22 días para mi cumpleaños

Día 11: PirateLock

El agua lo engulló.

Tenía diez años y era un niño cualquiera. Aunque era hijo de una familia importante era el tercer hijo, por lo tanto, no era nadie. Su hermano mayor manejaba con su padre el negocio familiar, el siguiente era primer oficial en el Trafalgar, una imponente fragata que viajaba entre las diversas islas de las Antillas protegiendo los barcos comerciantes de los nada despreciables piratas españoles.

Y a él, se lo había tragado el mar en una tormenta.

Normalmente no subía a ningún barco. Había nacido en una colonia británica pero su madre había regresado a Inglaterra cuando él tenía 3 años. Se había quedado al cuidado de un padre que considera más importantes sus negocios que ese tercer hijo que no traería ninguna ventaja. Y entonces había crecido solo, interesándose por cosas sin sentido como las historias de piratas, la ciencia de la navegación, mapas, cartografías de corrientes y vientos. Cosas que jamás utilizaría porque él no tendría una nave jamás, esa carrera era de Mycroft y a él le quedaba el destino de sentarse y pudrirse rodeado de libros.

Por eso, cuando acompañó a Mycroft en el Trafalgar, no tuvo ningún reparo en salir a ver el mar embravecido, las olas romper en la cubierta y el cielo iluminado por los rayos. Lo último que vio fue como el barco daba un espectacular giro mientras él perdía contacto con el piso, golpeaba con la baranda y salía disparado hacía la masa de agua que se movía con vida propia.

Después de eso, sólo la oscuridad y la sensación de que había perdido todo el aire de sus pulmones y que su mente poco a poco se iba apagando. Tal vez por esa razón fue que comenzó a alucinar, no había otra razón lógica. Aun a sus diez años sabía que había cosas que eran pura fantasía, que no existirían nunca y sin embargo, había leído sobre ellas una y otra vez.

Y ahí estaba, frente a él, una de esas maravillas del mundo fantástico que sólo se encontraba en los libros. Nadando a su lado, mirándolo sumergirse cada vez más, estaba una sirena, un tritón, corrigió con rapidez su mente aun alerta. Parecía encontrarse maravillado con su presencia y no entendía bien lo que sucedía, porque parpadeaba una y otra vez.

Tan sólo tenía unos cuantos segundos para apreciarlo, una maravilla de cabello rubio y piel exageradamente pálida, ojos azules que lo miraban sin perder detalle, los brazos delgados, el torso que descendía hasta convertirse a la altura de la cintura en una cola larga como de pez con una aleta que se movía constantemente. Sus escamas con reflejos entre azules y verdosos se le hicieron lo más bello del mundo.

Lo tocó, su mano fría lo tocó con delicadeza justo antes de que su última bocanada de aire escapara de su boca y comenzara a tragar agua. El tritón lo sostuvo en el último instante, pasó sus brazos por debajo de sus axilas y lo pegó a su cuerpo, después de eso no supo nada, todo era una completa oscuridad sin recuerdos.

Lo siguiente que supo fue que había sido encontrado en la costa de Barbados, donde no conocía a nadie, donde no era nadie, lo cual era bueno. Había subido al primer barco que encontró tratando de sobrevivir y a pesar de ser un niño pequeño, sabía cosas que casi nadie conocía y se volvió útil para su capitán.

Y jamás lo pudo olvidar.

Entre los piratas de las islas no eran raras esas historias. Muchos habían caído al mar y habían sido perdonados al ser salvados por criaturas que se suponía no existían, habían sido llevados millas y millas del lugar dónde habían caído para ir a aparecer a algún lugar imposible. Y aunque todos estaban agradecidos, todos sabían que no podrían volver a ver a ese ser al que le debían la vida.

-Viven en un lugar entre la vida y la muerte, perseguirlos es condenarse –decían todos y cada uno de ellos. Y sabía que tenían razón, que cuando pudo verlo y sentirlo a su lado fue cuando estaba a punto de morir. Si quería volver con él, poder contemplarlo una vez más, tendría que tener el valor suficiente para ser engullido por el mar una segunda vez.

Los años habían pasado. Ya no era un niño que sabía demasiado, sino un adulto que podía comandar un barco, hacerse temer por los marineros y pelear mejor que ninguno con la espada. Aún estaba al servicio del mejor que capitán que pudo encontrar, uno que tenía la capacidad siempre de robar el mejor cargamento y la visión de repartirlo por igual entre los afortunados de su tripulación.

-Si supiera lo que ambicionas te lo daría –le dijo el capitán Lestrade sin esperar una respuesta. Sherlock, tercer hijo de familia Holmes, convertido en pirata por una tormenta, era siempre callado, no se quedaba prácticamente con nada de aquello que robaban a los barcos españoles y permanecía por horas mirando la superficie del agua como esperando que algo apareciera.

-No podrías –le respondió con sinceridad porque lo único que quería en la vida era volverlo a ver.

La siguiente vez que lo engulló el agua fue cuando casi naufragan después de un enfrentamiento con dos barcos españoles. Sufrió una herida de espada en el abdomen, cayó al agua y su sangre tiñó de rojo su camino a las profundidades. Antes de perder la consciencia lo vio, había envejecido, no demasiado, pero sus brazos eran ahora más fuertes y cola más larga y potente. Lo tomó deslizando sus brazos por debajo de sus axilas, permitiendo que recargara su cabeza en su hombro al mirarlo era evidente que la preocupación estaba alterando sus facciones.

Hubiera querido decirle que esa muerte era la que quería, verlo una vez más y despedirse del mundo en el que no era bienvenido, en el que sobraba. Su único motivo para mantenerse vivo todos esos años había sido él, su maravilloso ser imposible que lo había salvado y que ahora, terriblemente, sería testigo de su último momento.

Al abrir los ojos le pareció que el otro mundo era muy parecido al del que venía. Estaba en una choza, una hoguera calentaba el ambiente volviéndolo insoportable y los olores de múltiples productos animales poblaban el lugar. Era nauseabundo. Casi en el instante una mujer de piel negra lo tomó por la cara y le sonrió.

-Te quiere demasiado –dijo mientras que con un trapo sucio le tallaba la cara.- Te trajo hasta acá, donde cualquier pudiera haberlo visto, haberlo capturado o simplemente matado.

-¿De qué estás hablando? –le preguntó en su inglés siempre perfecto, nunca se había permitido hablar como los demás y por lo mismo siempre era el elegido para hablar con los estirados oficiales de las fragatas y representantes de la ley del rey.

-Este es un refugio, pero el camino es peligroso –dijo al mismo tiempo que tiraba de él para que se sentara. Sintió sus huesos tronar y sus músculos quejarse por el movimiento. La mujer parecía una vieja, delgada y huesuda pero tenía suficiente fuerza para moverlo sin preocupación.- Vendrá más tarde, cuando salga la luna.

Sherlock, tercer hijo de la familia Holmes, pirata por casualidad meteorológica, ahora estaba de nuevo perdido en un lugar desconocido bajo el amparo de una bruja anciana que hablaba como si todo fuera real y él tuviera que esperar simplemente el anochecer para poder volver a verlo. Una vez más, después de tantos años de esperar iba a verlo una vez más y no cuando la muerte lo reclamara.

Caminó por la costa hasta una caleta y cuando el sol se ocultó finalmente la luna comenzó a brillar hasta que su luz iluminó el agua. Estaba ahí, su cabeza saliendo de la superficie, con esos ojos azules en los que se podía concentrar. Sentía que su cerebro se apagaba por primera vez, no tenía necesidad de pensar en nada más, no eran necesarios los conocimientos que tanto se había preocupado por obtener. No importaban sus hermanos, su padre o su madre ausente.

Atrás podían quedar los tesoros, la promesa de riqueza, el placer de saquear y de ganar a los barcos rivales, de verse protegidos por una armada que permitía sus actividades, el obtener el "perdón" real y la promesa de una vida futura tranquila y llena de comodidades. Para un tercer hijo eso sonaba muy bien.

Aunque con la visión de ese tritón acercándose, todo lo demás palidecía. Nunca supo en qué momento él entró al agua, cuando se vio nadando hacía él pensó que era raro mirarlo sin que sus pulmones dolieran o su cuerpo se sintiera aplastado por los litros de líquido sobre él. Sus manos buscaron tocarlo, él se dejó explorar como si fuera un territorio desconocido.

Y lo era, tocar a un ser imposible, de piel fría, de músculos firmes, de ojos hipnóticos. Sentía la firmeza de su cola tocar sus piernas, y el golpeteó del movimiento de su aleta. Lo rodeó con sus brazos, sus rostros quedaron entonces tan cerca que era imposible no pensar en besarlo. Cuando lo hizo supo. No podía hablar, pero todos sus pensamientos se volcaron en él llenando su mente de imágenes que no pensó jamás poder ver.

Era él, desde el momento que cayó al agua siendo un niño, la manera en que lo llevó a la playa y como lo observaba desde la lejanía. Siempre se quedaba cerca de su barco, lo miraba en la cubierta, lo vio aprender, lo vio crecer. Por eso estaba ahí cuando volvió a caer al agua, pero estaba vez no era tan sencillo, estaba herido y perdía mucha sangre. Se arriesgó al llevarlo con la bruja pero era la única manera, nadie más podría salvarlo siendo un caso prácticamente perdido.

Viendo aquellas imágenes supo que había pensado en él todo el tiempo aunque no debería haberlo hecho puesto que él, como el resto de los seres de su clase, se alimentan de la desesperación de los hombres del mar, los llevaba a trágicos destinos y luego atrapan sus almas en el viento de las tormentas. Aunque de vez en cuando, alguno se apiadaba.

Debió dejarlo morir, las dos veces, pero nunca sería capaz. Siempre estaría para él, mirándolo desde la lejanía hasta que bajó la luz de la luna pudiera acercarse y volver a besarlo.

Cuando su capitán apareció, buscando una flota que se había hundido arrastrados por un gran remolino, él sabía que acompañaría a Lestrade al final de la tierra, mientras estuviera en el agua podría verlo, jamás abandonaría el mar, aunque sabía que un día le traería la muerte.


Gracias por leer.

Oficialmente estoy atrasada con los días para mi cumpleaños.

Muchas gracias por sus comentarios, que bueno que si les gustó el ZombieLock y el FrozenLock. Si yo sé que muchos no son fans del género de zombies pero es que yo lo adoro.

Ahora, no sé si este fue algo así como La Sirenita conoce a Piratas del Caribe, sorry ... y no sé si es más un MermaidLock más que un PirateLock pero bueno, fue lo que salió.

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