Advertencias:Drama, AU, reencarnación, Fem!Levi, Lemmon

Disclaimer:Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama

Un lugar para mí

Terminaron de instalarse en medio de un incómodo silencio. Eren ordenó la poca ropa que llevaba y se fue directo a la cama, a buscar la forma de dividirla por la mitad. En el armario consiguió algunas almohadas y mantas extra que le sirvieron para crear una pequeña barrera a lo largo de la cama, dejando espacio suficiente para ambos.

—¡Está listo! —Anunció viendo concluido su trabajo. El mayor se acercó hasta donde estaba, inseguro sobre esa muralla improvisada.

—Esto es una tontería, yo dormiré en el suelo.

—¡De ningún modo! ¡Si es así seré yo quien duerma en el suelo!

No quería discutir, estaba cansada por el viaje, además parecía seguro compartir la cama de ese modo. No habría forma de pasar esa barrera mientras dormían.

Terminó de desempacar, llenando la parte de armario que le correspondía antes de dirigirse a la ducha. Necesitaba un baño.

—Ve a dormir mocoso, mañana será un día pesado.

—¿Usted no irá a la cama?

—Tomaré un baño primero.

Apenas cerró la puerta, Eren se sentó en la cama, cansado, apoyando los codos en sus piernas para ocultar su rostro. En la oscuridad de aquella lejana habitación se permitió mostrarse tan abatido como se sentía. La confusión estaba creando un mar de pensamientos inconexos a los que no podía hacer más que dar vueltas tratando de hallar una respuesta que sabía no estaba allí.

El comportamiento frío e indiferente de Levi los últimos días reemplazado por los íntimos roces que habían compartido para luego dar paso a más indiferencia lo estaba volviendo loco. Había veces en que podía jurar que él le recordaba, pero siempre que eso ocurría el mayor se cerraba de inmediato como si temiera ser descubierto haciendo algo malo. Podría estar confundido, pensó, pero luego llegó a su mente el recuerdo de aquel beso que compartieron en la oficina y de inmediato lo descartó, definitivamente no estaba confundido en ese momento. Incluso había negado recordarle, entonces, ¿por qué sentía que le estaba mintiendo?

El timbre de su celular rompió el silencio sacándolo de sus pensamientos.

—¿Hola?

Salió del baño lo más silenciosa que pudo, para ese momento el castaño ya debería estar dormido, sin embargo en cuanto abría la puerta alcanzó a escucharle contestando el teléfono. Pensaba salir de cualquier forma, pero la curiosidad pudo más y cerró la puerta de nuevo para escuchar a través de ella.

—¡Ah! ¡Eres tú! Lo siento tuve que salir de la ciudad... si, fue algo de última hora... lamento no haberte avisado cuando salí esta mañana... ¿Qué? ¿Te irás tan pronto? ... De verdad lo siento, incluso olvide llamarte... De acuerdo, buen viaje entonces. Hasta pronto.

Sin previo aviso, la furia se apoderó de ella. Estaba celosa. Obviamente había pasado la noche con alguien que, por lo visto, aún permanecía en su casa, ¿cómo se atrevía el mocoso idiota a portarse así con ella teniendo a alguien más?

—¡Señor! —le llamó notando su presencia. —Lo siento era una llamada de mi casa...

Los ojos de la pelinegra se abrieron con sorpresa por el descaro del chico mas de inmediato lo ocultó. Pero fue tarde y Eren había notado la reacción de su superior, parecía molesto, como si estuviera... celoso. Tenía que explicarle.

—Ah no, d-déjeme explicarle...

—No tienes que explicarme nada, tus asuntos personales no me interesan.

¿Asuntos personales? ¿Acaso pensaba que había dormido con alguien más?

—¡No es lo que piensa! ¡Era mi amigo Armin! Se estaba quedando en casa por unos días mientras estaba de visita en la ciudad pero entre él y yo no hay nada...

Comenzó a hablar atropelladamente tratando de explicarle y convencerlo de la verdad incluso sin saber bien por qué lo hacía.

El chico se veía sumamente apenado, parecía que en cualquier momento comenzaría a llorar a causa del malentendido. Claro, su explicación tenía sentido, recordaba al amigo rubio de Eren. Lo que no podía entender era su reacción tan estúpida. Se acercó a la cama donde estaba el más joven.

—No necesitas explicarme nada —le habló tranquila apoyando una mano en su hombro, tratando de calmarlo —, no tengo derecho a meterme en tu vida ni a pedirte explicaciones. —El castaño se sintió reconfortado por sus palabras, pero entonces... —Yo sólo... sólo soy tu jefe, así que no me debes ninguna explicación.

No podía creer que hubiera dicho aquello. De inmediato sintió el cuerpo del joven tensarse bajo su mano, ¿qué derecho tenía ella de destruirlo así? Esta era la oportunidad que buscaba para cortar lazos de una vez por todas.

—¿S-Sólo mi jefe? —estaba temblando por el dolor y la rabia que sentía. —¡¿Sólo mi jefe?! ¿Entonces usted acostumbra besar a todos sus empleados?

—¡Estúpido mocoso insolente! —le gritó de vuelta. Estaba a punto de golpearlo, pero el castaño sostuvo su mano antes que tomara impulso.

—Por favor. —le pidió con voz suplicante. Cuando levantó el rostro, Levi pudo ver lágrimas acumulándose en los verdes ojos que amaba. No podía simplemente tratar así a la única persona que había llegado a amar.

—Por favor... dime que no es verdad, que no soy sólo un empleado para ti. —Gruesas lágrimas caían por su rostro ya sin que intentara detenerlas mientras se abrazaba al mayor por la cintura.

Levi sintió su pecho contraerse al ver al joven en ese estado. No podía verlo así, mucho menos sabiendo que ella era la causante de ese sufrimiento. Ponte en su lugar. Las palabras de Hanji hicieron eco en su mente, ella tenía razón, si los papeles se invirtieran seguramente se sentiría igual o más desesperado.

Mandando al demonio su decisión de alejarlo, llevó sus manos tímidamente hasta la cabeza del menor, acariciando suavemente las hebras castañas, sorprendiéndolo. Ante la sorpresa, Eren levantó el rostro para verle, mas fue detenido por Levi, quien ya sin querer evitarlo, correspondió su abrazo y ocultó su rostro entre su cabello.

—No me hagas esto Eren. —Le susurró con pesar, pero él no logró entender el motivo de sus palabras. —Tú y yo no podemos estar juntos, esta vez no.

Eren se irguió ante aquella dolorosa declaración buscando respuestas.

—¿A qué se refiere con esta vez? —Ya no tenía más dudas. —S-Señor usted si... ¿me recuerda? Usted... —Levi se sobresaltó ante la firmeza en sus palabras, alejándose de él. —Tú sí me recuerdas... Levi.

En el momento en que escuchó su nombre en labios de Eren supo que todo estaba perdido, se dejó caer de rodillas delante de él tratando de ocultar las lágrimas que escaparon de sus ojos.

—¿Levi? ¡Levi mírame! —Le tomó el rostro entre sus manos obligándolo a verle. No recordaba haber visto nunca al mayor en aquel estado, tan vulnerable, con lágrimas solitarias surcando sus mejillas, y tan cansado, como si todo el peso del mundo se hubiera posado sobre sus hombros.

—¡Tu no lo entiendes Eren! —¿Cómo podría explicarle? Ahora era el momento perfecto y sin embargo las palabras se atoraban en su garganta impidiéndole liberarlas. —¡Ya no soy la persona que era, no soy quien esperas que sea!

Trató de alejarse pero el joven fue más rápido y sé lo impidió tomando su brazo para atraerlo hacia él.

—No me importa Levi —le habló aferrándose a ella en un apretado abrazo. —No me importa quién seas, ni si has cambiado y ya no eres como antes, yo me enamoré de ti por tu alma.

Quería creerle, compartir su seguridad, pero el miedo no le permitía dejarse llevar. En medio de la confusión, terminó correspondiendo su abrazo temerosa.

—Eren yo...

—Está bien, —le interrumpió, —no tienes que decirme nada, esperaré hasta que estés listo así que... —le obligó a mirarle a los ojos —ya no me alejes de ti.

Tomando su rostro entre sus manos, se acercó hasta unir sus labios con los de la chica en un beso salado por las lágrimas mezcladas de ambos. Mantuvieron el contacto por un tiempo prolongado, alargando lo más posible la sensación de tranquilidad que se transmitían.

Rompieron el beso en busca de aire y Eren aprovechó para sentarse de nuevo en la cama, atrayendo al pelinegro para que se sentara en su regazo, quien sorpresivamente accedió de buena gana.

—Te extrañé. —Besó de nuevo sus labios con ternura mientras le acariciaba el rostro.

—También yo. —Aceptó desviando la mirada.

Eren siguió mimando a su superior mientras este se dejaba hacer y le devolvía el gesto pasando las manos suavemente por sus brazos y espalda. Entre beso y beso las caricias se tornaron necesitadas y una de las manos de Eren que había ido a dar a su cadera comenzaba a subir peligrosamente hacia su torso. Quería hacerlo suyo en ese mismo instante, volver a sentir la calidez de ser uno sólo con el pelinegro y hacerle saber que le pertenecía sólo a él, pero en cuanto quiso tocarle como antes lo hacía sintió su cuerpo tensarse.

—¡Espera! —Se alejó del castaño que le miraba entre desilusionado y confundido.

—Está bien, —le sonrió —no haremos nada si tu no quieres, me basta con tenerte cerca.

Aún nerviosa por lo de antes volvió a acomodarse cerca pero entonces fue levantada en brazos por el joven que se había puesto de pie.

—¿Qué crees que estás haciendo mocoso? —Trató de librarse pero la tenía bien sujeta, sabía que odiaba aquello.

—Es tarde, deberíamos dormir.

Aún con Levi en sus brazos, se deshizo de la muralla que había hecho y metió al pelinegro entre las mantas para luego acostarse él mismo.

Estaba asustada, incluso cuando muy a su pesar logró que desistiera de tener intimidad, durmiendo tan cerca inevitablemente la descubriría, estaba por golpearlo lejos cuando le sintió abrazarle por la espalda.

—No sabes cuánto soñaba tenerte entre mis brazos de nuevo. No voy a hacer nada, sólo déjame estar cerca de ti.

Las palabras del castaño susurradas en su oído no hacían más que incrementar sus ansias por sentir al chico recorriendo su cuerpo, mas se obligó a controlarse.

Cuando estaba a punto de rendirse al sueño escuchó de nuevo la voz adormilada del castaño.

—Por fin estaremos juntos, ¿cierto?

No podía decirle que no cuando era lo que más deseaba. Entrelazó sus manos a las del chico que le rodeaba y se relajó disfrutando su calor. Por fin estaba donde siempre debió estar, regresando al único lugar en el mundo al que siempre había pertenecido.

—Sí.

Durmió mejor que nunca, pero la angustia oprimía su pecho. ¿Qué pasaría cuando Eren se enterara? Porque no, ya no se sentía segura de poder decírselo ella misma.