I belong to you
Capítulo once

Juudai divisó los límites del bosque con pesar debido a que la noche todavía era joven y larga, y por supuesto, él quería pasarla junto a su amigo, divirtiéndose y no en su habitación recordando fechas y a Napoleón. Sin embargo, el viaje había terminado. El camino desde la banca del parque hasta la salida se había acabado y ahora estaban justo frente a la salida. Durante el camino, habían bromeado y charlado como siempre, con la poderosa y extraña magia que los hacía tan compatibles, no obstante, Juudai sentía cómo sea magia se desvanecía conforme los minutos corrían y Johan le decía que tenía que marcharse.

Si tan sólo él no tuviese ese horrible trabajo... Si tan sólo fuera un amigo más de su escuela...

—¿Por qué no vienes a estudiar Arte y Dibujo en donde yo estudio? ¡Lo harías muy bien! —no pudo contener el torrente de palabras que su mente había estado pensando durante semanas y que de alguna manera egoísta, le proveían una razón para poder verlo más. Johan le miró con una extraña mezcla de incredulidad y lástima.

—Lo siento, pero no puedo. Ya he dicho que no es necesario saber por qué —puntualizó con el semblante serio, como pocas veces lo había visto. Al parecer ese era otro de los temas que prefería evitar—. Nos veremos después, ¿de acuerdo? No hagas tonterías —y tirando de las comisuras de sus labios hacia arriba consiguió sonreír.

Juudai lo vio echarse a caminar en dirección contraria y también cómo unas chicas lo miraban con cierto entusiasmo desde la distancia. Parecía que de alguna manera se conocían. Y él definitivamente no quería estar enterado del por qué. Se dio la vuelta con resignación, escuchando los chillidos excitados que daban las dos mujeres y cómo empezaban una plática con su amigo, pues el silencio del lugar era profundo y hasta el roce de sus zapatos contra el asfalto se llegaba a escuchar.

—¡Oh, Johan, pero si llevas las manos sucias! —exclamó una de ellas en francés. O quizás había dicho otra cosa, no estaba seguro. Juudai arrugó el ceño, claro que las llevaba sucias, había estado dibujando y el carboncillo se le había pegado en las manos. ¿Qué tenía eso de malo? Lo decía como si fuese un crimen asqueroso—. ¿Prometes que te las lavarás?

—Haré lo que quieras, linda —replicó el aludido como un autómata. Juudai pateó con fuerza una lata que estaba en el suelo al oírlo. Le repugnaba tanto esa actitud de servilismo... ¡Estaba seguro de que Johan quería estudiar! ¡De que quería tener su propio tiempo, no para estar con mujeres, sino para dibujar, para divertirse! Y sin embargo estaba ahí, humillándose por dinero, a pesar de que tenía lo suficiente guardado como para sobrevivir. Simplemente no lo comprendía.

Con el ánimo peor de lo que había estado antes de hablar con él, llegó a su edificio y se puso a teclear sin muchas ganas las contribuciones de Napoleón hacia la arquitectura y el arte de París. Aunque en realidad su mente se encontraba en otra parte, ¡quería salvar a su amigo del destino que le había tocado! ¡Quería pero no sabía cómo sin que éste se enojara! Para empezar, nisiquiera sabía sobre su pasado, ni mucho sobre su presente (quizá porque todos los detalles le parecían desagradables). ¿A quién podía acudir? No tenía a nadie de confianza por allí, como Daitokuji-sensei en Japón, quien siempre le tendía una mano cuando estaba en apuros. Tampoco tenía a nadie que le pudiese dar un consejo sensato, como hacía su madre de vez en cuando y ni pensar en contarle a Rei. Soltó un suspiro de frustración. Su egoísmo lo llevaba tan lejos... No, no era egoísmo, él quería que Johan estuviese bien, no porque necesitara más tiempo con él, sino porque era lo correcto... ¿Cierto?

André pasó farfullando fuera de su habitación, parecía que un cliente había roto la tubería de su habitación en -un descuido- y a él le había tocado arreglarlo, para su desgracia y escarmiento por no querer contratar más personal. El castaño se recargó en su asiento mirando hacia el techo, al menos le quedaba el consuelo de que otra persona también lo pasaba tan mal como él. Si André no fuese tan tacaño quizás... ¡André! ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Estaba casi seguro de que André sabría algo sobre Johan, dado que se hablaban informalmente y las veces en que los veía charlar siempre era en un tono muy amistoso. Si alguien debía saber algo sobre cómo ayudar a su amigo sería él. Pero tendría que preguntarle después. Su reloj marcaba la 1:25 am y sus bostezos le indicaban que Napoleón le aburría tanto como para desear su cama. Revoloteó por la habitación con la pesadez digna de un elefante arrojando su ropa donde cayera, todavía sintiendo cierta adrenalina y ansiedad ante su nuevo plan.

Cuando cerró los ojos, en lo único que tenía puesta la mente era en ayudar a Johan.

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Sho miró con el ceño fruncido y decepcionado la pequeña alcancía que Juudai le había regalado cuando eran apenas unos críos, dentro de ella el contenido era escaso e insuficiente para sus propósitos. Quería ver a su aniki, de verdad quería verlo y contarle muchas cosas, pero sus ahorros no le alcanzaban ni para la mitad del viaje hasta Francia y sabía que él no iba a regresar hasta que todo se apaciguara con Asuka. Él lo tenía lo suficientemente claro y sufría por ello, aunque no tanto como la chica. Aún recordaba cómo se había puesto cuando se había enterado de la noticia de la -fuga- de Juudai, aunque en realidad él lo llamaba -arranque de libertad-, primero furiosa y después angustiada. No había parado de repetir las mismas preguntas, mientras trataban de localizarlo a su celular. ¿Y si le pasó algo? ¿Y si se equivocó de avión y está en problemas? ¿Dónde está? ¿Por qué no contesta? Tampoco podría olvidar su rostro aliviado al decirles que le había contestado, volviendo a su enfado momentáneo. Lo único que no entendía era cuándo se arreglarían las cosas y cómo sería ello. Apenas podían hablarse por los horarios distintos y lo hacían escasamente debido a sus responsabilidades. Si no supiera que aniki era muy fiel...

Soltó una risita al imaginarse tan remota posibilidad. Definitivamente él no haría eso. Pero, ¿cómo le estaría yendo? Él allí con tanta extranjera y Sho muriéndose de celos, no era justo.

Tomó la mochila y los planos en los cuales había estado trabajando, que eran tarea obligatoria para quienes habían reprobado el curso y salió de su casa pensando en su amigo. Se acercaba Halloween y justo después, Navidad. Sería la primera que no pasarían juntos y eso lo desanimaba. ¡Pero si ahorraba unos meses más quizás podría verlo! Asuka ya tenía el dinero suficiente como para ir, pero esperaría hasta esa fecha. Tenía que darse prisa si quería compartir el viaje.

Llegó con anticipo a la Universidad y los encontró a todos muy atentos a la laptop de Asuka. Jim, Manjoume y ella miraban con una sonrisa en los labios a Juudai y a otro chico que no conocía mientras charlaban mediante el messenger, parecían realmente divertidos todos, tanto que incluso sus preocupaciones parecieron desvanecerse un poco al verlos. El corazón de Sho se hinchó de pura alegría al ver a su aniki sano y salvo, incluso feliz. Sus brillantes palabras de color rojo en la ventana de la laptop le indicaban que él y un tal Johan trabajaban en un ensayo sobre la arquitectura histórica, pero que se aburrían y habían decidido mejor ponerse en línea, lo cual agradecía en sobremanera. El resto eran un montón de bromas y preguntas, incluso tenían el descaro de preguntar: ¿Qué quieren que hagamos? ¿Alguna representación? ¿Una cara tonta?

En esos momentos hacían una pasable imitación de un video muy popular en internet, un baile muy feo, por cierto y todos se desternillaban de risa. Hasta él tuvo que reírse cuando empezaron a hacer aún más el tonto. Al menos aniki se divertía, al menos tenía un amigo. Y qué amigo... Parecían tan cercanos. Una sensación desagradable se extendió por su cuerpo, aunque era lógico que él consiguiera amigos allá, le dolía un poco la camaradería que veía entre ambos en tan pocos meses, como si se hubiese olvidado de él. ¡Es más, hasta lo parecía! Ni una sola llamada, ni un mensaje, ni nada. El tal Johan y la escuela lo debían de mantener muy ocupado. ¿Pero tanto como para ignorarlo?

—Buenos días —saludó el profesor entrando al aula, con un maletín en manos y el gesto serio—. Levántense y saluden.

Asuka casi tiró la laptop al suelo cuando se sobresaltó al oír al profesor, por suerte, Jim logró rescatarla antes de que sucediera una desgracia. Él mudó el gesto a uno más triste, pues ya era hora de las despedidas y no había podido decirle nada a su aniki. Miró con decepción cómo Asuka se despedía rápidamente del castaño y de los demás, que tenían que marcharse por ser de áreas diferentes, Jim al edificio de Historia y Arqueología y Manjoume a la Facultad de Leyes.

—See you later, Asuka —dijo el vaquero guiñando un ojo, antes de acomodarse el sombrero y salir con paso veloz del aula. La rubia le dedicó un gesto de la mano antes de atender a lo que el profesor empezaba a decir.

Sho, en cambio, no podía sacar de su mente la imagen de su mejor amigo cambiándolo por otro.

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—¿Entonces nos ponemos al ensayo ya? —preguntó Johan estirando los brazos hacia arriba pues se sentía algo entumido y mirando el archivo a medias que tenían en word—. Digo, si es que quieres terminarlo algún día.

—¡Me ofendes! Claro que quiero terminarlo algún día, pero las tareas son aburridas —explicó el castaño, cerrando el messenger inmediatamente y poniéndose el dedo en el mentón para fingir que pensaba seriamente—. ¿Así que... qué pongo? —compuso una sonrisa de diculpa. A él no se le daba bien la historia y a Johan sí, aunque como siempre era un misterio por qué.

—Pues, podemos empezar por la arquitectura prehistórica ¿no crees? Es lo más lógico, ya sabes, esas cosas de que la gente de antes hacía sus casas de barro y todo eso —comentó sin darle mucha importancia, soltando un bostezo.

—¿Estás seguro que quieres estar aquí? Es tu noche libre, ya sabes. Creo que puedo arreglarmelas solo con un buen buscador de internet —Juudai frunció el ceño en leve preocupación. Todavía no había podido hablar con André porque la escuela lo tenía muy ocupado, pero no quería que Johan la pasara aburrido antes de llevar a cao su plan tampoco.

—Nah, no tengo nada mejor qué hacer de cualquier manera —se encogió de hombros mientras miraba su boceto inconcluso, que consistía en el puerto de Marsella justo como él lo recordaba al ser un niño.

—¡Más te valía dar esa respuesta! —se rio Juudai más aliviado—. Como si de verdad te fuera a dejar ir quedándome a solas con los homo sapiens sapiens y sus casas.

El cabello color mar sonrió antes de ponerse a dictarle algunas cosas a su amigo y a discutir unas cuantas otras que consideraba apropiadas, al menos le consolaba el hecho de que devorar todos los libros de su casa era de utilidad para alguien.

—Entonces nos vemos después, Juudai —se despidió el joven, unas cuantas horas después, cuando el trabajo ya había sido terminado y ambos presentaban signos de querer dormir—. Sabes dónde encontrarme.

—Adiós, Johan y gracias por todo —le dio una palmada amistosa en el hombro sin dejar de sonreír antes de cerrar la puerta. Con ese trabajo terminado ya no tenía nada más de que preocuparse que por los exámenes de Noviembre. Y para eso faltaba muchísimo. Se tiró sobre la cama con los brazos estirados, ese tiempo extra y libre lo usaría para ayudar a Johan, ya lo tenía todo planeado. Pero, por el momento, su cama lo reclamaba.

El europeo bajó las escaleras hasta llegar al primer piso, donde André lo esperaba con el mismo gesto aburrido de siempre, contrastando con la elegancia del lugar al ser él un tanto desaliñado. El reloj de la pared que rompía el silencio con su constante tic-tac le indicó que estaban por dar las dos de la mañana. No tenía miedo del barrio, para nada, pero un mal presentimiento le mantenía seca la garganta. Saludó al dueño del hotel con una inclinación de la cabeza antes de salir a toda velocidad hacia la oscura y vacía calle, quedaba un buen tramo antes de llegar al Bosque de Bologne y a la Zona roja, que es donde más -irónicamente- se sentía seguro. Apretó el paso con sus bocetos firmemente agarrados bajo el brazo, pronto podría dormir un poco... Sí, tenía que darse prisa.

Justo cuando divisaba las copas de los árboles moviéndose dulcemente al compás del viento y a la Luna imponiéndose ante él con su deslumbrante brillo, supo que no iba a llegar a casa a dormir. Un grupo de tres chicos le cerró el paso, chicos que conocía muy bien y con los cuales ya había tenido problemas antes. Uno de ellos era el hijo de una de sus clientas y a él no le hacía mucha gracia que su madre le pagara a alguien unos cuantos años mayor que él, el dinero que bien podría gastarse en bebidas y videojuegos.

Todos ellos llevaban bates y sonreían de manera espantosa y altanera, sin siquiera molestarse en ocultar sus identidades. También entendía por qué. No se le iba a ocurrir decirle a nadie lo que había pasado, no desde que la prostitución en Francia estaba siendo perseguida con más ahínco que en años anteriores, pues eso sólo serviría de excusa para las autoridades para poder encarcelarlo o peor. Tampoco podía atacarlos, la cárcel sería su destino de cualquiera de las dos maneras. Se estremeció al saber lo que se venía.

Aunque quizás... quizás con suerte podría sobrevivir.

Fin del Capítulo.


Notas de la Autora: *se esconde debajo de la cama* (? OK, pero no me maten. Johan sobrevivirá (? esto tenía que pasar, ya sabrán por qué, ahora no pued o explicar demaiado, mis manos ya no s emueven normalmente, las siento raras :( quiero dormir x'DDD. So, sólo diré que este pequeño accidente puede desencadenar por fin a los sentimientos de Juudai y a conocer el pasado de Johan, Haydée saldrá prontito, a qué? Ya lo veremos x3 y tenía que poner a Sho con sus complejos de siempre x'DD. Ah si, pronto saldrá Fubuki-san, Navidad, Halloween... nada x'DDD. Jim, Asuka, más Sho. Etc.

Espero que les haya gustado el capitulo, ignorando el hecho de que Johan casi medio muere en el x'D.

Ya están arriba los nuevos caps de: Guerra Interna, Más que palabras y Melodías del Corazón, además de ese oneshot que te hace llorar, cien días, por si quieren pasarse a leerlos.

Gracias por leer y comentar, nos vemos el próximo lunes.

Ja ne!