Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J. K. Rowling

—¿Quién?

—Bueno... no me gusta decir el nombre si puedo evitarlo. Nadie lo dice.

- No va a conseguir que lo diga - dijo Tonks riendo.

- No me puedo creer que se vaya a quedar sin saberlo - murmuró Bill divertido.

Todos conocían el miedo de Hagrid a decir este nombre y que nunca lo decía. Evitaba pensar en él, incluso.

—¿Por qué no?

—Gárgolas galopantes, Harry, la gente todavía tiene miedo. Vaya, esto es difícil. Mira, estaba ese mago que se volvió... malo. Tan malo como te puedas imaginar. Peor. Peor que peor. Su nombre era...

- No va a decirlo - dijo Sirius confiado -. James y yo estuvimos siete años intentando que lo dijese, pero nunca lo conseguimos. Ni con engaños, ni con alcohol, ni con chantaje, ni con persuasión... Nada. Hagrid nunca dice ese nombre.

Harry le miraba sorprendido. Sabía que a Hagrid no le gustaba decirlo, pero que lo hubiesen estado intentando tanto tiempo sin éxito... A él no le había costado ni la mitad de esfuerzo.

Hagrid se sonrojó un poco sabiendo que sí que lo había dicho esa noche. Había sido la única vez en su vida. Y no pensaba que fuese a haber otra. Pero ese niño le había convencido aquella noche, le había dado el coraje que necesitaba para decirlo. Y solo por él lo había hecho.

Hagrid tragó, pero no le salía la voz.

—¿Quiere escribirlo? —sugirió Harry.

—No... no sé cómo se escribe. Está bien...

- Voldemort. - dijo Harry compadeciéndose de él al ver los apuros por los que estaba pasando. Ya que se acababa de enterar de las dificultades de su amigo para decirlo, apreciaba mucho más que se lo hubiese dicho aquella noche. Lo mínimo que podía hacer ahora era decirlo por él para que no lo pasase mal dos veces.

Todos saltaron de sus asientos, excepto Dumbledore y los dos merodeadores.

- ¿A qué ha venido eso, Harry? - dijo Ron molesto.

- ¿Qué? Quería ahorrarle el mal trago de que lo tuviese que leer de nuevo. Ya lo dijo una vez aquella noche - se defendió.

- Espera, espera - dijo Sirius -. ¿Estás diciendo que Hagrid, ese Hagrid de ahí, dijo "Voldemort" - todos hicieron una mueca, pero él no les hizo caso - tan solo porque tú se lo pediste?

- Eh... Sí. Supongo - respondió Harry incómodo.

- Vale. Ron tiene razón. Consigues lo imposible - suspiró Sirius -. ¡Lo estuvimos intentando siete años! ¡Siete años! ¿Y tú cuánto has tardado? ¿Un minuto? No creo que haya llegado siquiera a eso.

Bufó casi molesto por la ofensa.

- Canuto - dijo Remus con una sonrisa -, no me digas que te molesta que Harry os haya superado a los dos, ¿verdad?

- ¿Qué? - se giró sorprendido hacia él -. ¿Por qué me iba a molestar? Solo estoy sorprendido.

- Sí, bueno, ya veremos - lo dejó pasar Remus. Pero iba a volver a sacarlo en la comida -. Sigue Hagrid.

—Hagrid se estremeció—. No me lo hagas repetir. De todos modos, este... este mago, hace unos veinte años, comenzó a buscar seguidores. Y los consiguió. Algunos porque le tenían miedo, otros sólo querían un poco de su poder, porque él iba consiguiendo poder. Eran días negros, Harry. No se sabía en quién confiar, uno no se animaba a hacerse amigo de magos o brujas desconocidos... Sucedían cosas terribles. Él se estaba apoderando de todo. Por supuesto, algunos se le opusieron y él los mató. Horrible. Uno de los pocos lugares seguros era Hogwarts. Hay que considerar que Dumbledore era el único al que Quien-tú-sabes temía. No se atrevía a apoderarse del colegio, no entonces, al menos.

»Ahora bien, tu madre y tú padre eran la mejor bruja y el mejor mago que yo he conocido nunca. ¡En su época de Hogwarts eran los primeros! Supongo que el misterio es por qué Quien-tú-sabes nunca había tratado de ponerlos de su parte... Probablemente sabía que estaban demasiado cerca de Dumbledore para querer tener algo que ver con el Lado Oscuro.

- James y Lily jamás hubiesen apoyado a Voldemort - dijo Sirius ignorando las muecas de nuevo.

- Cierto, ni aunque no hubiesen sido tan cercanos a Dumbledore - dijo Remus con una sonrisa -. Los dos habrían peleado para derrotarle. Fue lo primero que quisieron hacer al salir del colegio.

Desde que Hagrid había empezado a contar la historia de cómo eran las cosas no se había oído ni una mosca. Todos querían olvidar esa etapa cuanto antes y dejarla atrás porque no había muchos en la sala que no hubiesen perdido a algún ser querido en la guerra. Era horrible. Y por eso no habían interrumpido a Hagrid. Para que pasase esa parte cuanto antes.

Sin embargo, los dos merodeadores habían sentido el impulso de decir algo cuando se había mencionado a James y a Lily. Habían sido dos personas imprescindibles en la guerra y en la vida de ambos. Y ahora tenían a su hijo delante, que volvía a ser una pieza clave para la destrucción de Voldemort y para sus vidas.

Harry tenía una sonrisa orgullosa al saber que sus padres habían querido luchar contra ese monstruo desde que estaban en el colegio, como él estaba haciendo. Esperaba que se sintiesen orgullosos de él. No había nada que desease más en el mundo que saber que estarían orgullosos de la persona en la que se estaba convirtiendo.

»Tal vez pensó que podía persuadirlos... O quizá simplemente quería quitarlos de en medio. Lo que todos saben es que él apareció en el pueblo donde vosotros vivíais, el día de Halloween, hace diez años. Tú tenías un año. Él fue a vuestra casa y... y...

Sirius cerró los ojos intentando olvidar. Intentando no pensar en ello. Pero no podía evitar recordar lo que había sentido cuando había entrado en Godric's Hollow y les había visto ahí en el suelo...

James con las gafas caídas, la boca un poco abierta y totalmente inmóvil... Y por mucho que le había sacudido, le había rogado, le había dicho que esta broma no tenía gracia, su hermano había seguido mirándole a los ojos sin verle...

Después había encontrado a Lily en la habitación de Harry. Caída como una muñeca de trapo a la que le han cortado las cuerdas, con el pelo desparramado alrededor de su cabeza y esos preciosos ojos verdes sin el brillo que siempre tenían... Ella tampoco le había respondido por mucho que le había suplicado...

Y por último había encontrado a Harry, a su ahijado, llorando en su cuna. Con la cicatriz por la que se le conocía en todo el mundo ya grabada en su frente. Y había sentido el alivio más grande de su vida al cogerle en brazos y sentir que estaba bien y a salvo. Porque esa noche había sido la más horrible de su vida, en la que había visto como todo su mundo se caía a pedazos, y si hubiese perdido al último pilar que le mantenía derecho, a la última razón que tenía para vivir, no sabía qué hubiese hecho. Si en vez de encontrarle llorando, le hubiese encontrado tan inmóvil como a sus padres...

Reprimió un escalofrío y sacudió la cabeza intentando deshacerse de esas imágenes. Harry está bien, está aquí, se repetía a sí mismo. Y era cierto. Podía verle ahí sentado a gusto, tranquilo y feliz. Pero seguía estremeciéndose de miedo al pensar lo que podría haber pasado.

De pronto, Hagrid sacó un pañuelo muy sucio y se sonó la nariz con un sonido como el de una corneta.

—Lo siento —dijo—. Pero es tan triste... pensar que tu madre y tu padre, la mejor gente del mundo que podrías encontrar...

»Quien-tú-sabes los mató. Y entonces... y ése es el verdadero misterio del asunto... también trató de matarte a ti. Supongo que quería hacer un trabajo limpio, o tal vez, para entonces, disfrutaba matando.

Harry volvió a mirar al director, pero este esquivaba su mirada. Esa era la respuesta que buscaba. ¿Por qué había querido matarle a él? Sabía desde el año pasado que Voldemort había querido asesinarle a él en concreto y que su madre podría haberse salvado, pero no sabía por qué.

Ojalá que la respuesta apareciese pronto en los libros...

Pero no pudo hacerlo. ¿Nunca te preguntaste cómo te hiciste esa marca en la frente? No es un corte común. Sucedió cuando una poderosa maldición diabólica te tocó. Fue la que terminó con tu madre, tu padre y la casa, pero no funcionó contigo, y por eso eres famoso, Harry. Nadie a quien él hubiera decidido matar sobrevivió, nadie excepto tú, y eso que acabó con algunas de las mejores brujas y de los mejores magos de la época (los McKinnons, los Bones,

Susan Bones, de Hufflepuff, bajó la cabeza apenada. Les echaba mucho de menos...

los Prewetts...)

La señora Weasley se volvió a abrazar a su marido al recordar a sus hermanos. Se acordaba de ellos cada vez que veía a los gemelos y por eso cada uno de ellos llevaba de segundo nombre el de uno de sus hermanos.

Los hermanos Weasley apretaron los dientes. Sobre todo Bill, Charlie y Percy eran los que más sentían la muerte de sus tíos porque eran los únicos que tenían recuerdos de ellos y sabían que habían luchado valientemente contra Voldemort.

y tú eras muy pequeño. Pero sobreviviste.

Harry se removió incómodo bajo las miradas de todos. Todos, menos el trío de primero y el director, querían saber cómo era posible que hubiese sobrevivido. No debía de haber sido posible, pero ya se estaban dando cuenta de que Harry siempre lograba lo imposible.

Ron y Hermione le apretaron las manos pensando lo mismo. "Gracias a Merlín que lo hizo". Sabían que no le conocían en aquel momento, pero no se imaginaban sus vidas sin su hermano en ellas. No se podía. Hogwarts no existía sin Harry.

Algo muy doloroso estaba sucediendo en la mente de Harry. Mientras Hagrid iba terminando la historia, vio otra vez la cegadora luz verde con más claridad de lo que la había recordado antes y, por primera vez en su vida, se acordó de algo más, de una risa cruel, aguda y fría.

- ¿Recuerdas eso también? - preguntó Remus con una mueca.

Harry asintió estremeciéndose. Esa risa era horrible, aún peor porque la había oído en la Cámara de los Secretos la noche anterior. ¿Había sido tan solo la noche anterior? ¿Hacía menos de veinticuatro horas? Wow, con la cantidad de cosas que habían sucedido parecía que había pasado mucho más tiempo.

Los dos merodeadores intercambiaron una mirada horrorizada. Ellos la habían oído en una ocasión en la que se habían encontrado con Voldemort y no había sido agradable. Esa risa era escalofriante y que la recordase un niño de once años...

Hagrid lo miraba con tristeza.

—Yo mismo te saqué de la casa en ruinas, por orden de Dumbledore. Y te llevé con esta gente...

Sirius apretó los puños enfadado consigo. Él había tenido a Harry en brazos y se lo había dado a Hagrid. Ojalá hubiese insistido más en llevárselo él mismo, en que él podía ocuparse de él... Pero es que estaba tan destrozado, y tenía tantas ganas de ir a destrozar a esa rata, además de que sabía que el ministerio le iba a perseguir porque le creían culpable, que cuando Hagrid le había dicho que Dumbledore se ocuparía de él, no había sabido decir que no.

Había fallado en su deber de padrino. Era lo que él sentía, y sabía que iba a intentar el resto de su vida poder compensar a su ahijado de alguna forma. Pero también sabía que su ahijado tenía un corazón de oro y que no le reprochaba nada.

—Tonterías —dijo tío Vernon.

- Oh, no - gruñó Tonks -. No me lo puedo creer.

- Se me había olvidado que estaban ahí - dijo Remus con el ceño fruncido.

- Es el encanto de los Dursley - dijo George sarcástico.

- Cuando crees que te has librado de ellos, PAM - gritó Fred sobresaltando a todos.

- Vuelven a fastidiar un rato - terminaron a la vez.

- ¡Fred! ¡George! - les regañó su madre.

- Lo siento, mamá - se disculparon rápidamente -. Teníamos que demostrar cómo son los Dursley.

Harry dio un respingo. Casi había olvidado que los Dursley estaban allí. Tío Vernon parecía haber recuperado su valor. Miraba con rabia a Hagrid y tenía los puños cerrados.

- ¿Qué planea hacer ahora? - preguntó Remus teniendo un mal presentimiento respecto a esto.

- Nada bueno - dijo Ron -. Eso seguro. Solo me pregunto cómo de malo va a ser.

- Y cómo de grande va a ser la estupidez que diga - añadió Fred.

- Y qué va a hacer Hagrid al respecto - dijo George.

- Y...

- Sigue leyendo, Hagrid, por favor - interrumpió la señora Weasley antes de que los gemelos siguiesen añadiendo cosas -. A ver si así nos enteramos de lo que ocurre de verdad.

—Ahora escucha esto, chico —gruñó—: acepto que haya algo extraño acerca de ti, probablemente nada que unos buenos golpes no curen.

Todos empezaron a gruñir de nuevo y a murmurar amenazas por lo bajo.

- ¡Hey! - les interrumpió Ron con el ceño fruncido -, ya haremos algo al respecto luego. Ahora no es el momento.

- Vaya, Ronnie, has dicho inteligente - dijo Fred con lo ojos como platos.

- Se te está pegando algo de Hermione - dijo George igual de sorprendido.

Ron solo les fulminó con la mirada. Tanto él como Hermione estaban agarrando las manos de Harry, que había vuelto a bajar la cabeza incómodo. No era momento de hablar sobre eso, si querían comentarlo tendría que ser cuando Harry no estuviese delante.

Y todo eso sobre tus padres... Bien, eran raros, no lo niego y, en mi opinión, el mundo está mejor sin ellos...

- ¡¿Qué?! - rugieron los merodeadores poniéndose en pie.

- ¿Cómo se atreve Dursley a decir una cosa así? - ladró Remus asemejándose a un lobo de nuevo.

- ¿Y encima lo dice delante de Harry? - gruñó Sirius apretando los puños.

- ¿Cómo puede decirle eso a un niño sobre sus padres? - chilló la señora Weasley indignada.

Mientras ellos seguían despotricando contra los Dursley, Ron y Hermione se giraron hacia su amigo. Decir que estaban furiosos era quedarse corto, pero su hermano iba primero y que le dijesen eso a la cara no podía ser fácil.

- ¿Estás bien, Harry? - preguntó Ron por lo bajo.

- ¿Sabes que no es cierto, no? ¿Que tu tío es... despreciable y no tenía ni idea de lo que hablaba, verdad? - murmuró Hermione.

Harry asintió en silencio. Dolía que alguien pudiese pensar así, pero tenía clarísimo que no podía hacer caso a los Dursley.

- Sí, estoy bien - y lo decía de verdad por una vez -. No os preocupéis. Solo es idiota.

Le dieron un apretón antes de girarse satisfechos hacia Hagrid justo cuando se reanudaba la lectura.

Recibieron lo que buscaban, al mezclarse con esos brujos... Es lo que yo esperaba: siempre supe que iban a terminar mal...

Pero en aquel momento Hagrid se levantó del sofá y sacó de su abrigo un paraguas rosado. Apuntando a tío Vernon, como con una espada, dijo:

—Le prevengo, Dursley, le estoy avisando, una palabra más y...

- Gracias, Hagrid - dijo Charlie.

- Sí, ya no aguantaba más seguir oyendo sus tonterías - agradeció Tonks con una sonrisa.

- No va a durar mucho tiempo callado, ¿o me equivoco, Harry? - dijo Sirius.

- No, no te equivocas. Pero si no me acuerdo mal, la siguiente vez es cuando tío Vernon comete el error más grande que podía cometer - sonrió Harry - y por eso este capítulo merece la pena a pesar de todo esto último.

Algunos alzaron las cejas escépticos. Tenía que ser muy, muy bueno para compensar todo esto...

Ante el peligro de ser alanceado por la punta de un paraguas empuñado por un gigante barbudo, el valor de tío Vernon desapareció otra vez. Se aplastó contra la pared y permaneció en silencio.

- Es que es terrorífico - dijo Fred muy serio.

- Un gigante amenazándole con un paraguas rosa - dijo George.

- Terrorífico - dijeron a la vez.

Hagrid se sonrojó de nuevo y el trío y los merodeadores escondieron una sonrisa. Ellos sabían qué es lo que escondía Hagrid en ese horroroso paraguas.

—Así está mejor —dijo Hagrid, respirando con dificultad y sentándose otra vez en el sofá, que aquella vez se aplastó hasta el suelo.

Harry, entre tanto, todavía tenía preguntas que hacer, cientos de ellas.

- A ver si ahora preguntas algo más... en relación con el tema importante - se mofó Ron.

- ¡Hey! - protestó Harry -, ya te he dicho que era importante saber lo de la lechuza.

- Pero hay cosas más importantes ahora - intervino George.

- Si después de lo que te han contado vuelves a preguntar algo por el estilo, es que ya te funcionaba mal algo en la cabeza antes de llegar aquí - rio Fred.

Harry solo les fulminó con la mirada, pero solo rieron más fuerte al verle.

—Pero ¿qué sucedió con Vol... perdón, quiero decir con Quien-usted-sabe?

- ¿Ves, pequeño Harry? - dijo Fred.

- Esa pregunta es mucho más importante - dijo George con una sonrisa.

- ¿Y por qué no pudiste seguir con esa costumbre? - preguntó Ron con una mueca.

- Porque solo me quedo con las costumbres que valen la pena - respondió Harry sonriendo.

- Sí, ya, muy gracioso - dijo el pelirrojo, pero escondía una sonrisa. Solo Harry haría una cosa así.

—Buena pregunta, Harry. Desapareció. Se desvaneció. La misma noche que trató de matarte. Eso te hizo aún más famoso. Ése es el mayor misterio, sabes... Se estaba volviendo más y más poderoso... ¿Por qué se fue?

»Algunos dicen que murió. No creo que le quede lo suficiente de humano para morir. Otros dicen que todavía está por ahí, esperando el momento, pero no lo creo. La gente que estaba de su lado volvió con nosotros. Algunos salieron como de un trance. No creen que pudieran volver a hacerlo si él regresara.

»La mayor parte de nosotros cree que todavía está en alguna parte, pero que perdió sus poderes. Que está demasiado débil para seguir adelante. Porque algo relacionado contigo, Harry, acabó con él. Algo sucedió aquella noche que él no contaba con que sucedería, no sé qué fue, nadie lo sabe... Pero algo relacionado contigo lo confundió.

Harry apretó los puños para impedir que temblasen. Ya se había enfrentado tres veces a él, la última la noche anterior, y si los libros tenían la respuesta para destruirle significaba que iba a volver en algún momento...

Y con su suerte, seguro que él no se encontraba a salvo mientras eso ocurría. Y luego tendría que enfrentarse a él de nuevo para poder derrotarle. Era lo último que le apetecía hacer porque había tenido enfrentamientos con ese monstruo más que suficientes para el resto de su vida, pero no pensaba echarse atrás.

Ya le habían confirmado que tenía que ser él quien le destruyese, pero tenía a Ron y a Hermione a su lado y también le habían dicho que se quedarían siempre. Con su ayuda ya se había enfrentado a él dos veces. Podría hacerlo de nuevo.

Hagrid miró a Harry con afecto y respeto, pero Harry, en lugar de sentirse complacido y orgulloso, estaba casi seguro de que había una terrible equivocación.

- ¡Ja! - exclamó Ron chocando los cinco con Hermione, que se estaba riendo, por encima de la cabeza de Harry.

- Te tienen calado, Harry - sonrió Sirius.

- Lo sé - suspiró -, pero repito lo que dije. Yo también los tengo calados. Cuando lleguen los libros del futuro, ya veremos si se siguen riendo ellos dos solos.

Los dos amigos fingieron mirarle mal, pero estaban deseando que pudiesen bromear los tres juntos sobre esto.

¿Un mago? ¿Él? ¿Cómo era posible? Había estado toda la vida bajo los golpes de Dudley y el miedo que le inspiraban tía Petunia y tío Vernon.

Ron y Hermione salieron de golpe de sus pensamientos al oír esto y fulminaron con la mirada a todo el que miraba en la dirección de Harry o a todo el que empezaba a gruñir o murmurar contra los Dursley.

Ellos se lo iban a dejar claro a todos: se acabó el mencionar el maltrato que sufrió de niño delante de Harry. De verdad, ¿es que no tenían sentido común? ¿No se daban cuenta de lo mal que lo pasaba cada vez que volvían a decirlo en el libro?

El resto solo estaba confuso por las miradas de estos dos. ¿No eran los mejores amigos de Harry? ¿No tendrían de estar más furiosos que nadie? Y entonces, ¿por qué actuaban así?

Si realmente era un mago, ¿por qué no los había convertido en sapos llenos de verrugas cada vez que lo encerraban en la alacena? Si alguna vez derrotó al más grande brujo del mundo, ¿cómo es que Dudley siempre podía pegarle patadas como si fuera una pelota?

—Hagrid —dijo con calma—, creo que está equivocado. No creo que yo pueda ser un mago.

- No, pequeño Harry - dijo George.

- Eres tú el que está equivocado - sonrió Fred.

- Eres un gran mago, Harry. Ya te lo dije una vez y sigue siendo cierto - dijo Hermione.

- Sí, y ya sabes lo que siempre decimos de Hermione, Harry - le recordó Ron -. Hermione siempre tiene razón.

El pobre Harry estaba sonrojado hasta las orejas y no sabía dónde meterse. Nunca se le había dado bien aceptar halagos de la gente.

Para su sorpresa, Hagrid se rió entre dientes.

—No eres un mago, ¿eh? ¿Nunca haces que sucedan cosas cuando estás asustado o enfadado?

- Aparte de liberar tu genio, se refiere - se mofó Ron y su amigo le miró mal mientras todos reían.

Harry contempló el fuego. Si pensaba en ello... todas las cosas raras que habían hecho que sus tíos se enfadaran con él, habían sucedido cuando él, Harry, estaba molesto o enfadado: perseguido por la banda de Dudley, de golpe se había encontrado fuera de su alcance; temeroso de ir al colegio con aquel ridículo corte de pelo, éste le había crecido de nuevo

- El pelo Potter - repitió Sirius orgulloso.

- Solo con él ocurrirían estallidos de magia accidental - puso los ojos en blanco Remus.

- Pero solo para dejarlo como al principio. ¿Recuerdas la cantidad de veces que James intentó usar la magia para peinarlo un poco, Lunático? - rio Sirius.

- ¿Te acuerdas de la vez que estuvo una hora intentándolo para impresionar a Lily y antes de salir por la puerta del dormitorio ya volvía a estar como antes? - rio Remus.

Ambos se tuvieron que agarrar el estómago al recordar los muchos intentos de James, todos ellos inútiles, de peinarse. Al final, a principios de quinto se había dado por vencido. Y Lily no había aguantado mucho tampoco después de darse cuenta de que nada, ni muggle ni mágico, funcionaba con el pelo Potter.

y, la última vez que Dudley le pegó, ¿no se vengó de él, aunque sin darse cuenta de que lo estaba haciendo? ¿No le había soltado encima la boa constrictor?

- Eso - dijo Fred.

- Fue - dijo George.

- ¡Brillante! - exclamaron a la vez.

Todos recordaban con una sonrisa ese incidente. Aunque hubiese sido un poco incómodo al principio, había sido lo más gracioso que había pasado en el libro por el momento.

Harry miró de nuevo a Hagrid, sonriendo, y vio que el gigante lo miraba radiante.

—¿Te das cuenta? —dijo Hagrid—. Conque Harry Potter no es un mago... Ya verás, serás muy famoso en Hogwarts.

- Eso no hace falta que lo digas dos veces - bufó Harry. Seguía sin acostumbrarse a que todos se le quedasen mirando. ¿No tenían nada mejor que hacer? ¿Otras cosas que cotillear que no fuese su vida? ¿Una vida propia, a lo mejor?

Sus amigos le miraban divertidos. Sabían perfectamente que odiaba su fama tanto como ir a la enfermería, a lo mejor incluso más.

Pero tío Vernon no iba a rendirse sin luchar.

- Otra vez - gimió Tonks -. Será pelmazo. ¿No le puede dejar en paz de una vez?

- Es tío Vernon - respondió con una mueca Harry -. Vive para eso.

- ¿Para qué? - bufó Sirius -. ¿Para incordiar y fastidiar siempre que pueda?

- Exactamente - sonrió Harry confundiéndolos a todos -. ¿No os acordáis de lo que os he dicho? Ahora es cuando comete uno de los errores más grandes que podía cometer.

Ahora todos estaban expectantes. Así que era por esto por lo que merecía la pena el capítulo, por lo que Harry había estado emocionado al principio. Por lo que sea que fuese a hacer este muggle.

—¿No le hemos dicho que no irá? —dijo con desagrado—. Irá a la escuela secundaria Stonewall y nos dará las gracias por ello. Ya he leído esas cartas y necesitará toda clase de porquerías: libros de hechizos, varitas y...

—Si él quiere ir, un gran muggle como usted no lo detendrá —gruñó Hagrid—. ¡Detener al hijo de Lily y James Potter para que no vaya a Hogwarts! Está loco. Su nombre está apuntado casi desde que nació. Irá al mejor colegio de magia del mundo. Siete años allí y no se conocerá a sí mismo. Estará con jóvenes de su misma clase, lo que será un cambio. Y estará con el más grande director que Hogwarts haya tenido: Albus Dumbled...

- ¡Bien dicho, Hagrid! - felicitó Bill con una sonrisa.

- ¿Por qué has parado? - preguntó Fred confundido.

- Eso, ¿por qué? - dijo George -. Es Dumbledore, no Dumbled...

- Dursley me interrumpió - gruñó Hagrid molesto. Aún no le había perdonado que dijese una cosa así del director.

- No lo hizo. No puede ser tan estúpido - una sonrisa se estaba extendiendo por la cara de Remus cuando juntó todas las piezas -. ¿Lo hizo? ¿De verdad hizo eso?

- ¿Que hizo qué? - preguntó Sirius deseando saberlo -. ¿Qué es lo que hizo, Lunático?

- Sirius, ¿qué es lo peor que puedes hacer en presencia de Hagrid?

- Insul... - empezó a decir como si se lo supiese de memoria. Y entonces lo entendió y se le formó la misma sonrisa que a Remus -. No lo hizo. ¿De verdad es tan estúpido como parece?

- ¿Qué hizo? - preguntó Percy curioso.

- Ahora lo ves - respondió Harry con la misma sonrisa que los merodeadores -. Algo que todo el que conoce a Hagrid sabe que nunca, bajo ningún concepto, se debe hacer delante de Hagrid.

Ya había varios que lo habían averiguado y se inclinaban hacia el gigante, que estaba totalmente sonrojado.

—¡NO VOY A PAGAR PARA QUE ALGÚN CHIFLADO VIEJO TONTO LE ENSEÑE TRUCOS DE MAGIA! —gritó tío Vernon.

- ¡Lo hizo! - gritaron los dos merodeadores.

- No lo hizo - dijeron los gemelos con la boca abierta.

- ¿Cómo ha podido ser tan estúpido? - rio Charlie mientras se imaginaba la reacción del gigante.

- Sigue, Hagrid, que ahora llega lo mejor - le instó Harry.

Pero aquella vez había ido demasiado lejos. Hagrid empuñó su paraguas y lo agitó sobre su cabeza.

—¡NUNCA... —bramó— INSULTE-A-ALBUS-DUMBLEDORE-EN-MI-PRESENCIA!

- Exacto - asintieron los merodeadores y el trío.

- Nunca - dijo Harry.

- Jamás - afirmó Ron.

- Bueno, a no ser que tengas un deseo de muerte... - dijo Sirius.

- ¡Shh! - les mandó callar Charlie -. Quiero ver lo que hace Hagrid.

Agitó el paraguas en el aire para apuntar a Dudley. Se produjo un relámpago de luz violeta, un sonido como de un petardo, un agudo chillido y, al momento siguiente, Dudley saltaba, con las manos sobre su gordo trasero, mientras gemía de dolor.

- ¿Qué ha hecho? - preguntó la señora Weasley algo temerosa. Hagrid tenía buen corazón, pero podía ser un poco impulsivo cuando se enfadaba.

- Algo que no voy a olvidar en la vida - respondió Harry con una sonrisa de anticipación tan amplia que parecía que se le iba a partir la cara en dos.

Cuando les dio la espalda, Harry vio una rizada cola de cerdo que salía a través de un agujero en los pantalones.

Las carcajadas se oirían probablemente desde el piso de arriba. Algunos se habían vuelto a caer del asiento y otros volvían a agarrarse el estómago con fuerza.

- Hagrid - dijo Sirius intentando recobrar el aliento -, eres... eres...

- Eres increíble - terminó Remus por él cuando al otro le entró otro ataque de risa antes de unirse a él.

- ¡Estupendo!

- ¡Maravilloso!

- ¡Magnífico!

- ¡Insuperable! - gritaban los gemelos entusiasmados. Después se acercaron a él, le sacudieron la mano para felicitarle y le preguntaron -. ¿Te importa que lo usemos para alguna de nuestras bromas?

- Eh... No, supongo que no - aceptó azorado.

En realidad los gemelos estaban pensando en crear algún producto. En plan, se lo echas en la bebida a alguien y cuando se lo bebe, le sale la cola de cerdo. Ya se lo estaban imaginando. ¡Iba a ser un éxito! Si seguían así iban a conseguir un montón de ideas en estos libros.

Las risas se seguían prolongando y era imposible que Hagrid se sonrojase más. Al cabo de unos minutos, McGonagall consiguió calmar a todos.

- Tenías razón, Harry - sonrió Sirius -. Solo por esto todo el capítulo ha merecido la pena.

- Te lo dije - dijo Harry -. Fue genial.

Tío Vernon rugió. Empujó a tía Petunia y a Dudley a la otra habitación, lanzó una última mirada aterrorizada a Hagrid y cerró con fuerza la puerta detrás de ellos.

- ¡Por fin se han ido! - exclamó Hermione.

- Si solo hacía falta que Hagrid le pusiese una cola de cerdo al... - dijo Sirius, pero se quedó callado al comprender algo -. ¡Eh, por eso te reías cada vez que alguien llamaba cerdo a tu primo! - dijo girándose hacia su ahijado.

- Sí - asintió él sonriendo -. Es que fue in-ol-vi-da-ble. Y luego encima todos diciendo eso...

- Vale, ya lo pillo - dijo Sirius -. Bueno, ojalá Hagrid lo hubiese hecho antes y no habríamos tardado ni la mitad de tiempo en librarnos de los Dursley.

- Yo creo que ha valido la pena la espera - dijo Remus también con una sonrisa.

Hagrid miró su paraguas y se tiró de la barba.

—No debería enfadarme —dijo con pesar—, pero a lo mejor no ha funcionado. Quise convertirlo en un cerdo, pero supongo que ya se parece mucho a un cerdo y no había mucho por hacer.

- Buena esa, Hagrid - rio Charlie.

- Pues yo creo que tenía razón - dijo Harry -. Me refiero, ya estabais todos llamándole "cerdo" antes de leer esto. Por algo tiene que ser.

Hubo más risas al escuchar esto.

Miró de reojo a Harry, bajo sus cejas pobladas.

—Te agradecería que no le mencionaras esto a nadie de Hogwarts —dijo—. Yo... bien, no me está permitido hacer magia, hablando estrictamente. Conseguí permiso para hacer un poquito, para que te llegaran las cartas y todo eso... Era una de las razones por las que quería este trabajo...

- No era solo por eso, Harry, de verdad - empezó a explicarse Hagrid rápidamente, por miedo a que su amigo se ofendiese por que hubiese dicho eso -. Esa era solo una de ellas...

- Hagrid...

- Pero también quería verte, te lo aseguro...

- Hagrid...

- Porque hacía mucho que no te veía y quería ver cómo estabas y...

- ¡Hagrid! - tuvo que gritar por fin Harry para conseguir que dejase que enredarse él solo y le mirase a la cara -. No me importa. De verdad. Me da igual por qué quisieses el trabajo. Esto fue hace casi tres años. Ahora eres mi amigo y me importa bastante poco el pasado.

El grandullón sonrió aliviado. No quería que se enfadase porque no hubiese elegido bien sus razones para ir a conocerle.

- Además, aunque fuese así, le pusiste una cola de cerdo a mi primo - sonrió -. Eso compensaría cualquier cosa.

—¿Por qué no le está permitido hacer magia? —preguntó Harry.

—Bueno... yo fui también a Hogwarts y, si he de ser franco, me expulsaron.

- Y nunca hemos podido averiguar por qué - suspiró Sirius cruzándose de brazos. El trío intercambió miradas divertidas.

En el tercer año. Me rompieron la varita en dos. Pero Dumbledore dejó que me quedara como guardabosques. Es un gran hombre.

—¿Por qué lo expulsaron?

- Nunca lo dice. Solo cambia de tema - respondió Remus.

- Estuvimos preguntándole los siete años que estuvimos en Hogwarts, durante los momentos más inesperados para ver si nos lo contaba, pero era imposible. Y tampoco conseguimos averiguarlo por ningún otro sitio - dijo Sirius -. Así que no creo que lo averigües nunca, Harry. Y tampoco creo que esté en esos libros.

El trío había estado intentando por todos los medios mantener una cara seria para no revelar nada, pero esto ya fue demasiado. Se echaron a reír los tres a la vez sobresaltando a todos los de su alrededor.

- ¿Y ahora de qué se ríen? - preguntó Bill confundido -. Yo no le veo la gracia a este tema. ¡Si nadie sabe de qué va!

Y entonces todos cayeron en la cuenta, cuando los tres no hicieron más que reír con más fuerza al oír esto.

- ¿No me digáis que lo habéis descubierto? - preguntó Sirius enderezándose asombrado.

- ¿Te extraña, Sirius? - dijo Remus, pero él también estaba impresionado.

- Decídnoslo. Porfa - pidieron los gemelos. Ellos también habían querido averiguarlo, pero les había sido imposible.

- ¿Cómo lo descubristeis? - preguntó Sirius con los ojos como platos.

- Lo descubrió Harry - dijo Hermione y todos pusieron los ojos en blanco divertidos. Por supuesto que lo había descubierto él, si cada vez que había algún secreto cerca no permanecía secreto mucho tiempo -, pero no os vamos a decir cuál es la respuesta ni cómo la descubrió.

- Os vais a tener que esperar - cortó las protestas Harry -. Lleváis sin saberlo años. ¿Qué más os da esperar un par de días más?

- Por lo menos decidnos en cuál de los dos libros está - pidió Sirius.

Se miraron entre los tres, como discutiendo si decírselo o no, antes de mirar otra vez a Sirius.

- Nah, os esperáis - dijeron los tres a la vez antes de echarse a reír de nuevo.

- Ya veremos si os reís tanto cuando lleguemos a los libros del futuro - gruñó Sirius.

—Se está haciendo tarde y tenemos muchas cosas que hacer mañana —dijo Hagrid en voz alta—. Tenemos que ir a la ciudad y conseguirte los libros y todo lo demás.

- Así que te llevó Hagrid al Callejón Diagón por primera vez, ¿no? - preguntó Remus y Harry asintió.

Remus sonrió triste mientras Hagrid seguía leyendo. A James y a Lily les habría encantado estar con él esa primera vez. James estaba planeando incluso despistar a la pelirroja en algún momento para llevarle a la tienda de artículos de quidditch y comprarle su primera escoba de verdad.

Sin embargo, luego habían tenido que ir a esconderse y había sido Sirius el que le había comprado su primera escoba por su primer cumpleaños porque James no podía salir de la casa. Harry había estado encantado con su escoba de juguete, volando a dos palmos del suelo por toda la casa chocando con todo y volviendo locos a sus padres.

Sonrió pensando que a lo mejor a Harry le seguía gustando volar. Y si encima estaba ya en el equipo de quidditch... James habría explotado de orgullo si eso fuese cierto.

Se quitó su grueso abrigo negro y se lo entregó a Harry.

—Puedes taparte con esto —dijo—. No te preocupes si algo se agita. Creo que todavía tengo lirones en un bolsillo.

- ¿Lirones? - preguntó Ron mientras Hagrid cerraba el libro -. ¿Tienes lirones en uno de esos bolsillos?

Ya estaba prometiéndose a sí mismo que nunca metería la mano en ninguno de esos bolsillos.

- Creo que sí que tenía - se encogió de hombros Hagrid -. Eh... Este capítulo ya está terminado.

- Muy bien. Podemos leer otro y tomarnos después un descanso - propuso el director.

Todos asintieron encantados. Les gustaba el libro, pero ya habían perdido la cuenta del tiempo que llevaban ahí sentados leyendo. Estarían encantados de levantarse y estirar las piernas un rato.

- ¿Puedo leer este capítulo? - pidió la señora Weasley.

- Por supuesto, Molly, querida - respondió Dumbledore agitando la varita para hacer aparecer el libro en el regazo de la pelirroja.

Ya está todo el capítulo. Cada vez son más largos así que estoy tardando un poco más en escribirlos. Además me voy a ir de viaje mañana, así que no voy a poder subir ningún capítulo en algunos días. ¡Nos vemos a la vuelta!