Jueves, 01 de septiembre del 2016.

Hola, hola mis queridas y amables lectoras, mis bellas y preciosas amigas. El día de hoy les traigo el capitulo numero 11 de este fic y, aunque animicamente yo no me sienta muy bien :´( pues cuando escribí esto lo hice con todo mi sádico amor y pues, nada, solo espero que les guste. Antes de dejarlas con el capitulo quiero responder a los reviews que me dejaron del capitulo diez por aquí. Yo, a Yssareyes generalmente le respondo por el Face, y a Cindy por Private Message pero hoy, no, hoy como que me da flojera :P jajaja, no, no es eso. Es que ya que estoy aqui pues aprovecho la oportunidad.

Yssareyes: Hola nena y muchas gracias por seguir leyendo y apoyando el fic con tus lindos comentarios, te lo agradezco mucho. Lo de las parejas derramando miel por doquier... jajaja, lo que pasa es que yo muy, muy, pero muy en el fondo, soy cursi :P muy romántica... Pero no te preocupes, eso esta por terminar... Lo de Haruka jodiendo a Darien porque le tiene envidia, sí, yo creo que tienes razón ;) jajaja, eso es pura envidia. ¿Por que no jode a Diamante, Zafi o Sabio? Ah, pues muy fácil ;) "Porque el mono sabe a que palo trepa" ;) jajaja, eso quiere decir que es porque sabe que a Darien lo puede joder, a los otros no ;) Besitos y abrazos, gracias por seguir leyendo cada semana y comentando, eres un sol.

Cindy04: Nena, Darien siempre fue adorable :D jajaja, ese tipo es divino pero bueno, pasando a lo de la odiosa de Haruka, pues sí, ella es muy cansona pero le toca porque ese es su trabajo, joder a los papacitos no importa lo lindos que estos estén ;) Mina y Yaten por fin hablaran, jajaja, sé que me demore con ellos pero, bueno, vamos a ver qué pasa con ese par... Ahora lo de tu otro amor, jajaja, es que sí, tú como que eres igual de loca que yo, jajaja,, ¡te gustan todos! :D jajaja, pero te entiendo, Seiya tambien tiene lo suyo ;) Mas adelante les tengo una sorpresita con él, sobre todo a ti ;) Espero les guste. Y lo de Amy, pues hay que leer para saber ;) Besitos y abrazos, gracias por seguir apoyándome con tus comentarios, de verdad me suben el animo.

Les mando todo mi amor. Besitos :) Nos leemos. Gracias por seguir leyendo y comentando el fic, se los agradezco mucho.


Capítulo 11

Eran las nueve de la noche y apenas estaban saliendo de ver la película. Sonrientes, (cada uno por diferentes razones) caminaban por el centro comercial buscando un restaurante. Serena se reía de lo mucho que Darien había sufrido viendo la película y él, sonreía pero de verla reír a ella. Darien era adicto a su sonrisa porque la sonrisa de Serena, su risa, era muy natural, muy sincera… De la mano con ella y buscando un lugar decente para invitarla a comer, le preguntó algo que habían dejado inconcluso porque habían estado viendo la película y bueno, ocasionalmente dándose besos; corrompiendo a todos esos inocentes niños que de verdad estaban viendo la película. Afortunadamente la sala era muy oscura porque si no, los habrían sacado y yo creo que a patadas. Los besos que se daban eran apasionados, muy apasionados…

Y mientras entraban, se sentaban y les llevaban las cartas, la miró y le preguntó con mucha seriedad…

— ¿Qué tan serios son tus problemas económicos?

— ¿De verdad tenemos que hablar de eso ahora amor? Ay no, no quiero. ¿Por qué mejor no me aconsejas? Nunca he comido comida como esta que dice aquí y…

— Serena…. no evadas el tema. — Puso una de sus bellas, de sus preciosas manos sobre la carta que Serena estaba viendo y le impidió seguir viendo el menú— No te hagas la desentendida y respóndeme. ¿Qué tan serios son tus problemas económicos ahora que estas suspendida? Anda, dime.

— Muy serios, ¿de acuerdo? ¿Era eso lo que querías escuchar?

Se cruzó de brazos, se recostó sobre el espaldar de la silla y parecía de muy, muy mal genio.

— No, por supuesto que no. Serena, mi princesa, por favor no te enfades conmigo y entiéndeme. Tú eres la mujer que amo, que adoro.

— Darien… — dijo en un suspiro y mirándolo.

— Eres muy importante para mí y me preocupas, en todo sentido. Nunca he insistido mucho en darte cosas porque desde que te conozco trabajas. Siempre has sido una mujer muy independiente y lo respeto pero…

— ¿Pero?

— Pero ahora, digo, por ahora, mientras estas suspendida de tu trabajo, me gustaría que me dejaras ayudarte. Por favor, deja que me haga cargo de todas tus cosas.

— Darien… Yo si tengo muchos problemas de plata pero tú no tienes por qué pagar los platos rotos. La verdad me da mucha pena contigo y…

— Que no te de pena porque si estas suspendida y enemistada con tu prima, es por culpa mía. Sé que el dinero es lo que menos te importa en la vida y esa, es una de las cosas que más me gusta de ti. Tu sencillez.

Serena cedía ante los bellos ojos coquetos que Darien le estaba haciendo para convencerla de aceptar su ayuda, mientras que Mina decía sin creer mucho de lo que escuchaba…

— ¿De verdad? ¿Me estás hablando completamente en serio Yaten?

— Sí, completamente en serio. — Le tomó una de las manos y la acarició. — Sé que es difícil de creer pero así es. Ya no trabajo como guardaespaldas para Darien ni para los Black. Hace un mes que renuncié a ese trabajo y en cambio estoy, estoy trabajando como…

— ¿Cómo qué Yaten? ¿A poco es tan malo?

— Yo diría que es peor pero como sea. Trabajo en Moon como: "Agente teleoperador". Es un trabajo horrible, horrible Mina y lo peor, es esa miseria de sueldo.

— Mi loco…

Le dio dolor a Mina verlo tan abatido y lo abrazó para tratar de darle consuelo mientras no podía evitarlo, se reía de su cara de tragedia cuando le dijo a qué se estaba dedicando.

— ¿Y tú por qué hiciste eso? Cuando nos conocimos me dijiste que amabas tu trabajo y que…

— Sí, pero eso fue antes de conocerte a ti. — La miró a los ojos— Antes de conocerte yo trabaja para Darien o para los Black sin ningún tipo de remordimiento pero después de que me dejaste por eso, por la vida que llevaba, empecé a pensar muchas cosas.

— Yaten…

— Yo te juro, te juro que quería hacer cualquier cosa menos lo que estoy haciendo ahora pero lo hago, y lo seguiré haciendo, por ti Mina.

— Pero Yaten, uno no debe hacer las cosas por darle gusto a los demás. Uno debe hacerlas por uno mismo, por su bienestar. Si tú quieres volver a ser un bandido que arriesga su vida en cada "trabajo" que hace, bien puedes hacerlo. Si eso es lo que te hace feliz…

— No, es que ese es el problema. — Quebró el abrazó y le acarició una de las mejillas sin dejar de mirarla a los ojos fijamente— A mí antes eso sí me hacía feliz pero desde que te perdí por eso, perdió sentido. A mí lo único que me hace feliz ahora eres tú. Es poder estar a tu lado y en una cama.

— Ay Yaten…

Reía Mina mientras se levantaba de la cama y se envolvía con las sabanas.

— Sigues siendo demasiado honesto y directo. ¿Entonces solo por eso? ¿Decidiste dejar toda una vida atrás solo porque quieres estar conmigo y en una, cama? ¿No crees que es un precio muy alto solo por una calentura?

— Es que no es solo por lo mucho que me gusta hacértelo. — Se levantó de la cama como un león y la aprisionó a ella contra la puerta. Luego sonrió y mirándola de arriba abajo le dijo…— Aunque pensándolo bien…

— ¡Yaten!

— Creo que un día te dije que yo a ti, hacía mucho tiempo que no te cogía. — Le dijo con seriedad en la mirada.

— Yaten, mi amor…

— Desde que me di cuenta que me había enamorado de ti, deje de cogerte. Yo a ti te hago el amor y me encanta hacértelo porque eres la primera, y escúchame bien Mina, la única mujer que voy a amar el resto de mi vida. Yo te amo y quiero que me des la oportunidad de demostrarte que por ti, por tu amor y porque vuelvas estar a mi lado, soy capaz de hacer cualquier cosa.

— Yaten… Eso que me estás diciendo es tan, tan hermoso… Es lo más hermoso que alguien me haya dicho en la vida pero, amor, mi loco, no creo que sea tan sencillo.

— ¿Y por qué demonios no eh? ¿Por qué tiene que ser complicado? Amy y Taiki hasta se casaron.

— Es diferente Yaten. — Trató de hacerse pasó para abrir la puerta pero él no se lo permitió. — Yaten, por favor. Déjame salir y…

— No, ya te dije que no me vas a hacer lo que me hiciste ese día.

Puso ambas manos en la puerta y le impidió el movimiento.

— Es decir, esa noche. Esa noche me sentía tan feliz porque me habías perdonado. Estaba tan contento porque estábamos en la cama y me decías que…

— Yaten por favor no, no me hagas esto.

— Pero, ¿Por qué lloras? ¿Por qué lloras si fuiste tú la se fue y me dejó con un perro? ¿Por qué lloras si eres tú la que me da el mejor sexo que haya tenido en mi vida y luego quieres sacarme como si fuera una basura? ¿Por qué lloras si eres tú la que me está rompiendo el corazón, una vez más?

— Yaten no, no, no por favor.

Se abrazó a él y no podía parar de llorar.

— No digas eso por favor, por favor, te lo ruego…

— No llores Mina y mejor dime una cosa, ¿tú me amas sí o no? Mientras te hacia el amor me decías una y otra vez que me habías extrañado pero nunca me dijiste, bonita, — dijo y le tomó el rostro en ambas manos para que lo mirara— si me amabas. ¿Me amas?

Mina asintió.

— No, no quiero que asientas, quiero que lo digas. Anda, dime Mina, ¿tú me amas?

— Sí. — Dijo en un tímido murmullo mientras no podía dejar de llorar.

— ¡Con un demonio Mina! ¡¿Qué tan difícil es decir que amas a alguien?! ¡¿Por qué no puedes decirlo y ya?!

— ¡Te amo idiota! — Le gritó y lo golpeó en el pecho— ¡Te amo y ni siquiera sé cómo fue que hice para enamorarme de un patán como tú Yaten! ¡Eres un…!

— Mina, Mina, Mina, — dijo mientras la levantaba en brazos, se reía y la llevaba de nuevo a la cama— no sabes la falta que me ha hecho hacerte enojar. Me encanta pelear contigo flaca.

— Eres un tonto Yaten.

Decía Mina mientras él le quitaba la sabana con la que estaba cubierta y se hacía sobre ella muy sonriente.

— Un idiota.

.

.

Una semana había pasado y ese día, justo ese día, era el que Serena más estaba esperando. Aquella noche en donde la había pasado con Darien en su casa después de haber visto la película y de haber comido en aquel restaurante, él compartió con ella los detalles del operativo que había montado para acabar con Zafiro, para eliminarlo definitivamente. Como detective, había analizado la situación y se daba cuenta de que era un buen plan. Dado que las personas que Darien había contratado para matar a Zafiro eran menores de edad y mejor, no eran del país, los había mandado a traer de otra parte, creía poco posible que los encontraran y los interrogaran. Le gustaba mucho que lo hubiera planeado de esa forma porque así, él corría menos peligro de ser atrapado. Como policía sabía que todo eso que Darien había planeado para acabar con su primo y peor, todo por darle gusto a ella, estaba mal. Pero como persona, como una hija que había sufrido mucho por la ausencia de su padre y más, como una dolida hija que había visto el expediente del asesinato de su padre y había visto como Zafiro lo había dejado, lo que deseaba era venganza. Lo que más quería en la vida era ver a Zafiro Black muerto y por eso cuando su consciencia la traicionaba, se decía así misma…

— Él no tuvo compasión y ahora que se muera por maldito. Ojala se muera y le duela. Ojala que sufra tanto como sé que sufrió mi papá cuando él lo mató como lo mató…

Serena estaba a la espera de la llamada de Darien para que él le dijera que ya, que ya podía vivir tranquila porque había desaparecido a Zafiro de la faz de la tierra para siempre pero mientras ella esperaba, él, el pobre Zafiro que no sabía nada de lo que le esperaba, le decía a Petzite que se estaba tardando mucho en salir de la habitación…

— ¿Ya o no Petzite? Recuerda que nos citaron a las diez, a las diez mi reina y ya son las… what the…? ¿Eres tú Petzite?

— Sí. — Le respondió muy sonriente en aquel bello traje de elegante pantalón largo, blusa ceñida al cuerpo, maquillaje suave y zapatos medio altos; se veía muy, decente… — ¿Cómo me veo? ¿Si me veo como una futura mamá muy responsable o no?

— Estas…

Se le acercó y le dio un suave y delicado beso.

—… preciosa. Ahora vamos a conseguir ese bebe porque me tienes harto.

— ¡Vamos! —Sonreía muy feliz— Estoy segura de que nos va a ir muy bien mi amor. Cuando esa muchacha que nos escogió nos vea, va a querer darnos a ese bebe y…

Era pasado el mediodía cuando Darien recibió la llamada de unos de los chicos que había contratado. Recibió la llamada de un impaciente Alan que estaba cansado de esperar. Dijo que ya llevaba con su novia, con Anne, mucho rato esperando afuera de ese centro de adopciones y que si Zafiro no salía en media hora, se iba y que le diera el trabajo a alguien más. Que a él, pero más a su bella novia, les molestaba mucho esperar para matar a alguien.

— ¿Entonces si están ahí? ¿Hace cuánto?

Llegaron a eso de las diez de la mañana pero no patrón, mire la hora que es y nada. Me siento muy débil Alan, ¡dame algo de comer ya o si no te voy a matar es a ti!

Darien no lo pudo evitar. Le dio mucha risa escuchar como esa muchacha gritaba a Alan.

¿Lo ve patrón? No, no, no, yo prefiero cualquier cosa menos ver a mi flaca con hambre. Ese tipo y la mujer están muy demorados y…

Y mientras ellos hablaban, Zafiro le decía a Petzite en aquella sala, sin lograr hacer que dejara de llorar…

— Tranquilízate Petzite, no es el fin del mundo.

— Claro, ¿a ti que te importa verdad?

— Petzite… — Se pasó una mano por la cabeza de la desesperación que le daba verla así y más, lo que le estaba diciendo— Ya te dije que…

— Esto no es una cosa que puedas resolver con dinero. —Y simplemente no podía, no podía dejar de llorar. — Lo que esa muchacha me hizo hoy, es lo más humillante que me ha pasado en la vida. Tan solo, ¡mírame! ¡¿Ya viste como estoy?! ¡Me arreglé lo mejor que pude para parecer muy decente y…! ¡¿Qué conseguí?! ¡Nada! ¡Absolutamente nada!

— Si quieres la mandamos a matar, a ella y al pinche bebe que está esperando pero por favor, — se arrodilló ante ella y le pidió ya cansado— ya no más. Sabes lo que odio el llanto y más, el tuyo.

— Perdóname la vida.

Le dijo con sarcasmo mientras se levantaba de la silla, se limpiaba las lágrimas y buscaba la salida.

— No sabía que mi llanto te incomodaba tanto.

— Petzite, ah, ¡maldita sea Petzite, espérame que no sé por dónde es la salida!

Zafiro iba tras Petzite para decirle que no se trataba de eso. Quería decirle que no era que le molestara su llanto, lo que pasaba era que no le gustaba verla llorar por ningún motivo. Quería decirle que él la quería demasiado como para verla sufrir y alcanzándola en la puerta y a punto de tomarla por una mano, no contaba con lo que iba a pasar.

Alan y Anne se subieron a la motocicleta y alistaron sus armas con silenciador para hacer el trabajo que Darien los había mandado hacer pero con lo que no contaban, (sin importar lo hábiles y lo rápidos que eran a la hora de disparar un arma) era con Petzite, con lo astuta que era y peor, con lo mucho que amaba a Zafiro.

Petzite se dio cuenta que aquel par de muchachos iban a dispararle a Zafiro y por eso, justo un segundo antes de que dispararan, se abalanzó sobre él para protegerlo con su cuerpo y le gritó llena de angustia mientras lo hacía caer y recibía tres disparos en la espalda…

— ¡Cuidado Zafiro!

— ¡Petzite!

Pronto el fino traje de Zafiro se vio manchado con la sangre de Petzite que desde luego, se había desmayado casi que al instante cuando recibió aquellos disparos. Teniendo cuidado con ella, la quitó de su regazó, la depositó en la acera mientras muchos de los que por ahí pasaban gritaban y se levantó sacando su arma. Haciéndose tras el auto y empezando a disparar, les gritaba lleno de ira mientras Alan y Anne descargaban todas las balas de sus armas y le volvían un colador aquel deportivo rojo…

— ¡¿Quién demonios los mandó?! ¡¿Quién con un demonio?!

— ¡Eso no es problema suyo! — Le gritó Anne con una gran sonrisa mientras no dejaba de disparar— ¡Lo único que tiene que saber es que lo quieren muerto, imbécil!

Pronto y como era de suponerse, a Anne y a Alan se les acabaron las balas; eso era lo malo de los inexpertos, se confiaban demasiado. Zafiro, (que estaba contando las balas) le disparó a Anne y la mató de dos tiros en el pecho cuando esta se quedó sin con qué atacarlo. Alan, que se desconcentró al ver como Anne caía al suelo, recibió un disparo en la cabeza cuando trató de ir con ella. Zafiro se dejó llevar por la ira que le había dado que le hubieran disparado a Petzite y los mató. Luego y mientras subía a Petzite al auto para llevarla a un hospital antes de que la policía llegara, pensó que había cometido un error.

Mientras se alejaba y escuchaba las sirenas de la policía, renegaba de lo que había hecho.

— ¡Maldición, maldición! ¡Soy un estúpido! ¡¿Y ahora cómo hago para saber quién demonios mandó a esos infelices a matarme?! ¡¿Ahora como hago para cobrármele al que sea que me haya mandado a hacer esto, lo que le hicieron a Petzite?! ¡¿Cómo chingados hago?!

.

.

Eran las tres de la tarde y por órdenes del gran sabio, Darien y todos aquellos que eran parte de la familia Black estaban en el hospital. Darien había tratado de excusarse diciendo que tenía que estar al pendiente de la empresa, mucho más con todos los problemas que tenía, pero él, el gran sabio, se había enojado por eso. Dijo que aunque a él no le gustara y aun no los aceptara como su familia, eso era. Diamante y Zafiro, al igual que él, eran su familia y que cuando la familia pasaba por cosas como por las que estaban pasando en ese momento debía estar unida. Dijo que así no le gustara o no pudiera, su deber era estar ahí. Darien fue a regañadientes y estaba en la sala de espera como todos, muy aburrido y sin saber qué decir.

Mientras jugaba: "Angry birds" y seguía esperando, recibió una llamada. Una llamada que sabía no debía contestar pero como se trataba de ella, la contestó. Levantándose de la silla y alejándose lo suficiente de todos, le dijo…

— Hola princesa. No te había llamado porque…

Seiya me llamó y me contó lo que pasó. Ay no amor, ¿en serio? ¿Zafiro Black sigue vivo?

— Sí, así es. — Respondió nervioso porque el gran sabio y peor, Hotaru, no le quitaban la mirada de encima— Ahora no puedo hablar porque estamos en el hospital y…

¿En el hospital? ¿Y por qué? ¿Acaso te pasó algo? ¿Por qué estás en un hospital y oye, a qué te refieres con "estamos"?

— De verdad que ahora no puedo contarte más pero tranquila, estoy bien. Te llamo en cuanto pueda zafármele a esta gente y tranquilízate. Puede que hayamos perdido una batalla pero no la guerra.

Darien, mi amor…

— Ese maldito tiene mucha suerte pero esa, también se acaba. Te llamo más tarde. Un beso.

Uno para ti también. Adiós amor. Y, Darien…

— ¿Si?

Cuídate. Por lo que más quieras en tu vida, cuídate mi amor.

— Tranquila, todo está bajo control. Adiós.

.

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Eran más de las ocho de la noche y Zafiro, caminaba de un lado a otro por esa fría y solitaria sala de espera. Desesperado porque no había vuelto a saber nada de Petzite, se detuvo cuando Esmeralda y Diamante se le acercaron. Esmeralda trató de darle una bolsa con algo de comer y un vaso de café pero este lo rechazó. Agradeció a su cuñada por el gesto pero dijo que no quería nada. Les dijo y no podía ocultar la preocupación y la tristeza que todo eso le producía, que lo único que quería era saber algo de Petzite. Que se estaba volviendo loco en esa sala de espera y que si ese doctor no salía en media hora a decirle algo, iba a entrar con arma en mano a buscarlo. Lo que desde luego preocupó tanto a Diamante como a Esmeralda; sobre todo a Diamante que no hacía más que pensar, ¿Por qué? Se preguntaba una y otra vez por qué habían mandado a matar a su hermano porque hasta donde él sabía, motivos no había; al menos no uno que él conociera.

Esmeralda se sentó en una de las sillas de la sala de espera a seguir esperando mientras que Diamante, fue con Zafiro que tenía la cabeza pegada sobre uno de los ventanales del hospital para decirle…

— Tranquilo, estoy seguro de que estará bien. Ya lo verás.

— Diamante, Diamante hermano, — se le quebrantó la voz— ¿Por qué ah? ¿Por qué? Ella solo quería, solo quería un bebe y…

— Sé que no es el momento para hablar de esto pero Zafiro, tengo que preguntarte. Ya hablé con Neherenia y con lo que me dijo, no hay forma de encontrar al maldito que le pagó a ese par de escuincles para que te mataran.

— ¿Qué? ¿Neherenia? ¿Cuándo hablaste con ella? ¿Qué te dijo?

— La llamé cuando estabas con el doctor firmando el permiso ese para que operaran a tu mujer. Me dijo que, ese par de idiotas eran menores de edad y lo que es peor Zafiro, que no eran de aquí y que no tenían antecedentes.

— En cristiano Diamante. Sabes que yo de esas cosas no sé.

— No hay forma de encontrar al que los mandó. Al no ser de aquí, no hay nadie que los conozca. ¿No lo entiendes? No hay por dónde buscar. La persona que planeó todo esto, ¡es muy astuta! No sabes la ira que me da porque lo que yo quería era buscarlo y matarlo.

— ¡Ah, maldita sea! — Golpeó una pared— ¡Maldita sea Diamante!

— Te he dicho que dejes de ser tan impulsivo… de no haber matado a esos imbéciles, hubiéramos podido torturarlos hasta que nos hubieran dicho quién demonios les había pagado para matarte. Porque lo de Petzite, obviamente fue un error. Ellos no iban por ella, iban por ti, idiota. Esos idiotas iban a matarte y me encantaría saber por qué. ¿Qué fue lo que hiciste esta vez eh?

— ¿Yo? ¡Yo no he hecho nada Diamante, nada!

— ¿Seguro? Hmmm, no sé, siendo así esto cada vez se pone más raro. Muy raro…

Y a la misma conclusión llegaba Haruka que no había hecho otra cosa que trabajar en ese caso todo el día.

A petición de Andrew, Haruka se había dedicado a investigar la muerte de aquel par de adolescentes. Revisando una y otra vez aquel folder, no entendía. Se hacía una y mil preguntas y ninguna de ellas tenía respuesta. ¿Por qué alguien había contratado menores de edad y peor, de otro país? ¿Por qué ese alguien los había mandado a matar a Zafiro Black? ¿Quién se beneficiaba con eso? Por más que trataba de darle respuesta a sus preguntas no podía y mientras revisaba aquellas fotografías que habían tomado de los cuerpos en medicina legal, llegó Michiru por ella.

— No me voy a ir contigo para la casa mi sirena. Esto va para largo…

— Olvídalo Haruka Tenoh, es suficiente. — Le dijo con firmeza y después de llegar hasta su mesa y poner una mano sobre los folders que ella estaba estudiando. — Hemos trabajado en este caso todo el bendito día. Andrew nos pidió ayuda pero que no se te olvide que aquí los detectives son él y…

— Serena. Eso es Michiru, tiene que tratarse de eso.

— ¿De qué? ¿Y ahora de qué estás hablando?

— ¿Es que no lo ves? — Dijo y abrió los folders con las fotos de aquel par de muchachos— Es evidente. ¿Con que dinero iban a venir hasta México ese par de muchachos ah? Alguien tuvo que haberlos traído hasta aquí y todo para que se encargaran de desaparecer a Zafiro Black. Lo de la esposa de Black fue un accidente. Ese par de chiquillos iban era por él.

— Evidentemente, querida capitana.

Sonrió Michiru con coquetería.

— No te burles de mí Michiru. No te burles que tiene que tratarse de eso. El estúpido de Endimión Shields contrató a ese par de idiotas para que mataran a Zafiro Black y todo eso lo hizo solo por ganar puntos con Serena.

— ¿Si te estas escuchando Haruka? Pero por Dios, ¿eso en qué cabeza cabe? Creo que tú estás obsesionada con Endimión Shields y me parece, que te estás pasando. ¿De dónde te sacas que…?

— Serena está convencida, aun no sé por qué, por más que se lo he preguntado no me ha querido decir, de que fue Zafiro Black y no "el caballero" como creía en un principio, quien mató al tío Kenji.

— ¿Y eso que tiene que ver con ese par de muchachos y con el atentado a Zafiro Black en ese centro de adopciones?

— Todo Michiru, todo mi sirena. — Sonrió con gusto— ¿Quién tiene el suficiente dinero como para traer a un par de malandrines a que se encarguen de Zafiro Black? ¡Endimión Shields!

— Zafiro Black y su hermano, tienen muchos enemigos Haruka. Que no se te olvide eso mi amor.

— Sí, eso es cierto pero…

— Ten mucho cuidado con lo que estás diciendo Haruka porque primero, Serena aún está suspendida y si alguien te escucha decir eso, jamás volvería y lo que es peor, podría costarle su carrera. Podría perder su trabajo definitivamente.

— Sé que tienes razón pero…

— Y segundo, tú no tienes pruebas de nada de lo que me has dicho hasta ahora. ¿O sí? Hasta el momento son solo hipótesis y puedes meter a Serena en un gran problema por eso y lo que es peor, a ti también.

— Aun no tengo pruebas para demostrar que lo que estoy pensando es verdad pero, — le sonrió y le tomó el rostro por la barbilla con suavidad— las tendré. Creo que tienes razón. Ahora que ya he resuelto el caso bien nos podemos ir para la casa y seguir trabajando mañana.

— Tú no has resuelto nada y…

— Mañana voy a tener que hacer algo que no quería. Voy a tener que ir a la casa de Serena a hacerle un interrogatorio.

— ¡Haruka Tenoh! — Se detuvo en medio del pasillo y la regañó— No estarás hablando en serio, ¿verdad, verdad que no?

— ¿Qué prefieres entonces? ¿Qué la haga venir hasta acá y la interrogue delante de todos, o en su casa? ¿A ti quién te entiende? Malo si me meto con su carrera, y malo si…

— Viéndolo desde ese punto de vista… no esta tan mal y mejor, así aprovechas para pedirle una disculpa por no atender sus llamadas y por no…

— Yo voy a ir porque necesito resolver este caso Michiru, por nada más.

— Haruka…— suspiró con pesadez mientras ella le abría la puerta del auto.

— Necesito saber que Serena no tiene nada que ver con esto, nada más que eso y es suficiente. Se cancela el tema de Serena y mejor dime, ¿compramos comida y la llevamos para la casa, o quieres ir a comer a alguna parte?

— No sé, — se giró hacia la ventana con los ojos cerrados. Estaba enojada con Haruka— decide tú, capitana mandona.

— Ay Michi, Michiru…

Reía Haruka mientras encendía el auto y luego, le acariciaba una desnuda pierna con delicadeza.

— Agradece que eres mi mujer, mi sirena porque si no, otra historia seria. Te sacaría una respuesta como lo hago con todo el que no me quiere decir nada, a golpes. Te voy a preguntar una vez más y quiero que por favor, me mires y me digas qué quieres. ¿Qué quieres? ¿Salimos o compramos para llevar?

— Estoy cansada. Compra lo que quieras y llevémoslo para comerlo en la casa.

— ¿Ves que si se puede? — Reía mientras conducía— Siempre se puede cooperar mi amor, siempre…

En otro lado y mientras Haruka compraba dos hamburguesas, Serena hablaba con Darien por teléfono y Diamante abrazaba a Zafiro con todas sus fuerzas porque el médico les estaba diciendo que Petzite había entrado en coma, estaba Lita con Neflyte bailando. En aquel oscuro antro y bailando al ritmo de la música, se estaba divirtiendo mucho. Como siempre que salía con él.

Después de bailar aquella acelerada canción y luego de tomar un poco de agua, miró a Neflyte y le dijo con una gran y maliciosa sonrisa, que él por supuesto ya conocía…

— ¡¿Una canción más y nos vamos?!

— ¡Claro, como quieras!

Luego de más de dos horas de mucho tomar, bailar y festejar, llegaron al organizado departamento de Neflyte y solo eran besos y manos, apasionados besos y descontroladas caricias... Después de cerrar la puerta y aprisionándola contra ella, empezó a desnudarla y mientras lo hacía le decía…

— Eres preciosa, preciosa Lita y ahora eres mía, solo mía… ¿verdad que si?

— Sí, sí, sí mi amor…— le decía una muy tomada Lita mientras le quitaba la camisa y le desabrochaba el pantalón— como tú digas…

Desinhibidos por la pasión, por la locura y el deseo (sin contar con el alcohol que recorría cada uno de sus cuerpos) empezaron a hacerlo. A Lita le gustaba mucho Neflyte porque era un hombre muy dominante, (y atractivo) completamente distinto de lo que había sido hasta el momento cada una de las relaciones que había tenido. Él, la trataba con rudeza cuando estaban en la cama, (o en ese caso en particular contra la pared), y eso a ella le encantaba. Le gustaba mucho toda la preocupación que él mostraba por ella, todo el espacio que le daba y lo que más le gustaba, era la forma en la que se lo hacía.

Mientras se dejaba cargar de él y, embestir profundamente, veía su cara de satisfacción y eso era lo que más la excitaba, verlo a él tan contento.

Contra esa pared y siendo presa de sus besos, de sus caricias, de sus buenas y muy bien coordinadas embestidas, le escuchó decir algo que no quería creer. Algo que en el pasado le daba mucho miedo escuchar pero gracias a que Neflyte, era Neflyte, empezaba a aceptar con más flexibilidad.

— Te amo Lita, te amo... Me encantas mujer…

— Nef, ¡ah, yo, yo…!

Sin poder decir nada porque aquel orgasmo la sorprendió, reía de gusto y de placer. Del placer que le producía su forma de hacerle el amor pero más, el de sus sinceras palabras que sabía había salido desde lo más profundo de su corazón…