ADEVERTENCIA: Espacios geográficos no exactamente correctos.
Construyamos unas alas
Parte XI:
Silencio, esta durmiendo
Cuando llegaron a la clínica privada, Steve se sentía más como en un hotel de cinco estrellas.
Primero, un empleado de parketing se encargó de llevar su auto y era muy obvio que le pagaban por su amabilidad tomando en cuenta la sonrisa tan fría que le dio. Segundo, la enfermera en recepción no lucía ni la mitad de agotada o malhumorada a lo que estaba costumbrado, incluso en un hospital del ejercito; con el cutis limpio, apenas notables arrugas en su rostro combinando con el cabello blanco pulcramente recogido, fue tan amable de saludarlo y hacerle pasar a la habitación de Happy Hogan.
Sería la primera vez en semanas en poder visitar al hombre moribundo, pero Peter ha hablado con él por medio de Skype y parece que se tomó la noticia de su empleo como algo bueno, o lo mas cercano a ello tomando en cuenta lo gruñón que puede ser el hombre. Ese tipo de carácter ni el mejor hospital del mundo podía hacer un cambio. Y para Steve era divertido.
Los pasillos típicamente blancos con luces aún mas cegadoras, apenas un leve cambio en el piso de habitaciones para rehabilitación. Ahí se encontraba otra circular estación de enfermeras mucho más pequeña, centrada y a sus cuatro puntos cardinales, los pasillos correspondientes con puertas cerradas.
Peter tomándole su mano diestra, con la izquierda le hizo un saludo a la amable enfermera quien respondió enternecida y luego a él una señal de reconocimiento, pasaron frente a ella para toparse con la primera puerta del lado norte; habitación 402N, estaba grabado en la madera y dio tres golpecitos.
Peter prácticamente saltaba en su sitio.
— ¡Quien quiera que seas, entra ya!
Steve con todas sus fuerzas no rodó los ojos ante la muestra de bienvenida, pero Peter soltó una risita entusiasmada.
Abriendo la puerta y sin perturbarse de seguir viendo más blanco en aquella habitación, Steve dejó la puerta entreabierta mientras Peter se soltaba de él y corría con sus pequeñas pero veloces piernecitas
— ¡Happy!
— ¡Engendro del mal! — gruño "feliz" el paciente en el centro del cuarto, donde observaba con una sonrisa enmascarada en muecas como el niño luchaba por subirse a la cama — ¡Eh, Rogers!
— Hogan. — respondió al saludo — Es bueno volver a verte y con bien.
— Qué te digo, existimos hombres duros de morder.
Dímelo a mí, pensó Steve con ironía. Debe darle su reconocimiento y total respeto a Happy Hogan, porque después de haber tenido perforado dos veces un pulmón, la arteria femoral, daño en la arteria carótida y el epigastrio con balas calibre cincuenta de punta expansiva, a tan sólo tres semanas y con sólo haber pasado por dos cirugías de emergencia, ahí estaba el hombre, vivo como si nada. Steve conoció soldados, tuvo compañeros y superiores con heridas horribles y hasta perdidas de miembros de sus cuerpos, pero a la semana siguiente unos despertaban con determinación en sus ojos y otros se disponían a ir de vuelta a la batalla sin miedo. Existían hombres como Bucky, como Happy Hogan, que lograban lo extraordinario pese a lo oscuro que se volvía el escenario.
Ahí estaba, el exguardían, sentado en su camilla que lucía tan cómoda como la que tenía en su apartamento VIP, televisión encendida y la basura desechable de lo que fue su comida ese medio día, pasando con sus ojos chicos y arrugados sobre el niño que seguía peleando por ponerse encima de él.
— ¡Hey! ¿Necesitas ayuda ahí, enano?
— ¡N-no! Y-ya, me-merito.
— Ya merito me hare viejo. ¡Eh, Rogers! Apiádate de él, échale una mano.
— ¡Y-yo pue-edo…! ¡Wow! — en silencio, Steve lo tomó debajo de sus bracitos y elevó fanfarroneando en el aire mientras el niño reía, para luego dejarlo en la esquina de los pies del paciente.
— ¡Gracias Steve! — Peter le sonrió, para luego empezar a gatear entre las piernas de su antiguo guardian y detenerse frente a él, arrodillado.
— ¿Qué tienes ahí, Pijamitas?
— Un minuto. — con movimientos cuidadosos, Peter puso su mochila enfrente y de ella sacó un cuadro de papel envuelto por un listo azul y moño en el centro. Se lo tendió a Happy y este lo tomó con manos temblorosas y una cara de total confusión.
— ¡Ábrelo, ábrelo!
— ¿Y esto?
— Es mi muestra de agradecimiento, por salvarme de los tipos malos. También por ponerte terco con los doctores y quedarte con nosotros otro ratito. Bueno, así me dijo Tony.
— ¿Qué es?
— ¡Pues ábrelo para que lo sepas! — los ademanes que Peter hacía con la mano, eran en verdad dramáticos, pero lo suficiente convincentes para que el otro adulto jalara del listón y quitará el moño, permitiendo que la hoja comenzará a desdoblarse con ayuda de sus torpes y anchos dedos.
Steve, quién se fue moviendo según Peter lo hizo sobre la camilla, tenía la vista perfecta para observar el dibujo indiscriminadamente y sin que lo tacharan por entrometido. Hogan, quien parecía estar en un estado de estupefacción ante los colores plasmados, dejo el dibujo estirado sobre su estómago; con algo más que imaginación, se podía observar que los dibujo a ambos, exguardían y protegido, jugando a la pelota sobre lo que era una luna amarilla con la bandera patriótica de las donas y pizzas en un costado y el espacio de fondo, coloreado a carbon y gis plateado para las estrellas; pero, Hogan también llevaba una capa roja en pose de súper héroe, y sobresaliendo de un símbolo semejante a un diamante, el título "Súper jefe de Bienes" chillaba con color fosforescente.
En ese pequeño instante, Steve sintió un calorcito que subía de su estomago a su corazón, y del corazón a sus mejillas, los ojos fijos puestos en el dibujo. No se quiso ni imaginar lo que fuese que estuviese sintiendo el otro hombre, quien no hizo ningún movimiento.
Peter subió su mirada confundida a él, pero aunque Steve sabía que el hombre necesitaba tiempo para recomponerse, también comenzaba a preocuparse porque Happy aún no se movía y parecía que dejo de respirar.
Luego el sonido de una sorbida de nariz, y Happy dio muestras de vida con su nariz roja y ojos orgullosos de no soltar todo ese lagrimal que se reflejaba en ellos.
— Oh Peter…— empezó el hombre, a quien el chiquillo le puso total atención con una sonrisa gigante —…, ¿cómo se te ocurre ponerme una capa roja? Ese color me hace ver gordo.
Y Peter perdió la sonrisa. Frunció sus cejas e hizo un adorable puchero.
— Pero sí ya estás gordo.
— ¡Soy abrazable, no gordo!
— ¡Qué sí lo estas!
— ¡Que no!
— ¡Que sí!
Steve quería detenerlos, su motivo principal era que Peter comenzaba a hacer ese gesto de "La cara" y ciertamente, dos veces en un mismo día con ese problema, no le apetecía. Pero no sabía como meterse, y de todas formas, los gritos de aquellos dos no se detenían. Sí Peter entraba en su fase difícil de nuevo, perdería todo el respeto ganado en Happy y lo estrangularía el mismo.
— Oigan, chicos…
— ¡Qué sí!
— ¡Qué no!
— ¡¿Pero qué pasa aquí?! — una cuarta voz, esta vez femenina, los detuvo a los tres. Tanto Peter como Hogan pusieron cara de susto, mientras que él se giró en dirección a la puerta y su cerebro hizo un rápido trabajo de reconocimiento ante la nueva presencia.
Tacones de aguja, piernas largas y delgadas, pequeña cintura enfundada en un vestido rosa suave, cartera perla en mano que combinaban con su gargantilla y resaltaba su cuello lleno de pecas hasta en sus pómulos bajo sus pelirrojas pestañas, así como su cabello recogido elegantemente en una coleta, mirada celeste depredadora que expresaban la experiencia de la vida en ellos. Ante él, nada más y nada menos que la impresionante Pepper Potts.
— ¡Se-señorita Potts!
— ¡Tía Pepper!
Ambos ruidosos, ahora lucían nerviosos y sus sonrisas los inculpaban. Él no podía criticarlos, ya a escuchado hablar de tan distinguida dama y prefería mantener sus defensas al máximo con ella. Potts apenas le dirigió una mirada, enfocándose con una cara seria que aterraba.
— En un minuto, jovencito y señor, tendremos una seria conversación sobre "no hacer escándalos". — puntualizó con un dedo y los otros dos asintieron obedientemente callados, mientras ella se volvía a girar con un suave movimiento de su llamativo cabello y una corta ensayada sonrisa — Disculpe señor, no tengo el placer de conocerle.
— Descuide. Soy Steve Rogers, el guardaespaldas de Peter.
— ¡Oh, mucho gusto señor Rogers! — extendió su delicada mano frente a él sin falsas modestias está vez — Pepper Potts, vicepresidenta de Stark Industries y madrina de Peter.
Se preguntó, ¿cuántas más madrinas que daban miedo, tenía este niño?
— El gusto es mío, madame. — el apretón de Pepper era firme y fuerte, digno saludo de una mujer que seguramente debía enfrentarse a hombres arrogantes día tras día y a quienes destrozaba con tan flamante voluntad. Pero notó su sonrojo ante el sufijo ultimo dicho, lo que le hizo ver adorable al soltarse y que llevara su mano acariciando la punta de su cabello expuesto al frente.
— Pepper, por favor, sin tanta cortesía. — escucharon un resoplido a sus espaldas, pero lo ignoraron mientras ella pestañeaba — Supe de ti desde el primer día que ayudaste a Peter a regresar con Rodhes, y he querido tener la oportunidad de presentarnos y agradecerte por todo lo que hiciste por Peter, incluso por Happy. Señor Rogers, no tiene ni idea de cuanto le debemos por haber mantenido a Peter a salvo durante el incidente de Central Park.
— Steve, solamente. Y no hay deuda alguna, los que estuvieron ahí hicieron lo que pudieron para proteger a Peter, yo sólo lo haré un poco más. Y Happy Hogan demostró ser un héroe, a sobrevivido por su propio mérito.
— No lo quiero poner a discusión, Steve — uso un tono, pese a delicado, también impedía cualquier replica —, cualquier cosa en la que te pueda ayudar o necesites, cuenta conmigo.
— Señorita Potts, no sé si…— una mirada severa de ella basto para detenerse, tragando grueso y relajando su postura defensiva — Lo apreció, Pepper. Gracias.
No recuerda haberle temido así a ninguna otra mujer, más que a su madre. Natasha Romanoff podrá patearle el trasero en el ring, pero sin duda, a Pepper jamás la quiere como enemiga.
— Muy bien, continuemos. ¿Dónde está mi abrazo, jovencito?
— ¡Tía Pepper! — Peter desde su lugar, se aferró al cuerpo femenino y su cabecita descanso sobre el pecho de la mujer, quien gustosa lo meció suavemente en sus brazos.
— Oh, mi niño. Te he extrañado tanto. — pero no lo suficiente para arrugar el traje, notó Steve, cuando el abrazo se terminó rápido con ella dándole palmaditas leves en la montaña de rizos castaños. Peter seguía luciendo feliz y encantado con su presencia, por lo que estaba bien.
— Peter, es hora de regañar un poco a este gran hombre, ¿estás de acuerdo?
— Eh…
— Bien. — Pepper comenzó a rodear la camilla lentamente, mucho más lento de lo que a Peter le costó en gatear hacía atrás y toparse con su cuerpo, donde enterró la mitad de su rostro y uso su chaqueta para cubrirse el resto, dejando únicamente un ojito visible. — Entonces, Happy, veo que estás mucho mejor.
— Sí señorita. — trago grueso el herido. Con ese tono y semblante aterrado que presenciaba, Steve rodeó con su brazo el cuerpecito que tenía contra él, listo para correr. Lo más normal sería salir del sitio y volver otro día, pero no podía hablar, únicamente seguía hipnotizado los movimientos de la fiera.
— Tres balas en tu cuerpo y sigues de pie.
— Eh, en realidad fueron dos, yo…
— Pero crees que sólo por ese pequeño milagro, ya puedes trabajar.
— Yo…
— Pediste tu acta de salida para volver al trabajo. Tony dijo algo tipo, "Oh, Pepper, el hombre grande ya quiere volver a gruñir en mi Torre". Torre mía, por cierto.
— ¿No era solamente el doce por ciento?
— Dime, Happy, ¿qué te hace creer que puede volver al trabajo?
— Pepper…
— ¿Disculpe, señor Happy?
— Señorita Potts, estoy bien. Sigo vivo y no me duele nada, ¡necesito pararme de aquí!
— ¿Eres doctor, Happy?
— No.
— Y cómo no eres doctor, entonces no sabes sí ya estas bien o no. Ende, tu opinión no vale y tu trasero se queda aquí. Fin.
— Pepper…
— No. — rugió la mujer, esta vez perdiendo su semblante de control, con sus mejillas rojas y sus ojos cristalizados por un llanto apenas controlable. — No voy a volver a recibir otra llamada a mitad de una junta en San Petersburgo donde me informan que mi ahijado estuvo en un tiroteo y que mi prometido pende su vida de un hilo. De la seguridad de mi ahijado, se encargará Steve, y de lo segundo me haré cargo yo. Así que te quedaras en este lugar hasta que Bruce Banner, Helen Cho y el maldito congreso de la salud digan que puedes irte. ¿Me escucharon los tres?
— ¡Sí señora! — derechitos y sin titubear, respondieron los tres. Steve estaba sorprendido por la reacción instantánea ante la orden, tal vez por los viejos hábitos que no se esfumaban con facilidad.
Luego se sintió totalmente ridículo, parpadeando confundido al mismo tiempo que Hogan soltaba un suspiro derrotado y Peter pequeñas risitas burlescas en contra de todos y ninguno, al mismo tiempo que Pepper inhalaba y exhalaba en busca de paz y toda muestra de llanto y miedo que hubo antes en ella, desapareció, regresando su apariencia de princesa.
Dos nuevos puntos de información que añadir a su cerebro. Primero, Pepper Potts era mejor como amiga que como enemiga; segundo, ella y Happy estaban comprometidos y ciertamente, si algún día necesitase un ejemplo de "los opuestos se atraen", serán ellos dos para siempre.
Pepper le hizo caras graciosas a Peter, quien intentaba no reír mientras iniciaba algún tipo de competencia con su madrina-tía por unos minutos, antes de volver a ponerse recta y tomar asiento en la orilla de la camilla, ahí donde discretamente, podía tomar la mano de su prometido que no estaba con intravenosa. Notándolo apenas, Steve apreciaba un pequeño y discreto anillo de lo que debía ser oro blanco con su respectivo diamante en el centro.
— Bien. — habló Pepper nuevamente a nadie en particular — Debo volar a Hong-Kong en unas horas para despedir a una bola de tontos, este loco mes aun no se termina. Pero mientras tanto, cuéntenme cómo van las cosas.
— ¿Vas a ver a Tony en China? — cuestionó Peter de inmediato, ganándose una sonrisa de la pelirroja
— Lo más probable, tesoro. Y sé que no te gusta que vaya tan lejos, pero prometo que te traeremos de esos dulces que te gustan tanto.
— ¿Y qué hacías en San Petersburgo? Eso es Rusia, ¿verdad? ¿Despediste tontos de allá? — Steve prestó atenció realmente en lo que preguntaba el niño, porque no tenía nada de sentido que el se preocupara por aquello. Los otros dos adultos compartieron la misma mirada curiosa, antes de que Pepper intentará sonreír al responderle
— Fue por asuntos de la compañía, ¿por qué?
— ¿Te peleaste con la gente de ahí?
— Niño, ¿por qué haces estás preguntas tan extrañas? — cuestionó Happy por fin, pero Peter sólo se encogió de hombros mientras comenzaba jugar con sus manos. Tic de nerviosismo, lo sabía él.
— Pensé que sí te enojaste con la gente de Rusia, por eso Gabe ya no fue a trabajar. Él era ruso.
— ¿Gabe? ¿Y ese quién es?
— Se refiere al empleado que sustituyo por un corto tiempo el puesto de parketing en la Torre, suplanto a George cuando enfermo. — respondió a la pregunta de Happy, quien lucía más y más confundido, mientras que Pepper cambió su semblante a seriedad absoluta al igual que él. Ella preocupada, seguramente por el rumbo de las preguntas, y él porque el tema de éste tal "Gabe" tomaba un nuevo tinte a sus ojos.
— ¿George enfermó? — exclamó incrédulo el herido — Ese hombre es una roca, nunca se enferma.
— ¿Cariño, cómo sabes que era Ruso? — Pepper preguntó amable, pero Peter volvió a encogerse y está vez se apretó más contra su cuerpo, aun teniéndolo abrazado.
— A veces lo escuchaba murmurar con su hombro, y sonaba bonito, como cuando tía Tasha bromeaba con el tío Clint.
— Pero Peter, George ha seguido trabajando desde siempre — insistió Hogan —, sólo tenía dolores de estómago y corría al baño de vez en cuando, eso es todo.
— Pero el que te llevaba el auto en las mañanas era Gabe.
— No, era George, pero siempre salía corriendo al baño.
— Que no, era Gabe. — esos dos iban a comenzar otra disputa, pero antes de eso, Pepper nuevamente se interpuso y trato de sonar más clara.
— No entiendo, cariño, a lo mejor los confundes.
— Pues si se parecen, pelirrojos y altos, pero Gabe tenía los ojos verdes y George no.
Definitivamente ahora tenía un muy mal presentimiento. Tomó a Peter de los hombros y lo separó de él para mantenerlo frente a frente, nervioso con cada segundo que pasaba.
— ¿Cuándo fue la ultima vez que viste a Gabe?
— El primer día que me llevaste a la escuela. Y ahorita, cuando la enfermera creyó que la saludamos a ella, sólo lo vi y lo salude a él, estaba detrás de ella con un carrito con un traje de esos que siempre empujan las camas. A lo mejor es su nuevo trabajo.
Sí, ahí estaba la razón del mal presentimiento. Llevaban al menos diez minutos en el mismo edificio con el posible secuestrador de Peter. O uno de ellos.
¡Rayos!
Gracias al cielo la habitación no tenía ventanas, pero fue al segundo cuartito que aparentemente era el baño. Bajo los tres pares de ojos confundidos que tenía encima, comenzó rápidamente a verificar que no hubiera ningún tipo de explosivo, audiófono o cámara en el lugar.
— Pepper, ¿tienes escolta? — preguntó por encima de su hombro
— Dos hombres en el pasillo, ¿por qué? — de pronto ella estaba a su espalda mientras el terminaba de verificar dentro de la taza del baño.
Limpio, aparentemente. Sigue el paso numero dos.
Se giró hacía la salida y ella venía detrás de él.
— Que estén afuera de la habitación en alerta, nadie entra ni sale de aquí.
— ¡Steve! — gritó Peter, llamando su atención antes de abrir la puerta. Miró al niño, quien ahora estaba fuertemente sujetado en los brazos de Hogan porque claramente el pequeño quería tener toda la intención de seguirlo.
No ahora. Steve debía hacer su trabajo.
— Peter, quédate aquí, ¿entendiste?
— ¿Vas a estar bien?
— Sí Peter, pero…-
— ¿Y lastimaras a Gabe?
Bueno, nadie en este mundo debe tener la capacidad de mentir ante esos grandes ojos inocentes y temerosos. Y aunque el fuese un monstruo que efectivamente, va a provocarle mucho dolor al tal Gabe, al menos, él no le mentiría a Peter.
— No te preocupes Peter. — era lo único que podía darle al chico, antes de que el compromiso se alargara, Steve salió de la habitación y efectivamente, dos hombres aparentemente letales con traje se posicionaron a cada lado de la entrada, dándole un leve reconocimiento.
Steve no sabía a lo que se enfrentaba, pero usaría el personal que tuviera al alcance.
Activo nuevamente su audífono sobre su oído y presionó uno de los tres pequeños botoncitos alrededor del aparatito. Una voz robótica, sin el estilo humano de Jarvis, resonó en su cabeza.
» ¿A quién desea llamar? «
— Bucky.
» Llamando a "Bucky". Espere «
Tres timbrazos mientras el caminaba por el pasillo, con la misma enfermera enfocada en su computadora y un par de camilleros que le ignoraban, en busca de un pelirrojo de ojos verdes. El pasillo era largo pero con pocas puertas, y al fondo se veía una salida de emergencia, fue lo que alcanzó a notar antes de que Bucky le contestará.
— ¡Hey, Steve! ¡Habla fuerte, voy en helicóptero!
— Bucky, sé quien es el infiltrado que espió los pasos de Peter y posible secuestrador. Lo estoy buscando ahora.
— ¿Dónde estás?
Gracias al cielo, su hermano captaba las cosas rápidamente e iba al grano. Él estaba a punto de terminar el pasillo.
— En la clínica donde está internado Happy Hogan, el espía es alto y pelirrojo con uniforme de camillero. ¿Dónde estas tú?
— Apenas estoy saliendo de Washington, pero Nat está en tierra. No hagas nada estúpido hasta que ella llegué con agentes de SHIELD.
Steve pasaba por la penúltima habitación deshabitada del lado derecho, a punto de regresarse por donde vino e intentar buscar en el siguiente piso, después de todo, sí el tal "Gabe" era inteligente, en cuanto Peter lo reconoció tuvo que haberse ido de la clínica.
Todo lo contrario, cuando iba a detenerse para dar media vuelta, en un rápido acto de reflejo, esquivo la bala que casi le perfora un ojo a tan corta distancia. Efectivamente, un pelirrojo rozándole al castaño, salió de la ultima habitación de la izquierda con una revolver treinta y descargando sus balas en él.
Steve apenas tuvo tiempo de empujarse sobre la penúltima puerta y tratar de cubrirse.
— ¡Lo encontré!
— Ya escuché, y esa es la parte estúpida. Espera los refuerzos.
Los disparos siguieron hasta que se escuchó la puerta de emergencias abrirse. Gabe estaba escapando por las escaleras, Steve ya tenía su arma -que siempre mantiene oculta de los ojos curiosos de Peter- y se puso de pie a seguirlo.
— ¡Dile a Natasha que haga un perímetro alrededor de dos calles, intenta escapar por la salida de emergencia!
— ¡Steve!
— ¡Fin de la llamada!
» Llamada finalizada. «
Se asomó frente al barandal de las escaleras en caracol, notando que Gabe pese a piernas largas, era torpe para correr en bajada. Intentando apuntar al cuerpo en movimiento, disparó una vez, dos, tres y con eso basto para que el pelirrojo traspillara un poco con una herida en su antebrazo. Efectivamente, a juzgar por los gruñidos agónicos, era ruso.
Corrió enseguida de obtener la ventaja, bajando los escalones de tan solo dos zancadas e incluso impulsándose por la fuerza que comenzaba a generar en cada salto, pisando la esquina de la pared y cayendo rápidamente al siguiente nivel. Pero Gabe se recompuso y también volvió a correr, está vez saliendo por otra puerta de emergencias.
La sala de rehabilitación era de las ultimas, pero de alguna forma se las arreglaron para llegar a la mitad del edificio y ahora se encontraban en un piso con más gente en bata y trajes azules.
Gabe, aun herido y desangrándose, corría entre los médicos y enfermeros. Él trataba de seguirle el paso sin intentar lastimar a nadie más.
Gabe llegó a un poste con tableros informativos, ocultándose detrás para poder dispararle una vez más. Steve se ocultó detrás de un mostrador, mientras la gente a su alrededor se ocultaba igual o corría lejos de la situación.
Uno, dos, tres balas más y luego se escuchó el timbre de un elevador abrirse. Steve salió del mostrador y notó cómo el pelirrojo sacaba a la gente del ascensor para meterse él, Steve no podía permitir que se escapara.
Corrió, y tuvo que hacerlo en zigzag porque el pelirrojo nuevamente volvió a disparar un par de veces antes de que las balas por fin se le terminasen. Steve aprovechó la ventana sin riesgos y corrió con más fuerza, la suficiente para alcanzar a entrar en el ascensor antes de que las puertas se sellasen. Por la velocidad, chocó su cuerpo contra el del pelirrojo, obligando al herido a soltar su arma vacía.
El pelirrojo intentó darle un puñetazo, Steve lo esquivo, luego el ruso sacó una navaba de quien sabe donde e intentó apuñalarlo en el hombro, Steve tuvo que soltarlo y las puertas se cerraron detrás de ellos.
El ascensor era lo suficientemente angosto para moverse en libertad, pero no para disparar. Le puso el seguro a su arma pero no la soltó, utilizándola en el último momento como una herramienta para protegerse de la navaja. El ruso intentó rajarle el estómago, el pecho, hacerle una "zeta" mortal que le dejara con las vísceras afuera, pero en cada ocasión uso su arma o sus reflejos para evitarlo.
En un intento desesperado por parte del otro, Steve aprovecho su mal movimiento para golpearle la muleca con el mango de su arma, sin darle tregua, girando su propia mano, pudo anclar y torcer el brazo de su enemigo y hacerle gritar.
El ruso, sin rendirse, uso su puño libre para darle en la mandíbula, cuando Steve recibió el inevitable golpe, relajo su llave sobre su enemigo el tiempo suficiente para que este aprovechara y lo tomase del cuello, intentando ahorcarlo al pasarse detrás de él en un movimiento ágil.
Gabe a su espalda y con sus brazos alrededor de su cuello, Steve tuvo que usar su cuerpo para estampar al otro contra la pared metálica, pero no fue lo suficiente para que Gabe lo soltara. Al contrario, se afianzo más a su agarre. Y se le acababa el aire.
Entonces, la campana del elevador sonó y las puertas se abrieron en lo que era la recepción de la clínica. Con ello, Steve morado de la cara, dio un fuerte codazo a su opresor, y otro, y otro más ahora en su antebrazo perforado, hasta que el pelirrojo por fin cedió al dolor y aflojo sus brazos sobre su cuello; con ello, Steve en desesperación por aire, pero reteniendo lo suficiente en su pecho, logró tirar al pelirrojo sobre su espalda y hacerlo rodar hasta dos metros lejos al aventarlo.
Y el aire regreso a sus pulmones con desespero.
Su parte favorita del día, es cuando no lo asfixiaban.
Le tomó un par de segundos recobrar el oxigeno en su cerebro, lo mismo para Gabe que pese a su posible dolor de columna, se puso de pie y volvió a correr, con un rastro de sangre por todo el piso.
¡Oh, sólo quédate quieto!, pensó con disgusto ante la idea de volver a tener que perseguirlo.
No importa, así lo hizo.
Con toda la gente a su alrededor mirándolo con miedo, salió del ascensor tras el corredizo de Gabe, quien ya traspasó las puertas de cristal y corría por la acera. Steve no tardaría mucho en seguirlo, pero una persecución en el lado Este de New York no era exactamente sutil.
La gente se arremolinaba por la acera, apenas apartándose cuando dos tipos iban corriendo salvajemente por ella. Gabe estaba a punto de llegar a la esquina de la calle, y Steve temió por un minuto perderlo por culpa de los autos, así que aumento su velocidad aunque tuvo que empujar a la gente a su alrededor. Su arma seguía en su mano, ahora sin seguro pero tampoco con la oportunidad de usarla sin miedo a lastimar a algún civil.
Tenía que llegar antes de que el pelirrojo estuviera en la esquina y cruzara indiscriminadamente el trafico. Tenía que aumentar su velocidad.
El sol estaba a todo lo que daba en ese medio día, pero la sombra que ocacionaba el edificio permitía una mejor visibilidad. Y por ello, es que por el rabillo superior de su ojos, notó un brillo sin igual a una larga distancia.
El brillo de la luz del sol reflejándose contra algún cristal, proviniendo de al menos tres edificios más a distancia de ellos.
Gabe estaba a punto de cruzar la esquina, el semáforo de caminantes, para bien o para mal estaba en rojo, era su oportunidad perfecta antes de perderlo en el mar de carros.
Luego, Gabe se desplomó por un disparo a distancia, lo suficientemte fuerte para escucharse pero muy veloz para verse. La sangre de su cráneo mancho los tacones de dos mujeres y el rostro de otros cinco hombres a su alrededor, todos ellos corriendo después del shock y dejando el cuerpo desfigurado ahí.
Steve, reaccionando ante el sonido del arma, se agachó y escondió detrás del mural del edificio.
Con cuidado y sobre la gente, intentó encontrar la dirección del disparador, pero no había nada cercas sospechoso, así como tampoco estaba aquel brillo que apenas notó antes de que Gabe muriera.
Pero, eso era imposible, la distancia y los ángulos de los edificios eran demasiado complicados para un disparo tan largo. ¡Estaban a tres edificios y en una esquina, de aquel donde estuvo el brillo hace treinta segundos! ¿Quién tuviese esa puntería?
¿Tal ves se equivocó de objetivo? ¿Era a él a quien debían matar? Entonces, ¿por qué seguía vivo? Su posición era vulnerable aún sí el francotirador era un experto como demostraba.
El sonido de sirenas se hacía más y más fuerte, pero camionetas negras como las que vio en Central Park se acercaban más rápido que las patrullas azules. SHIELD estaba aquí.
Sus preguntas inundaban su mente, así como la sangre de Gabe llenaba la banqueta. Gabe murió, junto con todas sus respuestas. Perfecto.
Las camionetas por fin llegaron, de ellas, agentes de SHIELD enfundados en trajes azules, se esparcieron por el lugar y tratando de reubicar a la gente. Después ve la pequeña figura de Natasha acercarse determinada a él, con una chaqueta roja más oscura que su cabello y combinando con sus botas.
— Steve, ¿estas herido?
— Yo no. — giró su rostro al cuerpo ensangrentado a tan solo un metro de él, la de ojos esmeralda le imitó, pero su expresión neutral no cambio.
— ¿Ese quién es?
— Se llamaba Gabe, creo. — con cuidado de sus huesos victimizados, se puso de pie — La cosa es, que nadie lo conoció, pero Peter sí. Tomaba el lugar del empleado de parketing en la Torre, tienen el mismo físico excepto los ojos, pero la boina del uniforme puede cubrir eso; Sospecho que de esa manera es como sabían el itinerario de Peter y quienes se turnaban para protegerlo, sólo esperaron el momento perfecto como Central Park.
— ¿Y qué hacía aquí?
— Eso intentaba averiguar, pero alguien decidió dispararle a larga distancia.
— No hay edificios aquí cercas.
— Es un francotirador muy bueno, estoy seguro que lo hizo desde ese tercer edificio — señaló la dirección y Natasha elevó una ceja —. Sí, tiene que ser de los buenos, porque ahí note un leve reflector de la décimo quinta ventana a la derecha, piso treinta.
— Mandaré un equipo ahí, tal vez sea el mismo que se encargó de la escolta en Central Park.
Fue su turno de elevar una ceja, aunque su rostro de incredulidad era mucho más expresivo que el de Natasha. Un francotirador que se encargó de eliminar al menos media docena de hombres que se encontraban bien escondidos, desde una distancia casi inexistente porque, era el bendito Central Park de New York, no era de preocuparse, era de temerse.
— Sí, te propongo que uses chaleco antibalas cada vez que salgas.
— Eso no haría feliz a Peter.
— Si no estas herido, es mejor que regresen a la Torre. — ella sonó amable, pero estaba seguro que fue una orden — Un equipo ya fue por Peter, los llevaran en una camioneta y me pasare por ahí cuando tenga que informarte lo que descubrimos.
— Gracias Natasha.
— Es mi trabajo, Steve. Tu protege a Peter.
Sin ganas de replicar, él solamente asintió y ella se acercó al cuerpo junto a los especialistas que ya estaban ahí.
Confiado en que ella estaría ahí para manejar todo, y algo paranoico mirando a su alrededor en busca de más destellos de reflectores, caminó de regreso a la clínica.
Como temía, la gente que estaba detrás de los atentados de Peter eran algo serio, perfectamente entrenados y dispuestos a desprenderse de peones como lo fue "Gabe". Aunque, tal vez "Gabe" sólo perteneció al grupo que contrataron para secuestrar al niño, y el famoso francotirador era el que respondía a la verdadera mente maestra de todo este drama.
Un leve escalofrió recorrió su espalda, imaginándose el tipo de gente con ese poder y esa frialdad para actuar. Y luego recordó su más fresca pesadilla, lo cual le helo el corazón.
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— ¡Godzilla te va a derrotar!
— ¡No, Kaiyü ser más fuerte! ¡Grr!
— ¡Godzilla ponerse azul y lanzar fuego!
— ¡Kaiyü ponerse azul también, pero lanzar super relámpago!
— ¡Grr!
— ¡Arg!
— Kaiyü y Godzilla ya debieron de estar dormidos hace una hora, y ustedes también.
— Kaiyü no tener sueño, ¡grr! — exclamó Peter, mientras alzaba a una somnolienta Lila con su pijamita de cocodrilos animados.
— ¡Godzilla tampoco! ¡Godzilla con mucha energía por beber tanto chocomilk¹! — ese fue Cooper, con Nathaniel en sus piernas y un gorrito de dinosaurio en su cabeza apenas lo suficientemente despierto para reírse por el bailecito raro al que su hermano mayor lo sometía.
Steve soltó una risa leve, de esas que ya eran costumbre cada vez que presenciaba alguna de las tan locas aventuras imaginarias de esos niños.
Pero, aunque no quería arruinarles su noche, era domingo y ya pasaban de su hora de dormir. Mañana Peter tenía escuela y los hermanos Barton-Barton-Banner debían volver con su padre a temprana hora antes de su inesperado viaje de negocios al que Bruce tenía que asistir a ultima hora en Atlanta.
Se supone que la pijamada era una especie de despedida, pero tampoco debía alargarse tanto. Además, los mellizos parecían verdaderos muñecos de trapo en manos de aquellas dos mentes malévolas.
También porque, debido a su fracaso de salida durante el sábado, Steve ha tenido que mantener ocupado la revoltosa mente de Peter dentro del Pent-house y nada mejor que Cooper para lograrlo. Los niños han estado juntos todo el fin de semana, con el apoyo de Bruce y frecuentemente de Bucky para distraerlos.
Afortunadamente mañana era lunes, y el segundo lugar más seguro para Peter en la tierra, definitivamente era la escuela con e refunfuñado subdirector Lehnsherr y su súper equipo de seguridad. De esa forma, hasta Steve tendría un respiro de juegos con pelota e interminables películas de Disney.
Si volvía a escuchar la palabra "Intensamente" en esas paredes, el se convertiría en Tristeza y se quedaría en un circulo depresivo.
— A sus camas, ahora. — mientras escuchaba gemidos tristes, él tomó en cada brazo a un mellizo, los dos pequeños acurrucándose inmediatamente contra su cuello y causándole cosquillas en la piel.
En el piso alfombrado, al centro, se encontraba un nido inmenso de almohadas y frazadas de colores, donde Steve recostó a cada bebé que inmediatamente se enrocaron entre ellos y cada uno con su respectivo pulgar en su boquita. Peter se acostó del lado de Lila, mientras que Cooper tomo su lugar detrás de la espalda de Nathaniel.
Cada uno con su frazada favorita y rodeados por la interminable montaña de peluches, parece ser que las energías de su rebeldía se acabaron instantáneamente.
— Buenas noches pequeños. — frotó las cabecitas de los mellizos y luego se estiró un poco más para tomar las otras dos cabecitas más revoltosas — Buenas noches niños.
— Buenas noches Steve. — apenas respondieron en ronda, pero cuando se iba a estirar lejos de ellos, Cooper lo detuvo con su manita — ¿Hablaste con mi papá?
— Vendrá por ustedes en la mañana. — hace tres días, al menos, Cooper no se iría a dormir a no ser que Bruce fuese quien lo llevará a la cama y de todas formas, en poco tiempo el niño se volvería a despertar para asegurarse que su padre estaba trabajando perdidamente del mundo en su taller. Ahora, y por una razón absolutamente indescifrable para él, es que sólo le basta eso a Cooper para poder dormirse tranquilamente.
Steve se dio palmaditas en la espalda mentalmente, orgulloso de su pequeño logro.
Salió de la habitación con la seguridad de que Jarvis estaba vigilando, caminando por el pasillo hasta llegar a las escaleras y bajar lentamente por ellas mirando el panorama de la ciudad que tenía delante.
De antemano, sabía que esas ventanas eran de cristal blindado, pero eso no evitaba preguntarse si el francotirador no los estaba vigilando justamente ahora.
— Jarvis, ¿hay alguna forma de lograr que no se vea a través de las ventanas?
» Por supuesto señor Rogers. Cubierta externa polarizada al cien por ciento. «
— Gracias Jarvis.
» Señor, la señorita Romanoff está subiendo junto con el señor Barnes. «
¡Vaya! Nunca le dejará de sorprender como esos dos pueden trabajar juntos, sobre todo por la pobre de la pelirroja. Bucky pone cada cara de tonto siempre que la ve o menciona, que hasta el se siente incómodo e incluso triste.
Terminó de bajar rápidamente las escaleras, las luces del Pent-house lo suficientemente nítidas para la hora de la noche. Se detuvo frente a la entrada del lugar y a sus espaldas la sala, distancia suficiente para ver como las puertas del ascensor se abrían y esos dos salían a su encuentro.
Bucky con su cabello recogido en una desordenada coleta, Natasha con una nueva chaqueta caqui.
— Natasha, Bucky.
— Demonios, hermano, ¡ve un doctor! Ese ojo se ve horrible.
— Gracias por el consejo Bucky, no lo había pensado. — rodó sus ojos con fraternal cariño, ignorando como lo ha hecho las ultimas treintaidos horas las punzadas debajo de su ojo derecho, que por culpa del puñetazo dado por el difunto pelirrojo, se encontraba levemente inflamado.
Bucky exageraba.
Los saludo cuando ellos terminaron de acercarse, su hermano a su lado tomó asiento en uno de los sillones, ella por el contrario, se quedo de pie frente a él con un folder de SHIELD extendido.
— Siento la hora de venir, Steve, pero conseguimos muy poco, y cómo dormimos en el mismo edificio pues… — ella lucía inocente, su semblante tan pacifico que a él no lograba engañar. Siempre supo que Natasha, posiblemente también Fury, tomarían la seguridad de Peter como algo personal y prioritario. Por lo tanto, lo que sea que haya encontrado en el cadáver de "Gabe", es importante e imposible de transmitirse por llamada.
Él se encogió de hombros.
— Esta bien Natasha. Dime lo que encontraron.
— El verdadero nombre de tu pelirrojo es Anthares Ramionshka, pero tiene muchos antecedentes usurpando identidades de otras personas.
— Y según esto, murió hace veinte años después de que el ejército ruso le diera una baja deshonrosa. Suicidio.
— No hay nada más desde entonces.
— La única posible pista que tenemos y lo matan. — el folder apenas contenía una hoja con nada de información sobre Anthares Ramionshka, pero nada que sirviera.
No era raro que un soldado con una baja deshonrosa se metiera en el negoció al otro lado de la ley, muchos fingían su muerte para que fuese imposible seguirlos. Pero esté no podía ser el caso de Ramionshka, porque el sujeto fue asesinado por ser un cabo suelto en una operación mucho más grande, así que debió pertenecer a una organización mucho más peligrosa que ser un simple solitario bravucón.
Y él permitió que muriera.
— Hiciste lo necesario. — se giró para mirar a su amigo, quien con su mano metálica le dio unas palmadas en el brazo en un intento de reconformación — De no haberlo perseguido, que sabe lo que hubiera planeado para la siguiente visita de Peter o hasta donde los hubiera seguido.
— Lo sé, pero eso no nos da respuestas y a este paso, no las tendremos y ese niño no puede crecer con ropa antibalas.
— Dramatizas — fue el turno de Natasha para interrumpir su culpabilidad —, que este muerto no significa que no podamos sacarle información.
— Enséñame. — le pidió anhelante, ella cruzó sus brazos sobre su pecho.
— Lo siguiente que diré, no estará en ningún archivo. "Gabe" sin duda era meticuloso, de los buenos, no dejo rastro ni en la clínica ni aquí en la Torre. El portero, George Smith, se sometió a análisis voluntariamente y Bruce encontró una sustancia que adormece ciertos órganos dependiendo de su tiempo en digerirse. Imperceptible, no letal pero muy molesta con la dosis adecuada. Smith, desafortunadamente para él, es un hombre de hábitos, no fue difícil poner el veneno en su café cada medio día.
— ¿Estará bien?
— Dejo de ingerirlo el ultimo día que Gabe estuvo aquí, así que ya falta poco para que su cuerpo termine la desintoxicación por si mismo.
No le gustaba que inocentes terminaran involucrados por ser tomados como simples peones, pero le preocupaba más la reacción que Peter tendría sí su portero "favorito" muriese por envenenamiento.
Despejando su mente de malos diagnósticos, se enfocó en buscar soluciones.
— El veneno, su origen podía ser un punto de búsqueda para conocer donde conseguía los suministros.
— Desafortunadamente, no. — dijo Bucky, quien le tendía una StarkPad que reconocía como la de Barnes por la etiqueta de Funky en la esquina. —; Su compuesto es un revoltijo de rosas, raíces y otras plantas crecientes en una docena de países europeos. Muy volátil.
— Pensé que esta era la parte del as buenas noticias. — reclamó frustrado, pero Natasha siguió con su voz pasiva
— Obtuvimos dos cosas; la primera es la confirmación de que la ultima puerta abierta de espionaje para Peter, se cerró. Sin Gabe y con nuevas medidas de seguridad, introducir otro espía es casi imposible ahora y ya no habrá manera de que sepan donde se encuentra o que hace Peter.
— Lo segundo — continuó Barnes —, es que el francotirador que asesinó a Gabe dejó su arma en el edificio que dijiste y obtuvimos la grabación de su mirador; sólo estaba ahí para asesinar al pelirrojo, una vez hecho, ni si quiera te apunto a ti.
— No tenemos que preocuparnos por tener dos desconocidos por enemigos, ni que nos sigan observando. — deslizó su dedo por la pantalla, observando que eran las notas que se tomaron de forma clasificada seguramente por su mejor amigo y su ex. Soltó un chiflido impresionado al llegar a la última línea —; 3080 metros de distancia en un ángulo de 45°. No puede ser.
— Sí, aterrador. — refunfuñó Barnes, y Steve imaginó que se encontraba molesto de saber que había un mejor francotirador que él. Bucky tenía cierto orgullo por su don con los rifles.
— Deberías pedirle que te enseñe algo.
— ¿Perdón? Todavía que, salvo tu terco trasero, me ofendes. — Steve tuvo un pequeño instante donde quería pelear con su mejor amigo, pero como eso era absolutamente infantil, mejor le regreso su tableta electrónica y le presto caso a una imperturbable Natasha
— ¿Algo que rastrear?
— Su bala era casera, pero el arma tiene un código de venta. Perteneció a una entrega de armas para Corea del Norte que se demando como extraviada en su frontera con Krai de Primorie, Rusia. Ahí hay un pequeño grupo de mercenarios de baja categoría, tal vez nos puedan decir a quien o quienes vendieron la mercancía.
¡Oh, sí!, pensó con alegría
— Son mercenarios débiles, escurridizos, pero sin protección, enviar un equipo de investigación ahí sería bueno. Discreto, dos o tres personas por mucho, capaces de hacerse notar, pero sin levantar sospechas.
— ¿Eso fue una sugerencia o una orden? — Natasha le miró con una ceja levantada, luego volteó a ver a Barnes, quien tenía una seria expresión de análisis en su rostro.
— Él cree que fue un consejo.
— Los hábitos no se van fácilmente. — sonrió ella, lo que parecía ser su sonrisa divertida, mientras él tenía la decencia de avergonzarse por su eufórica y pasa reacción.
— Perdona.
— No, fue..., inspirador, escuchar tu lado de capitán. — aquello sonó como un leve ronroneo, pero no tuvo tiempo de pensar en ello porque la ojiesmeralda no se detuvo. — Barnes y yo partimos en unas horas, sólo veníamos a avisarte y a despedirme de mis ahijados.
— Están dormidos, pero pasa.
— Gracias Steve. — ella se deslizó lejos de la sala con total gracia y coqueteo, que le fue difícil no seguirla con la mirada.
Una mujer admirable, sin duda.
— Ella realmente tiene mucha confianza en sí misma, ¿no?
— Pero la vi primero. — murmuró entre diente su hermano, haciéndole darse cuenta que aún no dejaba de ver por donde la pelirroja se fue.
Tal vez debería aclararle a su mejor amigo que lo único que Romanoff despertaba en él, era pura admiración. Pero su lado infantil, ese que creyó nunca volver a tener después de tantos años en el terror y oscuridad, insistía en ponerse a molestar a Bucky.
— Eso no es justo, estaba en coma.
— Nada es justo en esta vida.
— Pero ella ya no te hace caso.
— Tampoco a ti.
Cuando iba a seguir replicando, las puertas del ascensor nuevamente sonaron y ambos voltearon con sus manos detrás de sus espaldas, cercas de sacar sus armas escondidas.
No era necesario. Se trataba de Tony y su pequeña maleta de viaje.
— ¿No te dije que no hicieras fiestas extrañas con animales, en mi casa? ¡Barnes, sal de mi sillón o llamó al exterminador de animales salvajes!
— ¡Tony! Creí que llegabas mañana. — de hecho, Tony andaba en China por un problema grande en una de sus fábricas, por lo que no lo esperaba tan prematuramente.
El hombre lucía cansado y estresado de punta a punta, pero elegantemente atractivo con su traje satinado en blanco y camisa de seda roja. A paso agotado pero extravagante, el millonario se acercó.
— El gato no está y los mapaches invaden propiedad privada.
— ¿Puedo tomar agua? — cuestionó Bucky, con una mueca de fastidio clara en su rostro. La de Tony no era mucho más halagadora.
— Sí, pero con la lengua o infectaras mis vasos. — posiblemente ignorándolo, Bucky se puso de pie y caminó rumbo a la cocina.
— Algún día van a tener que explicarme porque Buck es un "mapache". — habló sobre su honbro con la esperanza de que su a migo le hiciera caso, pero Tony de inmediato soltó su maleta y brincó en su sitio.
— Oh, con gusto lo hago ahora. Veras, todo empezó con dos litros de vodka qué…-
— ¡Honor, Stark! — se escuchó el gritó de Bucky desde la cocina — ¡Diste tu palabra de honor!
— Aguafiestas. — Tony rodó los ojos, pero desistió con la idea. — Escuché que ayer fue un día muy interactivo, no quise perderme la fiesta.
A Steve, para su propia vergüenza, le costó un poco entender lo que Tony quería decir. Lo que Tony, estaba expresando con lo que quería decir.
Seguramente Pepper le llamó a su jefe para informarle los actos tan lamentables ocurridos durante la mañana del sábado, y aunque dejó todo su trabajo importante atrás, Tony voló millas y millas por el planeta para regresar y verificar la seguridad de Peter. Tony se interesaba de verdad por el niño que adopto, y eso de alguna manera, casi le quita el aliento.
Esto es lo que detesta de su nuevo empleador. Resulta que su jefe se comporta la mayoría de las veces como un cretino, pero luego tiene estos pequeños detalles tan adorables, tan distinguidos, que lo hace sentirse culpable por haberlo juzgado antes. Tony Stark tenía muchos defectos, pero parecía que sus acciones honestas lograban bloquear eso para él y enfocarse solamente en como expresa tanto amor por un niño, provocándole una crisis emocional.
¡¿Cómo se supone que debe definir a Tony Stark?!
— Te preocupaste por Peter. — exclamó sin darse cuenta, aún perturbado por la confusión de su mente. Sin embargo, el millonario frunció el ceño confundido, tal vez molesto, por como sonó aquello.
— ¿Y eso está mal? Yo adopte a esa araña, según recuerdo.
— No, no. Perdona, no quise que sonará así. — y ahora divaga. Definitivamente, algo esta mal con él.
No supo como volver a entablar una conversación normal que no fuese incómodo, pero afortunadamente, Tony sí.
— Entonces, ¿la fiesta fue muy salvaje?
— Peter no estuvo en peligro, pero descubrimos al infiltrado e intenté capturarlo.
— La conversación no terminó con final feliz.
— Lo lamento, intente retenerlo, pero al salir a la calle un francotirador le disparo. Buck y Natasha van a investigar el origen del arma que uso, posiblemente consigan un nombre y una pista real de quien esté detrás de todo esto.
Con eso dicho, Tony se giró de inmediato por donde se encontraba la cocina y vociferó alto
— Espero mantengas tus metálicos dedos en su sitio, o Nat te arrancará el brazo y me dejará hacer abrelatas con el, y serán edición especial. — un gruñido proveniente del comedor fue lo que recibió, así que se volvió a girar frente a él e hizo señas raras refiriéndose a su rostro — Y tu cara está morada, parece que te embarraron zarzamoras debajo del ojo.
— Golpeaba fuerte.
— ¿Peter te vio así?
— Apenas se inflamó hoy en la mañana, pero la historia donde un mapache furioso me atacó cubrió todas sus preguntas. — ayudo que, en la mañana, Bucky le ayudara con el desayuno y contara esa historia, pero Tony no debía saber esa parte. — Descuida, Peter está perfectamente.
Y de pronto, el millonario lucía verdaderamente nervioso, moviendo sus manos de un lado a otro.
— Bien. No es que tus heridas no sean importantes, pero estas de pie, así que supongo estas bien. Lo estas, ¿no? Le regale a Bruce el mejor consultorio medico del país, puede revisarte en cualquier momento.
— No, yo estoy bien. Eh, gracias.
— Sep. Y ese soy yo intentando ser noble, de nada. — Tony murmuró más cosas para si mismo que no las entendió, pero luego tomó su maleta sobre su hombro — Iré a ver si Peter no fine demencia bajo las sabanas.
— Cooper y los mellizos están con él. Tuvieron un fin de semana en pijama desde ayer, y Natasha está con ellos.
— Captado. — apenas respondió el hombre, saliendo casi corriendo del lugar y desapareciendo por las escaleras.
Steve tuvo la espinita de querer acompañarlo y presenciar una vez más la interacción entre adoptado y padre sustituto, pero sabía que sería totalmente inapropiado y podría molestar a Tony. No debía molestarlo, después de todo se acaba de preocupar por él.
Así que se quedo ahí, en su sitio y apenas respirando, hasta que Bucky se puso a su lado también con los brazos cruzados. Y su mejor amigo llevaba esa mirada, esa que usaba siempre cuando le iba a decir algo para molestarlo.
— ¿Sabes por qué, pese a que siempre compartimos todo, no peleamos por ninguna chica o chico?
— Por que mi primer beso fue en la universidad.
— Sí, bueno, independientemente de tu prolongada virginidad, hay un par de detalles más.
— ¿Por qué antes de Natasha, todas tus parejas lo único que tenían era una llamativa figura?
— Primero, eres un idiota. Y segundo, no, sino que tienes una total debilidad por lo difícil, llamativamente diferente e inalcanzable.
— Lo cual también define a Natasha. Y al resto de tus parejas.
— Seguramente, pero son más como tu punto débil.
Cansado de tanto revoloteó, quiso fingir que está conversación le interesaba.
— ¿Conoces a alguien así?
— Claro, enano, castaño y con unos enormes ojos brillantes.
Y sí, ahí viene la parte que le molestaría. Apretó su mandíbula, aunque sintió sus orejas calientes.
— Cállate Bucky. — gruñó entre dientes
— Difícil, llamativamente diferente e inalcanzable, ahora añádale adorables niños a la ecuación y ¡Vualá!
— Esto es trabajo. — insistió, pero su hermano le ignoraba.
— Aja.
— No me meteré con Tony Stark. — declaro por fin, apenas audible porque sabía que Jarvis estaba grabando esa discusión justo ahora — Apenas y nos hemos visto y es poco tolerable la interacción.
— Yo me refería a Banner. — Bucky pestañeó con inocencia — Jamás mencione a Tony.
Atrapado en su propia mente, y por los juegos mentales que a Bucky le encantaba aplicar con su ingenuidad, se sintió totalmente avergonzado y abrumado, así como fastidiado por su hermano.
— Eres un… — Bucky no tardó en nada para partirse en carcajadas, mientras él caminaba rumbo a la salida — Espero que tengas un lugar donde dormir cuando vuelvas.
— ¡A valido cada maldito minuto!
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¹) chocomilk, es una bebida en polvo sabor chocolate (originalmente) o fresa, que se revuelve en leche y da supuestos nutrientes energéticos a los niños.
²) Perro de Guerra, los soldados de infantería que están siempre en primera línea de batalla.
No tengo computadora, se descompuso (mi bebé dio sus últimos suspiros después de doce años a mi lado) y ahora divago en los malditos cibers que no sirven para nada y me hacen agotar mi dinero ;-;
Para noviembre espero comprarme otra computadora (el afamado "Buen fin" que hacen en mi país con "rebajas" en ciertas tiendas) pero hasta entonces, pues y estuvo que mi sueño de terminar con mis fics Stonys antes de fin de año valio pa'pura berengena.
Y por si se preguntaban, a partir de aquì, y a la falta de prescencia del shippeador numero uno del stony (Clint), Bucky nos harà el favor de dar las insinuaciones y avergonzar a la parejita. Es la venganza del mapache.
