Título: Las estrellas cayeron y el mundo tembló

Autora: eminahinata

Fandom: Naruto

Palabras: 1,250 aprox.

Pareja/Personajes: Hatake Kakashi; Nohara Rin; Uchiha Obito; Maito Gai; Sarutobi Asuma; Mitarashi Anko; etc.

Resumen: Y con eso desapareció en un remolino que distorsiono el espacio y dejo sólo el canto de los grillos que hacían más siniestra las últimas palabras. Kakashi sintió que su corazón no volvería a su lugar nunca más, ahora aplastado bajo sus pies y el dolor que implicaba aquella simple oración.

Notas de autora: ¡Hola, aquí la amante de la ciencia ficción! Esta idea la tengo desde hace mucho, pero no hay forma de que la escriba completa y con una buena trama y un buen final, así que esto ha salido. No sé si algún día tendré la habilidad para completarla, pero bueno. Está chica ama los extraterrestres.

¡Y Obito es la mitad de uno en este! Por un experimento, por supuesto, Y tampoco soy muy creativa para inventar nombres geniales para razas alienígenas de ficción, perdone usted.

Espero que tengan un buen día.

Día 11 Utopía | Distopía


Las estrellas cayeron y el mundo tembló


No recuerdan el día o el momento exacto, pero Kakashi puede adivinar cuando sucedió. Fue poco después de que regresaran de la Misión de Puente Kannabi, donde su idiota y autrosacrificado compañero y primer amor murió para protegerlos a él y a Rin.

Ellos regresaron, las heridas sin ninguna posibilidad de sanar, y la vida parecía seguir, con la esperanza de que la terrible guerra terminara para dar pasó a un tiempo de paz. Y la guerra terminó, en realidad, pero no de la forma en que esperaban.

No en la forma de objetos cayendo del cielo y destruyendo todo con armas nunca antes vistas. En cuestión de minutos pueblos rurales fueron exterminados y las aldeas ninjas salieron a luchar contra la nueva amenaza, uniéndose en el campo contra estas creaturas hechas de metal que no cedía y artefactos que lanzaban rayos que evaporaban la misma vida.

Años han pasado desde entonces y los ninjas se escondían para luchar otro día mientras el resto de la humanidad era esclavizada.

A su lado Rin suspiró y abrazó con más fuerza a Naruto mientras el niño de siete años dormía inquieto, la tristeza reflejando sus ojos cuando besaba la cabeza del niño, lo único que le quedaba de su amado sensei y Kushina. El pequeño se convirtió en el tercer Jinchuriki del Zorro y eran ellos los encargados de volverlo en el arma para la futura pelea, tal y como cada grupo de ninjas escondidos en diferentes partes del mundo hacían con los otros contenedores.

Kakashi sintió su corazón apretarse y agradeció a Gai cuando le paso otra manta para el niño. No quedaban tantos niños con la capacidad de moldear chakra y eso significaba que pronto serían exterminados sino lograban eliminar a los extraterrestres. Volteó a ver dónde Shisui acomodaba la cabeza de Sasuke en su regazo y dejaba que Itachi usara su hombro— los últimos tres Uchiha.

La brillante sonrisa de su primer amor lo golpeó y decidió seguir su recorrido, asegurando a sus compañeros mientras los niños dormían luego de un agotador día.

Tenzo se acercó a él y pronto Kurenai y Genma se encontraban a su lado.

—Hay alguien a cien metros al este —dijo nerviosamente el chico y Kakashi sintió como el hielo recorría su espina dorsal—. No… se siente humano.

—Gracias, Tenzo —hizo un gesto y pronto los otros se encontraban alrededor, listos para actuar—: Tres vendrán conmigo. Mandaremos una señal en caso de que se complique y tengan que huir. Tenzo, tú y Rin quedan a cargo. El resto prepare a los niños.

Todos asintieron y se dispersaron. Rin tomo su brazo y lo empujo un poco para tener privacidad.

—No hagas nada temerario, ¿vale? Aún te necesitan. Naruto y yo te necesitamos —dijo la mujer frente a él.

Kakashi la vio por un largo minuto, antes de asentir y atraer en un abrazo a la que consideraba su hermana—. Regresaré.

"Por ti, por Naruto, por sensei, por Kushina y por Obito".

Un minuto después se movían velozmente hacia el este.

—¿Qué crees que signifique esto, Kakashi? —preguntó Asuma a su lado mientras saltaban de árbol en árbol—: No atacaron.

Kakashi desearía tener la repuesta a eso.

Se escondieron entre las sombras y vieron que en el pequeño claro se encontraba una figura encapuchada, completamente inmóvil y sin inmutarse en la oscuridad de la noche. Kakashi estrecho sus ojos y dejó al descubierto su Sharingan, buscando cualquier cosa que los pusiera en ventaja.

—Podrían bajar y hablar tranquilamente —escuchó una voz grave que hizo que los cuatro sintieran los pelos en su nuca erizarse. El hombre, concluyó, suspiró y alzó las manos a los lados de su cabeza—: No vengo a pelear.

Kakashi hizo una seña y sólo él y Gai bajaron, dejando a Asuma y Anko en las sombras.

—No recibimos muchas visitas agradables, como sabrás, hombre en las sombras —dijo con fingido tono relajado. Gai crujió los dedos de cada mano—: Así que si fuera tan amable de su parte decirnos el propósito de su indeseada visita.

El sujeto encapuchado bajo lentamente las manos e inclinó la cabeza, guardando el silencio por un momento antes de soltar una risita.

—Eres muy gracioso, Kakashi.

Gai dio un paso al frente, pero el último Hatake lo detuvo con un brazo a mitad del pecho.

—Parece ser que el hombre en las sombras conoce mi nombre, a cambio me gustaría saber el suyo si fuera posible —estrecho su ojos y permitió que el ojos rojo cobrara vida.

—Aww, creí que éramos amigos, Bakashi. ¡Pensé que no sería tan difícil recordar mi nombre!

Todos contuvieron el aliento cuando el hombre bajo su capucha y pudieron ver cabello rebelde negro y un ojo rojo derecho que giraba al ritmo que el de Kakashi, en un rostro marcado de cicatrices, en un rostro madurado y pálido, en un rostro perdido hace mucho tiempo.

—¿Obito? —sintió como si algodón llenara su boca y que su cerebro se derretía como si fuera mantequilla.

Gai gruño a su lado—. Impostor, como te atreves…

El hombre —Obito— hizo girar su ojo derecho antes de volverlo en un negro característico de su clan.

Obito sonrió suavemente e inclino la cabeza al frente—: Me gustaría tener más tiempo, pero son difíciles de rastrear y pronto ellos se darán cuenta que no he regresado de una sencilla misión.

Anko y Asuma saltaron a su lado y vieron con la misma incredulidad al hombre frente a ellos.

—¿Ellos? —frunció el ceño Kakashi—. ¿Qué…?

Atrapó el pergamino que se lanzó a su cara.

—Ahí está toda la información que necesitan para moverse lo antes posible. Orochimaru y Akatsuki los espera junto a la resistencia de los Shades

—¿Resistencia?

Asuma dio un paso al frente—: ¿Orochimaru? ¿Cómo? ¡Él está muerto! ¡Lo asesinaron junto a mi padre!

—No, Asuma. Muchos están vivos. Con él también se encuentran Jiraiya y Tsunade y el Coronel Dover de la resistencia de los Shades. Créanme, esto es más complicado de lo que parece. Los Shades no son los verdaderos culpables de esta invasión.

Anko siseó—. ¡Esto es una trampa! ¿Cómo podemos confiar en un muerto?

Obito los vio tranquilamente uno por uno.

—No puedes. Pero no tienes opción —dijo el hombre con los hombros relajados—. Pronto los encontraran y tienen que resguardar a los niños, al hijo de sensei, Kakashi. Este pergamino es su única oportunidad. Los otros grupos shinobis están siendo dirigidos a Akatsuki para empezar los preparativos para la guerra.

Obito dio un paso al frente, deteniéndose cuando todos sacaron sus armas.

—Sé que es difícil de creer, Kakashi, pero te prometo que cuando nos volvamos a encontrar te lo diré todo. A ti y Rin.

Kakashi apretó los dientes, vio el pergamino y luego regreso sus desiguales ojos al hombre.

—Sólo dime cómo.

Obito bajo la cabeza un momento y luego sonrió con tristeza, apenas siendo visible por la poca luz que la luna proyectaba.

Ellos me sacaron de debajo de las rocas ese día —su ojo rojo cobro vida de nuevo y empezó a girar en un patrón que él no conocía—: Y ojala hubiera muerto antes de que ellos me encontraron.

Y con eso desapareció en un remolino que distorsiono el espacio y dejo sólo el canto de los grillos que hacían más siniestra las últimas palabras. Kakashi sintió que su corazón no volvería a su lugar nunca más, ahora aplastado bajo sus pies y el dolor que implicaba aquella simple oración.