Disclaimer: ¡Nada me pertenece! Los personajes pertenecen a Yamane Ayano y la historia a thegreymoon. (Esta es una traducción).
Capítulo 11
Frío, estaba tan amargamente frío.
Fei Long se estremeció completamente. Estaba amordazado y atado a una silla; mojado, enfermo y herido. Su cabeza vibraba en monótonos y continuos intervalos, el dolor aumentaba lentamente, hasta que lo que había sido un zumbido constante de malestar se convertía en un blanco y agónico grito de sufrimiento. Su garganta desgarrada ardía y la mordaza le asfixiaba. Tenía sed, y cuando descendía a su inquieta inconsciencia, que no duraba más que algunos segundos, soñaba con agua fluyendo que no podía alcanzar.
Pasos resonaron en el pasillo, más allá de la puerta cerrada, y cambió su foco de atención al reconocerlos. Constantes e intimidantes, incluso con la cojera persistente por la herida de bala apenas curada.
Podrían haber transcurrido solo minutos desde el momento en que Asami lo había dejado, atado y solo, o podrían haber sido horas. De cualquier manera, no había diferencia alguna para Fei Long, ya que en su miserable estado incluso los segundos parecían una eternidad. La habitación oscura y sin ventanas no le comunicaba nada enterrado bajo el suelo como estaba.
Una tumba. Esta sería su tumba y de repente, Fei Long sintió un profundo y doloroso anhelo por respirar aire puro y fresco. Quería mirar la luz del día una vez más, sentir el calor del sol sobre su piel y quizás por primera vez, después de todo lo sucedido, se le ocurrió pensar que tal vez el dolor al que había pasado tantos años aferrado no valía la pena para morir por él.
La amarga ironía de llegar a esa conclusión, de considerar la posibilidad de olvidar todo ahora que ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto, hizo que un intenso sabor a bilis subiera por su garganta. Moriría y moriría solo. En la oscuridad. En el frío.
Sonidos sordos de hombres hablando al otro lado de la puerta parecieron demasiado fuertes en el de otra forma denso silencio, pero aún no pudo entender lo que estaban diciendo. La puerta crujió amenazadoramente y un torrente de luz repentina lo cegó, haciéndole cerrar los ojos y encogerse. Parpadeó, tratando de adaptarse al cambio, y el rostro de Asami lentamente entró en su visión. Hombres impasibles cerraron la puerta a su espalda y Asami suavemente golpeó su caja de cigarrillos, poniendo uno en la comisura de su boca amplia y sensual.
Prendió el encendedor y exhaló un extenso halito de humo antes de levantar la vista y mirar directamente a su prisionero. En medio de una nube de color gris, su rostro mostraba una ilegible mascara de fría indiferencia, de arrogancia, pero sus ojos estaban oscuros y vivos... y ricos en emociones. Una vez más estaba completamente vestido, perfecto en su traje hecho a la medida, impecable con su pulcro cabello peinado obedientemente hacia atrás de su rostro.
Fei Long lo miró ferozmente, sus ojos estaban húmedos y ardientes. Era muy consciente del contraste de sus apariencias, con su seco cabello desordenado, escapando de su larga trenza, su ropa mojada y sucia, su pálido rostro envuelto en pequeñas gotas de sudor caliente debido a la creciente fiebre que le hacía estremecer, y sin embargo quemándole por dentro, atormentándolo, confundiéndolo y haciéndolo sentir mareado cuando necesitaba toda la claridad de su mente.
—Es irónico, ¿cierto? —dijo Asami—, cuando la persona a quien más has lastimado se dirige hasta donde tu enemigo y le suplica por tu vida.
Fei Long lo miró sin comprender.
—Me hizo prometer que no iría tras de ti —continuó Asami—. Mi Akihito. Me hizo prometer que no te mataría por lo que le hiciste.
Fei Long se estremeció al escuchar el nombre, sus cejas se fruncieron sobre sus entrecerrados ojos.
—En ese momento —prosiguió Asami—, estaba tan feliz por tenerlo de vuelta, con vida en contra de todas las posibilidades y seguro en mis brazos, que le habría prometido cualquier cosa. Desafortunadamente, nunca conté con tener que cumplirlo. ¡No conté con que vendrías por mí una vez más, ni en lo mucho que me gustaría verte muerto y destruido, si alguna vez lo hacías! Eres afortunado, Fei Long, tan afortunado de que él haya estado aquí para recordarme mi palabra, de que haya estado aquí para recordarme cuán seriamente debo tomar esta promesa que le he hecho. E increíblemente afortunado de que ahora tenga tanto miedo de perderlo, de perder su cariño y afecto, que prefiera pisotear mi orgullo en lugar de arriesgarme a que llegue a descubrir alguna vez que le he mentido.
Su apuesta boca se curvó en la amarga parodia de una sonrisa.
—Felicitaciones —dijo—. Puedes estar muy orgulloso de ti, porque me has enseñado el significado del verdadero miedo. Sin ti, probablemente nunca me hubiera dado cuenta de lo mucho que ahora tengo por perder.
Fei Long le gruñó, queriendo gritar su odio ante este insulto, pero la mordaza estaba firme y apagó cada una de sus palabras, de sus protestas, de sus gritos. Le dolía la garganta y una tos seca y agonizante le estaba ahogando, obligándole a calmarse. Asami esperaba, fumando impasible y mirándole con una fría y tranquila indiferencia.
—Casi me destruyes, Fei Long —lo admitió simplemente, confiado en decirlo ahora que era el único vencedor, el único en control de la situación—. De todas las personas que han intentado hacerlo, y sí, han habido muchas, ¡tú has sido el único que realmente estuvo a punto de lograrlo! Así que creo que también he sido afortunado. ¿Quién se hubiera atrevido a preverlo? ¿Que el único hombre que descubriera mi punto débil, antes incluso de que yo mismo me atreviera a reconocerlo, no hubiese sabido qué hacer con él llegado el momento? ¿Que el único hombre que tuvo el poder para destruirme, fallaría al dar el golpe definitivo? Pero ese ha sido siempre tu problema, Fei Long. Siempre has tenido el potencial para hacer grandes cosas, pero siempre te faltó la fuerza necesaria para hacerlo.
Fei Long agitó su cabeza de manera violenta en un vano intento por desapretar la mordaza que le ahogaba, silenciándolo. Asami tomó una larga calada de su cigarrillo, consumiéndolo, y arrojándolo luego al suelo para aplastarlo con el talón de su zapato. Dio un paso más cerca y se agachó delante del hombre atado, para estar al nivel de sus ojos mientras continuaba hablando.
—Sí, lo admito —dijo—. Ya que ahora no hay necesidad de fingir lo contrario frente a ti realmente. Amo a Takaba. Él es la luz en mi oscuridad, el único faro de sentido en mi vida que estuve esperando en medio de incontables e idénticos días sin color y sin propósito por mucho, mucho tiempo. Tan improbable como eran las posibilidades de que eso llegara a ocurrir alguna vez, él se convirtió en mi gran esperanza de felicidad, de compañía, después de tantos años de soledad. Ni siquiera puedes llegar a comprender lo que él significa, ya que de haberlo sabido, probablemente no lo hubieras dejado vivir, ¿cierto? No me hubieras dado la oportunidad de recuperarlo. Así que, como puedes ver, estoy muy agradecido por tu incompetencia.
Fei Long respiró con fuerza, sus fosas nasales se dilataron mientras lo miraba con odio. Asami sonrió.
—Sí, lo sé —se burló—. Soy un bastardo despreciable. Me odias. Bla, bla, bla. Ya he escuchado esto antes. Que todos tus problemas son por mi culpa, mientras te revuelcas en tu auto compasión. Pero esto tiene que parar. Me niego a seguir asumiendo la culpa de tus desgracias por más tiempo. Dices que te traicioné y probablemente lo hice, pero ya estamos a mano. ¡Querías que sufriera, y por los dioses, he sufrido! ¡Querías hacerme daño y daño me hiciste! Ahora no te debo nada.
»—Querías una explicación y debo dártela. Sí, te seduje. Quería la ruta de Hong Kong y fuiste el medio más fácil que tuve a mi disposición para conseguir mis metas. ¡Desde el momento en que te vi, supe que harías cualquier cosa, que traicionarías a cualquier persona, únicamente por la promesa de aceptación y amor! ¡Y no te atrevas a echarme toda la culpa de lo ocurrido solo a mí, porque nada de eso hubiera funcionado si tú no hubieses sido tan fácil de manipular! ¡Era un plan perfecto y hubiera sido efectivo si tan solo me hubiera obligado a terminarlo sin importarme nada! ¡No debió haber sido difícil meterte en mi cama y mantenerte allí porque Dios sabe que eres bastante hermoso! Incluso debió haber sido satisfactorio para ambos, pero más que nada, debió haber sido fácil. Aunque nunca te amé, nunca tuve la intención de causarte este... dolor. Pero lo admito, te subestimé, subestimé tu fuerza, tu locura y tu oscuridad. Sí, te abandoné, porque después de conocerte, no pude soportar el tenerte cerca. Me recordabas demasiado a mí mismo y eso era... nauseabundo.
Lágrimas de rabia, de negación brotaron en los ojos de Fei Long y luchó por evitar que se derramaran, aunque era obvio que estaban allí.
—¿Querías un cierre? —dijo Asami—. Te daré un cierre. Sí, te engañé. Sí, te seduje y sí, traicioné tu confianza. Pero salvé tu vida cuando debí haberte dejado morir y lo hice por culpa, porque sabía que nunca debí haberte tocado en primer lugar. Te di tu vida a cambio de la inocencia que te quité y creía que al menos era una justa compensación. En cuanto al resto del desastre en que se transformó tu vida, no tengo por qué hacerme responsable de ello. Yo no maté a tu padre. El completo desastre de su muerte es consecuencia de algo que me precede por mucho, mucho tiempo; pero tú simplemente no puedes enfrentar el hecho de que la verdad del asunto es algo que se encuentra mucho más cerca de tu propio hogar, ya que es más fácil echarme la culpa de todo a mí. Eres un hombre inteligente, Fei Long. Estoy seguro de que podrás conseguir fácilmente los detalles que necesitas, si lo intentas; pero francamente, no me importa lo que hagas, siempre y cuando me dejes fuera de esto en el futuro.
Se levantó, haciendo una ligera mueca por el dolor que la posición debió haber causado en su pierna herida, y se arregló su traje. Fei Long estaba quieto, en silencio, esperando a que terminara, ansioso por escuchar qué otra cosa tenía por decirle y odiándolo por cada palabra que pronunciaba.
—Debes preguntarte por qué te estoy diciendo todo esto —dijo Asami—, pero me di cuenta de que Takaba tiene razón. No quiero tu sangre en mis manos. No quiero llevarte en mi alma. Te quiero fuera de mi vida, para que pueda tener un nuevo comienzo, sin tener que pensar en ti nunca más, y como no quiero repetir estos siete años en el futuro, es fundamental que dejemos las cosas en claro. Dijiste que te debo algo. Tal vez es cierto. Dijiste que fui yo quien te transformó en lo que ahora eres. Tal vez lo hice. Pero todo esto ahora es irrelevante, porque te lastimé y tú también me lastimaste. Te quité algo, así como tú también me quitaste algo. Recuerda lo que me hiciste. Recuerda este día Fei Long, te perdoné la vida cuando debí matarte, porque si alguna vez vuelves a acercarte a mí, no seré tan misericordioso. ¡La próxima vez, te destruiré, ya que como sabes no hago la misma promesa dos veces!
Para horror de Fei Long, Asami se acercó a la puerta y la abrió, preparándose para marcharse. No iba a dejarlo aquí solo... ¿verdad?
—Este es el adiós, Fei Long —dijo Asami, sus dedos se detuvieron en el interruptor de la luz—. Ojalá que alguien te encuentre pronto, antes de que sea demasiado tarde. Y ojalá que esta larga espera te dé la posibilidad de reflexionar en las ventajas de estar vivo sobre las de estar muerto. Pero si esto no funciona y aún continúas con querer poner fin a tu infeliz existencia, por favor, ¡hazme un favor y déjame fuera de ello!
«¡No!» Fei Long sacudió la cabeza en una súplica desesperada, ante la negación, mientras Asami apagaba la luz y cerraba la puerta a su espalda. La cerradura repiqueteó cuando giró la llave y Fei Long gritó de pánico, todo sonido fue apagado por la mordaza mientras agitaba violentamente la cabeza, luchando contra sus ataduras. Los fuertes pasos se alejaron en medio de su desesperación, los sonidos humanos se hicieron más y más débiles, hasta que al final, lo único que quedó fue el silencio y la espesa y aterradora oscuridad.
