Aclaraciones
Declaimer: Ni los personajes de Full Metal Alchemist ni los de D. no me pertenecen sino a sus creadores (no me acuerdo de sus nombre pero cuando los sepa los pongo)
- diálogos
-(intervenciones mías)
-"pensamientos"
-[cambios de escena]
- - - - - - - - - - - - Flash Back - - - - - - - -
Capítulo 11: La verdad duele más que la mentira
El día había amanecido nublado pero el sol era lo suficientemente cálido esa mañana como para no morir helados en el trayecto de la fortaleza a la capital de la zona donde tendría lugar el juicio. Con sólo unos días en aquel lugar, Jean Havoc tenía muy claro que en cuanto pudiera volvería a Central para no morir de frío en mitad de ninguna parte. Joseph Breims por su parte estaba más preocupado por el proceso que por el tiempo así que cada vez que el militar hacía un comentario sobre el clima, le miraba de manera fulminante pues así no había quien se concentrara.
Por su parte Riku que iba en otro coche junto a Kimbley se dedicaba a mirar por la ventanilla ignorando a su acompañante. El alquimista llevaba unos días, curiosamente desde la llegada de Hiwatari, muy tenso y no se le despegaba ni un instante. Aquel hombre estaba tramando algo y aunque la pelirroja se lo temía, prefería no hacer ningún comentario al respecto para prevenir problemas futuros.
[En la calle]
Cuando por fin llegaron al juzgado, la General de División ya les estaba esperando junto con el abogado de Satoshi Hiwatari. Havoc y Breims entraron rápidamente mientras que Kimbley retenía el paso de Riku obligándola a ir más despacio. La joven intentaba adelantarse pero el hombre no se lo permitía hasta el punto de cogerla del brazo descaradamente para impedirlo; justo cuando un desafortunado Havoc había salido del juzgado para fumarse un cigarro quedando sorprendido ante esas confianzas del moreno y la pelirroja.
--Señor, la están esperando en la sala. –dijo mientras se acercaba a la pareja con el cigarro en la mano todavía sin encender- De hecho el señor Breims está impaciente por su falta. –añadió esta vez clavando sus ojos azules en los oscuros del alquimista.
--Será mejor que te des prisa, Riku. –comentó Kimbley mostrando una sonrisa maliciosa cuando decía el nombre de la joven.
--Sí, debo darme prisa. –replicó ella subiendo a medio correr para perderse por la entrada al lugar.
--Teniente Havoc, ¿qué hace aquí? –cuestionó entonces el moreno impidiendo que el rubio volviera por donde había salido.
--Sólo cumplo órdenes.
--Pues dígale a quien se las manda que no va a ser fácil jugármela, que la voy a vigilar día y noche hasta que él se pudra en el infierno.
Dicho esto Kimley se apartó de Jean para adentrarse en el juzgado dejando al soldado solo en el exterior.
--Será cabrón. –murmuró éste tirando el cigarro al suelo con fuerza y rabia para luego seguir el mismo camino que aquel hombre.
[En el juzgado]
Dentro de la sala todo era tensión. Joseph quería que se le tragara la tierra mientras esperaba que Riku apareciera y para colmo Havoc le había dicho que se iba fuera a fumar hasta que llegara la joven. El letrado no supo identificar qué era la verdadera razón de su nerviosismo el cual se calmó al ver entrar en la sala a la pelirroja rápida como un rayo. Aún así el rubio estaba tardando demasiado incluso para un fumador muy lento y eso sí que le daba pavor pues el hombre que siempre acompañaba a Riku tampoco estaba. "Que no haga una locura" pedía temiéndose lo peor.
--Todos en pie. –dijo de improviso el alguacil a la par que entraba Kimbley en la sala seguido de cerca por Havoc- Preside el honorable juez Jason Hart.
--Señor Breims puede empezar con su alegato y sea breve. –dicto el juez haciendo que al pobre Joseph le temblaran hasta las monedas de su cartera.
--Señores del jurado, la joven que está sentada a mi lado fue la víctima de un muchacho que pretendía abusar de ella. Sin duda verán que él es aún muy joven pero siendo así su juventud más propenso es a repetir el incidente y esta vez conseguir hacerla daño. Por eso señores la acusación pide para el señor Hiwatari la pena máxima para un adulto en caso de intento de violación y doble agresión con premeditación. –dijo con voz clara y firme el abogado que tras su alegato se sentó conforme con lo dicho.
--Una declaración de intenciones muy loable señor Breims. –comentó al juez antes de darle la palabra al abogado de la defensa.
--Señores del jurado. En este proceso demostraré que el hecho de que mi cliente estuviese en la escena del crimen fue mera casualidad y que todo fue una trampa del ejército para cubrir a uno de sus miembros. Les mostraré imágenes que dejarán clara la verdad y descubrirán al mentiroso y culpable de este caso. –Expuso Clains con una mirada fría pero amable y un tono de voz agradable de escuchar.
--Gracias señor Clains, ha sido una exposición bastante reivindicativa. –comentó de nuevo antes de mirar de pasada a los dos jóvenes- Señor Breims es su turno de testigos.
--Señoría llamo al estrado a la señorita Riku Harada. –Pidió colocándose cerca de la zona del jurado a la espera de que la pelirroja llegara a su posición –Señorita Harada cuéntenos que pasó la noche del crimen.
--Esa noche yo había salido cuando noté que me seguían.
--¿Le seguían?
--Sí; al girarme me encontré con Satoshi Hiwatari que caminaba detrás de mí.
--¿Seguro que era él? –preguntó Breims para asegurar la respuesta y no dejar duda sobre la identidad del perseguidor.
--Estoy muy segura. Le conozco lo suficiente como para recordar su cara.
--Continúe por favor.
--Corrí en cuanto le vi; corrí tan rápido que me dolían incluso las piernas además de estar sangrando.
--¿Sangrando? ¿Le había atacado antes de que empezara a correr? –volvió a preguntar en busca de nuevos datos que afianzaran su posición de víctima e hicieran tambalear la propuesta de Clains en su alegato inicial.
--Tuvimos un encontronazo uno o dos días antes y me había herido entonces.
--Eso quiere decir que era la segunda agresión que sufría por el señor Hiwatari. –sentenció con voz firme.
--Sí y esta vez me siguió hasta mi casa. –respondió temblando ligeramente mientras continuaba hablando- Me perseguía habitación por habitación y cuando ya no tuve a donde ir me tiró por las escaleras del sótano.
--¿Qué ocurrió entonces?
--Él me acorraló contra una estantería. Me impidió moverme e intento… intentó…
La joven ya no podía hablar y empezó a llorar a la vez que Joseph se acercaba a ella para consolarla lo cual enterneció a todo el jurado. Clains por su parte no dejaba de leer ignorando el numerito que según él, estaba montando la chica.
Jean que había permanecido todo el tiempo en uno de los últimos bancos había salido de la sala cuando la declaración de la pelirroja llegaba a la parte más peliaguda y ahora se encontraba sentado en las escaleras del juzgado con un cigarro a medio fumar. Había escuchado tantas veces esa historia que cada vez se le revolvían las tripas con mayor fuerza; odiaba que aquello le hubiera pasado a una joven como Riku y no se arrepentía de nada de lo que había hecho para ayudarla.
--Señor, el juicio va a continuar; ¿va a entrar? –preguntó uno de los escasos soldados que habían entrado en el tribunal.
--Claro, ahora voy. –respondió él tirando el cigarrillo contra la nieve y entrando tras el soldado.
Ya en el interior pudo ver a todos en su sitio incluso a Riku que había retomado su posición en el estrado. Breims estaba dispuesto a continuar con la declaración lo cual la parecía forzar demasiado a la joven; aún así Jean no dijo nada y permaneció en uno de los últimos bancos con la cabeza ligeramente agachada para así no mirar a nadie.
--Señorita Harada, ¿puede continuar con su relato? –le preguntó el abogado notablemente preocupado.
--Tranquilo señor Breims, puedo seguir y lo haré. –replicó ella antes de limpiarse un poco más la cara de las lágrimas- Él intentó abusar de mí. Me había acorralado y no tenía escapatoria.
--¿Puede confirmar que realmente iba a hacerlo?
--Claro que puedo. Él lo decía y sus acciones no dejaban lugar a la duda. –respondió con fuerza- Si no fuera por él… -murmuró haciendo que Joseph la mirara esperando que eso sólo lo hubiera escuchado él por lo que no comentó nada y siguió con sus preguntas.
--¿Y cuando llegaron los militares el joven Hiwatari seguía allí?
--Sí, y fue entonces cuando se le arrestó.
--La acusación ya no tiene más preguntas. –aclaró Breims ante el juez yendo a sentarse.
--Entonces daremos paso a la interrogación por parte de la defensa. –sentenció el señor Hart.
--Gracias señoría. –agradeció Clains mientras se levantaba dispuesto a darlo todo en un solo interrogatorio- Señorita Harada, usted ha mencionado que mi cliente le había atacado antes. ¿Podría relatar esa supuesta agresión?
Riku tembló un poco ante esa pregunta pero aún así respiró hondo y se dispuso a relatar lo ocurrido.
--Fue mientras visitaba a alguien en el cementerio. Yo estaba acompañando a una niña y él apareció amenazándome. Conseguí que la pequeña huyera y buscara ayuda mientras que yo corrí en dirección contraria para despistar a Hiwatari. Y justo cuando estábamos en un callejón me disparó enzarzándonos en una pelea de la que conseguí salir casi ilesa huyendo del lugar.
--Acaba de afirmar que fue mi cliente quien le atacó, sin embargo fue usted quien mandó a esa pequeña en busca de ayuda ¿realmente la necesitaba una joven que ostenta el título de alquimista nacional? –cuestionó el letrado con una sonrisa maliciosa en los labios.
--Él iba armado y quiso hacer daño a la niña. –replicó ella dejando de lado su título y preparación.
--Sin embargo le vino bien hacer uso de ese título, ¿me equivoco? –volvió a cuestionar.
--Sólo me protegí.
--Pero haciendo eso hirió a mi cliente que si bien puede que la siguiera ese día, lo hizo por los sentimientos que les unen. –sentenció antes de mostrar una foto al jurado- Esta imagen corresponde a hace tres o cuatro años cuando mi cliente se declaró abiertamente ante la señorita Harada mediante distintos regalos destinados a conquistarla.
Breims se había quedado boquiabierto al igual que la propia Riku que ni siquiera recordaba que esos regalos existieran. Havoc al escuchar aquello levantó la vista cruzando una fugaz mirada con la pelirroja antes de volver a agacharla apretando con fuerza el mechero de gas.
--Eso es…
--¿Falso? No lo es. De hecho me costó demasiado conseguirla pero le garantizo que no es falsa. Mi cliente estaba enamorado de ella por lo que no pudo haberla atacado.
--Pero si no hubiera sido por Roy hubiera abusado de mí. –replicó la joven sin contener sus palabras, lo que hizo que su propio abogado se quedara callado y que Clains sonriera satisfecho.
--¿Roy? ¿Quién es ese Roy? –preguntó sin dejarla contestar- No se moleste, ya respondo yo por usted. Ese hombre es el Coronel Roy Mustang; el alquimista de fuego que seguramente les suene más. ¿Si ese hombre no hubiera aparecido mi cliente hubiera abusado de ella? Más bien ese hombre es la causa de semejante malentendido. Ese hombre sentía algo por su subordinada aquí presente y no podía concebir que hubiera otro dispuesto a conquistarla. Ese hombre fue el verdadero atacante esa noche y la testigo no se atrevió a hablar por miedo a él.
--Protesto. –dijo Breims tratando de para lo imparable.
--Denegada; puede continuar señor Clains.
--Como decía, el Coronel Mustang no tuvo suficiente con aquella noche sino que además atacó a mi cliente en las instalaciones militares. –añadió adjuntando una foto de las quemaduras de Satoshi.
--Fue Hiwatari quien provocó todo esto, Roy es inocente de todo.-replicó Riku tratando de cubrir al alquimista.
--No se moleste señorita, ha quedado claro que el miedo no le deja hablar; y supongo que no lo hará abiertamente mientras haya ciertas personas en la sala.
La sala se quedó en silencio tras aquello y Breims miraba fijamente a Riku tratando de encontrar una salida a todo ese lío. Sin embargo aún le quedaba Satoshi lo cual no era muy fiable.
--Se hará un receso de veinte minutos. –dijo entonces el juez antes de abandonar la sala.
En el exterior de la sala todo eran comentarios, algunos a favor de la joven pelirroja y otros en contra del Coronel Mustang. El letrado Clains que había salido a tomar un poco el aire comentaba con Kimbley lo ocurrido en la sala mostrando en todo momento lo complacido que estaba por el rumbo del proceso. Mientras tanto en la sala Breims no sabía dónde meterse ni cómo salir de aquello.
--Señor Breims sé que habíamos quedado en no mencionarle pero es que él me salvó y no puedo olvidarlo. –justificaba Riku su actuación.
--Ya da igual lo que diga. –replicó el abogado sonriendo torpemente.
--Pero aún queda su declaración. Si presiona Satoshi podemos conseguir que hable.
--Yo no sé nada de presionar a la gente y no puedo hacerlo de manera rastrera como Clains.
--El Coronel confiaba en usted y me pidió que yo lo hiciera así que por favor ayúdeme. –pidió ella tomando entre sus manos una de las del hombre- Sin usted Hiwatari se escapará y seguramente Roy se enfadará mucho por ello.
El hombre sonrió torpemente ante tal muestra de confianza y sin soltarse de Riku susurró un tímido gracias.
--Ahora debe prepararse para la batalla. Yo confío en que venceremos y entonces será Roy quien gane la guerra. –sentenció la joven con seguridad.
--Entiendo por qué el Coronel arriesgó su carrera por usted.
--¿Qué? No es para tanto.
--Sino me cree pregúntele a Havoc. –dijo mientras se giraba para señalar al mencionado pero éste ya no estaba en la sala- Que raro, juraría que estaba ahí. Bueno eso no importa; siéntese y descanse mientras yo voy a por un vaso de agua.
Dicho eso el abogado dejó la sala para ir a una zona de descanso con máquina de café y de agua. Allí encontró al Teniente Havoc sentando en un banco mirando a la nada con el mechero en la mano. Joseph se acercó lentamente hasta quedar sentado a su lado.
--Creía que estaba en la sala.
--Necesitaba despejarme un poco. –replicó el rubio sin mirar al hombre.
--Sé que las cosas no ha salido como esperábamos pero no voy a dejar que inculpen a su superior.
--Le agradezco su esfuerzo, pero no debe preocuparse por el Coronel. –aclaró el rubio sonriendo amablemente- De hecho él le confió este caso consciente de las consecuencias del mismo así que céntrese en meter a ese crío entre rejas y olvídese del Coronel.
--Pero…
--Él confía en usted; con eso basta. –sentenció.
Tras esas palabras Jean se levantó del banco y empezó a caminar de vuelta a la sala mezclándose con la gente que ya entraba. Breims por su parte se apresuró a tomar el vaso de agua para Riku y volvió a la sala para dárselo. La joven le recibió con una amplia sonrisa llena de confianza que ayudó a despejar las dudas del letrado sobre qué hacer.
--Señoría, la acusación llama al estrado a Satoshi Hiwatari. –dijo con seguridad Joseph a la vez que dejaba la mesa y se acercaba al estrado- Señor Hiwatari, ¿es cierto que conoce a mi cliente?
--Sí, nos conocemos desde hace años.
--¿Y por qué si se conocen desde hace tanto tiempo ha tenido que hacerle daño?
--Eso no es cierto. Yo jamás le haría daño a Riku. Fue todo por culpa de ese militar que no la dejaba ni a sol ni a sombra.
--¿Se refiere al Coronel Mustang?
--Sí; el tío ese que maneja el fuego. –dijo de manera ligeramente despectiva.
--¿Por qué dice que fue culpa del Coronel?
--Porque sino fuera por él Riku se habría fijado en mí antes y no habría tenido que buscar un momento para estar a solas.
--¿Y tuvo que ser precisamente la noche del crimen? –cuestionó acercándose al verdadero motivo lentamente.
--Sí, ella ya no estaba con él y fue mi oportunidad.
--Sabe señor Hiwatari, yo diría que el Coronel lo que hacía era protegerla de usted pues se ha visto que cuando no estuvo, se aprovechó para atacar a la joven. –expuso con calma.
--¡Mentira! Yo quería decirle que aún no la había olvidado pero ese hombre no me dejaba oportunidad. –dijo algo furioso sin darle oportunidad a su abogado a protestar.
--¿Y por qué entonces la amenazó días antes? ¿No le parece que no es una manera muy correcta de declararse?
--Yo sólo quise demostrarle que no la había olvidado.
--Sería mejor si dijera la verdad; usted quería tener a la joven Harada como fuera y viendo que ella no opinaba igual se acercó de forma amenazante en dos ocasiones para tomar lo que usted cree que es suyo. ¿Me equivoco?
--Ella era mía antes de que ese tío se metiera por medio. Su novio le era infiel y pronto se sabría. Si ese tipo no existiera todo sería perfecto.
--¿Por eso provocó al Coronel Mustang? ¿Para quitárselo de en medio? ¿O simplemente para que la señorita Harada se acercara a usted por pena?
--Ese hombre me atacó sin motivo, yo sólo la estaba abrazando. –respondió sonriendo con seguridad.
--Deje de mentir a este tribunal y diga la verdad. Usted persiguió y acorraló a la joven hasta que ya no pudo escapar, y entonces intentó hacerla suya. Y si no fuera por el Coronel Mustang, lo habría conseguido.
--¡Protesto! Está provocando a mi cliente con falsas acusaciones. –se quejó Clains ahora que tenía oportunidad.
--Se acepta. Señor Breims le ruego que no se ensañe con el acusado.
--Lo lamento señoría pero quería mostrar la verdadera cara del joven Hiwatari.
--Le repito que no se ensañe con el chico.
--Sí señoría. –aceptó Joseph aún con ganas de volver a replicar- Señor Hiwatari, está demostrado que siguió a la joven hasta su domicilio por los rastros de sangre que la señorita Harada iba dejando. También se ha demostrado que ambos entraron en su casa y que fue allí donde usted intentó abusar de mi cliente.
--Yo jamás le haría daño.
--Pero lo hizo, cuando la atacó días antes y cuando esa misma noche abrió a la fuerza las ropas de la joven.
--Yo no quería hacerla daño pero ese hombre no me dejó más salida.
--La actuación del Coronel fue ejemplar en este caso.
--No lo fue y usted lo sabe, él se aprovechó de mí. –replicó el peliazul abriéndose la camisa para mostrar las quemaduras que Roy le había provocado- Esto me lo hizo él sin que yo hiciera nada. Así que no me diga que su actuación fue ejemplar.
--Señor Hiwatari no se está juzgando la actuación del Coronel sino la suya. –replicó a la defensiva Breims- Por lo que deje de echarle la culpa de sus actuaciones a un hombre que ni siquiera puede defenderse en este momento.
--Señor Breims, ¿ha terminado? –preguntó el juez viendo que el interrogatorio iba para largo.
--Bueno yo pretendía hacerle algunas preguntas más. –comentó el abogado algo dudoso.
--Adelante pues.
--Señor Hiwatari, ¿qué haría si la joven le dijera que no quiere saber nada de usted?
--Ella siempre será mía, siempre; ¿lo has oído Riku? –dijo con claros signos de demencia- Ese hombre no podrá protegerte siempre y entonces yo estaré ahí esperando mi oportunidad.
--No tengo más preguntas señoría. –sentenció Breims volviendo a su sitio junto a la pelirroja que estaba temblando ante las últimas palabras de Satoshi.
--Señoría, la defensa no va a hacer ninguna pregunta. –dijo de improviso Clains mirando severamente al joven Hiwatari.
--Pues se suspende el juicio hasta después de comer para escuchar los alegatos finales. Se levanta la sesión. –dictó el juez antes de marcharse.
[En la calle]
Una vez en la calle tras ver como los soldados escoltaban a Satoshi a un coche, Clains miró molesto a Breims que estaba hablando con Riku y con la General de División del proceso de esa mañana. El abogado del peliazul creía haber ganado con sus preguntas a Riku Harada pero ese letrado le había dado la vuelta a la tortilla como sólo un experto podría hacerlo, y eso por supuesto le molestaba más que nada. Pero aún le quedaba un as en la manga y lo sacaría en su alegato final.
Jean Havoc estaba apartado de todos fumando tranquilamente mientras observaba a los presentes. El tiempo había mejorado y aunque el juicio le había alarmado, ahora se encontraba algo más tranquilo. Sin embargo ese Clains seguía dándole mala espina como lo hacía desde el primer día que le vio; y es que el Teniente Havoc podía ser despistado pero en algunas ocasiones era tan fiero como el mismo fuego.
--Teniente, ¿por qué no se une a la comida ahora que ese tipo va a dejar a la señorita Harada un poco más libre? –preguntó de improviso Breims que había aparecido por detrás del rubio con una radiante sonrisa.
--Claro. –replicó dándole una última calada al cigarro y tirarlo al suelo aún a medio consumir.
--Entonces vamos. –añadió comenzando a caminar despacio para que el rubio le siguiera.
[En el restaurante]
Havoc y Breims caminaron con cierta rapidez por las calles de la ciudad hasta llegar al restaurante elegido. En la puerta esperaba el comandante Milles que miraba el reloj de manera impaciente.
--Sentimos en retraso. –se disculpó Joseph a la vez que se doblaba sobre sí mismo por la carrera.
--De hecho el señor Breims ha ido a buscarme y por eso nos hemos retrasado. -explicó el rubio.
--Está bien, vamos dentro.
Tras esas palabras los tres entraron en el local donde ya se encontraban sentadas la General de División y Riku en una mesa preparada para seis. El lugar en sí no era muy ostentoso, mesas y sillas de madera, una zona de reservados al final del local y una amplia barra donde tomar algo si no se va a comer.
Jean se fijó de inmediato en la joven camarera de la barra; era alta, de buen tipo y sonrisa amable además llevaba el pelo recogido en una trenza con un lazo al final. El rubio se acercó de inmediato a la barra con la excusa de consultar algo y así poder coquetear con la joven.
--Hola preciosa. –dijo en cuanto se hubo quitado el abrigo dejando ver su uniforme militar y su encantadora sonrisa.
--Hola. –contestó tímidamente la chica poniéndose roja de inmediato.
Jean sonrió más encantadoramente si podía y tomando un taburete cercano, se dispuso a sentarse y darle algo de conversación. Pero antes de que pudiera hacer nada, una mano se le posó en el hombro a la vez que la mirada de la camarera cambiaba drásticamente ante la llegada de una joven de cabello rojizo.
--Jean, te estamos esperando. –dijo la recién llegada con un tono de voz extrañamente conocido para el rubio.
--Riku, yo… -trató de justificarse el hombre al reconocer a la muchacha.
--No te atrevas a decir que no estabas haciendo nada porque entonces querrás estar en Central y no aquí.
--Vamos, no seas así. Tengo que aprovechar que el Coronel no está. –se explicó Jean.
--Que él no esté no justifica que nos dejes esperando. –le dijo antes de dirigirse amablemente a la joven- Y cuando pueda nos trae las bebidas a la mesa, gracias.
Tras sus palabras se marchó dejando a Havoc allí sentado con una indescriptible sonrisa en el rostro y a la camarera notablemente confusa ante la situación que acababa de vivir.
--Bueno señorita, otro día será. –añadió antes de tomar sus cosas y caminar hacia la mesa sin mirar a Riku en ningún momento.
Por un instante se había comportado demasiado como el Coronel y eso no le había gustado a la joven pelirroja; aunque lo que no sabía era si lo que le había molestado era su actitud en sí o el hecho de hacerles esperar mientras él coqueteaba a sus anchas. Sin embargo no dispuesto a comprobarlo, caminó con rapidez hasta la mesa una vez hubo dejado a la camarera en la barra.
--Ya era hora Teniente Havoc. –recriminó la General de División.
--Lo siento, yo estaba…
--Estaba coqueteando con la camarera. –se adelantó a decir Riku provocando las risas entre los presentes.
--No se lo tome así Havoc. –recalcó Milles- Es normal que le guste la belleza local. –añadió sin poder retener la risa.
--¿Y qué si estaba ligando? –saltó el rubio- Tengo que aprovechar que el Coronel no está.
Esa última frase que antes había servido de explicación, hizo que Olivier se e quedara mirando con interés. La mujer tardó unos instantes en apartar la vista del hombre y cuando lo hizo fue para girarse hacia Riku.
--Señora. –dijo entonces de repente el rubio ante dicho gesto- ¿Me pasa la sal?
--Claro Teniente. –respondió ella con amabilidad marcando el rango del hombre que estaba algo agitado.
Todos se habían girado al escuchar su petición y aunque era normal pues Havoc no llegaba a la sal, les pareció repentino e incluso notaron la agitación del rubio. Riku que había vuelto a hablar con Breims sobre el juicio, se había dirigido a Jean al escucharle pero tan sólo unos segundos antes de volver a su conversación. Pese a este incidente, la comida transcurrió con normalidad entre risas y bromas con el pobre Jean Havoc como centro de éstas. Al filo de la media tarde todos salieron del restaurante en dirección al tribunal para el acto final.
[En el juzgado]
El juzgado se había llenado de gente a cada minuto que pasaba acercándose a la hora de vuelta al proceso. Clains permanecía en silencio junto a Kimbley que no dejaba de murmurar fórmulas alquímicas repasando sus efectos en amplio rango. El letrado que no entendía de alquimia, se le había quedado mirando queriendo creer que el moreno lo hacía por pasar el rato y que no se le estaría ocurriendo volar por los aires el lugar. Mientras pensaba esto vio acercarse al grupo que acompañaba a la señorita Harada y se lo indicó al alquimista con un gesto silencioso al que el hombre respondió con un gruñido mostrando su completa desaprobación a semejante idea.
--Ya era hora. –dijo Kimbley acercándose a Riku para tomarla del brazo- Espero que te hayas comportado. –añadió mirando con seriedad a los presentes.
--Claro que se ha comportado Coronel. –le replicó de improviso Havoc que iba fumando tranquilamente detrás de la pelirroja- Ella no es como usted. –añadió haciendo que el hombre se girara hacia él.
--Teniente, le recuerdo que debe comportarse ante un superior y visto que el suyo sigue en la perrera, debe comportarse ante mí. –le respondió con frialdad y dureza para luego arrastrar a la muchacha hacia el edificio haciendo que Breims caminara con rapidez detrás de ellos.
Jean por su parte permaneció en silencio aún con sus ojos fijos en el trío que se marchaba notando la mano de la General de División en su hombro.
--Tranquilo muchacho. –dijo a la vez que se quedaba solo con él- Sabes muy bien que ella sólo tiene ojos para Mustang.
Y dicho esto se marchó mostrando un sonrisa digna del mayor de los enigmas dejando al rubio solo y confuso. Él que sabía leer entre líneas tuvo que tragar saliva ante la agudeza de la mujer y en seguida se adentró en la sala donde el juez ya estaba.
--Bien señores, es el turno de sus alegatos finales. Señor Breims, su turno.
--Gracias señoría. –dijo mientras se levantaba y caminaba hacia el jurado- Señores del jurado, en este breve pero intenso proceso se han vertido acusaciones contra todo y contra todos; sin embargo, las pruebas demuestran que el señor Hiwatari agredió en varias ocasiones a la señorita Harada y que en la última incluso llegó más lejos. Hemos escuchado como el joven se escudaba en unos celos infundados que aún siendo respetables, no eran para nada una justificación de sus actos. Por esto pido para el señor Satoshi Hiwatari la pena máxima para un adulto en caso de intento de violación y doble agresión con premeditación.
--Señores del jurado. –comenzó a decir el letrado Clains cuando Breims se hubo sentado- El letrado de la acusación ha expuesto una clara situación que se basa únicamente en el testimonio de la testigo y de un hombre, hoy no presente, sobre lo ocurrido. El letrado ha intentado demostrar con pruebas que mi cliente agredió a la joven pero les recuerdo que él también fue agredido con un arma militar cuando el supuesto salvador tenía los conocimientos más que mínimos de lucha cuerpo a cuerpo. Por eso y porque todo este proceso se trata de una treta del ejército, pido para mi cliente la libertad incondicional.
--El jurado debatirá unos instantes antes de tomar una decisión. –dijo el juez dando permiso a los miembros del jurado para que se marcharan a deliberar.
Éstos salieron por una puerta lateral mientras que el alboroto llenaba la sala. Joseph que había escuchado con calma la intervención del abogado defensor sonreía satisfecho. Le había parecido una intervención a la desesperada sin nada nuevo que argumentar y basándose claramente en la culpabilidad del Coronel Roy Mustang. Ese tema al final no había sido de mucha ayuda o al menos eso esperaba. Riku no dejaba de mirar a Olivier que parecía tranquila sentada junto a Milles y al fondo Havoc jugaba con el mechero de gas que solía llevar. Cuando pensaba en levantarse y preguntarle algo al rubio, el jurado salió de aquella salita contigua y el juicio se dispuso para terminar.
--Este tribunal ha encontrado al señor Satoshi Hiwatari… culpable del delito de intento de violación y doble agresión con premeditación. –proclamó el portavoz del jurado a la par que Clains miraba más que enfadado a su cliente que agachaba la cabeza derrotado.
--Gracias por su tiempo y colaboración señores. –dijo el juez- A la vista de esta sentencia, yo condeno al señor Hiwatari a pasar los próximos 3 años en las dependencias de la prisión de Central sin posibilidad de fianza o libertad condicional antes de su segundo año de prisión.
Estas fueron las palabras definitivas, las que tras el abandono del juez de la sala, se convirtieron en la causa de la alegría de Riku y de todos sus allegados. La General la abrazaba con cariño y Breims no dejaba de decir que no debía darle las gracias porque lo había hecho como un favor al Coronel; y fue entonces al mencionar al Coronel que ella pensó que como en las buenas películas aparecería de la nada con su cálida sonrisa y un ramo de flores dispuesto a celebrarlo.
--Sé que te gustaría que estuviera aquí. –dijo en voz baja Havoc detrás de ella antes de salir de la sala incluso del edificio y encontrarse a Kimbley maldiciendo a todos y a todo.
El rubio siguió su camino sin detenerse dejando de escuchar el alboroto causado al cabo de varios minutos. El día comenzaba a morir mientras él encendía un cigarrillo y echaba el humo al aire. Se sentía alegre por la joven pero a la vez triste por él, si al menos todo fuera más fácil…
[En la fortaleza]
Era más de media noche cuando el rubio llegó al cuartel caminando cabizbajo con un cigarro en los labios que no se limitó a apagar al entrar al recinto. Tuvo que ser uno de los centinelas quien le recordara que no se podía fumar en el lugar. Los soldados terminaba sus tareas diarias y le saludaban como era normal mientras que él simplemente les devolvía el saludo antes de seguir caminando y llegar así a su cuarto en la fortaleza. En menos de 12 horas se marcharían a Central con el prisionero y todas sus oportunidades se habrían visto frustradas por Kimbley y su incesante vigilancia.
--Mañana será un nuevo día. –se dijo antes de dormir tirado en la cama con el uniforme aún puesto.
--Buenos días Comandante Harada. –la saludaba un soldado mientras ella pasaba por el corredor de camino al despacho de su tía.
Kimbley se encontraba en ese momento hablando con Clains lo cual le había dado la oportunidad de hacer algo sin tenerle respirando en su nuca. Así pues caminaba con cierta prisa hacia ese despacho abriendo la puerta de golpe sin llamar en cuanto estuvo frente a la misma.
--General, me gustaría… -ahí acabaron sus palabras antes de que volviera a cerrar la puerta sorprendiendo a las dos personas que estaban en el despacho en ese instante, aunque volvió a abrirla en cuestión de segundo para cerrarla una segunda vez con ella ya dentro.
--Riku esto tiene una explicación. –dijo un hombre moreno de ojos oscuros y sonrisa encantadora con una peluca rubia en su mano izquierda.
La joven no le dejó tiempo para decir más y se lanzó sobre él haciendo que el hombre tuviera que dar un par de pasos hacia atrás.
--Te he echado de menos. –fue lo único que dijo antes de corresponder al abrazo olvidándose de la mujer rubia que estaba en la misma estancia.
--No quiero molestar jovencitos pero ahora mismo están buscando al Teniente Havoc y me temo Coronel Mustang que su tiempo de reunión se está acabando. –dijo la General de División con voz neutra.
--Pero tía… -se quejó la pelirroja.
--Tiene razón Riku. –añadió Roy- Si me encuentran aquí tendremos problemas sobretodo el pobre Havoc.
--Pero es que acabo de verte y ya te tienes que ir. –replicó ella con mirada triste y voz de niña lo que sacó del mayor una sonrisa llena de ternura y cariño.
--Es lo que se debe hacer. –dijo el hombre acariciando la mejilla de la muchacha con su mano.
--¿Cómo lo supiste tía? –preguntó entonces Riku sin separarse del hombre ni un milímetro.
--Fue por pequeños detalles. –dijo ella comenzando a enumerar- Primero lo poco que fumaba se me hizo llamativo después de lo que tú me habías contado de él; segundo fue las continuas discusiones con Kimbley siempre por tu causa y lo que me dio la pista definitiva fue ayer mismo cuando tratabas de justificarte de todo aquello que le haría daño a Riku hasta llegar a demostrar inconscientemente la alegría de ver que ella estaba bien. Luego le cité aquí para comprobar mis suposiciones.
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--¿Quería verme señora? –preguntó un hombre rubio cruzando la puerta del despacho de su superior.
--Si Teniente Havoc, me gustaría que tuviéramos unas palabras. –dijo entonces ella mientras el hombre cerraba la puerta.
--Usted dirá.
--Teniente, ¿desde cuando no ha fumado?
-¿Cómo? –cuestionó él antes de disponerse a responder.
--No me lo diga. Además, creo que tampoco debería tratar de explicar por qué ha estado en constante enfrentamiento con el Coronel Kimbley. ¿No es así… Mustang?
Aquel nombre le dejó clavado en el sitio antes de asentir ligeramente y desprenderse de la peluca rubia que llevaba.
--Parece que a la General de Briggs no se la puede engañar. –comentó mostrándose por fin como realmente era.
--No esperaba esto de un oficial como usted Coronel.
--Lo sé pero tuve que hacerlo. –trató de explicarse él.
--No siga. Creo entender la razón más que usted mismo. Sólo querías verla ¿no muchacho?
--Señora, si va a entregarme no le diga a Riku que ha sido aquí donde me han descubierto.
--Nadie va a entregar a nadie. Sólo espera que la vaya a buscar y os concederé unos minutos de mi valioso tiempo.
--Gracias señora.
Fue entonces cuando la puerta se abrió y Riku apareció para volverla a cerrar.
-----------------------Fin Flash Back--------------------------
--¿Entonces ya habías pensado dejarme verle? –preguntó al pelirroja tras escuchar eso.
--Sí, y debo decir que me sorprendió que se mostrara abiertamente ante mí con sólo un par de frases.
--No merecía la pena poner en peligro a Havoc con una exhaustiva investigación. –replicó el moreno con su mano aún en la cintura de la pelirroja.
--Mustang, debo recordarte que aún estás en peligro por haber infringido la sentencia así que…
--Entiendo. –dijo Roy separándose de Riku.
--¿Puedo al menos despedirme? –preguntó entonces la joven poniéndole ojitos a la General.
--Dos minutos. –sentenció la de mayor rango antes de dejarles solos.
--Roy yo…
--Shhh. No digas nada que estropee el momento.
--Pero hay tanto que…
Lo siguiente que se oyó fue el silencio creado por un beso tierno y suave. El hombre había aprovechado el intento de explicación de la joven para atraparla entre sus brazos y capturar sus labios.
--Guárdalo en tu corazón hasta que nos volvamos a ver. –dijo el moreno separándose lentamente de ella para ponerse la peluca y las lentillas.
--No quiero que te alejes de nuevo.
--No podemos alargar la visita de Jean más tiempo, recuerda que él me está cubriendo y ni siquiera sé si podrá con ello.
--Es verdad. –reconoció la pelirroja riendo ligeramente.
--Bueno Comandante. Me temo que este humilde Teniente tiene que irse.
--Podrías pedir el traslado Havoc.
--No puedo, el Coronel me necesita.
--Pero yo más. –replicó con fuerza antes de ser ella quien le abrazara con fuerza.
--Riku por favor. Ya ha sido muy duro estar aquí sin poder decirte nada. –le pidió le hombre alejándola de él- No nos lo hagas más difícil, ¿vale?
La joven asintió algo triste y dio un par de pasos hacía atrás dejando vía libre al hombre para que saliera del despacho. Tras quedarse sola se sentó en una de las sillas y cubriendo su rostro con las manos, comenzó a llorar por perderle de nuevo ahora que ya se habían mostrado lo que sentían el uno por el otro. La General que había visto salir al rubio ligeramente cabizbajo, entró enseguida en el despacho para encontrarse a la pelirroja en semejante estado.
--Tranquila Riku, tranquila. –le dijo tratando de consolarla.
--¿Por qué? ¿Por qué? –cuestionó ella una y otra vez.
--Porque le amas demasiado y él a ti. –sentenció la mujer tomando el rostro de la menor para secarle las lágrimas- Además se sentirá mejor si le despides y así Kimbley no se dará cuenta, ¿no crees?
--Tienes razón. Voy a despedirle. –dijo poniéndose en pie a la vez que se terminaba de limpiar la cara y salía del despacho seguida por la General.
[En el hangar del fuerte]
En uno de los hangares todo estaba listo para el viaje, sin embargo Kimbley estaba discutiendo con Havoc con gran intensidad.
--Eso no tiene lógica. –replicaba el rubio una y otra vez.
--Se aguanta Teniente, las órdenes son las órdenes. –insistía el moreno sin dar su brazo a torcer.
--¿Qué está pasando? –preguntó la General al ver el escándalo.
--Que este hombre –dijo despectivamente señalando a Havoc- no quiere cumplir sus órdenes. Debe estar acostumbrado a que el perro se las pase pero aquí es diferente así que debe obedecer.
--El Coronel no es un perro. –saltó Riku sin poder contenerse dispuesta a usar su alquimia pero una mirada negativa de Jean le hizo desistir del intento.
--Claro que lo es y éste será el primero en recordárselo cuando se quiera ir de aquí en el tren de las 11:45.
--El tren programado para el traslado es el de las 12:05. –replicó de nuevo Havoc.
--Le repito Teniente que se ha ordenado que usted tome el de las 11:45 para preparar el dispositivo de traslado del preso.
--Señor Havoc –dijo la General interviniendo en la discusión- las órdenes hay que cumplirlas así que le recomiendo que monte en ese coche y llegue a su tren.
--Pero señora la programación era diferente. –trató de explicar.
--Teniente, haga lo que le han ordenado. –le respondió ella con firmeza poniendo de manera discreta una mano sobre el hombro de Riku como diciendo "hazlo por ella".
El rubio asintió y sin decir nada tomó la carpeta que Kimbley le tendía. Al hacerlo miró con odio al hombre que sonreía victorioso. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no volver a enfrentarlo y se subió en el coche que se alejó en seguida.
--Señores, preparemos al preso para el traslado mientras el Teniente Havoc nos abre el camino. –dijo el alquimista carmesí volviendo hacia el interior de la fortaleza.
Todos asintieron y los soldados que habían venido de Ciudad Central se marcharon tras el alquimista mientras que los demás se quedaron allí frente a su superior.
--Pueden retirarse. –ordenó quedándose a solas con Riku.
--Al final se ha marchado enfadado. –comentó la pelirroja- No tiene remedio. –añadió mientras daba la espalda a la mujer y se alejaba de vuelto al interior.
--Sí, enfadado… -murmuró entrecerrando los ojos con la mirada fija en el exterior.
Pasados unos minutos la General volvió al interior de la fortaleza todavía con el suceso en la memoria.
[En la estación de tren de North City]
Havoc estaba ya en la estación de tren acompañado de dos soldados de Central uno a cada lado como si en vez de acompañarlo lo estuvieran escoltando. "Ni que fuera un hombre importante." Pensó para sí mientras se encaminaban hacia el andén.
--Bueno señor, nos veremos en Central. –dijo uno de ellos a la vez que le saludaba.
--Supongo que sí. –replicó el rubio sin entender por qué no subían con él al tren.
--El Coronel Kimbley nos ha pedido que volvamos para así tener mayor escoltas para el preso. –añadió el otro como si le hubiera leído la mente a Jean.
Quedándose tranquilo con esa respuesta, el Teniente subió al tren y buscó sitio al final del vagón donde no se le viera demasiado. Una vez allí se relajó abriéndose el uniforme.
Por fin había salido del radio de acción de Kimbley por lo que sacó del maletín los papeles y comenzó a leerlos con interés para ver cuales serían las medidas estimadas por el alto mando respecto a la custodia de Hiwatari. Leerlo fue largo pues eran casi 100 páginas sobre las medidas de seguridad de los presos peligrosos pero cuando por fin llegó al final se encontró con algo que jamás se habría imaginado.
Nos vemos en el infierno Mustang
[En el despacho de Olivie Armstrong]
El estruendo de una puerta abriéndose de golpe sobresaltó a la General de División y a sus dos acompañantes en ese despacho. Un soldado había entrado jadeando con signos de haber corrido demasiado para sus límites.
--General… el tren… el tren ha explotado… -dijo como pudo antes de desmayarse por agotamiento ante la sorpresiva mirada de los presentes.
--Capitán Buccanner, prepare un equipo de reconocimiento. Quiero saber si hay supervivientes en la zona del suceso. –dijo con seguridad- Teniente Milles, usted le acompañará con otro equipo y quiero que averigüen que es lo que ha pasado en ese tren.
--¿Y usted señora? –preguntó el ishbalí.
--Yo tengo que darle la noticia a alguien. –respondió bajando ligeramente la vista- Vamos, en marcha. –añadió ante el silencio creado.
Los dos hombres salieron rápidamente del despacho mientras que la mujer llamaba a la enfermería para que se llevaran al desmayado. Cuando por fin se quedó sola se volvió a sentar suspirando pesadamente. Si no encontraban supervivientes sería una catástrofe; y si Riku se enteraba sería un duro golpe para ella. Debía hablar con ella cuanto antes. Sin pensarlo dos veces se encaminó hacia la habitación de la joven.
[En la habitación de Riku]
Zolf J. Kimbley se encontraba sentado frente a la joven pelirroja con una sonrisa en los labios a la vez que ésta estaba pálida y con los ojos rojos. ¿Cómo habían llegado a eso?
El hombre había entrado diez minutos antes notablemente preocupado pero con una fría sonrisa en el rostro.
--Querida Riku cuanto lo siento. –había dicho nada más cruzar el umbral y la mujer no había sabido qué responder- Oh claro, que no te has enterado. –añadió antes de ir a sentarse.
--¿Enterarme de qué? –preguntó ella sin confiar mucho en el hombre.
--De lo que le ha pasado al tren de las 11:45. –comentó con frivolidad- Al parecer ha volado por los aires.
--¿Volado… por… los… aires? –repitió ella sin poder apartar sus ojos del moreno.
--Sí, aunque no se sabe como ha sido. –añadió fingiendo preocupación- Ni siquiera se sabe si cierto perro iba en él. –incluyó en sus palabras mostrando su sonrisa maliciosa.
--¿Perro? –preguntó antes de darse cuenta de lo que acababa de decirle- Tú… Has sido tú, ¿verdad? –añadió en tono acusativo.
--Por favor Riku, yo no mato animales.
--¡Mientes! ¡Lo sabías y por eso le mandaste en otro tren! ¡Asesino!
--Yo no sabía nada querida, salvo que Roy Mustang estaba donde no debía. –le replicó riendo abiertamente.
--¡Asesino! ¡Asesino! –repitió una y otra vez hasta que no tuvo más fuerzas y se echó a llorar sin descanso.
Y tras unos minutos escuchándose únicamente su llanto en la estancia, todo se había silenciado hasta el momento en que la General de División entró en el cuarto. La mujer se encontró con un Kimbley muy alegre y una Riku hecha polvo. La muchacha se lanzó a ella en cuanto la vio y siguió llorando sin parar a la vez que el alquimista salía de la estancia.
--Dime que no; dime que no estaba en el tren, ¡dimelo! –pidió la pelirroja destrozada.
--No se sabe nada Riku. Lo siento. –le respondió ella sin dejar de abrazarla y pasar con ternura su mano por la cabeza de la joven.
[En un tramo de vía a dos horas del cuartel de Briggs]
Milles y Buccanner habían llegado al lugar de los hechos tras un par de horas de viaje. Habían esparcido a sus hombres en sus diferentes tareas y ellos estaban revisando los restos del tren. Al parecer la explosión sólo había afectado a un par de vagones que al explotar habían hecho que el tren se dividiera quedando la mayor parte intacto. Sin embargo los vagones implicados en el hecho estaban notablemente dañados y sus pasajeros eran ahora cadáveres.
--Teniente. –le llamó uno de los soldados a Milles- Hemos encontrado una cartera del ejército y los restos de un uniforme ensangrentado.
--¿Algo que nos ayude a saber de quien era? –preguntó el ishbalí.
--No mucho. Hay papeles medio quemados y mucha sangre en la zona; además uno de los soportes del vagón debió caer sobre la persona que fuera en este sitio. –añadió el militar mostrando dicho soporte clavado en el asiento y la zona llena de sangre.
--Está bien. Habla con la estación a ver si pueden darnos la lista de los pasajeros para saber si había algún militar y quién era.
--No será necesario Milles. –dijo de improviso Buccanner apareciendo por detrás de él con lo que parecía un mechero de gas y unos galones- Lo he encontrado junto a ese maletín, ¿te suena?
--Dios mío, es de Jean Havoc. Claro, él iba en este tren. –dijo el ishbalí al darse cuenta- ¿Y qué hacemos? La General no se pondrá muy contenta al saber que han matado a un hombre de Central en su jurisdicción.
--Técnicamente no está muerto señor. –añadió el soldado que había encontrado la cartera y el uniforme- No hemos encontrado ningún cuerpo vestido así. Sólo hay jirones del uniforme por la zona pero nada más.
--¿Tú que opinas Buccanner?
--Desaparecido hasta encontrar su cuerpo. –sentenció el militar guardando lo que habían encontrado de Havoc en una bolsa- Llévalo al coche y no se lo enseñes a nadie.
--Buccanner, ¿cómo se lo decimos a Riku? Sabes tan bien como yo que ese no era Jean.
--La General nos lo contó para ayudar a la joven, pero por lo que a mí respecta hasta que se descubra que no era él sigue siendo Jean Havoc. –confirmó el hombre antes de volver su trabajo.
--Claro. Jean Havoc desaparecido. –añadió el ishbalí volviendo también al trabajo.
