Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.

La historia es una adaptación del libro Drácula de Bram Stoker.

ADVERTENCIAS: Contiene OoC.


Ahora si se me cae la cara de vergüenza por la gran demora en actualizar, pero en fin, aquí dejo el nuevo capítulo. (Ojalá la sigan leyendo T.T)

MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS: Rukia inlove, ALEXZHA,HOTARU SATURN BLACK, Kureimy.


EL PRÍNCIPE DE LA NOCHE

Capítulo XI.- Entre la vida y la muerte.

02 de septiembre. Naruki.

Esa mañana Unohana entró a la habitación en la que se encontraba Ichigo llevando una bandeja con el desayuno. Como siempre vio a Rukia sentada en silla junto a la cama, con medio cuerpo recostado en el colchón y sujetando la mano de Ichigo.

Pensó que de seguir así pronto tendría a dos enfermos en lugar de uno, pero sonrió ante la tierna imagen que tenía enfrente.

Dejó la bandeja sobre una mesa y se acercó a Rukia, le daba pena despertarla pues estaba segura que había pasado la noche en vela, desde su cuarto había podido escuchar los gritos de terror del chico producto de sus delirios por la fiebre.

—Rukia. —la llamó suavemente mientras le tocaba el brazo. —Rukia. —volvió a llamarla.

—Umm. —Rukia abrió los ojos con pesadez, parpadeó un poco para acostumbrarse a la luz.

—Te traje algo para que comas. —le señaló Unohana mientras ella se erguía y se estiraba un poco.

—Gracias, pero no tengo hambre. —se disculpó Rukia, ya despejada. La preocupación y angustia que sentía por Ichigo no la dejaban tener hambre.

—Debes de comer al menos que quieras preocupar a Ichigo cuando te vea demacrada y débil. — le dijo la dueña de la casa.

Rukia comprendió los argumentos de Unohana, así que acercó la silla a la mesa y comenzó a desayunar. Lo menos que quería era darle más problemas a ella y a Ichigo.

Media hora después Ichigo se despertó y Rukia lo ayudó a desayunar. Ella comenzó a contarle sobre su estancia con Orihime, aunque evitó decirle cosas tristes como la muerte del capitán o la del anciano del cementerio. Sin embargo ella notó a Ichigo muy pensativo, apenas e intervenía en la conversación.

Él la observaba embelesado, pues además de ser hermosa, le había demostrado el gran ser humano que era. Ella lo cuidaba con amor y comprendía sus delirios.

En el tiempo que estuvo lejos de ella y cuando pensó que moriría sin verla otra vez, se dio cuenta que Rukia era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida.

—¿Qué tienes? —preguntó ella preocupada, interrumpiendo sus pensamientos.

—Es que todo esto que ha pasado me ha servido para reflexionar. —le comentó con seriedad. Ella lo escuchaba atentamente. —Reafirmé que eres el amor de mi vida Rukia, y quiero estar toda la vida contigo. —él tomó la mano de Rukia y la acercó a su boca para besarla. —Cásate conmigo. —le pidió viéndola a los ojos. —casémonos hoy. —le volvió a pedir.

Rukia no podía creer lo que escuchaba, pero estaba muy feliz.

—Sé que no será la boda que mereces, pero…

Rukia lo calló con un beso.

—Sí, Ichigo Kurosaki. —le dijo ella cuando se separaron. —Acepto casarme contigo.

Ichigo sonrió.

Unohana se puso feliz por la noticia y se encargó de preparar todo para que esa tarde el sacerdote del pueblo fuera a casarlos.

No fue una boda grande y lujosa, pero fue muy emotiva. Y Rukia e Ichigo no necesitaron nada más para unir sus vidas y demostrarse un amor incondicional.

Y aunque la salud de Ichigo no permitió la consumación del matrimonio, esa noche Ichigo durmió tranquilamente junto a su esposa.

03 de septiembre. Karakura.

En el aeropuerto de Karakura Isshin recibió a Urahara, un hombre alto, de cabello corto rubio con un mechón en medio de la cara y de ojos grisáceos. Llevaba puesto un kimono verde con un abrigo del mismo tono, zapatos de madera y un sombrero a rayas blancas y verdes.

Después de una efusiva bienvenida se dirigieron al estacionamiento para abordar el carro del médico de cabello negro e ir a casa de Orihime.

En el trayecto conversaron amenamente.

—Así que te la pasas viajando por todo Hueco Mundo. —comentó Isshin mientras viraba hacia la izquierda.

Urahara rió.

—Todavía me faltan muchos lugares por visitar. —señaló el rubio. —pero mi meta es recorrerlos todo hasta encontrarlo. —su semblante cambió a uno serio y sus ojos reflejaron tristeza. —Aunque tengo que combinar mi meta personal con mi trabajo en el hospital.

—¿A quién buscas? —preguntó Isshin viéndolo momentáneamente. Desde que lo conoció hacía ya quince años, cuando él le salvó la vida, su amigo ya decía buscar a alguien pero cuando él le preguntaba sobre ello Urahara sólo le respondía que era mejor que no lo supiera, por su bien físico y mental.

—A un viejo conocido. —comentó Urahara.

Isshin no quiso ahondar más, conocía parte de su pasado y no deseaba abrir más la herida si las cosas estuvieran relacionadas.

Estacionaron el coche frente a una casa de dos pisos color azul. Ahí fueron recibidos por Orihime y su madre.

Comenzaron hablando de temas diversos y cuando doña Emiko se ausentó para pedir que sirvieran la comida, Isshin aprovechó para contarle a Orihime que Urahara era médico y que, por sugerencia de Uryu, le había pedido que le realizara un chequeo médico.

Orihime no lo creyó necesario pues ese día se sentí bien, sin embargo aceptó por tratarse de un deseo de su futuro esposo.

Después de la comida Urahara le hizo un meticuloso examen.

—¿Ha encontrado algo grave en mí? —preguntó Orihime sentada en el sillón de la biblioteca, donde Urahara la examinó en privado para no preocupar a doña Emiko. No le había pasado desapercibido el cambio de semblante del médico.

—No. —respondió Kisuke sonriendo. —Sólo que concuerdo con Isshin, tiene anemia.

—Pero he estado comiendo bien y me he tomado los medicamentos. —Comentó la chica preocupada.

—No se preocupe, es normal que algunos organismos tarden más en asimilar los medicamentos. —la tranquilizó el rubio.

Después Isshin y Urahara se despidieron y fueron a comer, pues en dos horas salía el avión que regresaría a Urahara a Hueco Mundo.

Urahara le comento a su amigo que era algo grave lo que tenía Orihime. También le prometió volver en cuanto dejara arregladas algunas cosas en su trabajo.

IOIOIOIOIOIOIOIO

Por la noche cuando Isshin llegó al hospital, en Inuzuri, se encontró con la noticia de que Renji al mediodía volvió a sufrir un ataque de ansiedad, pero logró ser sometido por los celadores y fue trasladado a la celda acolchonada. Lo que más le extrañó a Isshin fue que el episodio violento sólo hubiera durado alrededor de cinco minutos, después de eso había vuelto a un estado de calma.

Después de enterarse de todo Isshin no dudó en ir a ver a su paciente junto con el enfermero de guardia, un hombre delgado y de cabello blanco.

Al entrar a la habitación encontraron a Renji sentado en un rincón con la mirada perdida en la pared.

—Esta así desde la tarde. —informó Chojiro.

Isshin se acercó a Renji con cuidado y sin dejar de estar atento a cualquier movimiento del chico.

—Renji. —le llamó. —¿Cómo estás?

Pero el chico no reaccionó, seguía viendo fijamente la pared.

—Hay que mantenerlo en observación por si presenta un cambio de conducta. —le indicó el médico al enfermero. —No olvides mantenerme informado.

Sasakibe asintió y los dos salieron de la habitación.

04 de septiembre

La oficina de Isshin se encontraba un poco desordenada, los libros que anteriormente estaban muy bien acomodados en el librero junto a la ventana del lado oeste, ahora estaban regados en el escritorio, otros en los sillones y otros apilados en un rincón del librero.

El médico se la había pasado leyendo todo lo concerniente al trastorno bipolar, quería entender que ocurría en la mente de Renji, pero había cosas que no encajaban, como él que su euforia sólo durara un cierto tiempo, también lo de su incipiente manía religiosa.

Isshin dejó el libro grueso, que leía, sobre la mesa, se quitó los anteojos negros y los dejó sobre el libro. Después se masajeó el puente de la nariz.

Ya estaba cansado, así que decidió dejar su lectura por ese día, pero antes de ir a su habitación visitaría al paciente que últimamente acaparaba toda su atención.

Isshin entró en la habitación pidiéndole al guardia que se quedara afuera, este aunque no estaba de acuerdo tuvo que obedecer.

Renji se encontraba feliz parado debajo de una pequeña ventana que permanecía cerrada, sin embargo tenía una pequeña hendidura entre el marco y el concreto que permitía que entrara la luz y las moscas. Al sentir al médico, se dio la vuelta para verlo. Le sonrió mostrando sus blancos dientes. Isshin se extrañó al ver que entre sus dedos índice y pulgar, de la mano derecha, llevaba agarrada una mosca, pues desde hacía varios días él había dejado esas manias.

Renji se llevó la mosca a la boca, la tragó con gusto y luego se acercó a Isshin.

—Doctor disculpe mi mal comportamiento de estos días. —le dijo de forma amable. —No sé qué es lo que me pasó, pero no lo volveré a ser, así que le pido que por favor me lleve de nuevo a mi habitación y me devuelva mi libreta. —su tono de voz demostraba sumisión.

—Está bien. —respondió Isshin, quien creyó que lo mejor era seguirle la corriente. —serás trasladado a tu habitación, pero dime ¿Por qué de nuevo empiezas a atrapar moscas? —le preguntó intrigado.

Entonces Renji cambio de semblante, su rostro reflejó tristeza y dejó caer los hombros.

—¡Me ha dejado!, ahora ya no tengo otra esperanza que lo que yo mismo pueda hacer por mí. —respondió abatido.

Isshin seguía sin entender sus pensamientos, pero se quedó más tranquilo de que su paciente estuviera superando esas crisis.

Renji ya estaba en su habitación sentado en la cama cuando el sol comenzaba a ocultarse. De pronto tuvo la necesidad de acercarse a la ventana, y así lo hizo, se aferró a los barrotes y miró al cielo.

Sus ojos se abrieron por la sorpresa y la emoción de ver una figura conocida y respetada para él.

Isshin estaba contemplando el atardecer desde una habitación del hospital cuando escuchó gritar desesperado a Renji, corrió hacía la celda número seis.

Cuando entró Renji estaba aferrado de los barrotes gritando e intentando romperlos, pero conforme el sol se hundía en el horizonte el chico iba perdiendo fuerzas, hasta que los soltó y cayó al suelo.

Los guardias intentaron someterlo pero el médico se los impidió ya que quería ver la reacción de su paciente.

A los pocos minutos Renji se levantó completamente sereno y enseguida sacó una caja de zapatos debajo de la cama y soltó a las moscas que ya tenía guardadas.

Isshin de nuevo quedó desconcertado ante su conducta.

—Renji ¿ya no vas a cazar moscas? —le preguntó acercándose a él con cautela.

—No. —Renji lo volteó a ver. —¡Ya estoy harto de esas tonterías! —exclamó sin exaltarse.

Isshin salió de la habitación pensativo, ¿Seria acaso que el sol tuviera influjo en el comportamiento del paciente?

05 de septiembre

Isshin visitó a Orihime en su casa, se alegró al encontrarla muy repuesta, alegre, con buen apetito y color en sus mejillas y labios. Ella le había comentado que había dormido bien la noche anterior y se sentía con energías.

Esa tarde le habló a Uryu para comentarle de la mejoría del estado de salud de su novia, eso le reconfortó un poco, pues su padre aún seguía muy delicado.

Después Isshin recibió la llamada de Rukia, quien le comentó que Ichigo se recuperaba poco a poco, y que habría que ser pacientes con él pues seguía atormentado con algo, que no recordaba o no quería recordar. Isshin saltó de alegría cuando ella le comentó que se habían casado en Naruki.

En la madrugada. Karakura.

La casa de la familia Inoue estaba a oscuras, pues ya eran casi la una de la mañana. Las dos muchachas del servicio dormían en un cuarto al final del pasillo de la planta baja.

Doña Emiko dormía profundamente en la habitación principal, en la tarde se había sentido mal y tomó unos calmantes.

Orihime dormía plácidamente en su cama de suaves sábanas rosas. Su respiración era tranquila, su pecho se elevaba y bajaba con normalidad. Toda la tarde se había sentido bien y estuvo muy alegre ya que pudo hablar con su novio un rato.

Sin embargo algo le inquietaba, pues ella amaba profundamente a Uryu, pero a veces una imagen borrosa aparecía en sus pensamientos, un hombre al que no le veía el rostro, pero escuchaba su voz profunda susurrar su nombre, y ella sentía ese deseo de ir a su encuentro.

Ella trataba de no darle importancia al asunto, se lo atribuía a los nervios por lo cercana que estaba la fecha de su boda.

Aún en sueños ella pudo escuchar un fuerte aleteó afuera de su ventana, últimamente los escuchaba mucho. Lentamente abrió los ojos, de pronto los aleteos cesaron y ella cayó en un estado inconsciente.

—Ven. —escuchó una voz llamándola, y ella no pudo contra el deseo que sentía de obedecerla. Era algo más fuerte que ella.

Se destapó y se sentó en la cama, su largo cabello naranja cayó a su espalda. Lentamente se puso de pie y caminó descalza hacia la ventana, que permanecía cerrada, corrió la cortina de encaje rosa y abrió la ventana de par en par.

Pese a que corría un poco de aire y ella sólo llevaba un ligero camisón, no sintió frío.

Parado frente a ella se encontraba Byakuya, con su porte distinguido y su rostro sereno. Él le extendió la mano y ella la aceptó.

Byakuya la acercó más a él, la tomó de la cintura con una mano y con la otra se encargó de inclinar un poco la cabeza de ella y apartar el cabello naranja de su cuello, después pasó su mano detrás del cuello de la chica para sostenerle la cabeza.

Orihime no se movió ni un centímetro, parecía disfrutar de aquel tacto suave pero frío y de aquel aroma masculino.

Después Byakuya inclinó su cabeza hacia ella y pasó lentamente su lengua sobre los orificios rojos, que anteriormente le había hecho y que ahora estaban un poco más grandes y rasgados.

Orihime cerró los ojos ante el contacto de él. Después el conde clavó sus filosos colmillos en un solo movimiento.

—¡Ah! —gimió Orihime, mientras sentía como un líquido tibio recorría su cuello.

Byakuya succionó aquel vital líquido que le renovaba fuerzas.

06 de septiembre.

Isshin fue a visitar de nuevo a Orihime, esperaba de nuevo encontrarla con buen semblante, sin embargo la encontró sentada en un sillón del jardín, muy pálida y ojerosa, sus labios antes rosados ahora eran blanquecinos y resecos.

No tiene fuerzas para levantarse y manifestaba un dolor fuerte en la garganta.

Isshin no entendía como su estado de salud podía cambiar tanto de un día para otro. Aunque quería no podía ayudar mucho, ya que él era doctor en psiquiatría.

Cuando se despidió de doña Emiko, en la puerta, esta le dijo que estaba muy preocupada por la salud de su hija, que quería que un médico la viera, así que Isshin le comentó que Urahara era un brillante médico y que él la podría atender.

Ahora podrían atender a Orihime sin alarmar a doña Emiko.

Esa misma mañana Isshin llamó a Urahara para ponerlo al tanto de la situación de Orihime.

07 de septiembre

Esa calurosa mañana Urahara llegó muy temprano, en el primer vuelo de Hueco Mundo a Karakura. Aun le faltaban muchas cosas por hacer en Hueco Mundo, pero no podía negarse a la urgente petición de su amigo de revisar a Orihime.

Él e Isshin caminaban por el aeropuerto, el rubio cargaba solamente una pequeña maleta negra.

Aunque era temprano el aeropuerto estaba lleno, tenían que caminar con cuidado para no chocar con las personas. A ninguno le fue indiferente las miradas y sonrisas de algunas mujeres para con ellos, pues todavía seguían teniendo buena presencia, pero ninguno comentó nada al respecto.

Ninguno de los dos tenía interés por otra mujer.

—Discúlpame que te cause tantos problemas. —comentó Isshin mientras bajaban las escaleras eléctricas.

—¡Oh mi querido amigo! —exclamó el rubio. —Por ti haría cualquier cosa, sabes que te estoy en deuda. Aunque también este caso mi interesa mucho, quizá me dé una pista para encontrar lo que ando buscando.

—Pues no entiendo en que forma te pude ayudar, pero espero que sea como dices. —le comentó Isshin.

Después salieron del aeropuerto y subieron al coche del hombre de cabello negro.

Más tarde llegaron a casa de Orihime, fueron recibidos por su madre, quien les comentó que su hija no se sentía bien y que estaba dormida en su cuarto, pero que podían pasar a verla.

Urahara le pidió a la señora no estar presente durante el reconocimiento de su hija, ella aceptó. Así que una muchacha de servicio llevó a los Doctores al cuarto de Orihime.

Al entrar los dos hombres se horrorizaron ante la escena que tenían enfrente. Urahara depositó en un sillón la maleta que cargaba, la que contenía su instrumental, y se acercó a la cama junto con Isshin.

Orihime estaba en camisón sobre la cama, tapada con una sábana rosa, estaba más pálida que los días anteriores, sus labios y encías estaban blancos, estaba delgada, los huesos de la cara le sobresalían. Orihime no tenía fuerzas ni para abrir los ojos ni para hablar.

Al escucharla respirar con dificultad, Urahara arrugó el ceño. Guardaron silencio por un momento, permitiéndoles escuchar el timbre de la puerta.

El rubio jaló a Isshin del brazo y lo arrastró a un lugar alejado de la habitación para que ella no pudiera escuchar.

—Esto es terrible. —comentó Urahara angustiado. —No hay tiempo que perder, si a esta niña no le practicamos una transfusión de sangre puede morir.

—Entonces debemos llevarla al hospital. —dijo Isshin igual de contrariado.

—No hay tiempo, además tendríamos que contestar muchas preguntas que no tienen explicación lógica. —comento Urahara caminando hacia su maleta. —Afortunadamente traigo todo lo necesario para realizar la transfusión aquí mismo. —dijo abriendo la maleta y sacando el instrumental médico.

—Está bien, yo donaré la sangre. —dijo Isshin.

En ese momento la puerta del cuarto se abrió y por ella entró un muchacho alto, blanco de cabello azulado y con anteojos.

—Uryu. —dijo con sorpresa Isshin.

—Mi padre está mejor y quise venir a ver a Orihime. —dijo volteando a verla. Al darse cuenta de su estado corrió hacia ella. —¿Pero que le ha pasado? —preguntó asustado.

—Ella se encuentra muy mal. —informó Urahara que ya había rodeado la cama y estaba tratando de localizar una vena en el brazo de la chica. —pero no te pongas así, todavía podemos hacer algo por ella. —agregó al ver que Uryu había palidecido.

—Dígame que tengo que hacer y lo haré. —dijo Uryu. —cualquier cosa por ayudarla.

—Tenemos que hacerle una transfusión. —comentó Urahara.

—En ese caso tomé hasta mi última gota de sangre. —Isshin, quien ya estaba junto al muchacho, vio su seriedad y determinación, pero también vio como los labios de Urahara se curvaban en una sonrisa.

—Tampoco seas tan drástico muchacho. —rió. —no necesito dejarte sin sangre. —Uryu asintió un poco avergonzado. —Si quieres hablar con ella este es el momento. —agregó sosteniendo una jeringa entre sus manos. —le pondré un sedante. —dijo aplicándole la inyección.

El chico de gafas se acercó a su novia y le acarició la mejilla. Mientras tanto Urahara e Isshin fueron por una mesa para colocar las cosas y una silla para que se sentara Uryu.

—Orihime, resiste, te pondrpas bien. —le dijo él.

Al escuchar su voz ella abrió lentamente los ojos, no podía hablar pero le regaló una muy pequeña sonrisa. Él tomó su mano y besó sus labios, fue un beso corto y casto.

Ella apretó su mano con dificultad, hasta que el sedante hizo efecto y se quedó dormida.

Después Urahara procedió a realizar la transfusión de sangre.

El tiempo avanzó despacio para ellos, la sangre recorría aquella manguera de plástico que conectaba los brazos de la joven pareja. Paulatinamente la chica fue recobrando el color en las mejillas, pero Isshin se preocupó al ver palidecer a Uryu.

—Ya es suficiente. —informó Urahara cuando lo creyó pertinente, interrumpiendo así el flujo del líquido rojo.

Después de retirar las agujas de los brazos de los chicos, él le pidió a Uryu que se retirara para que descansara. Isshin lo llevó a la salida.

Mientras Urahara le acomodó la cabeza a Orihime en la almohada y pudo ver las dos perforaciones que tenía sobre la yugular, no tenían buen aspecto, tenían los bordes blancos y destrozados.

Cuando Isshin regresó, el rubio le enseñó las perforaciones.

—No se las había visto. —comentó Isshin. —no sé lo que pueda ser.

—Me temo mi querido amigo. —comentó Urahra mirando a la chica, con una mano sosteniendo su barbilla y otra sobre su hombro. —que esto es mucho más grave de lo que creí. —su voz era demasiado solemne para él, por lo que Isshin supo que si era algo de vida o muerte. —Necesito regresar a Hueco Mundo por unas cosas y a dejar a alguien al cuidado de mis pacientes, pero tú tienes que quedarte a vigilar a la chica toda la noche, por ningún motivo la dejes sola. —pidió el hombre rubio. —cuando regrese entonces si seremos capaces de empezar.

—¿Empezar qué? —preguntó Isshin.

—¡Ya lo veras! —contestó Urahara caminando hacia la puerta.

Definitivamente esto no sería nada bueno, sólo esperaba que Isshin y el mismo Uryu tuvieran la mente abierta para aceptar todo lo que estaba a punto de pasar.

09 de septiembre

En estos días Orihime había mejorado mucho, aunque seguía sin poder levantarse de la cama. Sus mejillas y labios habían vuelto a tener ese color sonrosado.

Isshin se había quedado con ella cuidándola por la noche, ya que Uryu de nuevo tuvo que partir con urgencia a ver a su padre, pero todos los días llamaba para ver cómo se encontraba su novia.

Urahara aún no regresaba de Hueco Mundo, pero también estaba al pendiente de la paciente.

Esta noche Isshin se encontraba sentado en una silla junto a la cama de Orihime, pero ya se le podía notar el cansancio que tenía.

—Señor Isshin está usted muy cansado. —comentó ella. —yo ya me siento mejor, debería de ir a descansar un poco.

—No puedo hacerlo, Urahara me pidió que no me separara de usted. —Aunque en realidad él ya no le veía el caso de estar ahí pues ella ya estaba bien.

Orihime siguió insistiendo hasta que logró convencerlo de dormir en la habitación contigua, Isshin aceptó con la condición de dejar las puertas abiertas para escucharla en caso de que ella necesitara algo.

Así que después de cenar, Isshin se recostó en el sillón cercano a la puerta de su habitación y se quedó dormido.

IOIOIOIOIOIOIOIO

Ya era un poco más de media noche y Orihime estaba leyendo un libro en su cama, como había dormido casi todo el día ahora no tenía sueño.

Unos ruidos provenientes de la ventana la distrajeron, eran aleteos.

—¿Qué será? —se preguntó e intentó levantarse, pero los ruidos ya habían cesado. —Seguramente era una lechuza. —dijo volviendo a la lectura.

Pero su vista comenzó a nublarse y sus ojos empezaron a cerrarse, cayendo en un profundo sueño, donde a lo lejos escuchaba una voz llamándola.

10 de septiembre

Cuando Urahara subió al segundo piso de la casa de Orihime encontró a Isshin dormido en un sillón de la otra habitación.

Se apuró a despertarlo moviéndolo por el brazo.

—¿Cómo esta ella? —le preguntó cuándo se puso de pie.

—Bien, ya tiene mejor semblante.

—Vayamos a verla. —pidió Urahara y ambos caminaron a la habitación de la chica.

Al entrar la habitación estaba oscura, pues las cortinas estaban corridas, Urahara se acercó a la cama e Isshin fue a descorrer las cortinas.

Cuando la luz del sol entró a la habitación.

—¡No es posible! —exclamó asustado Urahara. Isshin se giró preocupado y se acercó a la cama.

Ahora comprendía porque el estado de Urahara, él también estaba horrorizado de lo que veía.

Sobre la cama, yacía Orihime desmayada, espantosamente pálida, Isshin le tocó la frente y le temblaron las rodillas al sentir su piel fría.

Luego le puso la mano en su yugular para comprobar su pulso.

Volteó a ver a Urahara muy preocupado y asustado.


Saludos, espero les haya gustado el capítulo…