ni que soy, me ofreció su ayuda incondicional. Si no fuimos al Hospital es porque allí no se permite gente como yo y como no me aceptarían a mí, pues ella tampoco iría…optó por venir acá, por su ayuda, corriendo el riesgo. Intentó vestirme con algo decente para no ocasionarle problemas…pero fue en vano porque igual se descubrió todo. Hoy he sido testigo… usted también… de la crueldad y humillación mas injusta que pudiera merecer alguien en la vida….sin conocerla se de sobra que esa chica no merecía ser tratada así. Ella no solamente recibió golpes físicos, si no que también sale de esta casa con heridas en su alma, por las palabras de su madre, soportar la bofetada que su madre le dio delante de todos... —una pausa evidenció su emoción - Lo siento… es culpa mía…con su permiso —finalizó la mujer con lágrimas en los ojos y Albert que pudo escuchar la explicación, comprendió muchas cosas acerca de Joann.

Ben quedó perplejo con las palabras de esa mujer, su padre que estaba detrás escuchó todo y se sintió muy arrepentido de haberla escogido como esposa. Jenny corrió llorando encerrarse a su pieza. Toda la servidumbre escuchó lo que sucedió, sintiendo pena de ver el rostro del joven, se alejaron para continuar con sus labores.

—Hijo…tranquilo… vamos…has lo que tu corazón te diga —su padre le dio ánimo a su hijo, que contenía sus lágrimas, doliendo a él mucho mas que a la propia Joann, el trato que recibió.

—Yo…estoy cansado del trato de mi madre… esto se termina aquí. Tengo vergüenza de tener una madre como ella… yo lo siento papá por ti… pero yo no continúo más aquí. Todo lo que necesito para ser feliz se acaba de ir por esa puerta —suspiró Ben conteniendo su ira.

—Te entiendo hijo…ve… —le dijo él comprendiendo que Ben se iría esa misma tarde de su casa para siempre.

Ben sentía que había perdido para siempre alguna oportunidad con Joann, recogió toda su ropa, le pidió la ayuda a un sirviente que le llevara todo a su auto, ya no se quedaría ni un día mas bajo ese techo.

Joann se mantuvo en total silencio, mientras iban en dirección a la casa de Albert Ambos miraban a la chica, que se notaba molesta, herida, ofendida y con justa razón. Ninguno quiso romper con ese instante de recogimiento, ella seguía presionando el pañuelo contra su labio, que había vuelto a sangrar, mientras se alejaba el carruaje de la casa de los Rothschild

# 237 Windsor

Liverpool - Inglaterra

Llegaron pronto a la casa de Albert, descendieron ayudados por Ruth a llevar a la mujer al mismo cuarto donde estuvo Joann, aquella noche de desesperación, en que la conoció con gran dolor en su corazón por la muerte de su madre. Las puertas se volvían a abrir para ella, sufriendo nuevamente una humillación que a Albert le quedaba claro que esa chica no merecía recibir. Esa mujer estaba muy equivocada, la chica era perfecta y hermosa, no solo por el aspecto físico que en verdad deslumbraba a cualquiera, no era la plenitud de su juventud la que encandilaba, era su bondad que se reflejaba en su sonrisa, era la pureza de su alma que se escapaban en su mirada. La había observado llorar en silencio, ahogando sus sollozos en el pañuelo que le había cedido, mirando su vestido y llevando su ira y orgullo a la boca del estómago. No se defendió como pensó que lo haría y podía adivinar cual fue la razón. Si esa mujer que ella ayudó lo supo, pues quienes la conocían lo sabrían de sobra.

—Siento mucho que haya tenido que exponerse a todo eso por mi culpa…también lamento la muerte de su madre…señorita usted debe permitir que alguien le cure esas heridas —le dijo Gracie mientras le miraba con culpa por lo que ella ocasionó a esa joven.

—No se preocupe… usted nada mas descanse —respondió Joann mirando por la ventana de esa habitación

—Joann ¿Puedes sentarte aquí? —Pidió Albert —tengo que curar esas heridas, porque pueden infectarse —la chica obedeció y se acercó a él, que la examinó. La herida era profunda —creo que necesitaras puntos Joann... —la miró sus ojos eran mucho mas azules con las lágrimas.

—Está bien… de seguro Ben estará en casa esperando para excusarse…aceptaré que me suture —le dijo ella adivinando la tozudez del chico de ojos verdes, que de seguro la buscaría y no descansaría hasta hacerse escuchar, últimamente era muy constante con sus propósitos.

—Yo… les agradezco a los dos por su ayuda, nunca conocí personas que hicieran eso por mi…. —musitó la mujer a los dos bajando la vista —Quiero decirles también que vine aquí por una razón…. Yo ya no soy lo que ustedes creen…quiero encauzar mi vida porque quiero recuperar a mi hijo… yo quería que lo supieran, es importante porque hace la diferencia…es él —sosteniendo la foto en sus manos blancas, algo temblorosas con el miedo latiéndole en la venas sin saber si sería rechazada o aceptada. Se le mostró a Albert y Joann.

—Me parece que es la mejor decisión, señora… —le respondió Albert mirando el rostro acongojado de esa mujer que estaba amoratada por los golpes y viendo la foto del bebé.

— ¿Usted sabe donde esta? —Joann se le acercó a ver la foto que ella le extendió, era un bebé muy hermoso.

—Yo lo dejé en un orfanato… no podía criarlo… —con gran vergüenza ante esa confesión continuo - Entonces me dedique a lo que usted sabe y hace un mes atrás, el vino hasta acá a buscarme con una chica. Mi madre le escribió con la intención de que rectificara mi vida. Yo no pude aceptarlo….yo creía que no merecía otra oportunidad con él después de haberlo dejado, soy lo que soy y no puedo borrarlo…. —una pausa se efectuó tragando saliva prosiguió —pero las palabras de esa chica me alentaron… el saber que él rechazó a una buena familia que quería adoptarlo… para darme una oportunidad a mí, me dio la fuerza necesaria para hacer el resto. Se que mi hijo está en alguna parte de Liverpool y llegué aquí con ese fin —confesó la mujer sintiendo que la incertidumbre y la agonía por abrazar a su hijo se incrementaba al repasar cada decisión que tomó en el pasado.

—Tiene razón… usted fue lo que fue… pero no tiene porque seguir siéndolo. Si quiere una oportunidad con su hijo, empiece de cero, le puedo apostar que su hijo la querrá por ese esfuerzo, si dice que ha venido desde lejos a buscarla y si rechazó a una familia que le quería en adopción… es porque confía en usted…tiene la certeza de que una madre debe estar con su hijo. Lo importante para ese pequeño será lo que construyan de aquí en adelante… ¿No cree?, espero que pueda dar con él —le dijo Joann, sentada a su lado y tomándole la mano.

—Si… puede ser… les agradezco infinitamente lo que han hecho por mi… —les dijo mirando el rostro de esos dos ángeles anónimos que le salvaran la vida, que ayudaron a sacarla de las tinieblas de su mala vida, para renacer en el esperanza —yo solo espero que todo lo que tuvo que pasar no le afecte en su relación con su novio…porque se ve que él la ama —agregó finalmente la mujer sosteniendo su mano

—Gracias…pero él no es mi novio… en realidad no es nada mío —respondió Joann bajando la vista.

—Mire nada mas como quedo ese vestido hermoso que llevaba puesto —dijo la mujer al observar que el vestido de Joann se estropeó con sangre y tierra.

—Ah…pero es un vestido…se lava… además no es mi favorito —respondió sonriendo a esa mentira, era el vestido que mas adoraba.

—Usted tendrá que esperar a reponerse de sus heridas señora…yo le ofrezco que se quede aquí, no se preocupe que no vivo solo, como ve está Ruth … yo no tengo problema en que usted se recupere aquí —le dijo amablemente Albert y se fue llevándose las cosas que utilizo para curar a Joann.

—Gracias, joven haré el esfuerzo en recuperarme pronto para irme luego…no me gusta incomodar —respondió la mujer.

—Tome… esto es para usted…cuando vaya a ver a su hijo, lo podrá usar —le dijo Joann y le dio el paquete, con uno de los vestidos que mas significado tenía para ella.

La mujer miró el vestido de seda del conocido modisto Charles Frederick Worth, color malva con bordados de oro, era definitivamente muy fino, eran colores que ella no usó y telas que jamás soñó tener. Si había llegado a Liverpool con lo puesto y que no eran vestidos para una dama, era porque no poseía nada así. Creía que podía pasar desapercibida, buscando a su hijo; pero las mujeres que le propinaron la golpiza sabían que clase de mujer fue no la que quería ser desde ese día.

Joann se desprendió de uno de los vestidos que le regaló Nonni, tenía un valor sentimental muy grande para ella, pero entendía más lo que esa mujer sentía e imaginaba lo que significaría para ese pequeño saber que su madre lo buscó y que estaría con él. Ese minuto sería recordado por ambos como el principio de una nueva vida, por esa misma razón, Joann sabía que la memoria de un hijo se dirige a fotografiar el rostro de la madre, a guardar esa imagen y evocarla siempre. Nada rea imposible, nada que un buen maquillaje disimulara esos moretones, el vestido elegante y un buen peinado podrían desviar la impresión del niño.

La chica se despidió de la mujer abrazándola y bajó las escaleras cuando se topó con Albert que la esperó para conversar con ella.

—Ya tengo que irme…espero que ella se recupere —le dijo Joann mirando a Albert

—Yo… no se como se llama esa mujer… ¿te lo ha dicho a ti? —preguntó Albert que al oír el relato de la mujer, le sonó muy familiar y quería salir de la duda.

—Si… Gracie Crundall… —respondió Joann

Albert confirmo la sospecha que le nació cuando escucho el relato de la mujer, ella era la madre de Charlie y no sabía que el pequeño estaba en esa casa. Estaba golpeada por las mujeres que reconocieron en ella las marcas de su vida pasada, una vida que no pretendía seguir porque busco a su hijo, con la intención de ser la madre que ese pequeño necesitaba. Creía que ese encuentro debía ser algo especial y que Joann era parte importante en eso. Frente a él estaban dos personas desconocidas; pero muy significativas para Candy, ella deseaba volver a verlas, sería una linda sorpresa.

—Joann, me acabas de confirmar algo que sospechaba. Yo se donde está el pequeño que busca Gracie Crundall, debe estar por llegar con una amiga mía… quiero que me ayudes a preparar una sorpresa para ambos ¿Vendrías por la tarde a ayudarme con eso? —preguntó Albert seguro que la chica no se negaría por la expresión de su rostro.

— ¿De verdad?...es increíble que siendo un mundo tan grande… ¡realmente me sorprende!...es decir me alegra y me encantaría venir a presenciar su encuentro —le dijo ella con una hermosa sonrisa.

La vio alejarse con una mezcla de sentimientos reflejados en su rostro de: Tristeza, alegría, humillación de la forma más cruel por esa mujer que se jactaba de educación y de estirpe, de las que no dio gala al herir de esa forma a Joann. La culpó de un accidente y desacreditó la crianza de la mujer que murió días atrás de la forma más espantosa que alguien pueda vivir. Se expuso a ese episodio gratuitamente por ayudar a Gracie Crundall y se contuvo de abofetear a esa mujer porque existía un gran amor y respeto hacia ese joven que estaba con ella. Albert, entendió al escuchar todo lo que le dijo, que el odio, envidia y maldad de la Señora Rothschild provenía desde la época del colegio, donde al parecer pasó por cosas peores de la que él fue testigo.

Por la tarde llegaron Candy y Charlie, estuvieron largo rato conversando y comentándole a Albert sobre la despedida en casa de los Krupp. Él solo escuchó observándoles.

Se sumergió en sus propios pensamientos; ante sus ojos tenía a un chico realista, fuerte y decidido, para su edad la falta de afecto se cambiaba por otras emociones igual de gratificantes, no era estar conforme, era simplemente aceptar que donde hay carencia en alguna otra parte encontraría abundancia. Solo había que dejar la amargura y la pena de lado, para poder apreciar el resto.

Mirando a Candy, sabía que ella seguiría creyendo que era posible un milagro, que en algún minuto dado, debería Dios colocar a la Señora Crundall en el camino hacia Charlie, rogaba de noche para que un ángel le hiciera ver lo valioso que sería tener la oportunidad de amar a ese pequeño ya que sus palabras no le convencieron. De alguna forma ella no intuía que no eran simples palabras las que le dijo a esa mujer aquel día, si no fue su corazón el que tradujo en esa voz sus sentimientos más profundos. Estaba pronto a cerrarse una de las razones de ese viaje, tal vez no la única; pero sabía que para esa pecosa chica, sería el más importante, por esa nobleza que inundaba su alma, aquella felicidad que Candy basaba en solucionarle la vida a los demás, abandonándose a si misma.

Albert le pidió a Ruth que convenciera al pequeño y lo sacara por ahí, unas buenas horas, debía contarle a Candy quien estaba en esa casa, además de preparar ese reencuentro como el mejor de todos. Ruth hizo lo que le pidió convenciendo al pequeño de llevarlo al hipódromo y a comer helado, mientras Albert que se quedó solo con Candy se dispuso a contarle lo que sucedió esa mañana y así fue que le dio un resumen general, omitiendo algunos detalles como que la misma chica que le salvó la vida a Gracie, es también la hija de Claire Dufays.

— ¿Me estas diciendo que la madre de Charlie está aquí? —dijo Candy llena de alegría y saltando por ese milagro que tanto pidió que se materializara.

—Si Candy…pero ella no sabe que yo la reconocí… es decir que no sabe que Charlie está aquí… como tu me contaste la historia en tus cartas…. —murmuró para que ella también bajara el tono de voz.

— ¿Y entonces?...que pretendes que hagamos ahora —preguntó ella dejando a que Albert decidiera.

—No se… mira como te dije la chica que la ayudó, quedó toda golpeada y decidió llevarla a la casa de un estudiante de Medicina… ¿Tú sabes porque razón hizo eso? —al ver que Candy asintió continuó —no podíamos llevarla a un hospital se negarían a atenderla y tal vez hasta llamarían a la policía, prefirió ir a la casa de ese Joven, uno de los más conocidos millonarios de toda Inglaterra y fue tratada pésimo por la madre que hasta la abofeteó delante de todos…fue horrible en verdad, tuvo que soportar las palabras ofensivas de esa mujer —contó mientras ella le escuchaba con detenimiento y no salía de su asombro.

— ¿Queee?...pobre chica…. ¿donde esta?...necesita ayuda entonces… si me has dicho que la golpearon a ella, yo puedo curar sus heridas… ¡déjame verla! —mirando a todos lados dispuesta a ayudar.

—No ella ya se fue…yo hice lo que pude con sus heridas y creo que su amigo hará el resto, según lo que me dijo…la invité a ella también para esta tarde…. Espero que no te moleste, pero creo que también tiene participación en esto —Albert sonrió reconociendo en el rostro de Candy que ella estaba también de acuerdo en eso.

—Bueno… creo que entonces deberíamos preparar algo especial para esta tarde… manos a la obra entonces —Candy se dirigió a la cocina para hacer el platillo favorito de Charlie mientras Albert le ayudó en esa labor.

Arreglaron la casa completa, adornándola como si fuese una fiesta, debía estar todo listo para que ese encuentro fuese el mejor que pudiese recordar el pequeño. Debería escribirle a la hermana María y la Señorita Pony para contarles el giro de esa historia, ya que su última carta fue muy triste.

La comida se cocinaba en el horno y ella aprovechó para subir y mirar a la mujer que dormía en la cama. Su rostro estaba golpeado pero tenía una suave sonrisa en sus labios, era mucho mas parecida a Charlie cuando sonreía. Agradeció infinitamente a que esa joven apareciera para salvarle la vida a esa mujer, quería que llegase pronto para conocerla.

#356 St East

Liverpool - Inglaterra

Joann se fue caminando de la casa de Albert hasta llegar a la de Liam, era un poco más de medio día. Conocía a sus amigos y sabía de sobra que estarían preocupados, que Ben querría hablar con ella para excusar a su madre; pero ahora no tenía cabeza para eso.

Entró y sucedió como imaginaba, estaban todos reunidos: Ben, Liz, Joshua, Liam, Susana y Terry, conversaban entorno a la mesa y al verla llegar silenciaron sus comentarios; se alarmaron más aun al ver los moretones y las condiciones en que llegó todo estaban más hinchado, desde la última vez que la vio Ben.

Habían interrogado a Ben donde es que se fue Joann; pero él no recordaba el nombre del hombre, sólo que fue el mismo que la ayudó cuando fue a ver al capitán Taylor.

— ¡Joann!...mira como te dejaron…Por Dios… —alarmado se acercó su hermano y tomándola de la mano la hizo sentarse en la sala.

—Oh…. Pero eso está muy feo…mira como te dejaron el labio…vieja tarada… que se ha creído… de la realeza va ser esa vieja ridícula —recriminó Liz agachándose a mirarla de cerca y susurrando insultos a la madre de Ben, se silencio con la mirada de Joshua.

—Pero alguien te curo esas heridas… ¿Ya te sientes bien?... ¿Te duele? —Liam preocupado se sentó delante de ella y tomó sus manos, para mirarla a los ojos.

—Si…me duele un poco…sobretodo la mano que me tienes sujetada, Liam —le dijo ella indicando su mano derecha que también estaba hinchada

—Oh… perdona —dándole un beso en su mano y acariciando su mejilla. Él sabía que ella había llorado con solo mirarla.

—Ben… ¿Podrías revisarla tú? —Joshua lo miró. Ben estaba alejado de ese grupo, avergonzado de lo que vivió por su culpa Joann. Había contado absolutamente todo a los amigos de ella, sin reservar nada. Liz se enfureció y Liam comenzó una discusión con él que afortunadamente Joshua y Terry finalizaron a tiempo.

—Si…voy por las cosas al auto —mirando a Joann que no levantó la vista, porque conversaba secretamente con Liam, aquellas confidencias y esa complicidad que a él le hacía hervir la sangre.

—Voy arriba…no se preocupen que ya estoy mejor…gracias por preocuparse por mi, Susana… Terry —le agradeció a ellos mientras estaba en una escalón —lamentablemente, Liam, tú que me has enseñado a defenderme bien, en esta oportunidad no pase la prueba porque no puedo defenderme a golpes con gente que no tiene alma, que jura haber nacido en cuna de oro y se jacta de su catolicismo mientras pisotean a los demás… ¿Eso te recuerda a alguien Ben? —Joann le dirigió la mirada y esa ironía a Ben que estaba por salir. Todos en absoluto silencio se alejaron para no presenciar esa discusión.

—Se que te refieres a mi Madre, no voy a defenderla, ella se extralimitó hoy día contigo, estas en tu derecho —le respondió él mirándola fijo a los ojos.

—Me parece… —le dijo cruzándose de brazos, sus gesto decían que tenía mas por decir —ahora yo me pregunto cuanta de esa sangre envenenada llevas tu como hijo de ella…Mhhhh debe ser una buena cantidad ¿La mentira y la cobardía?...pueden ser parte de la herencia de la condesa Beatrix Rothschild —ironizó con crueldad a Ben, los demás la miraron desconociéndola por completo.

—No se como puedes decirme eso…creí que me conocías —le dijo Ben que le dolían sus palabras

—No sabe… bueno la estupidez también se hereda parece… —moviendo su cabeza de un lado a otro continuo — ¡MIRAME BIEN! ... —le chilló en su cara viniendo a su mente mas recriminaciones continuo — ¡SI ME CONTUVE DE PEGARLE A TU MADRE… NO FUE POR TI!... Fueron otras circunstancias…¡CREEME QUE NO HABRA OTRA OPORTUNIDAD DE HUMILLARME ASI!….¡NUNCA MAS!... ¡DESDE HOY VOY A DEVOLVER DOBLEMENTE CADA GOLPE CON MAS INTENSIDAD QUE VENGA DIRIGIDO A MI O A MI MADRE! —le gritó mirándole con un odio en los ojos irreconocible, al parecer le irritaba la pasividad de Ben, que no era tal, era vergüenza de tener una madre tan cruel.

—Voy por lo que necesitas para colocar puntos en tu frente…estas molesta y no mides lo que dices… entiendo —respondió él con mucha paciencia y dolor por sus frases.

Joann cerró los ojos y de un resoplido subió a su habitación. Él no le respondió, últimamente esa era su estrategia: "recibir y soportar mucho" ese tipo de personas para ella no existía, a menos que busquen algo. Le irritaba la manía de omitir las cosas, que para ella se convertían en mentiras, el exigirle a ella pedir perdón o disculpas por defenderse y ahora que su madre se comportaba como una grosera, Ben simplemente no hacía otra cosa que pedir que se callara. La chica de ojos azules no dejaba de pensar que era igual a ella, fingía y quería conseguir su cariño para enarbolar la bandera de esa conquista con sus amigos, estaba cansada de su persecución.

Hurgando en su closet, buscaba que colocarse para ir donde Albert, iría para ser parte de lo único bueno que le había sucedido en mucho tiempo, se sacó el vestido que estaba sucio y se lo cambió por otro. Se peinó el cabello cuando tocaron la puerta, era Ben con su maletín de doctor.

En absoluto silencio sacó lo necesario para curar esas heridas, comenzó con la venda de su mano que necesitaba ser inmovilizarla, continuó con el corte de la frente que era el mas profundo y debería colocarle puntos, al terminar le cubrió la herida con una gasa, para la sorpresa de Joann debería continuar con el labio que también necesitaba unos dos puntos, no había notado que fuese tan profunda, se preguntaba si quedaría alguna cicatriz.

—Traté de suturar lo mejor posible…espero que no te deje una cicatriz… —mientras terminaba de colocar una gasa en esa herida.

—Claro… debes procurar de que no quede ni la mas mínima cicatriz…sobretodo aquí —le indico Joann su labio —para que no te recuerde cada vez que me veas la brutalidad de tu madre al abofetearme por ser inferior a lo que ella espera para su hijito de la alta burguesía —ironizó Joann y se levantó haciéndole una reverencia —¡Muchas gracias!…. Por las suturas…por la ayuda prestada…. No puedo tenderle mi mano, porque podría contaminarle… ahhh… muchas gracias por las mentiras —se fue al clóset para continuar con su arreglo para salir mientras Ben guardaba todo en su maletín.

—Yo no se porque eres tan injusta conmigo… yo —dijo Ben con los ojos brillosos, le dolía el trato que le daba Joann

—¿Yo injusta?... perdón pero la única injusticia de hoy….justamente bajo tus narices y en tu casa, fueron las cosas que dijo tu madre de mis dos madres… —le dijo Joann con odio en sus ojos.

—Yo lo se… pero estoy hablando de tu trato despectivo conmigo…te estas comportando igual que lo hizo mi madre contigo y creo que no lo merezco —Ben se acercó a verla para decirle todo eso.

—No…Yo estoy muy lejos de parecerme a tu madre, tu debes estar mas cerca de eso… —le respondió mirándolo —con tus mentiras y falsedades a las que estas acostumbrado… no tienes de donde aprender a ser honesto —finalizó reabriendo heridas del pasado que ellos nunca solucionaron.

—Ya entiendo, porque estas así… —exhaló con pesar —no es por mi madre… tu sabes que no me parezco en nada a ella, me dices mentiroso por cosas pasadas que no me dejaste explicar…porque te fuiste con Liam y tus amigos. Te molesta mi pasividad y paciencia contigo…la pasividad que tengo en este minuto no es otra cosa que vergüenza de tener una madre tan cruel y la paciencia que saco contigo es…porque… ¡te amo! y para quererte a ti hay que tener esa paciencia para entenderte. Ademas estas molesta porque anoche salí con Kristin, crees que te mentí con eso, pero eso tiene su explicación… eras tu la que me tiró el jarro con agua, la que seguramente junto con Liz tiraron a Kristin sobre ese pastel de frambuesa, me pegaste un puntapié porque bailé con ella y le dijiste otras cuantas pesadeces a esa chica, le dije a Liz que vendría a verte, no lo hice por quedarme con ella… es eso —Ben se acercaba cada vez mas con sus palabras viendo que Joann aun de espaldas dejó de hacer lo que estaba haciendo al escuchar lo que este le dijo.

—Estás una vez mas…equivocado —respondió ella, continuó con lo que hacía siempre dándole la espaldas.

—Puede ser…pero… ¿Podrías voltear y decírmelo pero mirándome a los ojos? —Ben se quedó esperando detrás de ella con toda la paciencia que había aprendido con solo amar a Joann.

—Estás equivocado… eso —le dijo ella volteándose rápido, mirándole apenas a los ojos y continuando con lo que hacía.

—Bueno… ya me has dado la respuesta… está bien… —suspiró observándola con gran amor —te ves linda con ese vestido…te ves hermosa con cualquier cosa…en realidad tuve suerte… —dijo con esa paciencia que irritaba Joann. Cuando ella quería pelear él no le hacía caso y cuando no quería pelear el le daba la batalla.

—¿Qué dices? … —le dijo enfurecida

—Eso que eres hermosa… que tengo suerte de haberte conocido y de haberme enamorado no solo de una linda mujer, si no de un perfecto ángel…estoy orgulloso de ti, mi hermosa princesa —Ben la observaba al punto de colocarla nerviosa y viendo que estaba apunto de irse.

Ella volteó a verlo aun sin convencerse de lo que le decía, estaba furiosa por una razón que aun no dilucidaba y estaba ese chico ahí parado diciendo cosas que comúnmente no haría… o estaba leyendo mucha poesía o definitivamente estaba loco. Le irritaba su seguridad en creer siquiera que la conocía, que sabía lo que pensaba. Quiso tomar la manilla: pero él lo hizo primero porque tenía su mano lastimada, tocando su mano podía sentir que estaba demasiado cerca de ella, esos segundos se hicieron eternos.

—Deja que yo abro la manilla de la puerta, tú no puedes por tu mano…se me olvidaba que no podrás escribir por un tiempo, me ofrezco a ser tu secretario, aprendo rápido… ahh… —se acercó mas a ella y le dijo al oído —¿Sabias que eres realmente hiriente cuando estas celosa? —rozó su nariz en su mejilla, acarició su cabello, sintiendo su olor, la tomó de la cintura, la giró y la miró largo rato a los ojos, se acercó mas y le dio un beso en la frente, con una amplia sonrisa que irritó mas a Joann, ya que ésta azotó la puerta en su cara, saliendo velozmente a la calle completamente enfurecida.

Podía sentir la mirada de Ben desde la ventana y si giraba sabía que se estaba riendo. Miró de rabillo a Terry que estaba riéndose descaradamente, le hizo un gesto que le hizo recordar lo celestino que le gustaba ser al caballero inglés. Igualmente la chica saltó con el grito de Ben que le dijo:

—¡JO!... ¡podría llevarte a donde vas…pero no puedo!... ¡PORQUE TENGO QUE ARREGLAR MIS COSAS DESDE HOY VIVO AQUIIIIIII! …. ¡LIAM DEJO QUE ME QUEDARAAAA PORQUE ME FUI DE MI CASAAAA¿OISTE MI PRINCESA?... ¡tendrás a tu medico y secretario personal a una puerta lejos de ti!... ¡QUE MARAVILLA!... ¡CUIDATE MUCHO!... ¡NO LLEGUES TARDE QUE TE ESTAREEE ESPERANDO!... ¡AMO A ESA MUJER QUE VA AHIIIIII!...como amiga eso si… Y… —gritó desde la ventana a Joann que al escuchar lo que le decía miró a Joshua, Liz y Liam, que huyeron en diferentes direcciones para no tener que darle explicaciones.

Podía escuchar que cantaba algo y al doblar la esquina lo vio que le lanzaba besos. Ella pensaba que definitivamente estaba enfermo.

—AHHHH NO SOY NINGUN ENFERMO…EL AMOR NO ES ENFERMEDAAAAD… —le gritó riendo adivinando lo que ella murmuró para si misma. Susana y Terry se reían de la actitud de Ben, que seguía cantándole a Joann viendo como se alejaba irritada.

# 237 Windsor

Liverpool - Inglaterra

Joann acepto la invitación de Albert y éste se alegró de verla, él también estaba bien vestido para la ocasión y al ver que la frente de la chica había sido suturada se sintió mas tranquilo. Se excusó ausentándose por un rato, mientras ella se sentó a esperar miró aquella casa con curiosidad, estaba arreglada con muchos detalles: unos jarrones alemanes de Art Noveau con hermosas rosas rojas y blancas que perfumaron el ambiente, toda la mesa de roble del comedor con un hermoso mantel bordado, unos candelabros de plata y servicio especial con la intención de hacer una fiesta.

Buscó entre esas fotos a alguien conocido, imaginando como sería Candy, alomejor no vivía ahí y estaba en alguna otra parte de Liverpool, en la fiesta no pudo conocerla por el corte de luz, sentía la curiosidad por saber como era, mientras estuvo ahí esa mañana tampoco la había visto y no le dio tiempo de invitar a Liz, que de seguro le recriminaría por no haberla convidado a estar con su "Muñeco", los gustos de Liz eran extraños, ella no le veía atractivo alguno; sin embargo tenía una dulce mirada y una sonrisa muy bonita.

—¡Hola! … —dijo una voz detrás de ella y al voltear ambas se reconocieron de inmediato.

—¡Hola!...eres tú… la chica que le salvo la vida a Nonni —sonrió Joann y la abrazó agradeciéndole una vez mas.

—Si… y tu eres la hija de… Claire Dufays… ¿No es así?... yo… siento mucho lo que sucedió con tu madre, de verdad… hubiese querido que se salvara —le dijo Candy devolviéndole el abrazo emocionada y viendo sus heridas —pero… ¿Que fue lo que sucedió contigo?...mira estas magullada… ¿necesitas que te vea esas heridas?...yo soy enfermera puedo… —se ofreció a ayudarla muy preocupada.

—Ah esto… no es nada… fue esta mañana… quiero que sepas que te estoy agradecida porque hiciste posible, con tu intervención, que mi mamá pudiera despedirse de mi y mi hermano —le respondió sonriendo Joann viendo que estaba aun confundida.

—¿Tu eres la chica que salvó a Gracie Crundall de la golpiza que le estaban propinando? … —le preguntó Candy que intentaba comprender, al verle las heridas, todo encajaba nuevamente.

—Si… pero tanto como salvarle… yo… —mientras se sentaba nuevamente en la sala avergonzada de que la miraran como una heroína.

—Pero has hecho algo que no muchas personas harían… te lo agradezco también… yo lo siento, pero estoy algo confundida… ¿tu eres la hija de Claire Dufays? —Candy esperó a su respuesta, se notaba emocionada.

—Si… bueno hija adoptiva…y mi hermano también —le respondió ella sonriéndole

—Y además eres la chica que esta mañana ayudó a Gracie Crundall… Albert me contó lo que tuviste que pasar por ayudarla….yo lo siento mucho… —Candy se le llenaron los ojos de lágrimas y Joann no comprendía que le pasaba.

—Si… eh… ¿Te sucede algo…? —se desconcertó ante la emoción de Candy.

—No… es… emoción ante lo que has hecho… yo… no tengo la suerte de conocer gente así siempre —le dijo Candy mirando a la chica. Se sentía identificada con ella, con lo que le sucedió esa mañana.

—Ah…entonces yo opino lo mismo de ti, por todo lo que hiciste por mi madre —respondió sonriendo

—Lo siento… no me has dicho tu nombre…. —comentó Candy sonriendo y rascándose la cabeza ante ese nudo de destinos que extrañamente se unían en un solo camino.

—Es cierto… me llamo: Johanna Whitton de Pensilvania —extendió su mano derecha, pero no podía dársela…así que estrecho la izquierda —obviemos que es mala educación saludar con esta…la otra esta lastimada —volviendo a sonreírle.

—Está bien…yo me llamo: Candice White Andley de Chicago —mientras miró el rostro de la chica que apago su sonrisa —¿Te sientes mal?

—No… eh… no, es que… no se —apareció Albert y las observó que estaban conociéndose.

—Veo que ya no son necesarias las presentaciones…por fin ya pudieron conocerse… Candy quería saber de ti, ella ayudó a cuidarte aquella noche en que te desmayaste, te bajó la fiebre. Cuando fuimos en busca de remedios, tu ya te habías ido… y ella no pudo decirte cuanto sentía lo se tu madre ¿Cierto Candy? —comentó Albert y miró a ambas chicas…ahora era Joann la que tenía lágrimas en los ojos.

—¿Fuiste tu?... lo siento… yo debí haberte agradecido por eso también —le dijo Joann

Pensaba en la forma que escuchó hablar de Candy la primera vez, para luego conocerla y verla en distintas ocasiones sin saber que era la misma persona. No podía evitar sentirse agradecida por todas la ayuda prestada desinteresadamente, emocionarse con el relato de Mauricio de cómo le salvó la vida a su Nonni. Si no fuera por su intervención divina jamás hubiese podido conversar con su madre, ni ella ni Joshua. La consoló cuando lloraba desesperada ante Dios y la acompañó en sus oraciones. Le ayudó a bajar la fiebre aquella noche en que fue a recriminarle al Señor Taylor desvelándose por ella.

Era imposible imaginar a esa chica de mirada dulce, como una villana, como ella la imaginó en su mente acostumbrada a las novelas y a escribir personajes antagónicos. La Nonni le hablaba mucho del libre albedrío, de que es uno quien escoge como empezar y como terminar, que el abanico de oportunidades inevitablemente te lleva a un destino; pero no sabía que siendo el mundo tan grande los personajes de una historia se repitieran o se conectaran de forma tan premeditada.

Intentaba recordar lo que dijo Elisa de Candy, pero no recordaba mucho, si estuviera Liz le diría hasta con lujos de detalles, era ella la que tenía ese tipo de memoria, por sus clases de actuación y el hecho de aprenderse libretos de obras. Tal vez no se trataba de la misma Candy que conocía a Terry, ya no habrían dudas si él hubiese ido al concierto de anoche y con su reacción al verla se entendería perfectamente si la conoce o no. Eso no era lo ideal considerando que estaba Susana.

—¿Joann?... ¿Estas bien?... —le dijo Albert que estaba frente a ella de rodillas mirándole porque estaba en las nubes intentando hilar los hechos.

—Eh…. Si… perdón es que el verla a ella… la emoción…en fin todo —respondió Joann nerviosa ante la mirada de los dos, recordando las frases de Joshua de no meterse donde nadie los llama.

—Bueno como decía, Candy…ella es la chica que anoche estuvo en el hotel, en la fiesta…además es amiga de Liz... la chica extraña jajajajaja …lo siento que de solo recordarla me da risa…las cosas que hacían en esa tienda me recuerdan a las travesuras de Candy cuando estaba en el colegio San Pablo….jajajajajaj —Albert se reía, viendo la cara de Joann de desconcierto.

—¿Risa?... bueno ella y yo somos algo…subnormales… pero —le dijo avergonzada y Candy se rió. Joann pensaba que su duda se disipó con la acotación de Albert, ella estudio en el colegio San Pablo, es decir era la Candy de Terry.

—No te preocupes que puedo entenderlo… Albert no te rías que apenas a la chica —le dijo Candy dándole una mirada de desaprobación.

—Eh… ¿En que iba? …ah… además es amiga de Liam y de Joshua… ¿No es así? —corroboró Albert

—Bueno si…pero Joshua es mi hermano…adoptivo…el pianista de la familia… la canción que toco esa noche era para nuestra madre fallecida —Albert y Candy guardaron silencio serios, era un tema importante. Candy pensaba que esa chica era sencilla, no muchas personas admitían ser adoptadas con esa naturalidad - Oh… lo siento no quería que se entristecieran por mi causa ¿Que esto no es una celebración?...además donde se supone que esta el chico…el hijo de Gracie – preguntó Joann sonriendo

—Ehhh… Ruth lo sacó para poder preparar todo…ustedes dos podrían ir a ayudar a vestir a la señora con alguna excusa ¿no? —levantándose para afinar los últimos detalles de la sorpresa.

—Si… pero recuerda que yo vine con Charlie y ella ya me conoce, debería ir ella… ¿Joann? —le dijo Candy levantándose a la misma vez con Joann.

—Si… no tengo problema —Joann subió y fue a la habitación de la señora

Candy sentía que esa chica era dulce, sufrida, sencilla y tenía un grupo de amigos fuera de lo común. Se emocionó mucho ese día en que escuchó la melodía de Joshua, sin saber que era dedicada a la madre de ellos. Era impresionante que los caminos se entrelazaban, que a pesar de que dijeran que el mundo era grande, siempre las personas se reducían presentándose a la vida de cada cual en una cadena de favores y de circunstancias. Ambas se habían visto en el muelle de Liverpool, juraría que también vio a Joshua en la estación pero no estaba segura, para luego conocerlo en un Hotel. Se conocieron tras salvar a la madre de esa chica, la ayudó elevando una oración y la consoló tras su sufrimiento. A través de Albert la tuvo que cuidar de su fiebre y ahora ella le salvó la vida a la madre de Charlie. Dios obra de una extraña forma se dijo para si, mientras afinaba detalles para la esperada velada.

Joann, despertó a la mujer, que estaba mucho mas repuesta. Se bañó, cuando salió estaba sobre la cama el hermoso vestido que le regaló, con unos zapatos, además de mas ropa que ella no esperaba.

—Señorita usted dejo esa ropa ahí... es muy fina —le dijo mientras apenas la palpaba con la yema de sus dedos, con temor a ensuciarla.

—Si, es para usted… perteneció a mi madre y estoy segura que ella estaría feliz de que usted la usara —respondió Joann mientras le ayudaba a peinarla con su ayuda porque su mano estaba limitada.

—Yo… gracias… pero no puedo aceptarla…su madre falleció, no puedo manchar esos vestidos con… —ahogando su llanto de la emoción con el gesto noble de la chica.

—Mancharlo… eso me gustaría pero con dulces, con abrazos y juegos de usted y su hijo ¿No pretenderá que las polillas se den un banquete con esa tela tan buena no? —sonriéndole la perfumó y la dejó irreconocible ante ese espejo.

—Señorita… me dejo como una dama —sonrió al verse en ese espejo realmente era otra.

—Bueno frente a ese espejo desde hoy esta la nueva Gracie Crundall… salúdela… ¡Hola señora Gracie!...mucho gusto de verla esta usted muy hermosa… —sonrieron ambas ante las palabras de Joann

—¿Dónde vamos? —le preguntó intrigada por tanto acicalamiento

—Bueno…yo creo que… —justo a tiempo golpeó la puerta Albert, así que no tuvo que confesar nada mas – Bueno es una sorpresa para usted y tendrá que dejarme que la vende con esto…no puedo permitir que vea y no se preocupe que yo la guiare hasta abajo —Joann le vendó los ojos con un pañuelo y de la mano bajaron.

Candy estaba abajo con Charlie, que entró corriendo feliz de aquel día de paseo con Ruth, ella se las ingenió para que se fuera a la cocina a ver a Klin.

—¿Y que fue lo que pasó a Klin?...yo lo veo bien —dijo él extrañado porque Candy le dijo que estaba raro

—Mhhh no se…entonces debe ser mi idea…mira te tengo una sorpresa…pero una cosa si debes guardar silencio y dejarme que te ate esto en los ojos —le dijo Candy enseñándole un pañuelo.

—¿Eh?...esta bien adoro las sorpresas… pero dime ¿Qué es? —le preguntó el pequeño ansioso

—Pues si te lo digo Charlie ya no sería sorpresa… no seas curioso —atando el pañuelo lo guió de la mano en silencio hacia la sala

Frente a él estaba la señora Crundall sentada en la sala junto a Joann, con los ojos vendados y con la señal de Albert, en una perfecta armonía ambas chicas quitaron la venda de los ojos de sus protegidos.

La señora Crundall en una sincronización consanguínea con su hijo abrieron los ojos, lentamente llegando a su vista la imagen del encuentro que alguna vez ambos anidaron en sus sueños.

Ante Charlie estaba la mujer mas hermosa del mundo, la madre que estaba ahí para quererle, reconociéndose en el reflejo de su mirada, en el color del cabello que heredó y en esos gestos que son idénticos a los suyos, era la misma mujer de la foto, con la misma sonrisa y las lágrimas se colaron para dejar en evidencia la felicidad de ese momento.

Ante los ojos de esa madre, estaba el pequeño que sintió crecer en su vientre, cuando le dejó era un bebé y ahora era un chico valiente, alegre, inteligente, con su sonrisa que le estremeció su corazón deseando volver el tiempo atrás y corregir el daño que pudo causarle con su ausencia y temiendo a ser rechazada, a no cumplir con sus expectativas. Ese temor se apagó con la fuerza de su abrazo, intentando acapararla para siempre entre esos pequeños brazos, sostuvo su rostro con la delicadeza de sus dos manos tibias como las de un ángel.

—Yo te imagine así… tal cual… eres muy linda… ¡Mamá!...Tengo la madre mas hermosa del mundo —le dijo y la abrazó intentando no llorar, pero sus lágrimas rodaron sin su permiso. Candy le había explicado que se puede llorar de felicidad también.

—Me dijiste mamá…. —musitó la mujer dándole un beso en su frente.

—Si… porque eso has sido siempre… ¿Qué te paso mamá en tu cara?..Estas golpeada… si alguien te golpeó ya no tendrás que temer mas….porque yo se pelear bien y te voy a defender —le dijo el pequeño enojado ante esa posibilidad.

—No nadie me ha pegado… son torpezas mías… pero no te preocupes que no me duele nada…todo se desvaneció con solo verte a ti —le dijo Gracie abrazándolo nuevamente y sonriéndole

—Me vas a llevar contigo… ¿vas a ser mi madre? —interrogó el chico con mucho temor.

—Si… eso soy y seré… ¡Tu madre!...siempre Charlie… ¡Mi pequeño hijo!... ¿me perdonas? —suplicó ella con tanta emoción.

—¿Perdonar?... ¿Que cosa?... yo ya no me acuerdo de nada…yo tengo a la mejor madre frente a mi ¿No es eso lo mas importante? —le dijo el pequeño tomando a su madre de la mano.

Joann lloraba en una esquina, los golpes y hasta la bofetada con esa escena habían desaparecido de su imagen prevaleciendo solo el resultado de todo, nada fue en vano y nada era injusto ante ese encuentro.

Candy lloraba también en la otra esquina, creyendo que el viaje podría terminar ahí e igualmente sentiría que cumplió con la misión, la mujer se veía hermosa gracias a la ayuda de Joann.

Albert miró a ambas chicas, ellas eran parte de ese milagro, los caminos se entrelazaron por alguna razón y quizás ese motivo estaba ahí, en la unión de una madre y su hijo; siendo instrumentos de esa obra, dos jóvenes que compartían el mismo dolor, perder y no tener una madre ¿Quien mas podría comprender todo eso que Candy y Joann?

Se sentaron a la mesa a compartir de ese banquete, brindaron y hablaron por largas horas, nadie era consciente que la noche había llegado entre tanta felicidad. Charlie terminaba su viaje ahí, se iría con su madre el ahogar de Pony y presentaría a su madre ante la Señorita Pony y la Hermana María, sería la envidia de todos con una madre hermosa como la que él poseía y debería aprender a cuidarla mucho.

A la par cuando abordaron el tema de adonde iría, las dos chicas extendieron casi a la vez y con cierta telepatía un papel con unas direcciones, donde le ofrecían ir allí a pedir trabajo o alojarse a nombre de cada una. Klin se acercó a Joann al mirarla de cerca se encariñó inmediatamente con ella, jugando con las ondas de su pelo y recibiéndole a ella los dulces que con Candy rechazó.

Se hizo muy tarde y Albert le ofreció a Joann ir a dejarla, se despidió de todos y ella le indicó el camino hacia la casa de Liam.

—Gracias —le dijo Albert antes de que Joann se bajara del auto

—¿Por qué? … —no sabía en verdad porque agradecía.

—Le diste los vestidos de tu madre a Gracie…yo no sabía como adquirir vestidos para ella, pero tu lo pensaste antes…eres una buena chica, esa mujer… ¿Rothschild? estaba equivocada cuando te dijo todas esas cosas… tu madre debe estar orgullosa a criado a una verdadera dama…no lo olvides Joann —le dijo Albert y le dio un beso en su mano vendada. Ella se sonrojó por sus palabras.

Lo vio marcharse en ese auto decidió entrar a la casa y estaba todo oscuro, se quitó los zapatos para no despertar a nadie.

—BUUUUUUUU —le gritó Ben asustándola llevaba horas esperándola.

—¡AHHHHHHHH!...ME ASUSTASTE —Joann saltó del susto

—Lo siento… pero estaba esperándote… no son horas de llegar ¿Quién te trajo? —preguntó curioso.

—Que te importa… —Joann con una sonrisa se dirigió a la cocina

—No me voy a acostar hasta que no me digas…quien te trajo…Joann… ¿Por qué te ríes? —le dijo algo desconfiado

—Por nada…ya me voy a dormir….tu deberías hacer lo mismo… Buenas noches Ben —respondió ella

—¿Y nada mas?... ¿no me vas a responder? —él continuaba detrás de ella siguiéndola

—No… para que…yo no le debo explicaciones a los "amigos"…buenas noches mi querido amigo —le dijo ella subiendo y riéndose

Candy se durmió contenta, había sido un placer conocer a Joann, se sentía plenamente identificada y tenía todo el presentimiento que podrían ser grandes amigas. No todos los días conocía gente así, ahora su viaje continuaría pero en Escocia era una promesa que le hizo a la Señora Ellen Hoker y aunque de ella no tenía noticias.

Albert llego de dejar a Joann, estaba contento con el resultado de ese día, que había comenzado tan triste y finalizó con grandes alegrías. Pensaba que el cumpleaños de Candy había pasado sin celebración, se la debía y ya tenía pensada una hermosa sorpresa que esperaba que le resultara. Cuando había entrado Joann a la casa de Liam, a él se le olvidó entregarle una nota que tuvo que dejar en el buzón, no quiso golpear la puerta porque aparentemente los demas dormían, era una invitación que ojala ella aceptara.

Continuara…

Notas : Charles Frederick Worth; Modisto inglés que fundó en París, durante el año 1858, su primera casa de alta costura y el 1871 se independizó. Fue un pionero al firmar sus creaciones y vistió a Isabel de Austria y a Eugenia; la esposa de Napoleón III

Gracias a todos quienes leen esta historia, me llena de alegría saber que les está gustando y que en el capítulo anterior les hice reír.

Ladyzafiro