Capítulo 11
1000 años
Esta es mi historia, y hoy se cumple el año número 1000 que estoy aquí, decorando planetas hechos por los ángeles de los dioses destructores, creando vida dentro de un moribundo pedazo de roca… aunque crear vida es divertido, ves la evolución, ves como la más grotesca forma de vida se transforma de un simple hongo a millones de especies diferentes, sus combinaciones, su adaptación al medio en el que viven, todo intenta equilibrarse con el fin de poder continuar con vida. Aunque prefiero pasar más tiempo sentado en el río y que todos se vayan a chingar como dicen algunos humanos. Me gusta la palabra chingar, aunque no entiendo muy bien que significa. Los humanos son una especie complicada,pero tienen la capacidad de razonar, aunque no todos razonan…será cuestión de tiempo.
¡Santo cielo! Se están preocupando ahora por si Cristo es el único padre... ¡por favor! existen 2500 dioses creados por humanos ¿cómo se supone que van a decidir cuál es el correcto?... otros en cambio discuten su ideología sobre la marihuana… ¿Qué hay con eso? Yo la cree...deberían preocuparse más por las grasas que consumen en MC Donald, eso sí que es un suicidó. ¡Y a ver cuando dejan de tachar la homosexualidad! Todavía no comprenden que no importa el envase en el que estés, si tu alma decide que esa es la correcta aunque este en el cuerpo con tus mismas características lo aceptas y ya… como si fuera importante realmente…
Preocuparse por que es más importante, porque dios adorar, porque ropa ponerte al día siguiente, que si llegas a los 30 y no te casas eres una solterona, que si la sal se cae en la mesa, que si llueve, que si no amas a dios te vas al infierno, que si decir "al diablo es blasfemar"... ¡Por dios! ¡Esta gente debe estar esquizofrénica a causa de crearse problemas constantemente!...
Todas especies diferentes, sin embargo, piensan similar... No importa el planeta... aunque... ¡Los Namekianos me agradan!...
En Fin... hay días, en los que sólo quiero bajar a cada uno de esos planetas donde hay humanos, abofetearlos y decirles: Oye, deja de preocuparte por lo que harás mañana, deja ya de querer conquistar planetas, usa el poder para hacer la paz... ¡mira a los Yadorak! ¡Son encantadores!... Deja de destruir los arboles ¡Entiende que son tus pulmones!...
Cielos… como civilización son un desastre… y cada una ellas tiene desastres diferentes. En fin, se autodestruirán en 1000 años más… y buscan vidas inteligentes a demás de ellos… ¡No pueden coexistir en el mismo planeta y pretenden coexistir en el mismo universo. Luego ¿Por qué el dios destructor los elimina? Al final… el dios destructor es más bueno que yo, destruye a los malos o los que quieren pasarse de listos, y yo aquí observando cómo se matan...
¡Carajo! Viene Kibito y seguro querrá que tome un baño y coma algo ¡Tengo 1000 años! ¡Acabo de entrar en mi juventud! Ya se cuando debo bañarme y cuando comer…
El joven dejo su cuaderno a un lado volteando en dirección a la puerta de la habitación y esperando la entrada de Kibito…
Tres, dos, uno…pensó el muchacho…
-Supremo Kaiosama…- Dijo el hombre rosado.
Shin esbozo una gran sonrisa, la cual solo guardaba la ansiedad por escuchar las típicas y ya mecánicas palabras de su asistente.
-Deberías bañarte y comer algo-.
Y eso sucedió, Shin sonrió aun más, si le dijera a Kibito que ya sabia lo que diría, seguro creería que es una nueva habilidad del dios creador… nada eso, ya se conocía todo el papel de su obra. Pero adoraba a Kibito, era como su padre, por que a diferencia de los humanos que tenían padres, el solo podría llamar padre a quien lo crió y le dio cobijo. Aunque el árbol le dio la vida y estaba agradecido, pero con sinceridad le era imposible imaginar como las ramas de un árbol cambiarían sus pañales y le daría el biberón… delirios de un dios creador.
¡Oh si! El joven Shin tenia bastante imaginación, la suficiente como para que sus creaciones tuvieran la misma imaginación que el.
La diferencia es que el comprendía la ilusión de la realidad, o tal vez… esta también era una ilusión y no había ninguna realidad. ¡Quién sabe!
-Iré en un momento- Respondió sonriendo.
-de acuerdo, no lo olvide, y recuerde que los Shin Jin del planeta Kaiju quieren festejar su cumpleaños número 1000-.
Su rostro cambio a uno más decepcionante aunque no fue muy deducido por Kibito. Odiaba el festejo que le hacían a cumplir un año mas cerca de morir, pero morir no le preocupaba, en realidad le preocupaba tener que pasar su día de paz entre otros señores que no conocía…
Y como los humanos y sus preocupaciones, aquí estaba el dios creador, preocupado por su cumpleaños… ¡Qué ironía! Y luego se quejaba de sus creaciones.
-De acuerdo- Sonrió nuevamente y ocultando la pesadez que le provocaba tener que ir al planeta Kaiju.
Kibito se retiró al instante de recibir respuesta, lo bueno de Shin era que no solía ser un dios caprichoso y jamás se quejaba de nada; pobre Kibito… eso era porque nunca escucho el constante parloteo de la mente del jovencito. Más bien el muchacho callaba sus pensamientos porque de otro modo pensaría que estaba loco. Kibito aun no entendió, que debía estar muy loco para sobrevivir a este mundo y ser bien consciente de la propia locura… o acabaría loco de verdad…
El resto del día transcurrió normal, la misma rutina de siempre, bañarse, comer, volver a ver humanos, dormir la siesta, levantarse, vestirse y ahora ir a su fiesta de cumpleaños.
Allí estaban, parados y aplaudiendo los 1000 años del dios rey, mientras Shin solo sonreía algo tímido.
¡Vaya! Que alboroto, no quería este tipo de fiestas, me dan pena, me siento intimidado y ¿Por qué la kaioshin del tiempo me mira de esa forma? ¡Santo cielo! Quiere aparearse, como los humanos. Kibito ayúdame, no dejes que caiga entre sus piernas. ¿Por qué me ve así? Soy un muchachito…
El gran sagrado Kaiosama que controlaba ese planeta llego hasta Shin lo cual hicieron que este dejará sus pensamientos en paz al menos un momento.
-Es un honor tenerte con nosotros Gran Kaiosama del este del universo 7-. Dijo sonriendo.
Shin sonrió también y no tardo en responder. -Gracias sagrado Kaiosama, solo dígame shin…- hizo una pequeña risita- es que, gran Kaiosama del este del universo 7suena como… bueno ¡Muy largo! Y es una pérdida de tiempo porque son puras palabras y…- Fue interrumpido por un leve golpecito en la espalda provocada por su asistente.
Esa era señal de cerrar la boca, y sin más sonrió nuevamente al sagrado Kaio.
-Ven por aquí, preparamos varios banquetes para ti-.
-Gracias-. Respondió el jovencito mientras caminaba junto con el sagrado Kaiosama.
¿Y ahora como se suponía que escaparía de ahí y de todos eso extraños rostros que apenas conocía? La última vez que visitó el planeta Kaiju tenia 5 años, ahora tenia 995 años más ¿Cómo iba a recordarlos a todos?
-Kibito…- Dijo en un susurro el muchachito, mientras se acercaban a unas mesas para comer algo.
-Dígame Supremo Kaiosama-.
- Esto es muy aburrido y no conozco a nadie-.
-¡Qué está diciendo, es su fiesta de cumpleaños!-.
-Da igual, esta gente está aquí por la comida y no por mi ¿Podríamos escapar o no se… hacer una guerra de comida para divertirnos?.
-¡Supremo Kaiosama!-respondió alterado pero en un tono bajo. -Deje de decir esas cosas por favor.
-Se supone que es mi día de cumpleaños y podría hacer lo que yo quisiera-.
-¡Pero estamos en su cumpleaños número 1000 y este es especial!-.
- Vah…- respondió sonando desinteresado. -Podría estar comiendo tacos o tamales tirado en la cama-.
Kibito resoplo como respuesta hacia los comentarios de su mentor. Shin solía ser muy serio pero últimamente todo le estaba valiendo madres. Los 1000 años quizás le habían afectado la cabeza.
-¡Kibito!- Dijo alarmado presionando el brazo de su asistente.
-¡Auch! Supremo por favor…-.
-Lo Siento-. Respondió soltando su brazo- ¿Por qué los supremos de otros universos están aquí? Se supone que soy del universo 7…- Fue interrumpido.
-Para ellos es una fecha importante porque usted nació en invierno y los Kaioshines no nacen en invierno-. Esta vez shin interrumpió.
- ¡Ah Genial! Ahora soy la oveja negra…
El asistente tenia la atención fija en los demás Supremos pero aun así podía seguir escuchando a su charlatán mentor
-¿Qué? ¿oveja negra? ¿De donde saca esos términos y que es una oveja? Todos están mirándonos será mejor que comamos un poco…- Dijo tomando un plato de las mesas y aparentando normalidad.
-Por eso te dije que no quería venir ¡Todos nos están mirando! Tendré pánico escénico…
Al mismo tiempo que servía su plato y escuchaba el berrinche del joven supremo pudo notar que un sujeto venía hacia ellos. Era la hora de callar al jovencito o la moral del universo 7 se vería por el suelo.
-Cierre la boca…- Dijo entre dientes dando pequeños golpecitos con su codo.
Shin solo alcanzó a fruncir el entrecejo al escuchar el reclamo de su asistente sin prestar atención ni a una palabra de las que decía, que como consecuencia solo aumentaba los valores de histeria en el y por consiguiente el riego de muchas palabras más…
-¿Qué? No voy a callarme soy la oveja negra y todos están mirándome… -Fue interrumpido.
- Oh por dios… -Dijo agachado su cabeza como si quisiera esconderse o como si estuviera harto de escuchar a Shin. Ambas eran válidas…
-¿Y ahora te quejas? – Bufo. -¿Sabes que haré? Cambiare de asistente y ya no plantarás tulipanes conmigo, luego diré que me abandonaste porque estabas harto de mi y ya no querías escucharme a ver si te entra el remordimiento… -Fue interrumpido por la voz de un hombre mucho mayor que su asistente.
-Buenas tardes-. Dijo Gowasu.
El semblante del hombre lucia alegre y con una amplia sonrisa, porque al parecer había escuchando las últimas palabras del joven supremo o mejor dicho, el gran supremo Kaiosama del universo 7. Por otro lado Shin ahora si había cerrado la boca.
-Buenas tardes-. Respondió Kibito de forma rápida ante el saludo mientras daba de codazos a Shin para que reaccionará y dijera algo más que no fuera una queja.
El muchachito respondió al instante sin hacer esperar, había llegado el momento de ponerse serio. -Buenas tardes, mi nombre es…- fue interrumpido por la arenosa voz.
-Se quien eres, y estoy feliz de conocerte-. Dijo el viejo alegre. -Solo vengo a desearte un feliz cumpleaños y agradecerte por la invitación.
-Se lo agradezco, es un placer tenerlo aquí- respondió Shin. -Aunque… no se quien es usted pero seguro es un Supremo Kaiosama-. Finalizó dedicándole una sonrisa al hombre mayor.
- Sí, soy el supremo kaiosama del universo 10, pero puedes llamarme Gowasu-.
El anciano miro detenidamente a Shin con una sonrisa, tenia una percepción bastante innata para reconocer a los seres de otras dimensiones y claramente pudo notar que Shin… no era justamente un kaioshin normal, solo estaba ocupando un envase para poder pasar desapercibido en este mundo.
Shin ya no sabia que hacer, la mirada del viejo estaba poniéndolo nervioso, sin contar las caras que todavía estaban observándolo como si se tratase de una desconocida especie. Dio un largo suspiro tratando de calmarse y finalmente hablo.
-Lo llamare Gowasu entonces- Sonrió de manera leve. -Emm... Con su permiso…- Dijo shin con la intención de alejarse y llevarse a Kibito también.
-¿Quién eres-. Pregunto el viejo.
Shin detuvo sus pasos volteando a ver al hombre, confundido por aquella pregunta. ¿A que se refería?
-¿Cómo?- hizo una pequeña sonrisa. -Soy el supremo Kaiosama del universo 7, usted lo ha dicho-.
-Por supuesto, ¿pero quien eres en verdad? Tu no eres de aquí.
-¿Eh?- se escuchó decir de las bocas de Shin y Kibito…
¡Lo que faltaba! acusándome de oveja negra… ¿Pero que les pasa a estos sujetos? ¡Soy de aquí! Y mi asistente dice que soy una ternurita… y yo me la creo.
Al instante Gowasu noto algo de molestia en la mirada de Shin ¿Será que los shin-jin más jóvenes son intolerantes a las preguntas? Pensó el anciano.
-No te molestes, solo fue una simple pregunta-. Sonrió -Me recuerdas a mi asistente, siempre termina molestándose conmigo y luego corre a esconderse... -Pensó un momento. -Aunque hará más de 900 años que cuando se molesta solo se encierra a escuchar una supuesta caja musical ¡quien sabe! Yo no escucho nada-.
Shin por su parte luego de escuchar las palabras del anciano, había olvidado la pregunta anterior, porque en el cacareo del anciano había podido atrapar las palabras "caja musical"... algo que también le sonaba familiar.
Continuará…
