Hola chicas :)
Lyzz: me alegra que te emociones. Ya queda menos para que veas cumplido tu deseo sobre los celos ;)
Aquarius7: sí, sí, soy mala poniendo a Robin jeje. Aunque en realidad no, porque eso está dentro de la novela de Jane Austen, yo solo lo he adaptado a nuestra situación, así que la verdadera malvada es Jane Austen, me libro de las culpas jaja ;) . No soy médica todavía, estudiante. Los números y yo tenemos una bonita relación a distancia, mucha distancia a ser posible xD
Leylay: gracias! me alegra mucho que te guste la historia y te tenga intrigada :
Y allá va el nuevo capi, espero que os guste.
CAPÍTULO 11
El océano, profundo y desconocido, inconmensurable, incontenible. El salobre viento agitaba sus cabellos y azotaba su rostro mientras contemplaba la inmensidad del horizonte azul desde el rompeolas. Escuchaba la risa de Henry de fondo, sabiendo que estaba jugando en la playa y aquello le daría unos minutos de soledad para superar que estaba viendo por primera vez el mar.
Y había soñado muchas veces con contemplarlo, pero no de aquella manera. La primera vez que viera el mar, Emma iba a estar abrazándola. Lo verían por primera vez juntas, aquel había sido el plan, hasta que sus camino se separaron para no volver jamás a lo que un día fueron.
Flashback
Regina se apresuró a recoger las pertenencias de mayor importancia, seleccionando la ropa que sería de utilidad, el poco dinero que tenía ahorrado, algunos zapatos. Iba a marcharse con Emma y sería libre, aquel pensamiento era el único que la salvaba de caer en un abismo de miedo y nerviosismo que esperaba a que bajara la guardia para atacarla.
- ¿Acaso hemos planeado algún viaje?
Regina se congeló al instante, reconociendo la voz de su madre. Cerró los ojos suplicando porque fuera una alucinación debida a los nervios.
- Regina, ¿no me has escuchado?
- Madre, yo…
- No me hagas perder el tiempo con tus pobres excusas. Sé que planeas escaparte con la huérfana. De verdad, Regina, me has decepcionado. Hace tiempo que sabía de lo tuyo con esa muerta de hambre, sin embargo lo permití creyendo que no sería más que un tonto pasatiempo. Ahora me arrepiento, claro, de haber pensado que tendrías un mínimo de sentido común.
- Madre, yo la amo. Por favor…
- No me hagas reír. El amor es una debilidad, creí que a estas alturas ya lo habrías comprendido.
- No, se equivoca. No es una debilidad. Amar a Emma me ha hecho más fuerte, más valiente. Y no me importa lo que diga, voy a marcharme con ella y seremos felices.
- Pensaba que eras más inteligente, Regina. ¿Qué harán dos mujeres solas en el mundo?
- Trabajaremos, Emma tiene grandes planes.
- Sé razonable, querida, sabes lo que pasarás si te marchas de casa. No tardaré ni siquiera unas horas en dar parte a las autoridades y os perseguirán. Os encontrarán, por supuesto, porque no lo aceptaría de otra manera, le diré al juez que Emma te secuestró para pedirme un rescate y la colgarán.
- ¡No!
- Morirá en la horca como la criminal que es, o seguramente será, y tú estarás allí para presenciarlo.
- Madre, no. – Las lágrimas caían por sus mejillas – Se lo suplico, déjenos ir.
- ¿Y qué lograrás, entonces? No sabes hacer nada, no has trabajado en tu vida, solo serás una carga para la huérfana. Manteniéndote no podrá cumplir ninguno de sus planes, ni encontrará a sus padres y se verá obligada a las más viles tareas para alimentarte.
Regina ya no tenía palabras de protesta, su madre tenía razón, ella solo sería una carga para Emma. Todo lo que podría acarrearle er dolor y muerte. Los sollozos se escapaban rompiendo su garganta a medida que su corazón comprendía lo que aquello significaba.
- Oh, mi pequeña Regina, todavía puedes hacer lo correcto. Ve donde quiera que te hubieras citado con esa zarrapastrosa y dile que no deseas volver a verla. Déjala ir, será por su bien.
Tardó un par de horas en que las incontrolables lágrimas fueran domadas y consintieran en permanecer tras sus oscuras pupilas. El camino a la diligencia nunca le había parecido tan corto, pues sabía que llegar sería la despedida. Emma la estaba esperando, sonriendo.
- Regina, te dije que cogieras poca cosa, pero podías coger una maleta.
- Emma…
- No importa, yo tengo ropa para las dos.
- Emma…
- Pongámonos en marcha, antes de que tu madre nos descubra.
- Emma, ella ya lo sabe. Me ha visto recogiendo las cosas y ha hablado conmigo.
- ¿Te has escapado o acaso te ha dejado marchar?- Le rompía el alma ver la incertidumbre y la esperanza en el rostro de Emma, pero era lo correcto, tenía que serlo.
- Ninguna de esas cosas. Me ha abierto los ojos. Emma, no voy a irme contigo.
Una risa seca abandonó los labios de Emma, mientras lanzaba su maleta al suelo. Regina se esforzaba por no perder la compostura. Emma tenía que marcharse o su madre acabaría con ella. Tenía que marcharse, era lo único que importaba.
- O sea, que la eliges a ella, ¿no? Eliges a tu madre, eliges la riqueza por encima de mí. Pensé que eras distinta, pensaba que me amabas de verdad. ¿Y nuestras promesas? ¿Tan solo fueron un juego para ti? ¿Tan solo querías a alguien que te calentara por un tiempo y yo fui la elegida?
- No, Emma…
- Ahórrate tus mentiras, Regina. No hay nada que puedas decirme que te justifique. Seguro que tu madre y tú os habéis reído mucho de mí, hablando de lo divertido que sería romper el corazón de la huérfana Swan, ¿y a quién le iba a importar lo que yo sintiera?
- Por favor, Emma, no yo…
- Tú eres igual que el resto del mundo. Eres igual que tu madre. Adiós, Regina.
Emma se montó en la diligencia con una agilidad impulsada por la rabia, aprestando a los caballos para que emprendieran el camino. Los dos frisones negros no tardaron en responder a los latigazos del cochero, alejando a Emma de ella. Llevándosela lejos. Regina se dio cuenta de que se marchaba, probablemente para siempre y se iría pensando que nada había sido real, que no la amaba.
- No, Emma. Emma ¡no! ¡No te vayas!
Gritó con todas sus fuerzas, corrió tras el coche de caballos, arrepintiéndose, en el mismo instante en el que comprendió que no volvería, de haberla dejado marchar.
- No, Emma…
Cayó de rodillas, rendida a la evidencia que no la alcanzaría, de que ella no se detendría a dejar que se explicara. Las lágrimas distorsionaron su visión.
- Emma.
Miró su mano adornada con el sencillo anillo dorado, lo único que le quedaba de ella y rezó por haber hecho lo correcto, porque de no creerlo, enloquecería por la pena.
Fin del Flashback.
De manera inconsciente, su mano había ido al pequeño anillo dorado que llevaba al cuello y con el que solía jugar cuando necesitaba pensar.
Había hecho lo correcto, ahora lo sabía. Emma había encontrado a sus padres, se había convertido en una rica heredera y Regina tenía a Henry. Si se hubiera marchado con Emma no hubiera habido nadie para cuidar del pequeño a la muerte de sus padres y habría acabado en algún orfanato.
Se permitió una pequeña sonrisa al recordar algunos de los momentos que había compartido con Henry desde que lo adoptó. Al menos, algo había merecido la pena.
- Un penique por tus pensamientos. – Dijo una voz a su espalda y Regina se apresuró a ocultar el anillo bajo su vestido antes de que Emma lo viera.
- Pensaba en Henry.
- Lo supuse por tu sonrisa. Aunque es una sonrisa triste.
- También pensaba en lo orgullosos que Philip y Aurora estarían del muchacho en el que se ha convertido.
- Sí, lo estarían. Es un gran chico. Y creo… creo que también estarían orgullosos de ti por criarlo. – Regina la miró extrañada, pero sin poder ocultar una sonrisa de agradecimiento.
- Gracias. No siempre sé si hago lo correcto. No he podido darle una vida demasiado normal, ni una gran familia al no desposarme y ha tenido que vivir bajo el mismo techo que Cora, lo que puede ser duro, pero siempre me he esforzado porque fuera feliz.
- Lo has hecho bien, Regina. Y estoy segura de que Aurora y Philip te dirían lo mismo.
Podía sentir las lágrimas ardiendo en sus ojos, sería tan fácil dejarlas escapar y, al mismo tiempo, tan duro permitir que Emma volviera a verla llorar.
- Señoritas.
- Señor Locksley. – Saludó Emma sin demasiada alegría.
- Hemos preguntado en la posada y, al parecer, no hay suficientes habitaciones. Hemos convenido en compartir algunas, si no le importa. Las parejas casada tendrán la suya propia, pero los caballeros compartiremos una y ustedes dormirán juntas con Henry. ¿Les parece bien?
Regina miró a Emma sin saber qué responder. Aunque ella ni siquiera pareció dudar.
- Por supuesto.
Ay, veis personas de poca fe, todas diciendo que Regina se lo tenía merecido por dejarse persuadir por su madre, pero en el fondo no fue tanta la persuasión, ¿no? Bueno, puede que mi amor incondicional hacia Regina haya hecho que fuera poco objetiva, pero qué le vamos a hacer.
En el próximo capi: Regina y Emma comparten habitación, ¿tengo que decir más? Se va a liar...
Gracias por leer :)
