Título: My soul, your beats
Pairing: Harry/Draco con menciones de Albus/Scorpius
Warnings: Theodore/Draco
Género: Slash
Clasificación: NC-17 o M
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc.
Quizás los personajes estén un poco OOC, aunque intentaré que eso no suceda :)
Autora: Sui Felton (sui_tan)
Beta: Cydalima Faëlivrin (motoko_cydalima)
Harry se recargó sobre la mesa de madera, sin importarle que ésta se encontrara cubierta de basura y lodo. Sus ojos verdes se entrecerraron, nublados de deseo, mientras enfocaban la delgada figura delante de él: Draco Malfoy, príncipe de Slytherin, se encontraba concentrado, mirando con atención los pétalos de la rosa blanca que había estado cultivando desde hacía poco más de un mes.
―No lo entiendo… ―murmuró el rubio para sí mismo, ignorando, como siempre lo hacía, al Gryffindor que no había dejado de mirarlo en ningún momento―. Se supone que los pétalos ya debían tener otro color.
Draco frunció el ceño y suspiró. Buscó entre la pila de libros que se encontraban sobre la mesa y finalmente tomó uno, pasando rápidamente entre las páginas del mismo. Harry por su parte, rodó los ojos y bufó.
―¿Por qué no te rindes con eso? Simplemente podrías ir y consultar tus dudas con la profesora Sprout, Draco ―dijo el moreno con cansancio, como quien ha repetido lo mismo en varias ocasiones.
El Slytherin le dirigió una mirada aburrida, intentando ignorar aquel extraño cosquilleo que lo recorría cada vez que escuchaba su ser pronunciado por esos labios.
―No te metas en esto, Potter ―masculló él, molesto―. ¿Por qué no dejas de venir aquí? Cualquiera diría que ya te habrías cansado a estas alturas.
―Supongo que por la misma razón por la que tú no dejas de cultivar esa rosa ―contestó Harry mientras se encogía de hombros.
Draco entrecerró los ojos y le dirigió una gélida yaparentementeamenazadora mirada.
―Esto es un experimento, ya te lo he dicho en varias ocasiones.
Harry simplemente lo ignoró y acercó su banco un poco más al del rubio, aun sabiendo que a éste no le agradaba que invadiera su espacio personal de aquella forma.
―Sí, claro. Rosas envenenadas ―bufó el moreno con diversión, posando su mano sobre la pálida mano que sostenía una pala diminuta―. Todavía no comprendo por qué estás trabajando en esto con tanto empeño, no sabía que podías ser tan dedicado.
―Me pregunto por qué ―murmuró Draco, sonriendo picadamente―. Tal vez quiera usarlas contra ti.
―¿En serio? ―preguntó Harry, tomando al rubio por la cintura, pegándolo a su cuerpo.
―Podría mandarlas en nombre de uno de tus tantos admiradores, caerías muerto con sólo tocarlas ―contestó el Slytherin con falsa inocencia.
―¿Y por qué harías una cosa así? Soy encantador, lo sabes ―dijo el moreno con una sonrisita burlona.
Draco puso los ojos en blanco y bufó.
―Hay quienes dicen que eres bastante sencillo. Yo, por otro lado, pienso que eres un egocéntrico de lo peor.
Harry volvió a reír, apretándolo hasta que ambos quedaron completamente pegados y sus rostros a sólo unos cuantos centímetros de distancia. Ambos se miraron a los ojos por unos momentos, sin decir nada, dejando que el sonido de sus respiraciones se mezclara.
―Me gustaría estar siempre así ―murmuró Harry, acariciando los labios entreabiertos de Draco con su aliento.
―Sabes que no podemos ―dijo el rubio con voz suave, alzando una mano hasta la mejilla del moreno, acariciándola con delicadeza―. Hay cosas que tienes que hacer.
―Sí, lo sé ―contestó el Gryffindor, un poco enfadado.
Draco sonrió. Tomó el rostro de Harry con ambas manos y lo levantó, dejando que sus miradas se encontraran por unos momentos,queriendo transmitirle todo aquello que no se atrevía a decir con palabras.
―¿En qué piensas? ―preguntó Draco sin dejar de mirarlo a los ojos.
―Pienso que voy a secuestrarte, Malfoy ―el rubio soltó una risita al escuchar esas palabras, sin embargo, la mano sobre su cintura lo apretó aún más, casi al punto de ser doloroso―. Estoy hablando en serio. Cuando todo esto termine, te llevaré conmigo, lo prometo.
Los labios de Draco se abrieron, dejando escapar un pequeño y casi inaudible jadeo. Intentó decir algo, lo que fuera, pero su boca se negó a cooperar con él. Harry, por supuesto, aprovechó la oportunidad para sellar aquella promesa con un fuerte y apasionado beso. Después lo recostó sobre la mesa, sin separarse un solo momento.
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My Soul, your beats
Capítulo 11
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Draco suspiró cansado mientras una de sus manos se posaba en su frente. Su espalda se encorvaba cada vez más, en una postura muy poco elegante. Abrió su ojo derecho, dejando que éste enfocara a la causante de su más reciente dolor de cabeza. Pansy Parkinson se movía de un lado a otro de la sala, gesticulando con movimientos rápidos y violentos mientras que su boca dejaba escapar una sarta de incoherencias y palabras mal sonantes. Seguramente los padres de Pansy estarían revolcándose sobre su tumba, escandalizados ante el vulgar comportamiento de su hija.
Draco puso los ojos en blanco y suspiró nuevamente, dejando que las palabras de su amiga le entraran por un oído y salieran por el otro. Por supuesto, no paso mucho tiempo antes de que ella se diera cuenta. La mirada de Pansy era venenosa, sólo Merlín sabía por qué aún no caía fulminado por ella.
―¿Me estás escuchando, Draco? ―exclamó la joven mujer, dirigiéndole una mirada áspera y envenenada―. En serio que no puedo creer tufalta de sentido común.
Draco frunció el ceño.
―¿A mí me falta sentido común? ―preguntó el rubio, incrédulo―. Yo no voy atacando gente sin motivo, muy por el contrario de ti, Pansy.
―No me repliques ―espetó ella, indignada―. Aún no puedo entender cómo es que has estado viéndote con… él ―completó con una mueca de asco.
En otras circunstancias se hubiera reído del rostro asqueado de su amiga. Sin embargo, la situación estaba lejos de ser divertida. Entendía los sentimientos de Pansy, por ello no podía culparla por su comportamiento, aunque éste fuera deplorable y completamente inmaduro.
―Ya te expliqué cómo han sucedido las cosas. Por favor, no quiero repetirlo otra vez, Pansy ―dijo Draco con pereza, aunque esquivando la mirada inquisitiva que la chica le estaba mandando.
―Escúchame bien, Draco Malfoy ―Parkinson se cruzó de brazos, amenazante―. Te prohíbo que vuelvas a tener contacto alguno con ese hombre, ¿está claro?
―Independientemente de lo que creas, amor, no tengo cinco años ―contestó Draco con voz seria.
―Entonces no te comportes como un niño. ¿Acaso quieres seguir viéndolo? ¿Tratándolo? ―preguntó Pansy, colérica―. ¡No puedo creer que me hayas estado ocultando esto!
―No es que fuera un secreto, Pansy ―Draco se puso de pie, quedando a la altura de su amiga, pues los tacones que ésta usaba le permitían estar casi al mismo nivel―. Han sucedido demasiadas cosas, no es que él y yo tengamos una relación cercana o algo parecido.
―Has permitido que tu hijo se acerque demasiado a la familia Potter. Como madrina de Scorpius, exijo que esa amistad termine de inmediato ―dijo la morena en tono demandante, aunque más bien parecía estar haciendo un berrinche.
Draco rodó los ojos.
―Scorpius finalmente ha comenzado a comportarse como un niño de su edad… ―dudó un momento, pues aún no estaba seguro de que así fuera: su hijo era demasiado especial, después continuó―. No puedo prohibirle que sea amigo de Albus Potter. Aunque no lo creas, ese niño ha traído cosas buenas para él. Theodore estaría de acuerdo conmigo.
―Eres injusto, Draco ―murmuró su amiga con recelo.
―Sé que estás preocupada por mí, cariño, en verdad te lo agradezco ―dijo Draco con suavidad, acercándose a ella para acariciar su largo cabello negro―. Deberías controlarte más, es un milagro que no estés en Azkaban, ¿sabes?
Pansy chasqueó la lengua.
―Potter es un estúpido bonachón. No me importará gastar una o dos maldiciones en él si es que se atreve a lastimarte otra vez.
―Tal vez deberías pedirle una disculpa ―el rubio soltó una risita divertida ante la mueca horrorizada que se había dibujado en el rostro de su amiga.
―Prefiero pudrirme en una celda de Azkaban, Draco. El imbécil de Potter se lo tenía bien merecido. No sé cómo pude aguantar tantos años sin hacerlo―escupió ella con rencor.
―Sólo era una idea ―Draco se encogió de hombros, después le dedicó una mirada curiosa a su amiga―. ¿Qué tal te va con Yuri?
Pansy jadeó, al tiempo que se sonrojaba, seguida por un súbito ataque de tos que no la abandonó hasta después de un par de segundos.
―¿Q-Qué pasa con ella? ―preguntó Parkinson con nerviosismo, desviando la mirada, evitando tener cualquier tipo de contacto visual con él.
―Ha estado preguntando por ti, la verdad es que es bastante molesto ―Draco suspiró, cansado―. Parece que en verdad le gustas.
Increíblemente, Pansy se ruborizó aun más.
―Aún no sé cómo ocurrieron las cosas ―se movió nerviosa y después comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, otra vez―. Estábamos platicando muy a gusto sobre vestidos, música y esas cosas cuando de pronto la sentí sobre mí.
―Yuri es lesbiana, probablemente malinterpretó alguno de tus movimientos ―suspiró el rubio―. Te he dicho que no deberías ser tan coqueta, Pansy.
―La sensualidad es algo con lo que he nacido, no puedo actuar contra mi naturaleza.
Draco rodó los ojos y suspiró.
―¿Se lo has contado a Blaise? ―preguntó él con curiosidad.
Pansy entonces se detuvo, dirigiéndole una mirada dramática y suplicante. Draco sabía perfectamente el tipo de relación que sostenían sus amigos, por lo tantopodría hacerse una idea de lo que sucedería si las cosas se llegaban a salir de control.
―¿Crees que debería hacerlo? ―preguntó la joven con nerviosismo.
―Deberías ―contestó Draco, pasando una mano por su cabello―. También tienes que aclarar las cosas con Yuri, si no la sacas de su error podría traerte demasiados problemas.
Su amiga asintió.
―Creo que Blaise se va a molestar ―murmuró Pansy para sí misma.
―Siempre puedes modificar tu versión de los hechos ―dijo el rubio con una traviesa sonrisa, después se acercó a ella y la abrazó por la cintura―. No te preocupes, hablaré con él, y también con Yuri, por supuesto.
Los dos se miraron a los ojos por unos momentos y después sonrieron. Pansy se recostó en su pecho y suspiró, dejando que su amigo acariciara su larga cabellera.
―Por un momento pensé que Potter había recuperado la memoria ―murmuró la mujer, esta vez sin rastro de rencor en sus palabras.
Draco no dijo nada, sólo continuó acariciando los negros cabellos de Pansy. Sin embargo, sus pensamientos estaban en otra parte. Harry Potter lo había besado con la misma fuerza e intensidad de hacía diez años, tal vez más. Aún no podía entender cómo es que habían terminado en aquella situación, un momento estaban hablando con cordialidad, al siguiente Potter le hablaba muy cerca del oído, erizando cada uno de los vellos de su nuca; después, los fuertes brazos de Harry lo habían rodeado para girarlo hacia él. Ni siquiera pudo hilar un pensamiento coherente cuando sus labios ya habían sido sellados por los del auror.
Todas las barreras que había creado para mantener sus sentimientos a raya fueron derribadas una por una hasta convertirlo en una masa temblorosa y jadeante, incapaz de resistirse a la cercanía de Harry. Nunca había podido resistirle, jamás, no importaba cuanto lo intentara. Sabía que todos sus esfuerzos serían en vano, pero al final no pudo evitar luchar. No estaba bien. El pasado no debía volver bajo ninguna circunstancia. Los dos habían construido sus vidas. Harry estaba equivocado, confundido, tenía que ser eso.
Entonces se separaron, o eso le pareció, pues sus alientos estaban demasiado cerca todavía. Abrió los ojos solo un poco y se encontró con la mirada esmeralda de Harry, la misma que éste le había dedicado en tantas ocasiones. Sus piernas temblaron y un jadeo escapó de su boca sin poder evitarlo. Estaba perdido. Harry lo besó nuevamente y no pudo hacer otra cosa más que corresponderle, aferrándose a él como si no hubiera otra cosa que lo sostuviera en el mundo. Recordaba muy poco de lo que sucedió después de eso. Cuando finalmente había abierto los ojos, estaba sobre Harry, los dos recostados en el sofá. Mikael los miraba desde la puerta, riéndose de los dos; detrás estaba Pansy estaba en condiciones muy similares a las de él.
Draco abrió los ojos, percatándose de que había estado tocando sus labios. Pansy lo estaba mirando, directo a los ojos, leyendo cada uno de sus movimientos.
―¿Regresarías con él? ―preguntó ella directamente.
―¿Qué…? ―el rubio intentó sonreír, pero la seriedad en el rostro de su amiga le hizo callar.
―Si él te lo pidiera, si recobrara todos sus recuerdos, ¿regresarías con él? ―insistió ella.
Draco no fue capaz de contestarle. Nunca había sido capaz de contestar esa pregunta, a pesar de que hacía mucho tiempo alguien le había cuestionado de la misma manera.
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Harry dejó caer su cabeza sobre el escritorio, sin importarle que los pergaminos que estaban sobre ésta terminaran en el suelo. Probablemente le quedaría un chichón, pero eso también le tenía sin cuidado. Tres días y dos noches habían pasado desde que había cometido un error grave e irreparable: había besado a Draco, aun sabiendo que tenía que controlarse. Todos sus esfuerzos por acercarse a él, de estar a su lado e intentar conquistarlo de nuevo se habían ido al carajo en cuestión de segundos. Nada de eso le importó en ese momento porque estaba besando a Draco. Llevó una mano a su frente y suspiró.
La verdad es que no se arrepentía. Sabía que las consecuencias de ese beso serían todo menos buenas. Sin embargo, Draco había correspondido, sólo eso hacía que todo valiera la pena. La puerta de su despacho se abrió, pero aun así no se movió de su lugar. Hermione le dirigió una mirada preocupada y dudó un momento antes de entrar, cerró la puerta detrás de ella y avanzó hasta quedar justo frente a su escritorio.
―Harry… ―dijo la castaña con voz suave, sin ocultar el nerviosismo que sentía al verlo en aquellas condiciones.
Harry suspiró.
―Estoy bien ―murmuró el auror sin siquiera alzar la mirada, después de todo, se hacía una idea de lo que su amiga quería decirle―. Esta noche tendré listos los informes que necesitas, lo prometo.
Hacía dos días que el departamento de Inefables había solicitado una investigación minuciosa sobre los vampiros residentes en Londres y él, por estar pensando en otras cosas, no estaba presionando a sus aurores para que entregaran esa información a la brevedad. Hermione no sabía de lo ocurrido en su casa, mucho menos Ron. Había preferido guardar aquel evento para sí mismo.
―No se trata de eso ―dijo Hermione, soltando una risita divertida―. Ron se encargó de entregar el reporte hoy por la mañana.
―Ron, te vas a ir al cielo ―contestó el moreno con una sonrisa y después desvió la mirada hacia su amiga. Para su sorpresa, ella negó con la cabeza.
―Hay algo que tienes que ver, Harry.
―¿Estás segura de esto, Mione? ―preguntó Harry con una sonrisa nerviosa mientras caminaban en dirección al despacho de Blaise Zabini.
―Confía en mí, sé lo que hago ―dijo la castaña con decisión, ignorando el nerviosismo de su amigo.
Avanzaron un poco más y se detuvieron frente al escritorio de Greg, quien movía nerviosamente su varita, enrollando un gran número de pergaminos que se iban apilando en una pequeña caja. El rubio frunció el ceño cuando los vio, entrecerrando los ojos cuando éstos enfocaron al auror.
―¿Qué desean? ―preguntó el hombre, siendo todo menos cortés.
Harry puso los ojos en blanco, fastidiado ante la actitud de su ex pareja. Afortunadamente, Hermione sabía cómo hablar en cualquier tipo de situación.
―No hemos recibido nuestras invitaciones para el concierto, recuerda que es estesábado ―dijo la inefable con superioridad, cruzándose de brazos―. Según tengo entendido, tú eres el responsable de la coordinación, ¿me equivoco?
―Qué falta de respeto. No puedo creer que me hayan degradado a hacer el trabajo de un asistente cualquiera ―masculló el rubio, ofendido.
―Es un castigo por hablar de más, pero creo que no ha sido suficiente ―habló Zabini detrás de él, dirigiéndole una mirada asesina―. El Ministro me ha contactado por red flu, diciéndome que su familia aún no recibe la invitación para el concierto, sin mencionar que dos miembros del Wizengamot se han quejado vía lechuza por esa misma razón.
Greg palideció entonces, como si toda la sangre de su cuerpo lo abandonara de golpe. Giró el rostro hacia su jefe, tratando de decir algo, lo cual sólo incremento la molestia de Blaise. Harry y Hermione compartieron una risita burlona, para después saludar a Zabini con un movimiento de cabeza.
―S-Señor, estoy haciendo todo lo posible para… ―Greg se detuvo al ver el gesto de fastidio dibujado en el rostro de su superior.
―Tienes quince minutos para solucionar este problema o yo mismo me encargaré de llevarte directo a la salida, ¿lo has entendido? ―dijo Blaise con voz fría.
El rubio asintió en repetidas ocasiones y salió disparado, llevando consigo la caja con los pergaminos.
―Eso es a lo que yo llamo "control sobre los subordinados" ―comentó Hermione mientras seguía a Greg con la mirada.
Los ojos pardos de Blaise se entrecerraron, estudiándolos a ambos. Entonces una mano se posó sobre su hombro y éste giró para encontrarse con la mirada gris de Draco.
―¿Pasa algo? ―preguntó el moreno con curiosidad.
Su amigo asintió.
―Están un poco… ―Draco dejó de hablar en el mismo instante en que se percató de la presencia de Harry.
Hermione y Blaise estudiaron las reacciones en los rostros de sus amigos, para después intercambiar una mirada perspicaz entre ellos. El sonido de la puerta llamó la atención de todos, haciéndolos girar hacía ella. Mikael y Yuri los miraron por unos momentos, al igual que las cinco personas que los acompañaban.
―Ya estamos listos, Draco ―dijo una mujer rubia de amables ojos verdes mientras sonreía, inconsciente de la tensión que había en el ambiente.
Mikael puso los ojos en blanco y se acercó al rubio, quien parecía haber perdido el habla, para tomarlo del codo y llamar su atención, murmurando cosas en su oído. Draco frunció el ceño, molesto ante la repentina invasión a su espacio personal. Harry lo hizo también. Yuri dio un paso hacia ellos y extendió las manos, sonriendo ante el espectáculo.
―Vamos a conocer el auditorio, ¿quieren venir con nosotros? ―preguntó la castaña con aparente inocencia, aunque la mayoría de los presentes no le creyó.
Hermione intercambió una rápida mirada con Harry y después asintieron a la vez. Por supuesto, Blaise no olvidó tomar una pequeña nota mental al respecto.
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El Royal Albert Hall era uno de los teatros más reconocidos alrededor del mundo, tanto por su belleza como por su capacidad, pues podía albergar sin problema alguno a poco más de ocho mil personas. Draco frunció el ceño, evaluando con atención cada detalle del lugar. Era elegante, no podía negarlo. La decoración era exquisita, digna de cualquier miembro de la realeza. Las finas escaleras de mármol que conducían a los palcos principales llamaron su atención, pues las estatuas mágicas que las adornaban no dejaban de lanzar pétalos de rosas, invitándolo a subir por ellas.
Sonrió. Apartaría uno de esos para su madre, sólo en el caso de que ella no contara con uno privado, cosa que en realidad dudaba.
―Es muy bonito, casi comparable con el que tenemos en Berna ―dijo una voz masculina detrás de él.
―Gerard, tu siempre tan patriota ―contestó Draco con una traviesa sonrisa, girando hacia su amigo.
Gerard Müller tenía su misma edad, los dos eran rubios y compartían una complexión física bastante similar, sólo que el cabello de éste brillaba como el oro, logrando un bonito contraste con sus ojos verdes pálido. Draco y Gerard habían sido buenos amigos desde que ambos coincidieron en la universidad hacía poco más de siete años, y aun cuando Müller se había visto obligado a abandonar la carrera para hacerse cargo de su hermana gemela nunca dejaron que el contacto entre ellos se perdiera.
―Así debe ser ―dijo su amigo, sonriéndole mientras se cruzaba de brazos―. Richelle está muy contenta de estar aquí.
―Sí, eso parece ―contestó Draco, sonriendo mientras veía a la rubia que platicaba animadamente con Yuri y Hermione Granger―. Creo que es la primera vez que viene a Inglaterra, ¿me equivoco?
Gerard negó con un movimiento de cabeza.
―Parece ser que la habían invitado a participar en años anteriores, pero se negó. Decía que tú tendrías que ser el primero en presentarse aquí, de lo contrario, ella nunca aceptaría poner un pie en este país.
Draco puso los ojos en blanco.
―Ustedes dos son algo, Gerard―masculló Draco mientras hacía un puchero―. Aún no he escuchado sobre su boda, ¿es que piensan vivir siempre así?
―Ya sabes que la gente de ahora lo considera un tabú ―contestó el rubio, sonriendo mientras dirigía una mirada cariñosa a su gemela, quien los saludó a ambos con la mano―. Richelle dice que ella está bien así, sin embargo, no quisiera que la sociedad la señalara.
Malfoy apretó los labios un momento, irritado. Por experiencia sabía a qué se enfrentarían sus dos amigos cuando su relación saliera a la luz y la verdad no se los deseaba, pues en verdad los apreciaba. En el pasado las relaciones entre hermanos no era nada fuera de lo común, al contrario, era una tradición bastante antigua para preservar el linaje familiar; sin embargo, ahora que muchas de las costumbres de los muggles habían sido adaptadas al mundo mágico, la gran mayoría de esos antiguos rituales pasaron a ser mal vistos por la mayoría de los magos.
―Puede que mi familia ya no sea tan poderosa como antes, Gerard, pero estoy seguro que Mikael sería muy feliz en ayudarte, ya sabes que la familia de su madre tiene muchísima influencia en el Wizengamot francés ―dijo Draco mientras desviaba la mirada hacia su amigo.
Gerard lo observó en silencio por unos momentos y después suspiró.
―Se lo comentaré a Richelle, lo prometo.
―Bien ―Draco asintió y lo tomó por el codo, jalándolo hacia el resto de sus amigos―. Aún no te perdono el desaire que me hiciste con lo de mi violín, así que es mejor que me obedezcas por ahora, ¿de acuerdo?
―Ya te dije que no necesito tu dinero, Draco. Te ayudé con gusto, lo sabes ―dijo Gerard mientras soltaba una risita divertida.
Harry observó cómo los dos rubios avanzaban hacia el grupo, platicando animadamente entre ellos. Suspiró, estudiando cada uno de los movimientos de Draco, quien parecía realmente feliz de tener a sus amigos tan cerca. Por supuesto, nunca había hecho contacto directo con él, ni siquiera con la mirada. Draco lo estaba evitando, negándole la oportunidad de saber qué es lo que pensaba con respecto al beso que habían compartido. No era como si no esperara esa reacción de su parte, sin embargoeso no significaba que dejara de dolerle.
El grupo se dirigió hacia la entrada del escenario, seguidos de Blaise Zabini y Pansy Parkinson, ésta ultima dirigiéndole miradas envenenadas cada vez que podía. Hermione se acercó rápidamente a él, respirando agitadamente.
―Vamos, Harry, van a comenzar con las preparaciones ―dijo la castaña mientras lo tomaba de la mano, jalándolo hacia la puerta.
―Todavía no entiendo por qué se necesita a tanta gente, pensé que solo serían tres músicos los que darían el concierto ―murmuró el auror por lo bajo, un poco molesto al sentirse desplazado con tanta gente que rodeaba a Draco en ese momento.
Hermione se encogió de hombros.
―Según he podido averiguar, parece ser que los amigos de Malfoy están ayudando con los preparativos del evento; ya ves, todos son músicos profesionales―comentó la castaña, mirando todo con fascinación.
Se detuvieron un momento al ver cómo los jóvenes músicos analizaban el suelo del escenario sobre el que estaban parados, murmurando cosas que sólo ellos podían entender mientras gesticulaban rápidamente con las manos, señalando los instrumentos que descansaban frente a ellos. Harry observó en silencio cómo Draco y los demás sacaban sus varitas mientras formaban un círculo, justo alrededor de un juego de runas que estaban grabadas en el suelo. Zabini y Parkinson también los miraban desde la distancia, asombrados ante el despliegue de magia del que estaban siendo testigos.
―Ab imo anima [1] ―murmuraron los jóvenes mientras agitaban sus varitas en repetidas ocasiones, dejando que éstas desprendieran pequeñas chispas de colores que recorrieron rápidamente la habitación, deteniéndose sobre los instrumentos musicales, bañándolos con su magia.
―¿Qué se supone que están haciendo? ―preguntó Harry mientras alzaba una ceja, confundido.
―No estoy del todo segura, pues sólo una vez leí sobre esto, pero creo que han comenzado con la afinación los instrumentos ―murmuró Hermione, mas para sí misma que para el auror.
Harry observó a su amiga solo un momento para después girar el rostro hacia Draco, quien no había dejado de mover su varita, guiando las chispas de luz hacia los violines en los que al parecer, estaba poniendo demasiado empeño. Suspiró. No debía olvidar que, aun cuando Draco había decidido recorrer un camino poco común, éste seguía siendo un mago. Uno con gran poder y talento. Desvió la mirada hacia Mikael y Yuri, viendo cómo éstos concentraban su magia en el piano mientras que sus amigos se encargaban del resto de los instrumentos. Los músicos compartieron una mirada de aprobación después de unos minutos y detuvieron sus movimientos, dejándose caer al suelo, agotados.
―No puedo creer que nos obligaran a hacer esto ―masculló un castaño de ojos verdes, irritado, dejando que su acento español marcara cada una de sus palabras―. Debieron contratar a alguien más en vez de explotar a sus amigos.
―No podías esperar otra cosa de Mikael y Draco, ¿cierto, Antonio? ―bufó Yuri con diversión mientras rodaba los ojos, ignorando cómo los mencionados le mandaban miradas ácidas y envenenadas.
―Bueno, después de lo que le sucedió a Mike, es obvio que quieran tomar sus precauciones ―comentó Richelle con inocencia, sin ser consciente de que sus palabras hacían que el enojo de Mikael se incrementara―. Además, es un honor que pidieran nuestra ayuda para la afinación ―finalizó con una sonrisa.
Draco desvió la mirada, pues podía percibir la furia creciente que emanaba su cuñado, quien se encontraba justo a su lado, sonriendo a la rubia que lo había hecho enfadar. Sus ojos viajaron por la habitación, admirando cada uno de los detalles del auditorio. Debía reconocerlo, el lugar le gustaba bastante. No sabía por qué, pero de alguna manera se alegraba de tener la oportunidad de tocar ahí aun cuando fuera bajo circunstancias poco fuera de lo común. Se acercó a un par de estatuas que se encontraban al fondo del escenario, éstas se movieron y le dedicaron una radiante sonrisa.
―Creo que deberíamos hacer una prueba de sonido, ¿no les parece? ―comentó Antonio mientras fruncía el ceño, pensativo―. Nunca he estado aquí, pero por lo que veo deberíamos poner algunos hechizos para mejorar la acústica.
Draco colocó una mano bajo su mentón y torció la boca, después de unos momentos asintió.
―Sería lo mejor, después de todo, parece que no le dan el mantenimiento adecuado a los instrumentos ―comentó el rubio mientras giraba hacia sus amigos.
―¡Me parece una buena idea, hace tiempo que no tocamos juntos! ―exclamó Yuri con entusiasmo, intercambiando animadas sonrisas con Richelle y Gerard.
―¿Quieren tocar? Pensé que haríamos hechizos de acústica ―dijo Draco mientras alzaba una ceja, en una clara muestra de confusión.
―No tiene nada de malo, cheri ―Mikael lo tomó por el codo y lo jaló hacia el centro de la habitación, entonces sonrió―. La forma tradicional también tiene su encanto.
Draco lo observó por unos momentos, sin parpadear, cautivado por la sonrisa que se había dibujado en el rostro de Mikael. Por un momento le pareció ver a Theodore reflejado en su hermano, sonriendo con ternura mientras extendía una mano hacia él. Los labios de su cuñado se movieron pero no pudo escuchar lo que éste le estaba diciendo, pues su mente se encontraba totalmente sumergida dentro de sus recuerdos.
―¿Volverías con él? ―preguntó Theodore con una sonrisa, sin detenerse, siempre mirando hacia el frente.
Draco lo observó directo al rostro, con la boca abierta, mientras detenía abruptamente su caminar.
―¿De qué estás hablando? ―murmuró el rubio mientras fruncía el ceño, apretando con fuerza la correa de su mochila, dentro de la cual guardaba las partituras que se encontraba estudiando.
―Sabes a qué me refiero―contestó Nott, deteniéndose mientras giraba para mirarlo de frente―. Hace algún tiempo te hice la misma pregunta, pero en aquel entonces no te encontrabas bien, pues sólo había pasado poco más de un año ―los ojos malvas de Theodore se entrecerraron por un momento y después prosiguió―. Ahora estás casi recuperado, así que te lo vuelvo a preguntar, ¿regresarías con él?
Draco no pudo contestarle, ni siquiera tenía la necesidad de preguntar sobre a quién se refería, después de todo, aún recordaba la primera vez que Theo y él habían tenido la misma conversación. El rubio desvió la mirada, nervioso, por lo que no pudo percatarse de la pequeña sonrisa que se dibujó en los labios de Nott en ese momento.
―No volveré a preguntarte de nuevo, lo prometo ―dijo Theodore mientras se acercaba a él, para después tomarlo de la mano―. Pero quizás algún día tengas que contestar esa pregunta para ti mismo, Draco.
Los ojos grises de Draco se entrecerraron al momento en que su cuerpo comenzaba a ser violentamente sacudido.
―¡Draco! ¡Draco, te estoy hablando! ―exclamó Pansy un tanto preocupada mientras su mano ejercía un poco de presión sobre el hombro del rubio ―. ¿Estás bien?
―Eh… sí, estoy bien ―contestó el joven después de un breve titubeo, sonriéndole a su amiga en un gesto que intentaba ser tranquilizador.
―¿Seguro? ―Parkinson alzó una ceja y su boca se torció en un mohín―. Mikael ha estado llamándote desde hace un rato, él y tus amigos están preparando los instrumentos para el ensayo.
―En serio, estoy bien, sólo… estaba pensando en algunas cosas, ¿de acuerdo?
Draco le dio la espalda rápidamente, ignorando la mirada incrédula de su amiga, y se acercó a los músicos que ya lo esperaban del otro lado del escenario. Llevaba tanta prisa, que no pudo percatarse de que Harry Potter lo estaba siguiendo con una mirada severa y penetrante, mucho menos de que éste no había perdido un solo detalle de lo ocurrido.
―Draco, hemos decidido interpretar a Vivaldi ―dijo Yuri mientras extendía uno de los violines al rubio―. Dado que todos somos excelentes en instrumentos de cuerda, pienso que sería lo más apropiado, ¿qué opinas?
―¿Tienen alguna pieza en mente? ―preguntó mientras tomaba el violín―. Un concierto para tres violines sería lo ideal.
―F menor ―contestó Mikael mientras se reunía con ellos, después giró hacia el resto de sus amigos, quienes ya habían tomado asiento detrás de ellos―. Supongo que quieres ser primer violín, Draco ―dijo con sonrisa socarrona, divertido ante el gesto de fastidio que el rubio le estaba dedicando; se encogió de hombros y suspiró dramáticamente―. Cuando ustedes quieran.
Yuri, Draco y Mikael se colocaron en posición, sosteniendo sus violines con firmeza para después intercambiar una mirada rápida, después cerraron los ojos y comenzaron a mover los arcos al mismo tiempo, siendo seguidos de inmediato por sus amigos.
Antonio Vivaldi - Concerto for 3 violins in F RV 551
Primer Movimiento: Allegro I
La música inundó rápidamente cada rincón del auditorio, resonando de forma maravillosa gracias al diseño de cámara que éste tenía, ideal para el concierto del que sólo cuatro personas estaban siendo testigos. Blaise y Pansy compartieron una mirada cómplice mientras sus dedos se entrelazaban, los dos sonreían ampliamente al ver el magnífico desempeño de Draco, dejándose arrastrar por la melodía. Hermione, por su parte, se llevó una mano al corazón mientras un nudo comenzaba a apretarse en su garganta, impidiéndole respirar de manera adecuada. Siempre había tenido cierta debilidad por la música clásica, sin embargo, esto no se comparaba con lo que estaba sintiendo en ese momento. Su corazón parecía latir al mismo ritmo de los acordes y sonidos, queriéndose unir a la maravillosa melodía que al parecer, quería acariciar cada parte de su alma.
La mirada de Harry no dejaba de seguir cada uno de los movimientos de Draco, quien tenía los ojos cerrados, como siempre que tocaba el violín, completamente embelesado con la interpretación; Mikael y Yuri estaban en una situación bastante similar a la del rubio, los tres entregados en su totalidad mientras que, un poco más atrás, el resto de sus amigos sonreía mientras movían sus manos y dedos sobre las cuerdas de sus respectivos instrumentos. No estaba del todo seguro, después de todo el no era ningún experto, pero parecía ser que el español estaba tocando un Chelo. Detrás de todos ellos, violines y algunos otros instrumentos flotaban mientras, mágicamente, se unían a la interpretación.
―Es la primera vez que lo veo… ―jadeó Hermione, sus ojos casi saliéndose de sus orbitas, tomó a Harry del antebrazo y lo jaló hacia ella―. ¿Las ves, Harry? ―preguntó en un susurro, sin ocultar la ansiedad que sentía.
El auror frunció el ceño levemente y negó, su amiga puso los ojos en blanco y señaló hacia el escenario. En el suelo brillaban distintos grabados y símbolos de manera casi imperceptible.
―Runas… ―murmuró Harry mientras la castaña asentía en repetidas ocasiones con la cabeza.
―Fíjate bien, las runas brillan al mismo tiempo que las que están grabadas en los instrumentos. La magia viaja hasta ellos gracias a los grabados. ¡Ese es un arte muy antiguo!―exclamó la joven mujer, maravillada.
Harry sonrió ante la enorme sonrisa de su amiga y después dirigió su mirada hacia Draco, que para ese momento ya había dejado de tocar y se encontraba hablando animadamente con aquel chico español, que parecía querer soltar una carcajada en cualquier momento.
―¿Lo harás? ―preguntó Draco con una inocente sonrisa, por supuesto, el moreno no se la tragó ni por un segundo y rodó los ojos mientras asentía―. Seguro que a Scorpius le dará mucho gusto, ya ves que te considera el mejor chelista ―bufó divertido, después, sus ojos se entrecerraron―. Ya lo verás, Tony, le demostraré a mi hijo que los instrumentos de cuerda también son impactantes.
―No lo dudo, no olvides comentárselo a Gerard ―contestó Antonio con una sonrisa, la cual se borró rápidamente, siendo sustituida por un par de cejas alzadas.
Draco hizo un pequeño puchero y giró el rostro hacia atrás. Harry Potter estaba de pie, mirándolo fijamente desde el pequeño grupo donde él y Granger platicaba animadamente con Richelle y Yuri. El rubio le sostuvo la mirada por unos momentos, inconsciente de las miradas curiosas ―molesta, en el caso de Pansy― que estaba recibiendo de la mayoría de los presentes. Harry se movió ligeramente hacia adelante, queriendo avanzar hacia él, sin embargo el rubio giró antes de darle la oportunidad de dar un solo paso, pues una mano se había colocado sobre su hombro, llamando así su atención. Mikael sonreía detrás de él, ignorando por completo la mueca de irritación que se había dibujado en el rostro del auror.
―¿Escuché bien? ¿Vas a tocar con Antonio? ―preguntó el moreno con inocencia.
Draco frunció el ceño levemente y asintió.
―Creo que sería una buena idea, después de todo, no nos prohibieron hacer duetos ―murmuró el violinista.
Bertrand amplió aun más su sonrisa y asintió, imitando al rubio, se acercó a su oído y murmuró algunas cosas, haciendo que el rostro de éste pasara rápidamente de la desconfianza a la confusión.
―Confía en mí, ¿de acuerdo? Si no te apresuras, se lo pediré yo primero y eso no te va a gustar.
―¿Por qué debería? No es como si fueras una especie de buen samaritano, Mikael ―los ojos grises de Malfoy se entrecerraron―. ¿Estás seguro de que Gerard fue a la recepción?
El moreno suspiró dramáticamente y Draco se obligó a no bufar de fastidio, giró sobre sus talones y caminó directo a la salida del escenario.
Harry, que no se había perdido uno de los movimientos del rubio, se disculpó rápidamente ante las chicas y lo siguió. Probablemente no era buena idea, eso lo tenía perfectamente claro. Sin embargo, tenerlo tan cerca después de ese beso era una tortura. Debía hablar con él, aun cuando no sabía qué es lo que le diría. Quería decirle que lo necesitaba más que a nada, que la relación amistosa ―si es que podía llamarse así― entre ellos no era suficiente en lo absoluto. También, que no había una sola noche en la que los recuerdos inundaran todos y cada uno de sus sueños. Pero sobre todas las cosas, quería decirle que lo amaba. Estaba justo por girar en una esquina cuando una presencia mágica violenta se dejó sentir a su alrededor.
―¿Por qué tanta prisa? ―preguntó aquella voz molesta y familiar.
Harry se detuvo en seco, esperando hasta que el hombre detrás de él llegara hasta su altura. Entonces sus ojos verdes chocaron con la mirada azul eléctrico de Mikael Bertrand.
―No es asunto tuyo ―masculló el auror, irritado por la sonrisa de superioridad que se había dibujado en el rostro del otro hombre.
―Aunque no lo creas, lo es ―contestó el moreno sin dejar de sonreír, dio un paso para quedar justo enfrente de él―. Draco está arreglando algunas cosas, deberías dejarlo tranquilo.
Harry apretó los puños, pues el énfasis en esa última frase no le había pasado desapercibido. Para su sorpresa, Mikael entrecerró los ojos y dejó que su sonrisa se extendiera todavía más, dándole un aire maligno y depredador.
―Te lo repito, esto no es asunto tuyo ―repitió Potter, sin dejarse intimidar.
―¿Crees que es buena idea? ―Bertrand se encogió de hombros y suspiró―. Muchas cosas han cambiado desde que ustedes dos estaban juntos.
Entonces toda la seguridad de Harry se fue por el caño.
―¿Q-Qué dices? ―balbuceó Harry, sin saber qué decir ante las palabras del pianista.
―Francamente creí que eras mucho más inteligente. Te sorprenderías por la cantidad de cosas que sé―negó con la cabeza y suspiró―. Por lo que veo, es cierto que recuperaste la memoria.
―¿Cómo lo sabes? ¿Draco te lo dijo? ―preguntó Potter con nerviosismo.
―¿En verdad crees que me lo diría? ―Mikael puso los ojos en blanco y bufó―. No pienso darte detalles, sólo debes saber que estoy enterado de la situación― su voz cambió a un tono directo―. Le guste o no, Draco es parte de mi familia ahora. No pienso permitir que destruyas lo que le costó tanto trabajo conseguir a mi hermano, ¿lo has entendido?
El auror frunció el ceño ante el comentario y abrió la boca para preguntar al respecto, sin embargo, Mikael ya se encontraba girando en la esquina, negándole la oportunidad de aclarar sus dudas.
―Una última cosa, Potter: subestimas a Draco. Tu error más grande es no intentar averiguar todo sobre él ―sin decir una palabra más el pianista continuó con su camino.
Harry quedó de pie en el mismo lugar, mirando fijamente el suelo mientras su corazón latía con fuerza, retumbando en sus oídos. ¿De qué estaba hablando Bertrand? Por supuesto, sabía que había demasiadas cosas del pasado de Draco que ignoraba, no tenía si quiera porqué mencionarlo. Después de todo, el mismo pasaba mucho tiempo pensando en ello, incrementando cada vez más su frustración.
Después de unos minutos ―bien pudo haber pasado una hora, pues toda noción de tiempo había quedado en el olvido― la suave melodía de un piano comenzó a llegar a sus oídos. El auror parpadeó dos veces, extrañado, pues la canción le resultaba bastante familiar y conocida. Sus pies se movieron automáticamente, llevándolo hasta una enorme y antigua puerta de roble. Abrió la puerta, atraído por el sonido que parecía acariciar cada parte de su ser. Sus labios se separaron en un mudo jadeo ante la delgada figura de Draco, quien se encontraba sentado frente a un hermoso piano de cola, moviendo sus manos con gracia de un lado a otro del teclado, maravillándolo con el sonido.
Franz Liszt - Liebesträume. Drei Notturni
Liebestraum Nr. 3: O lieb, so lang du lieben kannst
Sueños de amor. Tres Nocturnos
Tercer sueño de amor: Oh, ama, ama mientras puedas
Harry reconoció la melodía al instante, pues era la misma que había escuchado una y otra vez desde el día en que Theodore Nott compartió con él fragmentos de su pasado. Por supuesto, los movimientos de Draco eran mucho más suaves y tranquilos que los de Nott, dándole un toque especial a la melodía. El auror dio un paso hacia adelante, esperando no hacer demasiado ruido, pues no quería que la canción terminara jamás.
―Cierra la puerta ―dijo Malfoy con voz suave, sin dejar de tocar.
A Harry le hubiera gustado que el rubio se dignara a mirarlo a los ojos, sin embargo, éste estaba demasiado concentrado en lo que hacía. Esperó en silencio, admirando todos y cada uno de los elegantes movimientos de Draco. Esta era la primera vez que lo veía tocando un instrumento que no fuera el violín, en su casa lo había escuchado desde la cocina, pero por supuesto, presenciarlo desde un primer plano era algo completamente diferente.
Cuando abrió los ojos, se encontró a Draco de pie, mirándolo de frente.
―Me han dicho que me buscabas ―dijo el rubio con tranquilidad, sin cortar el contacto visual entre ellos ni un solo momento―. Me cansé de esperar.
―Sí, bueno… ―Harry se rascó la nuca, nervioso, pero fue interrumpido antes de poder seguir hablando.
―La música siempre me ha ayudado a reponerme, ¿sabes? La confusión parece desaparecer en cuanto mis dedos tocan la maravillosa superficie de un violín, o en este caso, de un piano ―el Slytherin se encogió de hombros y se recargó sobre la tapa del piano.
―Ya veo… ―contestó el auror, sin terminar de comprender qué es lo que intentaba decirle.
De alguna manera el rubio pareció leer sus pensamientos y continuó hablando.
―Liebesträume era una de las piezas favoritas de Theodore, solía tocarla para mí hace mucho tiempo. Siempre que lo necesitaba ―dijo Draco, sonriendo para sí mismo―. He estado confundido últimamente, pues haces muchas cosas que simplemente no logro comprender ―suspiró, después alzó el rostro, clavando sus ojos grises en él―. Sin embargo, creo que puedo darme una vaga idea de lo que está sucediendo.
Harry tragó duro sin poder evitarlo, pues el nudo en su garganta estaba a punto de cortarle la respiración. Intentó hablar, intervenir en el monólogo del violinista al que tanto amaba, pero no pudo hacerlo. Los nervios le estaban matando. Entonces Draco abrió la boca, soltando la pregunta que de manera inconsciente estaba esperando:
―¿Has recuperado la memoria, Harry?
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[1] En latín: desde el fondo de mi alma. O eso dice Google orz
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¡Hola a todas!
Por fin está listo el capítulo once, el cual, marca el inicio de la recta final. Muchas gracias por todo su apoyo y sus comentario, en verdad que me animan a continuar, pues ver que mi fic es tan bien recibido me hace muy muy feliz ^ ^ Espero que puedan descargarse la versión de Liebesträume de Draco, seguro que les gustará :'D
Lamento mucho la demora, por ahora mis pocas neuronas están concentradas en el fic del Big Bang y la verdad, llevar las dos es un poquito difícil T.T No puedo decir a ciencia cierta cuándo podré actualizar otra vez, pero créanme que en verdad me esforzaré para que sea pronto.
Como siempre, un beso enorme a mi beta: motoko_cydalima a quien le pido millones de disculpas por los errores tan feos que le tocó corregir…
¡Es mi culpa por no fijarme bien! Orz
Ahora me voy a contestar los reviews del capítulo anterior.
¡Nos leemos pronto!
