No hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no llegue... Damas y señoritas u.u este es el último capítulo, por fin podrán odiar un poco mas a Nanoha y darle un gran "zape" y sentir un poco de lastima por Fate, pero espero que el final sea de su agrado y no las decepcione. Quiero agradecer a todas las que leyeron mi historia, a todos los que hicieron de esta historia su historia favorita, y a todos los que me dejaron sus reviews: Ishtar4 Gracias por estar con esta historia desde el principio y por el primer comentario, Isis-chan T.H, Fate-Escarlata, Fandy-chan, Sachikovirtual, Alia Ninfa, AiemVela, Danny, Ritsu T y a los demás comentarios que no tienen nombre pero que igual me animaron a seguir y terminar con este proyecto, ahora espero seguir con mis otras historias y empezar una nueva que tengo en mente. Solo me queda pedirles que lean, y me dejen algún comentario final para mis historia. Cuídense, nos olemos luego (si esa frase es de Weadede Kick Buttowski) n.n que diga nos leemos luego. Bye y...
Magical Girl Lyrical Nanoha y Vuélveme Loca son propiedad de sus respectivos creadores.
Capítulo 11
Hayate desapareció y Fate y yo nos quedamos a solas. No sabía qué decirle, pero ella demostró lo mucho que podía decir sin pronunciar palabra. El brillo de sus ojos me deslumbró, y la sonrisa que mostro lentamente a continuación me hizo sentir deseos de sumergirme en ella.
― Hola ― saludó.
― Hola ― respondí débilmente.
― ¿Quieres que vayamos a comer algo?
Respiré profundamente y retuve el aire en los pulmones.
― Más tarde, tal vez ― volví la mirada hacia la puerta abierta de la tienda ―. Tengo que poner al día algunos asuntos. Después del fin de semana…
Me sentí aún peor al ver que Fate me había creído.
― ¡Te tomo la palabra! ― Dijo y su sonrisa se ensanchó aún más. Después se acercó a mí y me dio un beso dulce y embriagador en los labios antes de salir.
Tras cerrar la puerta, fui de inmediato al baño a repintarme los labios y luego decidí que debía buscar algo que hacer.
Encontré un par de cajas para vaciar y rellenar y me dediqué a ordenas un poco las cosas. Unos minutos después volvió a abrirse la puerta. No tuve que volverme para comprobar quién era, y tampoco necesité preguntar qué llevaba en la bolsa; aspiré el delicioso aroma en cuanto entró a la tienda.
Fate dejó la bolsa en el mostrador y luego fue al despacho a dejar las llaves en el escritorio. Salió con la cesta rosa de picnic. Tosí mientras la abría y me miró.
― ¿Papas fritas y pescado? ― Pregunté, frunciendo la nariz.
Fate dejó de sonreír.
― ¿No te apetecen?
Negué con la cabeza.
― Lo cierto es que tengo antojo de comida tailandesa.
Fate miró la bolsa que había traído.
― Pero está caliente, y he pedido vinagre de cebolla especialmente para ti.
Le dediqué mi mejor mirada de niña pequeña.
― Me apetece mucho la tailandesa.
― ¿Estas segura?
Asentí y le lance un beso. Fate suspiró y se pasó una mano por el rostro. Sabía que iba a hacerlo por mí; no porque la hubiera arrinconado, si no debido a su innato sentido de la caballerosidad.
― De acuerdo, que sea tailandesa ― dijo encogiendo los hombros ―. Al menos, el restaurante está muy cerca.
Me mordí el labio.
A propósito.
― ¿Qué pasa ahora? ― Preguntó Fate.
― Ya no me gusta ese restaurante ― incliné un poco la cabeza y la miré a través de las pestañas ―. Pero sí me gusta el Blue Dragon.
― ¡Pero ése está en la otra punta de la ciudad!
― Has dicho que ibas a traérmela…
Fate me dedicó una larga y dura mirada. Luego tomó la cesta de picnic y desapareció en el despacho. Mientras, aproveché para comer un par de papas sin que se diera cuenta. Estaban deliciosas.
Tuve que tragármelas rápidamente cuando oí que Fate volvía, sin la cesta y con las llaves del auto. Sentí que algo se hundía en mi interior. Era aquello lo que quería, pero, a una parte de mí le habría gustado que no resultara tan fácil. No quería que Fate fuera tan predecible como mis demás gatitas falderas.
Yo tenía las manos apoyadas en el mostrador. Fate se acercó, tomó una de mis manos y me volvió la palma hacia arriba.
― No me gusta andarme con jueguecitos, y tú lo sabes muy bien ― dijo mientras dejaba las llaves en mi palma ―. Si quieres curry del Blue Dragon, tendrás que ir a buscarlo.
Sentí un cosquilleo por toda la piel. Maldición. Me gustaba aquella nueva Fate con el toque ligeramente amenazador en su voz.
Era posible que no fuera tan predecible como había temido y esperado a la vez, pero eso no significaba que fuera a permitirle salirse con la suya. Le lancé las llaves y las atrapó instintivamente en el aire.
― No pienso conducir tu trasto de auto por estas callejuelas ― dije a la vez que erguía los hombros ―. Pero no te preocupes. Conseguiré personalmente mi comida.
― Me parece bien ― dijo Fate, testaruda.
Yo no quería, pero, ¿qué otra opción tenia? Tomé mi bolso y salí de la tienda para acudir al Spice Haven. 10 minutos después estaba de vuelta con un curry que en realidad no quería.
Fate se había instalado en el despacho. Su innata caballerosidad le había hecho esperarme, pero, en cuanto me vio abrió su bolsa de pescado con papas fritas. Yo me dediqué a abrir los recipientes de mi comida y a servirlos en un plato rosa.
Fate miró su comida en silencio. No resultaba especialmente apetitosa, sobre todo porque el pescado y las papas se habían enfriado.
Yo comí un poco de mi comida y luego me puse a juguetear con ella en el plato. El silencio que se produjo entre nosotras resultó incómodo. Yo sabía que Fate estaba pensando a toda máquina para tratar de decidir cuál debía ser su siguiente paso.
― Voy a estar fuera tres días ― dijo finalmente ―. ¿Segura que no quieres acompañarme? Creo que lo pasarías bien.
Aquello no era una mera invitación. Noté por su cautelosa mirada que era una prueba. Negué con la cabeza. Necesitaba que Fate se fuera por su cuenta. Todo resultaría más duro si no lo hacía.
― No lo hagas, Nanoha, por favor ― Fate se acercó a mí, me quitó el plato de las manos y lo dejó en la mesa ―. Ya te he dicho que no necesitas ser así conmigo. No necesitas comportarte como "esa" chica.
Aquél era precisamente el problema. Porque yo necesitaba ser aquella chica con ella. Era la única forma de mantenerme intacta. De manera que, si no me quería de se modo, tal vez no debería tenerme en lo absoluto. Alcé un poco la barbilla.
― Soy esa "chica", Fate. Y si alguien sabe cómo soy, eres tú.
"Mentirosa. Cobarde". Aquellas dos palabras resonaron en mi mente mientras digería lo que acababa de decir.
En aquel momento sonó mi celular. Lo tomé del mostrador, agradeciendo la interrupción, pero cuando vi de quién se trataba, dejé que saltaba el buzón de voz.
― Era Signum ― dije en tono despreocupado, aunque observé atentamente a Fate para ver su reacción ―. Al parecer, no es tan tonta como creíamos. El plan funcionó. Quiere que salga a cenar con ella el sábado.
No me vi decepcionada. Fate soltó un gruñido.
― Nanoha…
Cerré mi celular y le dediqué una sonrisa radiante.
― Incluso Signum a pasado por el aro. Eso demuestra que no hay ninguna mujer imposible de amaestrar.
Excepto Fate.
― Déjalo ya, Nanoha.
― ¿A que te refieres? ― Pregunté con expresión inocente.
Fate aparto la mirada. Debía sentirse demasiado asqueada como para mirarme. Yo me sentía igual.
― Sé lo que estás haciendo.
Y yo sabía que lo quería. Pero no podía parar. Era la única forma en que ambas nos ahorráramos una vida entera de sufrimiento. Tenía planeado decirle que iba a aceptar la invitación de Signum, pero resultó que ni siquiera yo era lo suficientemente despreciable para hacerlo.
Pero ya no tenía sentido seguir mintiendo. Fate sabía que Signum sólo era una diversión.
Se acercó más a mí, alzó una mano me tomó por la barbilla para obligarme a mirarla. Fue en ese momento cuando las lágrimas empezaron a deslizarse por mis mejillas hasta el cuello. La expresión de Fate se suavizó. Sentí que podía ver su interior a través de mis ojos, y vi todos los tesoros que no había querido reconocer durante aquellos años: fuerza, coraje, lealtad… Todas las cualidades de las que yo carecía.
Supe que mis sentimientos por ella se hicieron visibles en mi rostro porque vi un destello de esperanza en su mirada. Pero no podía ablandarme. Tensé la mandíbula, cayeron las dos últimas lágrimas y alcé todas las barreras de protección que tenia.
Fate lo notó de inmediato. No trató de ocultar la desolación de su mirada, la rabia, el dolor. Supe que estaba rompiendo su corazón… Y el mío.
Dio un paso atrás, conmocionada, y comprendí que, hasta aquel momento, ni siquiera se le había pasado por la cabeza la posibilidad de que las cosas no fueran a ir tan bien como esperaba. La luz de sus ojos, la luz de bienvenida que siempre había en ellos cuando me miraba, desapareció, se esfumó.
Era cierto que algo había muerto aquel fin de semana… Y la asesina era yo.
Comprendí que tener el poder, el control final que siempre había deseado, no era ni mucho menos tan dulce como había imaginado. De hecho, sentí náuseas.
Fate tomó las llaves de su auto y me dedico una última y fría mirada. Yo sabía que no iba a volver a ver aquella luz en sus ojos. Pensar que pudieran volver a iluminarse para otra chica casi me hizo gemir, pero me contuve.
Fate se volvió y salió de la tienda. De mi vida. En algún lugar de mi mente pensé que acabaría perdonándome algún día. A fin de cuentas, sólo estaba siendo yo. Nanoha Takamachi. Fate siempre me había perdonado por eso. Pero cuando corrí hasta la puerta y me asomé, vi que se alejaba con paso firme por la acera y supe que nunca volvería a perdonarme.
Permanecí quieta, sin apenas respirar. Habría sido un buen momento para que una orquesta de cuerda interpretara una música dulce y triste, pero hice otro descubrimiento: no había nada romántico en momento como este.
Nada en absoluto.
El sábado, a las siete de las tarde, una limusina pasó a recogerme y me llevó a un pequeño restaurante en el lado oeste de la ciudad. Allí me condujeron hasta la mesa en que aguardaba Signum.
Al verme se levantó y me besó la mano. Aquel gesto habría resultado poco natural en cualquiera otra, pero Signum era realmente así.
― Estás preciosa ― dijo mientras apartaba la silla de la mesa para que me sentara.
― Gracias.
Era cierto que tenía muy buen aspecto. Había elegido un vestido negro tipo Audrey Hepburn y me había sujetado el pelo en lo alto de la cabeza. El pintalabios era rojo y los zapatos de terciopelo negro con un lazo en la parte delantera.
Como imaginaran, había retomado el plan original cuando Fate se había ido.
En realidad, después de que se fuera me marché a casa, comí dos tarros de helado de chocolate, vi tres películas en blanco y negro y lloré sobre mi almohada hasta la mañana. Pero eso había sucedido hacía 5 días y, a pesar de que había repetido el proceso las dos noches siguientes, hice un esfuerzo para levantarme y ponerme en marcha. De ahí que retomara el plan. A fin de cuentas, había sido un buen plan.
Fate tenía razón. Estaba lista para dedicarme a algo más serio que a domesticar gatillas falderas. Estaba lista para una relación seria. Con alguien como Signum. Alguien que me consideraba guapa, graciosa y ocurrente. Alguien que no podía ver a través de mí como si fuera diferente…
Pero…
Mientras disfrutábamos la cena y charlábamos a la luz de las velas, no dejé de mirar a mi "mujer perfecta" y fijarme en montones de detalles tontos.
Las arrugas de los laterales de sus ojos no aparecían lo suficientemente a menudo y, cuando lo hacían, no lograban que sintiera que me derretía por dentro. Y los ojos no eran los debidos, por supuesto. Demasiado claros. Demasiado azules. Sin el destello que me hacía sonreír quisiera o no. A veces, la perfección puede resultar demasiado uniforme.
Suspiré. Estaba siendo demasiado quisquillosa, ¿no?
En el fondo, sabía por qué, pero traté de no pensar en eso.
Signum llenó mi copa con un champán mucho más exquisito que el que yo solía comprar en la tienda de la esquina.
― ¿Nanoha?
― ¿Mmm?
― ¿Esta todo bien?
― Desde luego ― contesté, y traté de dedicarle mi mejor sonrisa de Marilyn.
Signum se volvió a mirar por encima de su hombro.
― Pareces fascinada con algo que hay detrás de mí. ¿Sucede algo con el restaurante? Y no dejas de suspirar.
Negué enfáticamente.
― El restaurante es encantador. No estaba mirando nada en especial.
Traté de ignorar las imágenes de Fate que no dejaban de surgir en mi cerebro y me esforcé en recordar alguna especial de Signum, pero resultaban muy confusas.
Suspiré larga y profundamente. Signum bajo un momento la mirada hacia su postre y luego volvió a mirarme.
― He llegado demasiado tarde, ¿no?
Traté de negarlo, pero no encontré las palabras. Como caballerosa que era, Signum no dijo más. Fue encantadora hasta que terminamos de cenar, y se mostró atenta y divertida durante el café y en el regresó a casa. El beso que me dijo en la mejilla al despedirse fue decididamente platónico.
Logré contenerme hasta que entré en el apartamento. Entonces corrí a la cocina y abrí la nevera para sacar el helado de chocolate. Pero dudé antes de empezar. Al parecer, ya había superado la fase del chocolate y me sumergí de lleno en la de los sollozos.
¿Por qué seguía sufriendo? No había cometido el fatal error de perseguir a Fate. Esperaba estar haciendo lo correcto.
De pronto me enfadé. Corrí al cuarto de estar a mirar la foto de mi madre.
― ¡Es todo culpa tuya! ― Grité ―. Tú me hiciste esto. ¡Esto es lo que me dejaste de herencia y no lo quiero!
Sin pensar en lo que hacía, arrojé la foto contra el suelo. Me quedé consternada al ver cómo se rompía el cristal. Arrepentida, me agaché a recogerla. Afortunadamente, el marco seguía intacto. Contemplé atentamente a mi madre. Aunque la sonriente expresión de su rostro nunca cambiaba, su expresión pareció volverse más seria. Era como si estuviera tratando de enviarme un mensaje.
"No seas tonta, como yo. No cometas los mismos errores que cometí yo".
― Trato de no hacerlo ― susurré con un hilo de voz ―. Pero no funciona. Siento… Siento… ― Cerré los ojos y unos gruesos lagrimones se deslizaron por mis mejillas.
No tenía sentido seguir negando lo evidente. No tenía sentido tratar de ponerme de nuevo el antifaz.
Estaba enamorada de Fate y siempre lo estaría.
Pero entre mis genes no estaba precisamente el del equilibrio. ¿Una carretera de dos direcciones? ¡Ja! Cualquiera que me conociera sabía que monopolizaba la carretera y me comportaba como si tuviera mi propia escolta policial cuando conducía. Y, al igual que me había empeñado en moldear el mundo a mi gusto para que me sirviera, sabía que me entregaría con la misma intensidad a amar a Fate.
Sabía que podría entregarme a ella en cuerpo y alma y que nunca dejaría de hacerlo, hasta acabar siendo una sombra de mí misma, como le sucedió a mi madre. Y entonces dejaría de ser la mujer de la que se había enamorado Fate.
Al principio se quedaría, claro. Eso no lo dudaba. Pero luego la relación se estancaría y acabaríamos odiándonos, y Fate merecía mucho más que una mujer que estaría siempre esperando encontrar una nota de despedida en la almohada, una cama vacía…
Tal vez había hecho bien rompiendo con ella desde el primer momento en lugar de haberme dejado llevar por un falso sentimiento de seguridad.
Volví a mirar a mi madre. Parecía que volvía a sonreír.
― ¿No podrías haber encontrado a una buena mujer? ― Susurré ―. ¿Una mujer que no te hubiera abandonado y consumido? ¿Una mujer que hubiera sabido cuidar tu corazón? De haberla encontrado, probablemente seguirías aquí y yo te habría tenido a mi lado el tiempo suficiente para…
"Una mujer que hubiera sabido cuidar tu corazón".
Oh.
Yo era como mi madre, pero me había llevado todo aquel tiempo comprender lo que eso significaba. Lo que podía significar.
Puede que mis zapatillas de terciopelo rojo no fueran el calzado más adecuado para las circunstancias. Sé que la conductora del barco había recomendado un calzado más práctico, pero, al menos para mí, aquél era un calzado práctico. Había oído decir que Langwaki era un centro turístico, pero no sabía que había tantas islas en el archipiélago. El paisaje era espectacular. Las islas estaban llenas de montañas cubiertas de una exuberante vegetación. Tan sólo se libraban de ésta las innumerables playas que las circundaban.
El barco rodeó un pequeño cabo y el centro turístico al que nos dirigíamos apareció ante mi vista. Creo que me quedé un momento sin aliento.
No se trataba de un hotel normal. No se trataba del típico lugar tosco y de madera al que acudían los típicos turistas mochileros. No, aquello se parecía mas al hotel de un cuento de hadas.
El barco atracó junto a unas escaleras que llevaban a una zona de recepción y los demás pasajeros comenzaron a descender. Dejé que se adelantaran mientras me preguntaba si estaría en el lugar correcto. Repetí el nombre del lugar a la conductora del barco, que asintió enfáticamente. Después no tuve más remedio que bajar del barco y seguir con mi viaje.
Cuando entré en el hotel fui directamente a recepción. Una joven que vestía una bonita chaqueta roja sin cuello me sonrió desde atrás del mostrador. Carraspée.
― Estoy buscando a Fate Testarossa. Se dedica a construir…
― Ah, Si, la señorita Testarossa. Me ocuparé de que alguien la lleve a donde está.
Aplaudió dos veces y una joven con el mismo uniforme apareció como de la nada y me hizo una seña para que la siguiera. Mientas caminábamos me contó lo encantados que estaban todos en la isla con el proyecto ecológico de casas en los árboles. Yo asentí distraídamente mientras la seguía por una maraña de caminos que llevaban a la selva, a una sección del centro turístico que aún no estaba abierta a los turistas.
Tras unos minutos nos detuvimos en un puente que cruzaba un pequeño barranco y llevaba a un chalet de madera. Mientras los demás chalets que había visto eran del tradicional diseño malayo, aquél era mucho más moderno, pero precioso, con un diseño fluido y orgánico.
Mi guía señalo el otro lado del puente, asintió, y a continuación regresó por donde habíamos venido.
Cuando llegue al chalet vi que se trataba de otra mini zona de recepción. Desde aquel punto partían numerosos puentes que se dirigían hacia los árboles en diferentes direcciones. Había una mujer vestida con un overol trabajando tras el mostrador de recepción.
― Estoy buscando a Fate Testrarossa ― dije.
La mujer asintió y señaló un sendero que salía a la derecha.
― Gracias ― empecé a caminar y, en aquella ocasión, los tablones me llevaron hacia arriba, hacia los árboles, hasta que alcancé una plataforma que rodeaba un enorme tronco. Bajé la mirada y comprobé que estaba a gran altura. Debajo circulaba un riachuelo que se dirigía hacia la playa. Había incluso una pequeña cascada enmarcada de helechos. Moví la cabeza, asombrada, pero cuando alcé la mirada volví a quedarme sin aliento. Frente a mí se hallaba lo más asombroso que había visto en mi vida: todo un pueblo de casas en los árboles, algunas más grandes que otras, pero todas de un diseño estructural parecido, y todas conectadas entre sí por un entramado de puentes de cuerda, plataformas y caminos aéreos. A pesar de que el diseño era asimétrico, resultaba asombrosamente armonioso.
De pronto escuché unas voces, supuse que procedían de una de las casas cercanas y traté de guiarme por su sonido. Me detuve al notar que sonaban justo encima de mí, en una casa a la que se accedía por una escalera en espiral. Una mujer apareció en lo alto de la escalera y esperé que bajara para dirigirme a ella.
― Hola ― saludé, y la mujer dio un respingo. Supongo que no estaba acostumbrada a ver mujeres vestidas de blanco deambulando por la selva ―. Estoy buscando a Fate Testarossa.
La mujer respondió como pudo en japonés a la vez que señalaba a lo alto de las escaleras. Le di las gracias y empecé a subir.
La habitación principal de la casa era deslumbrante. A pesar de que aquella parte del complejo turístico aún no estaba oficialmente terminada, era evidente que faltaba muy poco para lograrlo, porque ya estaba completamente amueblada y decorada. En el centro había una gran cama vestida de lino blanco con una preciosa cabecera de madera oscura. Las paredes eran blancas, pero adquirían un mágico tono verdoso gracias a la luz procedente del exterior.
― ¿Fate? ― Apenas susurré su nombre, abrumada por un repentino ataque de nervios. No tenía ni idea de cómo reaccionaría al verme allí, en su territorio. Si yo hubiera sido ella, no habría querido saber nada de mí.
No hubo respuesta, pero entonces me fijé en que había un balcón en un lateral del cuarto. Al asomarme a la puerta que daba a éste, y la vi. Fate. Estaba junto a la barandilla contemplando el selvático follaje que se extendía en todas direcciones. Al salir al exterior pisé con fuerza para anunciarle mi presencia.
Fate se dio la vuelta y se quedó boquiabierta.
Creía que había perdido el poder de afectarla, pero nunca la había visto tan conmocionada. Pero su aspecto no se debía por completo a la momentánea sorpresa. Su rostro parecía diferente. Se veía agotada, decaída, y tenía unas evidentes ojeras.
Sentí un furioso cosquilleo en la nariz. Yo era la responsable de aquello.
Creía haber entendido cuánto daño le había hecho, pero hasta aquel momento no lo había entendido de verdad.
― Hola ― saludé, con el corazón bailando enloquecido en mi pecho.
No pude mantenerle la mirada. Tontamente, había esperado captar en ella la vieja calidez de siempre, pero no fue así. No sabía que unos ojos carmesí como aquéllos pudieran resultar tan fríos. Pero no logré mantener la mirada apartada mucho rato. Sentí que no la veía hacia meses, años, pero supuse que era lógico; a fin de cuentas, me había pasado la vida "no viendo" a Fate Testarossa. Qué estúpida y cobarde había sido…
― ¿Qué haces aquí? ― Preguntó, completamente inmóvil, como si temiera que pudiera desvanecerme en una nube de humo.
― Echaba de menos a mi mejor amiga.
― No estoy segura de que tú y yo podamos volver a ser amigas ― replicó Fate con cautela.
Yo estaba aterrorizada. Temía haber llevado las cosas demasiado lejos en aquella ocasión, más allá del punto sin retorno. Sabía que no merecía el perdón de Fate, pero debía intentar conseguirlo.
― Lo sé ― murmuré ―. Pero mientras has estado fuera he tenido tiempo de pensar. De pensar de verdad.
Fate me miró como diciendo que no creía que "pensar" fuera a resolver mis problemas. Una buena patada en el trasero, tal vez…
Me acerqué a ella, pero la frase que tenia planeada se esfumó de mi mente ante el paisaje que se extendía ante mí.
Parecíamos estar flotando en el aire. Ante nosotras se extendía la selva, árboles altísimos, enormes hojas, destellos de color, y, más allá, apenas visible a través de la densa vegetación, la arena dorada de una playa y el mar.
― Creó que éste es el lugar más hermoso que he visto en mi vida ― susurré.
Fate se volvió y apoyó las manos en la barandilla.
― Ya te dije que te gustaría ― dijo en tono inexpresivo, aunque al menos me estaba hablando ―. ¿Qué quieres de mí? ― Añadió sin mirarme.
Tragué saliva. Había llegado el momento de la verdad. Los juegos de evasión, de autoprotección, habían terminado. Decirle a la antigua Fate que la quería iba a ser duro, pero confesárselo a la nueva Fate… Era prácticamente imposible. Aquella Fate era mucho más peligrosa…Y no sólo porque yo hubiera abierto los ojos a una atracción que había sido obvia para casi todas las mujeres que conocía.
Aquella Fate tenía el poder de aplastarme, en convertirme en la mujer desesperada que nunca había querido ser. La antigua Fate habría acabado por perdonarme, pero aquella mujer a la que amaba probablemente no lo haría. Probablemente no debería hacerlo. En cualquier caso, ya era dueña de mi corazón, y yo sabía que, si alguna vez iba a tener la más mínima posibilidad de arreglar las cosas con ella, tenía que ofrecerle a "esa" mujer como sacrificio. Si Fate hundía su cuchillo en mi corazón, que así fuera. Yo era impotente para hacer otra cosa.
Volví el rostro para mirarla y esperé a que ella hiciera lo mismo. En lugar de volverse del todo, se limitó a mirarme con cautela por encima del hombro.
― Lo siento ― dije, y, muy a mi pesar, sentí ganas de llorar. ¿Qué pasaba últimamente? ―. Lo siento de verdad… Siento todo lo que dije y lo que hice. Todo lo que traté de hacer… ― Respiré profundamente para armarme de valor ―. Pero también he venido a decirte que estás equivocada ― vi un destello de sorpresa en los ojos de Fate, pero enseguida fue seguido por otro de rabia ―. El amor no es un camino de dos direcciones ― añadí ―. El amor no es una cuestión de equilibrio.
Fate abrió la boca para contradecirme, pero las palabras murieron en sus labios cuando alcé una mano, la apoyé en su mejilla y sonreí.
― El amor significa una rendición total, porque… ― Me interrumpí al sentir que las lágrimas volvían a inundar mis ojos. Cuando volví a hablar, lo hice con voz involuntariamente temblorosa ―… Porque no hay ningún equilibrio en lo que siento por ti, Fate Testarossa. Ningún equilibrio en absoluto. Y eso me asusta mucho.
Los ojos rojo carmesí de Fate no perdieron su dureza. Sentí que mi estómago se encogía en un puño.
― Lo que siento por ti… ― Continué ―… Es todo lo que soy. Lo es todo. Finalmente he comprendido cuál fue el verdadero legado de mi madre, porque me siento orgullosa de ser como ella. Yo también tengo la capacidad de entregar mi corazón completamente, sin reservas. Mi madre no eligió bien, pero yo sí he elegido bien. He encontrado unas manos seguras en las que puedo poner mi corazón a buen recaudo.
Fate se apartó de la barandilla y me rodeó con los brazos. Permanecimos un momento en silencio, frente contra frente, pecho contra pecho, corazón contra corazón.
― Te quiero, Fate. Más que la vida misma ― dije, y a continuación la besé lentamente, con suavidad e infinita ternura, plenamente consiente de lo que sentía y lo que eso significaba. Se había acabado el jugar al escondite, las continuas huidas.
El mundo pareció quedar en suspenso durante unos segundos, hasta que la dureza es esfumó de la mirada de Fate a la vez que cubría la mano que yo tenía aún apoyada en su mejilla con la suya y la retiraba. A continuación besó con delicadeza mi palma. Cuando abrió la boca para hablar, apoyé un dedo en sus labios.
― Aún no he terminado ― dije.
Fate sonrió.
― Me encanta cuando te pones mandona conmigo.
Yo reprimí una sonrisa y volví a ponerme sería.
― Te entrego todo mi ser porque sé que, a cambio, tú te entregarás de lleno a la mujer que amas ― apoyé las manos en su pecho y me miré los dedos ―. Tu corazón es fuerte, leal y fiel, y me preguntaba si algún día podrías confiar lo suficiente en mí como para… ― Me arriesgué a mirar a Fate y, con voz temblorosa añadí ―:… ¿Entregármelo?
La mirada que me dedicó fue tan intensa que temí que se derritieran las suelas de mis zapatos. Luego deslizó una mano tras mi cabeza y me besó hasta que sentí que empezaba a marearme.
― Siempre será tuyo ― dijo con voz ronca cuando se apartó ―. Siempre ha sido tuyo y siempre lo será ― añadió con una sonrisa.
Eso era todo lo que necesitaba saber. Cuando le devolví la sonrisa, Fate me miró como si quisiere absorberme.
― Veo que la "otra chica" no ha desaparecido por completo.
Negué enfáticamente con la cabeza.
― La vida sería muy aburrida si no anduviera cerca para mantenerte alerta.
Fate río abiertamente.
― Veo que vamos a tener que trabajar en eso.
No dijo nada más. Se limitó a mirarme mientras yo hacía lo mismo. Estábamos entablando toda una conversación son nuestras miradas. No tenía idea del lenguaje que estábamos utilizando, pero me daba igual, porque, aunque mi mente no entendía las palabras, mi corazón había captado su significado y estaba asintiendo enfáticamente.
Fate deslizó un dedo por mi labio inferior y yo dejé escapar un suspiro.
― Veo que el pintalabios rojo está aquí para quedarse.
Ladeé la cabeza y entreabrí los labios, respondiendo a su comentario con una sugerente invitación.
― Sí, ha venido para quedarse. Pero tienes permiso para quitármelo a base de besos cuando te apetezca.
Fate río. Pero siendo Fate quien era, no me decepcionó.
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