Bueno, ya sé que dije que subiría pronto el siguiente capítulo y no ha sido así, pero he tenido mucho lío y además tenía poca inspiración, así que he tardado más de lo que me gustaría. De todas formas lo he disfrutado escribiendo, y aunque la trama cada vez es más densa y me cuesta más manejarla, me siento bastante satisfecho.

Espero que como siempre os guste, y que disfrutéis leyéndolo, que para eso existe esta web.


MISIÓN 2: MARINEROS DE AGUA DULCE (CONTINUACIÓN)

A Lilo le encantaba la playa. La primera vez que vio el mar, cuando David la llevó a ella y a Nanny durante las vacaciones de verano, se quedó observándolo durante mucho rato, captando y entendiendo el significado de su concepto. Luego, apremiada por David, se atrevió a mojar los pies en el mar. Cinco horas más tarde Nanny consiguió sacarla del mar. Lilo resultó ser una gran buceadora y una exploradora acuática asombrosa para su corta edad: de los suelos de la costa rescató conchas, caracolas y exoesqueletos de erizos de mar, que le regaló a su hermana y a David, los cuales reposaban en una toalla, abrazados, observándola maravillados. Lo del Lilo con el mar era solo comparable a su amor por el hula. Y Nanny sentía que era la única que podía verlo.

Nanny también se lo había advertido muchas veces: "cuidado con los cocodrilos Lilo-le había dicho-se acercan mucho a la costa…. Y son muy peligrosos". Lilo se mostró fascinada desde un principio por la existencia de esas criaturas. Cocodrilos. Monstruos del jurásico, criaturas de una época anterior al hombre y la Creación, con piel acorazada y largos y afilados colmillos. La existencia de alimañas así la impresionaba mucho. Luego, cuando los vio en el zoo no le parecieron gran cosa. Eran grandes, cierto, y sus colmillos parecían afilados, pero se pasaban el rato tumbados en la arena de su terrario, con los fauces abiertos y los ojos cerrados, como si estuvieran dormidos o muertos. Lilo los observó mucho rato, mientras los otros niños, aburridos, pedían a sus padres que los llevasen a ver de nuevo los monos.

-Aquí se mueren de asco. Pueden tener una jaula muy grande, pero sigue siendo una jaula-comentó David, mientras una de las vigilantes del zoo le fulminaba con la mirada.

El cocodrilo que ahora ella veía bien podría haber estado en una jaula. Hubiese sido mejor para todo el mundo. Aquella bestia era posiblemente la cosa más grande que Lilo había visto en su vida. Un bicho aterrador, y espeluznantemente despierto. Su piel era de un color verde oscuro, y se dividía en placas, algunas ligeramente abolladas. Sus fosas nasales se dilataban y contraían acompasadas con el tic-tac de sus ojos, que amarillentos y saltones observaban a la niña, bizqueando, Su boca, abierta de par en par, exhibía unos dientes enormes y muy afilados, que podrían triturar hasta el mascarón del barco. Cuando Jim se tiró para salvarla mientras ella, paralizada, contemplaba su muerte segura, las dimensiones colosales de la bestia quedaron claras. Tan solo la cabeza del cocodrilo ya era más grande que Jim. Sus brazos, terminados en afiladas garras, eran más largos que la propia Lilo. En total debía de medir unos once metros. Y mejor será no hablar del peso.

-¡JIM!-Amelia observó aterrorizada como su ex–alumno se abalanzaba sobre Lilo y rodaba con ella por el suelo, justo cuando la boca del cocodrilo se disponía a engullirla.

-¡JODER!-Jim resbaló por el suelo de la cubierta, agarrado a la niña, hasta casi caer por debajo de la barandilla de babor. Por unos instantes lo vio todo borroso, pero luego distinguió claramente el cuerpo de la niña a su lado. Estaba entera. Sin pensárselo más, se incorporó, agarrándola con fuerza.

Miró al monstruo. ¿Cómo no habían podido ver llegar? Sin el radar era más complicado, pero una bestia de esas dimensiones… El cocodrilo se encontraba aferrado a la proa del barco, y tenía sus dos patas delanteras en la cubierta, mientras que las traseras, al igual que la cola, continuaban sumergidas en el agua. Se había asomado al barco como una curiosa sirenita, y al ver a la niña no había vacilado un instante en intentar zampársela.

-¡JODER!-Jim retrocedió sin soltar a Lilo, que tenía los ojos abiertos como platos y miraba al cocodrilo sin atreverse ni a pestañear-¡JODER, ES UN PUTO COCODRILO!

-¡UAAAAAAAAAH!-Mole y Lumière se alejaron de la fiera, corriendo a refugiarse en el camarote del capitán.

-¡JIM!-Amelia sacó su pistola lista para abrir fuego, cuando la mano de Merlín la detuvo-¿Qué hace?

-¿Vas a gastar un disparo?-preguntó el anciano, receloso. Amelia parpadeó, incapaz de creerlo.

-¿Está loco? ¡Suélteme!-se zafó de su agarre, furiosa.

-¡AMELIA!-la llamó Jim.

-¡ROAAAAAAAAAARRRRRR!-el cocodrilo escaló el mástil del barco y se deslizó por la cubierta con una velocidad pasmosa. Avanzó hacia Jim y Lilo abriendo la boca y rugiendo. Sus ojos echaban chispas, y su cola se balanceaba de un lado a otro violentamente, destrozando la barandilla como si fuese de papel. El cocodrilo se incorporó poniéndose varios metros por encima de Jim y Lilo, y observándoles como el que va a empezar a degustar un sabroso postre.

-¡CORRE!-Jim lanzó a Lilo hacia atrás apartándola, y el cocodrilo se abalanzó sobre él, embistiéndole y haciéndole saltar por los aires. Pero el chico fue muy rápido, y presionando el botón del traje desapareció de su vista. El cocodrilo se quedó en suspenso, intentando asimilar con su minúsculo cerebro lo que acababa de ocurrir. Amelia aprovechó para apuntarlo, y disparó el gatillo. Sin embargo, en los segundos que el arma tardaba en cargarse, el depredador se giró hacia Lilo y corrió a por ella, haciendo temblar la cubierta con su paso frenético.

-¡Mierda!-la pistola de Amelia soltó su rayo de luz sobre el palo mayor de la carabela, que instantáneamente desapareció tras un destello cegador. El cocodrilo, que tenía a Lilo acorralada, se giró sorprendido al ver aquello, y luego miró a Amelia, que con una calma brutal volvió a apuntarle y a apretar el gatillo.

-Funcionan solo una vez-le recordó Merlín, que seguía a su lado.

-Ya lo sé-susurró Amelia, sin dejar de mirar al cocodrilo, que emitía un ronco sonido mientras los observaba, cauteloso-le estoy distrayendo… deme su arma.

-¿Qué? ¿Y gastar otro tiro?-Merlín habló demasiado alto, y el cocodrilo rugió, soltando babas y pedazos de carne que llevaba entre los dientes.

-Demelapistolaahoramismo-susurró Amelia, mirando al cocodrilo con pavor.

-Pero…-Merlín miraba también al cocodrilo asustado, cuando se dio cuenta de que al lado de la fiera Jim acababa de reaparecer y sujetaba de nuevo a Lilo, llevando su mano a la muñeca de ella, para pulsar el botón de desmaterialización.

El animal los estaba engañando: cuando Jim bajó la mirada para pulsar el dispositivo del traje de Lilo el cocodrilo se giró a toda velocidad y lo golpeó con su cola, lanzándolo a la otra punta del barco. Jim voló por los aires, fuera de combate, hasta caer sobre el mástil de proa, y quedarse inconsciente. El cocodrilo lanzó un rugido aterrador y fue hacia él.

-¡PARA! ¡NO!-Lilo saltó sobre la cola del cocodrilo y se agarró a ella como pudo, siendo zarandeada por el movimiento del animal, que ni siquiera notó que le estaba tocando.

-¡GRRRROOOOOOOOOOOGH!-el cocodrilo se encaramó al mástil, donde estaba Jim, aún inconsciente, abriendo y cerrando sus mandíbulas, listo para devorarlo.

-¡Déjale, putain!-Lumière y Mole habían salido del camarote y le arrojaban brújulas y otros artefactos de navegación.

-Si va a hacer algo hágalo ya-le dijo Merlín a Amelia, que observaba al bicho apuntándolo con el arma del viejo, y con los ojos entrecerrados en finas rendijas.

-No puedo fallar-susurró la capitana. La vida del chico (y también la suya propia) estaban en juego.

-¡NO!-Lilo golpeó con sus pequeños puños la cola del cocodrilo, pero este no la hizo caso. Sus afilados dientes ya rozaban la piel de Jim, que apenas podía abrir los ojos a causa de la contusión-¡NO!

-¡AHORA!-agarrada a un cabo, Amelia saltó sobre la cabeza del cocodrilo y luego agarró a Jim, mientras Merlín, desde detrás, disparaba el arma. La capitana aterrizó dando un vibrante grito de desesperación en cubierta con el chico en sus brazos, mientras Lilo se dejaba caer de la cola del monstruo y se deslizaba a su lado. El cocodrilo giro su descomunal cabeza al darse cuenta de la jugada, pero entonces el arma de Merlín lanzó un rayo destructor.

¡SHOOOOOOOOOM! Amelia cerró los ojos, incapaz de soportar la luz deslumbrante del arma, e instantes después volvió a abrirlos. Por unos segundos el cocodrilo permaneció en el aire. Luego cayó a plomo al mar, levantando una enorme ola que empapó el suelo del barco.

-¡NO!-Amelia corrió a la barandilla para ver al cocodrilo dar un giro en el agua. La fiera se les quedó mirando durante unos instantes con aire amenazador, manteniendo sus ojos saltones y viscosos fuera del agua, y luego se sumergió en el mar, desapareciendo.

-¿Pego cómo ha podido fallag?-exclamó Lumière exasperado.

-¿Se marcha? ¿No va a intentar comernos otra vez?-Lilo estaba también asomada, y miraba al agua, que aún se agitaba tras la caída del cocodrilo.

Amelia colocó su brazo en el torso de Lilo y la obligó a apartarse de la barandilla. Jim seguía en el suelo, pero ahora parecía haber recuperado algo de consciencia, y se llevaba los brazos al vientre, gimiendo. La capitana miró a Merlín, que arrojó la pistola, ahora inútil, al mar.

-¿A qué juega?-Amelia fue hacia el anciano, y se le encaró, furiosa.

-Lo siento, no tengo muy buena puntería-se excusó él sin perder la calma.

-Cynique…-murmuró Lumière, desconfiado.

-No me tome el pelo, basta ya. ¿Quién es usted?-Amelia apartó la conciliadora mano de Merlín de un manotazo-¿qué sabe de esto?

-¿Yo?-Merlín negó con la cabeza, en apariencia incrédulo-no entiendo, de verdad.

-Quería que se los comiera. Quería que nos matase. Estaba claro-el rostro de Amelia se deformó en una agresiva mueca de desprecio, enseñando sus afilados colmillos. No tenía nada que envidiar al cocodrilo que acababa de atacarlos.

Y hablando del cocodrilo.

-¡IIIIIIIIIH!-Lilo se cayó a la vez que el barco se zarandeaba.

-¡ALÉJATE DE LA BARANDILLA!-Amelia corrió de nuevo al extremo del barco. El cocodrilo intentaba escalar de nuevo, y ahora golpeaba con violencia el cascarón. Una de sus cabezadas hizo que la carabela se inclinase hasta quedar casi en horizontal-¡Maldita sea, hay que hacer algo!

-No tenemos combustible-la recordó Merlín, arqueando las piernas para no perder el equilibrio-ni armas.

-¡YA LO SÉ, PIENSE EN ALGO!-chilló ella desesperada.

-Puedo intentag quemagle-sugirió Lumière, asomándose a la barandilla y lanzando una voluta de fuego al mar, pero esta se evaporó antes de llegar al cocodrilo.

-Ugh…-Jim se dio cuenta de que con los golpes estaba deslizándose poco a poco hacia el borde del barco. Para evitar caerse al mar, hizo un esfuerzo descomunal y se arrastró hacia la puerta del camarote del capitán. Y él que creía que estaría más seguro en el barco. "Quién será el que ha inventado… toda esta mierda"-pensó el chico, palpándose el enorme moratón que le había aparecido en el pecho y notando como los ojos se le humedecían. Debía de tener una hemorragia interna.

-A ver, a ver… tenemos cuerdas, palos…-Merlín enumeró nervioso lo que había en la cubierta-podríamos lanzarle el timón…

-¡Las bombas, gilipollas!-gritó Jim desde el suelo. Vinny había dicho que había unas cuantas en la bodega. No desintegraban cosas en el acto, pero eran armas a fin de cuentas.

-¡Las bombas!-Merlín corrió hacia la bodega, pero resbaló y se cayó al lado de donde estaba Lilo. Amelia chistó, furiosa, y entró ella misma, dando un salto.

-GRRRRRRRRRRRR-el cocodrilo se sumergió de nuevo y dio varias vueltas por debajo del barco, moviendo con velocidad su larga y gruesa cola para darse impulso. Era casi tan grande como la propia carabela. Unos golpes más y terminaría por volcarla.

-Va por el otro lado-indicó Lilo secamente. Efectivamente, segundos más tardes la barandilla de estribor empezó a agitarse, y el barco se inclinó hacia el otro lado. Lilo se agarró como pudo al palo que no se había desintegrado, mientras Jim se sujetaba al quicio de la puerta del camarote para no escurrirse.

-¡Terminarrá por abrirr un boquete!-chilló Molière, señalando donde se encontraba el cocodrilo. Este seguía sumergido, y cada vez golpeaba más fuerte el barco.

-¡Mierda!-Amelia subió corriendo con dos granadas en sus manos. De cintura para abajo estaba empapada; la bodega debía de continuar inundada-¡Cubríos!-estuvo a punto de resbalar pero se sujetó en Merlín, que emitió un quejidito de dolor. Amelia llegó hasta la barandilla y se asomó para ver al cocodrilo, que estaba a punto de volver a embestir contra el barco-¡Que te aproveche!-lanzó una de las bombas y luego saltó a un lado, justo cuando una enorme columna de agua subía a presión desde abajo.

-¡ROAAAAAAAAAARRRRRR!-el cocodrilo se retorció de dolor en el agua, que empezó a teñirse con su sangre. El ataque de Amelia le había hecho saltar muchas de sus escamas, pero la herida no era muy grave. El monstruo dio un giro de ciento ochenta grados en el agua y luego saltó hacia la barandilla, intentando llegar a ella con sus garras. Lilo gritó al ver la cabeza del cocodrilo asomándose de nuevo, pero Amelia estaba preparada. Fue hacia él con la segunda bomba, y al verla el cocodrilo retrocedió y se sumergió de nuevo.

-¡Sal vamos! ¡Da la cara!-la felina estaba fuera de sí y desesperada. ¿Cómo podía estar allí? ¿Cómo podía estar pasándole aquello? El monstruo casi se comía a la niña, y Jim habría corrido su misma suerte intentando salvarla. Todo era culpa del viejo. Ahora lo veía. Aquel maldito anciano…

¡BOOOOOM! El barco se zarandeó de nuevo. El cocodrilo volvía a golpear, esta vez no desde los extremos, si no desde abajo.

-¡Desde aquí no tienes ángulo de tirro!-exclamó Mole mirando con sus gafas de lupas el agua que rodeaba la carabela-¿Qué vas a hacerr?

-Es un reptil, tiene que salir a respirar-dijo Amelia, jugueteando con la anilla de la granada-cuando lo haga le mataré.

-Genial…de puta madre…-Jim consiguió sentarse en el suelo y se secó el sudor de la frente, mientras el dolor del golpe del cocodrilo le contraía.


-Os lo aviso, cualquier jugada y os reuniréis con vuestros amiguitos a tocar el harpa…. Me refiero a que os mataré-Rourke se acomodó en el único bote que quedaba del Jolly Roger, y dirigió su pistola a la cabeza de Smee, que ni siquiera se atrevía a mirarle por el miedo que sentía.

-Creo que lo han entendido-dijo Aladdín con frialdad. Rourke le miró con interés, pero él no dignó a devolverle la mirada. Ahora veía al general (y a la teniente) de un modo muy distinto. Le daban asco…. Y miedo. No habían tenido ningún escrúpulo en matar a todos aquellos piratas. Eran unos asesinos en potencia. Unos genocidas.

-Pero colegaswazzenager, solo nos quedan dos tiros-le dijo Billy a Rourke, confidente.

-¿Te quieres callar?-terció el general, furioso, pero ya era tarde. Un brillo asesino apareció en la mirada de Ralph.

-Así que es eso. Son de un solo tiro-dijo, y empezó a mover los dedos con nerviosismo. Vinny le apuntó con su arma en la cabeza otra vez.

-No creo que te merezca la pena-le dijo, con aburrimiento. Ralph emitió un gruñido mientras volvía a retroceder a una esquina del barco, vigilado por Vinny.

-Sería más seguro liquidarlo-dijo Helga señalando a Ralph.

-No podemos gastar más munición, teniente-replicó Rourke sin mucho interés.

-Pero aquí hay más armas-le recordó Helga. Rourke asintió lentamente, aunque en realidad no había caído en la cuenta de eso. Se reprochó a sí mismo ser tan descuidado. El arte del combate está en el detalle.

-Muy bien-Rourke miró a Vinny, que iba a quedarse a vigilar el barco con Billy-Cógelas y mátalo-ordenó. Luego soltó las cuerdas que ataban el bote y este cayó a plomo en el agua.

En la barca se apretujaron Aladdín, Ariel, Rourke, Helga y Smee, mientras Billy se despedía de ellos desde la barandilla del Roger.

-¡Mucha suerte hermanos! ¡Que no os follen!-les gritó.

-Vamos a meternos en la boca del lobo-le dijo Aladdín al general, mirando preocupado la boca de la isla Calavera, a la que ahora se dirigían lentamente.

-No podemos esperar a que salga, solo nos quedan dos horas, y si sabe que estamos aquí se atrincherará-razonó Rourke- Tenemos que pillarlo por sorpresa.

-Les advierto que es poco probable que le sorprendan. El capitán tiene muchos trucos-les dijo Smee. Rourke no le hizo caso.

-Solo dos tiros…-Aladdín se llevó las manos a las pistolas que había cogido en el Jolly Roger para compensar la pérdida del arma de rayos de luz. Enumeró como de doce armas que Gantz les había dado, tan solo habían quedado dos (cuatro, si contábamos las que debían de tener Amelia y Merlín, él no sabía que también las habían gastado): Molière gastó la primera disparando al guardia en el puerto, sin saber lo que iba a ocurrirle. Jim había perdido la suya, y él también. Luego Helga había eliminado a uno de los piratas cuando este había intentado atacar a Rourke, y el general la había mandado aniquilar los dos botes con tripulantes, gastando otras dos.

Habían sido muy poco precavidos con la munición. El exceso de confianza en el poder de aquellas armas les había cegado, y ahora pagaban el precio de su arrogancia. Aladdín se consoló pensando que para acabar con Juan no habían tenido ningún arma disponible, y aun así lo habían conseguido. Era posible que aunque gastasen los últimos tiros de las armas de Gantz en balde, pudiesen matar a Garfio de todos modos.

La barca se internó en la siniestra garganta de la cueva, y pronto una densa oscuridad los envolvió. Aladdín no tardó en ver los esqueletos que se esparcían en los islotes de la gruta, y las palabrotas y advertencias escritas en la pared.

-Qué poca clase-comentó Rourke sin poder evitar sonreír. Cuando era cabo él y su escuadrón solían hacer pintadas parecidas en una gruta en las montañas, que había cerca del cuartelillo. La llamaban "la leonera", y solían irse a emborrachar y drogarse a escondidas del sargento, y a llevar bellas mujeres del pueblo (a veces a la fuerza) con las que copular. La muerte de una de esas chicas tras ser penetrada por orificios distintos a la vez por cinco de los soldados fue el primer asunto comprometido que Rourke tuvo que tapar en su carrera.

-Al capitán le gustan las tradiciones piratas-les explicó amablemente Smee. Helga emitió un ruidito de desdén, y el marinero se encogió asustado. La rubia le daba casi más miedo que el propio Rourke.

Los ojos de Aladdín se cruzaron con los de Ariel mientras recorrían los cada vez más estrechos pasadizos del interior de isla Calavera. La chica desvió la mirada, y un leve rubor apareció en sus mejillas.

-¿Tienes miedo?-Aladdín se acercó a ella y procuró hablar en voz baja, para que el resto no le oyeran.

-Como no tenerlo-los ojos de Ariel temblaron un poco, pero finalmente conectaron con los de él.

-Bueno, yo estoy aquí. Y no te pasará nada. Como la otra vez-el chico extendió su mano hacia ella, pero Ariel se apartó, muy cortada. El árabe no se lo tomó a mal, estaba claro que ella era tímida.

-La otra vez os salvé yo-Aladdín no se esperaba ese comentario. De hecho no se esperaba que ella volviese a hablar, pero la pelirroja le sorprendió. Se lo tomó con humor, mostrando una de sus taimadas sonrisas.

-¿Así que es eso, eh? Bueno, entonces tendré que saldar mi deuda-dijo, echando la cabeza hacia atrás y acomodándose. Se dio cuenta de que Helga le miraba, y al contrario que la pelirroja, ella no se achantó ante él.

-Espero que no tengas que hacerlo-dijo Ariel, y las comisuras de sus labios se estiraron un poco.

-Eh, oh, vaya eso… eso es una sonrisa ¿no?-Aladdín la señaló, y las mejillas de ella se volvieron rojas-¡es una sonrisa! Vaya, vaya…. Pues así me gusta mucho más.

Ariel no pudo evitar componer una sonrisa de oreja a oreja, y Aladdín asintió con la cabeza, como diciendo "así sí". La pelirroja se encogió aún más en su sitio, avergonzada. Ahora Helga la miraba a ella, con la cabeza ligeramente inclinada, y gesto suspicaz. Ariel se giró hacia las negras paredes de la cueva para que Helga no pudiese verla.

-Vayamos a ver a los piratas…. –canturreó Rourke-Nos cargaremos a unos cuantos…. Me pondrán una medalla… y a ellos a colgarlos…

-Tiene un sentido del humor muy particular, general-comentó Smee, adulador.

-No te creas, soy más simpático en las cenas-Rourke detuvo los remos cuando el bote llegó a un cruce de caminos. Distintos pasadizos se internaban en distintas direcciones por la oscura caverna, algunos incluso partían de las paredes más altas. El general se giró hacia Smee, y le miró con dureza-¿por dónde?

-Estoo… no entiendo-el pirata temblaba más que nunca, y estaba muy pálido. Aladdín no pudo evitar sentir lástima por él. De ladrón a ladrón, era una putada lo que le estaba pasando.

-Te dije que nada de juegos Smee-Rourke le colocó una de las pistolas de balas en la cabeza, y torció el gesto, desagradable.

-Si dispara una bala, alertará al capitán-apuntó Smee, secándose el sudor de la frente.

-Cierto. Pero podemos rajarte-Helga sacó de uno de sus bolsillos una navaja, que había cogido del arsenal de los piratas.

-Como a un pavo en Navidad-completó Rourke-¿esperas que gaste munición de mis pistolas especiales en ti? El camino Smeety. Ahora.

El señor Smee miró a Rourke, suplicante.

-El capitán…. El capitán me matará si le delato… nunca le he traicionado- sollozó.

-¿Está de broma?-preguntó Helga con voz ronca.

-El capitán morirá esta noche sí o sí Smee-dijo Rourke meneando su mano con desprecio-puedes salvar tu culo, o irte con él a la morgue.

El pirata se llevó las manos a la cara, aterrorizado, mientras Rourke le hundía la pistola en el estómago, impaciente. El desprecio de Aladdín hacia el general ya no podía ser mayor.

-Sniff… está bien…-cedió finalmente Smee, que ahora moqueaba-es… es por ahí-señaló uno de los túneles del fondo… qué… ¿qué pasa?-preguntó, mirando al general con horror. Rourke no bajaba su arma.

-¿No me estarás mintiendo, Smeety? ¿No mentirás, eh, viejo cabrón?-Rourke llevó sus dedos hacia el gatillo, y Smee soltó un chillidito, como un cochino que va al matadero-no podemos perder más tiempo…

-Nonononono por favor, de verdad, es por ahí ¡En serio!-Smee pasó de estar pálido a rojo como un tomate. Daba la impresión de tener una congestión. Rourke parecía estar disfrutando, pero para Aladdín fue demasiado.

-Creo que ya es suficiente-dijo, poniéndose al lado de Smee. Había visto como en el barco los otros piratas se burlaban de él. Su carácter y personalidad le resultaban lamentables, y no le caía demasiado bien, pero en el fondo no era muy distinto a él, y no iba a permitir que un militar abusón le torturara. No podía permitirlo.

-Hijo. Yo diré cuando es suficiente-Rourke miró a Aladdín con indiferencia, mientras Helga acariciaba sus armas con fingido desinterés.

-Tú lo has dicho, no nos queda tiempo. Vayamos por donde dice. No creo que mienta-el chico notó que su voz sonaba más grave que de costumbre. Le agradó sacar su lado más "duro".

Rourke le miró, sopesándole. Daba la impresión de que era la primera vez que reparaba en él, aunque Aladdín sabía que eso no era cierto. De algún modo notaba que la repulsión entre él y el general era mutua.

-Bien, pues vamos-cedió finalmente-Más vale que no nos mientas, saco de grasa-amenazó al viejo pirata, que se cubrió a sí mismo, intimidado. Aladdín le puso una mano en el hombro a Smee.

-Tranquilo-le dijo, sonriendo con calidez. Smee le devolvió la sonrisa, agradecido.

-Esto se pone cada vez peor-Helga iluminaba las galerías de la caverna con el mechero que Vinny le había prestado.

-Si tuviéramos a ese candelabro…. Ya sabía yo que serviría de algo…-Rourke apartó el bote de unas piedras en las que había encallado. Aladdín vio un cangrejito salir de entre las piedras y zambullirse en el agua. Echando un vistazo con más atención, distinguió peces que nadaban por debajo de ellos a gran velocidad, dejando una estela plateada.

-Agh…-Helga apartó una cortina de algas que colgaban del techo y les impedían el paso. Los hombres de Garfio las habían colgado tiempo atrás, como broma repugnante.

-Es raro… Garfio tiene fama de ser un hombre precavido, y sin embargo no nos hemos topado con ninguna trampa ni sistema defensivo…. Esto me huele a trampa-Rourke no dejaba de apuntar a Smee, mientras Aladdín había pasado a llevar los remos-debí haberme traído a Vinny conmigo…

-Alguien tenía que vigilar el barco con ese bastardo-replicó Helga. Las voces reverberaban en las paredes de la gruta. Habían llegado a una cala interior muy abierta-¿cree que es una tramp…?

¡BANG! Un sonoro disparo le dio a Helga en el pecho, e hizo que la teniente cayera al agua despidiendo un chorro de sangre. La luz del mechero se apagó de inmediato.

-¡JODER!-Aladdín se incorporó, pistolas en mano, y comenzó a disparar a todas partes.

-¡IIIIIIIIH!-Ariel y Smee se agacharon en el bote, mientras Rourke cogía también dos armas y abría fuego.

-¡JAJAJAJAJAJAJAJA!-las voces de los piratas resonaron por todas partes, mientras el bote giraba alrededor de sí mismo por el agua de la cala, en el punto de mira de sus atacantes.

-¿DÓNDE ESTÁN?-Aladdín recibió un disparo en el brazo, que le hizo caer hacia atrás y perder las armas-¡AAAAAAGH!-la bala le había perforado el hueso. Ahora no podía moverlo.

-¡NO!-Ariel cogió una de las armas del chico y abrió fuego, y por unos instantes las balas dejaron de llegarles en esa dirección. Rourke por su parte seguía abriendo fuego por el otro lado, y había recibido un balazo en la rodilla.

"Mierda-pensó el general, furioso-son demasiados… como se la hayan cargado estoy jodido… tengo que intentar asustarlos… solo tengo dos tiros…."

-Aaaahhh… dame una… puedo…-Aladdín se arrastró al lado de Ariel y extendió su mano para coger un arma-vamos…

La pelirroja sin embargo no le hizo caso, y siguió disparando sin darles ni un respiro. Se escucharon murmullos y palabrotas, mientras los piratas se movían por el techo de la cala.

-¿Cómo lo…?-en la casi completa oscuridad en la que se encontraban, Ariel era incapaz de encontrar a sus atacantes. Solo les quedaba continuar defendiéndose hasta que los frieran como ratas.

-¡Tú!-Rourke agarró a Smee con fuerza y le estranguló colocando su cabeza bajo el brazo- ¡Diles que cesen el fuego! ¡YA!

-¡No van a hacerme caso!-gimoteó Smee, que parecía aterrorizado-¡CAPITÁN, POR FAVOR!

Más balazos llovieron desde la parte superior de la sala. El destello que emitía la chispa de las balas iluminaba momentáneamente los desagradables rostros de los piratas, que relucían como demonios sonrientes. El bote, destrozado, comenzaba a hundirse. Rourke notó como el agua le llegaba a las rodillas, sobre las que ahora se apoyaba, dolorido.

-Cojones…-el general intentaba pensar un modo de salir de allí rápido. No estaba tan angustiado como debería, ya se había visto en situaciones similares de las que había salido ileso, y contaba con aquellas prodigiosas armas… era el momento de usarlas-a la mierda…

-¡No, espera!-Aladdín intentó detenerle, pero ya era tarde.

Apuntando a una de las paredes rocosas de la cala, Rourke apretó el gatillo de su arma, y un rayo de luz iluminó la estancia de forma tan intensa que casi parecía que era pleno día. Aladdín y Ariel tuvieron que cerrar los ojos, deslumbrados, mientras Smee observaba la luz ajustándose sus pequeñas gafitas y Rourke contraía sus cejas. La sensación de poder que estaba recibiendo al disparar el arma se filtró por sus dedos y sus venas, haciéndole entrar en calor y tener un escalofrío de placer. Nunca había sentido algo así… por un momento el cuerpo dejó de existir, solo era él y aquella energía destructora y vivaz.

Los gritos de los piratas resonaron en toda la cueva al desaparecer la pared sobre la que estaban, y caer desde el techo al agua. Uno de ellos se estampó contra unos escollos, y quedó atravesado por ellos, desprendiendo una enorme mancha de sangre.

-¡DISPARA! ¡AHORA!-le ordenó Rourke a Ariel, que seguía teniendo las dos pistolas en sus manos. Ella vaciló unos instantes. Miró a Aladdín, insegura. Los piratas ya estaban saliendo a flote en la superficie, y seguían armado. Pero Ariel no parecía capaz de disparar. Ahora miraba a Aladdín desesperada, y temblaba mucho. El chico sin embargo ni se lo pensó.

-¡DISPARA!-gritó con todas sus fuerzas. Ariel cerró los ojos, y entonces abrió fuego. No pudo ver nada, pero escuchó los gritos de los piratas apagándose, y el ruido de las balas haciendo impactos por todas partes. Rourke también agarró un arma y disparó. Los cinco hombres que habían caído al desaparecer la pared (sin contar a los dos que se habían desintegrado con ella) se hundieron en el agua, con el cuerpo lleno de agujeros que desprendían finos hilos rojos hacia la superficie.

-¡Está bien, está bien, ya vale!-una voz sonó detrás suyo. Rourke se giró al instante, apuntando con la otra pistola de luz que les quedaba- ¡Tregua! ¡Tregua, vamos!

Era Garfio.

Rourke no bajó el arma, pero al lado de Garfio había otros cinco de sus piratas, que les apuntaban con fusiles e incluso una metralleta. Uno de ellos sujetaba a Beckett, que observaba a Rourke con los ojos muy abiertos, brillantes de codicia. ¿Qué demonios acababa de disparar aquel hombre? ¿Cómo había desintegrado así la pared?

-James Garfio… vas a morir-Rourke apuntó al pirata con una de las pistolas normales, pero Garfio, riendo, levanto su mano sana y le detuvo con un gesto.

-No tan rápido, jefazo. Si lo haces, mis hombres se cargan a Beckett-le advirtió. Los piratas le colocaron las pistolas en la cabeza al lord inglés, cuya expresión de codicia pasó a ser un gesto de asco.

-Estábamos a punto de llegar a un acuerdo…-le recordó a Garfio.

-Silencio, pollo-le cortó el capitán, mientras uno de sus hombres le golpeaba el la cabeza.

-Está en el agua… tenemos que sacarla-Aladdín se acercó al borde del bote e intentó incorporarse, pero el brazo se le estaba desangrando. Ariel no pudo evitar cerrar los ojos por la grima al ver como el codo del chico se le descolocaba.

-No…-la mano de la chica se posó en el hombro de Aladdín, y le hizo volver a sentarse-voy yo.

-Pero…-antes de que Aladdín pudiera decir nada más, la chica saltó de cabeza al agua, y desapareció de su vista. La caverna ya no estaba a oscuras, porque Garfio y sus piratas supervivientes habían encendido unas antorchas.

-¿A dónde va?-preguntó Smee, asomándose por el bote al lado de Aladdín. El chico no respondió, con sus ojos pardos fijos en las ondas que se habían formado en el agua tras sumergirse ella.

-Muere, pirata-Rourke apuntó a la cabeza de Garfio, sonriendo con satisfacción-ya descubriré por qué era tan importante matarte… y como alguien intente algo, lo mataré también.

Debajo del agua, Ariel abrió los ojos, buscando a Helga. Vio a varios cadáveres yendo hacia el fondo lentamente, desprendiendo sangre por todos sus agujeros, como un colador. Al fondo, pudo distinguir una melena rubia que se agitaba a un ritmo fantasmal, rodeada de los peces que empezaban a acercarse.

-Cometes un error-dijo Garfio, mirando su garra de metal con cansancio.

-Ya. Vale-Rourke apretó el gatillo y disparó. La bala salió del arma y voló veloz y precisa hacia la cabeza de Garfio, que continuaba impasible. Los piratas que estaban a su lado ahogaron gritos. Entonces…

-Joder…-Rourke arrugó el rostro al entenderlo. La sonrisa de Garfio se había ensanchado, y ahora se rizaba los bigotes con la afilada punta de su garfio-maldito cabrón.

La bala había ido a estrellarse al fondo de la gruta, quedando hundida en una enorme roca, pero antes había atravesado el sillón bañado en oro en el que el capitán había estado sentado hacía tan solo unos minutos. Beckett miró a Garfio muy sorprendido. ¿Cómo no lo había notado?

-¿Un holograma?-el líder de la Compañía de las Indias Orientales negó con la cabeza, perplejo-¿pero cómo…?

-Menos preguntas, más respuestas-Garfio soltó una calada de su cigarro, y el humo brotó de su boca, tan falsamente real como él mismo. Volvió a dirigirse a Rourke, con sorna-bueno, 007, creo que ahora serás más razonable ¿no?

-Aaaaaah…-Ariel asomó en la superficie, arrastrando el cuerpo de Helga consigo. La mujer tenía los ojos cerrados y el rostro enrojecido, pero respiraba. Sin embargo estaba sufriendo una terrible hemorragia.

-¡Pelirroja! ¡La tienes!-Aladdín se acercó lo máximo que pudo a ellas, e intentó ayudar a Helga a subir, pero solo consiguió descolocarse todavía más su brazo roto, y soltar un gemido de dolor mientras se lo apretaba con fuerza.

-No… puedo-Ariel intentó sostener a Helga en el agua, ya que no tenía la fuerza suficiente para hacerla subir al bote, pero el peso de la teniente herida la tiraba hacia abajo, y sabía que no podría con ella mucho más tiempo. Haciendo un gran esfuerzo la impulsó hacia el bote, y entonces Smee la agarró por los brazos y tiró de ella hasta subirla.

-Ya está… está a salvo-dijo el pirata, acomodando la cabeza de Helga sobre el banquillo del bote y limpiándose luego la sangre con la que ella le había manchado en su camisa de rayas azules. Ariel se aferró al bote y apoyó su cabeza en la madera, jadeando.

-No…. No puedo creerlo…-Aladdín dejó caer su brazo sano por el borde del bote, y se lo puso en el hombro a ella-eres increíble…

Ariel cerró los ojos. Estaba demasiado cansada hasta para sonrojarse.

-Bien, estas son mis condiciones-Garfio, o mejor dicho su holograma, se paseó por la orilla del islote de la gruta, henchido de orgullo. Su trampa había funcionado a la perfección-quiero que me digas quien te ha pagado, y cómo ha conseguido esas armas-señaló la pistola de luz, y los ojos de Beckett volvieron a encenderse-y de paso, me das esa y todas las que tengan tus hombres.

Rourke negó con la cabeza, sonriendo, aunque desde luego nada de eso le hacía ninguna gracia. La única ventaja con la que ellos jugaban era que el pirata no sabía que tenían un tiempo límite para matarlo. Tenían que engañarlo para que fuese hacia ellos, dónde fuera que estuviese escondido. Pero algo le decía a Rourke que Garfio no iría a él tan fácilmente, menos si contaba con un arma tan destructiva como con la que se había deshecho del noventa por ciento de sus hombres.

-No te enteras, pirata, sigues en desventaja. Mis hombres están fuera, esperando, y yo tengo esta pistola con la que puedo deshacerme de los tuyos en cualquier momento-Rourke hizo girar su pistola en los dedos, alegrándose al comprobar el miedo con el que los cinco piratas de Garfio que aún seguían con vida les observaban.

-Eres tú el que no te enteras, mercenario-Garfio arrugó su prominente nariz con aburrimiento-me encuentro ahora mismo a cuatro millas de la isla, en el Tempestad, mi buque insignia. Vendré con él y mis otros ciento cincuenta piratas hasta la isla, y os cañonearé hasta que no quede nada de vosotros.

-Es un farol-Rourke se cruzó de brazos, desafiante, aunque la duda ya se había instalado en su mente. Que él supiera, Garfio no tenía más que un barco. Pero no era raro en los grandes piratas contar con una pequeña flota. Podría ser…

-Tú mismo. Si quieres matar a mis hombres ahí están, a mí no me va a pasar nada-cortó Garfio con calma, mientras sus piratas le miraban con desdén. Llevaban demasiado tiempo en la piratería como para no verlo venir-pero en menos de media hora estarás muerto. Y yo seguiré vivito y coleando.

-Y sin tu rehén-Rourke apuntó a Beckett, que tampoco se inmutó. También lo estaba viendo llegar. A Garfio sin embargo estaba claro que eso no le hacía ninguna gracia.

-Es un distinguido miembro de la sociedad. Te vale más vivo-comentó el capitán, sin apartar la mirada de Rourke.

-Y una mierda, gilipollas-le cortó Rourke-me la suda demasiado quien sea, si no te rindes y te presentas aquí ahora mismo, lo fulmino.

-¿Qué me presente allí?-Garfio soltó una risotada-¿Para que puedas matarme? Seamos serios.

-Perdón, pero creo que ya es hora de que hablemos los mayores-interrumpió Beckett, que intentó incorporarse pero no le dejaron. El empresario miró con asco a Rourke y Garfio, y luego se aclaró la garganta-trescientos millones de mickeys por mi vuelta a Suburbia, sano y salvo.

-Pffffff-Garfio se dio la vuelta, soltando una risotada.

-Como iba diciendo-Rourke ignoró por completo la oferta de Beckett. No estaba en eso por el dinero. Ojalá-te quiero aquí ahora mismo, o me cargo a todo Dios. No cobraréis ningún rescate por él, ni por nadie.

-No me importa que lo mates, aunque reconozco que antes me tiene que contar algo-Garfio fue hacia el trono y se sentó, observando las montañas de oro que le rodeaban, y que no podía tocar-escucha, no sé por qué vienes a por mí, pero tengo buenos contactos, y puedo ofrecerte muchas cosas, si es lo que te interesa-Rourke no dijo nada, permaneció con el ceño fruncido, apuntando a los otros piratas. Garfio se pasó la mano por los labios, meditando sus siguientes palabras-¿no? Ya. De acuerdo, entonces mátalo y nos veremos en una hora.

-Me parece bien-Rourke cogió la metralleta que había llevado Helga bajo las piernas antes de ser atacada y apuntó a los hombres de Garfio, pero entonces Aladdín se lo impidió. El general bufó, furioso-¿Y ahora qué pasa?

-Pueden servirnos. Seguro que saben cómo llegar a él-el árabe se mantuvo encarado con Rourke respirando con agresividad mientras el general no dejaba de apuntar a los piratas-tenemos que descubrir si… ¡NO!

¡BANG! Rourke apretó el gatillo y el negro Ba'Sour cayó muerto al suelo con un balazo en el pecho. Había intentado recoger su pistola del suelo para atacarles, pero el general le había pillado a tiempo.

-¡Joder!-Aladdín le quitó la metralleta a Rourke y la sujetó como pudo con su único brazo bueno.

-Esto no pinta bien-Garfio sonrió apoltronándose en su trono y observando la escena con interés.

-Capi… capitán, tiene que ayudarme…-dijo Smee, que continuaba en el bote al lado de Helga y Ariel. La barca estaba ya prácticamente hundida por todos los balazos que había recibido de sus atacantes en la escaramuza anterior.

-Oh cállate Smee, tú mismo te metiste en esto-Garfio giró la cabeza ignorando asqueado a su segundo de abordo, que palideció todavía más.

-Nos estamos hundiendo… mierda-Rourke hizo un esfuerzo por salir del bote y llegar al islote donde estaban los piratas y Beckett-¡no dejes de apuntarlos!

-No te preocupes-Aladdín salió del bote y ayudó a Ariel a bajar-¡eh, vosotros dos!-apuntó con la metralleta a Cecco y Starkey, que le enseñaron los dientes desafiantes-¡cogedla y cargadla hasta aquí!-señaló a Helga con el arma. Ellos obedecieron a regañadientes, cogiendo el cuerpo de Helga como si fuese un fardo.

-Bonita chica-comentó Cecco, mirando los pechos ensangrentados de Helga, ahora al descubierto por la rotura que se había hecho en su traje. La rubia solo pudo gimotear, aún sin abrir los ojos.

-No te pases-Aladdín les indicó donde dejarla, y luego les hizo volver a apiñarse con el resto. Todos los piratas se mantenían en tensión sin saber que iba a ser de ellos, a excepción de Garfio, que continuaba observando desde su asiento como si se tratase de una función teatral.

-Esto se pone interesante ¿no crees, Cutler?-preguntó el capitán, regodeándose en su suerte.

-Si eres un holograma…-Beckett parecía estar recordando algo, poco convencido con todo aquello.

-No te pases tú, meco-Cecco se encaró con Aladdín, arremangándose sus peludos y morenos brazos-puedo matarte sin tu puta pistola de mierda.

-Que malote-el chico ni se inmutó, colocando la metralleta en el estómago de Cecco.

-¿A qué juegas?-Cecco arqueó sus pobladas cejas, cortadas en algunas zonas-¿por qué no quieres que nos mate? ¿te crees por encima de nosotros?... tú eres de la calle, me parece. Como nosotros…. una rata callejera.

Aladdín había agachado la cabeza ante aquellas palabras, respirando pesadamente. Sin embargo cuando la levantó sonreía con normalidad.

-Sí, lo soy-dijo, impasible-ahora vuelve a tu sitio, cabrón.

-Te mataré-le susurró Cecco apretando los dientes bajo su negro bigote. Luego se retiró al grupo de los piratas, donde ahora también se encontraba Smee, que se había acercado a su capitán, implorante.

-Por favor capitán, haga algo… no quiero que me maten… usted no sabe lo que han hecho…-le pidió, arrodillándose. Garfio se apartó con desprecio, atusándose las plumas de su elegante sombrero.

-Si estuviera aquí presente Smee te pegaría y te mataría yo mismo, pero desafortunadamente no es así. Paga el precio de tus errores-dijo el capitán, apartándose con aburrimiento. Smee agachó la cabeza, vencido ante lo inminente.

-Es increíble…-Aladdín observaba ahora el oro que Garfio y sus hombres habían acumulado por toda la pequeña cala. No había visto tantas riquezas juntas en su vida. Era casi ciencia ficción.

-Soy un hombre rico chico. Si le metes tres tiros al gran jefe y nos dejas en paz te lo puedes llevar todo-le ofreció Garfio, que ahora se había tumbado en el asiento. Aladdín sonrió cogiendo un enorme rubí y acercándoselo a su ojo.

-Lo siento, pero no tengo elección-dijo, dejándolo donde estaba y pasando sus dedos por las montañas de monedas que hacían pequeños torreones dorados.

-Todos tenemos elección-Garfio apagó su cigarro y lo guardó en una funda de cuero-nah, en realidad no la tenemos. Nos engañamos creyendo que es así.

-Muy profundo. Ahora creo que es mejor que lleguemos a un acuerdo, porque estamos en un punto muerto-Rourke tragó saliva. Era importante que midiera cada una de sus palabras-como no podemos capturarte, tendremos que conformarnos con ejecutar a tus hombres y llevarnos tu tesoro. Y por supuesto a devolver a tu rehén-la expresión de desdén de Garfio dio a entender a Rourke que había mordido el anzuelo-a no ser que puedas ofrecernos algo mejor.

-Ya te lo he dicho, bastardo-masculló Garfio entre dientes-mis hombres y yo venimos en el Tempestad, y vamos a enviarte a ti y a los tuyos al infierno con nuestros cañones…

-Eso si no os fundo antes.

-No tendrás oportunidad-Garfio sonrió, enseñando sus sucios dientes-no la tendrás, volaré esta maldita isla antes de que puedas hacer nada.

-¿Perderás todo este tesoro?-Rourke arqueó una ceja, incrédulo.

-Tú lo has dicho, estamos en un punto muerto. Y prefiero que se hunda a que me lo robes-Garfio se levantó por fin del trono y fue hacia Rourke hasta quedar muy cerca suyo. No le importaba lo que él pudiese hacerle, sobre todo porque no podía hacerle nada-estáis acabados, Rambo. Reza para que no te coja con vida.

-Que confianza. Voy a disfrutar mucho matándote-Garfio iba a decir algo, pero Rourke apuntó con su arma al trono y disparó tres veces contra él. Instantáneamente el holograma desapareció. Rourke debía de haber destrozado su foco de generación-hasta aquí podíamos llegar-dijo el general, colgándose la pistola del cinto con rabia.

-Tenemos que hacer algo…-sin dejar de apuntar a los piratas, Aladdín se colocó al lado de Rourke, que estaba ahora con los brazos cruzados, reflexionando-Helga…

La rubia gemía en el suelo con la piel roja y sudorosa, mientras se apretaba la herida sangrante, con Ariel a su lado. La bala se le había hundido hasta el fondo. Era muy grave.

-Apenas le quedan unos minutos de vida-observó Starkey, despectivo.

Ariel levantó la cabeza y miró a Aladdín, asustada. La pesadilla iba a repetirse. Una muerte más. La primera del equipo…. Y seguro que vendrían otras…

Aunque Helga también había matado…

-Tranquila Hel, te sacaré de aquí… se fuerte…-Rourke se había arrodillado al lado de la teniente, y le sujetaba la mano con firmeza. Luego se incorporó-vosotros-señaló a Starkey y Cecco-vais a cargarla y a sacarla de aquí.

De nuevo los dos piratas fueron hacia Helga y la cogieron, de muy mal humor.

-¿Qué es lo que vamos a hacer?-preguntó Aladdín extrañado, aunque creía adivinar las intenciones del general.

-Nos volvemos al barco. Lo pondremos en marcha, y cuando Garfio llegue, atacaremos y acabaremos con él. Sencillo-explicó él, encogiéndose de hombros.

-Sí, bueno…-siseó Starkey, burlón. Rourke levantó su arma y le pegó un tiro en la cabeza. Los otros piratas le fulminaron con la mirada, aunque estaban claramente asustados.

-No quiero más coñas ¿entendido, mamones? Haced lo que os diga y a lo mejor tenéis una oportunidad de vivir. Si no, aquí hay balas con el nombre de cada uno-Rourke enseñó los dientes en una mueca amenazadora, y los piratas se apresuraron a obedecer. Ya solo quedaban tres, a parte de Smee. El tuerto Melbin tomó el relevo de Starkey para cargar con Helga hacia los botes. Ya que en el que habían llegado Aladdín y el resto había quedado destrozado, usarían los que habían traído los piratas.

-Ahora vais a remar hasta la salida, y no quiero tonterías en los pasadizos-advirtió Rourke, pasando el cañón de su pistola por las cabezas de los piratas.

-En realidad hay otro modo de salir, más rápido-intervino Smee con voz trémula-hay…. Hay una garganta trasera, que sale directamente de la roca.

Sus compañeros le miraron con desprecio, pero no se atrevieron a decirle nada.

-Estás empezando a caerme bien, Smeety-Rourke sonrió más satisfecho-si me ayudas a atrapar a tu jefe, reconsideraré el acabar contigo.

-Ya que hablamos de reconsiderar, creo que es el momento de que me liberen-intervino Cutler Beckett, del que todo el mundo se había olvidado hasta entonces-soy Lord Cutler Beckett, director ejecutivo de la compañía de comercio de las Indias Orientales.

-Ya sé quién eres-le cortó Rourke, despectivo-lo que no sé es que haces aquí.

-Me parece que eso es obvio-respondió Beckett enseñando sus manos atadas con frialdad.

-Pues yo no lo tengo tan claro. No serías el primer millonario cabrón que se asocia con unos piratas-replicó Rourke cruzándose de brazos y mirándole impasible. Beckett puso los ojos en blanco, impacientándose.

-Si ellos trabajasen para mí, no contactaríamos de este modo. No sea ridículo-a Aladdín ese argumento le convenció, pero a Rourke no.

Al final sin embargo, no vio inconveniente en soltarlo.

-Yo solo sé que por lo que he visto esta noche no me puedo fiar de ninguno de los aquí presentes-dijo el general, haciendo crujir sus nudillos. El traje se le había mojado, pero el agua escurría por el látex negro muy rápido, impermeable, laxa.

-Si consigue que yo salga de aquí con vida, será generosamente recompensado-le dijo Beckett sin perder la calma, mientras Rourke le soltaba las cuerdas de los pies con la navaja que antes había usado Helga.

-Aquí…-Smee pulsó un interruptor que había oculto debajo de una falsa roca en el islote de la cala, y de repente las paredes del fondo, que en teoría no tenía salida, comenzaron a temblar y a abrirse como una verja, rebelando un pasadizo al exterior. Aladdín distinguió la luz de las estrellas reflejándose al final. Sintió un sorprendente alivio al verlas, la angustia del interior de aquella cueva lo había estado ahogando.

-Bingo. El premio gordo-Rourke se frotó las manos con satisfacción, mientras los cuatro piratas, dos con Helga a cuestas, se iban subiendo a los botes-muy bien, nos vamos, y no quiero problemas.

-Tenemos que irnos-le dijo Ariel a Aladdín. El chico, que hasta entonces había estado vigilando a los piratas, se estaba llenando los bolsillos del traje con joyas de todo tipo: rubíes, topacios, doblones de oro…-¿Qué haces?-preguntó la pelirroja, sorprendida.

Aladdín sonrió, extrañado.

-No vamos a desaprovechar el tesoro de estos tíos… ¿no?-dijo, mirándola con curiosidad mientras agarraba un anillo con una piedra negra del tamaño de su ojo-esto vale muchísima pasta…

Ariel no se movió, y Aladdín la miró sin comprender. Luego se encogió de hombros.

-Me alegro de que tú no lo necesites-dijo secamente. Ariel arrugó la frente. No dijo nada más.

-Niños, se va el autobús-les dijo Rourke, que también se había llenado los bolsillos con todo el oro que había podido y había aprovechado para colgarse dos fusiles de los piratas de la espalda. Ariel y Aladdín le siguieron para subir con él. Había tres botes. En uno se habían subido Helga con los dos piratas que iban con ella y Smee. En otro estaba Rourke con Beckett, aguardando a Aladdín y Ariel. El último pirata se había quedado suelto en el tercer bote. Se dirigió hacia Rourke, pero este sonrió con maldad.

-Tsk…-chistó Beckett con aburrimiento.

-¡NO!-exclamó Aladdín, horrorizado.

¡BANG! El pirata cayó muerto a la orilla del islote, con la sangre brotando a borbotones del cuello.

-Seguíamos siendo demasiados-Rourke se encogió de hombros, disfrutando de la consternación en el rostro de Aladdín-no podemos arriesgarnos con esta escoria…

-¡Cabrón!-Aladdín fue hacia él, temblando de rabia.

-¡UOOOOOORRRRRRRRR!-todo fue demasiado rápido: el cocodrilo surgió del agua al lado suyo, y abriendo sus descomunales fauces se abalanzó sobre un desprevenido Aladdín, listo para tragárselo.

-¡AAAAAAAAH!-la pelirroja gritó desesperada mientras se lanzaba sobre el moreno, evitando su muerte. Ambos cayeron al agua, pero estando en la orilla no había suficiente profundidad para que se hundieran, y chocaron con la arena del fondo. Aladdín notó como una caracola se le clavaba en la espalda, y el brazo que le habían destrozado con los disparos comenzó a perder sangre de nuevo, pero apenas pudo sentir el daño, porque se incorporó al instante, presa del pánico, y sin pensarlo más corrió hacia el bote de Rourke, adelantando a Ariel, que ya iba hacia allí.

-¡CORRE JODER, CORRE!-le gritó Aladdín al general, que nada más ver surgir al monstruo había empezado a remar a toda velocidad hacia la salida. Él y la chica saltaron sobre la barca haciéndola dar un tumbo, y aplastando a Beckett, que estaba encaramado en la parte delantera, observando al cocodrilo con terror. ¿Qué clase de criatura prehistórica era aquella?

-¡RRRRRRRROOOOOOOOORRRRRGGGGG!-el cocodrilo era muy rápido. Nadó hasta alcanzar los botes, justo cuando estos entraban en el bote.

-¡NO!-Rourke observó a los piratas de la otra barcaza, furioso.

-¡Toma, que te aproveche!-dijo Cecco, arrojando el cuerpo de Helga a las frías aguas.

-¡HIJOS DE PUTA!-Rourke disparó contra Cecco, matándolo. El tuerto Melbin intentó remar para alejarse de la línea de tiro, cuando la cabeza del cocodrilo apareció a su lado y se lo zampó. La sangre salió disparada como una bomba de agua para todos los lados, empapándolos a todos. El monstruo había pasado de largo de Helga, que volvía a hundirse en el agua, y había ido hacia el lugar de donde provenía el ruido de los disparos.

-¡Helga!-Rourke miró a su lugarteniente, que ya se iba hacia el fondo otra vez. Joder, si no conseguía llevarla con vida, no podría limpiar su nombre en el caso Tung-Sao. Tenía que hacer algo-Joder…-sin pensarlo más, saltó al agua, y con un estilo de natación muy depurado buceó hasta ella, cogiéndola en brazos y subiendo hasta la superficie otra vez.

-¡GRRRROOOOORRRRR!-el cocodrilo les había visto, y ahora nadaba hacia ellos.

-Mierda-Aladdín cogió la metralleta que le había birlado a los piratas y abrió fuego contra la bestia. Observó que ya tenía algunas partes de su gruesa coraza destrozadas, y se le veía en carne viva. Intentó apuntar a ellas. Afortunadamente el túnel de salida era bastante estrecho, y el cocodrilo empezaba a encajarse con las paredes, que para una mole como él eran un suplicio. Dolido por los disparos de Aladdín, el cocodrilo agitó su cola y volcó su barca, haciendo que él, Beckett y Ariel fuesen directos al agua. Luego prefirió concentrarse en su presa más cercana, que era el general y la indefensa teniente.

-¡Rourke, tienes que dispararle!-gritó el moreno, al ver que el monstruo nadaba hacia ellos regodeándose en su desesperación-¡VAMOS, DESINTÉGRALO!

-¡Solo nos queda un disparo!-le recordó Ariel, nadando al lado suyo. Beckett por su parte nadaba ya hacia la salida, al igual que Smee, aprovechando que todos estaban distraídos con el ataque.

-Joder… maldito cabrón hijo de puta…-Rourke se llevó la mano a la pistola de luz, cuando se percató de que ya no la tenía. ¿Dónde coño estaba? Recordaba que antes de saltar la tenía ¿Era posible que se le hubiera caído al fondo?-No… ¡NO!-aterrado, vio como el cocodrilo nadaba hacia él, relamiéndose-¡NO, VETE!

-No…-Aladdín detestaba al general, y tampoco sentía demasiado afecto hacia Helga, ambos eran asesinos a sangre fría. Pero no iba a permitir que murieran. Aun flotando, echó otra ráfaga de tiros a la cola del cocodrilo, intentando detenerlo-tienen que escapar…. Se los comerá…. Un momento…-recordó algo en lo que no había caído hasta entonces… era muy obvio, si se pensaba. Él se había librado de aquella caja fuerte en la que le había encerrado el Príncipe Juan gracias a eso…-¡La rueda! ¡Rourke, tienes que girarla! ¡Hacia la izquierda!

-No… no…-los ojos del general casi se le salían de las órbitas mientras veía la enorme boca del cocodrilo, ya abierta de par en par, yendo hacia él, lista para devorarlo.

-¡ROURKE, LA RUEDA, EN LA MUÑECA! ¡GÍRALA HACIA TU IZQUIERDA! ¡Y LA DE HELGA TAMBIÉN!-berreó Aladdín, a la desesperada. Ya sabía cómo detener a aquel monstruo, solo necesitaba que ellos se apartasen de él.

-¿Qué…?-Rourke miró su muñeca, mientras sujetaba a Helga con su otro brazo. El cocodrilo se sumergió, listo para morderlos.

-¡LA RUEDA! ¡GIRA LAS RUEDAS HACIA LA IZQUIERDA!-el grito de Aladdín resonó por toda la garganta de la caverna.

Lo fauces del cocodrilo, a gran velocidad, se cerraron sobre Rourke y Helga. Debido al impulso que se había dado nadando hasta ellos, tardó un poco en detenerse, yendo disparado como un torpedo hasta el fondo de la cueva. Los dos militares ya no estaban. Se los había llevado consigo…

-O no…-murmuró Ariel, impactada. Aladdín parpadeó unos segundos, aún incapaz de encajarlo…

Instantes después aparecieron ante ellos de nuevo. Les había ido de muy poco. De no ser porque Rourke era un experimentadísimo combatiente que mantenía siempre la cabeza fría, no lo hubieran conseguido. Rourke giró su rueda, y nadó hasta ellos, sonriendo satisfecho. Miró a Aladdín con fuego en los ojos.

-Chaval… te has ganado mis respetos…-dijo, temblando aún por el susto.

-GRRRRRRRRRR….-el cocodrilo, al fondo de la cueva, dio un giro sobre sí mismo en el agua, y volvió a nadar hacia ellos. Al acercarse, se pudo escuchar un extraño tic-toc conforme avanzaba. Era un animal salvaje, no podía ser muy expresivo, pero Aladdín notó su furia desde varios metros de distancia.

Por suerte, eso ya lo tenía pensado. Apuntó con la metralleta a las afiladas rocas del techo.

-Sayonara baby-dijo, no pudiendo evitar sonreír. ¡RATATATATATATATA! Los disparos de la ametralladora hicieron su efecto, y el delicado techo de la cueva comenzó a desplomarse sobre el cocodrilo. Este dio un espeluznante rugido de rabia, y luego se retiró hacia el interior de la cueva, incapaz de llegar hacia ellos.

-¡Vamos, fuera!-Rourke señaló las grietas en el techo de la ruta, que estaban extendiéndose hacia ellos. Les quedaba poco tiempo. Nadaron a toda velocidad hacia el exterior, pero las rocas caían cada vez más cerca, y una le dio a Ariel en la cabeza, hiriéndola.

-Hay que usar la rueda otra vez-dijo Aladdín, girando la suya y la de la pelirroja, a la que ahora sujetaba con su brazo sano. Rourke hizo lo mismo con la suya y la de Helga. Al instante los cuatro desaparecieron. Aladdín no podía ver a sus compañeros, pero notaba a Ariel a su lado, y por algún motivo podía seguir sosteniéndola, pese a ser ambos inmateriales. No entendía muy bien cómo funcionaba aquello, pero al menos funcionaba, y a él le bastaba con eso.

-¡PUFFFFF!-Aladdín escupió agua por la boca cuando al fin salieron a la superficie, en el exterior. Vio como la pequeña salida secreta de la cueva de la calavera se desmoronaba por el derrumbamiento. Esperaba que aquel maldito cocodrilo hubiera muerto también dentro.

-Aaaagh…-Helga, que estaba semi-inconsciente, gimió débilmente, mientras la sangre continuaba brotando de sus heridas.

-Se va a desangrar. Hay que sacarla del agua-Rourke tiró de la mujer con fuerza. El Jolly Roger estaba a unos cuantos metros a nado.

-Está demasiado lejos…-Aladdín contempló a Helga preocupado. Si la mantenían inmaterial hasta que llegasen al barco… pero aquel extraño poder del traje no era muy duradero…

-¿Les llevamos a algún sitio?-la aguda voz de Smee les sorprendió a todos. Estaba en su bote, el único que había sobrevivido al ataque del cocodrilo, y con él Beckett, cuya peluca estaba completamente empapada, y su elegante traje hecho un asco.

-Espero que ahora sí haya un entendimiento-dijo el empresario, ayudando a subir a Rourke.

-Sí…-dijo el general, sonriendo- puede que ahora sí…

Mientras los últimos escombros de la gruta caían para sepultarla, el bote de supervivientes se dirigía de nuevo hacia el Jolly Roger. Aladdín se dejó caer al lado de Ariel, exhalando un profundo suspiro, y cerró los ojos unos instantes. Algo involuntario, que nunca hubiera creído, pasó entonces: una enorme sonrisa asomó de la comisura de sus labios. Ciertamente, seguían en peligro: no habían conseguido matar a Garfio, y si era cierto lo que el pirata decía, estaba de camino, y no tenían más pistolas láser para matarlo… pero habían escapado al ataque de un dinosaurio-cocodrilo… seguían luchando… seguían vivos.


-¿Qué os ha pasado?-Jim ayudó a Ariel a subir a la cubierta del Jolly Roger, y luego la sentó a un lado de la barandilla. A la chica le sangraba la cabeza debido a la piedra que le había caído en el túnel, pero no era demasiado grave, y ya se le había pasado el aturdimiento.

-Nos hemos librado por los pelos… es un cabrón…-Aladdín, chorreando agua de su larga cabellera negra, se sentó al lado de Ariel, y miró a Jim sonriendo-tío…

-¿Le habéis matado?-preguntó Jim, preocupado.

-No… no estaba allí… era un engaño…-Aladdín echó la cabeza para atrás y respiró profundamente. Luego miró a Jim y sonrió un poco-¿tú qué tal?

-Emmm… bien-Jim arqueó una ceja. No estaba acostumbrado a esa pregunta. La actitud de Aladdín continuaba fastidiándole, pero era sobre todo porque él le había acusado de provocar su muerte, lo cual no era justo, y además le había salvado la vida en la tormenta. Pero aquel no era momento para darle vueltas a aquello-nos ha atacado un cocodrilo.

-¿De verdad?-Aladdín se incorporó de golpe-¿y dónde está?

-Conseguimos hacerle huir… luego vinimos aquí…-Jim miró al chico sin comprender.

-Entonces debe de ser el mismo…-razonó el moreno, mirando a Ariel-como haya más…

-No nos quedan más armas-le dijo la capitana Amelia a Rourke, que se había sentado sobre un barril de provisiones, mientras Lumière, Mole y Merlín reconocían el estado de Helga.

-A nosotros tampoco-replicó el general, agotado-nos han hecho gastar todas…

-¡Tú! ¡Ponte con el otro ahora mismo!-Billy, que acababa de subir de la bodega, empujó al señor Smee al lado de Ralph, al que él y Vinny habían estado vigilando. Luego le sacudió.

-¡Tranquilo Billy! ¡Él ahora está con nosotros!-explicó Aladdín-su capitán le ha dejado…

-¿Cómo te encuentras colega…?-Billy ahogó un grito al ver cómo había quedado su amigo. Se inclinó al lado suyo, con los ojos clavados en su destrozado brazo, sin atreverse a tocarlo-¿pero…? ¿pero cómo…?

-No te rayes … la otra vez acabé mucho peor-Aladdín se pasó la mano por el rostro, recordando cómo se le había quedado mutilado tras una explosión provocada por el Sheriff y sus matones.

-Esta mujer está muy grave-informó Merlín, muy serio-Necesita atención médica ahora mismo.

Helga yacía en el suelo sobre unas mantas que Billy le había subido de la bodega, y estaba más blanca que unos huesos. Su larga melena rubia se le había soltado de la trenza que solía llevar, y se extendía como una telaraña mortecina sobre su cabeza. Merlín pasó la mano por su suave frente, empapada en sudor.

-Ooooh…-gimoteó Helga, respirando muy rápido y temblando.

-Sssshhh… détends toi-la calmó Lumière, hablando con suavidad.

-Esos piratas cabrones… ojalá los tuviese delante-Billy apretó los puños, indignado. Habían dañado a su joven protegido y a su nueva obsesión sexual en potencia, que aunque ahora emitía unos ruiditos de lo más sexys y tenía sus hermosos pechos al aire, le tenía realmente preocupado. "Es curioso"-pensó Billy. ¿Desde hacía cuanto que no le preocupaba alguien de verdad? Sobre todo alguien que había conocido esa misma noche.

-No creo que los quisieras tener delante-comentó Jim tan sombrío como siempre-eh, no te acerques a la barandilla-advirtió a Lilo, que deambulaba por la cubierta contemplándolo todo con los ojos muy abiertos. Para sorpresa del chico, estaba fascinada.

-Esto es un barco pirata… ¡es como estar en un cuento!-le dijo, alzando mucho sus brazos y hablando muy alto. Soltó una risita y luego se acercó al palo mayor, dando un salto.

-Tienes mucha cara ¿no te parece?-Jim no pudo evitar sonreír. Le gustaba verla contenta. Era un sentimiento extraño. Se dio cuenta de que Ariel volvía a mirarle con una expresión difícil de descifrar, e intentó cambiar de tema, mosqueado-nos queda menos de una hora de plazo… ¿cómo vamos a cargarnos a ese tío?

Era muy raro, pero el tema del asesinato y el tiempo límite no le tenía tan asustado como antes. Aunque nunca lo diría, se sentía a gusto con aquellos tíos, esos perfectos desconocidos que ahora iban en el mismo barco. Algo en su interior le hacía tener un preocupante optimismo. Era algo que hacía tiempo que no sentía, al menos no de un modo tan intenso.

-Tiene las cartas a su favor-el pelo rizado de Aladdín estaba ahora liso y pegado por toda su cara. También había perdido parte del color de su piel por la hemorragia del brazo. Ariel se lo estaba vendando en aquel momento-pero nosotros tenemos algo que él necesita.

Jim giró la cabeza hacia el tipo que había subido al barco con ellos. Le había reconocido desde el principio, y creía que sabía cómo encajaba en todo aquello, pero aun así le sorprendió bastante.

-Supongo que quería cobrar un rescate…-se aventuró. Beckett le escuchó, pero no dijo nada-¿o sería otra cosa…?

-Eh, si es por rescates yo valgo mucho más que ese pololo-intervino Billy, intentando llamar la atención de nuevo.

-No, no lo creo-replicó Jim, y el Cobra hundió la cabeza en los hombros con frustración.

-Debemos regresar a la costa ahora mismo-le dijo Beckett a Amelia y Rourke, que se encontraban rodeando a la malherida Helga-Si Garfio viene con otra tripulación no tenemos ni la más mínima oportunidad.

-Y ella morirá pronto…-recordó Merlín, cuya larga barba blanca se había manchado con la sangre de la mujer.

-Solo nos queda una hora… y hemos perdido ese maldito radar-recordó Rourke, enfurecido.

-Si fallamos moriremos… al menos eso dicen ellos…-caviló Amelia.

-Y están en lo cierto. Ahora lo tengo claro-Rourke apoyó su mano en la madera del barco mientras agachaba la cabeza y reflexionaba-no nos otra queda alternativa que esperar a que venga.

-Pero… ¿y si no es así? ¿Y si todo esto es un engaño? Ella morirá, y nosotros seguiremos en grave peligro-Amelia seguía siendo muy escéptica con todo ese tema-piénsalo, no tiene sentido que…

Se interrumpió cuando Rourke se acercó a ella y sin hacerle preguntas la cogió de la mano y giró la rueda de su muñeca. Se escuchó un grito ahogado cuando Amelia desapareció, y cuando Rourke volvió a girar la rueda de nuevo y volvió a materializarse, le miró muy sorprendida, respirando con dificultad.

-¿Qué… qué es esto?-siseó, alzando su brazo y mirándose la rueda de la muñeca-¿cómo…?-al volverlo a accionar, se esfumó de nuevo. Rourke esperó pacientemente a que ella volviera a aparecer.

-¿Lo ves ahora, Amelia?-preguntó con voz grave. Ella aún observaba la muñeca y el traje, incapaz de comprenderlo. Rourke la sujetó por los hombros y la obligó a mirarlo-¿lo entiendes? Armas que disparan rayos, trajes que desaparecen… es cierto, todo lo que nos han dicho lo es. No pienso arriesgarme a averiguar si mi cabeza explotará o no si consigo cargarme a ese pirata. Y ahora tengo más ganas que nunca-Amelia bajó la mirada, intentando pensar algo-¡TÚ!-Rourke se dirigió a Aladdín, que levantó la cabeza con desgana-sabías lo de la rueda. Ahora…¿qué pasará si conseguimos matar al pirata?

-Ya os lo dijimos-le recordó Merlín-volveremos al piso, aunque a veces se tarda un rato… y estaremos todos sanos-indicó, mirando a Helga. Rourke sonrió satisfecho.

-¿Ves? Nunca conseguiríamos llegar a tierra a tiempo para salvarla. Nuestra única opción es esperar aquí a Garfio, en su propio galeón, y cuando llegue matarlo. Y tú y yo podemos hacerlo-dijo, poniendo un grueso dedo en la barbilla de ella, y obligándola a mirarle-no tenemos nada que perder.

-¿Y qué hay de ese cocodrilo?-susurró Amelia, nada convencida.

-Ahora las cosas son distintas-Rourke echó un vistazo al enorme barco/fortaleza de Garfio-me gustaría que lo intentase, el muy cabrón…

Después de esto se hizo un silencio. Nadie sabía que decir, porque todos estaban muy confusos: sin el radar y las armas, tenían muy pocas posibilidades de atrapar a Garfio antes de que se cumpliera el plazo. Fue Beckett el primero en romper el silencio, con su tono serio y glacial.

-Perdón, pero si no vamos a regresar a tierra, creo que al menos merezco una explicación de lo que está pasando-dijo, observándolos a todos de uno en uno, con firmeza.

-Hawkins-el aludido se incorporó al instante cuando Rourke lo llamó.

-¿Qué pasa?-preguntó secamente.

-Este barco es un buque de primer nivel, necesitaré toda la ayuda posible para ponerlo en marcha-Rourke se rascó su anguloso mentón-cuento con mis dos hombres, y con la inestimable ayuda de la capitana-Amelia le miró, vencida ¿qué remedio le quedaba?-supongo que podré contar con la suya también.

-Eh macho, aquí también estoy yo-intervino Billy, hinchando su pecho como un gallo.

-Con que vigiles a esos piratas me será suficiente-le dijo Rourke señalando a Ralph y Smee, que permanecían a un lado.

-Hay unos calabozos en la segunda plataforma boss. Quizás podríamos llevarlos-sugirió Vinny.

-De acuerdo-Rourke estiró los brazos y contrajo el cuello, listo para la acción. Había que ponerse en marcha cuanto antes. Pero antes paró al lado de Helga un momento-tranquila… te vas a poner bien… te lo prometo-le susurró al oído. Ella tembló un poco, pero no fue capaz de decir nada.

El general se dirigió luego hacia Merlín, que seguía sin estar nada convencido.

-Sin las armas no somos nada contra Garfio-le recordó, tan pesimista como siempre.

-Eso ya lo veremos. ¿Puede atenderla?-le preguntó.

-Sí, claro-Merlín se arrodilló al lado de Helga y le puso un paño frío en la frente-pero deberíamos llevarla a un lugar más resguardado.

-Mole, ayúdale-ordenó Rourke. El hombre-topo se apresuró a obedecer, cogiendo a Helga por las piernas mientras Merlín la agarraba de la cabeza y la transportaba al interior del camarote del capitán-muy bien-el general se frotó las manos-vamos a poner esta cáscara de nuez en marcha; no sabemos cuánto tiempo nos queda hasta que llegue Garfio, y tenemos que estar listos para atacar cuando aparezca ese cabrón. Si lo que decís es verdad, en cuanto lo matemos se habrá terminado.

-Pero no será tan fácil. Ya has visto que es muy listo-le recordó Aladdín, recostado todavía mientras Ariel le vendaba el brazo.

-Cierto, pero ahora nosotros tenemos una ventaja-recordó Rourke con satisfacción.

-¿A sí? ¿Cuál?

El general señaló a Cutler Beckett y una sonrisa sardónica asomó a su rostro.

-A él-dijo.

-Oh no…-Beckett puso los ojos en blanco. Salía de la sartén para caer en las brasas.


-No pueden haberse desvanecido. Es imposible-James Norrintong se revolvió en su asiento, impaciente-¿los del río no os han dicho nada?

-No han soltado prenda-replicó Murtog con simpleza.

-Nadie sabe nada, señor comodoro-se apresuró a añadir Mullroy-los condenados tampoco, y eso que les ofrecimos una prerrogación en sus casos.

-Se dice prorrogación-le corrigió Murtog.

-Se dice croqueta-respondió Mullroy, impertinente.

-¿De qué hablas?-preguntó Murtog, extrañado.

-De la cena del otro día. Dijiste cocreta en vez de croqueta… ¿creíste que no me percataría?-se le encaró Mullroy, desafiante.

-A ese juego dos pueden jugar-rebatió Murtog.

-Ayyyy…-Norrintong se frotó las sienes con paciencia ¿por qué le tocaban a él siempre los reclutas más idiotas? Murtog y Mullroy eran el vivo ejemplo del enchufismo puro: sus padres eran distinguidos capitanes de la Academia, y por ello sus hijos habían conseguido el puesto de cadetes por pura potra.

-A mí no me vas a venir a corregir tú delante del señor comodoro Murtog-dijo Mullroy respirando con pesadez-mira: "tres tristes tigres triscan trigo en un trigal".

-¡Ja!-se mofó Murtog-¿en serio?

-¡Marineros!-les cortó Norrintong, hablando bastante más alterado de lo que hubiese querido-marineros… es crucial encontrar a Garfio, cada segundo puede ser vital. Gracias a la importancia de Lord Beckett, la Marina ha puesto todos los medios a nuestro servicio….

-¡Es una oportunidad única para cazar a ese pirata!-exclamó Mullroy.

-Pelota…-murmuró Murtog.

-Esa isla de la calavera que es supuestamente su refugio secreto es la clave para encontrarlo-razonó Norrintong, girando en su asiento y mirando el mapa del Mar de Veru con indecisión-él suele operar en el oeste, pero esta vez el ataque ha sido en el este… y sin embargo, no hay noticias de ningún lado…

-Tal vez esté en el norte-sugirió Mullroy.

-¿Eres tonto? El norte es tierra firme, anormal-le reprendió Murtog, dándole una colleja. Mullroy le apartó, enfadado.

-Perdona, pero la brújula lo marca muy claro: norte, sur, este y oeste-dijo, haciendo las puntas con mímica.

-En el mapa el norte es Suburbia y el sur, mar adentro. No sé cómo puedes llevar ese uniforme-le reprendió Murtog con saña-solo hay que saber leer mapas ¿verdad comodoro?

-Ay….-Norrintong tuvo que salir de su camarote para no seguir escuchando a aquellos dos impresentables. Notó la fresca brisa del mar en la cara. Era una noche fría, se notaba que el otoño había llegado. Norrintong vio a su segundo, el teniente Grooves, dirigiendo a los hombres de cubierta para que el barco tomase rumbo al este de nuevo. Llevaban toda la noche surcando los cielos y el mar en busca de Garfio y de momento todas sus indagaciones habían sido inútiles-¿alguna novedad Grooves?

-Nada señor-el teniente le miró preocupado-seguimos igual…

-Han llamado del consejo-informó Gillete, el segundo de abordo, un marinero bastante arrogante para su escasa experiencia-no parecían nada contentos…

-Quieren saber si hay cambios-Grooves fulminó a Gillete con la mirada-pero nada más.

-Tiene que estar en algún sitio… no puede desaparecer así… y no hay ni rastro de él en Tortuga, ni en ninguno de los puertos marcados.

Con "puertos marcados" se refería a los puertos piratas que había en la costa de Suburbia. Eran una red tan compleja y corrupta de sedes de piratas que llevaba consigo tantos millones de mickeys que la Marina y el gobierno no tenían más remedio que hacer la vista gorda. Pero cuando un pirata, como en el caso de Garfio, se pasaba de la raya tan descaradamente y daba un golpe tan osado, los marines tenían la oportunidad de ir a por él incluso aunque estuviese en uno de los puertos marcados. Y, como debía hacerse en el caso de Garfio, tenían la oportunidad de liquidarlo.

-El mar es muy grande, comodoro-razonó Grooves-aún tenemos tiempo…

-Prefiero ser realista a optimista, Grooves-replicó Norrintong, ceñudo-Y esta vez estamos con el agua al cuello. Si encima sus socios de la compañía meten las manos…

-Perdone señor-interrumpió Mullroy, que acababa de salir del camarote seguido de su inseparable compañero. Norrintong, Grooves y Gillete le miraron con desdén. Los marines tenían cada vez menos respeto por sus superiores-siento… siento interrumpir… pero es el tipo ese….e l señor Mercer…. Parece que tiene algo importante que decirle…

Norrintong miró a Grooves cansado. Aquel insufrible tipo de nuevo. Le llamaría para abroncarle por no tener resultados todavía. La situación era crítica, desde luego.

-Una buena semana ¿es mucho pedir?-se dijo el comodoro mientras entraba en el camarote y le cerraba la puerta en las narices a Murtog y Mullroy. Conectó el interfono, pero para su sorpresa Mercer le llamaba por la línea holográfica. Los hologramas eran una nueva modalidad que se habían instalado en todos los barcos de la marina y tanques del ejército, y que habían supuesto un coste carísimo. En opinión del buen comodoro, una mejora en las armas o los sistemas de seguimiento hubiesen sido mejores, pero los hologramas eran algo mucho más vistoso y hortera, ideal para engañar al pueblo haciéndole creer que sus impuestos servían para algo.

-Comodoro Norrintong-la imagen del señor Mercer apareció con un brillo azulado delante suyo. Como siempre, tenía esa expresión suya tan sombría y desagradable, que a Norrintong tanto le molestaba.

-Señor Mercer-el comodoro enumeró las excusas que tendría que darle a él y luego al consejo por no haber conseguido resultados todavía-¿qué es lo que quiere?

Y para su inmensa sorpresa, el señor Mercer sonrió. Fue una visión muy chocante, como si fuese un bebé con barba.

-Le tengo-dijo Mercer, y sus ojos emitieron un destello de maldad.


Poco se sabía de Ian Mercer, el eficiente pero turbulento secretario de Cutler Beckett. Después de que su último secretario fuese secuestrado por unos ladrones que consiguieron sonsacarle secretos muy confidenciales sobre la Compañía de las Indias Orientales a golpes, Beckett decidió encontrar a un hombre en quien pudiera depositar su confianza plenamente sin ningún recelo. Y ese fue Mercer. Su dossier, con todas sus andanzas y escabrosas anécdotas pasadas, obraba en posesión de Beckett, y se encontraba guardado muy bien en sus archivos secretos, en la sede de la Compañía. Nadie aparte de Beckett y el propio Mercer sabía quién era en realidad el secretario, y de donde había venido. Circulaban rumores de que antes había sido un asesino a sueldo, aunque también se creía que había sido militar, e incluso cazador en la selva fuera de los muros de Suburbia. Cualquiera de estas descripciones encajaba a la perfección con Mercer, un hombre tan insulso como peligroso, tan seco como mortal, sin un ápice de sentido del humor y una profesionalidad verdaderamente siniestra.

Sin embargo, aunque su pasado fuese un completo misterio, si que había cosas interesantes en su presente: al hacker profesional Tambor le habían llamado un día por la mañana a la puerta de su casa mientras se duchaba viendo porno en su televisor LD, y al abrir se había encontrado con una enorme pistola en la cabeza; Mercer había entrado en su casa, le había tirado al suelo y había empezado a darle puñetazos en la cara hasta saltarle todos los dientes y dejarle un ojo ciego. Luego, destrozó su equipo informático y rompió la pantalla de su televisor, lanzando un mechero sobre las sábanas de su cama y provocando un incendio. A Tambor se le pasaron las ganas de meterse en la cuenta bancaria de Beckett y juguetear con sus gastos.

De igual forma, el congresista Vantus Van Tassel podía jurar, de no ser porque nunca se atrevería a hacerlo, a que Mercer y sus hombres secuestraron a su hija y la retuvieron en una cabaña en el bosque hasta que él retiró su veto a una ley de proteccionismo que estaba resultando una auténtica molestia para Beckett. A la pobre Katrina la cortaron el pelo y se llevó un susto de muerte, pero gracias al cielo Mercer no la hizo nada más. No tuvo tanta suerte la desdichada prostituta de lujo Elena, que pretendía rebelar a la revista El Cotillón su aventura con Beckett, dando crueles detalles sobre su impotencia sexual y total inutilidad en la cama, y asegurando que incluso había "llorado como un niño al terminar". Ni la prostituta ni la reportera con la que había contactado pasaron de aquella noche, y la policía las encontró días más tarde en los desagües de Suburbia. Bueno, consiguió encontrar piernas, un brazo, y sus cabezas. Mercer las había troceado como a un filete.

Por supuesto jamás hubo pruebas que pudiesen inculparlo, y de haberlas habido probablemente hubieran desaparecido muy rápido. Pero si que se sabía, y bien era cierto, que Beckett además de su astucia y malas artes contaba con un fiel y letal brazo derecho para ejecutar sus órdenes al dedillo.

Cuando Garfio secuestró a Beckett aquella noche, cometió el error de dejar a Mercer con vida. Había oído de la reputación del secretario, pero siendo como era un capitán pirata muy curtido, estaba más que acostumbrado a enfrentarse a tipos como aquel, lo que le permitió considerarlo un peligro menor. Lo que Garfio no sabía es que Mercer nunca dejaba escapar a una presa: removería cielo y tierra para encontrarlo.

Después de contactar con el comodoro Norrintong y exigir que partiera en una búsqueda inmediata, movilizando a gran parte de la infantería, Mercer tiró de su lista de contactos, sabiendo que encontrar a Garfio no sería nada fácil. Sus soplones de los barrios bajos, que solían ayudarle cuando Beckett quería hacer tratos con el mundillo del crimen, no tenían muchas pistas, así que Mercer tuvo que ponerse en marcha él mismo. Llamó a los "Cuatro Horribles", un temible cuarteto de mercenarios con los que había trabajado a veces, y los movilizó enseguida. Así, se lanzaron al infierno del submundo criminal una vez más.

-¡No por favor! ¡OH NO!-la mujer suplicó con todas sus fuerzas, pero el mercenario no la hizo ni caso. El hierro ya estaba al rojo vivo, y lo acercó hacia su zona vaginal sin ninguna compasión.

Los "Cuatro Horribles" entraron en todos los prostíbulos, almacenes y tabernas de mala muerte de los puertos con una consigna muy clara: "¿Dónde está Garfio?". Pocos tenían algo que decir, y los que lo sabían preferirían morir a confesar, algunos así lo hicieron. Sin embargo otros se fueron de la lengua, dándoles alguna pista. O eso creyeron ellos. Garfio era un pirata muy astuto, y ya había previsto que irían a por él tras el secuestro. Siguiendo las indicaciones de uno de sus torturados, los "Cuatro Horribles" llegaron a una cueva secreta en una isla cercana a la costa, para encontrarse una bomba de relojería que activaron nada más entrar. En unos segundos, el grupo desapareció de la faz de la tierra. El capitán Garfio había vuelto a engañarlos.

Pero Garfio no podía haber previsto la tenacidad e insistencia de Mercer, que no se encontraba con los mercenarios en aquel momento, oliéndose la trampa. Cuando los interfonos de los "Cuatro Horribles" dejaron de funcionar, Mercer entendió lo que había pasado, y fue hasta el soplón que los había engañado, listo para torturarlo.

-¡UAAAAAAAAAAH!-gimió el desgraciado cuando Mercer le rajó los tendones con la sierra y su brazo izquierdo salió disparado entre un mar de sangre-¡AAAAAAAAAAAAAAAH DIOOOOOOOOOOOOOSSSSSSSS!

-¡Dame el otro brazo!-ordenó Mercer, con una frialdad brutal. El pirata intentó resistirse, pero Mercer era más fuerte, y era quien tenía la sierra en la mano.

-¡NOOOOOOOO! ¡NONONONONONO! ¡PARA, PARA…. PARA!-suplicó el pirata. Mercer, sin un ápice de compasión, empezó a aserrar el otro brazo-¡NO, NO… NO SÉ DÓNDE ESTÁ! ¡TE LO JURO, NO LO SÉ!

-¿Y quién lo sabe?-preguntó Mercer sin dejar de serrar el brazo derecho como un carpintero profesional.

-¡AAAAAAAAAH! ¡POR FAVOR! ¡NO!-los ojos del pirata se salían de sus órbitas y su piel se había vuelto de un fuerte color fucsia. Estaba descontrolado por el dolor-¡ANGÉLICA! ¡LO SABE ANGÉLICA! ¡PREGÚNTALE A ELLAAAAAAAAA!

Mercer terminó de serrar el brazo derecho, y dejó el cuerpo del pirata, llamado Scrump, en el suelo. Scrump se retorció de dolor dando alaridos, que nadie pudo escuchar porque se encontraban en un solitario almacén abandonado. Solo las ratas podían oírle, y las ratas no se acercaron a ayudarlo.

-AAAAAAaaaaaah-mientras Mercer reflexionaba, Scrump se fue quedando en silencio, porque no le quedaban más fuerzas para gritar. El dolor hizo que perdiese el conocimiento. Había perdido más de tres litros de sangre.

-Bien-tras meter a Scrump en un viejo bidón de pintura verde y dejarlo cerrado, Mercer se marchó, con una saca al hombro y su fiel trabuco guardado en el bolsillo interior de su abrigo. No tenía pensado pedirle ningún aumento a Beckett después de aquello. Amaba su trabajo.

Mientras la Marina surcaba los cielos con todos los radares y sistemas de seguimiento activados, y Jim y sus compañeros se enfrentaban a la tormenta que los había pillado de improviso, Mercer condujo su siniestro autovolante negro hasta un restaurante en lo alto de un acantilado que daba al mar. Se llamaba "la Hija del Capitán", y a él acudían los mejores corsarios, piratas que se habían reformado, siguiendo la nueva normativa de la zona roja, que los permitía trabajar en el lado oscuro de la ley.

-Buenas noches-saludó Mercer al camarero-Mesa para uno.

-Inmediatamente-respondió el camarero, educado. Guió a Mercer hasta su mesa, y luego se alejó. El secretario de Beckett no perdió el tiempo: se levantó y lo siguió disimuladamente hasta la entrada de las cocinas-Es ese asesino de Lord Beckett…-le decía el camarero al maître-¿hacemos algo o…?

-Tenlo vigilado-ordenó el maître con gravedad. Luego regresó a las cocinas.

El camarero se quedó solo, pero cuando se disponía a marcharse alguien lo agarró por detrás y lo encerró en el baño de caballeros con él; Mercer sacó la cuerda de hierro que llevaba en su reloj y lo estranguló con ella. El camarero tardó unos minutos en morir, pero finalmente cayó al suelo asfixiado, con el rostro tan rojo como el del pobre Scrump.

-Bien-dijo Mercer una vez más. Le quitó la ropa al camarero y luego salió por la ventana del baño al jardín con él, aprovechando la oscuridad de la noche. Afortunadamente había poca gente en la terraza, y los que había estaban borrachos. Mercer tiró el cadáver por el balcón, y cientos de metros más abajo este desapareció entre la espuma de las olas. Luego regresó al restaurante, donde cogió una bandeja con panes y se dedicó a pasearse y a observar. Le habían dicho que Angélica formaba parte del espectáculo…

-¡Señoras y señores, con ustedes la estrella del mar, la perla de Labuan, la muy hermossa Aaaaaaangélica!-anunció el maestro de ceremonias. En el escenario del restaurante, iluminada por unos focos de luz rojiza, apareció una bella joven vestida con un traje flamenco, y a su lado un guitarrista con un fino bigote y sombrero, al que apodaban "el Español". La mujer (Angélica), de pelo castaño oscuro, grandes aros de oro en las orejas y unos voluminosos y deseables pechos, comenzó a taconear con ímpetu y a mover sus largas faldas, agitando unas castañuelas y cantando una antigua canción. Su voz era grave y rota, pero muy sensual, y sus movimientos bastaron para poner nerviosos a todos los hombres presentes en la sala. Cualquier caballero se hubiese sentido complacido de acostarse con ella. Cualquiera menos Mercer.

Voy a saludar ¡presten atención!

De muerte y pasión, yo les vengo a hablar

Les voy a tratar, de aquella jornada

Que Jesús llevaba, con la cruz a cuestas, y el pueblo de fiesta

Y la Virgen lloraba… ¡La Virgen lloraba!

-¡Olé!-exclamó el guitarrista mientras arrancaba con un ritmo embrujado.

La canción Mercer ya la había escuchado. Tenía en realidad un ritmo cubano, pero Angélica debía de haberla adaptado a su estilo. Espero a que terminase, observándola, pero no con los ojos del resto del público, que se la comían, si no con los de un cazador: Angélica se movía muy rápido, era ligera y ágil. Debía de saber utilizar la espada, y ser buena con ella. No le convenía darle ni una oportunidad de defenderse…

Angélica se quitó parte de la ropa al final del espectáculo, y el público la vitoreó. Se escucharon silbidos y comentarios obscenos. Ella se abrió de piernas en el suelo y echó su larga melena hacia atrás. Luego se guardó las castañuelas en el sujetador, y lanzó un último grito triunfal.

¡Y la Virgen…. Llooooooorabaaaaaaa!

-¡BRAVO!-el público prorrumpió en aplausos, y la joven y el guitarrista hicieron tres reverencias sonrientes antes de hacer mutis. Mercer se puso en marcha.

-Oiga, usted-era el maître quien le llamaba, pero Mercer se escurrió entre el público, y le perdió de vista.

Entró en el pasillo de los camerinos, y vio como Angélica se despedía del "Español" antes de entrar en el suyo. Mercer esperó a que "el Español" se fuera también, y luego, cogiendo carrerilla, tiró la puerta del camerino de Angélica, pistola en mano.

-¡SSSSSSH!-la serpiente le rodeó la pierna y abrió la boca, lista para atacar.

-No te he presentado a mi amiga, la mamba negra-dijo Angélica, que estaba ahora envuelta en su albornoz, y se había encendido un cigarro. Rió-es muy traviesa.

Mercer no se inmutó, aunque se había puesto nervioso. Sabía bien que el veneno de esa serpiente podía matarlo en cuestión de minutos, y no se conocía antídoto.

-La compré en el bazar de Ágrabah hace unos meses. A mí nunca me muerde…

-Aléjala… de mi…-susurró Mercer, mirando a la joven y a la serpiente respectivamente.

-Has matado a Scrump ¿no es cierto?-Angélica echó una calada de su cigarro-mereces morir…

-No he venido solo…-dijo Mercer, apretando los dientes. Angélica arqueó una ceja.

-Eso se suele decir cuando se ha venido solo-dijo la chica, incrédula, pero la expresión pétrea de Mercer la hizo dudar-está bien… hablemos…-Angélica se levantó de su asiento y fue a cerrar la puerta del camerino, dejándolos a los dos solos-antes de que acabe contigo… ¿qué quieres?

Aunque se alegraba de ir al grano, Mercer se tomó su tiempo antes de contestar. La serpiente seguía enroscada a su pierna, y notaba su cabeza restregándose contra su calcetín.

-Busco a un pirata…-dijo finalmente-sé que sabes dónde está.

-Tsk-Angélica sacudió la ceniza del cigarro, molesta-¿cuántas veces tendré que decirlo? No sé dónde está, dejad de venir a preguntármelo. Me molesta que vengan a visitarme solo para eso.

-¿Quién más ha venido?-preguntó Mercer, interesado.

-Pues todo el mundo-Angélica no llevaba ni siquiera bragas debajo de aquel albornoz. Solo un hombre como Mercer podía haber aguantado la presión mortal de la serpiente y el tentador cuerpo de la chica a la vez sin sentir nada por ninguna de las dos cosas-de la Marina, de Barbossa, a los que debe dinero… pero ya lo he dicho. Hace un año que rompí con él, y no tengo ninguna intención de retomarlo. Él no me llama lo suficiente, y yo no voy a ser la que dé el paso…

-Hablas… ¿de Garfio?-preguntó el secretario, desconcertado. Angélica levantó la mirada, perpleja. Ahí si ella se había sorprendido.

-¿De Garfio? No. ¿Qué pasa con Garfio?-preguntó, muy extrañada.

-Lo estamos buscando… llevo toda la noche detrás de él-dijo Mercer, conteniendo ahora su ira.

-Sí, algo he oído. Se ha metido en un buen lío-Angélica se volvió a sentar. Ahora parecía preocupada-creo que voy a escucharte…

-Pues primero apártala de mí-dijo Mercer, señalando a la perversa mamba, furioso.

-No, de eso nada. No te atacará si no se lo digo, créeme. Así que pórtate bien.

Mercer respiró profundamente.

-De acuerdo-cedió-necesito saber dónde está James Garfio…

-¿Para qué?-Angélica le echó el humo en la cara a Mercer, sopesándolo con la mirada. No era muy agraciado, y daba bastante miedo, pero había algo en él que la atraía. Sería su naturaleza animal…

-Para matarlo.

-Ya…-Angélica rebuscó entre sus cajones y sacó un sujetador y unas bragas negras, que comenzó a ponerse sin ningún tipo de pudor-no puedo ayudarte.

-Pero sabes dónde está-apuntó Mercer astutamente.

-Sí-admitió Angélica-pero no quiero decírtelo…

-Se te recompensará con una suma muy gratificante-dijo Mercer, aunque en realidad tenía planeado estrangularla en cuanto le apartase la serpiente, no sin antes córtale las tetas.

-No es eso… y no te creo…-apuntó Angélica-el caso es que… quiero matarle yo…

Mercer parpadeó perplejo. Había supuesto que Angélica había mantenido alguna especie de relación con Garfio (el pirata era un conocido galán de las mujeres del puerto) o que lo encubría por un interés económico. Pero aquello…

-Sí…-Angélica se echó su sedoso cabello hacia atrás, pensativa- él… él mató a mi padre… yo juré vengarme.

-La venganza está muy bien, pero aquí hay mucho más en juego-insistió Mercer-puedo traértelo con vida, y dejar que seas tú quien lo ejecute.

-Sigo sin creerte y además es muy difícil que consigas atraparlo-replicó Angélica con aburrimiento-es más listo que un delfín, y más mortífero que un tiburón. Vas de duro, pero él te matará en cuanto le encuentres.

Mercer se inclinó un poco y sonrió.

-Confía en mí-dijo, mostrando sus dientes grandes y grisáceos.

Angélica se recolocó en su asiento, incómoda y pensativa, mientras se terminaba el cigarro.

-Llevo dos años buscándolo, esperando a que dé un paso en falso-hablaba más para ella que para Mercer-reuní a un grupo de piratas con el mismo objetivo, Scrump era uno de ellos, pero me presumo que los has matado creyendo que trabajaban para él…

-Sí-Mercer notó con gran disgusto que la mamba se introducía en el interior de su calcetín.

-Supongo que tú tienes más posibilidades de atraparlo que yo… a mí no me va mal… ya no soy la que era antes-Angélica sacó un frasco de perfume rosa de uno de sus cajones. Luego abrió su armario y se puso unos pantalones y una camisa-supongo que será mejor ponerlo en tus manos…

-Se me está agotando la paciencia-advirtió Mercer-y eso no será bueno para ti.

-¿Ah no? Vaya…-Angélica fingió disgusto-fíjate que creía tener la sartén por el mango… De acuerdo, está bien, vamos a ver… Garfio se esconde en la isla Calavera, una gruta con forma de calavera que está mar adentro.

-Eso ya lo sé-Mercer fue llevando la mano poco a poco hacia el interior de su abrigo-¿pero cómo encontrarla?

Angélica sacó un pequeño dispositivo mecánico con aspecto de ser muy antiguo.

-Es imposible de encontrar, excepto para los que ya han estado allí. Yo estuve, porque en su tiempo fue de mi padre-explicó. Luego se acercó a Mercer, rozando su torso con sus pechos. No pudo evitar reír al comprobar que aquello no hacía ningún efecto sobre él-tienes que relajarte esto… ¿cómo te llamas?

-¿Cómo llego a ella?-preguntó Mercer, impaciente.

-Está en la zona de tormentas-Angélica le colocó el dispositivo en la mano izquierda-en un pequeño cinturón de calma que se forma por las presiones ciclónicas más o menos en la parte oeste. Por eso es imposible de rastrear con un radar de barco, por avanzado que sea. La tormenta perpetua impide encontrar la isla.

-La zona de tormentas…-repitió Mercer.

-Los piratas la llamamos así. Es poco conocida, porque está en una altitud menor, y los grandes buques que sobrevuelan el mar la pasan muy por encima. Garfio se ha escondido bien, pero sabe que yo conozco su escondite, por eso ha intentado matarme, pero yo cuento también con un protector entre los míos.

-Ya…-a Mercer eso le interesaba más bien poco-¿esto me llevará hasta él?

-Puedes jurarlo-Angélica abrió la puerta del camerino y cogiendo su bolso salió al pasillo-ahora yo me voy.

-No tan rápido-Mercer se giró a ella, sacando su pistola-primero quítamela de encima, y después te vienes conmigo.

-Oh, de eso nada-rió Angélica, cogiendo su frasco de perfume y levantándolo-además, no tiene dientes, ni veneno ¿crees que tendría un bicho así suelto por mi cuarto?

-¿Qué…?-Mercer quiso moverse pero ella tiró el perfume al suelo formando una nube de humo rosa y desapareció entre la confusión. Se escucharon voces al final del pasillo, y cuatro camareros armados aparecieron entre la neblina.

-¡Quieto!-ordenó el maître.

La serpiente continuaba enroscada en el tobillo de Mercer. Él la cogió con la mano y le arrancó la cabeza de un sonoro mordisco. Luego abrió fuego contra sus atacantes, matando al maître y a uno de sus camareros. Los otros le dispararon, pero Mercer se movió muy rápido, y corrió hacia la salida que había al otro lado. "El Español" se asomó también desde su cuarto, pero volvió a él para esconderse cuando un disparo le pasó rozando. Mercer llegó a una cristalera del restaurante que daba a una de las terrazas y saltó rompiendo los cristales. Luego echó a correr hacia la ciudad, y no paró hasta ocultarse en un callejón y darles esquinazo. Empapado en sudor y furioso, pudo experimentar una pequeña satisfacción apretando el dispositivo en su mano. Corría el riesgo de que le hubiera engañado sí, pero no lo creía. Ella no habría actuado así se aquello hubiese sido una mentira, porque había tenido muchas oportunidades de matarlo.

Ahora Garfio era suyo.

Mercer dio las coordenadas de la isla Calavera al comodoro Norrintong y luego llamó a uno de los barcos de la flota privada de Lord Beckett. Encontraría a su jefe y mataría a Garfio. Y tal vez ahora sí que pediría ese aumento.


-Las máquinas están a punto, boss-informó Vinny limpiándose la grasa y el óxido de la cara-nos ha costado…pero están listas.

-Vale-respondió Rourke desde el puesto de mando-activa el generador antigravitatorio. Vamos a movernos.

-¿Puedes hacerlo?-Vinny se dirigía a Jim, que había bajado con él a la sala de máquinas del Jolly Roger. Al contrario que la de la carabela que habían robado en un principio, y que ahora se hundía lentamente cerca de ellos, el buque del Capitán Garfio era mucho más grande, y su infraestructura mucho más compleja. Tenía tres plantas, y la sala de máquinas estaba llena de engranajes y dispositivos incomprensibles que solo marineros de un nivel muy experto podían comprender. Sin embargo, con unas pocas instrucciones del italiano, para el joven Jim se convirtió en un juego de niños. El chico se movía entre los cables como si hubiera nacido en ellos, y no tardó en encontrar la toma de contacto del generador para poner en circulación la energía de todo el barco.

-Va…-Jim tiró de una palanca que accionó el motor generador, e instantes después las válvulas comenzaron a llenarse de energía. La temperatura empezó a aumentar en la sala.

-Hay que asegurarse de que las salidas de la refrigeración funcionan, o esto se sobrecalentará y hará boom-indicó Vinny, señalando unos enormes tubos de gas-y yo no querría estar aquí si eso ocurriera… bueno, ni yo ni nadie… pero tú ya me entiendes…

-¿Y el cableado de la luz?-preguntó Jim.

-Eso no corre peligro, siempre que no haya un cortacircuito-Vinny sacudió la mano con pereza.

Arriba, Rourke se encontraba en el timón con Amelia, que seguía sin estar nada convencida.

-No existe ninguna forma de que esto pueda acabar bien-dijo la capitana, mordiéndose el labio-Garfio es muy astuto, creo que nos está engañando.

-El rehén es un señuelo, y si lo quiere tendrá que ir a por él-insistió Rourke, que estaba de un sorprendente buen humor. La batalla y los retos le daban una sobredosis de adrenalina, y a fin de cuentas no podía ser más que optimista. Hacía unas horas iba a suicidarse porque no veía otra salida… ahora tenía una oportunidad de limpiar su nombre y salvar el pellejo…. Lo único que había que hacer era matar a alguien.

-¿Tenemos suficientes armas?-preguntó Amelia por el comunicador del timón.

-Oh sí, ya lo crreo-indició Molière, que estaba en la armería-aquí hay explosivos suficientes parra volarr un rregimiento…

-Ou-Vinny, que escuchaba desde la caldera, suspiró al imaginárselo.

-Tenemos diez cañones en cada banda, y ametrralladoras, y una bazooka incluso-su voz tembló un poco, mientras Vinny negaba con la cabeza, incapaz de creer que pudiese haber algo tan maravilloso a bordo.

-A ti te va mucho esta mierda ¿no?-preguntó Jim observándole.

-De pequeño, mi primer juguete fue un tirachinas-explicó Vinny, sonriendo al recordarlo-lanzaba bolas de papel ardiendo a mis compañeros. No se fabrica, naces así.

Jim soltó una carcajada. En la armería, Mole continuaba con su recuento.

-…doce grranadas de mano, trreinta rifles de asalto, una bomba de gas… y suciedad-sonrió relamiéndose-mucha, mucha suciedad…

-Vale Mole, gracias-le interrumpió Rourke-baja a las máquinas con ellos y espera instrucciones.

-A la órrden general-Molière recogió unas muestras de polvo tan emocionado como Vinny y las guardó en el bolsillo de su traje. Luego corrió a bajo, a reunirse con Vinny y Jim.

En el camarote, Merlín se había dedicado a atender a Helga con la ayuda del señor Smee y de Billy. El anciano necesitaba unas gasas para frenar la hemorragia del pecho, así que mandó al pirata a la enfermería del barco, vigilado por Billy. Cuando se hubieron marchado, Merlín se dedicó a observar a Helga, embelesado por su belleza. Era una mujer dura sí, pero muy hermosa. Si moría, sería una verdadera lástima.

Las mujeres siempre habían sido su punto débil, desde muy joven. Si no, solo había que ver…

-No debería… no me conviene-dijo el anciano. Se acercó hasta quedar a escasos centímetros de ella, y comprobó que respiraba pesadamente. Había vuelto a quedarse dormida, lo cual no era nada bueno, porque corría el riesgo de sufrir una bajada de tensión que podía ser su fin. Merlín se ajustó las gafas y lo pensó un momento más. Tenía poco tiempo… ellos no habían vuelto todavía…-oh, está bien…-dijo finalmente, y colocando su mano en el pecho de Helga, susurró unas extrañas palabras, cerrando los ojos y apretando con fuerza-Etev ram houdza… imnarius hajwotp-la mano de Merlín atravesó la ropa de Helga, y luego su carne. Poco a poco fue penetrando en su carne hasta hundirse en ella. Merlín sudaba, manteniéndose muy concentrado. Un solo fallo podía significar que le destrozase los órganos internos.

-Aaaaaaaaaaah…-Helga, pálida como la muerte, empezó a ruborizarse, pero no entendía nada de lo que estaba pasando.

-Chsssst… tranquila-susurró Merlín, sin abrir los ojos. Continuó recitando las extrañas palabras mientras su mano se movía dentro del cuerpo de Helga. Debía seguir buscando. Sabía que estaba por ahí… finalmente la rozó. Agarró la bala con sus dedos y luego los cerró entorno a ella como una prisión. Ahora estaba a salvo. Pero Merlín pensó que sería mejor comprobar… no había que correr riesgos… sin embargo no había más balas, así que finalmente sacó la mano del pecho de ella, sin una sola gota de sangre que lo manchase, y con la bala, triunfante. Helga soltó un gemido de dolor muy agudo, pero luego se calmó. La sonrisa de Merlín se ensanchó más-ahora estás a salvo.

En la cubierta, Ariel curaba el brazo de Aladdín, que no parecía ir a mejor.

-Si Dawson estuviera aquí podría habérmelo curado… echo de menos al viejo ratón-se lamentó el moreno, observando el doloroso agujero que tenía en su piel. El hueso se le había astillado. No podía verlo, pero lo sabía.

-Esto puede dolerte…-Ariel le echó un poco de ron en la herida, y Aladdín ahogó un grito.

-¿Por qué será que siempre acabó hecho un asco?-preguntó, exhalando un gran suspiro.

-Porque eres muy valiente-le respondió ella. Instantes después estaba roja como un tomate. Sin embargo Aladdín sonrió, complacido.

-Gracias oye. Al menos alguien valora mi trabajo-bromeó. Ariel mantuvo la mirada gacha, sin saber que decir. Aladdín era lo suficientemente listo y experimentado como para saber que cuando una chica se comportaba así era porque le gustaba. Era algo a lo que estaba acostumbrado… ¿quién iba a resistírsele? Aun así, prefirió no atosigarla. Parecía una buena chica, y verla solo le recordaba que tenía que luchar para volver con vida, y encontrar a Yasmín. Yasmín… ¿Qué habría sido de ella?

-¿Cómo vas Al, hermano?-Billy subía de la bodega con Smee, que llevaba una caja de primeros auxilios para Helga.

-Con eso no os va a servir para ayudarla-dijo Aladdín-la dispararon en el pecho.

-Hay que intentarlo colega-replicó Billy, molesto-yo no voy a dejarla morir. Y siempre consigo lo que quiero ¿sabes?

-Si tú lo dices…-Aladdín miró a Ariel alzando las cejas. Ella se encogió de hombros. También esperaba que la mujer se salvase, aunque le fuera muy desagradable.

-A lo mejor podemos darte un tirito de estos para que te pongas en el brazo-sugirió Billy abriendo la caja de primeros auxilios que llevaba Smee-¿qué opinas Eems?

-¿Eems?-repitió Aladdín extrañado.

-Smee al revés, colega-explicó Billy con satisfacción-¿a que soy la caña poniendo motes?

-La caña-confirmó Aladdín, riendo.

-Creo que lo que necesita es una escayola-dijo Smee echándole un vistazo y ofreciéndole varias tiritas con amabilidad-porque si no eso se le va a poner muy feo. Si la herida no sana, corre el riesgo de infectarse.

-Mpfff, no sería la primera vez-Aladdín dejó que Smee le colocase las tiritas resignándose al dolor, mientras Ariel le daba un trago de ron-de pequeño se me clavó una tuerca en la planta del pie, y estuvo ahí un año…

-Qué asco coleguano-dijo Billy, haciendo una mueca-eras un niño muy pirado.

-Estaba muy solo-recordó Aladdín, sonriendo ahora con tristeza. Luego recordó algo qué le hizo cambiar la cara-¿y la niña? Hace rato que no la veo…

-El Jimmy la bajo con él a la bodega y la dijo que se quedase en un cuarto mientras él arreglaba las máquinas-explicó Billy-debe estar ahí.

-Supongo-Aladdín reposó la cabeza mientras las manos de Smee, que ahora temblaban un poco, le terminaban de cubrir sus heridas.

-¿Ya? Vamos ahora con Helga-dijo Billy.

-Un momento, por favor-pidió una voz ronca con un deje travieso de satisfacción. Una voz que Ariel y Aladdín ya conocían.

-¡Tú!-exclamó Aladdín perplejo, incorporándose al instante.

-¡Lilo!-Ariel también se levantó, asustada.

-¡Tachán!-Garfio alzó su garra metálica al aire haciendo un treatral saludo. Con la otra, apuntaba a Lilo en la cabeza-¿Cómo están usteeeedes?


En su ceremonia de investidura como lord, a Cutler Beckett se le había elogiado entre otras cosas por sus indiscutibles dotes de mando. En efecto, cuanto se vio libre del yugo de los piratas junto a aquellos extraños tipos vestidos con mallas negras quiso ponerse al cargo, e insistió en volver a tierra, pero Rourke no estaba dispuesto a aguantar más opiniones de las obligadas, y además tenía otros planes para él. Beckett acabó en una celda al lado de Ralph, el único de los piratas supervivientes a la masacre perpetrada por Helga con la pistola de luz. Allí intentó pensar un plan para escapar…. Podía ofrecerles dinero… no, no parecía que quisieran aceptarlo… ¿quién enviaba a aquellos tipos? ¿Qué tipo de armas eran esas que habían utilizado? Si la Compañía lograba hacerse con el prototipo… podían a ganar mucho, mucho dinero.

Fue entonces cuando Garfio irrumpió en la bodega. Beckett ahogó un grito al verle, pero él llevaba un arma, y le indicó que guardara silencio. Con un giro de su garfio, el capitán libero a Ralph, que salió de su jaula echando chispas, y luego entró en la de Beckett, lo ató y amordazó y volvió a dejar encerrado.

-Volvemos enseguida Cutler. Aún tenemos una conversación pendiente-le avisó Garfio.

Lo siguiente ocurrió todo muy rápido: la niña en el pasillo, los tres tíos esos en la sala de máquinas… los quería vivos a todos, al menos de momento. Mientras Ralph vigilaba a Jim, Mole y Vinny, Garfio subió con Lilo sujeta entre sus manos a la cubierta, y sorprendió al resto.

-¡Smee!-indicó, lanzándole una pistola.

-Ya tengo mi propia arma, capitán-respondió el viejo pirata, sacando la última pistola de rayos de luz, la que debía de haber tenido Rourke.

-¡¿Qué?!-saltó Aladdín perplejo- ¿Cómo…?

-No eres el único que sabe robar cosas, chaval-sonrió Smee. Pero aquella no fue una de sus habituales sonrisas bonachonas. Fue bastante más desagradable.

-Bien, estupendo-Garfio apuntó a la cabeza de Lilo-ahora todos quietos, o la niña muere. Y tengo a otros tres de vuestros amiguitos esperando a bajo para cargármelos también.

-Estúpido capullo…-Rourke sacó su pistola y apuntó hacia Garfio con sigilo… él y Amelia se habían echado al suelo en cuanto el pirata había aparecido. Era su oportunidad para matarlo.

-No se mueva, general, o le prevengo que me veré obligado a desintegrarlo-advirtió Smee, apuntando al puesto de mando. Rourke chistó, furioso, y luego se incorporó, seguido de Amelia.

-Hijo de perra…debí habérmelo imaginado-gruñó el general, alzando las manos.

-Tire el arma-le avisó Smee-tírela y me replantearé el matarlo.

-Eres muy gracioso Smeety… lo recordaré cuando vuelva a tenerte a tiro-dijo Rourke sonriendo sin ni un ápice de humor.

-Gilipollas retrasado, has tenido muchas oportunidades de matarme esta noche y no las has aprovechado-le dijo Smee, escupiendo a un lado. Aladdín le miró perplejo. De repente, aquel viejo cobarde ya no parecía nada ridículo.

-¿Eems?-Billy le miró perplejo. Con las buenas migas que habían hecho yendo a por el botiquín…

-Sube Ralph, y tráelos-ordenó Garfio. Luego se volvió a Rourke y Amelia, aun sujetando a Lilo-bajen con sus amigos, señorías.

-¿Para que nos maten como a perros?-inquirió Amelia, furiosa.

-¡Señora, por favor!-Garfio fingió escandalizarse. La gata le fulminó con su altanera mirada, pero finalmente bajó con el resto, derrotada.

-¡Vamos!-el gigantón Ralph empujó a Vinny, Mole y Jim a la cubierta. Los tres cayeron al suelo.

-¡Lilo!-Jim levantó la cabeza asustado. Sabía que la niña se había ido con Garfio. Si él la hacía daño… se había jurado no dejar que le pasase nada.

-¿Ese es tu nombre, Lilo?-preguntó Garfio a la chiquitina, simpático-¿por qué no has querido decírmelo? Es un nombre muy bonito…

Lilo miró a Garfio con los ojos muy abiertos, y tardó un poco en contestar.

-¿Eres un pirata de verdad?-preguntó finalmente. Garfio arqueó una ceja sorprendido.

-Estooo… pues sí. Claro. El mejor pirata-aclaró.

-Suéltala ahora mismo-era Jim quien hablaba. Todos le miraron perplejos-ella no tiene nada que ver en esto.

-Pues yo diría que sí chaval, porque va vestida igual que vosotros, pero es cierto que es muy pequeña-concedió Garfio-hala-soltó a la niña, que sin embargo le miró unos segundos muy tranquila y luego fue a sentarse al lado de Jim-¿es tu hermana?-preguntó Garfio interesado.

-Déjate de estupideces Garfio, y vamos al grano-dijo Rourke furioso.

-Aaaaah, eso me suena… ¿no hemos negociado hace un rato? Entonces creías tenerlo todo bajo control-Garfio se acercó a Rourke, pistola en mano-como ves, nada está nunca bajo control-le susurró, con voz amenazadora-no conmigo.

-Podemos llegar a un acuerdo-sugirió Rourke. Garfio soltó una burlona carcajada.

-Sí claro, como que me tienes mucho que ofrecer-se mofó. Miró a Smee riendo, pero el viejo segundo de abordo no reía. Su rostro exhibía una mirada de especial desprecio.

-Tienen unas armas muy poderosas capitán. Han liquidado a todos los que había aquí con solo un disparo-explicó con voz ronca-lo mejor es ejecutarlos ahora mismo e irnos de aquí. Este escondite ya no es seguro.

-Tranquilo Smee hombre, tranquilo-Garfio se deleitó observando a sus presas, ahora indefensas ante él-os preguntaréis como he llegado hasta aquí…-esperaba una respuesta desafiante, pero ninguno se molestó en decir nada. Garfio meneó un poco la cabeza, disgustado-bueno, ante tanta insistencia lo diré: yo en efecto estaba en la cueva con el resto de mis piratas, cuando Smee me avisó de que estaban atacando nuestro barco. Él estaba escondido en la bodega, y tuvo tiempo de prevenirme antes de que lo pillarais. Juntos ideamos una estratagema para venceros, aunque sabíamos que sería arriesgada, sobre todo para mi buen segundo de abordo.

Garfio le dio a Smee, que sujetaba el arma de luz apuntando directamente a Rourke, una amistosa palmada en la espalda. El anciano pirata no dijo nada. Su flácido rostro, surcado de arrugas, se había endurecido. Ya no había en él ni un atisbo del bonachón y despistado Smee que Aladdín y los otros creían haber conocido. Los había engañado desde el principio, al igual que Garfio.

-Dejé mi holograma conectado al trono del islote y luego me escabullí por una salida secreta-siguió Garfio-Cuando llegasteis, mis hombres os atacaron, pero vencisteis, y entonces fue cuando os hice creer que yo no estaba en la isla…

-Era un farol-dijo Rourke reflexionando en voz alta-igual que lo de la flota pirata.

-Bueno, eso no es del todo mentira-concedió Garfio-cuando escapé envié una señal a mis aliados del sur. Ellos llegarán aquí en cuestión de minutos.

-Que guay…-murmuró Aladdín mirándole con desprecio. Se sentía idiota. No estaba acostumbrado a ser él el engañado.

Jim no le quitaba el ojo de encima a Lilo, a la que ahora había rodeado con sus brazos. La niña en cambio parecía tranquila, escuchando la historia de Garfio como si se tratara de un cuento.

-Desde la salida de la cueva nadé hasta mi barco, y me colé por uno de los cañones hasta esconderme en la bodega. Vuestros estúpidos vigilantes ni me vieron, porque estaban ocupados jugando a quien echaba el meado más lejos.

-Estooo…. Ejem…-Billy y Vinny miraron hacia otro lado, rojos como tomates.

-Cuando Smee bajó a la bodega a buscar el botiquín contactó conmigo y me contó todo lo que sabía, y así nos pusimos en marcha-concluyó Garfio-y llegamos a este punto-dejó pasear su afilada garra por la bodega-¿qué hará ahora el despiadado Garfio…? ¿Se pondrá las pieles de sus enemigos como quien viste triunfal la melena de un león?

-Escucha monstruo abyecto, mátanos si quieres, pero deja irse a la niña y los chicos, ellos no tienen nada que ver en esto-dijo Amelia, que temblaba de cólera al lado de Rourke-somos el general y yo los responsables.

"Gilipollas"-pensó Rourke cabreado. ¿A él por qué le metía en eso? Debía encontrar el modo de salvar el pellejo como fuera.

-Capitana Amelia… ha pasado mucho tiempo-Garfio paseó hasta ella, sin dejar en ningún momento de apuntarles con su pistola-sigue siendo muy hermosa.

-Y tú un cabronazo, y un asesino-replicó ella, cortante como el hielo-acaba con esto de una vez.

-¿Quieres que lo haga?-encolerizado, Garfio le puso la pistola en la cabeza a Amelia, que entrecerró los ojos, asustada.

-¡NO!-exclamó Jim. El capitán se giró y le miró, sonriendo.

-Nononono, Smee… ¿hemos olvidado nuestra regla de oro?-preguntó con voz suave.

-Claro que no capitán-replicó el aludido, aburrido de todo aquello.

-Nunca hacemos daño a las damas-le explicó Garfio a Ariel, que ni se atrevía a mirarle a la cara.

-Pues… pues a Helga la han disparado-se atrevió a decir la pelirroja. Garfio arqueó una ceja. Luego pareció comprender.

-¿Dónde está la mujer rubia?-preguntó, volviéndose a Smee.

-En el camarote capitán, ya…

-Sácala-le ordenó él, cortante. Smee gruñó.

-Ve tú-le dijo a Ralph, que anduvo pesadamente hasta llegar a la puerta del camarote. Segundos más tarde traía a Helga cargada a cuestas, y a Merlín arrastrado de la barba, profiriendo improperios.

-Ha intentado clavarme una pluma-explicó Ralph tirando a Merlín al suelo de la cubierta.

-¡Bandidos! ¡Canallas! ¡Asesinos!-gritó el anciano, intentando incorporarse y tropezando con la barba. Garfio rió con ganas-¡Os denunciaré a todos al gobierno! ¡No sabéis con quien estáis hablando!

A Jim le pareció muy extraño aquel modo de comportarse en Merlín. Su mirada se cruzó con la de Aladdín, que le dio a entender que no era el único que había notado que estaba fingiendo.

-A ver si lo pillo, a ver si puedo-Garfio se frotó las sienes, riendo con sarcasmo-un viejo chivo loco-señaló a Merlín-el generalísimo-apuntó a Rourke-caperucita roja, el profeta Mahoma-señaló a Ariel y Aladdín-una estrella del pop insoportable, un cani de extrarradio-apuntó a Billy y a Jim-dos bichos raros y Catwoman-concluyó con Vinny, Mole y Amelia-¿este es el súper equipo de mercenarios que envía la Marina para acabar conmigo?

-¡Eh!-exclamó Billy, cabreado-¿cómo que insoportable?

De repente Rourke vio la luz. Si estaba tan claro… solo esperaba que ninguno de aquellos idiotas le fastidiase el engaño.

-La Marina no se arriesgaría tanto… ¿no crees?-dijo. Como esperaba, Garfio mordió el anzuelo. Dejó de estar al lado de Ariel y Jim y fue hacia donde estaba él de nuevo.

-No, claro que no… ¿qué has querido decir con eso? Eh, soldado… ¿qué has querido decir con eso?-le puso la pistola en la garganta, y posó su garfio en su pecho, haciéndole un feo rasgado en el traje de látex negro.

-Supongo que habrás oído hablar de "los niños perdidos", ¿no?-Rourke sonrió con desdén. De momento iba bien.

-Los niños perdidos…-Garfio alzó las cejas con incredulidad-un ejército secreto del gobierno formado por niños de embarazos no deseados, que en vez de ser abortados eran convertidos en secreto en máquinas de matar…. Una iniciativa de muy mal gusto, si se me permite.

-Efectivamente-Rourke extendió aún más su sonrisa-lo malo de ser criminal es que nunca sabes que nueva atrocidad van a inventar para liquidarte…

-También es lo malo de ser soldado-le recordó Garfio. Rourke asintió. El pirata era un adversario formidable, pues tenía una mente muy inteligente, e iba siempre un paso por delante. Ahora Rourke debía procurar que fuese dos pasos, y perdiese el rumbo-el nuevo plan del gobierno de Suburbia...-caviló Garfio-armas desintegradoras en manos de los ciudadanos más inesperados, adiestrados secretamente para luchar…

-Para asesinar a peces gordos como tú-completó Rourke. Amelia le miraba muy tensa. El farol que se estaba echando era muy osado, pero de momento le funcionaba.

-De eso no tienen ninguna prueba-le recordó Smee a Garfio, sacándolo de sus cavilaciones.

-En realidad hay una-murmuró el capitán. Miró a Smee, y le quitó la pistola de rayos, dándole la suya a cambio-solo hay una…

-Eso no te servirá con nosotros-mintió Rourke. Pero ahí se coló, porque Garfio se olió el engaño.

-¿Ah no?-preguntó, sonriendo vilmente-¿seguro?-apuntó a Rourke a la cabeza.

-Si me matas perderás la única pista que tienes para salvarte… ellos no saben nada-el general tembló un poco. Si tan solo pudiera sacar el cuchillo que llevaba guardado en el bolsillo… aunque tampoco le serviría de mucho.

-¿En serio? Pues si ellos no sabes nada, no te importará que pruebe con uno-propuso Garfio. Entonces apuntó a Ariel en la cabeza.

-¡NO!-gritaron Aladdín y Jim al unísono. Amelia ahogó un grito. Sin embargo Garfio bajó el arma, encantado con la reacción de su público.

-Ya lo he dicho, no hacemos daño a las damas-dijo, recolocándose el sombrero que se le había levantado ligeramente.

-¿Qué vamos a hacer, capitán?-preguntó Smee mirando al cielo-solo somos tres, y no quiero que nos pille el amanecer mientras viajamos…

-Los kakamora nos esperan en la corriente del sur, y ellos ayudarán con el barco-explicó Garfio-si lo que dices es cierto y esta isla no es segura, hay que sacar el tesoro de la calavera y marcharnos de inmediato.

-Es que capitán, olvidé explicaros algo…-Smee parecía un poco preocupado. Daba la impresión de que le costaba bastante hablar del tema-en la isla está… bueno, nos ha encontrado… él.

La expresión en el rostro de Garfio cambió al instante, y Jim creyó ver por un instante el miedo brillar en sus pequeños y redondos ojos. Sin embargo, el miedo fue sustituido luego por una férrea determinación.

-Entonces nos vamos-dijo con voz muy seria, y se dispuso a ir hacia el timón.

-Pero…-Smee buscó las palabras con las que dirigirse a su jefe, con el mayor tacto posible-capitán, tenemos el barco, y este arma… quizás incluso podríamos…

-¡Nos vamos ahora mismo!-recalcó Garfio, y Smee asintió con la cabeza, no atreviéndose a discutir nada más-bájalos a las celdas con Beckett, y que se queden allí.

-¿Y qué hay de la mujer?-preguntó Smee, refiriéndose a Helga. Ella estaba en el suelo, inconsciente, pero ahora parecía encontrarse en mejor estado.

Garfio reflexionó durante unos segundos.

-Llévala de nuevo a mi camarote-dijo finalmente.

-¡Necesita cuidados! ¡Déjame ocuparme de ella!-intervino Merlín, señalándose a sí mismo con agresividad. Garfio negó con la cabeza.

-Enciérralas a todas en mi camarote-le dijo a Smee-Y a ellos bajadlos. ¡Y rápido, quiero irme ahora mismo!

-De acuerdo capitán-dijo Smee, que al instante apuntó a Ariel y a Lilo, y les indicó la entrada al camarote de su jefe.

¡ROAAAAAAAAAARRRRRRR! El rugido del cocodrilo hizo que Garfio se pusiera blanco como la moribunda Helga, y mirase a Smee temblando de miedo. Jim también estaba asustado, sabía que significaba aquel monstruoso sonido, pero venía del interior de la cueva, y resonaba como un tono muy lejano. El cocodrilo debía estar lejos de la salida todavía.

-Tranquilo capitán, se ha perdido en los corredores-explicó Smee-o se ha quedado atascado. Aún tardará en salir…

-Ya no mucho-Garfio pasó del blanco al rojo, iracundo. Agarró a su segundo por el cuello de su camisa de rayas azules, temblando de rabia-¡Traidor! ¿por qué no me avisaste antes?

-No creía que fuese a hacernos nada… tenemos esa pistola…-le recordó Smee asustado. Garfio consiguió tranquilizarse. Bajó del puesto del timón, y miró hacia la pavorosa boca de entrada de la isla Calavera, reflexionando.

-Viene a por ti. Tiene mucha hambre-dijo Lilo en voz baja. Garfio alzó las cejas, sorprendido, y se giró hacia ella sin saber que decir. El pelo de Lilo se movía de un modo fantasmal al viento, y los ojos de la niña miraban grises al corrompido pirata.

-¿Nos vamos entonces capitán?-preguntó Smee, cada vez más impaciente.

-Sí, claro…-Garfio se asomó a la barandilla mirando las turbulentas aguas y después tomó una decisión: de un rápido movimiento, agarró al desdichado Molière por el cuello y lo arrojó al agua.

-¡UAAAAAAAAAAH!-el desdichado hombre-topo francés soltó un grito de horror antes de hundirse, y luego salió a la superficie chapoteando y dando gritos de espanto.

-Necesitaba un baño-dijo Garfio, encogiéndose de hombros.

-¡NOOOOOOO! ¡AGUA NOOOO! ¡TODO MENOS ESO!-chilló Molière asqueado, acercándose a la cubierta del barco e intentando escalar sin éxito-¡AYUDA POR FAVORR! ¡AYUDA, NO PUEDO…!

-Calla, mojarte es el último de tus problemas-le espetó Garfio desde arriba, escupiéndolo.

-Cabrón-le insultó Rourke, temblando, mientras Vinny se asomaba por la barandilla mirando aterrado a donde estaba su compañero.

-¡MOLE! ¡MOLE, AGUANTA, AHORA MISMO…!-¡BANG! Garfio disparó a Vinny en el muslo, haciéndolo caer. El italiano se dio con la cabeza en la barandilla, y quedó aturdido en el suelo, desprendiendo una negra mancha de sangre por la pierna.

-Nadie más va a saltar, al menos de momento-dijo Garfio guardándose su revólver en el abrigo de nuevo-si veo que viene a por nosotros, entonces tú serás el siguiente en ir con él para retenerlo. De momento tu amigo le servirá como aperitivo.

-¡MOLE! ¡NO!-gritó Vinny, pero Ralph se lo cargó a hombros y con la otra mano sujetó a Billy, que también había intentado saltar.

-Vamos a la bodega, y no quiero ningún truco-avisó Garfio-general, usted se quedará conmigo. Así tendré a alguien que me haga compañía.

Rourke gruñó, pero no se opuso. Smee encerró a Amelia, Lilo y Ariel con la inconsciente Helga en el despacho de Garfio, mientras Ralph bajaba a Jim, Billy, Aladdín, Merlín y Vinny a su celda.

"Ellos no saben lo del traje-pensó Aladdín astutamente-en cuanto nos encierre lo activamos, y vamos a por ese tío"

Las chicas corrían peligro encerradas, pero si eran lo suficientemente rápidos y recuperaban el arma de luz, podrían salvarlas y acabar con aquello. Debía de quedar ya unos tres cuartos de hora para el final de aquella pesadilla. "O Garfio, o nosotros"-pensó Aladdín, notando como los nervios le trepaban hasta la garganta.

-Bueno general-Garfio había encadenado a Rourke a la barandilla del puesto de mando con unas peligrosas esposas eléctricas, que emitían fuertes descargas cada vez que se movían. El capitán hizo girar con soberbia el timón de su amado barco, virando hacia el sur-ahora rumbo a lo desconocido.

-Sí.. claro-Rourke no podía accionar la rueda de su traje, pero miró a Garfio con la torva y firme decisión de asesinarlo, fuera como fuera.

Mientras el Jolly Roger se alejaba, los gritos de Molière resonaron en todo el mar, suplicando desesperado que no lo dejasen allí. Pero nadie le hizo caso…

A bajo en la bodega Ralph guió a los chicos hasta los calabozos, donde Beckett aguardaba sentado y muerto de aburrimiento. Al verlos entrar se incorporó.

-Era demasiado pedir que hubieran hecho lo que yo les dije-comentó el empresario con ironía.

-Mejor te callas-le advirtió Billy de mal humor.

-Entrad-les dijo Ralph, abriendo sus celdas. Ellos obedecieron mansamente, pues todos tenían la misma idea en mente. Cuando de repente, sin embargo…

A les énfants de la patrie!-Lumière cayó sobre la cabeza de Ralph como una bala, y encendió sus dos velas que tenía por articulaciones en la cara del malvado pirata.

-¡AAAAAAAAAAAH!-Ralph dio un grito de dolor mientras la piel de su rostro se calcinaba, quedándole en carne viva. Llevó sus manos a su cabeza, atrapando al candelabro, pero antes de que pudiera hacer nada Aladdín le hizo un placaje derribándolo, y Jim le reventó una tapa metálica en el cráneo, dejándolo K.O.

-¡Bien jugado colega!-exclamó Billy muy satisfecho-¡Chócala…! Bueno, mejor no

-Uahahaha… Je suis une panthère-rió Lumière, moviendo los fogonazos de sus manos con elegancia triunfal.

-Uno menos-Jim se frotó las manos con suficiencia-hay que encerrarlo.

-¿No nos lo cargamos?-preguntó Aladdín mirando al gigantesco Ralph con desconfianza.

-Eso es de capullos. Y además no tenemos armas-replicó Jim, encogiéndose de hombros.

-En la armería… hay muchas…-musitó Vinny, intentando ponerse en pie. Sin embargo el tiro de Garfio le había partido el hueso, y era imposible que se sostuviera. El dolor era muy, muy intenso, y aunque Vinny estaba acostumbrado a sufrir, aquello le desbordaba.

-Tranquilo tío-Billy le pasó una mano por detrás de la espalda y le ayudó a moverse hasta quedar apoyado en la pared.

-No tenemos nada que hacer-dijo Merlín en tono lúgubre-vosotros dos estáis heridos-indicó señalando a Vinny y Aladdín-y tú y yo poco tenemos que hacer…-le dijo a Jim.

-Eso lo dirás tú-le espetó él, mirándole con desconfianza-yo pienso cargarme a ese gilipollas ahora mismo.

-¡Ese es el espíritu!-le animó Billy.

-Yo también puedo ayudarles-dijo Beckett desde la celda.

-¿Où est mon bon amie, Molière?-preguntó Lumière con curiosidad. Nadie dijo nada, angustiados, excepto Vinny, que levantó la cabeza.

-No hay más tiempo. Tenemos que matar a Garfio y volver a por Mole antes de que se lo coma ese cocodrilo-dijo muy serio. Aladdín y Jim asintieron, pero Merlín seguía sin estar convencido.

-¿Has visto a esa bestia? Si retrocedemos tenemos una posibilidad sobre mil de vencerlo-musitó.

-No si recuperamos la pistola de rayos-sugirió Billy.

-La próxima vez que te caigas tú, recordaremos esto-le dijo Jim a Merlín, apretando los puños. Definitivamente, odiaba a aquel viejo.

-Es que yo nunca me he caído-contestó Merlín con voz seca. Jim iba a contestar, pero Aladdín lo cortó ahí.

-Vámonos a por él ya. Necesito tu ayuda Jim-pidió, preocupado.

-Sí, vale-Jim cogió las llaves del bolsillo de Ralph y liberó a Beckett.

-Si os ocupáis de mi seguridad, os garantizo una generosa compensación cuando volvamos a tierra-dijo el lord inglés en tono profesional.

-Ya-replicó Aladdín, sonriendo-Ahora mismo tengo otras cosas de las que ocuparme.


WOOOOOOOOOOM… El Jolly Roger emitió un ruido ensordecedor al despegar. Cargado hasta arriba de energía, se elevó por encima de la isla de la Calavera y de la carabela en la que Jim y el resto habían llegado. El barco se estaba hundiendo poco a poco en el mar, debido a los destrozos que el ataque del cocodrilo le había provocado. Ninguno de ellos se había topado nunca con una bestia semejante.

El poco cabello que tenía Rourke se zarandeó con la brisa de la noche mientras Garfio soltaba una risotada de satisfacción y daba un giro al timón, inclinando el Roger en vertical para que ascendiese a las nubes.

-Hasta la vista, Calavera-se despidió Garfio-gracias por los buenos momentos.

-¿Qué hay del oro de dentro? ¿Cómo lo vamos a recuperar?-preguntó Smee subiendo al puesto de mando después de haber asegurado por tercera vez la puerta del despacho de Garfio.

-A eso vamos idiota-replicó su capitán mirándole con suficiencia-nos reuniremos con los kakamora y ellos volverán para hacernos el trabajo sucio y recuperar el tesoro-Garfio giró de nuevo el timón y el barco recuperó su posición neutra. Ya se encontraban a una buena altitud, la isla Calavera era tan solo un punto en un inmenso y oscuro mar-además tenemos a Beckett, y si esto sale bien no necesitaremos ese tesoro para nada. Lo suyo vale más que mil tesoros.

Rourke, que había estado pensando un modo de liberarse y asesinarlos a los dos, se quedó súbitamente paralizado. ¿Había oído bien? ¿Mil tesoros? Incluso en una situación crítica como en la que se encontraba había tiempo para la codicia.

Garfio se percató de su mirada, y se apoyó en el timón sonriendo.

-Si general, mil tesoros. Y has tenido la oportunidad de aprovecharlo… ¿por qué no lo has hecho?-le preguntó con interés-sé de buena tinta que eres un tipo que no deja pasar una oportunidad así.

-Si me liberas, te lo explicaré-propuso Rourke, y Garfio soltó otra ronca carcajada.

-No, no lo creo. Pero empiezo a impacientarme. Quiero saber cómo habéis creado esas armas-Garfio acercó su garra metálica hasta la garganta de Rourke e hizo presión-imagino que te habrán entrenado para resistir bien el dolor. Pero a mí me han entrenado para provocarlo aún mejor.

-James Garfio… pirata hijo de piratas…-musitó Rourke con voz leve. Garfio sonrió complacido.

-Me alegra ver que ambos conocemos nuestras reputaciones-dijo, y volvió a girar el timón. Pareció pensar en algo durante unos segundos-Smee…-llamó a su segundo de abordo, que consultaba un mapa holográfico.

-¿Capitán?-dijo el viejo alzando las cejas.

-Quédate vigilando a nuestro héroe de guerra-ordenó el capitán observando su garfio como si lo estuviese mirando por primera vez-yo voy a ver a nuestras distinguidas invitadas…

-No creo que sea necesario, capitán-replicó Smee contrariado-ya las he encerrado, y pueden intentar algo…

El Capitán Garfio levantó la vista de su garfio y miró a su segundo con una mezcla de burla e incredulidad. ¿Intentar algo? ¿Contra él? Smee lo captó al instante.

-Sí, de acuerdo-dijo, agachando la cabeza con cortesía-yo me quedo…

Garfio asintió complacido, y luego bajó las escaleras a su camarote con elegante lentitud. Los movimientos de Garfio tenían un exagerado corte aristocrático que él disfrutaba haciendo. Sus refinados modales y buen porte le hacían sentirse superior al resto de la repugnante escoria de la que se solía rodear en su barco, y se sentía obligado a remarcar sus diferencias con ellos en todo momento. Era como si ellos fuesen piratas y él también… pero de otra categoría.

-¿Se puede?-preguntó Garfio abriendo los tres cerrojos de la puerta de su camarote y sonriendo como un padre que acaba de llegar al hogar. Oculta en su mano izquierda, tenía su fiel pistola, listo para actuar si fuera necesario. No había que olvidar que aquellas chicas eran un peligro en potencia, especialmente la capitana Amelia.

El camarote estaba muy oscuro, pero enseguida sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, y distinguieron los ojos de tres de ellas, puestas en pie, y una última, tumbada sobre su cama. Debía de ser la mujer herida.

-¿Qué quiere?-preguntó Amelia con voz seria.

-¿No estaríamos mejor con la luz encendida?-preguntó Garfio mirando las cortinas, que ellas habían echado.

-Nosotras preferimos estar así-contestó la capitana, glacial.

-Ya… ya…-Garfio fue hacia su lamparita del estudio y la encendió, iluminando con una titilante luz amarillenta la sala. Por supuesto prefería no fiarse. Vio los rostros de las tres mujeres, pálidos y asustados, pero que le dirigían miradas de intenso desprecio. Sobre todo la niña-bueno… creo que hemos empezado con mal pie… y eso que no era mi intención.

-Claro-ironizó Amelia, cruzando sus brazos. Garfio se sentó sobre el pico de la mesa en la que solía trabajar y observó a las mujeres en silencio. Eran muy hermosas, cada una a su estilo. La pelirroja tenía un cabello muy llamativo, y le sorprendieron el gran tamaño de sus pechos. Amelia se adelantó un poco. Echaba chispas por los ojos. A Garfio le gustaban las mujeres que echaban chispas-escucha, voy a ser clara. Déjalas marchar a ellas, y también a los chicos de abajo. Esto es un asunto de Rourke y mío.

-Ya, el general parece estar en esto hasta el cuello, es cierto-Garfio se quitó el sombrero y sacudió sus plumas con cansancio. Luego miró a Amelia con tristeza-sabes que no puedo hacer eso. Esta noche podríais haberme matado, y aunque puedo perdonarlo, debo asegurarme de que no se vuelve a repetir.

-Créenos cuando te decimos que no tenemos elección-dijo Amelia con dureza. Garfio arqueó una ceja, extrañado, pero la capitana no dijo nada más. Se hizo un incómodo silencio, que duró un tiempo indefinido. Finalmente fue el capitán quien lo rompió de nuevo.

-¿Cómo está la rubia?-preguntó, señalando al lugar donde reposaba Helga. Apenas podía verla, porque estaba cubierta de mantas.

El capitán no pudo advertir, y fue una suerte para ellas, que Ariel y Lilo se habían puesto aún más pálidas, y se habían lanzado un fugaz vistazo. Afortunadamente Amelia no perdía la calma con tanta facilidad.

-Está muerta-dijo, y cerró los ojos un momento, con evidente tristeza.

-¿Ah sí?-Garfio se incorporó, sorprendido, y fue hacia ella-¿puedo verla?

Ariel y Lilo temblaron un poco, y Amelia se puso en medio de Garfio, impidiéndole acercarse más.

-Preferiría que no-dijo con voz seca-tú eres el culpable de esto.

-Sabes que no mato mujeres, es algo que aborrezco-dijo Garfio, intentando apartarla.

-Eres un mentiroso. Has matado a más mujeres de las que podrías contar-le espetó Amelia. Garfio se olvidó de Helga y se encaró con ella, claramente ofendido.

-Yo tengo mi código de honor. Soy un pirata… pero también un hombre-dijo, irguiéndose cuan alto era.

-¡Ja!-Amelia se irguió también, y era un poco más alta que Garfio. Su rostro quedó pegado frente al suyo, asesinándole con la mirada-eres un ladrón y un asesino. Y no hay honor entre los ladrones y los asesinos. Solo hay basura.

Garfio levantó su nariz indignado hasta un ángulo tan alto que pareció que se le iba a caer el cuello. Amelia respiraba agitadamente, furiosa.

-¿No matas mujeres porque nos consideras muy delicadas? Por mí pégame un tiro ahora mismo-le dijo. Sus mejillas se habían teñido ahora de un curioso color rojo-adelante, acércate a ver su cadáver, puedes montártelo con ella aquí mismo, delante de la niña.

Garfio encajó aquella última frase como si Amelia le hubiese dado un bofetón. Se quedó aún más impactado cuando vio que una lágrima asomaba por el verde ojo de ella. "¿Qué rayos pasa esta noche?"-se preguntó a sí mismo, pasmado.

-De acuerdo, vale, me voy-dijo finalmente, poniéndose de nuevo su sombrero, y dirigiéndose a la salida-pero permitidme un consejo: si de verdad queréis salir de esta, tendréis que colaborar un poco más.

-Te aseguro que si pudiese, lo haría-dijo Amelia, apretando los dientes. Garfio asintió lentamente y luego abrió la puerta, listo para marcharse.

-Y Amelia-dijo antes de cerrar. Se miraron unos instantes-lo siento mucho… de verdad.

Después de cerrar la puerta, Garfio pudo escuchar a la perfección la suave voz de la niña pequeña.

-¿Mole va a morir Amelia?-preguntaba.

-No cariño, claro que no… yo no lo permitiré-dijo la capitana, y aunque no pudo verla, Garfio supuso sin poder evitar sentir cierta ternura que ahora ella la estaba abrazando.

Lo que no sabía es que las tres estaban hiperventilando, histéricas pero aliviadas de que no lo hubiese descubierto…


-No lanzará rayos, pero prefiero las cosas a la vieja usanza-Aladdín puso el cargador de balas en una de las dos enormes pistolas que había conseguido en la armería. Se había cogido también una granada de mano, dos cuchillos y otra pistola más. Jim por su parte se había colgado un fusil a la espalda, y tenía otras dos pistolas también.

-Dios mío…-Merlín estuvo a punto de disparar su arma, pero Jim le frenó a tiempo. Fulminó con su mirada al viejo, bastante cabreado.

-Ten cuidado Merlín, si no te conociera diría que quieres jorobarnos el ataque-comentó Billy, observándole con frialdad.

-¿Qué?-saltó el mago, escandalizado.

-Ellos son solo dos, y nosotros cinco-dijo Beckett, que había cogido también dos pistolas-Sería imposible no matarlos.

-No hay nada imposible-dijo Aladdín guardándose otra pistola en su otro bolsillo-es algo que he aprendido.

-Al parecer morir sí-comentó Jim con ironía, y Billy rió.

-Bueno… pues vamos a por ellos-dijo, con su habitual cara de "quiero bronca loca".

En ese instante sin embargo, algo cayó delante de ellos. Jim soltó un taco, y Billy gritó como una nena hasta que Aladdín le tapó la boca.

Era Lilo. E instantes después apareció Ariel. Habían atravesado el techo con la habilidad de su traje, y apenas llegaron se incorporaron y se colocaron en una extraña posición, sin apenas fijarse en ellos.

-Esto… hola-dijo Jim, mirando perplejo como ellas los ignoraban totalmente.

En unos segundos entendió por qué: el cuerpo de Helga bajó del techo seguido de las manos de Amelia que la bajaba, y entre Ariel y Lilo lo cargaron y dejaron en el suelo.

La capitana bajó luego también, haciendo un sonoro estrépito al aterrizar en el suelo.

-Este traje tiene sus ventajas, después de todo-comentó Amelia estirando su esbelta figura y mirándolos con satisfacción. Luego reparó en algo-¿y el italiano?

-Está en una celda, con el candelabro-se apresuró a explicarle Jim. Amelia le miró con fijeza, y él se cortó un poco. Para su sorpresa ella sonrió. Se alegraba mucho de verlo con vida.

-Tenemos que matarlo ya mismo-dijo Aladdín adelantándose-no debe de quedar más de media hora.

-¿Y cómo volveremos luego a Suburbia?-preguntó Beckett, impaciente.

-Bueno, eso es fácil-le contestó Amelia calmada-Nosotros podemos pilotar el barco. Lo primordial es asesinarlo ahora mismo.

-¿Puedo preguntar por qué?-preguntó Beckett, que cada vez sentía más interés por todo ese asunto.

-Porque sí, ahora no hay tiempo para eso-le cortó la capitana, impaciente-a ver, atención, tengo un plan. Y hay que efectuarlo ya mismo, o ella morirá.

Todos se giraron hacia Helga, a la que Ariel y Billy habían arrastrado hasta un recodo del pasillo, y examinaban con cuidado. Parecía mejor, pero continuaba dormida, y su rostro estaba hinchado y muy rojo.

-Ha sido difícil traerla-le dijo Lilo a Jim, que se encogió de hombros.

Todo había sido gracias a Ariel. En cuanto Smee las había encerrado en el camarote, les contó a Lilo y a Amelia el plan que había trazado para escapar. Las tres se desintegraron y bajaron a Helga hasta la primera planta de la bodega, pero entonces Amelia, que continuaba en el camarote, escuchó a Garfio abrir el primer cerrojo, e hizo subir a las otras dos de inmediato. Cogiendo un montón de mantas ella y Lilo prepararon el "cuerpo" de Helga mientras Ariel cerraba todas las cortinas y apagaba la luz, confiando en que él no se diera cuenta. Se habían arriesgado muchísimo, pero por suerte (mucha, muchísima suerte) el pirata no las había descubierto, gracias en parte a su cegadora debilidad por el sexo femenino.

Cuando Garfio se marchó pudieron seguir con el plan y bajar a Helga a la segunda planta de la bodega, donde Amelia suponía que encontraría a los demás preparándose para atacar a Garfio. "Espero que se les haya ocurrido utilizar su habilidad como a nosotras"-le había dicho a Ariel mientras arrastraban el cuerpo de Helga pasillo a bajo.

-Usando la rueda desapareceremos, rodearemos a Garfio en cubierta y dispararemos sobre él-explicó Amelia, dando un puñetazo a la pared con convencimiento-y da igual cuantas balas gastemos.

-Recuerde que él tiene la última pistola de luz-la advirtió Merlín.

-Pero si lo rodeamos no podrá disparar a todos. Y cuento con no darle tiempo-dijo Amelia-¡vamos!-les instó a seguirla.

-Un momento, un momento-para sorpresa de todos, fue Billy quien habló, y lo hizo con un tono muy maduro-hay una cosa que olvidáis-dijo, señalando la rueda de la muñeca-el poder del traje tiene un tiempo limitado… luego se agota. Eso puede meternos en un embolao.

-¿A qué te refieres?-preguntó Amelia extrañada.

Billy recordó como en la aventura anterior en el barrio de Sherwood al enfrentarse a los matones de Juan en la sala del trono se había desvanecido varias veces, hasta que repentinamente el poder del traje se agotó, y había estado a punto de pagarlo con su vida.

-El traje es como las armas…-dijo, preocupado-no dura mucho rato.

-Maldición-siseó Amelia, observando la rueda de su muñeca.

Fue entonces cuando la paciencia de Jim se terminó. Hasta entonces había contenido su nerviosismo, sobre todo debido al terrible shock que había sido para él encontrarse a Lilo, pero en ese instante una fría determinación, ese impulso de luchar que solo se había apoderado de él cuando había creído ver morir a Ariel asesinada por los hombres del Príncipe y había luchado contra el poder del dardo tranquilizante de Silver para sobrevivir. Ese impulso que le había salvado la vida, y que debía salvársela ahora.

-¿Qué más da?-dijo, furioso. Todos le miraron extrañados-somos más, y él no se lo espera. Dejemos de perder el puto tiempo y matémoslo de una vez.

Los demás se miraron, sorprendidos e inseguros.

-Sí-dijo Aladdín hablando en nombre de todos-borrémosle esa sonrisa de la cara de una vez.

-¡SÍ!-exclamó Billy emocionado, alzando su arma enardecido.

-Perder el tiempo…-Amelia pareció recordar algo, y de repente palideció. El tiempo… acababa de recordar… se había guardado el reloj…

-¿Qué pasa?-Jim se había dado cuenta de que algo no iba bien, y se acercó a Amelia.

-Nada…-del bolsillo que estaba pegado a su pierna izquierda, Amelia sacó el viejo reloj de latón que Rourke había encendido antes de encontrar la tormenta. Habían tenido mucha suerte de que no se perdiera con la tormenta.

"Tic-tac, tic-tac….". El reloj emitió aquel rechinante y mecánico sonido de un modo siniestro y perturbador. Amelia se lo acercó al oído y lo escuchó con atención. Aquello había salido de la esfera negra y Rourke lo había cogido… había algo raro en él… de eso estaba segura….

Por una instante lo vislumbró, cuando el barco dio un tremendo parón, y todos perdieron el equilibrio.

-¡Joder!-Jim se agarró como pudo a la pared y agarró a Lilo para que no se cayera.

-Hablas muy feo-dijo la pequeña, mirándole con los ojos muy abiertos.

-¿Qué coño pasará ahora?-gruñó Billy, levantándose malhumorado tras haberse caído de espaldas.

-Los aliados de Garfio han llegado-fue Beckett quien los vio, asomado por la boca de uno de los cañones que había al final del pasillo.

-Cuidado, que no te vea-Amelia le obligó a meter la cabeza con rudeza, y luego se asomó ella, con mucha cautela-oh, no…

-Hablabais de no perder el tiempo-comentó Beckett con ironía, apoyándose en la pared fríamente-me produce cierta ironía…

-Joder…-Jim se asomó también. En la cubierta de babor del Roger una barcaza de unos treinta metros de anchura se había detenido, y había tendido un puente para desembarcar-mierda… ¿Ahora qué…?

La mano de Aladdín se posó en su hombro. Jim se volvió para encontrarlo con una sonrisa calmada y la decisión brillando como un fuego fulgurante en sus ojos.

-Vamos-dijo, levantando la pistola que llevaba en su mano derecha.


-¡Kakamora! ¡Ek uta nar malashi tomapeia!-Garfio avanzó con los brazos extendidos por el puente de cubierta, mientras Rourke permanecía encadenado en el timón, y miraba la escena desolado.

Tomei guru guru hai!-el jefe de los kakamora levantó sus brazos devolviéndole el saludo a Garfio, y dando un ridículo saltito se encaramó hasta su pecho y le estrechó como a un hijo. Garfio soltó una falsa risotada, aparentemente encantado de verlos.

Ciertamente lo estaba, aunque con todos los problemas que tenía encima tampoco tenía mucho tiempo para celebrar reencuentros. Los necesitaba más que nunca, sobre todo ahora que estaba solo, y seguramente se encontraría con problemas.

Los kakamora eran un pueblo de origen misterioso, provenientes de una isla tan alejada del perímetro de control de Suburbia que ni aparecía en los mapas. Más allá de la zona de brumas y tormentas, y del cinturón de aguas gélidas, se encontraba la isla de Pai Pai, donde Garfio, en uno de sus largos viajes cuando aún era el segundo de a bordo de Barbanegra. La isla era un paraíso tropical con animales extraños, de los que los kakamora se alimentaban. Al desembarcar, habían intentado también zampárselos a ellos, pero con su fácil palabrería y educadas formas, Garfio había conseguido ganárselos, y pronto celebraron la cena de la unión, en la que hicieron un juramento de sangre y unión (Garfio aún no había perdido su mano izquierda, y fue de ella de la que se rajó la palma). Tiempo después, cuando regresó a Pai Pai convertido ya en el terrible capitán pirata que era, Garfio se reencontró con los kakamora y consiguió unirlos a su causa, corrompiéndolos con oro y joyas, y promesas de poder y gloria que en fondo le importaba bien poco cumplir. Los kakamora dejaron su isla embarcados en sus primitivas barcazas, y no tardaron en hacerse respetar en todo el mar, asaltando primero pequeños pesqueros, y luego especializándose en el saqueo de cruceros.

Describir el aspecto de estos seres era bien sencillo: se trataban de extraños cocos tropicales con un rostro pintados en ellos, y piernas y brazos saliéndoles de los lados, como una extraña bola humanoide. Los marineros y piratas contaban en la taberna que estaban malditos (la explicación pirata a casi todo). Un miembro de la sociedad secreta de la Estrella Azul como Merlín lo explicaría de un modo muy distinto: los cocos habían sufrido la famosa radiación H que otorgaba poder a los magos y brujas, y eso había alterado su cadena genética y los había convertido en monstruos.

De cualquier forma, eran criaturas letales, y con muy mala leche. Suerte para Garfio el saber tratarlos.

-Volveremos a la isla a por el tesoro, y cuando me lo subáis al barco, la volaremos en pedazos-les explicó el capitán en su idioma nativo, el ketrapu. El jefe de los kakamora se mostraba un poco reticente, sobre todo por el asunto de que el cocodrilo podía seguir morando por ahí, así que Garfio tuvo que usar toda su astucia para convencerlo-mis hombres no han podido derrotarlo… solo los grandes guerreros de kakamora podríais ayudarme ahora.

Eso complació al jefe de la tribu, que alzando sus brazos de nuevo anunció a sus compañeros lo que harían a continuación.

-Perfecto-Garfio sonrió satisfecho-¡SMEE!-llamó a su leal segundo de abordo.

-¿Capitán?-el viejo, que había permanecido al lado de Rourke vigilándolo, se acercó a la barandilla del timón para escuchar las órdenes de su jefe.

-Volvemos a la isla-anunció él-baja a comprobar cómo le va a Ralph, y prepara los cañones para destruirlo todo en cuanto hayamos terminado.

-¿Y el cocodrilo?-preguntó Smee agudamente. Garfio giró el arma de luz en su mano con satisfacción.

-Tengo un regalo para él. En agradecimiento por tan buenos momentos.

Rourke arqueó una ceja, sin comprender. El capitán regreso al timón y lo hizo girar, mientras los kakamora corrían como pequeñas hormiguitas a sus puestos en el Jolly Roger. La barcaza en la que habían llegado se había adherido a la popa del barco, como las piezas de un juguete de construcción, encajando perfectamente. Era un ingenioso mecanismo que el ingeniero de Garfio había inventado para las ocasiones en que colaboraban con los guerreros de Pai Pai.

-Hoy ha sido un día extraño…-reflexionó Garfio, atusándose su bigote pensativo-pero tengo la impresión de que va a mejorar…

Rourke no se atrevió a forcejear con las esposas para no sufrir otra descarga, pero por su mente pasaron todo tipo de ideas asesinas para acaba con él.

En la bodega, Smee bajaba con gesto arrogante cuando Aladdín apareció detrás suyo y le tapó la boca.

-¡Mmmmmm!-el anciano pirata abrió mucho los ojos e intentó zafarse de él, pero cuando Jim y Billy aparecieron delante suyo desistió.

-Ya no eres tan chulo putas ¿no Eems?-le vaciló el Cobra, cabreado.

-Si le disparamos lo escucharán-susurró Aladdín.

-No es necesario hacerlo-Jim golpeó a Smee con la culata de su pistola en la cabeza, dejándolo inconsciente.

-¿Y cuándo se despierte?-preguntó Billy, mirándolo con desdén.

-No lo hará-Aladdín se acercó a Smee con su cuchillo y se lo hundió en el cuello mientras le tapaba la boca de nuevo. El gordinflón pirata se retorció dolorido, pero segundos después su cabeza cayó al suelo, inmóvil y empapada en sangre.

-¿Está… muerto?-preguntó Jim, mirando a Aladdín con cierto miedo. Él habría vacilado al hacer algo así…. O ahora tal vez no.

Aladdín sin embargo tenía una cuenta pendiente con Smee por haberlo engañado. Él le había defendido ante Rourke, y había incluso cometido el error de apiadarse de él. Grave error en el código de los bandidos.

-Espero que la gata se ciña al plan-dijo Aladdín mirando a Smee con desprecio mientras lo encerraba en una de las despensas. El anciano desprendía mucha sangre, y aún se movía a espasmos-¿estáis listos?

-Claro-Billy reajustó el cargador de su fúsil-¿vamos?

-Vamos-Jim, con dos pistolas en mano, echó a correr hacia las escaleras de salida de la bodega, seguido de los otros dos. Notó en su cuerpo la tensión de saber que en cuanto saliesen a cubierta, alguien sí o sí moriría. Pero, y aquel fue un pensamiento muy extraño… ¿qué significaba morir?


Las aguas de la isla Calavera ya se habían calmado tras el despegue del Jolly Roger. La negrura de la noche había vuelto a engullirlo todo, a excepción de la leve luz de las estrellas. Solo se escuchaba el nervioso chapoteo de Mole, que parecía a punto de ahogarse.

-¡Socorrrro! ¡Porr favorrr, ¿alguien va a ayudarrrrme?!-sabía de sobra que no. Ellos se habían ido, y aquel maldito pirata se la había jugado bien. Ahora estaba todo perdido, y probablemente todos morirían. Aunque en aquel momento la prioridad era él.

Flotando en medio del agua, Mole tardó un rato en tranquilizar su miedo al líquido traslúcido. Era algo que le venía de mucho tiempo atrás, un trauma de la infancia, cuando casi se había ahogado en su madriguera. Consiguió dominarse haciendo un gran esfuerzo mental, y cuando por fin tomó control de sí mismo, intentó nadar hasta las rocas de la isla Calavera. Supuso que podría secarse allí y esperar a ver que ocurría. No había entendido muy bien lo que ellos habían explicado, pero si lo tenía claro todos volverían a casa si conseguían matar a Garfio. Esa era su única posibilidad.

-Oh vaya… perrra suerrrte-Molière nadó como pudo hacia las rocas, cuando un extraño sonido gutural lo alertó. Un sonido que no tenía nada de humano… él ya lo conocía-¡OH NO!

Provenía de la boca de la cueva. Sin saber qué hacer, Mole nadó en dirección contraria, a mar abierto, pero iba muy lento, y el cuerpo le temblaba como nunca antes. Tenía que alejarse de aquel monstruo como fuera, dejarlo atrás… Presa del pánico vio como una enorme masa negra salía de la boca de la cueva y se deslizaba hacia él cortando las aguas.

-¡NO, NO! ¡AYUDA, PORR FAVORR! ¡COCODRRRILO!-Mole nadó lo más rápido que pudo, pero la fiera ya estaba encima de él. Sollozó. Ojalá hubiera podido hacer algo mejor. Ojalá hubiera podido plantarle cara de algún modo.

-¡Luces!-la imperiosa voz del comodoro Norrintong fue para Mole como oír la voz de Dios. Encima suyo apareció repentinamente la sombra de un enorme buque, casi tan grande como el de Garfio, con las banderas de la Marina y de Suburbia ondeando en lo alto. El barco encendió sus focos e iluminó la roca Calavera y sus contornos mientras descendía de las alturas para aterrizar en el agua.

-¡EH! ¡EH, AQUÍ!-Molière los llamó con voz muy aguda, mientras el cocodrilo seguía acercándose a él. La bestia había decelerado su marcha, parecía entender lo que significaba la llegada de aquel barco-¡AQUÍ PORR FAVORR! ¡AYUDA! ¡SOY YO, MOLIÈRRE!

-¿No escucha usted algo, comodoro?-preguntó Grooves a su superior, extrañado.

-Sí, es cierto-Norrintong se asomó por la barandilla de estribor, pero Mole le quedaba aún lejos, y estaba a babor-parece que hay alguien…

-¡AQUÍ! ¡AQUÍ PORRR FAVORR!-Mole chilló desesperado. Unos marines escucharon sus gritos y fueron hacia estribor para ver quien era-¡MOLIÈRRRE…!

¡GRUOOOOORP! El nefasto cocodrilo surgió de la nada: su cabeza se asomó de entre las aguas y atrapó a Mole entre sus gigantescas fauces, hundiéndolo con él en el oscuro mar. Él intentó resistirse, pero no pudo. La fuerza del cocodrilo era inmensa, y en unos segundos lo había arrastrado hasta el fondo. Lo último que vieron los ojos del desdichado hombre-topo fueron las turbulentas aguas agitarse y los llameantes ojos del cocodrilo, moviéndose al compás de un "tic-toc".


-Era un gran hombre…. Y mi mejor amigo-Vinny bebió de la jarra de ron con avidez, mientras recordaba con amargura a su compañero. Algunas gotas cayeron en la herida de su pierna, y él notó como el escozor le recorría el cuerpo-nunca podré olvidarlo… le debo tantas cosas…

-Sacre bleu, ni que él hubiese muegto todavía-se escandalizó Lumière. Se acercó a Vinny y le calentó con la llama de sus velas-¡Debes confiag, amigo de condena!

-No puedo tener fe-susurró Vinny, hundiéndose en sus rodillas.

-La fe se tiene en cosas que no existen-Lumière movió la luz de sus velas con desdén-si tú lo sabes… es como es.

Vinny iba a decir algo, cuando Ralph se incorporó en la celda donde lo habían encerrado. El italiano, Lumière y el pirata continuaban en el calabozo, pues Vinny no pudo seguir a los otros para ayudarlos, habría sido una carga, y Lumière prefería ir "a su humo".

-Vosotros…-Ralph aún estaba aturdido, pero viendo a Lumière pareció recordar-¡TÚ! ¡JODER!

Corrió hacia los barrotes de su celda y empezó a aporrearlos. Haciendo gala de su fuerza titánica los dobló poco a poco, intentando hacerse hueco para salir.

-Niño, quieto, aquí nada de tonterías-dijo Vinny, apuntando a Ralph con la pistola que le habían quitado.

-¿Alguna vez has pensado que el fgancés es el idioma ideal? Es como el sexo... quiego decig… en ningún otgo idioma las cosas suenan tan bien y a la vez tan mal-comentó Lumière, como si tal cosa.

-Hijo de puta…-Ralph miró al candelabro furioso-os mataré…

-¿Porquoi? Quisiega sabeg si no es mucha molestia la gazón de todo tu fureur-replicó el candelabro sin perder la calma. Daba la impresión de que disfrutaba viendo a Ralph desesperándose así.

-Ya te lo avisé antes grandullón-dijo Vinny-como intentes algo estás muerto, yo no estoy para bromas.

-Gagfio mogigá pgonto-dijo Lumière, y su luz se iluminó un poco más, dándoles calor-mígalo pog el lado positivo, te puedes quedag con el bagco, y tal vez con el tesogo…

Ralph, que se había sentado (no había mucha diferencia si hubiese estado de pie) miró a Lumière desolado. El candelabro percibió la desolación en su mirada, y ladeó la cabeza, curioso.

-Hay algo que no va bien ¿C'est vrai?-preguntó, acercándose a él.

Ralph le dio la espalda, furioso, pero luego le miró de nuevo. Lumière sonrió con gentileza, y entonces, por algún impulso que no fue capaz de comprender, el grandullón decidió contarlo todo.

-Yo también quiero ver muerto a Garfio…-explicó. Lumière se volvió a Vinny, que seguía bebiendo de la jarra de ron, y le dirigió una mirada muy elocuente-lo deseo más que nada en el mundo… pero él… él tiene a mi niña…

Lumière formó una "O" perfecta, cómica, con sus delineados labios de cera. Luego volvió a mirar a Vinny, no pudiendo contener su ácida lengua.

-Adogo las histogias dgamáticas…-dijo, pestañeando como un divo-bien, bien, Monsieur Pirate… cuéntame…

-Solo espero que esto acabe pronto, de un modo u otro-dijo Vinny, intentando hacer fuego con dos trozos de madera que había arrancado del suelo del barco.

-Antes de lo que cgees, amigo mío-dijo Lumière. Su luz resplandeció en la tétrica celda, alejando a las sombras que estaban al acecho.


Bueno, si os gustó dejadme un review con vuestras impresiones. Si no os gustó, pues también, que las críticas siempre son bien recibidas (pero no os paséis de haters, je). Tengo tres preguntas que me gustaría haceros más que nada por curiosidad:

1. ¿Cuál es vuestro personaje favorito hasta ahora?

2. ¿Cuál ha sido la muerte que más os ha apenado?

3. ¿Qué personaje tenéis más ganas de ver, que todavía no haya aparecido?

Espero vuestras respuestas y reviews, que son un regalo para mí.