Respiró profundamente, cualquier palabra fuera de lugar ponía en riesgo su vida.

"Graves, Malcolm Graves". Fue honesto, algo le decía que esa chica era una máquina para detectar mentiras.

"Hmm…" Murmuró "Eso me suena….Aburrido, estaba esperanzada de escuchar un alías digno de esa...esa..¡Barba! Y...ese…¡BIgote!..." Realizó un gesto con sus delgadas manos imitando el contorno del vello facial. "Sabes, se que esta fiesta es un fiasco y todo esto es simplemente una gran cagada de dinero por nada pero…¡eres la peor decepción que he tenido esta noche!.

El hombre torció el gesto, sintiendo una seguridad incómoda subió su escopeta al hombro. "Bebé, lamento que mi nombre sea tan insípido pero no me conocen por mi carisma".

"¡No jodas Caitlyn! ¿De verdad?!" respondió la chica con cada fibra de sátira en su aguda voz.

Su paciencia se agotaba, el dedo índice de su mano jugaba peligrosamente con el gatillo del arma, Lista para escupir acero.

"Mira, La segunda cosa por la que soy famoso es por mi corta paciencia." Graves bajó su fiel amiga de repetición doble a su musculosa mano, después, con una sonrisa segura, apuntó el rifle hacia la terrorista. "Aparta, No me importa que seas una chica. Si sigues estorbando, te quitaré a base de plomo".

Sin embargo, él esperaba una reacción diferente…

Jinx sonrió, sus labios formaron una suave curva delineada por las tenues sombras del lugar. La mujer de ojos rosas alzó sus brazos mientras meneaba la cadera, como si estuviera bailando frente a la amenaza de muerte. Su voz tarareaba las pegadizas notas de la canción de moda. luego la chica bajó los brazos hasta los botones de su chaleco e hizo lo mismo con los de su camiseta robada.

"¿Te gustan las chicas locas? ¿eh?" Dijo desabotonando con una sonrisa, una sonrisa mordiendo su labio inferior con todas las intenciones de ser predadora.

Cuando terminó, frente a Graves se dibujó la silueta de un cuerpo delgado, marcado por tatuajes representando balas y pequeñas nubes azules bastante…"adorables" según él. La chica, a pesar de no poseer mucho a simple vista, era tremendamente atractiva para el robusto criminal. No podía despegar su mirada de la forma en la que la camiseta caía por sus adorables pechos, ni tampoco podía distraerse en otra panorámica que no fuese la curva de sus atributos.

Y los aparatos de plástico sujetados a su cuerpo por correas de cuero negro…

"Este es el trato malote" cantó la chica, mostrando con orgullo dos cilindros de plástico negro con un botón en el extremo y una luz roja parpadeante en el otro cabo. "Me sacas de aquí en una pieza y prometo no volar este lugar con nosotros aquí adentro".

El "Malote", como era su nuevo apodo, se jactó de su dominio de la situación. Colocó el cañón frío de su arma sobre la piel desnuda de la chica, para intimidarla un poco, pero también, en el fondo, deseaba ver la reacción de la chica…

Y no se hizo esperar. Jinx entrecerró sus ojos cuando su cuerpo conoció el beso sin vida de la compañera de Graves. Para el mafioso, era un extraño deleite para sus ojos.

"Creo que no entiendes amor...Nos vamos los dos ahora...Tú me sacas de aquí, huímos un par de días, me llevas a un hotel y tenemos el mejor sexo de nuestras vidas. Después Me dejas en la mañana con la excusa de que tienes que comprar cigarrillos y nunca más me vuelves a ver...uhmm...hasta dentro de seis meses, cuando te busque y quiera revivir lo nuestro…¡Después ambos morimos! y tú me dices. "Mi cielo, nunca te viste tan guapa" Y luego yo…"

El mafioso alzó una ceja, sin saber si reír o alejarse de inmediato de aquel lugar.

"Lo has planeado toda tu vida. ¿eh?"

"Solamente hasta la parte de los cigarrillos."

"Debe ser triste que te dejen por unos cigarrillos…"

"Nah, Puff, Lo triste sería que me dejaras embarazada."

"Estas demente" Dijo bajando su escopeta y llevándola al hombro nuevamente.

"Creo que a ti te gustan así" respondió la chica con una sonrisa, extendió su mano al criminal inmediatamente. "¿Tenemos un trato malote?.

Él no era un hombre de muchas cosas buenas. Sí, era un criminal, un asesino y un estafador de primera categoría. Pero no era un traidor, era mil y un cosas, pero nunca un vendepatrias.

"Hecho, muñeca".

"Llamame Jinx, Experta en demoliciones con un doctorado en Hex-Mecánica."

Alzó ambas cejas, soltando una pequeña risa. "Recordaré eso, Muñeca. Ahora salgamos cagando leches de aquí"

Jinx le devolvió el gesto, la esbelta comenzó a marcar su camino a la salida cuando se dio cuenta de un minúsculo, pequeño e insignificante detalle.

"¿Qué hacemos con todos estos que están aquí?" Preguntó

"Que se pudran, Igual tú fuiste quién los puso así en primer lugar".

"Sabes, ¡Creo que esto es el inicio de una bella amistad!"

"Amistad que se acabará cuando tenga que comprar cigarillos"

"Oww" Jinx hundió su cara de tristeza. "¿Hablas enserio?..."

Graves se giró, para encontrar a una chica que poco tenía que ver con la encapotada psicópata que le atraía hace rato.

Ahora le daba un cierto aire de ternura…

El hombre suspiró. "De acuerdo...Quizás dure un poco más".

Cuando su rostro se iluminó de alegría espontánea Graves sintió algo extraño en su pecho...no era nada desconocido. Pero sí bastante extraño en él, era como el sentimiento de un deja vú que deja un mal sabor de boca.

Se sintió bien de ayudar a otros.

O quizás, se sentía bien de ayudarla a ella.