Capitulo X: UN MAL PRESAGIO

La cólera velaba completamente su rostro cuando entró en la sala de entrenamiento. Dirigió una mirada fría hacía el rincón donde todos se encontraban. La sangre de Nappa se heló como consecuencia de la misma. Conocía demasiado bien a su pupilo como para saber que estaba alterado. No comprendía por qué su anterior altercado; con aquella esclava, lo había puesto en ese estado, ni por qué le había ordenado salir, pero podía sentir la rabia desbordándose por cada uno de sus poros.

Vegeta se elevó hasta el centro de la sala, adoptando una posición de combate. Con imperturbable apariencia gritó:

-¡Comencemos!

Uno de los cadetes se situó frente a él, en postura defensiva. El ataque fue tan rápido, que ni tan siquiera pudieron verlo. De un certero movimiento, el príncipe, lo golpeó brutalmente haciéndolo caer en picado pero, antes de estrellarse contra el suelo, otro golpe lo impulsó a una de las paredes produciendo una gran brecha en ella. Velozmente voló hasta él, y empezó a castigarlo con sus puños, sin tan siquiera tomar conciencia de lo que estaba haciendo.

Habían vuelto la ira y la desesperación, podía sentirlas emanando de sus entrañas. Su pensamiento estaba puesto en aquellos ojos azules que, minutos antes, lo habían mirado nublados por la tristeza. Sufría el dolor que le había provocado y ese sufrimiento, lo consumía por dentro, como un fuego arrasando la poca cordura que le quedaba. Formó una gran bola de ki en una de sus manos.

Desde el suelo todos miraban horrorizados el espectáculo sin saber qué hacer. Veían como su compañero era golpeado sin piedad, pero ninguno osaba intervenir por miedo a que desviase su atención hacia ellos. La brillante bola de energía, refulgía aproximándose peligrosamente a su oponente, que no ofrecía ninguna resistencia después de la paliza recibida. Nappa, fue lo suficientemente rápido como para detenerlo, voló sujetándolo por la espalda y exclamó en voz baja, para que sólo él pudiera escucharlo:

-¡Ya basta! Lo vas a matar. Esto es un entrenamiento para cadetes, recuérdalo.

Nada ocurrió, luego pudo ver como la energía se disipaba y lentamente descendieron hasta tocar el suelo.

Nappa lo soltó para dirigirse al resto, ordenándoles:

-¡Llevad a ese saiyajin a un tanque de recuperación! y espero que jamás olvidéis esta lección. En una batalla estaríais todos muertos.

Obedecieron rápidamente con el temor aún dibujado en sus caras. Querían salir de allí cuanto antes.

Caminó hasta una pila de toallas y pasó una por su cuello, secando con la punta el sudor de su frente, su respiración estaba agitada por el esfuerzo. Advirtió la presencia de su tutor detrás de él.

-Majestad –habló este- lamento profundamente mis actos anteriores, asumiré el castigo que decidáis por mi comportamiento, aunque no acierto a adivinar porque estáis tan enfadado.

Se giró observando un instante a aquel que lo había acompañado desde la infancia, su más fiel aliado, del que tenía la certeza, nunca le traicionaría.

-No habrá castigo- sentenció y dicho esto se dirigió a la salida preguntando - Nappa. ¿Conoces a un tal Kakarotto?

-¿El hijo de Bardock? Sí, creo que sí. Está destinado en la: unidad dieciséis.

- Bien- se detuvo un momento, reflexionando - ¡Averigua todo lo que puedas de él!, quiero la información lo antes posible.

-¿Qué necesita saber?- Preguntó curioso.

-Ya te lo he dicho, ¡todo!- continuó caminando para detenerse nuevamente a la altura de la puerta y girarse- Otra cosa. Hazlo discretamente, es algo privado y no quiero a nadie husmeando en mis asuntos personales- Y dicho esto, salió dejando tras de si un más que sorprendido Nappa.

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Entró en la casa con el cuerpo inerte de la mujer entre sus brazos. Con una exclamación la voz de Chichi lo devolvió a la realidad.

-¡Bulma! ¿Qué diablos ha pasado? – Preguntó alterada mientras se abalanzaba hacia ellos.

-No lo sé. Se desvaneció al verme y todavía no ha despertado. He venido tan rápido como he podido.

Unos ojos azules, pestañearon durante un instante comenzando a abrirse.

-¡Bulma! ¡Bulma! ¿Te encuentras bien?

Tardó un instante en acostumbrarse a la luz y tomar conciencia de donde estaba. Observó el rostro preocupado de su amiga.

- No te preocupes estoy bien. Goku, ¿podrías soltarme?- dijo dirigiendo su mirada al saiyajin.

-¿Eh? Sí claro, disculpa- y con sumo cuidado depositó sus pies en el suelo.

Chichi la interpeló de nuevo.

-¿Qué te ha pasado?

Levantó sus ojos para mirarla. El brillo de sus pupilas atestiguaba las lágrimas que había derramado mientras que, la palidez de su rostro reflejaba toda la pena que su corazón sentía. Bulma subió la mano para acariciar la mejilla de su amiga.

-Nada, no te preocupes. No es nada- sus labios se curvaron en una triste sonrisa.

-Pero Bulma…- no pudo terminar.

-En serio Chichi, sólo estoy un poco cansada, es eso. Será mejor que me acueste. Mañana tenemos un largo viaje por delante- Se aproximó depositando un beso en la frente de cada uno-. Gracias por todo.

Mientras se retiraba observaron como su cuerpo temblaba de espaldas a ellos.

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Esperó pacientemente, durante varias horas a que la mujer apareciera. En el fondo sabía que no sería así.

Se entretuvo rememorando los momentos vividos anteriormente. El primer encuentro; cuando descubrió su embriagador aroma transportándolo al más excitante de los deseos. Se vio a sí mismo, tratando de averiguar como sería aquel ser, capaz de emanar tan delicioso olor. Recordó como su piel blanca y suave floreció ante sus caricias, y como su propio cuerpo, reclamaba imperiosamente el tacto frágil de su mano. Su exótico pelo, sus ojos azules capaces de seducirlo simplemente con una mirada.

¡Tenía que venir! Tenía que darle la oportunidad de poder explicarse, de poderla tomar entre sus brazos nuevamente. Esperanza, esa era la palabra y sin embargo sabía que no vendría. La conocía. Era orgullosa como él. No vendría. Se desesperó ante la certeza. Como podía el azar brindarle la oportunidad de conocerla, y luego arrebatársela.

¡Era el príncipe de los saiyajins! En cientos de planetas su sólo nombre provocaba pavor. Tenía la vida y el destino de miles de criaturas y mundos en sus manos y, sin embargo, la fortuna se permitía el lujo de reírse así de él. Había encontrado a la única mujer capaz de hacerle sentir que estaba vivo, y la había perdido.

La rabia lo cegó de nuevo, se levantó y apretando sus puños miró al cielo mientras, su cuerpo temblaba, acumulando cada vez más y más energía. La tierra empezó a ceder resquebrajándose a su alrededor. En el macabro juego de la vida siempre le tocaba perder, pero esta vez, las cosas iban a ser diferentes; nadie iba a arrebatarle lo que era suyo. ¡Nadie!. Cubierto de una intensa aureola azul; se elevó velozmente en el aire.

El sol comenzaba a ponerse dando paso a una incipiente oscuridad.

Bulma, se desvestía refugiada entre las sombras de su cuarto. No quería que la vieran llorar.

Por un momento quiso correr a su encuentro. Quiso darle la oportunidad de explicarse. Deseó con todas sus fuerzas que la convenciera para poder sentirse nuevamente entre sus brazos. Evocó sus pasionales besos y enloquecedoras caricias.

Lo amaba y esa realidad era lo peor de todo. No era por la mentira, podía hacer que le perdonara eso y mucho más; solamente con el roce de su mano. Pero ésta, le brindaba la certeza de saber que él no le correspondía. No era nada. Una distracción, un juego, una burla. Nada. Estaba acostumbrado a obtener lo que quería y se lo había dado, la deseó y la tuvo. Punto final. La verdad, pesaba sobre ella anudándose en su pecho apunto de estallar por el dolor.

Conocía la traición, la soledad, la mentira, pero ahora diferente, sencillamente le resultaba imposible olvidar y continuar. La huella que él imprimió en su corazón no se borraría jamás. Lo amaba por encima de todo, y al mismo tiempo, lo odiaba por todo; sin poder decidir un vencedor para la batalla que se libraba en su interior.

Deslizándose entre las sábanas, se recostó. Dudaba de que el sueño viniera a buscarla esa noche. Podía tomar algo que la ayudara a dormir, pero merecía todo lo que le estaba pasando por haber sido una idiota y, no mitigaría su castigo.

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Estaba sentado el uno frente al otro. Analizando por separado los acontecimientos del día. La voz de Chichi rompió finalmente el silencio reinante.

-Nunca antes la vi así. ¿Qué crees que pasó?

-No tengo ni idea- contestó Goku- Supongo que, las cosas no salieron como ella las tenía planeadas.

-Estoy preocupada. Bulma siempre ha sido fuerte pero hoy tenía algo demasiado profundo en su mirada- su mente rememoraba la tristeza de sus ojos.- No entiendo qué es lo que ha podido pasar… - sus palabras se ahogaron en un sollozo.

Él se acercó y arrodillándose a su lado, atrapó algunas de las lágrimas que resbalaban por sus mejillas entre los dedos.

-No llores. Todo va a estar bien.

-No. Nada va a estar bien. Todo esto es culpa mía. ¡Jamás debí obligarla a que viniera conmigo!- Su llanto se hizo más audible.

-Tú no la obligaste, en todo caso soy yo él que permitió que vinierais. Además tú misma lo has dicho. Es fuerte, lo superará.

Le miró incrédula.

-¿En serio lo crees?

-Bueno, es lo más razonable.

-¡¿Razonable?! ¡¿Desde cuando el amor es algo razonable?!- parecía enfadada- Hablas así porque no tienes idea de lo es amar a alguien. ¡Todo se desborda dentro de ti! La alegría y la tristeza se multiplican por mil cuando se trata de la persona amada. La razón deja de existir porque solo existe él. Y lo más loco te parece sensato sólo por eso. Sufres cuando estás lejos y te cuesta respirar cuando estás cerca, y el dolor de saberte no correspondido se hace insoportable y…

-Y no aguantas verla llorar, y dirías cualquier cosa por aliviar su pena, y darías lo que fuera por abrazarla - Clavó su mirada en los confusos ojos negros de ella.

-Parece que sabes de lo que estás hablando- dijo con un hilo de voz.

-Perfectamente y creo que tú también- y mientras pronunciaba estas palabras la envolvió entre sus brazos y la besó tiernamente.

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Golpearon imperiosamente la puerta. Sentado, ante un gran escritorio de pulido metal, levantó la vista hacia la entrada e intentó, borrar de su rostro cualquier reflejo de lo que estaba sintiendo.

-Adelante

Con una reverencia Nappa entró, cerrando tras de sí. Se tomó un momento antes de empezar a hablar para observar; el atormentado rostro de su príncipe. Hacía tiempo que no lo veía así. Quizás él era el único capaz de poder ver, a través de sus impasibles gestos, su estado de ánimo; no en vano lo había acompañado desde niño.

-Señor, he averiguado lo que me ordenasteis.

Su mirada centelleó nerviosa.

-Y bien ¿a qué estás esperando?- dijo tratando de aparentar tranquilidad.

-Inmediatamente Alteza. No ha sido fácil. Al parecer no tiene muchos amigos, pero su hermano ha presentado varias veces la solicitud para servir en vuestra unidad, aunque todavía no lo ha conseguido, es un buen muchacho y le gusta hablar.- Vegeta se revolvió en la silla, se estaba impacientando.- Bueno, supongo que eso no tiene importancia ahora. Soldado Kakarotto, hijo de Bardok como os anticipé esta mañana. Aunque este, no está demasiado orgulloso de que su vástago, sea un: tercera clase sin una gran fuerza de combate. Primeramente estuvo en una unidad de purga. Aquello parecía gustarle, sus informes eran excelentes, peleaba bien. Luego hubo un altercado y solicitó su traslado a la unidad de vigilancia dieciséis.

-¿Qué clase de altercado?

-Al parecer, se interpuso entre uno de sus compañeros y unos insurrectos durante una misión. Los hechos nunca se aclararon. Quedó mal herido y lo abandonaron. Reapareció al cabo de seis meses. El responsable del abandono fue castigado y a él se le concedió el traslado. Desde entonces ha estado en Kurai, en nuestra frontera sur. Llegó hace dos meses para su reentrenamiento trianual.

-¿Nada más?- la información no le parecía suficiente, además no era todo lo que quería escuchar.

-Como os he dicho, no es demasiado popular. No siempre fue así. Era pendenciero y cruel antes del incidente pero, a su regreso, estaba cambiado. No le gusta la compañía. Ha vivido alejado de todo el mundo los últimos años, tanto en Kurai como aquí. Resulta extraño que un soldado fije su residencia lejos de la base. Cumple con su trabajo por lo que sus superiores no tienen queja de él. Pero nadie puede dar demasiada información. Incluso su hermano Raditz desconoce por entero su vida. Sólo lo ha visto una vez desde que llegó a Vegetasei.

-¿Vive solo?- Vegeta formuló la pregunta con manifiesto interés.

-No. Viaja con dos esclavas. Las registró a su llegada, presentó los papeles de compraventa, todo en regla. Nadie las ha vuelto a ver desde entonces. Supongo que lo tendrán suficientemente entretenido y satisfecho, ya que no ha tomado ninguna otra mujer durante su estancia. Algo poco habitual en nuestros soldados- El ceño de Vegeta se frunció con visible disgusto por el comentario produciéndose; un tenso silencio entre ambos. Nappa continuó hablando- Una última cosa, no sé el interés que os mueve a pedir informes sobre Kakarotto y no tengo intención de inmiscuirme en vuestra vida privada pero, sea lo que sea, debéis tratar de resolverlo pronto. La unidad dieciséis tiene órdenes de partir otra vez hacia la frontera sur, debido a los problemas que estamos teniendo.

Vegeta pegó un salto levantándose rápidamente y preguntando mientras alzaba la voz.

-¿Cuándo?

-Mañana mismo. Embarcarán al amanecer.

Se dejó caer nuevamente en la silla con aire derrotado. Eso era lo que ella quería decirle. Se marchaba, fue a verlo para despedirse. Recordó sus palabras -"Eso ya no tiene ninguna importancia"- Bien, tal vez no la tenía para ella pero sí para él. Sabía lo que tenía que hacer.

Nappa escrutó con curiosidad a un príncipe totalmente perdido en sus pensamientos.

-Escúchame bien, inventa lo que quieras, pero ninguna unidad va a abandonar el planeta hasta que yo haya hablado con ese saiyajin. ¡Quiero verlo a primera hora aquí mismo! Se tan discreto como te sea posible pero, no dudes en utilizar tu influencia e incluso mi nombre para cumplir mis órdenes ¿Te ha quedado claro?

-Sí, Señor.

- Puedes retirarte.

Con una reverencia Nappa se marchó. Sabía que todo tenía que ver con la visita de aquella esclava, pero no acababa de entender que relación podía existir entre ésta y el príncipe, y la presencia de Kakarotto en todo el asunto lo complicaba aún más. Una idea vagaba por su cabeza y tan sólo esperaba; no confirmar sus sospechas. Porque entonces el peligro podía llegar a ser real, y eso era algo que él, no iba a permitir. Había jurado proteger a Vegeta y cumpliría ese juramento costase lo que costase, incluida su vida.

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No había amanecido todavía cuando decidió levantarse. Sus ojos hinchados eran testigos mudos de toda una noche de desesperación. El dolor dio paso a la indignación. Lamentó una y mil veces haber estado tan ciega para confiar en él hasta el punto de entregarse completamente, sin condiciones, sin dudas. No le quedaba nada que hacer en ese planeta. Quizás el tiempo y la distancia cerrarían la profunda herida, aunque tenía la certeza de que llevaría siempre con ella la amargura de ese momento. Las lágrimas rodaron de nuevo por sus mejillas.

-¡Tienes que sobreponerte, Bulma!- se regañó a sí misma, restregándose los ojos con el reverso de la mano. Haciendo acopio de las últimas fuerzas que le quedaban se dispuso a encarar a sus amigos. En unas horas estaría lejos de todo aquello, tenía que aguantar hasta entonces. Estoicamente, salió de la habitación.

Chichi y Goku ya se habían levantado. Por suerte ambos decidieron no comentar nada de lo sucedido. Pensaban que era lo mejor. Con el tiempo estaban seguros de que ella misma les contaría sus sentimientos y si no era así, ya verían la forma de hacerle olvidar lo sucedido.

Recogieron sus cosas en silencio.

Goku se dirigió a ellas para preguntar:

- ¿Tenéis todo listo? Debemos partir ya.

-Sí- fue la única repuesta capaz de articular Bulma al tiempo que, Chichi asentía con la cabeza.

-En ese caso será mejor que nos vayamos- y dirigiéndose al exterior las asió por la cintura y se elevó en el aire.

Perdió su vista en el horizonte, sin atreverse siquiera a mirar un paisaje que le recordaba demasiado, unos momentos que ahora trataba de olvidar. Se esforzaba tanto por dejar su mente libre de cualquier pensamiento, que ni tan siquiera percibió la mirada de complicidad de Goku y Chichi cuando esta; pasó sus brazos alrededor del cuello para acomodar tiernamente la cabeza en su clavícula.

El tiempo se detuvo para Bulma, perdiendo cualquier noción de lo que sucedía alrededor. Caminó como un autómata por los amplios corredores hacia la puerta de embarque. Sólo quería cerrar los ojos y dormir. Dormir hasta que todo hubiera pasado. Con la esperanza de que al despertar resultara simplemente un sueño. La voz de Goku la devolvió a la realidad.

-¡¿Qué es eso de que no podemos embarcar?!

El soldado que estaba tras el mostrador respondió con visible desinterés.

-Son órdenes, al parecer la nave tiene algún problema y están tratando de solucionarlo. ¿Nombre y Unidad?

-Soldado Kakarotto, de la dieciseisava unidad.

El saiyajin alzó una de sus cejas

-¡Ah sí! Precisamente te estaba esperando. Tengo que acompañarte al centro de reuniones.

-¿A mí? ¿Por qué?- preguntó sorprendido.

-Y yo que sé. Sólo cumplo órdenes.- Dijo levantando los hombros.- ¿Vamos?

-Está bien.- Trató de aparentar una tranquilidad que estaba lejos de sentir. Aquello no acababa de gustarle- ¿Qué hago con mis esclavas?

-Puedes dejarlas en una de las celdas, pero date prisa, ya llevo rato esperándote.

Goku se dirigió a una de las puertas laterales llevando a Chichi y a Bulma con él.

-Esperadme aquí, voy a ver que pasa.

- Todo esto resulta un poco extraño. Por favor, ten cuidado- contestó Chichi visiblemente angustiada al tiempo que acariciaba su mejilla. Él sonrió.

-No te preocupes, será una reunión de rutina para informarnos de la situación. No pasa nada- No quería inquietarla más de lo que estaba, pero también se le hacía raro todo aquello.

Caminó inquieto detrás de su guía hasta una sala. El soldado llamó a la puerta.

-Adelante- oyó.

-Señor, traigo al soldado que solicitasteis ver.

Una voz profunda sonó en el interior.

-Hazlo pasar y vuelve a tu puesto.

-¡Como ordenéis!- saludó agachando la cabeza y llevando su mano al pecho para retirarse seguidamente.

Entró en la habitación reconociendo enseguida al enorme saiyajin que allí se encontraba. No le hizo falta mirar la insignia para saber que se trataba de Nappa; el subcomandante de la unidad del príncipe. Tragó grueso y realizó un saludo.

-¡Señor, se presenta el soldado Kakarotto! - balbuceó visiblemente nervioso.

Nappa lo escudriñó de arriba abajo y para su sorpresa dijo:

-Soldado Kakarotto hay alguien que quiere verte. Sígueme-. Y diciendo esto se dirigió a una puerta lateral seguido de cerca por un Goku, temeroso del rumbo que estaban tomando los acontecimientos. No entendía nada, pero la presencia de Nappa y su repentino interés por él, no presagiaba nada bueno.

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"Cuando se está en medio de las adversidades ya es tarde para ser cauto." (Séneca)

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Bueno, pocas cosas a comentar respecto al capítulo (prefiero leer vuestra opinión). Sé que la escena de Goku y Chichi se os hará un poco corta, pero no puedo evitarlo ya que no acabo de encontrarle el punto a esta pareja. No es que no me guste, por el contrario me encanta, pero aún me resulta muy difícil manejarla con soltura. El resto es una transición para próximos acontecimientos.

De nuevo gracias a Midory por el beteo y gracias a NOMICA, Shadir, LuPiiTha, Patty y sakuno que dejasteis un review. ¡No os hacéis una idea de lo que animan a seguir! Ya os he contestado a todas, excepto a Patty a la que me gustaría decirle que un buen tomatazo a tiempo siempre viene bien, aunque el tuyo era muy, muy, muy pequeño. Mil gracias de corazón por que hay que hablar tanto de lo que te gusta como de lo que no, y aquí entre nosotras parte de razón llevas. ¡Ah! se me olvidaba, lo pasé bomba en las vacaciones.

Gracias también a los lectores que se mueven en las sombras y se toman su tiempo para leer. Yo sé que estáis ahí.

Retomamos el calendario y volveré a actualizar los viernes, aunque para el siguiente capítulo no puedo prometer nada, ya que estoy pensando en hacer algunos cambios y quizás me lleven más tiempo del previsto.

Que la suerte sea vuestra mejor compañera durante toda la semana y hasta pronto.