Acto 11: ¿Mata a la araña?
New York. (2015)
6:00 de la mañana.
Gwen camina por el campus, lleva una bolsa blanca con las compras para el desayuno de hoy. Sube hasta el tercer piso del sector B de la gigantesca institución Alas. Entra a su piso, deja su llave en un sombrero colgado al lado de la puerta, camina hacia la cocina, ahí encuentra a Smythy sentada, con un codo sobre la mesa, sosteniendo una bolsa de hielo contra su mandíbula y mejilla. Se le ve cansada y algo adolorida.
— ¿Qué te pasó? —preguntó Gwen, en extremo preocupada.
—Oh, ya sabes, se la estuve chupando a Quentin anoche. Tomó mucho tiempo hacerlo terminar, tiene una resistencia imposible —respondió casualmente, con los ojos entrecerrados.
—No necesitaba saber eso —dijo incómoda.
—Tú preguntaste —habló confundida, levantando una mano.
—Porque pensé que te habían golpeado o algo.
—Bueno, sí me golpeó con su…
— ¡Basta! —interrumpió con los ojos cerrados, extendiendo adelante las manos.
— ¿Estás lista para la graduación adelantada? Ni siquiera estoy sorprendida de que nos tomará sólo dos años, a pesar de todos los campos que tomamos.
—Creo que hay gente que se graduó más rápido, incluso de niños.
—Sí, sí, niños prodigio —dijo fastidiada— ¿Dónde están ahora? Ni me sé sus nombres.
—No seas mala.
— ¡No soy mala, soy honesta! —exclamó en voz alta. No es la primera vez que tienen ese intercambio.
Se bañan y se visten. Una vez listas, se dirigen a la ceremonia, donde sólo ellas dos serán felicitadas. Los padres de cada una posan a sus lados para la foto, Gwen sonríe junto con sus padres y su hermano, pero Smythy permanece con un rostro frio, incluso enojado, mientras que sus padres sonríen y lloran como si ellos mismos hubieran ganado. Gwen intenta convencerla de que sonría, pero no lo consigue, nadie lo consigue. La única forma en la que sonrió, fue posando sola, y junto con Gwen.
New York, martes 15 de agosto del 2017.
6:00 de la mañana.
Peter Parker lleva despierto varios minutos. Se dirige a la mansión de Cassandra sin perder tiempo, debe recoger la nueva telaraña que estuvo creando todo el domingo. Ese día regresó a las nueve de la noche, hora cuando ve una película con May, una familiar elegida al azar. Luego de eso regresó al laboratorio en secreto para continuar trabajando hasta las doce. No pudo usarlas contra Mysterio, probablemente no hubiera quedado prácticamente desnudo si hubiera podido llevarlas.
Además lleva trabajando en un nuevo traje, uno que sea más resistente, como un chaleco antibalas, pues los criminales no dejaran de equiparse mejor, y él ya está harto de quedar con el cuerpo hecho pedazos. Por otro lado necesita mejor seguro médico, no puede dejarlo todo a su sistema de recuperación, por más acelerado que sea, no será suficiente si cada día debe pelear contra alguien, arriesgándose a recaer. Ya le ha sucedido después de la explosión causada por Mysterio, hoy apenas puede caminar sin desmayarse por el dolor. El problema es que no puede confiar en nadie que trabaje para la ciudad, todos pensaran en entregarlo por la recompensa.
«Cyndy», es el primer nombre que viene a su mente, ella es la única persona en la que puede confiar, seguro, sus habilidades serán limitadas al no ser medicina su campo, pero su sistema de recuperación debería hacer el resto del trabajo. Por lo tanto, tras recoger sus nuevos juguetes y fingir que nada pasa en Oscorp, le pagará una visita.
En Brooklyn, el sol se ha alzado fuerte, pero su luz no parece golpear su rostro como suele hacerlo. Gwen Stacy abre los ojos, y lo primero que observa es a Smythy sobre ella, jugando con su cabello, mirándola de lado, con cariño. Lejos de sorprenderse, le pide gentilmente que se mueva y la deje levantarse.
—Pensé que dejarías de hacer eso —dijo tras levantarse, soñolienta—. Es algo tenebroso.
Se sienta y se toca la frente con pesadez. Smythy la abraza de lado y le acaricia la cabeza como si pudiera curarla del «mal del despertar», como ella le llama.
—No puedo evitarlo. Eres tan hermosa —dijo con voz tierna.
—Sí sabes que sonaste como si estuvieras hablándole a tu mascota, ¿verdad?
—No creo que seas una mascota, simplemente no puedo evitar tratarte así cuando veo esos ojitos azules. Sabes lo mucho que apreció la belleza, la cual es científica y no subjetiva, por supuesto, y tú eres uno de los mejores especímenes que hay en existencia, pero tú tienes la suerte de que nadie va a talarte para crear un puto centro comercial. Tu cuarto es perfecto, por cierto —dijo tras ponerse de pie—. Siempre fuiste muy ordenada. Me encanta el color blanco, representa bien el lienzo que es tu mente, siempre llena con ideas. Siempre fuiste mejor que yo en eso, en ser creativa.
— ¿De qué hablas? Tú eres la más brillante entre nosotras. Tal vez sí tenga más ideas, como dices, pero las tuyas son realmente valiosas. A mí se me ocurre cada tontería. No por nada fuiste la mejor en toda Alas. En cuanto a «alas» se refiere, tú eres una harpía.
—Prefiero ser un Tengu —replicó con una sonrisa arrogante—. Tienen mejores alas.
—En esto sí te equivocas —dijo calmada—. La mitología griega es mejor que el folclore japonés. Entiendo que tu herencia te haga decir eso, pero tienes que saber la verdad.
Smythy abre los ojos como platos y se muerde los labios, sonriendo. Suspira llena de júbilo, además de cariño por la autora de tales palabras.
—De vez en cuando puedes sorprenderme. —Se acerca a su amiga y la abraza por detrás, coloca sus brazos alrededor de su cuello casi en una llave de lucha libre, pero con extrema gentileza. —Dime, Gwen. ¿Me amas?
—Claro, eres mi mejor amiga.
— ¿A pesar de que no te llamé mucho en todo el tiempo que estuve fuera?
—Entiendo que estabas muy ocupada aprendiendo y esas cosas. Encuentro asombroso que hayas podido llamarme en lo absoluto —respondió con una sonrisa honesta.
—Yo te amo, Gwen —Le da un beso en la mejilla y se sienta frente a ella—. Nunca he tenido muchos amigos, puedo notar cosas de las personas fácilmente, y la mayoría de las personas o son una mierda, o son aburridas, así que tiendo a alejarme y no perder mi valioso tiempo tratando de entablar una superficial amistad. Y no es que tú seas muy interesante que digamos —dijo y soltó una risilla—, pero eres muy atrayente. Las personas fingen preocuparse por otras, pero tú eres muy real. Encuentro fascinante tu alto nivel de empatía, eres como un alíen para mí, que tengo un nivel muy bajo de ella. Es agradable estar contigo, intercambiar pensamientos. Gracias a ti fui capaz de conocer a Quentin, ya que me ayudaste a ser más social. Por supuesto no pudiste cambiar el problema de raíz, que soy básicamente una cretina, pero me ayudaste a ser mejor persona, sin ti siendo la voz de la razón, puede haber hecho muchas estupideces. Por eso te amo.
— ¿Por qué me dices esto ahora?
—No lo sé. Es el hecho de volvernos a ver, creo. Estoy emocional, y no te rías. Sé que esto es muy raro viniendo de mí, no necesitas señalarlo.
—No es un problema, ¿sabes? Creo que es lo que hace que te amé yo a ti. No eres una cretina… no del todo, al menos —bromeó y ambas rieron—. Eres honesta, y eso es una cualidad muy extraña. No temes decir lo que piensas, eso es algo que yo jamás podría hacer. Puedo ser más social y lo que tú quieras, pero tampoco tengo muchos amigos, y claramente he perdido mucho tiempo en relaciones superficiales, así que elegiría ser tú en cualquier instancia. Yo puedo llegar a ser muy emocional, tú por el otro lado eres muy lógica y siempre encuentras una solución. Así que, es divertido, pero de verdad creo que nos complementamos bien.
—Exacto. Estamos destinadas.
—Y aun así vas a casarte con alguien más.
—Nací normal, lamentablemente.
—No lo digas así, suena muy insultante —reclamó molesta—. No hay nada malo con no ser heterosexual.
—Soy honesta, Gwen. Y sí, no es que sea algo malo per se, pero eso no cambia que no es normal. Es ciencia, cariño.
—No quiero hablar de ello —dijo tapándose los odios.
—Nunca te gusta discutir temas como estos.
— ¡Es demasiada presión! —exclamó con una sonrisa nerviosa—. No me gusta.
—Está bien, ignorémoslo como siempre.
Abandonan el cuarto, pero antes de salir Gwen miró atrás buscando algo, cuando se le preguntó que era, ella dijo que un gato negro. Smythy, confundida, le comunicó que no había nada en la habitación, que no era posible que ella no se diera cuenta. Aun así, cerraron la puerta y buscaron, no había nada.
—Qué extraño. Juraría haber visto un gato.
Ambas abandonan el lugar con auras tensas, sin saber muy bien lo que pasaba, no creen en fantasmas, pero aun así sintieron algo, algo que no supieron entender. Deciden olvidarlo y toman desayuno juntas. Luego, se dirigen a Oscorp, Smythy insiste en conocer mejor a Peter. Una vez allí, lleva a Peter a un rincón y le hace preguntas que cada vez se van haciendo más complicadas y vergonzosas, y finalmente queda satisfecha. Gwen le llama la atención como si fuera su estudiante, y eso solo la hace reír. Después del interrogatorio, Smythy abandona Oscorp pues tiene «cosas que hacer».
Dos días después.
3:13 de la tarde.
—Necesito una nueva cámara —dijo Spidy, trepado en un edificio, a unos cinco pisos de la azotea. Está revisando su celular, buscando noticias de posibles crimines en los que pueda intervenir. Debe encontrar a Mysterio, y a Rhino quien recientemente acaba de escapar de prisión. Su sentido arácnido es activado, se vuelve y observa venir hacia él una pinza mecánica, logra evadirla echando su cuerpo hacia un lado, pero la pinza se divide en dos y logra cortarle superficialmente uno de sus brazos. La pinza es retraída, Spidy, indignado con su atacante por creer que puede lastimarlo y luego huir, sube la poca distancia y salta, aterrizando sobre la azotea.
Lo que ve le sorprende, una docena de extraños robots le esperaban, y apenas le vieron, dispararon acido. Spidy salta lo más que puede evitando el ácido, los robots disparan arpones, y el trepa muros gira en el aire evadiendo el primero de ellos, y usándolo como impulso para escapar del resto. Aterriza detrás de los robots y tontamente intenta dispararles, y como se esperaría, el daño fue nulo. Los robots tienen apariencia de animales e insectos, aunque con ciertas modificaciones creativas para darles apariencias escalofriantes, además de ser muchísimo más grandes que sus contrapartes naturales.
A pesar de no ser un experto como su nombre le hubiera inspirado a ser, fue capaz de reconocerlos a todos como depredadores de las arañas.
—Esto será divertido —dijeron al unísono, Spidy frente a sus rivales, y Smythy en su laboratorio. Ella observa todo desde varios monitores gracias a pequeños robots espías, estos le darán un campo de visión completo mientras los maneje, de tal forma que equiparará la ventaja del sentido arácnido. Smythy sonríe y empieza a apretar botones. Una serpiente se adelante al resto de los robots, su velocidad es más de la que la pudo haber previsto, y en un abrir y cerrar de ojos ya lo había rodeado con casi toda su circunferencia de siete metros, mas no fue capaz de aplastarlo pues su presa saltó antes. En el aire, Spidy dispara una red a la cabeza de un robot armadillo, utiliza el impulso para patearlo con todas sus fuerzas, y a pesar de estar más reforzado que el resto, el robot terminó volcándose, aunque no fue lastimado en lo más mínimo.
Pero no planeaba ser capaz de destruirlo, sólo quería probar si era capaz de destruir al resto con su fuerza, caso contrario, probablemente hubiera huido. Dispara otra tela a una de las ocho patas de una tarántula Goliat, pero esta es cortada por la cuchilla de una mantis religiosa. Spider-Man se ve rodeado de cuatro mantis, todas ellas alcanzado una altura de dos metros. Empieza a evadir las cuchillas llevando al máximo la flexibilidad de su cuerpo, evitando daños fatales, mas su traje fue cortado al igual que su piel. Dándose cuenta de que no podrá usar una telaraña para escapar, pues esta será cortada al instante, Spidy se acerca a una de las mantis, pero no lo hizo obvio, el movimiento fue sutil y paciente. Entonces, cuando llega el momento correcto, rueda por el suelo, y de esta forma, una mantis cae cortada por su propio compañero. Una vez ha caído, Spider-Man usa el cuerpo como escudo para bloquear los siguientes ataques; luego, arranca uno de los brazos y corta al resto de las mantis.
Una vez terminado eso, dirige su atención al resto. Ataca a la araña Goliat con la cuchilla, pero esta —de cinco metros—, salta y dispara acido. Spidy lo evita con un salto mortal, acto seguido lanza la cuchilla dentro de la boca abierta de la serpiente, causando que caiga inerte. Y entonces, es atrapado en un capullo de telaraña, la cual fue disparada por una araña pirata (mimetidae). Forcejea, mas no parece ser capaz de escapar, por lo que emite un gruñido de desesperación. La araña Goliat dispara acido, en ese instante Spidy rompe el capullo como si nada y salta hacia un lado, causando que la araña pirata —al no moverse a tiempo— recibiera el ataque. Nuevamente, cuando forcejó, se movió sutilmente de modo que quedará justo en frente de su captora.
—No sé quién seas —dijo Spider-Man—. Pero tu imitación de telaraña palidece en comparación con la mía.
Más que enojado, el rostro de Smythy se ve, inexpresivo.
El armadillo rueda causando que la azotea se raje, en ese momento Spider-Man entiende que será peligroso mantener la batalla aquí, así que dispara sus redes más fuertes y logra cargar al armadillo para acto seguido lanzarlo contra la tarántula Goliat, tirando a ambos de la azotea. Les sigue para asegurarse de que no caigan sobre algún inocente, y cuando ve que ese miedo está a punto de hacerse realidad, se lanza y usa sus redes para ganar mayor velocidad, y logra salvar a un niño que había quedado en shock y era incapaz de moverse.
—Eso fue genial —dijo Smythy, con voz deformada, a través de uno de los robots destrozados—. Pero creo que el niño merecía morir. ¿Quién se queda inmóvil cuando algo le cae del cielo? No debiste salvarlo, araña. La selección natural estaba haciendo su trabajo, no la interrumpas —habló divertida.
— ¿Cómo puedes decir eso? —preguntó furioso.
—No lo sé, tal vez estoy muerta por dentro —dijo entre risas—. ¿Tú que crees?
Las luces rojas en los robots no se hacen esperar, Spider-Man los envuelve en telas y los lanza a lo más alto, pero dicha proeza le cuesta que su espalda fuera perforada por los metálicos colmillos de un murciélago de dos metros, este lo alza en vuelo, lo electrocuta y luego lo lanza a las fauces de un lagarto de cuatro metros, quien como todos los robots, ha descendido a tierra. A pesar del dolor, Spidy logra mantenerse con vida deteniendo las fauces con sus manos y pies. Mientras lucha por no ser comido, oye un zumbido familiar.
—Oh no, no Pompilidae —dijo incrédulo al ver a una negra avispa de las arañas viniendo hacia él con el aguijón preparado. Entre ser paralizado y que le depositen un huevo dentro de él que lo matará lentamente, o simplemente ser devorado por las crías, prefiere ser comido por un lagarto. Entra dentro del robot. Una vez ahí, arranca los cables primordiales y emerge nuevamente por la boca.
Se balancea por la ciudad mientras es perseguido por los robots restantes. Cuando uno de ellos se encuentra cerca, él se detiene de golpe, coge al murciélago de un ala, soporta la electricidad recorriendo su cuerpo, y lo lanza contra el suelo. Acto seguido, desciende a toda velocidad y le pisa la cabeza con todas sus fuerzas, forzándola a explotar. En ese momento, es embestido por Rhino.
— ¿Anotaron la m…? No, es un chiste estúpido —dijo echado sobre los escombros de la pared de una casa a un par de cuadras—. ¿Por qué la gente sigue diciéndolo?
—Hola de nuevo, arácnido.
—Soy un insec… espera, si lo dijiste bien. De todos los criminales, tenías que ser tú quien lo dijera bien —dijo asombrado, y soltó una risilla—. Que loca es la vida.
—Lo leí en un libro sobre arañas.
— ¿Sabes leer? —preguntó aún más sorprendido—. Dejando eso de lado, te ves diferente, Rhino. ¿Te hiciste algo en el cabello?
—No, sólo son zapatos nuevos. De regalo —respondió sonriente.
—Le hice un traje robótico que potencia todos sus atributos —dijo Smythy—. Es ahora más grande, como puedes ver, alcanzado cinco metros. Es más fuerte, más rápido, además de que le ayuda a controlar tal fuerza descomunal, por lo que ahora no se cansará tan rápido y podrá girar y detenerse sin muchas dificultades.
— ¿Puede ir al baño en el traje? —preguntó Spidy.
—Ah… ¡No, no puede ir al baño en el traje! —respondió Smythy, impactada.
—Entonces no estoy sorprendido.
— ¡Silencio, arácnido! ¡Te voy a aplastar! —gritó Rhino. Y recibió en su espalda el disparo de una bazuca.
Todos miran sorprendidos al recién llegado.
—Muchas gracias, extraña voz —dijo Kraven—. Ahora tengo una gran presa que cazar.
—Kraven —empezó a hablar Spider-Man—, nunca pensé que diría esto pero, doy gracias de que seas mi acosador.
Rhino ataca furioso a Kraven a pesar de las órdenes de Smythy. Spidy se pone de pie, se agradece a si mismo de haberse puesto el nuevo traje protector el día de hoy, de otra forma, tal vez hubiera muerto. Pero si bien no tiene nada roto —nada más allá de las costillas que ya vienen así desde hace varios días—, le duele todo el cuerpo. La avispa viene hacia él, y no es capaz de reaccionar a tiempo, pero para su suerte, no sólo su acosador se encontraba cerca, también su fan número uno, como él mismo se lo hizo saber.
— ¿Estás bien, Spider-Man? —preguntó Flash Thompson, visiblemente preocupado.
—Sí, gracias ciudadano. Ahora ponte a cubierto, no ha terminado.
Flash se esconde al ver a la avispa volar, la tapa de desagüe que le lanzó hizo nulo daño, pero le dio tiempo suficiente a Spider-Man para escapar. Dispara telarañas y sujeta el aguijón, para luego arrancarlo y regresarlo contra su cuerpo de origen, atravesándolo por completo.
Kraven, con ojos amarillos, evade los autos que Rhino le lanza, y contraataca disparando con su bazuca, pero no causa daño. Spidy intenta ayudarlo, pero aún le quedan dos robots más. Phoneutria (araña errante o del banano) y una polilla, ambos de tres metros. Spider-Man les hace un gesto con la mano diciéndoles que vengan a él, pero los robots no se mueven y en cambio disparan, acido la araña, y electricidad la polilla. Spidy las evade con saltos, se balancea por encima de ellas y aterriza a sus espaldas, intenta golpear a la polilla pero esta secreta electricidad de todo su cuerpo y el impacto es tan fuerte que lo empuja violentamente contra un auto. Se pone de pie como puede, ya que ha perdido control de sus músculos, y ya no es capaz más, se ha quedado inmóvil. Smythy ríe al recordar lo que dijo del niño, él está en la misma posición ahora. La polilla dispara otra carga, una más poderosa, y el trepa muros la observa impotente venir hacia él… Pero en el último instante, Flash lo taclea contra el suelo, y el rayo pasa por sobre ellos destruyendo el auto, explotándolo.
— ¿Te encuentras bien? —preguntó Spider-Man, dentro del capullo que creó.
—Sí. Muchas gracias, Spider-Man —respondió como si fuera un niño, emocionado.
—No, gracias a ti, Flash. «¿Qué rayos estoy diciendo?»
Salen del capullo. Flash, mientras es rodeado de personas, alardea de como salvó a Spider-Man dos veces y luego fue salvado por él. Recuperado, y confundido por ser salvado por quien le hace bullyng diariamente en la escuela, Spider-Man está listo para seguir peleando. Se da cuenta de que muchas de las partes de los robots que han explotado aún están por ahí, en especial las del armadillo. Sin pensárselo dos veces, dispara una telaraña a una de las partes y la avienta contra la polilla, destrozando su cabeza. El último en pie es otra araña. Spider-Man observa que Kraven está teniendo graves problemas, su lanza con punta eléctrica no ha servido y ya no le quedan armas.
—Me apresuré —dijo Kraven—. No me preparé correctamente para ti, Rhino.
— ¡Hombrecito será aplastado! —gritó Rhino, molestó por la interrupción del cazador. Su objetivo era matar a Spider-Man, no pelear con alguien más.
— ¡No te pongas verde del enojo! —gritó Spidy.
Rhino se vuelve sólo para ver acido cayendo sobre él. Spidy usó la cuchilla de una de las mantis para cortarle las patas a la araña errante, incapacitándola y facilitando el arranque de su contenedor de ácido.
—Dudo mucho que su traje pueda resistir esta versión mejorada de ácido fluorhídrico que has creado, estimada voz femenina distorsionada. No es como este contenedor de plástico especial. ¿Me equivoco?
—No. —respondió Smythy, seria.
—Rhino, creo que deberías salir de ahí, a menos que quieras morirte —Rhino abandona el traje e intenta atacar a la araña pero él lo deja inconsciente de un puñetazo—. Supongo que hemos terminado aquí, voz. ¿O tienes algo más para mí?
—Muchas gracias, Spider-Man —dijo Smythy, y cortó.
— ¿Me lo agradece? ¿Cuál es el problema de esa mujer? —se preguntó confundido—. Bueno, no importa. Kraven…
El cazador abandonó el lugar apenas Smythy dijo «no». Spidy suspira, se encuentra muy cansado. Mira al techo del edificio, se derrumbó al explotar las mantis y la serpiente. Hubo gente en ese lugar, gente que no pudo salvar. La policía llega y le apuntan, Spider-Man suspira una vez más, esto se hará costumbre ahora. Huye del lugar, llevándose consigo el núcleo de uno de los robots, esperando localizar la señal madre, con lo cual no tuvo éxito. Smythy es cuidadosa, usó un distorsionador que desvió la señal a distintos puntos de la ciudad; es imposible rastrearla. Peter Parker se lamenta de no poder encontrar a la asesina de esas personas.
Smythy se recuesta en su silla, sonriendo. Ya sabe cuál camino debe tomar. Se sorprende a ella misma, tuvo varias oportunidades para matarlo mas no se dio cuenta hasta ahora, estuvo cegada. No puede matarlo, no sólo por Gwen, también por ella misma, pues no hay nadie más que pueda presentarle un reto, nadie más que Spider-Man. El problema será ahora el Kingpin, ella deberá fingir que sigue su deseo al mismo tiempo que sigue el suyo, pero se tiene confianza, después de todo, es un genio. Ríe mientras hace girar su silla, sosteniendo en sus manos un pequeño tubo con la sangre del hombre araña, aquella que robó el primer robot.
«Alistair», es el nombre que recibió al nacer, siendo Smythe su apellido, mas todos la llaman «Smythy». Es un nombre de hombre, pues su padre deseaba un hijo con todo su corazón, alguien que pudiera seguir con sus sueños fallidos. Desde pequeña intentó hacerla pasar por un niño, la vestía de tal forma y la trataba de tal forma, eso lo mantuvo feliz por un tiempo, pero al crecer ese método ya no era efectivo.
Desde que recuerda su madre siempre fue distante, parecía vivir sólo por hacerlo, ya que tampoco había logrado sus sueños, la vida no era importante. La tuvieron sólo para eso, para vivir a través de ella. Cuando se dieron cuenta de su gran inteligencia, centraron toda su vida alrededor ello, no la dejaron tener una infancia, la presionaron constantemente para sobresalir, sin impórtales sus sentimientos, pues estaban así de cegados.
Gwen Stacy tuvo una infancia similar, aunque las razones sean diferentes. Sus padres son sobresalientes, y su hija debía serlo igual, y ya que su hermano mayor había decidido ser policía para salvar vidas de una forma más física, ya que tenía el cuerpo para hacerlo, ella era la última esperanza. Le robaron la infancia y la educaron en casa. Ella nunca pasó tiempo con sus padres de una forma personal, sólo como sus profesores. Su hermano no tenía tiempo para verla, tampoco, así que, al igual que Smythy, creció sola en casa. Su único amigo llegó a ser un gato callejero, negro y de ojos dorados, a quien le dio todo el amor que ella nunca recibió.
Sus vidas han sido similares, pero han crecido en personas muy distintas, una perdió la empatía, y la otra la desarrolló a niveles extremos. Ellas nunca se han contado eso, no tienen idea de lo mucho en lo que son similares, aunque ellas lo digan en un tono ligero, de verdad parecen ser el uno para el otro. Smythy no siente nada por nadie, excepto por Gwen y ella misma, nunca recibió amor, así que nunca pensó en entregárselo a nadie, pero Gwen llegó a su vida, su total opuesto, quien tampoco recibió amor, pero estaba dispuesta a entregárselo a todo el mundo. Era un personaje a sus ojos, la dejó entrar a su vida por puro interés científico, y al final terminó amándola. Va a casarse, pero sabe que lo que siente por él no es tan real como lo que siente por ella, quien la ayudó a ser una persona más completa.
En la base del Kingpin, Quentin Beck abraza a su prometida por la espalda, quien, sentada en su silla, recuesta su cabeza en los brazos de él.
— ¿Por qué no me enviaste? —preguntó Quentin, suavemente al oído.
—Contigo ahí lo hubiéramos matado. Ya no tengo ese deseo.
— ¿Qué hay del Kingpin? Si se entera…
—No lo hará —afirmó sin dudas—. Debemos actuar bien para ello, Quentin. Estoy segura de que no será problema para ti. Tengo sangre de él, puedo hacer cosas con su ADN. Estoy emocionada por las posibilidades, y ya sabes lo que la emoción por experimentar me causa a veces.
—Claro —dijo sonriente, y empezó a besarla con deseo—. Pero, ¿no es mejor que sólo escapemos de todo esto? Podríamos tener una vida normal.
—Si quisiéramos una vida normal, la hubiéramos tenido desde un principio. Nos gusta esto, Quentin, no podemos huir de lo que somos. Somos criminales.
«Y es una lástima que eso sea lo único que tengamos en común.»
FIN DEL ACTO.
