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«epilogue: i'm here, mike»
—Entonces... ¿Esto es todo?
Eleven se encontraba sentada junto a Mike en la rama de un árbol, viendo el amanecer. Ninguno de los dos había podido conciliar el sueño, por lo que terminaron saliendo de casa de los Byers, no sin antes dejar una nota avisando sobre su paradero, para así ir a ver el amanecer juntos. El tenía su cabeza apoyada en el hombro de Michael y sus manos estaban entrelazadas. Wheeler no podía sentirse más dichoso.
Giró levemente para verla, su rostro demostraba serenidad, sus labios estaban curvados en una pequeña sonrisa que hizo que Mike se sonrojara.
—¿A qué te refieres? —cuestionó. La castaña soltó un suspiro.
—La aventura. Los monstruos. El riesgo —dijo, volteando a verlo, con esos ojos pardos que enamorarían a cualquiera. A Mike, por ejemplo—. ¿Todo se acabó? —preguntó. Mike no sabía si era bueno o malo.
—Depende, ¿tú quieres que acabe? —la pregunta dejó a la chica pensando. ¿De verdad quería que todo se volviera monótono y sin emociones?
Lo pensó durante un rato, mientras contemplaba como el sol se asomaba sobre el horizonte. Sus ojos se iluminaron al ver como los pájaros salían de sus nidos y emprendían el vuelo, en busca de comida. Por aquí y por allá veía belleza, en cualquier cosa. Entonces, se cuestionó si en realidad deseaba poner en peligro tantas cosas hermosas solo por vivir aventuras.
—Sí y no —respondió, luego de un rato. Mike iba a cuestionar el significado de su respuesta, pero ella siguió—. Quiero vivir tranquila, a tu lado, sin preocuparme por monstruos o gente mala —empezó, volviendo a apoyar su cabeza en el hombro de su novio—. Pero... No quiero que las aventuras se acaben. Quiero que nuestras vidas sean emocionantes, viviendo al máximo cada cosa pequeña —se miraron a los ojos, las mejillas de Mike se tornaron de un rojo intenso. Eleven rió—. Eres muy lindo, Mike —le dio un beso en la punta de su nariz.
Se quedaron así, en silencio, solo contemplando la vista que les ofrecía el bosque. Este no era el final, apenas era el comienzo de algo más grande; la vida que les esperaba juntos.
Los meses pasaron, hasta que la primavera llegó y el baile temático de la estación se acercaba. Pero dejemos quieto al baile (por ahora), los niños habían integrado a Cressidy a su grupo apenas al día siguiente de volver. La niña se había mudado con Hopper a su remolque, el hombre había pospuesto los planes de compromiso que quería llevar a cabo con Joyce hasta que la pequeña fuera legalmente su hija. Para proteger a Cressidy, cambió su nombre legalmente a Ibby Hopper, para que así la gente del manicomio no la encontrara. Joyce no tuvo inconvenientes con esto, pero sí con que su hijo de repente se sonrojara y tartamudeara cuando estaba cerca de la niña, será una relación extraña, se decía.
Avalanna se había recuperado rápidamente y cuando finalizó el fin de semana, volvió a Santa María para cuidar a Cedric. Al parecer, no era mentira que lo habían chocado. No vieron a Lana durante un buen tiempo en la escuela debido al hecho de que no quería despegarse de sus hermanos, la casa Bech estuvo desolada por al menos una semana, hasta que todo volvió a la normalidad. La pelirroja parecía más viva, contenta. Sus ojeras habían desaparecido y una sonrisa siempre adornaba su rostro, sonrisa que hacía babear a Dustin. Hablando de él, una tarde, invitó a la chica a salir a solas a la heladería de la ciudad. Luego de esa tarde, los veían siempre tomados de la mano, nadie preguntaba nada; no hacía falta.
Lucas seguía solo, porque a él no le interesaban las chicas a esa edad, ni los chicos. Era el único de su grupo de amigos que no tenía intención de conseguirse a alguien, solo quería disfrutar de la poca niñez que le quedaba. Hizo las pases con Eleven y prometió ya no ser tan amargado, aunque no podía cumplirlo del todo los días que se reunían en el sótano de Mike y, más que jugar, se la pasaban mirando cual tontos enamorados a las chicas. Solo suspiraba y esperaba que esa tortura terminara pronto.
Hablando de tortura, Steve estaba en las mismas que Lucas, puesto que Jonatan se le había declarado a Nancy y ahora estaban saliendo, o algo así. A Steve no le interesaba volver a tener novia, puesto que era todo un problema, prefería quedarse solo con sus cigarrillos... Al menos hasta que fue el baile de primavera y necesitaba alguien para ir, entonces, invitó a Avalanna, quien se había hecho cercana al trío, como amigos.
Todo era paz, pero ahora debían enfrentarse a un problema en común: el baile de primavera.
Era obvio quien iría con quien, pero no como pasarían la noche. El baile, a diferencia del Snowball, era al aire libre, con la naturaleza rodeándolos. El tema eran las flores, no era obligación usar un vestido lleno de estas o un traje colorido como los de los sesenta, pero algún arreglo florar era indispensable para encajar. Dustin había comprado un ramillete de margaritas para Lana, Cressidy le había regalado a Will uno de azucenas blancas e Eleven había recibido un bonito tulipán rojo para ponerse en el pelo de parte de Mike.
Eleven, Lana e Ibby se estaban arreglando en la casa de la segunda. Se habían hecho muy buenas amigas, a pesar de que en un principio Eleven no confiaba tanto en Lana por ser hermana de Ava. El tiempo hizo su magia y ahora ya era historia. Por otro lado, se la pasaba casi siempre con Ibby, puesto que no podrían inscribirse aún en la escuela si no hasta el año siguiente, por lo que hacían tonterías juntas siempre. La pelirroja estaba sentada en su cama, mientras veía como Ibby ayudaba a El a alisar su vestido.
—El rojo te queda bien —reconoció, la castaña le dirigió una sonrisa. El vestido de la chica era en su totalidad rojo, con los hombros descubiertos y tan largo como para llevarlo arrastrando. Era simple, pero bonito.
—Y a ti el verde —alagó Ibby a la pelirroja. Esta llevaba un corto vestido verde con bordados amarillos, de nuevo, muy simple pero bonito.
Ibby se tiró a un lado de Lana en la cama de esta y miró el reloj de la mesita de noche.
—Ya casi son las siete —informó, levantándose para alisar la falda de su atuendo y poniéndose su abrigo negro, por si las dudas.
A las siete menos dos minutos, los chicos salieron caminando hasta la casa de la pelirroja. Todos iban con trajes negros, exceptuando a Will, quien se había vestido de blanco y corbata negra. Lo molestaron diciendo que parecía una novia, pero él no les hizo caso, pues habían pactado con Ibby cambiar eso de que los chicos debían usar negro y las chicas cualquier otro color, cambiando los roles. Si mantenía su promesa con la chica, lo demás no le importaba. Lucas iba con sus manos metidas en sus bolsillos, poco o nada le interesaba el baile, era solo otro festejo para la gente con pareja. Ir allí sería como comer pan frente a un mendigo; entiéndase que todos tenían pareja y él estaría solo.
A las siete en punto, tocaron a la puerta de los Bech, les abrió una pelirroja que no era ni Lana ni Avalanna. Lucas podía decir que sus días de amargado habían terminado.
La extraña alzó una ceja al analizarlos a todos.
—¿Los ayudo en algo? —preguntó, apoyándose en el marco de la puerta. Dustin tomó la palabra.
—Yo busco a Lana, el enano de blanco a Ibby, la rana a Eleven y él —señaló a Lucas— es solo un colado solitario. —Bromeó, la chica sonrió y volvió su vista hacia dentro de la casa.
—¡Lana, te buscan a ti y a tus amigas! —gritó, miró una vez más a los chicos en las escaleras y les ofreció una sonrisa—. Soy la prima de Lana, Maxine, pero me dicen Max —se presentó, los chicos dijeron un leve "ah", con razón eran tan parecidas, pensaron.
El ruido de tres pares de pies bajando por las escaleras, ocasionalmente risas, se escucharon hasta la puerta. Luego de una corta espera, las tres chicas estaban en la puerta, con sonrisas de oreja a oreja. Maxine alzó las cejas y se alejó, volviendo al sofá del living, bajo la atenta mirada de Lucas. Lana se despidió de Max y emprendieron su camino hacia el baile.
El trayecto fue corto y divertido debido a las múltiples anécdotas graciosas de Lana y Will, debido a la fuerte amistad que se había instalado entre el dúo, habían pasado muchas cosas graciosas e incomodas juntos. Algunas eran dignas de relatar, otras, de olvidar. Llegaron al baile en un parpadeo, entraron emocionados, las decoraciones eran de lo más bonitas. Ya había gente para el momento de su llegada, algunos de cursos más altos, otros de su salón.
Comieron y charlaron con otros chicos de la escuela, cuando pasaban alguna canción alegre, de esas que es inevitable no pararse y bailar, Ibby tomaba el ejemplo y arrastraba a Will a la pista de baile, animando así a los demás a hacer lo mismo. Lucas sacó a bailar a una solitaria Jennifer Hayes, pero, dentro de su oscuro corazón, él sabía que con quien deseaba bailar era con Max. Se dijo que, apenas terminara la fiesta, le pediría a Lana más información sobre su prima.
Cuando el festejo se iba a terminar, pasaron una última canción, una lenta. Los mayores se unieron, sin vacilar, al momento con sus respectivas parejas. Steve salió a bailar con Avalanna y Nancy junto a Jonatan. Los niños al principio estaban un poco cohibidos, ya que no era lo mismo hacer el tonto a propósito con pasos de baile graciosos, que bailar en serio junto a alguien. Al final, incluso los menores buscaron su lugar en la pista y empezaron a mecerse al ritmo de la música, acompañados de su cita esa noche.
Steve procuraba tratar a Avalanna con suavidad, pues Cedric le había advertido que si se pasaba con su hermana gemela, que no esperara un salvador cuando él mismo lo mandara a la otra dimensión. A la chica no le podía importar menos las amenazas de su hermano, sabía que no era capaz, no mientras Ava tuviera en su poder las revistas para adultos que su hermano escondía de sus padres. Además, le gustaba la compañía de Steve.
Eleven miraba con curiosidad a sus amigos, estos bailaban con los ojos cerrados, meciéndose de un lado a otro, sin embargo no chocaban con nadie. Pensó que quizá tenían años de entrenamiento para poder logar algo así, ya quisiera ella poder hacer eso con Mike. Por lo que simplemente posó su cabeza en el hombro del chico y siguió bailando. Por su lado, Mike estaba más que dichoso, aunque siempre se sentía así cuando Eleven estaba a su lado. Desde que había vuelto, sentía como cada noche que lloró por El había valido la pena. Estaba feliz, de verdad que sí; lo primero que hacía por la mañana, además de la rutina básica de siempre, era tomar su bicicleta e ir hasta casa de los Byers para saludar a Will y estar con su chica. Luego, cuando volvía de la escuela, salía a pasear con ella, iban a cualquier lugar, puesto que hasta el más mínimo rincón de Hawkins representaba algo nunca antes visto para Eleven. Al final, durante la noche, se despedía de la «El física» y le decía hola a «El de los sueños». ¡Ni durmiendo dejaba de pensar en la muchacha de pelo marrón!
Respiró profundamente el perfume de rosas que le había puesto la chica. Amaba ese olor, más si era Eleven quien lo portaba. Entonces, de sus labios escaparon las mismas palabras que le dijo aquél día en la cantera.
—Estás aquí. —Murmuró, al borde del llanto. Sus pensamientos, más el solo de piano de la canción, sumado al dulce tacto de la piel de Eleven contra la suya, hacía todo tan... Irreal, tan mágico.
La castaña levantó su cabeza y lo miró a los ojos, dedicándole esa sonrisa que derretiría el más frío de los corazones.
—Estoy aquí, Mike. Y siempre voy a estar aquí para ti. —Entonces, asegurándose de que los profesores no los vieran, volvieron a unir sus labios en un corto beso. Una promesa venía implícita en aquel beso, y era quererse mucho hasta que la muerte los separe.
Doce años después.
Hawkins, 1997.
La ciudad de Hawkins estaba en el mejor de sus momentos. Luego de que trece años hubieran pasado desde la última desaparición de un niño y doce de una enfermedad de transmisión desconocida, las cosas solo habían mejorado. El crimen había desaparecido de las calles de la ciudad, los niños podían salir a cualquier hora y volver a casa sanos y salvos, todo gracias a Jim Hopper y el departamento de policía local. Hablando de él, luego de que hubiera pasado un tiempo prudencial, le pidió matrimonio a Joyce, quien, obviamente aceptó. Se casaron a los seis meses y vivieron en la casa de la pelirroja, con Ibby e Eleven como hijas adoptivas.
Las cosas para el Stranger Squad (nombre puesto por Dustin) tampoco iban tan mal. Todos habían terminado la escuela con notas excepcionales, tenían trabajos buenos y, la mayoría, estaban casados con las personas que amaban. Los primeros fueron, como no, Eleven y Mike. Luego del beso en el baile de primavera, su relación se fortaleció más. Se cuidaban mutuamente, se respetaban y jamás hubo peleas de por medio, quizá una que otra discusión sobre temas triviales que terminaba así como empezaba, pero, de allí en más, nada. Meses luego de su graduación, se comprometieron. Con dieciocho años y una vida por delante, el amor entre esos dos parecía no acabarse. Su primer hijo nació a los dos años de matrimonio, un bonito varón con los ojos de su madre y el pelo de su madre, lo llamaron Louis.
Los segundos en contraer matrimonio, sorpresivamente, fueron Nancy y Jonatan. En el verano de 1991, dieron el «sí» en una sencilla ceremonia con los amigos más cercanos y sus familias. Habían terminado sus carreras, tenían empleos estables, habían salido durante mucho tiempo, entonces ¿por qué no? Fue tan repentino que apenas pudieron comprar sortijas de matrimonio, las obtuvieron en una tienda de segunda mano un día antes, aún así, las joyas no importaban, importaba el propósito; unir sus vidas. Al volver de su luna de miel, se dieron cuenta de que ellos también serían padres en poco tiempo, pues Nancy esperaba gemelos. Nacieron una noche de primavera, en 1992, el primero fue Damian, dos horas luego, Delilah. Ambos idénticos, solo diferenciados por el color de sus ojos. Delilah tenía los ojos negros de su padre, mientras Damian los zafiros de su madre.
Si hablamos ahora de, por ejemplo, Ibby y Will, ni siquiera hacía falta una boda, el dúo vivía junto desde que pudieron independizarse de sus padres. Por el momento, no querían comprometerse, querían disfrutar sus años de juventud al máximo, salían de vacaciones a lugares bonitos y pintorescos, compartían hobbies, se apoyaban mutuamente con cada cosa que quisieran hacer. Los hijos tampoco estaban en los planes de la joven pareja, pues lo consideraban un impedimento a la hora de tener diversión, aunque no descartaban la posibilidad de tenerlos en un futuro. Cosa contraria a lo que sucedía con Dustin y Lana.
Por su parte, ellos se habían casado ese mismo año. Sin embargo, hacia mucho tiempo ya, Lana había descubierto que era estéril. Luego de la puñalada que le había dado Gotye cuando tenía trece años, algo había pasado en su interior; Avalanna, al parecer, no había podido curarla del todo. Y lo que más quería Bech era formar una familia con Dustin, no pedía un hijo, ni dos, solo uno. Un pequeñito que fuera la prueba del enorme amor que se tenían. Sabía que el amor y estabilidad de un matrimonio no se basaba solo en eso, pero siempre quiso ser madre, tener el orgullo de decir «¡Ese es mi hijo!». Dustin la apoyaba muchísimo cuando el tema de la descendencia salía a la luz, siempre decía que podían adoptar y ella decía que lo pensaría. Aunque tenía clara la idea de que no pensaría nada; ella quería la experiencia completa.
En noticias menos tristes, Lucas había logrado salir con la prima de Lana, Maxine. Quien resultó ser de lo más amigable y dulce, de verdad que había cambiado mucho desde que estaba con ella. Y hablando de cambiar, no eran novios, ni nada por el estilo, pero desde que Steve había sacado a bailar a Avalanna en el baile de primavera de 1985, se habían vuelto muy cercanos, de más. Ava lo guiaba por el buen camino y Steve intentaba ser mejor para complacer a su mejor amiga, cualquiera que los viera pensaría que eran novios o estaban casados, pero no. Solo había una hermosa amistad entre medio.
Un día, Mike e Eleven invitaron a todo el grupo a una reunión en su casa. Hacía mucho tiempo que no se reunían, sin embargo, luego de escuchar que Ibby y Will ya habían vuelto de su reciente viaje a Nueva York, decidieron no esperar más y organizar un reencuentro. Todos fueron. Absolutamente todos, desde Lucas hasta Steve. Incluso Jonatan y Nancy habían traído a los niños, quienes en ese momento tenían cinco años recién cumplidos. Los sobrinos de Mike jugaban con su primo de cuatro años en el patio, mientras en la sala los adultos charlaban, rememorando sus infancias y adolescencias.
—Jamás voy a olvidar la cara de Gotye cuando Lana le tiró agua bendecida —comentó Cressidy, ahora riendo, pero en esos días casi se orinó del susto—. Fue algo así —hizo una cara rara y los demás rieron a carcajadas.
—Cielos —dijo Lana, sacándose una lagrima de tanto reír—. Yo tampoco pienso olvidar las semanas luego de que todo acabó. ¡Todos creían que eramos lesbianas y salíamos! ¿Recuerdas? —contó, ambas volvieron a estallar en risas, siendo seguidas al poco tiempo por el resto del grupo.
—Oh, Dios —rió Max, mientras tomaba su estomago—. Ustedes sí que vivieron aventuras cuando aún no me conocían, ¿no? —preguntó, el grupo dijo un «sí» sincronizado.
Contaron anécdotas viejas, nuevas y planes que tenía cada uno para el futuro. Cuando llegaron al último tema, las manos de Will empezaron a sudar y sus piernas temblaban, era hora.
—De hecho, yo sí tengo un plan futuro que quisiera realizar ahora. —Confesó, la atención se centró en él, con sus manos aún temblando, metió su mano disimuladamente en su bolsillo trasero, esperando el momento. Giró a ver a su novia—. Ibby, sé que dijimos que no nos comprometeríamos jóvenes, que disfrutaríamos al máximo esta etapa —empezó, el corazón de la castaña se aceleró cuando Will se arrodilló frente a ella—. Pero, luego de esos días que pasamos en Nueva York, me di cuenta de que quiero, realmente, quiero pasar el resto de mi vida contigo —sacó la diminuta caja de terciopelo de su pantalón y la abrió, dejando ver un anillo dorado. La sorpresa se instaló en la sala, por su lado, Cressidy estaba en shock—. Cressidy Hopper Byers, ¿te casa...?
—¡Sí! —ni siquiera dejó a Will terminar cuando se abalanzó contra él exclamando «sí» repetidas veces. Sus amigos aplaudieron y ellos se dieron un corto beso. Will colocó el anillo en el dedo anular de su, ahora, prometida y esta sonrió.
—Ya que parece ser día de confesiones extremas —interrumpió Lana, callando a sus amigos y atrayendo la atención, miró a Dustin—. Estoy embarazada —dijo como si nada. El ambiente se llenó de silencio, hasta que Avalanna lo rompió.
—¿Pero... Tú no eras...?
—¿Estéril? —completó la oración por su hermana. Esta asintió, confundida a más no poder. Lana tomó un sorbo de su café—. Ah, sí, pues parece que no soy tan estéril como creíamos. De hecho, siempre hubo un noventa y ocho por ciento de probabilidades de que nunca tuviera un hijo. Al parecer, ese dos por ciento ayudó —dijo, con una sonrisa de oreja a oreja. Dustin se levantó repentinamente de su asiento, chillando emocionado.
—¡Wuu, seré padre! —exclamó con felicidad, levantando a Lana de su asiento para abrazarla.
El resto de la tarde pasó con una alegría enorme, luego de dos noticias de lo más emocionantes, el grupo solo se volvió más animado y jovial. Casi podían sentirse cada uno como niños de trece y diecisiete años, retozando y viviendo sus vidas al máximo.
Definitivamente, esto no era un final feliz, era un nuevo comienzo feliz.
Nota final: Queridos lectores, pasados, presentes, por venir; has llegado al final de esta bellísima obra que nació en año nuevo, se estructuró en las costas de mi país y se escribió en el comfort de mi cuarto y patio.
Probablemente muchos se pregunten cómo nació una historia así, qué la inspiró, de donde salió. La respuesta es simple; un edit, de Night Mime Subs, con la canción de Sia "I'm In Here", inició todo. Por ese edit, me vi la serie en una tarde, compré un cuaderno de tapa dura y empecé la odisea que fue escribir esta historia. La idea que me dio el edit fue simple; hacer una historia Mileven, donde Eleven le diera pistas a Mike para decirle que estaba con él, siempre en cada momento.
... ¿Hace falta señalar que me salí mucho de la idea original? Igual, no me arrepiento de nada. En un principio, Lana no iba a existir, Gotye tampoco. Luego de ver Split o Fragmentando, es que nace la segunda, la primera nació porque, bueno, quería añadirle a alguien más.
Pasé por muchos nombres, personalidades y pasados para estas dos. Primero, Lana iba a llamarse Megara, luego Alena, porque en ese momento estaba leyendo "Alena" de Gisselle apellido-raro, al final, opté por Lana. Corto. Bonito. Sencillo de recordar. Por su lado, al nombre de Cressidy juro que me lo inventé xd Literal, no recuerdo qué estaba haciendo y me salió Cressidy. De la nada. Me apuré a escribirlo en un papel y luego para Gotye, su nombre nació de un cantante llamado así, el de "Somebody that I used to know".
Tengo millones de historias que contar cuando se trata de este fanfic, como la vez en que mis compañeros casi descubrieron mi usuario en la plataforma, o cuando dejé mi cuaderno en casa de mi tía y estuve con el corazón en la boca todo el tiempo hasta que le devolvió el cuaderno-diario; en fin, mucho. Pero, me gustaría que ustedes me contaran las suyas, como sabrán, yo suelo actualizar por las noches, entonces, ¿han vivido alguna experiencia nocturna mientras leían bajo sus sábanas esta historia? ¡Quiero saber!
Hablemos del final, por si tenían dudas de como sería el hijo o hija de Lana y Dustin, les cuento. Es nena. Una bonita nena de pelo rojo y ojos marrones, le pusieron Diane, es hija única y nació en 1998.
Cressidy y Will se casaron meses después, fueron los últimos en tener hijos, fue un varón. Identico a su padre. Le pusieron Trevor, porque a Ibby le sonó a "trebol" y ella consideraba que su pequeño era su amuleto de buena suerte. Nació en 2001. Es el menor de todos.
Lucas y Max viven juntos, no planean casarse. Tienen un hijo canino, un lobo siberiano de tres años.
Steve y Avalanna siguen viviendo la vida loca. Esta vez, juntos.
