Capítulo 10


Un punzante dolor en el pecho me trajo de vuelta.
Abrí pesadamente los ojos y veo un par de confusas siluetas frente a mí. Una de ellas presionaba con sus nudillos mi pecho.

-Sumika –La voz de Aoi sonaba preocupada… bueno ¿y qué me esperaba? - ¿Me escuchas?

-Sí. –dije tan fuerte como pude.

-Me diste un buen susto. – suspiró. - ¿cuántos dedos ves? –

-No lo sé. –sonreí. –tal vez si me pusieras de vuelta los anteojos podría responder tu pregunta.

-Ushio, ya puedes dejar caer su cabeza. -¿Es por eso que me sentía tan cómoda? –Al parecer la niña se siente lo suficientemente bien como para decir tonterías.

-¿puedes ponerte de pie? –preguntó la rubia mientras me alcanzaba los lentes… ¿cuál era su nombre, por cierto?

-Em, supongo. –digo con pesar, pues apenas y empezaba a disfrutar (conscientemente) de la comodidad de sus piernas.

-Vale, -extendió su mano. –te ayudo.

Lentamente me puse de pie.
Por instinto o tal vez curiosidad, he girado sólo para ver su rostro. Y no lo pude ver. Seguía en la misma postura y con la mirada clavada en el suelo. Lo único que puedo ver es su cabello castaño cubriendo su cara.

-A… Azusa. – decepcionada caminé hacia la cocina. -¿sigue en pie la celebración?

-Pues la pizza aún no llega… ¿te sientes bien?

-Sí, sólo fue por estrés –supongo – esta semana fue muy difícil. –En especial desde que me dijo que Kazama tiene novia, pero ni bajo tortura se lo voy a confesar. No tiene caso que lo haga. –Además no creo que unas cuantas rebanadas de pizza me hagan daño.

La noticia de que su celebración continúa le ha traído un inusual brillo a sus ojos. Acabo de hacer la buena acción del día trayendo la felicidad a Azusa ¿por qué demonios no me siento nada bien con eso?
La respuesta a tal pregunta está sentada en el sofá hablando con una rubia y evitando hacer contacto visual conmigo.


Ya he vivido esto antes. Un grupo de amigas conversando pacíficamente, pero una de ellas concienzudamente no me habla, al menos no directamente, y cuando lo hace es por mera educación (y sólo Sí o No)
¡No has cambiado nada Ushio Kazama!

-Aoi –dijo luego de comentar algo acerca de las últimas semanas que estuvo viviendo en Alemania junto a la familia Munchausen. - ¿puedes pasarme la salsa de soja? – y bueno… mi novia realiza la acción sin objetar el hecho de que la salsa de soja estaba más cerca de mí que de ella. ¿Acaso no piensa hablarme para esos miserables detalles? Por supuesto que no, a eso estamos jugando, a ignorarnos. Y si esto es un juego, inicio el nuevo nivel.

-Kazama san –dije tan amigablemente que ni me reconozco. -¿no prefieres una rebanada de hawaiiana en lugar de aderezar esas orillas? –señalé el resto de su pizza que tenía en su plato, que estaba a punto de ser bañado en salsa de soja.

-Claro, no noté que aún había – Respondió con falsa amabilidad y tomó un trozo de la pizza que indiqué, como si fuera un reto devoró casi al instante la rebanada. Un verdadero acto heroico considerando que odia a muerte la piña en todas sus presentaciones.

Su disimulada mueca de asco resultó tan cómica que lamenté el hecho de no tener una cámara a la mano.

-¿Murasame san? –preguntó Lotte.

-Lo siento, no entendí tu pregunta… debe ser por tu acento.

-Pregunté que a qué te dedicas. –Respondió con su habitual sonrisa infantil. –Sabemos que Aoi escribe novelas románticas y que ésta de por acá –señaló despectivamente a Kazama. –hace pinturitas. –"pinturitas" como si fuera algo poco destacable… -Yo soy modelo desde que tengo memoria, pero aún no sé a qué se dedica la famosa Sumika Murasame. –había algo en su mirada, algo que ciertamente me gustaría saber definir en este momento.

-Soy contadora. –Respondí. –manejo toda la cuestión de finanzas en las empresas Hachi.

-¿Contadora? Pensé que eras algún tipo de deportista.

-Karate… -dije recordando con cierta nostalgia aquellos tiempos en que entrenaba. –entrené Karate-do por un tiempo, pero después de entrar a universidad fue casi imposible volver al dojo.

-Eso no lo sabía. –mi novia me miró a los ojos. -¿Así que eres karateca?

-Bueno, em. Podría decir que no porque hace años que no lo practico.

-Una verdadera pena. – Aoi palmeó mi hombro. –Apuesto a que te verías envidiable en uniforme. –¿Es mi imaginación o Kazama acaba de asentir a lo que dijo Azusa?

-¿Y por qué no has vuelto a entrenar? –volvió preguntar la rubia acompañante de Kazama.

-Francamente… no lo sé. – ¿qué me ha vuelto tan sincera frente a esta chica? Tal vez sea que estoy frente a personas con quien de verdad quiero hablar sin mentir, o tal vez sea la falta de malicia con que habla ella.


En silencio recogimos la mesa. Ella puso en una pila los platos de cartón que usamos y encima de ellos las toallas de papel usadas –hechas bolita, por supuesto. – y en una bolsa de plástico metió las orillas de pizza que nadie quiso comerse.
Mientras tanto yo rompí en pedacitos las cajas de pizza y luego guardé en el refrigerador la rebanada que nadie comió.

Desde que ellas se fueron, Aoi no me ha dirigido la palabra. Toda la noche ha cargado con esa pesada aura de "no me hables" ¿Por qué está así? No tengo idea, fue una noche muy amena. La única explicación posible es que su periodo se acerca y por culpa de ello dormiré en el sofá… pero si he de dormir en el sofá, supongo que prefiero prepararme para ir a casa, que además hace un par de días no me paro por ahí.

-¿Azusa? –llamé su atención un tanto temerosa.

-¿dime? –dijo distante.

-¿Hay algo más que deba limpiar?

-No. Ya está todo en orden.

-Bien, entonces yo también me retiro. –volteó súbitamente y me miró a los ojos por una vez.

-¿Te vas? –preguntó con cierta angustia.

-Si, no he ido a casa y me preocupa que haya correo esperando por mí.

-Pero mañana es domingo… creí que pasarías la noche aquí. –Ante tan encantadora cara de cachorro abandonado que ha puesto, no tengo más remedio que abrazarla y apretarla junto a mí con todo lo que tengo.

-Si lo pides de esa manera… -mi diálogo es cortado por un beso ansioso, uno de esos que te indican que la noche no ha terminado. En fin, tendré todo el domingo para dormir.


-Buenos días. –Saludó luego de llamar a la puerta. -¿puedo entrar?

-Adelante Tomoe, buenos días. – dije sin prestar atención, mientras revisaba los nuevos presupuestos.

-Me estuve preguntando todo este fin de semana ¿dónde se metió Sumika Murasame? –dijo ella en un tono juguetón. –Pero luego de ver ese enorme chupón en tu cuello ya no hay necesidad de preguntar por qué te fuiste de mi fabulosa reunión familiar.

-Pues precisamente me enteré de que no era una reunión informal de negocios, además te estuve llamando y no… -levanté la mirada hacia donde estaba ella y me encontré con que tenía el labio roto y el ojo derecho amoratado.- ¡¿qué demonios te pasó?!

-Ajaja. ¿Esto? –señaló su rostro con una pequeña mueca de dolor. –Por eso debiste quedarte en la fiesta.

-¿y bien? –dije con la esperanza de conocer la historia.

-tuve una apasionada pelea a muerte por una chica.

-Si es lo que me imagino, por favor no sigas.

-No fue ese tipo de lucha apasionada. –rió un poco aunque al parecer cada sonrisa irritaba su labio roto. –Sólo que… digamos que sin querer le robé la novia a alguien y bueno, medio que estábamos algo acarameladas en la piscina y de pronto se nos apareció el mismísimo demonio… Sé que mueres de curiosidad por saber quién fue la que se atrevió a golpear mi hermoso rostro tallado por los mismísimos dioses, sólo por quitarle en un par de minutos a ese bombón del bikini de lunares, pero no te lo diré.

-En realidad no me importa saberlo. ¿Crees que eso logre sanar para la próxima semana?

-No lo sé.

-¿Te suenan las palabras "Reunión con los ejecutivos asociados"?

. Haré lo posible para que esto sane apropiadamente en tres días.

-Si eras capaz de eso ¿Por qué no lo hiciste desde un principio?

-Quería mostrarte mis heridas de guerra, además de hacer que el enemigo escarmiente un poco. –lo logró, ahora tengo curiosidad.

-¿quién te golpeó? –mi pregunta le saca otra sonrisa.

-En realidad no te importa saberlo así que quédate con la duda.

-¿Sumika-san? –dijo Miyako desde la puerta de mi oficina, cosa que hizo palidecer en gran medida a Tomoe. -¿Recibiste los presupuestos de… Ah, Tomoe-san aquí está. La buscan en recepción.

-Buenos días Miyako-san –saludé conteniendo la risa. –ya tengo los presupuestos desde esta mañana, en cuanto pueda te paso el reporte.

-Gracias Sumika. Con permiso. –tan pronto como había venido, se fue.

-Entonces ¿le robaste la novia a Miyako?

-Sí. –respondió cabizbaja.

-Jajaja. ¿De verdad?

-Bueno, en realidad ya tenía a esa chica en la mira ¿o por qué otra razón habría invitado a Miyako a la fiesta de mi hermano?

-Por no estar rodeada de sangre heterosexual, supongo. –repetí lo que la rubia había dicho aquella noche mientras tomaba ponche.

-Vale, ya he hecho suficiente el ridículo por hoy. Veré quién me busca en recepción.

-Te veo luego. –dije y volví a mi escritorio para continuar mi trabajo. Revisar precios de material y evaluar la calidad de éste no es nada divertido.
"Necesito subrayar esto" me dije a mí misma y abrí uno de los cajones. Encontré encima de los plumones un sobre ridículo, estampado en distintas clases de flores… un sobre definitivamente elegido por Noe san y mi padre.

Esperaba cualquier ridiculez por parte de ellos, todo, excepto una tarjeta escrita con crayón. Un torpe garabateo en hiragana que dice un simple "Ven a mi fiesta". En la parte de atrás con los más complicados kanjis (dignos de un karateca) todos los datos del lugar y la hora.
¿Cómo pude olvidar que se acerca el cumpleaños de Miho?

Hora de enviar mensajes de texto a mi novia.

-
Para: Azusa Aoi.

¿Estás libre este domingo?

-
Para: Sumika M.

No creo ¿Por qué?

Es el cumpleaños de
Mii-chan.
¿Al menos tendrás
tiempo para ayudarme
a elegir un
obsequio?

Lo siento,
Esta semana es imposible.

Al parecer Mii-chan tendrá que lidiar con un regalo al más puro estilo de mi pésimo gusto para elegir.

Luego de una hora terminé mi trabajo –al menos el que empecé esta mañana –así que salí un poco sólo para cambiar de aire.

Y ella, la persona con quien menos esperaba encontrarme (y a quien secretamente mis ojos ansían ver siempre), estaba justo caminando hacia la cafetería.

Adorable, con algunas manchas de pintura en sus jeans, en su blusa y una que otra en el rostro. Me siento tan valiente ahora mismo como para pedirle que me acompañe a elegir el onsequio para mi hermana.

-¡Kazama! –grité y ella volteó por un instante a verme, pero inmediatamente se echó a correr, pero como dije: me siento valiente.
Corrí tras de ella y en menos de diez pasos estuvo a mi alcance.

-Te tengo –dije mientras la cubría entre mis brazos.

-¿Q… qué necesitas?

-Necesito que me des los buenos días. –le susurré al oído.

-Buenos días Murasame-san. –dijo nerviosa.

-Gracias.- dije aliviada de que por fin me dirigiera la palabra. -Em… En realidad te quería pedir un favor.

-¿qué favor?

-El cumpleaños de Mii-chan es este domingo y aún no he preparado su obsequio.

-¿quién es Mii-chan?

-Mi hermanita que cumplirá cinco… -dicho esto, la liberé de mi abrazo.

-¡Vaya! No sabía eso.

-¿Puedes ayudarme? -supliqué

-Estoy tentada a decirte que no, -guiñó el ojo- pero la felicidad de una niña está en juego ¿te va bien mañana saliendo del trabajo?

-Perfecto. –respondí.

-Bien. Entonces te dejo, necesito almorzar.

-Kazama. –la llamé otra vez.

-¿Necesitas algo más? –Si, necesito saber algo más.

-¿Por qué estuviste tan fría conmigo este fin de semana? – A su respuesta le antecede un inesperado sonrojo, uno que me vuelve curiosa ¿Por qué se sonroja?

-Eso prefiero no responderlo Murasame-san. Averígualo tú misma. –Dio media vuelta y caminó hacia la cafetería.


Hasta aquí queda el capítulo diez. Gracias por leer :)