Princesse bleue

Disclaimers

¿Qué hay familia?

Aquí estoy tratando de liberar cabos sueltos en la serie, pese al tiempo libre que tengo pero sabiendo que Francia será campeón mundial de futbol me activa un poco el ánimo.

Este capítulo habrán muchos sentimientos encontrados, sobretodo en la parte final.

Garantizo los suspiros, eso sí…

Miraculous Ladybug (la serie y sus personajes) no me pertenecen, siendo propiedad intelectual de Thomas Astruc, Zagtoon, Method Animation, Toei Animation, SAMG, TF1, The Walt Disney Company (France), SK Broadband, AB y De Agostini Editore S.p.A.

Capítulo 11: Entre puntadas, trazos y conversaciones nocturnas

Los rayos del sol entraron a la habitación de Marinette que todavía yacía de sueño en su cama.

—¡Marinette! ¡Levántate!—decía Tikki tratando de despertarla, pero no hubo reacción alguna—Muy bien…no me queda otra alternativa…

La kwami roja tomó el celular de la peliazul para reproducir la última canción de Jagged Stone para que pudiera despertar al instante.

—¡¿Qué sucede?! ¿Empezó una guerra?—exclamó la joven muy alarmada, pero vio a Tikki riéndose por sí misma—Tikki…

—¡Bueno! Era un buen pretexto para despertarte—dijo con tono inocente la aludida.

—Bien…es domingo y es un día de descanso después de una semana pesada de clases—dijo la diseñadora para volver a recostar su cabeza en la almohada—Por lo tanto no haré nada hoy…

—¿Además de que vendrá Adrien a ayudarte con tu kimono?—dijo Tikki.

Con esa cuestión, Marinette se levantó inmediatamente para quitar lo más rápido que pueda la cantidad de fotos del modelo en su habitación.

—Sabía que eso no fallaría…—comentaba Tikki con triunfalismo en su tono.

—Sólo me falta alistar los prototipos de diseño que hice…—dijo la joven que husmeaba cada cajón de su escritorio hasta hallar una carpeta morada con los bocetos guardados—Espero que a Adrien le guste mucho la idea…

—Espero que sí, Marinette. ¡Ya estás dando un gran paso para lograrlo!—comentaba la kwami.

—¡Jummmm! Ya estoy cerca de ese gran paso…—decía Marinette volviendo a soñar despierta—Ya estamos en último año de secundaria y seré la novia oficial de Adrien…

—¡Jijiji! De veras tienes un poco de suerte en tí—dijo Tikki al verla en su estado de fantasía.

En la mansión Agreste…

El timbre sonó a las siete en punto de la mañana provocando que Adrien se levantara inmediatamente para arreglar sus cosas y dirigirse al baño.

—¿Qué haces tan levantado a esas horas de un domingo? No me digas que tienes más trabajo…—le preguntó Plagg que todavía descansaba en una de las tantas atracciones del joven.

—Hoy quedé de ver con Marinette para ayudar a diseñar el kimono que vamos a presentar a la clase el próximo viernes—dijo el rubio tras meterse a la ducha.

—No me digas que finalmente estás buscando pareja, ¿Qué diría Ladybug si te hallara en tan comprometida situación?—comentaba el kwami negro.

—¡PLAGG!—Adrien le regañó desde la distancia—Marinette es una amiga…

—¡Pretextos!, ¿Y cómo explica la pulsera que te dio ella? No te la has despegado ni para bañarte—dijo Plagg después de tragar un poco de su queso favorito.

—¡Claro que no! Hace poco me la he quitado y me la pondré después. Sólo que me encanta…un poco…su diseño—admitía un poco Adrien después de salir y tomar una bata para poder cambiarse—Además es necesario que tenga un poco de ayuda adicional para terminarlo lo más pronto posible…

—Sólo son pretextos tuyos amigo, mientras tanto yo me quedo con mi bello Camembert…—dijo el kwami negro abrazando aquel pedazo.

—Como tú digas, mientras tanto yo iré a desayunar…—dijo el rubio una vez arreglado para la ocasión, dirigiéndose al amplio comedor de la mansión.

Sin dudas será un día muy entretenido para ambos.

Pasadas unas horas, Adrien se bajó de la limusina que se parqueó frente a la panadería de los Dupain-Cheing.

—¡Adrien! ¿Cómo has estado?—empezó a saludar Tom al jóven.

—Supe que ayudarás a Marinette en un proyecto escolar, ¿verdad?—dijo Sabine.

—¡Exacto! Una ayuda extra no es de mucha molestia—dijo Adrien al subir las escaleras rumbo a la casa.

—¡Si necesitan algo, nos avisan!—dijo la señora Cheing.

—¡Por supuesto! Muchas gracias—respondió de forma amable el chico.

—¿Sabes Tom? A veces me encantaría tenerlo como mi futuro yerno—dijo con tono pícaro la asiática, dejando perplejo a su marido ante tal revelación.

Mientras tanto Marinette, terminaba de ultimar detalles con su computadora personal, cambiando el fondo de pantalla a uno simple.

—¡Ya estoy lista!—comentó la peliazul después de dejar su habitación sin rastro alguno de Adrien.

Y de repente toca la puerta el susodicho. Ella la abrió de modo natural.

—¡Adrien! Gracias por venir, ya estoy lista para empezar con el kimono—dijo la diseñadora.

—¡No empieces con esa tela fina que acabo de conseguir de China!—dijo el rubio al sacar de su mochila el pedazo difícil de encontrar en la republica francesa.

—¡Muchas gracias Adrien!—dijo la joven al contemplar las estampas y el diseño de la tela.

—Le pedí a Nathalie para que lo consiguiera y justamente ayer recibí el envío—comentó el chico.

—Bueno, entonces manos a la obra…—ordenó Marinette para alistar su centro de operaciones para dar rienda suelta a su creatividad como modista.

—¡Marinette! ¡Te buscan!—le avisaba Sabine en la sala.

—¡Ya voy!—dijo la joven para bajar de su habitación—No me tardo Adrien y…¡No empieces sin mí!

—Descuida Marinette, esperaré un rato—dijo el modelo para que ella tome su tiempo.

Marinette se baja lo más rápido posible para ver quien la está buscando.

—Solo espero que no sea Chloé...—dijo la joven al presentir que llegaría la hija del alcalde con tal de fastidiar su momento con Adrien, pero se sorprendió con alguien inusual.

—¡Hola Marinette! ¿Cómo estás?—saludó Nathaniel con timidez.

—¡Nathaniel! ¿Qué haces? ¿Cómo has estado? —preguntó una asombrada Marinette.

—Quería verte un rato si no es mucha molestia el día de hoy, ¿No recuerdas?—dijo el pelirrojo.

—¡Ahh...claro! Sólo que no reviso mucho los mensajes de mi celular, así que pasa adelante—dijo la peliazul al recibir al tímido chico.

—Creo que hay competencia en esos momentos—comentó Tom a Sabine tras la llegada del dibujante.

—Si quieres, puedes acompañarnos en el trabajo que vamos a empezar—comentó Marinette a Nath.

—¿Tú estás acompañada?—dijo asombrado el pelirrojo.

—¡Por supuesto! Estoy justamente con Adrien que está ayudándome—dijo la diseñadora tras abrir su habitación y encontrarse con el modelo que jugaba un poco con su teléfono celular.

—¿Cómo estás Nathaniel? ¡Qué sorpresa!—saludó de forma amable el rubio.

—Hola Adrien…—saludó el joven con un poco de indiferencia.

—Entonces, a trabajar se ha dicho…—dijo la peliazul lanzando una ligera bocanada al saber que su eventual cita a ciegas con el chico de sus sueños sería estropeada por un tercero sin intención alguna.

Toda la mañana Marinette, Adrien y Nathaniel lograron avanzar el kimono, faltando un poco para que la chica lo termine de coser.

Aunque la tensión de ambos chicos era muy alta pese a que se dirigían la palabra un poco.

—¡Chicos! Ya es hora de comer—avisó Tom.

Y así los tres se bajaron para reunirse en el comedor junto al matrimonio que preparó un exquisito almuerzo para la ocasión.

—Espero que les guste ese delicioso estofado—comentó Sabine.

—Muchas gracias señora Cheing—dijo con alegría Adrien—Aunque rompa un poco mi régimen, su cuchara es excelente.

—¡Gracias Adrien!—agradeció la matriarca—¿Y qué cuentas, Nathaniel?

—Bueno…yo…estoy preparando un proyecto muy importante que no es conveniente revelarlo pero tiene que ver con mi afición: el dibujo—respondió de forma tranquila Nathaniel.

—Si lo presentas, me avisas para verla. De seguro te quedará bien…—comentó Marinette,

—¿En serio?—preguntó el chico con un sonrojo leve.

—¡Por supuesto! Además creo que eres un artista talentoso, ¿no?

—Claro, eso creo…—respondió el pelirrojo con nerviosismo, pero no ha convencido a los padres de la joven y Adrien parecía que no tenía interés alguno en su anécdota.

—¡Bien! ¿Quiénes esperan el postre?—dijo la peliazul tratando de romper la tensión.

—¡Yo estoy ansioso!—respondió el modelo para la parte dulce del almuerzo.

—Justamente pensando en ti, hemos hecho un Quiché solo para tí—comentó Tom al dejar su repostería favorita al rubio—Además de un delicioso pastel de fresa para el resto, claro está.

Cada uno comió las delicias realizadas por los padres de Marinette, quedando los jóvenes completamente satisfechos.

—¡Estuvo delicioso! Ustedes son unos genios en la repostería, lo reconozco—dijo Nathaniel después de comer el último bocado de su porción.

—¡Muchas gracias Nathaniel!—dijo la mayor por el recibido.

—Muy bien…¿Vamos a terminar con el kimono?—propuso Adrien.

—¡Desde luego Adrien! Te acompaño… —afirmó Marinette para poder ir a la habitación para concluir con la prenda.

Nath por su parte, salió después con un poco de indiferencia para incorporarse posteriormente.

Pero una hoja rosa notó en una de las mesas de la sala, por lo que sin pensarlo la leyó un poco, hallándose las palabras escritas a puño y letra de Marinette:

Invitados para mi fiesta de cumpleaños:

Adrien…Obvio que sí, me muero que vaya a verme en ese día

Alya (Mi mejor amiga)

Nino

Rose

Juleka

Mylene

Iván

Kim

Max

Alix

Chloé (Obvio que no)

Sabrina (Lo voy a pensar)

¿Quién se me olvida?, Bueno lo iré a pensar…:P

El pelirrojo dejó la hoja en su lugar, con una nube de pensamientos en su mente al saber que la propia Marinette lo consideraba como una especie desconocida en el aula.

Pero pensándolo bien, sería conveniente en hacer el mejor esfuerzo con tal de agraciarse con ella y ser incluido en su vida, como alguien más sin que Adrien se entrometa.

—¡Nathaniel! ¿Qué pasa?—era la voz del rubio que lo alarmó inmediatamente.

—¡Ya llego!—comentó el dibujante aparentando normalidad para llegar a incorporarse nuevamente.

Más tarde…

—¡Ya casi!...—se decía Marinette tras pasar el kimono en su máquina de coser, logrando unir tela por tela—¡Terminamos!

—¡Que bien! Con eso vamos a agradarle a Madame Bustier—comentó Adrien.

—Habrá que ver cómo te queda, Marinette…—comentó Nathaniel.

—No lo sé…—dijo con un nerviosismo la peliazul.

—¡Vamos Marinette! Seguro que te va a quedar, pruebatelo—lo animó el modelo, pero Nathaniel no se sentía a gusto con su comentario.

—¡Así es! Soy una chica que jamás le teme los obstáculos—comentaba la morena aparentando que no había problema alguno.

—Si tú lo dices, con gusto—respondió de inmediato su cumplido la diseñadora—Y mientras tanto, les pido que dejen mi cuarto mientras me cambio, ¿Si?

Ambos chicos asintieron con la cabeza levemente y en el acto abandonaron su habitación para dejarla sola por un momento con dicha prenda.

Y Tikki sale de su escondite para ver a su portadora.

—¡Que lindo Marinette! ¿Tú misma la vas a modelar?—preguntó la kwami roja.

—Desde luego…—dijo la peliazul con ensueño—Sólo espero que a Adrien le guste.

—¡Por supuesto! Te va a quedar bien—comentaba Tikki, para esperar a que la joven se cambiara la pieza.

Mientras eso ocurría, Adrien y Nathaniel se sentaron un rato en la sala, el pelirrojo mataba el tiempo dibujando con su tablet y el rubio jugaba un poco de Clash of Clans en su dispositivo móvil.

Ninguno de los dos ha querido tomar palabra, por lo que el silencio era reinante.

Pero Marinette bajaba de su habitación luciendo la prenda oriental, provocando que ambos varones quedaran atónitos por la belleza que derrochaba.

—¿Qué les parece cómo me queda?—preguntó la chica.

—Pues estás bien…—comentó Nathaniel.

—¿Y tú qué opinas, Adrien?

—Para serte franco, te queda bastante bien. ¡Lucirás preciosa en la exposición!—dijo el rubio.

—¿D-de veras?—respondió con nerviosismo la peliazul.

—Exacto, con ese kimono lo autentifica—comentó Adrien, provocando a la chica una risita cómplice.

Nathaniel observó calladamente la conversación amena de ambos chicos, aunque en el fondo sentía muy marginado por su propio amor platónico.

—Si no es mucha molestia, me voy a ir. Mis padres me enviaron un mensaje de texto preguntándome…—comentó el chico indicando la hora—¡Nos vemos!

—¿No hay problema si te acompañamos?—preguntó Adrien.

—¡Para nada!...Yo conozco el camino hacia el metro, nos vemos mañana—comentó el dibujante aparentando normalidad dejando la casa de Marinette sin reproche.

—Marinette…no quiero sonar atrevido pero…—comentó el rubio, dejando a la peliazul petrificada sobre el eventual piropo que le dedicará—¿No hay problema si te tomo una foto con ese estilo?

—¡Ah! Pues…¡Por supuesto! El problema es que no estoy maquillada todavía y…

—¡Descuida! Es que quiero mostrárselo a mi padre preguntándome sobre tu diseño—aclaró el chico.

—Está bien…—aceptó con tranquilidad la diseñadora para lucir frente a la lente del modelo que tomó la cantidad suficiente para que Gabriel vea de primera mano el traje realizado por ella.

—Ojalá le guste…—susurraba por sí misma Marinette.

—¿Decías?—preguntó Adrien.

—Este…Ojalá le guste a tu papá esa pieza—comentó Adrien.

—¡Oh! Claro…

—Yo con gusto me quedaría más pero el auto vino hace poco

—Yo te acompaño, si no es mucha molestia…—se ofreció la joven.

Adrien dio por hecho con una sonrisa.

En las afueras de la panadería…

—Nos vemos mañana Adrien y muchas gracias por tu ayuda—le agradeció Marinette al modelo.

—Descuida Marinette…—dijo algo alagado—Lo importante es que termines a tiempo…

—Y…no te olvides de este obsequio por parte mía y de mis padres—dijo la peliazul al alzarle una caja—Son galletas de chocolates y un Quiché.

A Adrien se le hacía agua a la boca al ver al último manjar recién horneado.

—¡Gracias Marinette! Lo probaré con gusto y gracias a tus padres por el recibimiento—dijo el chico tras abordar el vehículo—¡Nos vemos en clases!

—Nos vemos Adrien…—dijo la joven al despedirse de su amor platónico sin despegarse de él en sus pensamientos.

—Otra vez estás volviendo a soñar despierta…—hablaba Tikki, logrando que su portadora reaccionara.

—Bueno…este…yo…—trataba de aclarar pero se hacía un trabalenguas incomprensible.

—¡Descuida! Ya estás entrando en confianza con Adrien y puede que pronto sean más que amigos—comentaba la kwami.

—¡Por supuesto! Logré que viniera a ayudarme con la tarea, es algo que agradezco después de todo—dijo la chica—Pero…casi es hora de la cena y te reservé un poco de esas deliciosas galletas.

—¡Es la propuesta más exquisita que he oído durante el día!—respondió alegre la kwami roja.

Y así ambas entraron a la panadería con beneplácito.

Pero Nathaniel seguía sentado en la parada de bus observando aquella escena entre Marinette y Adrien.

Una vez que cogió el bus rumbo a su hogar, tomó su celular para realizar una llamada importante.

—Hola Chloé, tenemos que hablar mañana en clases. Es para algo importante…

De camino a la mansión Agreste…

—¿No me digas que vas a comerte todo eso?—le preguntó Plagg al ver cómo Adrien contemplaba el quiché.

—Yo jamás negaría probar eso—dijo el rubio al probar un bocado del aperitivo.

—No quiero sonar muy atrevido pero, parece que tendrás competencia con esa chica—comentaba el kwami negro.

—¡Vamos Plagg!…—le regañó el rubio—¡Marinette es sólo una amiga!

—No estoy convencido de tu respuesta todavía…—dijo Plagg con indiferencia.

El rubio miró un poco su celular con la intención de escoger la foto indicada para enseñarla a su padre. Pero veía detalladamente cómo lucía la peliazul en todo su esplendor con aquel kimono.

¿No será acaso?...No lo sé…—pensó por sí mismo, al instante se dirigió a la aplicación de mensajes para escribir una misiva a alguien particular.

Hola Ladybug, ¿No hay problema si vienes a verme esta noche? Tengo que hablar urgentemente contigo.

Saludos, Adrien…

Entrada la noche, Marinette no podía cerrar sus pestañas, pues aquel mensaje de Adrien se le venía en su mente.

Viendo la hora de su despertador, se levantó levemente porque indicaba que era momento de la ya tradicional vigilia nocturna.

—¡Pst! ¡Tikki! Ya es hora…—le dijo la peliazul a Tikki que yacía en su almohada.

—Está bien…—respondió la kwami en forma de catarina.

Marinette tomó aire para mencionar las palabras claves en pleno silencio para no interrumpir el sueño de sus progenitores.

—Tikki…¡Motas!

Y así, salió sigilosamente de su habitación para que Ladybug patrulle Paris que está cobijada por el manto nocturno.

Mientras tanto Adrien, tampoco podía despegar su vela al tratar de esperar a Ladybug, aunque no había respondido posteriormente.

—¡Que mal! Parece que no vendrá…—comentó por sí mismo el rubio.

Pero escuchó un golpe en su ventanal, por lo que suspiró para levantarse a ver qué rayos pasaba.

—¡Hola Adrien!—saludó Ladybug desde lo alto del ventanal, asustando al propio Adrien quien le pidió un poco de silencio para abrir y que ella entrara.

—¡Ladybug!, Que sorpresa…—dijo el joven.

—Bueno, recibí tu mensaje y vine a ver cómo estás—comentó la enmascarada.

—Es sobre unos problemas que tengo, además quería saber cómo estabas

—Sólo será por un breve tiempo porque Chat Noir va a llegar a acompañarme en la guardia.

—¡Claro! No me tardaré mucho mientras él llegue…—dijo Adrien—Resulta que dentro de unos días una compañera de clases cumplirá años y se me viene la mente una fiesta de cumpleaños.

—¡Caray! ¿Y cómo lo sabes?—preguntó Ladybug.

—Pues accidentalmente se pegó en mi celular una hoja de ella—le mostraba el modelo la hoja rosa con la letra escrita de la propia peliazul, se quedó sorprendida al saber que había perdido dicha hoja pero satisfecha al saber que Adrien organizaría una fiesta sorpresa para ella—No quiero sonar atrevido pero se notaba el esmero en esperar una fiesta de cumpleaños.

—Bueno…¿Y esa chica es especial para ti?—le interrogó la catarina.

—Es mi amiga y compañera de clases. Ha sido de mucha ayuda no solo para mí, sino de muchos—aclaró Adrien—No estarás celosa, ¿Verdad?

—¿Celosa yo? ¡Claro que no!—aclaró inmediatamente—Lo importante es que haces un favor muy especial a una compañera tan ágil como Marinette en organizarle una fiesta sorpresa. Si fuera ella, le agradecería mucho.

—Por supuesto…ella se esforzó mucho y quizá sea momento de que yo le devuelva el favor—le confesó Adrien—Muchas gracias por comprenderme Ladybug…

—Igualmente Adrien…—respondió Ladybug.

Ambos se miraron frente a frente, sentían la necesidad mínima de robarse un beso en los labios pero la alarma del reloj de Ladybug le indicaba que era hora de irse.

—¡Disculpa Adrien! Tengo que irme, Chat Noir debe esperarme ¡Nos vemos luego!—se despedía la enmascarada para tomar vuelo rumbo a la Torre Eiffel donde la esperaba como cada noche su compañero de batallas.

Una vez que se retiró, el rubio todavía se quedaba sin habla al ver que su amor platónico tuvo la gentileza de verlo aunque sea por unos minutos.

—¿Te quedarás dormido de pie, Adrien?—le reclamó Plagg, logrando que despertara al instante.

—¡Por supuesto que no!—respondió tajante—Pero para Chat Noir tampoco va a descansar a esas horas…

En la Torre Eiffel…

Ladybug observaba la ciudad silenciosamente mientras una sonrisa no se borraba en su rostro al conocer que el propio Adrien organizaría una fiesta sorpresa para ella, en su apariencia física claro está.

Finalmente logró acaparar al rubio en su atención.

Pero fue interrumpida por Chat Noir que llegó con unos segundos de retraso.

—Lamento haberme tardado Mi Lady, me caí del tejado tras levantarme y…—justificaba el felino pero se encontró con su compañera con la mirada perdida—¿Pasa algo?

—¡Ah! Sólo estaba…pensando en algunas cosas…—justificó Ladybug.

—¿Cómo cuáles?—le cuestionó con tono provocador.

—Son asuntos meramente personales que ningún gato puede saberlo—respondía sarcásticamente la enmascarada—Y mientras tanto, tenemos que percatarnos de que el peligro no se escape de nuestra vigilia.

Pese a su respuesta, Chat Noir se sentía satisfecho con ella mientras contemplaba a su compañera en el esplendor nocturno.

Porque estaba enamorado de ella, sea como Adrien o Chat Noir.

Continuará…

Ojalá les haya gustado el capítulo de hoy.

Y haré una promesa: si Francia gana el Mundial, haré un capítulo especial sobre el festejo y la coronación de Les Bleus siguiendo el marco de la historia propuesto previamente, si Dios me lo permite.

¡Nos vemos y Vive le France!