Hola, qué tal amores. Dije que subiría de los dos, y subo de los dos. Misión cumplida. En el fondo me adoráis. Sé que es una cacapítulo. Pero os quiero y espero que entendáis que intento escribir lo mejor posible D: Besitos a todas.

Capítulo 10 – You can't fly unless you let yourself fall.

Danny

Me sentía abrumado y un tanto agobiado y avergonzado de que Dougie supiera todo. No me parecía justo que tuviera que enfrentarse a esto conociéndome de tan poco tiempo. No era justo que fuera él quien tuviera que lidiar conmigo y con mi pésima y nula manera de superar viejos traumas. No quería que se sintiera obligado a estar conmigo por darle lástima.

- ¿De eso conocías al tipo que me amenazó? - preguntó.

- Fue uno de los cobardes que huyó cuando las cosas se pusieron feas – suspiré – cuando vi que era el mismo que te estaba haciendo eso la rabia y los recuerdos vinieron a mí. Quiso sacarme de quicio, quiso mofarse de mi cambio de vida… y encima te fuiste cabreado. Me sentí sobrepasado, ¿sabes? – estábamos sentados en el sofá de la cabaña, a las afueras del pueblo. Solos.

- ¿Qué pasó, Danny? ¿Por qué pusiste todo patas arriba? – Dougie estaba sentado a mi lado, sin dejar de mirarme ni un solo segundo. Con esos ojos que podrían sacarte hasta la confesión más difícil aunque fuera falsa. Mentirías por esos ojos.

- No podía seguir aquí. Todo me recordaba a Harry, incluso Ariana me recordaba a él. Me estaba volviendo loco. El resto se había largado sin más, y los pocos que quedaban sólo me hacían sentir que la culpa era mía. Que mi hermano había muerto por mi culpa. Cuando les pedí a mis padres mudarnos aceptaron sin oponerse ni un poco. Ya sabes, querían lo mejor para mí, pero yo ya no era yo - me encogí de hombros – dejé de contestarle las llamadas a Ariana, comencé a creer que incluso mis padres me culpaban de su muerte. Comencé a estar incómodo incluso conmigo mismo y decidí que tenía que cambiar. Tenía que ser otra persona para poder dejar atrás todo lo demás – y se señaló – y me convertí en quien no era. Me fui de casa incluso habiéndoles hecho mudarse por mí. Porque creía que era lo mejor. Yo me sentía culpable y además en mi cabeza sólo estaba grabado que ellos también estaban de acuerdo en ello. Me vestí diferente, tapaba el tatuaje para no poder verlo ni yo, cambié mi personalidad, y me convertí en todo lo opuesto a mí. Era el nuevo Ken de la Barbie. Y fue cuando conocí a tu hermana. Y supe que sería una de las mejores partes que cambiar… necesitaba una novia. Necesitaba alguien que me hiciera olvidar por un momento que… bueno… que precisamente las chicas no eran mi fuerte… - y sonreí. Era la primera vez que sonreía al hablar de mi sexualidad. Dougie sonrió también y me sentí apoyado moralmente.

- ¿Y tu hermano? ¿Alguna vez se lo dijiste o comentaste? – Doug era muy curioso. Demasiado. Incluso me hacía gracia. Parecía una maruja en su patio del vecindario.

- Jamás se lo dije. Nunca se lo dejé caer, ni si quiera cuando más necesitaba hablarlo con alguien me dirigí a él. Pero sé que lo sabía. Harry siempre lo supo aunque yo no se lo dijera. Me conocía demasiado, sé que mi hermano lo sabía. Y le agradecí muchísimo que jamás me lo confesara, o que me preguntara algo para confirmarlo. Hubiera sido bastante vergonzoso para mí haber tenido que hacerlo – le miré.

Dougie se arrastró por el sofá acortando el espacio que nos separaba y se pegó a mí. Apoyó una de sus manos encima de la que yo dejaba reposar en el asiento y me miró a los ojos.

- ¿He sido el primer chico al que has besado? – y su mirada fue tan tierna y tan sincera que creí haberme ruborizado. Yo. Danny. El de la coraza indestructible que con él ya se había hecho añicos. Agaché la cabeza por miedo a haberme sonrojado y luego no pude evitar sonreír. Le eché valor y volví a alzar mi cara, para ser yo esta vez quien le mirara a los ojos.

- Sí, has sido el primero – lo dije, a la vez que asentía con la cabeza. Él también sonrió y se mordió el labio. Parecíamos niños de 14 años. Aunque con él no íbamos del todo desencaminados.

- ¿Sabes? Me alegro de haber sido el primero. O al menos de que haya sido conmigo con el que te hayas decidido a asumir que te gustan los chicos más a los tontos un lápiz – y rió.

- ¡Eh! Tú tampoco tienes muy claro lo que te gusta, porque te recuerdo que el "Bésame" de película que te sacaste de la manga fue idea tuya – contraataqué. Él se defendió con un gesto tan infantil como era el de hacer una pedorreta con la boca. Pero me parecía adorable.

- Yo sí tengo claro lo que creo, pienso, y siento – fue rotundo – no soy gay, no me gustan los chicos – negó con la cabeza y por un momento el estómago me dio un vuelvo. Si no le gustaban los chicos y yo, era un chico. Había algo que no encajaba en todo esto – no me gustan los demás. Sólo me gustas tú – y una sonrisa de imbécil debió inundar mi cara, porque la suya se colmó de una carcajada brutal que hasta en el pueblo pudieron oírla – qué cara tan mona se te ha quedado – seguía riendo y me indigné.

- No te rías de mí… - me quejé – nadie me había dicho algo así nunca.

- Siempre hay una primera vez para todo… - y no sé por qué mi mente relacionó esa frase en otro sentido. Mi subconsciente me había traicionado. Tanta libertad a mi sexualidad no estaba siendo beneficiosa. No tuve tiempo ni de reaccionar, estaba tan ensimismado en mi manera de tergiversar el comentario de Dougie, que no me percaté de que se había lanzado hacia mí, y sus labios ya jugaban con los míos de nuevo. Y sentía la presión que Dougie estaba ejerciendo sobre mí tanto con el cuerpo, como con su boca. Y no me había sentido tan bien en mi vida, no sólo porque Dougie besara realmente bien (que lo hacía) si no por estar besando a un chico y no sentirme mal por ello. Es más, me encantaba.

Dougie puso una de sus manos en mi cintura, y con la otra, agarró la pechera de mi camiseta, atrayéndome hacia él bruscamente. No digo que me desagradara, digo que me sorprendió. Y cada vez que nos separábamos centímetros, únicamente para respirar, notaba su aliento en mi boca, contra mis dientes, dejando una descarga eléctrica en todo mi cuerpo que hacía erizar mi piel. Y era triste que él llevara la iniciativa, era muy triste. No me importó, no me importó en absoluto, hasta que se echó hacia mí y me hizo tumbar en el sofá, aguantándole a él encima; no me importó hasta que noté que sus manos se colaban debajo de mi camiseta; no me importó hasta que supe que podía perder el control y no debía; no me importó hasta que una frase de Emily rebotó en mi conciencia: "cuida de él, es sólo un niño". Y eso era, Dougie era sólo un niño. Un niño que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo.

No fue la mejor manera, y lo sé, pero fue la reacción que mi cuerpo se permitió sin pensarlo dos veces, me incorporé y empujé a Dougie haciéndole caer al suelo de manera muy brusca.

- ¿Qué haces? – se sorprendió tanto que su cara de decepción y asombro me hizo daño – me has hecho daño – me dijo desde el suelo. Yo me apresuré a levantarme y a tenderle la mano, sabía que lo había hecho mal.

- Lo siento… no quería… - balbuceé mientras le levantaba y él seguía mirándome incrédulamente – no quería tirarte así.

- ¿Por qué lo has hecho? Pensé que yo… - se encogió de hombros. Asustado porque pudiera decirle: "no, no me gustas". Pero ese no era el caso ni mucho menos.

- No creo que sea buena idea… Dougie tú… tú… - no sabía cómo explicárselo sin que se molestara – no creo que sea apropiado.

- ¿Es por mi edad? No soy un jodido crío – no había manera de engañarle. Era imposible, era como darse cabezazos contra la pared.

- Dougie, no creo que estés seguro de esto. No creo ni si quiera que hayas probado otra cosa antes… quizá no deberíamos hacer esto. A penas tienes… - no me dejó terminar. La rabia volvió a invadirle.

- Ah ya… A penas soy mayor de edad y te da miedo – sí, estaba siendo hostil – bueno pues nada, no te preocupes, no iré corriendo a decirle a nadie que has intentado violarme. Y que me secuestraste. O no, lo escribiré en facebook y le diré tu dirección a la policía directamente – volvió a abrocharse los botones que ya se había quitado de la camisa, mientras hablaba con rabia – y no te preocupes no me volveré a acercar a ti por si acaso.

- Dougie, vamos… - intenté calmarle. Alargué el brazo para tocarle, y él lo esquivó. Se alejó un par de pasos de mí y se cruzó de brazos – sólo digo que no quiero que la cagues conmigo. No quiero hacerte hacer algo que más tarde pueda servirte de arrepentimiento. No quiero pensar que te estoy presionando – me defendí.

- ¡No me estás obligando a nada! ¡Quiero hacerlo! Tengo diecisiete años aún, pero no soy imbécil Danny. He venido hasta aquí solo y he aguantado cosas que nadie sabe – insistía – he descubierto que siento algo por un chico, y sin ser algo normal para mí, no tengo miedo – se quejaba – no intentes ocultar tu propio miedo intentando engañarte y engañarme a mí. Actuando como si lo hicieras por mí. Yo estaba realmente seguro en ese sofá, teniendo muy claro lo que iba a pasar – me miró a los ojos – si tú tienes miedo no pongas excusas. Porque nadie iba a twittear que nos estábamos acostando – y lo que más me molestaba es que por un lado tenía razón. Dejé que se marchara fuera, total, con el cabreo que llevaba encima no iba a escucharme de todas formas.

Me sentía extraño, y no sólo por el calentón interrumpido, si no por hacerle sentir a Dougie que yo tenía miedo. Quería hacerlo, de verdad quería, pero no quería que un día se levantara por la mañana y pensara que había cometido un error. Que le gustaban las chicas, que tener diecisiete años le había hecho dejarse llevar por mí y que en el fondo no tenía ni idea de lo que hacía. No quería eso. Pero por otro lado él tenía razón. No sólo me motivaba a decir no el no querer un arrepentimiento por parte de Doug, si no que tenía miedo. No sólo al sexo nuevo que iba a experimentar, si no a todo. El miedo a depender de alguien, el miedo a enamorarme tanto que hasta doliera, el miedo a que saliera mal.

¿Nunca habéis tenido la sensación de haber nacido por y para alguien? Esa sensación de que sólo existes por una misión, una única e importante misión. Creo que todos llegamos al mundo con la orden de amar a alguien tanto que duela, tanto que el dolor sea directamente proporcional al tiempo que vivas. Si no sufres, no vives. Si no duele, es que jamás has sentido. Aunque no sea justo, aunque nadie se merezca vivir así. Sé que el hecho de sufrir nos produce rechazo a todos, un rechazo que siempre queremos evitar. Si no sientes, no padeces las consecuencias más tarde, ¿no? Es lo que el cerebro humano tiene por costumbre: evitar cualquier riesgo de romperse, ya sea física, psicológica o sentimentalmente; el riesgo nos asusta. Enamorarme así de Dougie me daba pánico. Muchísimo. Y no era adelantarme a los acontecimientos, es que sabía que iba a pasar.

Y si sale mal te dedicarás a poner parches, te dedicarás a unir tirita contra tirita, pedazos contra pedazos, pero no servirá de nada, porque la herida nunca cierra; no habrá cicatriz. Permanecerá ahí para siempre, pero no como una cicatriz cualquiera, sino como una marca de guerra. Y yo estaba harto de cicatrices. Pero la verdad es que sin riesgo, la vida no es divertida.

Da miedo sí, pero nadie dijo que el amor fuera para cobardes.

Y mi monólogo interior me hizo recapacitar. Pero dejaría pasar al menos esa noche, hasta que Dougie no escupiera fuego y pudiera matarme, antes de mantener esa conversación con él. Necesitaba calma para expresarme, calma que ahora no vivía en su cuerpo.

Dougie

Me sentaba en los escalones del porche. No sabía exactamente qué sentir, por un lado me sentía avergonzado de haber sido rechazado por Danny por otro, me frustraba y me enfadaba la idea de que me hubiera rechazado por mi edad. Y con la triste excusa de que "era por mi bien", le daba miedo. Le daba pánico, y me molestaba. Era como si me hubieran pegado una paliza. De esas que dejan marca.

Jugaba con una hoja medio seca en mis manos, y me entretenía tanto el rastro de tierra que el aire hacia brotar de ella que ni si quiera me había dado cuenta de que Danny se había sentado a mi lado. No me apetecía hablar, y a él tampoco, pues no intentó comunicarse conmigo ni un solo segundo. Me cansaba esa situación y con un comportamiento de niño, volví a entrar dentro de la cabaña. Dejándole solo fuera. Era una actitud infantil, era un "te la devuelvo, imbécil". Abrí la puerta y entré en la cocina. Necesitaba entretenerme y sabía qué hacer, aunque no cómo iba a terminar la actividad auto propuesta. Comencé a abrir los cajones y armarios de aquella casa, buscando algún ingrediente básico que pudiera bastarme para hacer algo de cenar. Yo no era un experto cocinillas, pero cualquier cosa para entretenerme antes que un momento incómodo e insoportable con Danny.

Logré reunir los ingredientes suficientes como para hacer algo de pasta con tomate, era suficiente. Danny volvió a entrar a la casa y se sentó en la silla alta que había justo delante del mostrador de la cocina. Ese mostrado que está aparte y sirve para comer. Cruzó los brazos encima de éste y luego apoyó la cabeza en ellos. Me miraba, fijamente, y me empezaba a poner nervioso. Y eso conllevaba volver a ponerme de mala leche, ahora que los macarrones me habían relajado.

- Deja de mirarme, me estás poniendo nervioso – espeté.

- No puedo. Quiero mirarte – dijo.

- Pues no me mires – seguía enfadado, podía haber parado a tiempo. Antes de que yo volviera a estallar – déjame ya. Vuelve al sofá y ponte a ver la maldita tele.

- No seas así, intento arreglarlo – se incorporó y empezaba a gesticular.

- ¡Pues no quiero arreglarlo! No es el momento, ¿vale? No lo es – insistí para que se callara de una maldita vez. Y ahora era yo el que estaba siendo injusto, pero no razonaba, no era capaz de pensar ni por un solo momento de manera coherente. Estaba tan cabreado por el rechazo que no podía ni reconocer una acción de buena voluntad por su parte. Estampé un plato de pasta delante de su cabeza y tiré el trapo que tenía en la otra mano contra el fregador de la cocina. Salí despavorido de la cocina, estaba tan harto de esta conversación que casi me hubiera abalanzado hacia él para empujarle. Me senté en el sofá.

- No te preocupes, dormiré aquí esta noche, pero tengo toda la intención de volver a casa mañana por la mañana – solté esperando hacer daño, la verdad – no tendrás que estar alerta por si alguien te ve conmigo y se cree que soy tu hijo – exageré.

- ¿No crees que te estás pasando? – llegó hasta donde estaba y me gritó. Volvíamos a empezar.

- Puede, pero tú tampoco te has dado cuenta de que tratarme como a un niño también puede sentar mal – era lo que se llamaba una rabieta.

- No puedo más Dougie… no más por hoy – de verdad estaba cansado. De verdad no era capaz de manejarme – iré a dormir. Hay sitio, la cama es grande, ven cuando tengas sueño.

- Creo que me quedaré aquí, no te preocupes – y me sentía mal siendo borde. Pero no podía evitarlo. De verdad que no podía. ¿Por qué si quería estar conmigo ponía trabas? Sabía que si la había puesto con el sexo, podría hacerlo con cualquier otro aspecto. Y no quería que eso me pasara.

Danny

Me sentía como una mierda, y caer después de todo el cansancio en la cama no ayudaba demasiado sabiendo que Dougie dormiría en el sofá por mi culpa. Y no habría nadie más cansado que él en estos momentos. Viajando solo, recorriendo el pueblo cinco veces para dar conmigo. Pero no sabía cómo arreglarlo. No tenía ni idea de cómo hacerle sentir mejor. Y me frustraba.

Sin quererlo acabé durmiéndome, y me desperté al día siguiente gracias a ningún estímulo sólo gracias a mí. Y eso sólo me ocurría cuando algo iba mal. Mi cuerpo se daba cuenta y reaccionaba al instante, dándome una especie de aviso para que me diera tiempo a arreglar cualquier cosa que hubiera pasado. Y pensé en Dougie, pensé que quizá se habría ido de verdad sin decir adiós. Salté de la cama en un brinco involuntario, y me dirigí hacia el salón para asegurarme de que él seguía ahí, pero estaba equivocado. Ahí no había nadie. Me asusté, y me arrepentí de no haberle dicho todo lo que tenía que haberle dicho cuando aún estaba a tiempo. No podía dejarle ir ahora, no podía permitirme que se alejara de mí. Le necesitaba. Y tenía que saberlo. Aproveché que no me había cambiado antes de acostarme la noche anterior, volví al cuarto, cogí las llaves y la cartera, y me di prisa en salir de casa. Quería alcanzarle. Cuando abrí la puerta de la cabaña supe que no tenía por qué correr. Dougie estaba ahí. En la misma posición en esa escalera como la noche anterior. Solo que esta vez en vez de una hoja, sostenía el móvil en sus manos.

- Me has asustado – dije una vez que pude respirar – pensé que me habías dejado. Pensé que tendría que ir a buscarte y rogarte suplicante que volvieras conmigo – me senté a su lado.

- No hubiera hecho falta que me lo pidieras, jamás me hubiera ido – lo dijo, pero no me miró al decirlo. Algo le pasaba, y si ya no estaba enfadado conmigo, ¿qué le ocurría ahora? No me hizo falta preguntar demasiado, fue Dougie quien tomó la palabra.

- Han vuelto – dejó el móvil en mis manos – no les ha bastado con el dinero que les diste, quieren más – se llevó las manos a la cara, y la frotó a modo de desesperación.

- Dougie no puedes seguir así – leí el mensaje. Le amenazaban de muerte si no les daba más dinero, el doble de la cantidad que yo aporté.

- Van a matarme – me miró con los ojos llorosos – si no les doy el dinero me matarán Danny – se giró un poco para mirarme a la cara – les conozco, sé que son capaces de hacerme daño. Y no quiero que me hagan nada, no ahora que tengo algo en mi vida que vale la pena – y un cosquilleo recorrió mi tripa cuando me di cuenta de que ese "algo" era yo.

- Dougie no van a hacerte nada, conseguiremos el dinero – intenté tranquilizarle – no te van a hacer nada si yo estoy aquí. Tendrán que pasarme por encima para llegar a ti, ¿me oyes? – y por un momento todos los problemas y las discusiones del día anterior se desvanecieron. Ya no existían, ya no importaban. Dougie dejó caer su cabeza en mi hombro, y yo voluntariamente desplacé mi brazo para rodear su cintura. Necesitaba un abrazo que le mostrara algo de tranquilidad, y yo le daría lo que necesitara.

- Danny no sé de dónde voy a sacar el dinero, no tengo ni la menor idea de cómo voy a hacerlo – estaba preocupado – y sólo tengo una semana para conseguirlo.

- ¿No crees que deberías denunciar esto? Es acoso y además no pueden chantajearte ni amenazarte como les venga en gana – intentaba buscar soluciones.

- Si denuncio me matarán igualmente, Danny – explicaba – no puedo delatarles y salir de rositas, siempre quedará alguien que pueda vengarse si las cosas se ponen feas para ellos. No sé qué hacer, y tampoco quiero meterte a ti en esto. Ya tuviste suficiente en su momento como para tener que volver a ello por mi culpa – se incorporó y me miró – prométeme que no vas a meterte. Prométeme que no vas a intentar ayudarme demasiado y no vas a salir perjudicado por mi culpa. Promételo.

- No voy a prometer algo que sé que posiblemente no vaya a cumplir, Doug – me sinceré – si puedo evitar que te pase algo voy a hacerlo – confesé - ¿por qué no hablas con tus padres? Sé que vuestra relación no es idílica pero puedes intentarlo.

- No, no voy a pedirles ayuda a ellos. Ni lo sueñes – y se puso tenso – jamás.

- Dougie sé que tus padres no se han portado bien contigo, pero ningún padre quiere ver como matan a su hijo… ¿no? Intenta pedirles ayuda te ayudarán – intentaba convencerle.

- No me van a ayudar, ni si quiera voy a intentarlo. No me humillaré.

- ¡Eres su hijo! ¡Quizá te ayuden! – y pareció explotar de una manera desmesurada.

- ¡NO LO SOY! – gritó.

- ¿Qué? – le miré.

- ¡Que no son mis padres! ¡No soy su hijo, Danny! ¡Nunca lo he sido!

JEJEJEJEJEJEJEJEJEJEJJEJEJE COMENTAR ES GRATIS. Jo, que luego me deprimo si nadie me hace casito y comenta.