Advertencia: Este fic contiene escenas y lenguaje fuerte. No es recomendado para lectores menores de edad dado a su fuerte contenido. Los personajes de Ranma ½ son de Rumiko Takahashi.


Historia de Piratas


Capítulo Undécimo: Encuentros nocturnos

- Porque soy un hombre honorable, soltaré mi espada para pelear con igualdad. Así no tendrás la excusa de que te gané porque tenía la ventaja. – Sanzenín arrojó su arma predilecta por el largo corredor detrás suyo, lo más lejos posible para que ninguno de los dos la pudiera alcanzar.

- Y aún sin esa muestra de honor te puedo vencer con los ojos cerrados... pero es mejor para ti de esa manera porque no morirás con la humillación de haber sido vencido con todo y la ventaja que te daba tu espada. – su semblante sereno, su voz confiada y su tranquila mirada tejían inseguridades en la cabeza del teniente.

Y es que Setsuna cambiaba radicalmente su actitud cuando se encontraba frente a su contrincante. Con los piratas era todo un miedoso, pero en tiempos de pelea él enseñaba muy bien su otra cara. Puro hombre valiente y tranquilo, con la confianza plena en sus habilidades bien ganadas con arduas sesiones de entrenamiento. Andaría cuidadoso en esta pelea y al mismo tiempo daría lo mejor de su capacidad contra este pirata. Ya le había estado haciendo falta un rival a su altura y después de tanto esperar aquí por fin lo tenía. Si el día de su muerte había llegado entonces moriría con el gusto de haber sido en una pelea difícil. Aunque moriría con más gusto a manos de Ranma Saotome... como quiera, ese pirata no se quedaba atrás. Si no era capaz de acabar con uno de los seguidores del capitán entonces no era digno de pelear con él.

- No me subestimes, eso te puede costar más de lo que crees. – señaló con seguridad.

- Creo que quien subestimó primero fue usted teniente, con ese acto tan altanero de librarse de su espada. Pero vamos, yo no vine a conversar con usted. – Sanzenín se quedó atónito con la forma tan propia de hablar de ese pirata tan educado. ¿Quién lo diría? Un mediocre como éste hablando mejor que mis propios soldados. No estaría mal hacerle un ofrecimiento para el ejército. Eso, si es que vive para aceptarlo.

- Tienes razón, vamos a pelear de una vez. – Sanzenín no esperó un segundo para emprender la carrera después de hablar para golpear primero al pirata. Bien dicen que el que pega primero, pega dos veces. Él le haría honor a ese dicho. Sonrió confiado al ver el rostro de sorpresa de Setsuna a escasos metros de él. Lanzó fuerte un puño diestro que, a su punto de vista, era inevitable para esquivar. Cual fue su sorpresa al no ver al pirata recibiendo el poderoso golpe en su rostro. Setsuna se había agachado en el último segundo y a escasos centímetros de que su rostro rozara la mano cerrada de Sanzenín. No perdió su tiempo y aprovechando la incertidumbre en el teniente, conectó su puño en el costado derecho del mismo.

Le faltó el aire y le sobró el dolor, pero eso no lo detuvo para aprovechar su altura sobre la del pirata y conectar un fuerte codazo izquierdo sobre la espalda expuesta de Setsuna. No se lo esperaba en absoluto, aquel ataque por la espalda en pleno aprovechamiento de cualquier entrada en su defensa había cogido desprevenido al pirata. Nunca lo había pensado y mucho menos después de dejar prácticamente sin aliento al teniente. Se alejó casi gateando de Sanzenín, lo más que pudo para tratar de recuperar su propio aliento. Voltearon sus rostros simultáneamente y en los ojos del otro encontraron que detenerse un segundo a respirar significaría perder el resto del aliento.

Setsuna se levantó listo para atacar mientras que Sanzenín apenas podía contener el acelerado ritmo de sus respiraciones. Con aquella brutal muestra de fuerza en el puño, el pirata le había demostrado que de un solo golpe podría romper sus huesos. Y es que con lo poco que llevaban de pelea el teniente del ejército de Erdkugel ya tenía varias costillas rotas y un pulmón perforado producto de la brutalidad del golpe. ¡Ese mal nacido¡Si yo muero esta noche, procuraré llevarte conmigo! Adoptó una ridícula pose de defensa. Estaba limitado, sus movimientos serían contados. Aunque sabía que no podía atacar con una nueva y efectiva embestida, todavía le quedaban fuerzas para defenderse y le sacaría el máximo a cada uno de sus movimientos. No podía actuar tontamente si lo que buscaba realmente era la victoria.

El pirata se impulsó de la nada y apoyó sus manos en el suelo. La distancia entre él y el teniente no era tanta por lo que su doble patada sería efectiva, o por lo menos eso esperaba. ¿Y este que se cree, bufón? Sanzenín veía con burla la vuelta que comenzaba a dar Setsuna. Aún así, levantó sus puños para defenderse de cualquier sorpresa estúpida que ese idiota pudiera hacer. Sanzenín estaba completamente seguro de que con esa vuelta el pirata no conseguiría nada más que acercarse más a él. Tal vez lo que quería lograr era evitar caminar hasta él... ¡que vago!. Ya el pirata se encontraba dándole la espalda al teniente que no entendía del todo su plan y con su cuerpo completamente al revés. Sus piernas bajaron rápidamente por orden de la ley de gravedad pero justo a la mitad de su descenso conectó una doble patada en el pecho de Sanzenín. No se lo esperaba. De hecho, él pensó que terminaría de dar la vuelta para que cuando estuviera de pie tratara de conectarle unos golpes con los puños. Nunca se esperó esas patadas casi inevitables para esquivar y ya dos errores le estaba costando demasiado. Sus movimientos salían de la caja de Pandora lo que le dificultaba la defensa. Debía esperar lo inesperado. Si no encontraba pronto una manera de bajar esa energías entonces ya la pelea estaba perdida para él.

Sanzenín se había confiado excesivamente con este pirata y con dolor estaba pagando su subestimación sobre Setsuna. Cayó sentado y lejos del pirata por la fuerza del impacto. Tan lejos que fue casualidad su caída justo al lado de las escaleras donde se ocultaban los acompañantes del pirata. Ellos estaban esperando pacientemente su derrota, eso lo tenía claro. Lo que no entendía del todo era el por qué ellos se encontraban en el castillo en busca de Akane Tendo, en vez de estar robando un barco para escapar lo más pronto posible.

No pudo evitar mirarlos interrogante. Ya Ranma le había dicho que venían en busca de Akane pero ¿para qué la quería¿Para qué secuestrar nuevamente a quien tantos problemas le había traído¿Por qué no escapaban en la primera oportunidad? No había que ser muy dotado de inteligencia para saber que esos personajes eran anormales desde su nacimiento. ¡No entendía nada sobre ellos! No podía leer los movimientos de aquel pirata y mucho menos entendía el por qué querían llevarse a la reina. Uno de ellos le saludó irónico con su mano y él, tan antipático como era, sólo le dedicó una mirada de desprecio.

Se levantó molesto, decidido a darle fin a aquella pelea, aunque la vida se le fuera en el intento. Lo vio allí de pie, tranquilo y esperando pacientemente por la recuperación de su rival. A diferencia de algunos de sus compañeros, Setsuna no remataba a sus enemigos cuando éstos se encontraban en el suelo. No era su estilo golpear por la espalda. Respiraba con notable dificultad pero siempre procurando no mostrar una mirada de preocupación ante la complicada situación que se le presentaba. Comenzó a toser inesperadamente y en su mano descubrió gotas de sangre manchando su áspera piel. Debía terminar con ese patán lo más pronto posible para correr en busca de un médico. Si es que podía porque si todavía tenía las facultades para deducir bien, entonces estaba seguro de que cuando acabara con aquel pirata los otros terminarían con él. ¡Son unos malditos abusadores!

Su experiencia en el combate le ayudó a soportar un poco el dolor y a pensar rápidamente y en fracción de segundos, todas sus alternativas para un ataque completamente efectivo. Corrió lo más rápido que su deplorable estado le permitía y aún así se movía con una agilidad y velocidad impresionantes. Llegó el turno de Setsuna para adoptar una pose de defensa ante la bruta embestida de Sanzenín. Estaba esperando el mismo primer movimiento que realizara el teniente en los inicios de la pelea. Con otro gran golpe en el costado contrario al que ya había golpeado acabaría de una vez y sin mayores complicaciones con aquel encuentro. Lucía confiado y seguro de su posición ganadora provocando una sonrisa en el teniente que corría como alma que lleva el diablo y sin posibilidad alguna de parar en seco.

A una distancia escasa y prudente, el teniente se tiró de espaldas al suelo y se deslizó entre las piernas de un atónito Setsuna. Al momento que pasaba por debajo de su cuerpo, estiró su brazos y sujetó con fuerza las piernas del pirata haciéndole perder el balance y caer de cara al suelo producto de la fuerza del desliz de Sanzenín. No tuvo tiempo de reaccionar por el inesperado movimiento. Se había confiado demasiado y relajó su guardia el momento en que creyó una repetición de técnica por parte del teniente. ¿Cómo pudo ser tan torpe? Su cuerpo cayó pesadamente y su rostro ya se había pintado con el rojo de su sangre.

Quedó aturdido por la fuerza del impacto de su cabeza contra el suelo, lo suficiente para que Sanzenín aprovechara el mismo impulso para subir sus piernas y sostenerse sobre sus brazos, como lo había hecho minutos antes aquel pirata. Soportando el dolor tanto como podía, dedicó su último esfuerzo a aquella vuelta final. Dejó caer su piernas con fuerza y velocidad sobre la espalda del pobre Setsuna. Un grito de dolor inevitable escapó de los labios del pirata. Lo suficientemente fuerte como para que Ranma se pusiera eufórico y tratara de intervenir en el combate.

- ¡Suéltame Sei! - gritó histérico y forcejeando salvajemente cual bestia fuera para librarse del fuerte agarre del pirata por sus brazos. Ranma sentía en su propio cuerpo el dolor de sus compañeros que en poco tiempo se habían convertido en su propia familia. Y después de la muerte de los otros piratas, no estaba dispuesto a seguir cediéndole al infierno los otros pocos que le quedaban. Los defendería como a nadie. Ellos eran lo único que le quedaban en esta vida.

- ¡No Ranma¡Esta no es tu pelea! – Sei agarraba con fuerza al capitán de piratas como podía.

El arranque de furia era increíble y nunca pensó ver semejante muestra de fuerza por parte Ranma. Si muy bien había escuchado cientos de veces las historia que de él se contaban nunca las había creído hasta el momento en que él mismo se enfrentó indirectamente con esa fuerza. Sólo le quedó agradecer que estaban del mismo lado... no se atrevía siquiera a imaginarse de enemigo de Ranma. Escalofríos recorrieron su cuerpo al darse por muerto en situaciones ajenas a la suya en aquel momento. Se alivió al notar que ya no tenía que emplear tanta fuerza como antes porque Mousse ya se había encargado de sujetarlo por las piernas. Sí... se necesitaba de cuatro brazos fuertes para asegurar en su lugar a un solo Ranma Saotome.

- ¡Setsuna¡Avanza y termina con el soldadito que aquí Ranma se nos descontrola! – gritó con sus típicas palabras irónicas. Sei trataba de mantener su humor activo las veinte y tres horas, cincuenta y seis minutos y los cuatro segundos que dura un día. Y es que si no estaba por lo menos con una sonrisa, ya se hubiese vuelto un maníaco asesino lleno de amargura y odio por la vida por culpa de todas las malas experiencias que ha vivido en su corta edad.

Lejano escuchó el grito de Sei y más difícil fue entender sus palabras. Sanzenín se alejó varios metros del pirata para ver si era capaz de mantenerse de pie. De paso, aprovechaba para recuperarse del dolor punzante en su costado derecho donde antes había sido golpeado. Si hubiese tenido el conocimiento de la medicina moderna se habría enterado de que ya tenía uno de sus pulmones casi lleno de sangre y líquidos. Tosió varias veces más y descubrió con desespero su mano ensangrentada como nunca antes la hubiera soñado ver con su propia sangre. Él estaba acostumbrado a ver esas manchas por sus ropas y su cuerpo. Pero también era cierto que sólo limpiaba de sus pertenencias la sangre del que una vez fuera su enemigo... nunca la suya, como lo hacía en ese momento. El pirata se levantó con pesar y notable falta de aire. Tenía que agradecer mucho a los golpes de la vida por entrenar su cuerpo para soportas estos nuevos. Nunca pensó tener tanta resistencia aunque sabía que no debía abusar de ella.

Estiró su cuerpo arqueando rápidamente su espalda para atrás mientras que se mantenía alerta a los movimientos del teniente. Ambos estaban visiblemente cansados y maltrechos pero era este el momento cumbre para saber quien continuaría en el mundo de los vivos. Pensaban un nuevo ataque y debían pensarlo bien porque la agilidad requería el doble de esfuerzo que antes.

- Peleas mejor de lo que pensaba, pirata.

- No sabía que usted pensara, de igual manera me siento halagado por su reconocimiento. – Sei ahogó su risa ante este comentario. Al parecer el histérico pirata no había perdido el tiempo en aprender un poco de su toque de humor sádico. Se sintió orgulloso de su nuevo aprendiz. Esta era sin duda una nueva faceta que mostraba Setsuna ante los piratas. Cada vez los sorprendía con algo nuevo... como siempre lo hacía.

- No seas payaso y ven para matarte de una vez... estoy muy cansado como para caminar hacia ti. – Sanzenín hizo un gesto con la mano derecha indicándole al pirata que se aproximara.

- Está bien. Listo o no... – comenzó a correr como todo el dolor le permitía. El esfuerzo era sobre-humano. Gotas de sudor y producto del dolor se formaban en su frente y apenas divisaba la silueta del teniente con su nublada vista. ¿Será que estaba a punto de perder el conocimiento? No le prestó mucha atención a estos síntomas de excesiva explotación física y continuó su embestida directa a Sanzenín. Acabaría con esta pelea aunque tuviera que aguantar por cinco minutos su último aliento de vida. - ...aquí voy.

Realizó el mismo movimiento de antes provocando una sonrisa de lástima por parte de Sanzenín. Ya conocía esa técnica desesperada y esta vez haría un buen contra-ataque. Setsuna detuvo su carrera en seco y le dio la espalda a un ahora curioso teniente. Arqueó su espalda en plena demostración de flexibilidad y resistencia física. Apoyó sus manos en el suelo y levantó sus piernas por segunda ocasión en ese encuentro. Sanzenín sonrió nuevamente al ver el mismo movimiento pero a la inversa, tenía que aceptar que el muchacho tenía mucha creatividad, pero nunca la suficiente. El pirata dejó caer sus piernas para propinar otra doble patada al pecho descubierto de Sanzenín pero se topó con la sorpresa de que el teniente había sido más listo y le sujetó ambas piernas para evitar el ataque. Ahora estaba indefenso como una cucaracha bajo su pie.

Setsuna no perdió más su tiempo y al verse firmemente sujeto por el teniente arqueó nuevamente su espalda, quedando completamente suspendido en el aire y antes de que el teniente soltara el agarre a sus piernas, el pirata sujetó la cabeza de Sanzenín con ambas manos y de un rápido movimiento giró completamente su cuello. Sin perder un solo impulso, mantuvo el agarre a la cabeza mientras que el cuerpo se desplomaba y terminó de dar la vuelta al sentir la liberación de sus piernas. Cayó de pie, como siempre lo había hecho el pirata que pelea con gracia divina y estilo propio. Era el que más se asemejaba en el campo de batalla con Tatsuki.

Setsuna nunca podría olvidar aquellas sesiones de entrenamiento con el niño de la isla. Eran momentos mágicos que los dos tenían para compartir y comparar sus habilidades, de paso ambos aprendían nuevas técnicas del otro. Siempre dando vueltas en el aire, manejando las espadas. Tatsuki fue quien le enseñó el manejo de espadas a Setsuna. De hecho se tomó la molestia de adaptar un ataque con espadas a su gracia. El "torbellino de la muerte", así le habían llamado a las cientos de vueltas que Setsuna realizaba en un solo pie y con una o dos espadas en sus manos para perforar a cualquiera que se atravesara en su danza. Al igual que él había aprendido de Tatsuki, Setsuna le había enseñado sus vueltas predilectas y el como aprovechar cada movimiento que se presente aunque el enemigo tenga la ventaja. Dar un golpe aunque no sea tan fuerte dejará una huella en el cuerpo de cualquiera que fuera su rival. Era una lástima que esos días de dicha habían encontrado pronto su fin. Pero si de la felicidad de uno dependía la vida del otro, Setsuna era uno de los que estaba primero en la línea para ofrecerse en sacrificio. Era uno de los más leales entre los piratas... entre los hombres.

Ranma consiguió liberarse de los débiles agarres de Mousse y Sei, listo para correr en auxilio a Setsuna. Después de confirmar la muerte del teniente con una rápida mirada, se dirigió al pirata que estaba a punto del colapso. Poco le faltó para tener que arrojarse al suelo y capturarlo en mitad de su caída, era lo menos que podía hacer por su valentía, servirle de colchón para amortiguar su caída.

- ¡Vengan a ayudarlo! – Sei fue el segundo en llegar a ayudar al pirata desmayado.

- Está muy lastimado, hay que recostarlo y moverlo lo menos posible. – Mousse se quitó su camisa de soldado y comenzó a amarrarla alrededor de las costillas del pirata. – Es un truco que aprendí de Imai... siempre me estaba lastimando esos huesos. – comentó casi casualmente al notar las miradas interrogativas de los otros dos piratas.

- Voy a buscar a Akane, ustedes vayan al puerto y busquen el barco con la tela negra. Llévense a Setsuna. Ya saben: no se escondan entre las sombras, piérdanse en ellas. Si no regreso antes del amanecer váyanse inmediatamente, no quiero que se arriesguen.

- Te esperaremos, sabes que podemos con esos mocosos.

- No lo harán, es una orden. Por más imbéciles que sean esos idiotas nos superan en número y nuestra condición no es la mejor. Mejor perder a uno que a todos. Ya encontraré la manera de salir de aquí. – Mousse bajó su mirada con pesar. Ranma ya se preparaba para lo peor y todo por aquella altanera y malagradecida princesa. Tantos problemas que nos ha traído, tantas muertes por su maldita culpa. Ella no merecía esas consideraciones por parte del capitán. No era más que una malcriada caprichosa.

- ¿Estás seguro que vale la pena arriesgar tanto por ella? – preguntó impulsivamente, sin detenerse a pensar en la posibles reacciones por parte de Ranma. Él y todos sabían que el capitán estaba perdido por esas faldas. Ella lo había enredado con sus hechizos y lo tenía a su merced. Era una marioneta en sus manos, un juguete para su diversión.

- Terminar lo que empezamos en honor a los que cayeron en el intento lo vale. Desgraciarle la vida a esos reyes vale más que huir sin botín en nuestras manos. Recuperar lo que me pertenece, lo vale. Yo me quedo, ustedes ya saben que hacer, no me hagan repetirlo. – Mousse y Sei asintieron con pesar y dudas merodeando en sus pensamientos. Ranma caminó unos pasos en busca de la habitación donde se encontraran los recién casados. Sei cargó con el cuerpo inerte de Setsuna mientras que Mousse se encargaría de velar el camino y librarse de cualquier ataque de algún tonto soldado sobrio.

Se respiraba el aire tenso entre los nuevos reyes de Kassenwart y Erdkugel. Akane no se atrevía siquiera a parpadear por temor a que Kuno se le abalanzara encima en unos de sus arranques de lujuria. Por el contrario de la princesa, Tatewaki disfrutaba de aquella tensión en el ambiente. Se sentía como un cazador acorralando a su presa, el domador que apaciguará los salvajismos de aquella rebelde sin causa. A su favor estaba el derecho a reclamar una buena noche de bodas porque esa misma tarde se había efectuado con éxito la ceremonia de matrimonio. El último gozo al final del día, no había nada mejor que esta noche. Apoyando su cabeza sobre su mano derecha y recostado en la cama, en lo que el nuevo rey juraba que era una pose seductora, Kuno miraba a la inocente fiera acorralada en una esquina de la habitación con sus ojos llenitos de pasión por ella.

Si esto apenas era su primera noche junto a ese maníaco sexual, Akane no podía siquiera imaginar lo que sería del resto de sus días en esta vida. Prefería mil veces estar encerrada en aquella húmeda cueva a estar en ese castillo lleno de lujos y comodidades. Debía buscar la manera de no tener que responderle a su nuevo compañero en esa u otra noche. Salir corriendo, cortar su rostro para verse lo más fea posible, vestirse como una pordiosera, dejar de lavar su cuerpo para apestar lo más posible, inventar una enfermedad altamente contagiosa como la lepra. Algo por más asqueroso y humillante que pareciera, Akane estaba tan desesperada como para hacer todas las ideas desquiciadas que por su mente cruzasen para mantener su cuerpo lo más puro posible. ¡Primero muerta antes que regalar su virginidad a semejante cerdo asqueroso! Cargar con el apellido Kuno era más que suficiente para sentirse sucia.

El sólo hecho de sentir aquella mirada morbosa la hacía sentir el ser más sucio en todas las tierras descubiertas. Su cuerpo y su alma sucios por una sola mirada. No se atrevía ni siquiera a respirar para evitar el más mínimo movimiento de su busto. Un movimiento en falso provocaría un ataque. Se mantenía quieta y siempre evadiendo la mirada divertida del rey. ¡Necesitaba un milagro urgentemente para librarse de ese maldito bellaco! Pero ella ya no creía en ellos. Hace mucho tiempo que Akane había dejado de creer en la esperanza. Ya solo podía depender de la realidad y de sí misma. Únicamente confiaba y dependía en sus propias acciones. No confiaba ni en su sombra... porque era una delatora silenciosa de su presencia física cuando más se quería ocultar de quien la buscaba. Akane se había convertido sin saberlo en enemiga de todos y amiga de nadie.

- ¿Te vas a quedar ahí parada toda la noche, querida? – se recriminó a sí misma por haber brincado levemente por el susto y el terror que la invadió al momento de escuchar la repugnante voz de su nuevo marido.

- Prefiero morir si es necesario para quedarme aquí. Y no me llames querida que cariño para ti no hay ni en mi cuerpo, ni en mi mente y mucho menos en mi alma. – contestó lo más fría que pudo. Debía mantener su temple si no quería que Kuno se aprovechara de sus temores para poseerla en una abrir y cerrar de ojos.

- Eres tan fría que me encantas más... pero ven junto a mi, en esta cama para que así los dos entremos en calor. No queremos que la reina se enferme tan pronto y se posponga esta velada tan romántica. Mira la luna... está loca porque te entregues a mi y me des esos herederos que el pueblo anhela con ansiedad. – su voz seductora y sus lentos gestos provocaban náuseas en el cuerpo de Akane.

- Nada me gustaría más que enfermarme en este mismo instante y dejarlos con las eternas ganas de hijos indeseados. La luna puede volverse tan loca como le de la gana pero de mi, tú no obtendrás ni una caricia... ni en esta ni en ninguna otra noche. – Akane estaba rabiosa. Cada palabra pronunciada por sus hermosos labios destilaba una buena dosis de puro veneno para el nuevo rey. – No sé como tú mismo te soportas. ¿Qué no ves la cara de asco que me provocas?

- Lamentablemente no. Está muy oscuro donde estás, pero ven, acércate a mi para que estos rayos de luna enamorada nos iluminen. – Kuno seguía adornando sus poéticas expresiones con tonos de amor dedicados únicamente a aquella rosa con espinas.

- Gracias por el asqueroso ofrecimiento pero prefiero borrar mi rostro de tu memoria. Mientras menos me veas, mejor.

- ¡No te sigas haciendo del rogar¡Ya sé que te acostaste con ese maldito pirata de quinta¡No me lo niegues! – se sentó abruptamente en la cama, despertando los sentidos de alerta en Akane.

- No estoy para escenitas. Lo que yo haga o deje de hacer con mi cuerpo no es algo que deba importarte. – a pesar de tener miedo y calambres recorriéndole por todo el cuerpo, la reina se acercó a la cama desafiante como era para hacerle frente a ese idiota.

- Por favor, no me hagas reír. ¡Mira donde estás parada¡Mira quien eres ahora! Eres mía, Akane Tendo, toda tú me perteneces en cuerpo y alma hasta que la muerte nos separe ¿recuerdas?

- Y tú recuerda que pronto la muerte nos va a separar. Camina con cuidado y mide tus palabras. – su tono seco y amenazante despertó la prevención y la cautela en Kuno. No tan solo su voz le causó escalofríos sino su retadora mirada, aquella misma que había visto en otros ojos. Pronto se dio cuenta que Akane había aprendido mucho en su estadía con aquellos piratas de mala muerte.

- Ese pronto no será esta noche porque antes de que yo muera tú, Akane Tendo de Kuno, serás mía lo quieras o no. – determinación vio en aquellos ojos, convencida finalmente de que las amenazas ya no le servirían en esa maldita noche de luna llena. ¡Cómo deseaba volver al pasado junto a todos los piratas¡Cuánto quería sentirse protegida por las manos del enemigo¡Por las manos de Ranma Saotome!

Sus ojos cubiertos de lágrimas condenados a ver lo que marcaría el principio del final para Akane. Tan valiente y voluntariosa como era, así mismo se entregaría sumisa a los brazos que la reclamaban. Estaba enferma de odio y de impotencia. Molesta consigo misma y con el maldito destino que le daba la espalda todos los días. Entregándola en bandeja de plata al sufrimiento y la angustia de una batalla perdida. Deseosa estaba por acabar con aquella maldición que la perseguía y que ella reconocía como su vida. Pronto recordó que ella misma se había dado a la idea de hacerle la vida imposible a ese mal nacido. Lo haría pagar por su miseria, por hacer de su vida un infierno, como había aprendido a hacerlo.

Y por fin ocurrió lo que ella menos deseaba. Tatewaki se abalanzó sobre ella y la lanzó con brutalidad sobre el suave colchón. La cogió desprevenida y de sorpresa. No pudo luchar contra tanta fuerza masculina y cayó indefensa en la cama. Kuno se recostó sobre ella como lo hiciera en aquella otra ocasión. Memorias desagradables llegaron indeseadas a su mente. Acercó su rostro y se deleitó con la agitada respiración de la aterrorizada reina. Por más que tratara de evitarlo, lágrimas salían de sus marrones ojos.

- Así me gusta... que me temas y que te rindas ante mi. ¡Entrégate mujer! – acarició lujurioso el suave rostro de Akane con todo su amor contenido. Ella sonrió complacida con la caricia y movió la cabeza en busca de más como lo hacían los gatitos en las manos de su amo. Tatewaki sonrió sorprendido por la sumisa reacción de aquella mujer divina y se contentó más al sentir las angelicales manos de ella imitar aquel gesto de cariño. Por fin esa mujer de ensueño se había resignado a someterse al placer que solo él le podía regalar.

Akane mantenía su bien actuada sonrisa y acariciando con repugnancia al monstruoso rostro del rey. Sentía algo más que asco pero si quería salir de aquella situación debía aparentar resignación ante el ingenuo. Cuando movía su mano derecha por la mejilla de Tatewaki aporvechó para cachetear lo más fuerte que pudo al protagonista de todas su pesadillas.

- ¡Siente eso bastardo! – aprovechó para empujar a Kuno lo más lejos posible y tratar de salir de aquella cama. Sintiendo un cosquilleo y la adrenalina por aquella satisfactoria obra.

- ¡Maldita seas, estúpida! – molesto extendió su brazo para agarrar a la fiera por la parte superior de su traje en su intento por escapar. Akane trató de zafarse del fuerte agarre y lo que consiguió fue que su traje de fiesta se rompiera, dejando su ropa interior superior al descubierto. Tatewaki no se molestó en disimular y se deleitó con semejante exposición, obligando a Akane a taparse con ambas manos lo que ya era cubierto por una fina tela blanca.

- ¿Cómo puedes pretender librarte de mi si sigues tentándome de esta manera? – preguntó con su excitación a mil por hora. Cientos de hormonas recorrían su cuerpo y su cara roja, cubierta de pasión, era increíblemente nauseabundo.

- ¡No seas tan cochino¡Jamás te dejaré comer de mi cuerpo! – gritó eufórica y asustada al ver que Kuno comenzaba a despojarse de su propia camisa. - ¿Qué crees que haces?

- No pensarás que esta noche sólo te diviertes tú. Esta noches es de los dos, querida. – Kuno se levantó de la cama y se dirigió con paso lento hacia Akane. – No te niegues al placer que yo te puedo regalar.

- ¡Nunca seré tuya! – gritó y exclamó con voz mezclada con furia y miedo. Esta era la noche que menos esperaba.

- ¡Me perteneces¡Eres mía¡Mía y de nadie más! – en un arrebato de furia abrazó a la mujer con fuerza y los únicos besos que consiguió son los pocos que le pudo robar. Porque esa era la única forma que Tatewaki podía conseguir algo de lo bueno, robando como todos los piratas que tanto criticaba.

Akane tenía miedo, no podía forcejear con esa bestia toda la noche. Trató de patearlo pero sus piernas estaban aprisionadas por las de Kuno. Sus manos estaban atrapadas entre las de el lujurioso animal. Se la llevó de vuelta a la cama y la aprisionó con su propio cuerpo. Besando su fino cuello con apasionante locura y su torso desnudo dejaban en Akane un trauma que le duraría toda la vida. Estaba desesperada por no poder hacer nada contra esa brutal fuerza masculina. Atrapada, no había nada que pudiera hacer para detener esos arranques morbosos. Estaba a punto de desmayarse por la fuerte impresión de ese ataque cuando escuchó el fuerte choque de la puerta contra la pared rocosa. Justo cuando pensaba que su vida no podía ser peor comprendió que sí había algo por lo que debía preocuparse más. Y fue cuando se dio cuenta de que estaba en una pose comprometedora con su nuevo marido en el momento que entró Ranma Saotome. Terror la invadió al descubrir en sus ojos las brasas del infierno.

- ¡QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESTO? – su rostro furioso valía más que mil palabras.


Fin del Capítulo 11


Artemisa: Fue larga la espera y aquí lo tienen. La entrega número once de esta historia. Se suponía que este capítulo iba a ser el último pero como siempre me pasa, a última hora se me ocurrió poner una escena comprometedora entre Akane y Tatewaki (y ni se imaginan el asco que me dio escribirla Oo)... porque nada es lo que parece. Escenas de este tipo se prestan para muchos malentendidos y me gustan porque me frustran a mi también U.

Anyway, gracias por toda la paciencia que me han tenido y espero que la sigan teniendo porque ni idea cuando pueda volver a escribir. Prometo que haré lo que pueda para actualizar lo más pronto posible ya que la historia está llegando a su final.

Siempre debo agradecer a todos los que han seguido de cerca esta historia y se han tomado el tiempo de escribirme. Para mi siempre ha sido y será un placer leerlos a todos. Y no se me puede olvidar agradecerle a Ichiro (mi amiga de hace tiempo) quien me ha ayudado desde el principio con la cuestión de las peleas y las situaciones (aunque al final termine cambiando la mayoría U).

R&R!