¡De vuelta aquí!
Quiero comenzar diciendo ante todo que nada me hace más feliz en internet que sus lindos comentarios. Me conmueve que les guste lo que hago y me motiva a continuarlo, gracias a todos los que siguen mi historia.
Y chicas, por favor NO vuelvan a disculparse si dejan largos reviews, por mí pueden extenderse hasta lo que equivaldrían tres páginas en Word.
Todo lo contrario de lo que algunas piensan, yo disfruto de leer sus opiniones, y lo hago siempre con extraordinaria disposición.
Respecto al capítulo de ahora, ¿recuerdan la pelea contra Bee en la que Sasuke dio hasta pena?
Sigan leyendo... ;)
…
Capítulo 11: La incertidumbre de Naruto.
Llegaron a la enorme mansión arrastrando a su amigo. El chico permanecía con la cabeza caída y de él todo lo que se escuchaban eran quejidos lastimeros de decadencia. Estaba sufriendo, y hacía lo posible por mantener a raya esos padecimientos.
- Kabuto, socorre a esos muchachos pronto – ordenó Orochimaru que aunque le sorprendió que ese equipo de ANBUS hubiera recurrido a él en lugar de dirigirse a su respectiva guarida, no les negó la ayuda.
Dozu y Kim jadeaban de cansancio. Kabuto se dedicó a revisar al muchacho y después de unos minutos constató – sin los testimonios de nadie – lo que le ocurría:
- Le han partido los brazos, Lord Orochimaru – informó tras acomodarse los lentes –. Por lo visto ustedes han tenido una mañana bastante espinosa.
- ¿Qué fue lo que ocurrió, Dozu? – quiso saber Orochimaru.
- Señor – habló Dozu controlando su cansancio –. Mentiría a usted si negara que el autor de esta barbarie fue el mismo Sasuke Uchiha.
Orochimaru en lugar de mostrarse indignado, sorprendido o enojado; dejó ver una larga sonrisa y una mirada de fascinación que acompañó con una pequeña risita que no pasó de su garganta.
- Mmh… Interesante – aduló con esa extraña voz sugerente –. Sasuke-kun no deja de sorprenderme… él no suele actuar con tanta crueldad al momento de castigar. Eso me hace deducir que lo hicieron enojar demasiado.
- No se equivoca usted – admitió Dozu –. Pero no sería problema mayor si las razones que tuvo para proceder de esta forma fueran diferentes a las reales.
- A qué te refieres.
- ¡Sasuke quiso matarnos por defender a una mujer! – se quejó Kim –, ¡y para colmo de males a una policía!
La expresión de Orochimaru varió de forma drástica. La sonrisa no desapareció porque por lo general él sonreía, pero sí se arrugó un poco en las comisuras, abrió más los ojos hasta parecerlos saltones y frunció el ceño. Cualquiera pensaría que era un loco maniático salvaje. Nada en ese hombre era natural.
- Una mujer – repitió en un tono diferente y volvió a reírse entre dientes, pero no porque le pareciese gracioso –. Una policía.
Kim y Dozu se miraron. No sabían qué esperar de Orochimaru, ni podían opinar tampoco de sus reacciones. Era un hombre muy impredecible.
- Cuéntenmelo todo…
Y así lo hicieron. Sin omitir detalle alguno le relataron a Orochimaru lo que ocurrió desde las sospechas que le suscitaron compasión a Sasuke por esa oficial hasta lo que hace unas horas llegó a hacer por ella. Orochimaru mientras escuchaba se reía por lo bajo, ahondaba una ceja o se relamía la boca, todo eso sin dejar de sonreír.
- … ¿Qué debemos hacer ahora nosotros? – preguntó al final Dozu –. Ni siquiera si Sasuke se disculpase, cosa que es imposible, nos apareceríamos por las guaridas de la organización. Él tampoco nos querría y antes que aceptarnos de nuevo, preferirá matarnos. Hemos venido por eso a usted, lord Orochimaru, porque sabemos que nos acogerá y al igual que nosotros piensa que la bestialidad de a quien encargó su organización está mal fundamentada.
A Orochimaru le hacía gracia que ese idiota hablara como si un trío insignificante de ANBUS fuese más importante para él que Sasuke-kun.
Tremendo despropósito. Éste último le era muy útil y le había llegado a encantar por todo el potencial físico y mental que siendo tan joven, vigoroso y atractivo poseía. Prefería conservar a Sasuke por encima de todos sus subordinados.
- No se aquejen Zaku, Kim y Dozu – les recomendó –. Ustedes continuarán trabajando para mí. No hay manera de que vayan a ser expulsados de la organización. Morirán siendo ANBUS.
- Demuestro mi gratitud a usted en nombre de todo mi equipo – dijo Dozu haciendo una reverencia –. Seguiremos sus órdenes con total fidelidad, señor. Estamos a su entera disposición.
- Bien… pero absténganse de pensar siquiera en vengarse de Sasuke, en especial Zaku. Lo que les pasó tiene que ser suficiente para comprender lo que implica meterse con él.
Kim y Dozu asintieron con la cabeza y después de que su amigo herido fuese trasladado a una habitación específica para ser curado, se marcharon.
Orochimaru marcó un número de teléfono al encontrarse a solas de nuevo y se llevó el celular al oído.
- ¿Sasuke-kun? – habló primero.
- Qué – contestó el chico del otro lado patentando su mal humor.
Lejos de sentirse arrepentido o mostrarse dócil ante un superior, a Sasuke le importaba un bledo lo que Orochimaru le fuese a decir. Aunque él sabía que nada le iba a decir. Orochimaru jamás le había reprendido ni mucho menos dirigido a él con tonos de enojo, porque a Orochimaru le gustaba que fuese un chico malo.
- Me acabo de enterar de lo que ocurrió con el equipo ANBU del sonido – comenzó –. No me molesta tu reacción, lo que no comprendo es tu justificación. ¿Puedes explicarme?
- No hay nada que explicar – respondió Sasuke reacio –. Te dije que lo que haga no es tu problema.
- Sasuke. No me estoy involucrando en tu vida en modo alguno. Pero lo que hiciste a ese pobre chico – otra risita – sí que me concierne. Los castigos a los cazadores rebeldes deben tener buenas razones para ser aplicados.
- Y esta no ha sido una excepción – aseguró Sasuke.
- Una policía – mencionó Orochimaru a propósito –. No creo que esa sea una…
- Conozco a la mujer – admitió Sasuke –. Y poco me importa como todos los de su índole porque lo único que hago es aprovecharme de ella, pero eso no significa que mereciera lo que esos brutos, sin razón aparente le hicieron.
- Y por eso quisiste destriparlos – comentó Orochimaru como si la idea le divirtiera –. Estoy seguro de que ni siquiera por Karin harías tal cosa.
- Maldición, piensa lo que quieras – escupió Sasuke. Nunca sintió que le debiera explicaciones a Orochimaru.
- Está bien, Sasuke-kun, está bien. No seguiré molestándote con eso.
- Bien… y dile a esos llorones que por aquí no vuelvan a venir – advirtió –. Porque si lo hacen, serán expulsados definitivamente de la organización por mí… en ataúdes.
- Ya lo hice, Sasuke – contestó Orochimaru riendo de nuevo –. No te preocupes más por ellos… yo me encargaré.
De esa manera dieron fin a la conversación. A Orochimaru le encantaba que en ese sentido Sasuke pensara igual que él. Lo cierto es que desde que lo acogió se convenció de que el chico algún día heredaría su lugar. Hasta podría superarlo en expectativas.
Era después de todo un Uchiha.
- Mmh… Uchiha – saboreó la palabra.
Kabuto ingresó más tarde al recinto secándose las manos, y sin andar con rodeos decidió hacerle la pregunta a su señor.
- ¿Qué hará con los del sonido?
- Si no le sirven a Sasuke, mucho menos a mí. Ser un ANBU implica estar dentro y con la organización entera. Lo único que logras al enfurecer a tu jefe es que éste se deshaga de ti.
- ¿Qué piensa de lo que ocurrió entonces, Lord Orochimaru?
- Me gusta que Sasuke actúe como lo hace. Los que no me convencen son sus móviles.
- ¿Qué sugiere entonces que se haga al respecto? A ese chico Zaku le pudo haber ido peor.
- Lo sé. Pero por ahora nada haremos. Yo no le tocaré un solo pelo a esa mujer porque no me interesa en lo absoluto, no obstante, si Sasuke continua cometiendo imprudencias en razón de ella, me veré en la obligación de avisar a una persona en especial que a diferencia de los del sonido, sí tendrá buenos motivos para actuar por cuenta propia.
- Oh… comprendo – respondió Kabuto malicioso.
…
La rubia abrió grande los ojos y soltó en una exclamación de estupefacción:
- ¡¿Que tú misma te cortaste el cabello?!
La pelirrosa asintió con la cabeza con una pequeña sonrisa.
- Y me siento orgullosa de mí misma, ¿sabes? hasta ahora no me había dado cuenta de que esa obsesión por mi cabello me hacía olvidar de cosas más importantes. A veces no iba a visitar a mi madre o entrenar mi cuerpo para fortalecerme por estar dedicándole tiempo a peinarlo, humectarlo y tratarlo con exagerados cuidados.
- Pero sólo por eso lo tenías tan hermoso, Sakura. Ambas nos dejamos crecer el cabello por lo mismo, ¿recuerdas?
- Lo sé, Ino. Pero es irracional anteponer el crecimiento del cabello al crecimiento mental y personal… no está bien. Y ya no lo haré. Está decidido.
- Bueno… – suspiró la rubia de mejor talante –. ¿Qué te parece así?
Había estado arreglando y nivelando con unas tijeras el cabello de Sakura pues por la forma en que ella se lo cortó, habían quedado algunos mechones más largos que otros.
- Así está perfecto, gracias.
Sakura se observó en el espejo. Lo que antes fue una hermosa maraña lisa y rosa que le llegaba hasta los codos, era ahora un conjunto de mechas cortas cuyas terminaciones puntiagudas apenas rozaban sus hombros.
Bien, sería su nueva cara ahora. Nada negativo podía sacar de haber tomado esa decisión: estaba convencida de haberse fortalecido más, ya no tendría que recogerlo en coletas o dedicar demasiado tiempo a peinarlo y además el molesto de Sasuke Uchiha no volvería a manoseárselo.
¡Jah! Seguro que de esa forma ya no le gustaría. Otro punto a su favor.
- ¿Cómo siguen tus heridas? – interrogó Ino mientras recogía los cabellos que le había cortado.
- Es muy pronto para decir que han cambiado. Fue apenas hace unas horas que me las hicieron. Lo que ya se encuentra mejor es mi cabeza. Me dolía tanto que palpitaba, pero esas pastillas que me tomé han amainado el malestar.
- Bueno. Si quieres te ayudo a disimular esos moretones y golpes – ofreció Ino –, con excepción de la hinchazón de ese ojo, lo demás tiene solución con ayuda del maquillaje. Puedes ir a trabajar desde luego, sólo asegúrate de no quitarte los lentes de sol.
- Sí. claro… excelente… seré como una segunda Shino.
Ambas amigas rompieron en carcajadas.
Después de un intensivo tutorial para aprender a maquillarse y ocultar los defectos, se dedicaron a preparar el almuerzo. Comieron entre pláticas y finalmente Ino se marchó del apartamento de Sakura.
Gracias a las excusas dadas por ella y los apoyos de Chouji y Shikamaru, la oficial se libró de trabajar, al menos por ese día. Por tanto, asumió de disfrutar y aprovechar tanto como pudiese su tiempo libre… el problema era que fuera de gastarlo con su mejor amiga, Sakura no sabía qué hacer encerrada en su casa. Salir no era una opción. Con el rostro adolorido y unos ojos sensibles a la luz, verse a sí misma caminando en el exterior no resultaba un buen panorama.
…
Después de haber aparcado su motocicleta, Sasuke se devolvió a pie, buscando en alguna vitrina cercana algo que llevarle a ella, pero como nada halló que encajase con su personalidad , se regresó de la misma forma. Andaba con las manos en los bolsillos; mantenía ese imborrable ceño fruncido como si el sol le diera directamente – lo cual no sucedía porque además de usar lentes oscuros, caminaba bajo la sombra de los edificios y establecimientos – y perduraba aún la seriedad indeleble en su boca. Seguía enojado y lo estaría quizá por días enteros.
A las afueras de una casa se detuvo un hombre que acababa de bajar de un taxi, con expresión bobalicona de enamorado, ocultando detrás de sí un hermoso y enorme ramo de rosas; esperando de seguro a que la mujer objeto de su devoción le abriera la puerta para recibirla él con la sorpresa de tan trillado presente. Mientras Sasuke caminaba –y aun faltándole poco para pasarle por el lado –, pensó que aunque se encontraba muy lejos de igualar, o al menos asimilarse a un sujeto cursi como ese que veía, podía al menos intentar tomar un fragmento de esas actitudes peripuestas para subsanar a Sakura. Solo por ella. Él se sentía después de todo muy culpable de lo ocurrido.
De un rápido y natural movimiento, Sasuke consiguió sacar una flor roja del ramo del hombre cuando le pasó por detrás. Continuó caminando como si nada hubiese hecho y observó la rosa. Sería la primera que regalaría en su vida.
Cuando la oficial le abrió la puerta, toda la rigidez de su rostro desapareció como si hubiese sido barrida por el más despiadado tifón. Ella lo observó con algo parecido a la lástima y pasó a sonreírle de forma leve y casi tímida. Al extenderle Sasuke la rosa, se notó casi por milagro una señal de verdadera alegría en el bonito rostro en forma de corazón de Sakura.
- Yo jamás hago estas cosas – se excusó incómodo y no pudiendo mirarla en ese momento –. Pero creo que tú las mereces.
- ¡Gracias Suke!
De gran emoción incontenible se apuró a echarle los brazos al cuello y apretar su delgado cuerpo contra el de él. Sasuke sonrió un poco y no sin cierto sonrojo le correspondió ciñéndole la cintura con ambos brazos.
- Debí llegar antes – le murmuró contra los cabellos.
- No te preocupes… pudo haber sido peor – se separó ella un poco –. Ven adentro conmigo.
Lo jaló de la mano hacia el interior del apartamento y lo hizo sentar en un cómodo sillón. Mientras se fue a prepararle algo, Sasuke tomó una pluma de la mesa, pero tras darle vueltas una y otra vez, observándola sin verla, decidió dejarla en el mismo sitio. Por primera vez no se le apetecía robar nada. Por el contrario, pensaba en alguna manera de indemnizar a Sakura por lo que los estúpidos miembros de su organización le hicieron. Lo único que se le ocurrió fue que el propio Sasuke Uchiha presentara sus excusas… Sí… eso era algo que nunca había tenido que hacer porque nadie le había importado lo suficiente como para disculparse; pero ella lo merecía. Sasuke sentía que le debía eso y más. Ojalá tuviera un corrector mágico para borrar superficial e internamente las heridas de su rostro.
Sakura volvió con una canastilla de panecillos esponjosos, jugos naturales servidos y servilletas sobre una bandeja. Las dejó en la mesita pequeña y se sentó al lado de su chico preferido. Él probó la comida por compromiso, no porque quisiera y se esforzó por no patentar de nuevo la ira que le provocaba ver sus heridas y las ganas que le daban de ir a buscar a los responsables.
Le partiría los brazos de nuevo, y todos los huesos una y mil veces a ese canalla de Zaku.
En pocos minutos Sasuke degustó algunos panecillos y se tomó medio vaso para no defraudar a Sakura, a todos decepciona que les rechacen lo que con simpatías ofrecen. Se acomodó en una de las esquinas del sofá y atrajo a la chica hacia él. La cubrió de la misma forma en que lo hizo cuando estuvieron dentro del contenedor de basura: con un brazo rodeándole el estómago y el otro el cuello. Y a diferencia de esa anterior situación ella no impuso objeción alguna, sino que se dejó conducir por él y se amoldó como mejor le pareció. En toda la tarde se mantuvieron de esa forma con unas pocas variaciones en sus cambios de posición, a veces él la ceñía más, o le frotaba la piel desnuda de los brazos y el abdomen con la palma de la mano, o ella se acurrucaba de lado, o entrelazaban los dedos de las manos. A Sasuke además se le hizo más sencillo cobijar su rostro en el cuello de ella y hacer de las suyas allí sin demasiadas interferencias porque ahora su cabello estaba corto. Le pareció que ningún problema tendría con adaptarse a ese nuevo look, y mucho menos si ella se sentía cómoda de esa forma.
Cuando constató que se había hecho tarde él anunció su partida. Se levantaron de allí y ella lo acompañó hasta la puerta. En la salida sin embargo Sakura no pudo evitar traer a colación eso que tanto torturó su mente toda la mañana:
- Suke… me asustaste… – confesó refiriéndose al modo en que él actuó –, no pensé que…
- Estaba enfurecido – explicó el Uchiha –. Nunca había llegado a ese nivel, pero Sakura… – le cogió el rostro entre las manos –. No puedo arrepentirme de lo que hice.
Sakura rebuscó mejor su contacto, apoyando la mejilla y frotándose con ojos cerrados como un gatito carente de afecto contra la palma abierta que le ofrecían. A Sasuke se le dilataron las pupilas y con la punta de los dedos de la otra mano rozó delicadamente el moretón que ella tenía en su ojo para deslizarse enseguida hacia abajo hasta llegar a sus labios. El labio inferior también tenía tatuado un pequeño golpe que él acarició con su dedo como si de esa manera fuese a desaparecerlo, con la misma facilidad con que esfuma una leve mancha en el cristal. No era suficiente. Se inclinó más para reparar mejor en esa pequeña herida, como si ésta misma mereciese una observación tan meticulosa, la misma que le brinda un experto al objeto de su estudio. Tal vez no fuera por la herida, sino por el lugar en el que se encontraba. Arrastró hacia abajo el pulgar puesto en su barbilla, obligándola de esa manera a abrir la boca, y una vez que ella obediente cedió, la compostura de Sasuke terminó por quebrarse, inclinó hacia abajo la cabeza y atrapó en su boca el labio inferior de ella. Ambos cerraron los ojos a la vez. Y mientras Sakura se conformaba con el labio superior de él, Sasuke absorbió un poco el inferior de ella. Se separó por un momento para observárselo y comprobar que la herida seguía allí. Entonces lo cubrió de nuevo entre los suyos y lo amasó, y lo saboreó, y lo impregnó, y lo reclamó como si le perteneciera por minutos, sin que se cansara de acariciárselo. Al separarse de nuevo y ver allí la herida igual y el labio de Sakura ahora sonrosado, desgastado por él, cayó en cuenta de todo. Había sido consciente de lo que hacía, pero no de la implicación y significado de ese pequeño acto. Ella entreabrió los ojos y sonrió un poco, como si hubiese despertado de un agradable sueño. Sasuke echó de una patada su estúpido y fastidioso juicio y prefirió dejarse vencer por lo que la tentación le ofrecía. Ella lo comprendió al verlo sonreír también y como si se hubiesen leído la mente, ambos fueron hacia el otro abrazándose por el cuello y la cintura y abrieron bastante la boca para besarse esta vez como tanto anhelaban.
A punto estuvieron de completar esa ardiente coalición cuando…
- ¡Suke, Sakura! – llamó una voz familiar en un tono casi horrorizado.
Los dos voltearon al mismo tiempo, dejando que ese beso muriera antes de nacer para observar a Naruto con expresión aturdida.
- H-Hola Naruto – saludó Sakura separándose del Uchiha y llevándose un corto mechón detrás de la oreja en un gesto de timidez –. No te esperaba por aquí.
Naruto no contestó sino con un pequeño asentimiento de cabeza para dirigir una mirada de asombro a Sasuke. El ANBU lo interpretó de inmediato como un recordatorio de lo que él era, y lo que ella era. Entonces su razonamiento volvió a tomar el control para reprocharle el haber cometido ese error.
- Yo… ya debo irme, Sakura – le dijo sin verla.
- Si… adiós, Suke. Gracias por haber venido – contestó ella sonriendo y con un poco de vergüenza.
Sasuke apenas le puso una mano a su amigo en el hombro al pasar por su lado y sin decir una palabra salió de allí. O mejor dicho, huyó, y lo hizo bastante rápido.
Naruto que no iba a soportar quedarse con las dudas se excusó con su amiga.
- Sakura, ya vuelvo, tengo que hablar un momento con Suke.
- Pero creí que habías venido a…
- Sí, sí, vine a visitarte – afirmó el chico con prisas –. No me tardo. Cuando regrese me explicas qué fue lo que pasó con tu cabello.
No esperó más respuestas de la pelirrosa. Naruto se apresuró antes de que Sasuke – siendo tan rápido (y cabrón) como era – se largara muy pronto de allí para evitarlo. Por suerte al salir del complejo de apartamentos le pudo enganchar el brazo en el cuello de forma amistosa antes de que el Uchiha se subiera a su motocicleta.
- ¡Aja! – exclamó con una sonrisota de picardía –, ahora sí te pillé infraganti, teme.
- No molestes – refunfuñó Sasuke.
- ¡Imposible! – respondió Naruto en el mismo tono alegre. Sasuke constriñó los dientes –. Ya no rehúyas, amigo. Necesito que me expliques lo que pretendes.
- Ya te lo expliqué. Ahora largo.
- No, no, no – se negó Naruto –. Tú no eres de los que juega con las mujeres, Sasuke. Y sé que eso que vi – señaló el complejo de apartamentos en que ella vivía – fue en serio. Te gusta Sakura.
Sasuke lo miró como si fuera un insecto fastidioso y pretendió poner en marcha su motocicleta, pero Naruto lo detuvo ubicándose en frente de la misma.
- ¡¿Por qué te importa tanto?! – rugió Sasuke.
- Porque ambos son mis amigos, y porque si sigues con esa doble vida tarde o temprano ella se enterará – explicó preocupado –. No me quiero imaginar las consecuencias, Sasuke. Mi amistad con Sakura también está en juego. Yo no debería ocultarle lo que eres. Ni tú tampoco.
- ¿Y qué esperas que haga? ¿votar mi organización por una simple mujer?
- No sería mala idea – respondió Naruto imaginándoselo mientras sonreía.
- ¡Naruto! – advirtió Sasuke –. No seas idiota… ah… eso es imposible.
- ¡Hey! – protestó el rubio, pero de inmediato se olvidó de eso porque no era importante –. Escucha Sasuke. Debes ser consciente de que estás llegando demasiado lejos con Sakura. Si vas a seguir provocando que ella te odie, abstente de enamorarla entonces. Pero no hagas ambas a la vez porque la lastimarás.
Sasuke volteó la vista y tragó saliva. Jamás pensó darle la razón a Naruto. Aunque no se lo diría.
- Tú empezaste todo – acusó el rubio.
- ¡Fue ella quien empezó! – se defendió el Uchiha –. Nunca deja de meterse conmigo cuando uso la máscara. Los problemas no existirían si no me desafiara como lo hace. Está obsesionada con atraparme.
- Lo sé… pero ese deseo obedece a una necesidad personal. Sakura piensa que en el hecho de capturarte está su superación y avance. Te fijó a ti como su objetivo más alto. Al menos por ahora. ¡Y no la culpes de todo! Tú eres también responsable de haber permitido que las cosas llegaran hasta este punto.
Sasuke volvió a poner cara de mal humor y prefirió encender el motor para irse.
- Quítate de mi camino, Naruto – ordenó.
- No sin que antes me digas qué harás.
- Nada.
- ¿Nada? ¿seguirás jugando con ella?
- No lo sé – respondió y se apresuró en retroceder la motocicleta y evitar a Naruto, alejándose por fin de allí.
- ¡Oye, teme, vuelve aquí!
Naruto chasqueó la boca y se llevó una mano a la cabeza. Suspiró profundo allí parado e inmóvil y tomó entonces una decisión.
¡Que Sasuke lo perdonara pero él le iba a contar todo a Sakura!
Enfiló a paso dudoso el camino hacia su apartamento de nuevo y una vez allí ella lo recibió con simpatía. Demasiada simpatía para ser honestos. Lo invitó a pasar y le ofreció de comer para luego comenzar a hablar con grandes ánimos de una y otra cosa sin detenerse.
- … Y sí, ya sé que me preguntarás por las heridas, pero no te preocupes, tuve un mal encuentro con algunos hampones, es todo. Aun así no hay nada de qué alarmarse. Volveré a trabajar como de costumbre…
Naruto la miró con lástima y a cada segundo dudaba más sobre si contarle o no. Sakura estaba feliz. Y así se sentía por lo acababa de ocurrir con Sasuke.
- …me gusta más largo, pero decidí cambiar de look. Ya sabes, de esta manera será menos complicado el cuidarlo – continuaba mientras se tocaba el cabello –, y según lo que me dijo Lee que ya se encuentra mejor, así también me veo bonita. Tú piensas lo mismo ¿verdad? Me pregunto qué opina Suke – se llevó una mano a los labios y se sonrojó con una tierna sonrisa. Entonces se percató de la expresión insegura de su amigo, y recordó que tales sentimientos no eran comunes en él. No señor, no en Naruto Uzumaki –. Lo siento… no te he dejado hablar, Naruto. ¿Te encuentras bien?
- Si… sí, claro, Sakura. ¿Cómo te encuentras tú?
Ella suspiró con una gran sonrisa y se nubló el rostro con ambas manos. Cuando se lo descubrió respondió con una única palabra a su amigo:
- Feliz.
El chico sonrió con triste resignación y se levantó del sofá. Ya no le diría nada. Llegó a aproximarse demasiado a Sakura y tuvo intención de abrazarla muy fuerte y besarla en la frente, pero se arrepintió en el último segundo y retrocedió un paso.
- Ya me voy, Sakura.
- Oye, espera – lo retuvo de la manga del suéter –. Peleaste con Suke, ¿verdad? Desde que volviste te noto cambiado. Puedes contarme, Naruto.
Él negó con la cabeza.
- Lo siento… pero no puedo contarte.
Dicho esto se marchó.
A Sakura ya estando a solas se le ocurrió que Naruto seguía enamorado de ella y que había peleado con Suke por esto. Fue inútil concebir otra interpretación porque ella no tenía demasiados detalles de la amistad de ambos chicos, por lo tanto no conocía de sus problemas. Bueno, ya hablaría de eso con él; mientras tanto…
- ¡Me beso! – exclamó extasiada y corrió hacia su cuarto para tirarse en la cama de forma dramática y envolverse entre las sabanas mientras rodaba hasta quedar hecha un gusano –. ¡Suke me besó!
Se dedicó a revivir el momento una y otra vez, y a tocarse los labios y reír con alborozo. Quería contárselo a Ino, contárselo a Hinata, contárselo a su madre, contárselo al mundo.
Estaba contenta y también muy segura de que lo estaría por mucho tiempo. Así pues con los ánimos por las nubes se dedicó a aprovechar lo que quedaba del día.
Hizo ejercicios hasta el agotamiento, leyó gran parte de un libro que había suspendido hace mucho y fue ingeniosa al momento de cocinar, en lugar de optar por una comida insulsa, se esforzó por hacerse un verdadero platillo exquisito, saludable y variado porque sentía que se lo merecía, y lo hizo escuchando música alegre y movida con la que bailó de vez en cuando. Al final se fue a su habitación y encendió la tv. Buscó por un par de minutos algo de su interés y lo dejó en una película romántica que estaban presentando. La vio completa y le gustó. Antes de dormir observó el reloj que marcaba las diez y diez y su último pensamiento fue de completo optimismo. La próxima vez – se decidió – sería ella quien diera el siguiente paso hacia Suke y lo disfrutaría tanto como pudiese. Cerró los ojos y se quedó dormida. De esa manera habría de concluir ese día.
Pero no…
Sakura se despertó con cuidado al escuchar lo que le parecieron unos nudillos golpeando un cristal. Se talló los ojos y volvió a mirar el reloj que ahora marcaba las diez y cuarenta. Sólo había dormido media hora. El golpeteo volvió a escucharse, sólo que esta vez en madera. Sakura fue más consciente de ese último sonido y su corazón saltó desbocado. Pero de inmediato se llenó de determinación. Era una oficial de policía, no podía asustarse con ruiditos extraños acaecidos en medio de la noche en su propio apartamento a oscuras y encontrándose sola. Claro que no. Sacó de una gaveta su arma de fuego y unas esposas que se colgó en la pretina del short por si tenía que capturar de inmediato a un posible individuo. Salió de la habitación con una linterna de mano encendida y comenzó a recorrer a pies descalzos y lentamente el apartamento. Todo parecía encontrarse en orden, hasta que a través de las puertas de cristal cerradas que daban al balcón observó algo que la hizo levantar una ceja: un bello halcón que allí parado en la balaustrada se rascaba la cabecita con una de sus patas.
- Qué extraño – murmuró Sakura –, nunca había visto a ese tipo de aves tan de cerca.
Apagó la linterna y a pasos sigilosos continuó aproximándose hacia el balcón hasta quedar detrás de las puertas de cristal. El halcón la vio, pero no se fue, parecía muy confiado.
Detrás del animal una bolsa plástica blanca se alzó por efecto del viento y voló bastante alto. Un poco de ese viento entró por una rendija y agitó de forma leve el cabello de Sakura.
¡¿Una rendija?!
Ella de súbito se sobresaltó horrorizada. Revisó las puertas de cristal y comprobó que en efecto estaban abiertas.
- Imposible – murmuró asustada.
Intentó cerrarlas de nuevo con manos trémulas, pero no funcionó porque el seguro había sido dañado. Retrocedió con la respiración entrecortada y otro viento más fuerte azotó, abriendo por completo las puertas. El halcón emitió un chillido, y Sakura sintiéndose en una película de terror echó a correr dándose la vuelta, estaba temblando y tenía miedo de revisar cada recodo de su apartamento porque sabía que allí se encontraba alguien.
Percibió con la mirada periférica un extraño movimiento en las cortinas largas y rojas de la ventana que daba al living, y se paralizó de pies a cabeza. Tragó saliva y acopló pocas fuerzas. Comenzó a acercarse a las cortinas y en un santiamén tras parpadear se encontró con una careta blanca de gato a la altura de su rostro que se le lanzó de repente y la hizo gritar. Pero su alarido fue de inmediato ahogado por una mano enguantada que le tapó la boca mientras la otra la ceñía por la cintura.
- Sshh, tranquila oficial – murmuró el ANBU de túnica blanca –. Soy yo.
¡Era Uchiha! ¡Qué alivio! Claro… ¡Como si eso la fuera a serenar!
Ante el pánico de estar sujeta por su enemigo ella se sacudió nerviosa. La oscuridad que bañaba el lugar apenas le permitía identificar al hombre y sabía que era Sasuke Uchiha. Pensó en usar el arma, pero él se adelantó y se la quitó de un manotazo. Sakura gruñó exaltada y en un intento desesperado por librarse, le dio una patada en la entrepierna al ANBU que tras caer al suelo maldijo. Oh, pero no la dejaría escapar. Alcanzó a agarrarle un talón, haciéndola a ella caer cuan larga era también bocabajo en un golpazo seco y de seguro doloroso. Sakura pataleó inquieta mientras él la jalaba y emitió gruñidos de rabia y ansias. A duras penas consiguió estirar el brazo hacia la mesita pequeña en la que descansaban algunos objetos decorativos; lanzó una manotada desesperada al aire por alcanzar el más próximo y al no poderlo tocar siquiera berreó con impaciencia para optar mejor por sujetar la pata de la mesita en cuestión. La atrajo un poco y gracias a dicho esfuerzo consiguió agarrar el florero azul de porcelana. Se aferró al mismo con ambas manos y volteó medio cuerpo para estampárselo con fuerza y furia en la cabeza a Sasuke.
- ¡Maldición! – se quejó él.
El florero se hizo añicos, pero para decepción de Sakura, no había sangre en la cabeza del ANBU ni éste tampoco mostró signos de vacilación o debilidad. Todo lo contrario. El Uchiha se enfureció y consiguió incorporarse para subírsele encima y sujetarla por las manos contra el suelo.
- ¡Condenada mujer! – jadeó como toro enfurecido –. Eso dolió.
- Suéltame Uchiha – ordenó ella en tono ponzoñoso –. Suéltame y lárgate, ¿Qué es lo que haces en mi casa? ¿Quién te dijo dónde vivía?
- Nadie me dijo, yo lo averigüe. Pero no estoy aquí para hacerle daño…
- Viniste a robar, ¿verdad? – intuyó Sakura indignada – Eres un descarado.
- No… sólo quiero que me escuche.
- ¡Pagarás por meterte con mis cosas, maldito insolente!
Y otra vez. Como si se tratase de una canción que se repite hasta rayarse, comenzaron a forcejear entre blasfemias y juramentos. Sólo hasta que Sasuke se percató de las esposas que colgaban del short que usaba ella como pijama, se detuvo la lucha implacable. Las tomó y se sentó encima del estómago de ella. Sakura alarmada y sin aire por el peso del Uchiha comenzó a patalear inútilmente, él le sujeto las manos con aspereza y una vez que logró ponerle las esposas, se levantó de encima para dejarla libre.
- ¡Maldito, te burlas de mí! – exclamó ella descompuesta mientras jadeaba. Se sentía humillada por haberse dejado esposar por un criminal como si ella fuese la criminal.
- Sólo lo hice para…
Sakura se levantó apoyándose en un codo y echó a correr hacia su habitación para encerrarse y buscar librarse de las esposas. Tenías las llaves en la gaveta.
- ¡Oficial Haruno! – llamó Sasuke que comenzaba a perder la paciencia.
Salió tras ella y no le permitió que cerrara la puerta. Fue más rápido y fuerte al momento de empujarla desde afuera para evitar que se ensartara en un clic. Sasuke ganó y consiguió entrar. Viéndose acorralada, Sakura emitió un gritito de angustia.
- Le gustó golpearme allí abajo ¿verdad? ¡Me las va a pagar! – aseguró el ANBU.
Él estaba dispuesto a vengarse de verdad. La tomó de las muñecas unidas y la empujó con violencia hacia atrás. Sakura cayó en la cama bocarriba en un quejido de turbación y miedo. De su boca apenas escapó la pregunta en un balbuceo:
- ¡Qué vas a hacer, Uchiha!
- ¿Que qué voy a hacer? – preguntó él ladeando la cabeza. Sin embargo, los hechos bastaron para responder.
Ella había encogido y apretado las piernas, pero él la agarró por las rodillas para obligarle a abrirlas de un movimiento brusco y preciso. Sakura gritó y cerró los ojos. Sasuke se acostó por completo sobre ella, quedando juntas ambas pelvis, y la obligó a alzar sus manos esposadas para sujetárselas por encima de la cabeza.
- Sshh…
- No – suplicó Sakura –. Por favor no… por favor…
- No qué – quiso saber él.
- No lo hagas…
Dejó a cargo de una sola mano las muñecas esposadas de la oficial para llevar la otra hacia una de las piernas desnudas de ella. La tomó con firmeza y se la presionó en su espalda. Sakura se sintió devastada, y mordiéndose el labio inferior ahogó un grito de amargura. Nunca había tenido a un hombre entre sus piernas, nunca había sentido el sexo masculino sobre el suyo, y ahora le aterraba. No quería que su primera vez fuera así. Horrible y forzada.
- Por favor basta – pidió de nuevo con voz temblorosa. La cara enmascarada del ANBU estaba casi contra la suya –. No vayas a hacerlo, Uchiha… no te atrevas…
- ¿Qué es lo que no puedo hacer? – preguntó Sasuke y alejó un poco su rostro para observar el pecho de la oficial.
Sakura se sintió desnuda ante su escrutinio. Tenía puesta una blusa holgada y no llevaba por debajo sujetador. Él podía arrancársela fácilmente y desnudarle el torso de esa forma. Tan sencillo era. Y tan horripilante se lo imaginaba.
- Puedes llevarte lo que quieras – ofreció desesperada –. Toma todo lo que encuentres… pero por favor… por favor no me hagas esto.
Él no le hizo caso. En cambio inclinó el rostro sobre su pecho y a través de la máscara comenzó a olérselo sin rozarle los senos. Sakura no lo soportó y gritó:
- ¡Ayuda! ¡por favor, alguien…!
Sasuke tomó una sábana de inmediato y se la envolvió en la cabeza sin cubrirle los ojos. Así sus gritos quedaron ahogados.
- Quiero que lo diga oficial – habló en tono bajo –. Quiero que suplique como es debido.
Como ella intentó seguir pidiendo ayuda, Sasuke se sentó llevándosela consigo de paso, jalándola por las manos y la cintura hasta tenerla sentada a horcajadas sobre él. Se sacó la katana de la funda y la ubicó horizontalmente en la espalda de ella, amenazándola con el filo.
- No podrá escapar…
Y presionó más la espada, obligándola a ella a pegarse más a él para huir del acero frío y cortante. Sasuke le quitó la sábana de la cabeza y le cubrió la boca con un dedo suyo.
- Tranquila… ambos disfrutaremos…
- No, no… no… suficiente – pidió ella con poca voz, ya no podía contener el llanto –. Te lo imploro… no me hagas esto… no me…
- ¿Qué? – volvió a preguntar él.
- No me… – intentó Sakura y tuvo que tragar saliva porque la boca se le secaba, era incluso difícil decirlo –, no me vulneres así… no me violes…
Sasuke pensó que así se cerraba el telón de esa obra de teatro. Se guardó la espada y empujó a Sakura hacia atrás de nuevo. Ella cayó de espaldas y volvió a encoger las piernas. El Uchiha permaneció sentado y no pudiendo contenerse más, comenzó a reír estrepitosamente por tanto tiempo que se tuvo que presionar el estómago entre los brazos porque le dolía. La oficial se recuperó al comprender el fin de lo que acababa de pasar: el Uchiha se había estado burlando de ella todo el tiempo. Nada de lo que hizo fue en serio, su objetivo era hacerla suplicar y decir esa frase tan ridícula que estaba muy lejos de sus intenciones: "no me violes".
¡Cómo pudo ser tan estúpida y no darse cuenta antes!
Él continuaba riéndose sin poder contenerse.
Sakura se sintió patética y hasta ridiculizada. Se miró el torso y las piernas descubiertas. Era lamentable. En verdad no tenía nada de especial, eso debió haberle hecho descubrir la broma. Sasuke Uchiha seguro disfrutaba de mujeres voluptuosas y bellas, ¿Cómo iba a fijarse en una flacucha pálida como ella? Avergonzada de su desnudez se cubrió las piernas jalando una sábana sobre las mismas con las puntas de sus dedos.
- Quiero que te vayas de mi casa – dijo mirando la cama con voz firme.
Sasuke paró de reír y suspiró algo cansado.
- No sin antes…
- ¡Que te largues! – exclamó ella enojada – ¡Prefiero que intentes matarme en lugar de humillarme de esta forma!
Él advirtió que Sakura realmente estaba molesta. Lo suficiente como para decir incoherencias. Entonces la miró mejor. Ella estaba cubierta por unas sábanas, y la razón de ello no podía ser más desubicada e incierta. Sasuke lo comprendió y gateando sobre la cama se acercó hasta ella. Pero tan enfurecida se encontraba la pequeña oficial que comenzó a agredirlo enloquecida, dándole puños en el pecho con las manos esposadas.
- ¡Eres despreciable! ¡Una basura! – decía mientras le golpeaba.
Sasuke le detuvo los puños y acercó su rostro al de ella hasta tocarle nariz con el pequeño hocico del gato de la máscara.
- No le voy a mentir, oficial, y tampoco lo diré de nuevo – comenzó con un murmullo ronco –. Es usted muy hermosa y apetecible. Y existen dos razones por las que no le hice eso que tanto temió hace un momento: la primera es que yo no soy así, y la segunda es que la respeto, como enemiga y como mujer.
Sakura se quedó de piedra. Hasta contuvo por unos segundos la respiración mientras asimilaba lo que escuchó, sonrojándose hasta la punta de los dedos. No podía ser cierto. Tenía que estar soñando. Tenía que ser esa una auténtica y horrible pesadilla porque tras esas palabras, Sasuke Uchiha demostraba ser un hombre que podía perdonarse el ser hombre, porque a diferencia de muchos otros, él no estaba cometiendo la misma torpeza material y supuestamente incontinente. Sin haberle rozado la carne, Sakura sentía que ese criminal le había llegado al espíritu a través de su acto de bondad.
El ANBU le tomó el rostro entre las manos y con un dedo enguantado le revisó el labio inferior. La herida seguía allí.
- Ya que usted no me permitió explicarle el motivo de mi visita imprevista, déjeme ahora aclarárselo.
Ella no dijo nada.
- Vine sólo a pedirle disculpas por lo que los tres miembros de mi organización le hicieron esta mañana.
- ¿Qué? – soltó anonadada – No comprendo… ¿Por qué me pides disculpas, Uchiha? ¿Qué sucede contigo? ¿acaso enfermaste de gravedad y estás delirando?
Sasuke rió un poco. Era gracioso porque eso tendría más sentido.
- No. Estoy bien de la cabeza. A lo que me refiero es que no me agrada que se cometan este tipo de transgresiones. Especialmente cuando no existe un buen motivo que lo justifique. Usted no se merecía esto – le rozó la herida del labio –. Además… usted es cosa mía.
- ¿Cosa tuya dices? – cuestionó Sakura. A cada segundo sentía el cerebro más embotado.
- Sí. Siéntase halagada. A pocos considero serios enemigos, y entre esos pocos no había una mujer hasta ahora. Usted es la única. ¿Y sabe una cosa? A mis enemigos los derroto o aparto yo mismo. No me agrada que otros individuos lo hagan, y si está a mi alcance castigar a esos individuos en cuestión, lo hago.
- Entonces… ¿Qué sucedió con esos tres ANBUS?
- Ya no son ANBUS – respondió Sasuke terminante.
Él comenzó a separarse de ella, pero Sakura lo retuvo con las manos juntas, agarrándole la túnica del pecho.
- Muéstrate – pidió con amabilidad.
- ¿Qué? – preguntó Sasuke.
- Enséñame tu rostro.
- ¿Por qué? ¿a qué viene eso?
- Porque quiero saber a quién puedo matar en cualquier momento de un balazo, quiero conocer el rostro de mi enemigo mientras está vivo y no tener que vérselo después de haber expirado.
- ¿Cómo está usted segura de que moriré en sus manos? – sonrió él.
- Porque es lo que pienso hacer… mejor hazlo por las buenas, Uchiha. Te prometo que no me aterraré, ni mucho menos me burlaré de tus heridas. No soy así.
Cierto. Ella creía al igual que todos los que no lo conocían que en su cara yacían miles de cicatrices de quemaduras. Si ella supiera que él era el mismo hombre que había besado hace poco, entonces ya no la besaría más.
Sasuke no se arriesgaría a eso.
- No lo haré – respondió.
- Por favor…
Sakura tomó entre sus dedos la base de la máscara y con cuidado comenzó a retirarla hacia arriba. Pero Sasuke la detuvo con delicadeza encerrándole las manos esposadas entre las suyas y poniéndolas en su pecho.
No podía ser que esa mujer en verdad le atrajera, ¿Por qué demonios la besó? Ahora quería hacerlo de nuevo ¿Cómo se metió en ese embrollo?
Sakura respiraba con dificultad. No entendía todavía qué estaba pasando y tampoco sabía qué hacer.
- Mejor me voy – anunció Sasuke y se separó de ella.
Sakura no objetó en lo absoluto. ¿En qué momento sus encuentros con Sasuke Uchiha se transformaron de ser intensas peleas a acercamientos íntimos?
- Uchiha… tú… seguimos siendo enemigos, ¿verdad?
- Yo seguiré siendo un ladrón, y usted una oficial de policía. ¿Eso responde su pregunta?
Sí. Sakura se sintió tonta por preguntarlo, no había sido necesario, y sin embargo lo hizo porque de repente percibió una ligera vacilación en él.
- Trabajaré más en mí misma – aseveró ella con aires de fe –. La próxima vez obtendré una victoria sobre ti.
- Eso veremos.
Sasuke salió de la habitación y así como entró también se marchó. Sakura en el intertanto se dedicó a quitarse las esposas; cuando salió del cuarto y se asomó al balcón vio al ANBU andar confiado mientras que sobre él volaba el halcón. Desde la lejanía él la miró una última vez, no pudiendo distinguir bien su rostro pero sabiendo que era ella por sus bonitos y cortos cabellos rosas agitados por el viento.
Fue difícil para ambos conciliar el sueño esa noche.
….
Una semana después, Sasuke se enteró a través del periódico del desenlace que tuvieron los ANBUS del sonido. Orochimaru los había mandado a hurtar a una casa de máxima seguridad en pleno día. Los tres tan ingenuos y confiados de la serpiente fueron a cumplir su misión, siendo que antes de que pudiesen echar mano de una mínima pertenencia, se vieron envueltos por una cuadrilla de policías. Apresaron a Kim y a Zaku, pero Dozu fue más escurridizo y pudo escapar. De lo que se supo de él fue que arribó a la excavación de un terreno que necesitaba una innovación de tuberías y en su desesperación por escabullirse no se dio cuenta de que se metió justo en uno de los huecos que estaba por ser rellenado de nuevo. Nadie se percató de él porque el ANBU se las ingenió ocultándose bajo un enorme caño, de modo que murió sepultada por la enorme cantidad de arena que le cayó encima.
Zaku y Kim no duraron demasiado tampoco en la prisión, ya que por aparte cada uno fue asesinado de distinta manera. A Zaku lo mataron otros convictos en la cárcel de hombres y Kim fue envenenada por una de las comidas para cautivas en la cárcel de mujeres. Los tres murieron sin saber que fue Orochimaru quien llamó a la policía mientras asaltaban y quien pagó a los convictos y también a la cocinera para que cumplieran sus cometidos.
La muerte de Dozu aunque no fue premeditada, al final terminó por hacer reír a la serpiente.
Eso era lo que sucedía cuando no significabas nada para Orochimaru.
Sasuke dejó el periódico a un lado y se enfocó en lo que ahora a él le tocaba. Desde que visitó esa noche a Sakura no había vuelto a verla, ni como Suke, ni como Sasuke. No contestaba sus llamadas telefónicas y la evitaba a toda costa.
Quizá ella se sintiera decepcionada donde sea que estuviera. Pero era al menos necesario para él no distraerse pensando en una mujer porque la misión que llevaría a cabo esa noche requería una cabeza fría y un cuerpo preparado. Ni siquiera iba a actuar con ninguno de los suyos, por el contrario recurrió a un equipo de verdaderos asesinos: Hebi, para lograr conseguir su objetivo. Uno muy difícil e importante.
- Los datos de la víctima, Suigetsu – pidió Sasuke.
Hallábase en la guarida de planeación el líder ANBU junto a los miembros de Hebi: Suigetsu, Jugo y su novia Karin. La misión consistía en robar un objeto valioso que se hallaba dentro de la casa de un millonario solitario, y que constituía sólo la octava pieza de las nueve en total.
- Bien, bien – habló Suigetsu y carraspeó un poco para comenzar –. El blanco de hoy se hace llamar Killer Bee, es un hombre que ronda los treinta y ocho, rubio, de piel oscura y musculatura exuberante, un fiel amante de la lucha libre, además de un magnifico espadachín que al igual que tú Sasuke, ha confesado públicamente su aversión por las armas de fuego. Bee es hermano adoptivo del famoso magnate A, pero a diferencia de éste último, lleva una vida aparte al aire libre en su hermosa casa que cuenta además con un establo en sus afueras, el hombre vive completamente solo. Como dato adicional alguien me comentó que es un grandísimo arrogante y obsesivo a la música rap.
- ¿Tú tienes algo más, Karin?
- En efecto – contestó la pelirroja –. Muchos de los detalles que me dieron las sirvientas de su casa que soborné son bastante interesantes. Hay algunos sitios de los que sospecho donde pueda ocultar el objeto que buscamos.
- Killer Bee – repitió Sasuke y fijó de inmediato sus ojos negros cargados de dureza en el equipo Hebi –. Ya conocen el objetivo: obtener el Hachibi a como dé lugar, si es necesario eliminar a su propietario no vacilaremos en hacerlo, por eso están aquí. Ahora pónganse las máscaras ANBU, nadie tiene que saber que fueron ustedes.
Los tres asesinos asintieron. Suigetsu estaba dispuesto, Jugo se mantenía neutral como siempre y Karin se sentía emocionada porque por primera vez actuaría de ladrona al lado de su novio.
Partieron hacia la casa de Killer Bee en mitad de la noche, y al arribar en la misma confirmaron que en efecto se hallaba un poco alejada de la ciudad en una zona frondosa y bella. No contaba con seguridad y estaba envuelta por una enorme niebla que descendía cada vez más espesa.
Utilizando la famosa "técnica de impresión" – que consiste en crear una llave introduciendo un material altamente maleable en la cerradura, dando como resultado un molde – lograron introducirse en la casa. Todo se apreciaba silencioso y oscuro. Haciendo alarde de sus zapatos con suela de goma, los criminales caminaron con excesiva naturalidad y comenzaron a inspeccionar con la ayuda de sus linternas y sin hacer el menor ruido.
Nadie sospechó que en medio de toda esa calma se encontraba Killer Bee oculto, y que cuando salió de su escondite encendiendo la luz en el lugar, alarmó a los asaltantes. Karin, Juugo y Suigetsu sacaron sus armas de fuego, apuntando al hombre, pero éste mismo los sorprendió al sacar de su espalda una ametralladora que dejó a todos tres con la boca abierta.
- No soy fan de las armas, pero ustedes tontos me obligan a usarlas – cantó Bee –. Si tiran sus pistolas no habrá problemas, pero sí les advierto que aquí no hay gemas. ¡Yeah!
Suigetsu comprendió a qué se refirió aquel hombre cuando le dijo que Bee era un obsesivo al rap, y que se dedicaba todo el tiempo a componer estúpidas rimas sinsentido.
- A sus posiciones cada uno – ordenó Sasuke – Suigetsu por la derecha… Juugo por la izquierda… Karin, tú cúbreme la espalda.
Los tres obedecieron y tiraron sus revólveres cargados. De la misma forma Bee accedió a dejar a un lado su ametralladora. No dejaba sin embargo de ser una amenaza porque ese hombre estaba armado hasta por los codos. Parecía un puercoespín de tantas espadas y cuchillos que cargaba.
- Sabía que vendrían algún día, pero con lo que no contaban es que yo los patearía – continuó Bee moviendo sus brazos como si rapeara –. Y ahora están en mi guarida, atrapados en mis fauces, de aquí no saldrán sin múltiples heridas.
- ¿Dónde ocultas al Hachibi? – preguntó Sasuke yendo al grano enseguida.
- Con que por eso están aquí – murmuró Bee para sí mismo.
Suigetsu se sacó la enorme alabarda suya y fue directo a hincársela encima a su oponente. Bee reaccionó de una manera excepcional. Con ambas manos la sostuvo por los costados sin cortarse a escasos centímetros de su rostro.
- Este bastardo… – rugió Suigetsu enojado.
- Tienes una mente alocada, con una espada no podrás contarme porque no soy vulnerable, ahora morirás de una cuchillada – clamó Killer Bee y haciéndose con un poco de su fuerza, le quitó la espada a Suigetsu.
El chico perplejo se hizo atrás y por su lado pasó como el viento Juugo para encestarle un golpe con una de sus manotas.
- Soy un despreocupado porque nunca ando ocupado. ¿A qué vienes? Mi sangre es de valientes, y gente como ustedes no me conmueve. ¡Yeah!
- ¡No me jodas! – estalló Juugo que no quería soportar tantas payasadas.
Su intento de pegar fue inútil porque poseyendo la alabarda de Suigetsu, Killer Bee logró derribarlo de tres fuertes golpes en una sucesión de movimientos que parecieron una danza. Juugo recostado en el suelo escupió sangre.
A Karin casi le cae la quijada al suelo. Sasuke no demostró impresión alguna, pero supo que sería difícil lidiar con ese hombre.
- Mis notas son muy altas porque estoy en una cima, laman mis botas tontos miserables ¡Me llaman Killer Bee la abeja asesina! ¡Oh sí! Tengo un encanto deslumbrante y energía de sobra que a toda chica asombra, no intenten enfrentarme o los usaré de alfombra. – celebró Bee moviendo de nuevo las manos –. Sus insistencias contra mí son pruebas de pendencia, ¿No ven que sus presencias me molestan? Salgan por la misma puerta y no me hagan perder la paciencia o me obligarán a usar la violencia. Perderán por canallas, los atacaré por la espalda, probarán mis espadas, y seré yo quien gane la batalla. Tontos en pena los haré pagar una condena y cuando… uh… – se detuvo de súbito –, Me mordí la lengua.
- ¿Qué le sucede a ese tipo? – preguntó Karin – ¿Cómo hizo para vencer a Juugo?
- Idiotas. Ustedes me hicieron morder la lengua – acusó Bee. Tomó a Juugo de la nuca y de un golpazo lo devolvió a sus compañeros.
Sasuke comenzaba a hartarse.
- Déjenmelo a mí.
El Uchiha caminó un poco la distancia que lo separaba de su enemigo y se detuvo a pocos metros.
- ¿Quiénes son ustedes tontos farsantes? ¿Por qué quieren mi Hachibi? ¿no deberían interesarse en diamantes?
- ¡Demonios! – bufó Suigetsu – ¿se está burlando de nosotros o siempre es así? ¡Qué irritante! ¿podemos callar a ese sujeto y a su canto retardado?
- Esa es mi intención – respondió Sasuke.
- Mis cantos no son retardados, ignorantes de la música, tienen el cerebro cremado.
- ¡Me estoy enfermando de sólo oír a ese tipo! – retumbó Karin hastiada – ¡tiene cero talento para rapear!
- ¡Qué intentas decir zorra tonta!
- ¡Cierra el hocico!
Sasuke avanzó con su katana. Tiró un certero tajo a Bee y entre volteretas y rechinidos de aceros, el propietario del Hachibi se defendió hasta que el Uchiha consiguió hundir la punta de su espada en el ojo de la alabarda de Suigetsu, inmovilizándola. Bee sacó algo de su bolsillo y Sasuke alertado por la insinuación de una posible arma, se reacomodó en una posición de lucha. No obstante, Killer Bee sólo comenzó a escribir en una libreta sus rimas.
Sasuke aprovechó la ocasión para recoger la alabarda y devolvérsela a Suigetsu.
- Acabas de inspirar mi mejor rima, ¡thank you! – voceó Bee.
Hebi y el líder ANBU pensaron que ese hombre continuaría vomitando sus rimas patéticas, pero para Bee había llegado ya el momento de mostrar sus mejores defensas. Se armó de cuchillos y espadas en ambas manos, en los antebrazos, en las axilas y en la boca, y de sus zapatos salieron pequeños filos tanto del talón como de la punta.
Fue contra el Uchiha. Ambos aficionados a las espadas se enfrentaron en desigual combate pues pese a demostrar una increíble velocidad e idónea virtud en la defensa Sasuke fue cortado en los brazos, en el torso, en la cara y…
- ¡Floto como una mariposa y pico como una abeja! – exclamó Bee citando la famosa frase de Muhammad Ali.
Y logró incrustar dos cuchillos en los hombros del Uchiha.
- ¡Sasuke! – chilló Karin aterrada por su novio.
Los tres miembros de Hebi fueron deprisa a socorrerlo antes de que Bee lo matara con otro ataque. Suigetsu interpuso su alabarda. Juugo le atizó un puñetazo en la mejilla al propietario del Hachibi, y Karin justo antes de que Bee le clavara en la garganta un filo de su pie al Uchiha, logró sacarlo de debajo y arrastrarlo como pudo.
- Me salvaste, Karin – jadeó Sasuke ya a salvo.
El golpe de Juugo resultó, pero a Killer Bee no le afectó demasiado.
- No lo estamos consiguiendo – continuó el ANBU, soportando el dolor de sus heridas mientras se ponía de pie –. Karin tú encárgate de la misión en concreto… nosotros mantendremos ocupado a este hombre.
- Pero Sasuke… tus heridas.
- No nos iremos hasta tenerlo. Ve a buscar al Hachibi ¡ahora!
La pelirroja obedeció y se marchó de la sala.
- Se acabó el juego y ya yo estoy sediento, no pretendo continuar con este duelo – cantó de nuevo Bee –. ¡Y ahora a ti mocoso, te daré tu merecido, vas a terminar en un calabozo por odioso! ¡Wheee!
Killer Bee, con un aura burbujeante de ira se dirigió a Sasuke a pasos rápidos y pesados y le clavó su puño de hierro en todo el pecho. El pobre chico prácticamente voló por los aires, y fue sostenido apenas por Juugo. Éste último revisole de inmediato, y el Uchiha que luchaba por no cerrar los ojos comenzó a sangrar por la boca debajo de la máscara.
- Casi le revienta el pecho – masculló Juugo.
- Estoy… bi-bien – balbuceó Sasuke e intentó ponerse de pie con poco éxito.
Estaba mal, su respiración era pobre y bastante forzada.
Al ver a Killer Bee intacto, el chico de cabellos naranja se enfureció hasta el punto de despertar ese otro lado suyo. Por lo general Juugo era un muchacho reservado, neutral y pacífico, pero sufría de bipolaridad y cuando sus ánimos se enervaban todo en él cambiaba, despertándosele un instinto asesino casi insaciable que no distinguía entre amigos y enemigos.
- ¡Voy a matar a ese tipo! – exclamó Juugo riendo como un loco.
Fue a arremeter contra Bee, y en el intertanto, libres de ese incordio y de sus rimas insoportables, Suigetsu ayudó a Sasuke.
- ¡Dónde demonios se habrá metido, Karin!
Fue justo cuando apareció ésta misma.
- ¡Sasuke, encontré al Hachibi! – exclamó jadeante –. El problema es que…
- ¡Qué! – apremió Suigetsu.
- Síganme.
Lo hicieron. Tuvieron que salir de la casa (dejando a Bee y a Juugo luchando) y dirigirse a los establos. Karin señaló entonces uno en específico que tenía en una tabla de madera el nombre de "Hachibi". Aquel cobertizo amplio y lleno de paja era el cubil de un toro marrón tan corpulento como su amo, tenía un cuerno partido y a pesar de estar dormido, podía leerse su potencial y fiereza.
- Hachibi se llama el animal – explicó Karin –, pero la pieza que buscamos se encuentra enterrada en alguna parte. Es por eso que según lo que me dijo una de sus empleadas, Bee se dedicaba a limpiar este cobertizo por sí mismo y a veces parecía que algo ocultaba. Nadie se internaría en él por temor a la mascota favorita del amo. El toro resguarda al Hachibi.
Suigetsu dio a tener a Sasuke en el apoyo de Karin. Ambos corrieron lo más rápido que les fue posible y mientras se ponían a salvo, Suigetsu abrió el cobertizo.
- Otra vez yo sacrificando mi propio trasero por ellos – murmuró para sí mismo.
El toro se despertó casi de inmediato. Se indignó ante el descaro del muchacho de cabellos blancos y arrastrando una pata con insistencia como amenaza, corrió a arremeter contra él, abandonando de esa manera su establo. Suigetsu lo tomó por el único cuerno para evitar ser atravesado, pero sin embargo fue zarandeado bruscamente de un lado a otro a falta de fuerza con respecto a la pujanza e ímpetu del feroz mamífero. Suigetsu se libró de él en la primera oportunidad que el Hachibi le dio, pero enseguida comenzaron una pequeña persecución por la zona. Por suerte para el chico, el animal no lo tomaba en serio. De lo contrario lo habría herido de gravedad y hasta matado en poco tiempo.
Karin dejó en el suelo a Sasuke, agarró una herramienta de cavar y se dirigió al corral abandonado para dar con el Hachibi. No fue difícil encontrar la zona. Justo en el centro del espacioso lugar, la tierra se notaba interpuesta como si hubiese sido removida y posteriormente acomodada. La chica no perdió tiempo y comenzó a desenterrarlo en ardorosos y veloces impulsos producto del temor suscitado por la bestia cornuda. Estaba después de todo en su guarida.
Sasuke hizo lo posible por levantarse y de súbito se escuchó el golpazo que provocó que la puerta exterior de la casa se abriera a causa de los forcejeos que llevaron a Killer Bee y a Juugo salir agarrados y caer ambos al suelo.
Suigetsu esquivaba a un toro juguetón, pero peligroso.
Juugo luchaba contra Bee.
Karin se esforzaba por encontrar al Hachibi.
¿Y qué hacia él? Quejarse de sus heridas que aunque graves, no justificaban en ese momento su inutilidad.
El último recurso de los ANBU era siempre recurrir a una medida desesperada en las situaciones que la demandaban. Y esta era una de ellas. Tal medida se había implementado erróneamente en el edificio de los Inoue, pero ahora era esencial. El Uchiha sacó de sus cosas el combustible y arrastrándose como pudo lo esparció por el terreno entre el Hachibi y su amo. Lo que hizo después fue prenderle fuego.
El objetivo de ese método era distraer al enemigo y obligarlo a tomar la decisión de huir de las llamas para su propio bien. Funcionó.
- ¡Mi toro! – exclamó Bee y se apartó de Juugo para socorrer a su mascota.
El animal hallándose rodeado de fuego en un radio de dos metros no supo cómo hacer, chilló desesperado y a diferencia suya Suigetsu corrió a ponerse a salvo junto con Juugo y Sasuke antes de que el incendio se acrecentara.
- ¡Lo encontré! – exclamó Karin que no se había dado por vencida y que ahora sudaba el doble por las llamas que despedazaban el cobertizo, lamiéndolo.
- ¡Karin, corre! – exclamó Sasuke.
La chica lo intentó sin soltar la valiosa pieza en forma de toro de las manos, pero una verja encendida le cayó en la espalda, contagiándole de fuego. Sus gritos se escucharon.
- ¡Karin no tiene salvación! – prorrumpió Juugo –. Salgamos de aquí antes de que el incendio nos alcance también.
- Espera Juugo – pidió Sasuke.
- Huyamos, está acabada.
El Uchiha utilizó sus últimas fuerzas para ir hasta su novia. Ya había perdido a su familia de esa manera, ya había perdido a uno de sus ANBUS de esa manera, no iba a permitir que Karin tuviese el mismo destino. La ayudó primero a rodar por el suelo, y dado que la tierra estaba húmeda se hizo más fácil, sin embargo y para acelerar el rescate, Sasuke se deshizo de su túnica y la cubrió, terminando así de extinguir las llamas que quedaron ahogadas por la prenda.
Juugo se aproximó a ellos y junto con Suigetsu les concedieron el apoyo que necesitaban para huir.
Media hora después se encontraban de camino a la guarida, pues un refuerzo ANBU los había ido a recoger en una furgoneta. Juugo y Suigetsu con heridas menores; Karin con algunas quemaduras de segundo grado en la espalda, y Sasuke por último en el suelo de la furgoneta, padeciendo sus últimos segundos de consciencia.
- Tranquilo, cariño – lo consolaba Karin con lágrimas en los ojos mientras le sostenía una mano –. Vas a estar bien… tienes que ser fuerte… por favor no te rindas Sasuke.
El líder ANBU ignoraba si esa extraña y casi insoportable somnolencia que sentía era el contrapeso de la muerte, o el principio de un desmayo. Preparándose más para lo primero que para lo segundo, aprovechó ese momento para recordar a quienes más le importaban.
Su hermano mayor, con el que tenía planes pendientes.
- Itachi… – susurró.
Su mejor amigo y rival, con el que más se comprendía y solía también pelear, no llegando a decidir todavía quién era el mejor.
- Naruto… – balbuceó.
Y ella… cómo olvidarse de ella. No había vivido suficientes momentos con esa hermosa mujer como para morir contento y ahíto de haberla disfrutado. Ahora sentía una imperante necesidad de tenerla. Aunque fuese sólo un beso… aunque fuese sólo su agradable y cálida compañía.
- …Estoy aquí, cielo – continuaba Karin gimoteando –. No estás solo.
- Sakura… – llamó el Uchiha en su delirio, sin abrir los ojos y crispando los dientes con fuerza –. No te vayas… Sakura…
A Karin se le oscureció la mirada y sus compañeros la contemplaron, comprendiendo la espinosa situación: Suigetsu con gravedad y Juugo con expectación. Ella no se separó del Uchiha, pero sí dejó de hablarle y permaneció con la vista perdida y una expresión muy seria que no se podía describir.
Tuvo que soportar lo que con tanta pasión su novio expresaba:
- Sakura…– insistía Sasuke entre resuellos –, Te necesito… Sakura… Sakura… Sakura… Saku…
Y para alivio de todos allí, se desmayó por fin.
…
¡Ya iban dos semanas contadas y cuatro días de una tercera!
Sakura caminó hacia el semáforo y se detuvo con un pie inquieto golpeteando el suelo con impaciencia. ¿Qué se había creído Suke Hachijou? Primero la besaba y luego la ignoraba por tanto tiempo. Y ella, tan tonta había intentado contactarlo por todos los medios posibles. Bien, pues ya no lo haría. Se enfocaría mejor en Sasuke Uchiha… el problema es que éste último hizo aparición hace cuatro días, pues según los periódicos, entró junto con otros tres ANBUS a robar algo en la solitaria casa del millonario Killer Bee, del objeto en cuestión se sabía poco, una baratija antigua de mayor valor sentimental que económico. Bajo las declaraciones del propietario y víctima, los ladrones se defendieron dignamente sin armas de fuego y él pudo herir a un par de ellos, pero suponía que no fue nada grave porque después de todo "esos malnacidos se salieron con la suya", en cambio él sí que había perdido: aparte de robarle su preciada figura, incendiaron parte de sus terrenos y su toro favorito acabó con algunas quemaduras. Killer Bee estaba tan enojado que dio su testimonio sin detalles y sin rapear mientras hablaba.
Al demonio con Sasuke Uchiha. Ya se asomaría, y Sakura le daría su merecido.
En cuanto a Suke… ¡Que no se volviera a aparecer en su vida sino con una buena explicación! O mejor decir, ¡que no se apareciera más en su vida!
Sakura suspiró mientras cruzaba la calle, ¿A quién quería engañar? Extrañaba a ese hombre y le preocupaba su actitud distante. ¿Dónde estaba? ¿Estaría ocupado? Y si lo estaba ¿Por qué no le avisó aunque fuese por un mensaje o una llamada? Por Dios, estaban en pleno siglo XXI, las excusas por falta de comunicación no valían a menos que se encontrase en la luna.
- Hey, Sakura ¿todo bien? – le preguntó Naruto mientras se tomaba su late.
- ¡Shannaro! No, no y no – respondió ella haciendo pucheros –. ¿Qué sucede con Suke? ¿Por qué no he sabido nada de él? ¿Por qué no hemos acordado vernos de nuevo?
- Pues no creo que pueda salir con la paliza que le… – Naruto calló bruscamente, percatándose de su error –.Digo…
- ¡Naruto! – exclamó Sakura encolerizada y lo tomó del cuello de la camisa – ¡Repite eso! ¡¿a qué te refieres con paliza?! ¿Qué le pasó a Suke?
El pobre Naruto amenazado se vio en la obligación de abrir más la boca y contarle exactamente lo que le ocurrió al Uchiha, sólo que en su versión él era la victima de unos ladrones, y no al revés.
- ¡¿Por qué no me dijiste nada, Naruto?! – estalló Sakura con un dedo tembloroso mientras señalaba al rubio trémulo –. Yo todo este tiempo preocupada por él y preguntándome por qué no le había visto; y tú sabiendo la verdad no te habías atrevido a contármela. ¡Los dos son unos idiotas desconsiderados por no decir nada!
- Tr-tranquilízate, Sakura… es que… es que Suke no quería que te preocuparas… además pensó que no te intere…
- ¡Claro que me interesa! – afirmó ella –. Cuando acabemos aquí me llevarás a su casa ¿de acuerdo?
- Amm… Sakura…Suke quiere estar solo, incluso a mí me pidió que no lo molestara… no creo que le agrade que lleguemos a…
- ¡¿De acuerdo?! – reiteró Sakura con los ojos encendidos.
- De acuerdo, de acuerdo, de acuerdo – aceptó Naruto con las manos en alto.
Cuando ambos oficiales acabaron con sus deberes y siendo ya de noche, se dirigieron a la casa del Uchiha, esa que se encontraba en una zona respetable y que Sasuke sólo usaba camuflado de Suke.
Los primeros dos días, Sasuke aceptó descansar en una de sus guaridas ANBU bajo los cuidados de Kabuto y otros especialistas médicos que Orochimaru había mandado a él. Pero al tercero no lo pudo tolerar más y pidió que lo trasladaran a una de sus casas, esa en específico. Además, dio una orden estricta: que sólo una enfermera y Kabuto se encargasen de auxiliarlo en las mañanas y que el resto del día lo dejaran en paz. Quería estar absolutamente solo. Él podía cuidarse por sí mismo; además las heridas de ambos hombros comenzaban a cerrársele, no fueron demasiado profundas después de todo.
Sakura salió del coche y contempló la casa.
- ¿Aquí es donde vive?
- Sí, es aquí – respondió Naruto.
- Es una casa muy bonita. ¿Con quién vive?
- Solo.
Cuando en la primera cita Sasuke le dijo que no tenía familia y que Naruto era su único y verdadero amigo, ella se mostró un poco escéptica y suponía que algún pariente lejano tenía que tener, y que seguro compartía piso con al menos un compañero o conocido. Ahora la realidad le reprochaba su negación a creerle. Suke estaba solo.
Solo…
Siendo Naruto la única persona en que Sasuke confiaba con absolutismo, el chico rubio disponía de una copia de las llaves de la puerta principal. Pero solo de esa. Sasuke le dijo que podía entrar a su casa cuando quisiese, pero no molestarlo si él quería estar solo. Así pues al lado de la oficial pelirrosa entraron y enfilaron hacia la habitación del Uchiha. Al intentar girar la perilla constataron que estaba cerrada con seguro, y no quedó más opción que tocar:
- Hey, teme, soy yo.
- ¡¿Qué demonios quieres?! – le respondió Sasuke del otro lado.
- Anda abre la puerta, no seas amargado, te traje una sorpresa.
- No me gustan las sorpresas, Naruto, lárgate.
- Pues esta te conviene – insistió Naruto –. Debes abrir la puerta, Suke.
Al oír que Naruto lo llamaba Suke, el líder ANBU supo que alguien lo acompañaba y sus sospechas fueron bastante certeras. Se levantó de la cama, tomó vendas y esparadrapo y se cubrió el tatuaje en forma de espiral que tenía en el hombro. Con un parche además se tapó el de la marca de maldición del cuello. El primero demostraba que era un ANBU, y el segundo que era Sasuke Uchiha. Esa personita que acompañaba a Naruto no podía saberlo.
Cuando abrió la puerta, Sakura inspiró sorprendida observando su estado. Vestido apenas con unos pantalones negros, Suke mostraba en su torso algunas heridas cubiertas por vendajes, en sus hombros otras tantas, en su mejilla derecha una más, y en su pecho un horrible moretón.
- Oh, Suke – murmuró Sakura preocupada y fue a abrazarlo.
- ¡Agh! – se quejó él.
- Lo siento, lo siento. Ven, tienes que volver a la cama. No deberías estar de pie.
Lo ayudó a regresar, pero pese a sus insistencias por recostarlo, Sasuke permaneció sentado y con los brazos rígidos y los ojos cerrados. Parecía hastiado, dolido y mareado.
- Naruto… déjanos un momento a solas por favor – pidió Sakura amable.
El oficial de cabellos rubios salió y dejó la puerta medio abierta.
- Existo… – comenzó Sakura –. Careces de familiares, tu actitud irascible no simpatiza a muchos, pretendes mantener alejado a tu mejor y único amigo porque piensas que lo que te sucede no le incumbe, y prefieres encerrarte en una maldita y reducida burbuja impenetrable, pero… ¡yo existo, Suke! – exclamó con voz temblorosa.
- Sakura…
- ¡No! ¿Con qué intenciones te allegas amistosamente a una persona sino es la de alternar? – continuó ella –. Nos hemos conocido poco, pero nos hemos acercado demasiado, ¿Crees que puedo tolerar a un mentiroso? ¿Cómo quieres mantenerme en tu vida si me ocultas la verdad? ¿Acaso crees que no me importas?
- Sakura…
- ¡Eres injusto! – juzgó acertadamente –. Dime, ¿de casualidad ya pensaste en que tu última voluntad será que no divulguen tu muerte y te sepulten secretamente en un escondrijo oculto? ¿De haber muerto hace unos días me habrías mantenido esperando toda la vida por una señal tuya? ¡Contéstame!
- ¡Ya es suficiente, Sakura!
Aprovechando que ella estaba de pie y cerca suyo, la tomó de la mano, la jaló hacia adelante, se la sentó en las piernas, inmovilizándola con una mano en la cintura, mientras que con la otra le sostuvo la cabeza por detrás y le cubrió la boca con la suya. Fue al principio un beso torpe por impremeditado, pero pronto Sasuke apoyó mejor sus labios sobre los de ella, haciendo allí una presión tan exquisita que fue imposible para Sakura negarse a dar mayor cabida y aprobación. Decidida a seguirle la corriente y olvidándose del enojo antepuesto, se abandonó en él. Cuando el chico ladeó la cabeza, sus bocas encajaron con mayor perfección y el beso se profundizó. Ella le permitió que puliera y explorara su interior, que rozara y succionara sus labios y que la saboreara en uno y otro movimiento, acomodando varias veces la boca sin soltársela jamás. Sasuke no la iba a dejar ir, el sentimiento de añoranza que lo embargó en la furgoneta reaparecía ahora más vivo y real, haciéndole entender con doloroso rigor que todo ese tiempo anterior en que intentó mantenerla lejos le habían amargado más el carácter porque ¡Vive Dios! La deseaba… en verdad deseaba a esa mujer, y ahora que la tenía en sus brazos disfrutándola como era debido… ahora estaba por fin satisfecho.
Sasuke rompió el beso con delicadeza
- Lo lamento – murmuró aún contra su boca.
Sakura sonrió un poco. Podía perdonarle todo porque en su interior se había hecho de nuevo la luz.
- Ya no importa.
Y tenía razón. Ya no importaba porque él estaba bien, y ella a su lado. Reiniciaron el beso con urgido deseo y lo disfrutaron con moderada velocidad. Él la ciñó mejor con el brazo envolviéndole la cintura y con la otra mano agarrándole las piernas, anhelante de sentirla tanto como pudiera, mientras ella a su vez enredó ambas manos suyas en el cabello rebelde del chico para no permitir que sus bocas se despegaran de nuevo. Quería disfrutar esta vez por más tiempo, y no debía preocuparse de que Sasuke fuese a renunciar porque él también tenía la intención de prolongar ese beso hasta saciarse.
Afuera de la habitación y sentado en el suelo, el chico de cabellos rubios los contemplaba con el ceño fruncido y una sonrisa de triste resignación bailándole en los labios.
Vaya… en los asuntos del corazón, Sakura en verdad le pertenecía a Sasuke.
Anteriormente, cuando los vio por primera vez compartiendo caricias de ese tipo, no le pareció que fuese tan serio, y es que la diferencia entre aquel beso y este era abismal. El primero fue un roce, un acto inocente y casi insostenible. El actual era un arrebato de pasión, de ardor y deseos reprimidos. El más puro instinto los había llevado a hacer lo que hacían, y el magnetismo que existía entre ambos los mantenía así. Nunca había visto a Sakura tan entregada a un hombre, ella sólo daba todo de sí cuando trabajaba, y nunca tampoco había tenido la oportunidad de conocer la impetuosa eficacia de Sasuke en esas cuestiones; el Uchiha podía amar con igual – o mayor – fervor con que odiaba.
Esos dos se atraían con monstruosa intensidad y quizá, apegándose y complaciéndose de esa forma, llegarían a quererse también. Naruto dejó de espiarlos para recargarse en la pared y suspirar.
No quería separarlos con la verdad. Decidió que si alguien iba a golpearlos con la realidad, no sería él. No podía vedar a sus mejores amigos la capacidad que habían descubierto recientemente de regocijarse en el otro.
Tenía el poder, pero no el derecho y tampoco el deseo de hacerlo.
…
¡Continuará!
¡Uff! Demasiado largo este capítulo. Treinta y dos páginas en Word constituyen en mi fic un nuevo record.
¡Y más vale que les haya gustado porque no espero haberme esforzado tanto para que me salgan con comentarios negativos!
Nah, sólo bromeo. Tienen la absoluta libertad de opinar lo que les plazca, a mí me hace feliz con que opinen y ya. ;)
Respecto al capítulo, ¡Qué hermoso está resultando todo para nuestros protagonistas, ¿verdad?! Pues desde ya les advierto que les voy a arruinar su buena fortuna. Nuevos retos y obstáculos se presentarán, Naruto ya no será uno de ellos porque ha decidido dejar que sus amigos sean felices de esa manera, (tan compasivo mi chico), pero por otro lado Orochimaru se ha enterado de la presencia de una mujer en la vida de su discípulo predilecto, y aunque no pretenda actuar directamente en contra de ella, quizá sea un impulso para que otros lo hagan. Karin también lo supo de una forma humillante (debe ser horrible apoyar a tu novio mientras sufre y que a él lo traicionen sus deseos ocultos, llamando a otra mujer, ¡golpe bajo!), de modo que no se quedará de brazos cruzados. Solo tiene el nombre de la susodicha, pero con eso será suficiente para averiguar de quién se trata.
Refiriéndome al hecho de que hayan robado una extraña pieza aparentemente insignificante llamada "Hachibi", iré revelando más detalles respecto a esto a medida que avancemos porque en esta historia al igual que en la original, se deben coleccionar a los Bijus.
Debo agregar que me costó un poco inventar las rimas del Jinchuriki del Ocho colas porque de rapera no tengo un solo pelo, me salieron bien malas y por fortuna eso era lo ideal aquí porque en el manga casi nadie toleraba a ese desesperante amateur de la música llamado Killer Bee. Aunque reconozco que el personaje me gusta bastante.
Como siempre, espero ansiosa sus reviews (no se vayan sin dejarme una), y si pueden recomendar mi historia a más lectores se los agradecería mucho más.
Un beso a todos, nos vemos en la continuación.
Sigma Shey.
